“Ese procedimiento tiene para ellos una doble ventaja: la de eliminar a un adversario real o potencial (…) y a la vez injertar, mediante la más monstruosa de las cirugías, la doble presencia del miedo y la esperanza en aquellos a quienes les toca vivir la desaparición de seres queridos (…) promesas y medias palabras multiplican al infinito un panorama cotidiano lleno de siluetas crepusculares que nadie tiene fuerza de sepultar definitivamente (…) Y si toda muerte humana entraña una ausencia irrevocable, ¿qué decir de esta ausencia que se sigue dando como presencia abstracta, como la obstinada negación de la ausencia final? Ese circulo faltaba en el infierno dantesco, y los supuestos gobernantes de mi país, entre otros, se han encargado de la siniestra tarea de crearlo y poblarlo”.
Julio Cortázar, Negación del olvido, introducción al Coloquio de París sobre la política de desaparición forzada de personas de 1981.
“El problema con Eichmann, es precisamente que había muchos que se le parecían que no eran ni perversos ni sádicos, que eran, y son todavía, terrible y pavorosamente normales”.
Hannah Arendt, epílogo “Eichmann” en Jerusalem.






