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6 La ruralidad bonaerense, ¿de qué hablamos cuándo hablamos de población rural?

Claudia Mikkelsen y Sofía Ares

Las discusiones teóricas presentadas en el Capítulo 1 han acompañado las inquietudes del equipo a lo largo del tiempo. En este capítulo, el debate teórico propuesto se aplica al sudeste bonaerense, ensayando una metodología para la medición de la ruralidad sostenida en la elaboración de un índice compuesto por tres indicadores.

El ensayo de esta metodología evidencia que, al referir únicamente a la dimensión material del territorio, la mayor parte de la superficie es de carácter rural, con diversos matices. Ahora bien, cuando la mirada pasa de lo material a lo sociodemográfico identificamos que hay dominancia de población en áreas de urbanidad, heterogéneas por supuesto, de acuerdo con la metodología utilizada para clasificarla.

A continuación, mostraremos la aplicación del IR siguiendo las pautas técnicas descritas en el Capítulo 4. La adecuada clasificación de la población no solo es útil para delimitar el universo de análisis, sino especialmente para brindar herramientas que contribuyan a la discusión de las nociones de espacio urbano/rural y, con ellas, a matizar la idea de una provincia eminentemente urbana, como se desprende de las evaluaciones tradicionales. Sin dejar de lado la evidente concentración urbana, creemos que se debe reconsiderar el peso de la población en áreas de ruralidad, situación que podría ser beneficiosa en aras de implementar acciones para el incremento de su bienestar.

La ruralidad del sudeste, paso a paso

Como hemos expresado en los capítulos precedentes, la ruralidad es una condición sociocultural y territorial heterogénea.

La operacionalización del concepto no es ajena a los planteos teóricos discutidos en los Capítulos 1 y 5, ni tampoco a los antecedentes de medición propuestos en distintas contribuciones (Castro y Reboratti, 2007; Reig Martínez et al., 2016; Larrubia Vargas et al., 2019; Gaudin 2019; D’Alessandro et al., 2021; Dirven y Candia, 2023; Gaudin y Padilla Pérez, 2023). En conjunto, estos aportes son fundamentales para ensayar una delimitación de la ruralidad desde el sudeste de la provincia de Buenos Aires, la que probablemente requiera de reflexiones y posteriores ajustes para su adaptación a otros recortes territoriales.

Nuestra propuesta para la medición de la ruralidad es a partir del análisis de tres dimensiones estáticas, e indicadores representativos de ellas, detalladas a continuación:

  1. Dimensión demográfica. Una de las medidas más utilizadas para diferenciar las ruralidades de las urbanidades es el límite demográfico. Dentro de esta perspectiva otro indicador de uso habitual es la densidad. Para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sus ventajas son la fácil operacionalización y la neutralidad, aunque este método presenta dificultades, como la falta de homogeneidad (Endlich, 2006) y su sensibilidad a la extensión territorial del recorte espacial en análisis (Larrubia Vargas et al., 2019). Pese a estos obstáculos, identificamos a la densidad como un indicador representativo de esta dimensión. En consecuencia, se trabajó a nivel de la superficie de los partidos, por radio censal, con la información correspondiente al Censo Nacional de Población, Hogares y Vivienda de 2022 (INDEC, 2022). De este modo obtuvimos la densidad de población y luego transformamos la capa vectorial a formato raster para su compatibilidad con los restantes indicadores.
  2. Coberturas/usos del suelo. Para Reig Martínez et al., una unidad espacial se caracteriza como rural “si al menos el 90 % de la superficie está cubierta por bosques, dedicada a usos agrícolas o cuenta con una cobertura de suelo natural” (2016, p. 24). Siguiendo con estas ideas, apelamos a como fuente de datos utilizada a los mapas de uso y cobertura del suelo “correspondientes al sector Agricultura, Silvicultura y Cambio de Uso de la Tierra (AFOLU, por sus siglas en inglés: Agriculture, Forestry, and Others Land Uses) de Argentina” (Volante et al., 2024), para el año 2020. La cartografía construida en el marco de ese proyecto presenta detalles de coberturas/usos del suelo en dos niveles. El Nivel 1, empleado para el cálculo del IR, comprende las 6 categorías establecidas por el IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) (Volante et al., 2024): tierras forestales; tierras de cultivos, pastizales, pasturas y estepas; humedales (con aguas transitorias o permanentes); asentamientos y otras tierras (suelo desnudo, hielo o nieve).
  3. Accesibilidad. Reig Martínez et al. (2016) establecen como elemento para tener en cuenta el tiempo de viaje a un centro urbano con 50.000 habitantes o más. Para ello se asume que las ciudades con tales características ofician como espacios con oferta de servicios diversos: bancarios y financieros, sanitarios, educativos (especialmente en niveles superiores), jurídico-administrativos, recreativos o mercantiles, entre otros. El análisis de esta dimensión se realizó con la información sistematizada por Weiss et al. (2018), correspondiente al año 2015.

Las capas que conforman el IR tienen una resolución espacial de 382 x 281 píxeles. Los procedimientos aplicados a las capas de información se realizaron en el Sistema de Información Geográfica QGIS.

Para la utilización de las capas en formato raster, en todos los casos, el primer paso fue delimitar el área de estudio a partir del recorte con una máscara (partidos del sudeste, en formato vectorial), generando así capas continuas, sin considerar los límites administrativos. Luego, realizamos la reclasificación de la información, siguiendo los parámetros mostrados en la Tabla 1.

Tabla 1. Reclasificación de capas raster
Densidad de población Tiempo de viaje a una ciudad con 50.000 habitantes o más  Usos y coberturas del suelo 
Valor original  Nuevo valor Valor original  Nuevo valor  Valor original Nuevo valor 
Menor a 20 habitantes por km²1Superior a 60 minutos 1Tierras forestales, tierras de cultivos, pastizales, otras tierras (suelo desnudo, rocas) 1
De 20 a 100 habitantes por km²2De 45 a 60 minutos 2Humedales y cuerpos de agua 2
De 100 a 500 habitantes por km²     3De 30 a 45 minutos 3Asentamientos (localidades)  3
Más de 500 habitantes por km²4Inferior a 30 minutos 4

Fuente: elaboración propia.

Con la información detallada se obtuvo el IR como un promedio ponderado, para lo cual se apeló a la calculadora raster. La ponderación se realizó para menguar el sesgo que genera la distribución de la red vial, directamente relacionada con los tiempos de viaje. Así, los indicadores siguieron la premisa de que las áreas de mayor ruralidad tienen baja densidad poblacional y predominio de coberturas/usos del suelo asociadas con el sector primario de la economía. Por ende, los valores de ponderación son de 0,40 para densidad de población; 0,40 para coberturas/usos del suelo y 0,20 para accesibilidad. El índice oscila entre 1 y 3.6 puntos, mostrando un territorio en el que se transita entre las ruralidades más tradicionales y las de mayor contacto urbano, es decir, más influenciadas por los procesos de poblamiento y accesibilidad propios de la cercanía a las ciudades.

La aplicación del IR fue central para delimitar a la población objetivo, es decir, aquella residente fuera de áreas de urbanidad. Mostramos a continuación, de forma desagregada primero, el resultado de clasificar a la población siguiendo el criterio del límite de los 2.000 habitantes en contraste con el IR. Luego, exponemos en detalle los resultados de cada uno de los indicadores para finalizar con el IR.

Brevemente podemos destacar que la densidad de población y coberturas/usos del suelo son los indicadores que mostraron mayor homogeneidad en el territorio. La accesibilidad, por el contrario, denota mayores diferenciaciones territoriales.

Según se manifestó en el Capítulo 5, el modelo de ocupación y poblamiento ha propiciado la concentración de población en las ciudades de mayor tamaño y en algunas localidades de menores dimensiones, mientras que en el territorio restante las densidades de población son muy bajas. Estas son coherentes con la dinámica demográfica de la ruralidad de la provincia de Buenos Aires, signada por grandes extensiones de territorio y una población decreciente desde hace más de 50 años. Así, tomando como parámetro el umbral de los 2.000 pobladores, la provincia pasó del 50 % de población urbana en 1914 al 98 % en 2022. Por el contrario, si analizamos los totales de población siguiendo la distribución del IR, los volúmenes y porcentajes incluidos en cada grupo se modifican (Figura 1), con leves incrementos para la ruralidad y descensos para la urbanidad. Somos conscientes de que seguimos en un plano dicotómico de definición, no obstante, la propuesta relativiza los opuestos y nos da la posibilidad de repensar incluso en etiquetas tan fuertes e instituidas aportando a la certera idea de complementariedad, como se puede leer en el mapa de síntesis.

Más allá de la modalidad de categorización, es innegable que desde hace décadas la población rural desciende (Capítulo 5). En la explicación de este proceso, la crisis de 1929 es un hito ya que a partir de esa fecha la provincia de Buenos Aires viró hacia un modelo productivo centrado en la ganadería, lo que supuso una menor demanda de trabajadores (Tort et al., 1991; Bertoncello, 2012). Según Sili (2019), el despoblamiento es un proceso que no se detiene y el relativo renacimiento rural de las últimas décadas no alcanza a empañar la tendencia al éxodo. Ahora bien, la clasificación de los pobladores siguiendo las categorizaciones del IR permite suavizar la idea de una urbanización absoluta, poniendo de relieve la presencia de población en la ruralidad, es decir, la existencia de sociedades que, con peso propio, son generadoras de oportunidades y demandas, que deben ser atendidas, apuntalando y reconociendo la importancia de garantizar su bienestar y, con ello, incrementar la posibilidad de arraigo.

Figura 1. Distribución relativa de la población según método para su clasificación rural/urbana, 2022

Fuente. elaboración propia.

La baja densidad de población en gran parte del sudeste se advierte en la Figura 2. La medición expresa que el 94 % de la superficie registra una densidad inferior a 20 habitantes por kilómetro cuadrado. El modelo de asentamientos expone que las mayores densidades de población se localizan en cercanía a las ciudades cabeceras de los partidos, algunas de ellas localidades con más de 20.000 habitantes. Balcarce, General Alvarado, General Pueyrredon, Necochea, Pinamar, Tandil y Villa Gesell son los partidos con áreas de mayor densidad. Luego, a medida que se acrecienta la distancia a las ciudades, esta disminuye. De igual forma notamos este comportamiento en los pueblos pequeños del sudeste, aunque con menores densidades de población y con menor cobertura espacial.

Figura 2. Densidad de población, sudeste bonaerense, 2022

Fuente: elaboración propia en base a INDEC (2022).
Cartografía: INDEC (2022), IGN (2024) y OSM Standard (wms).

Figura 3. Coberturas/usos del suelo, sudeste bonaerense, 2020

Gráfico, Gráfico de superficie  El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Fuente: elaboración propia en base a Volante et al. (2024).
Cartografía: INDEC (2022), IGN (2024) y OSM Standard (wms).

En lo que respecta a los usos del suelo, observamos la distribución de este indicador en la Figura 3. Es notorio el predominio de cultivos, pastizales y áreas forestadas, abarcando cerca del 96 % de la superficie. Estos usos resultan de actividades primarias tradicionales, características del rol agroproductivo de la región, con un modelo asociado a unidades de producción pequeñas y medianas dirigidas por productores capitalizados. Con una superficie menor, 3 %, aparecen los ambientes de dunas y cuerpos de agua en los partidos que integran la Pampa Deprimida, como así también en los cordones de médanos de la Costa Atlántica. Por otra parte, las ciudades, allí donde se aglutina gran parte de la población, son las que ocupan la menor superficie regional, pero tienen relevancia por sus funciones y servicios.

El indicador accesibilidad según tiempo de viaje que apreciamos en la Figura 4 es el más heterogéneo ya que está asociado con la infraestructura disponible y la localización de las cuatro ciudades de mayor magnitud en el sudeste bonaerense, Mar del Plata, Tandil, Necochea y Balcarce, que en 2022 superan los 50.000 habitantes. Estas se concentran en un radio relativamente pequeño en relación con la superficie total del área. Más allá del asentamiento poblacional y de su densidad toman un protagonismo central las vías de circulación, estas tienen un diseño prioritariamente radial, mientras que la interacción, movimientos y flujos entre las ciudades y los pueblos –independientemente de su tamaño– operan a nivel de la totalidad del espacio geográfico, dejando en evidencia los recortes territoriales desprovistos de estas posibilidades y con verdaderas condiciones de aislamiento geográfico.

Figura 4. Tiempo de viaje a una ciudad con 50.000 habitantes o más, sudeste bonaerense, 2015

Diagrama  El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Fuente: elaboración propia en base a Weiss et al. (2018).
Cartografía: INDEC (2022), IGN (2024) y OSM Standard (wms).

Los partidos de General Juan Madariaga, Maipú, Pinamar y Villa Gesell tienen tiempos de viajes mayores en comparación con otros territorios del sudeste bonaerense. Esto se debe a que en general están conectados por vías de comunicación de menor calidad, en algunos casos incluso sin pavimentar. Otra condición que debe tenerse presente es la ubicación en el territorio de las aglomeraciones intermedias, escenario que se describió anteriormente. Es notoria la desventaja de partidos como Ayacucho, Balcarce y San Cayetano, que poseen mayor cantidad de zonas con un tiempo de viaje de 30 a 45 minutos. General Alvarado, Lobería y Mar Chiquita son los partidos que, sin tener ciudades con más de 50.000 habitantes, poseen territorios que están a menos de 30 minutos de viaje de las ciudades de Mar del Plata, Necochea o Tandil.

Combinados en el IR, los indicadores antes caracterizados expresan una representación de los distintos grados de ruralidad que coexisten, no siempre en armonía, y le dan al territorio regional su propia identidad (Figura 5). En el IR se delimitaron cuatro categorías principales, cuyas características principales detallamos en la Tabla 2.

Tabla 2. Categorías del Índice de Ruralidad para el sudeste bonaerense
Índice de ruralidadDensidad de poblaciónTiempo de viaje a una ciudad con 50.000 habitantes o másCoberturas/usos del suelo dominantes
Ruralidad tradicionalMenos de 20 habitantes por km²Más de 60 minutosTierras forestales, pastizales, cultivos. Otros (suelo desnudo, roca, hielo)
Ruralidad que se desvaneceEntre 20 y 100 habitantes por km²Entre 45 y 60 minutos
Ruralidad de contactoDe 100 a 500 habitantes por km²Entre 30 y 45 minutosTierras forestales, pastizales, cultivos. Otros (suelo desnudo, roca, hielo), Humedales y cuerpos de agua, Asentamientos
UrbanidadDe 20 a 500 habitantes km²Menos de 30 minutosAsentamientos

Fuente: elaboración propia.

Las cuatro categorías del IR no son estancas ni tienen límites exactos, dado que las dimensiones se superponen (Figura 5) y operan como una envolvente de criterios de similitud, con límites porosos. La mayor superficie (76 %) está comprendida en los niveles de ruralidad tradicional, caracterizada por la baja densidad de población, la dominancia de coberturas/usos del suelo del sector agropecuario y por su mayor distancia, en tiempo de viaje, a ciudades o pueblos grandes.

Los restantes recortes territoriales pertenecen a otras variantes de ruralidad que ocupan superficies más acotadas. De este modo, en el nivel que denominamos rural que se desvanece se sitúa el 18 % de la superficie regional. Se trata de una gradación de ruralidad que en general encontramos relativamente próxima a las ciudades de diferente tamaño, y que sigue las vías de comunicación principal, pero especialmente en torno a pueblos pequeños o grandes y ciudades con menos de 20.000 habitantes. La imagen del desvanecimiento implica la necesidad de reconocer intersticios entre lo rural tradicional y lo rural de contacto, no refiere a desaparición, sino a la tendencia general de transición de una situación a la otra.

En el último grado de ruralidad se emplazan los territorios reconocidos como rural de contacto, los cuales representan el 4,4 % de la superficie regional. Estos se localizan en las áreas linderas a las urbes de mayor tamaño (Mar del Plata, en el partido de General Pueyrredon, Necochea y Tandil) o en los bordes de ciudades cabeceras de partido (Ayacucho, Balcarce, Coronel Vidal, General Juan Madariaga y Lobería) de menor magnitud demográfica. Estas ruralidades tienen como características una densidad poblacional media-alta, así como una dominancia de usos del suelo urbano y buena accesibilidad. Cabe aclarar que, en el marco de los procesos sociales contemporáneos, se encuentran algunas localidades de la costa atlántica o del área serrana que están modificando su perfil, sobre el que avanzan rasgos de urbanidad acompañando las transformaciones materiales y sociales. Varias de ellas quedan incluidas en la categoría ruralidades de contacto, y demuestran cómo en los espacios rurales tradicionales se insertan aglomeraciones con características que las acercan a algunos de los caracteres típicamente citadinos (son los casos de Santa Clara del Mar, Mar Chiquita, Villa La Brava, Sierra de los Padres-La Peregrina, Estación Camet, Chapadmalal, El Marquesado, entre otras).

Las ruralidades que se desvanecen y las ruralidades de contacto se visualizan de forma más compacta. Poseen un rol territorial central dado que dinamizan a las localidades menores, es decir, a las que tienen menos de 20.000 pobladores. Es allí donde la población accede a ciertos equipamientos comunitarios, mercados, y las productoras y productores entran en relación entre sí y con la ciudad de rango mayor más próxima y con lo rural tradicional, es decir, son funcionales en ambos sentidos.

A partir de esta categorización, un área importante de la región permanece alejada (en kilómetros y en tiempo) del acceso a servicios educativos y sanitarios de mayor complejidad o incluso a prestaciones de instituciones bancarias, administrativas o simplemente recreativas, todo lo cual tendría impactos negativos en el bienestar de las poblaciones. Un aspecto para tener en cuenta es que, por fuera de la región sudeste, a una distancia razonable, estos pobladores tampoco disponen de acceso a otras ciudades. En tal sentido es posible entender el proceso casi continuo de migración, observable con pérdida de población y falta de atractivo para nuevos pobladores o para el regreso de los jóvenes que emigran en pos de continuar sus estudios o para la búsqueda de oportunidades laborales.

Figura 5. Índice ponderado de ruralidad, sudeste bonaerense, 2022

Fuente: elaboración propia.
Cartografía: INDEC (2022), IGN (2024) y OSM Standard (wms).

El análisis sociodemográfico testimonia que la mayor parte de la población se concentra en las menores proporciones de superficie, es decir, en los espacios cercanos a las localidades o en los pequeños poblados de menos de 20.000 habitantes. Sobre el particular, algunas de estas localidades están en partidos con nula tradición rural, como Pinamar o Villa Gesell, ligadas a funciones residenciales o turísticas, como ya se mostró en el Capítulo 5. En otros partidos, como Ayacucho, Balcarce, General Madariaga, Lobería, Maipú y San Cayetano, las aglomeraciones pueden tener rasgos urbanos, pero están vinculadas al desarrollo de actividades agropecuarias, definidas como agrociudades o ciudades rurales (Elías, 2003).

Partidos como Ayacucho, Maipú y San Cayetano sorprenden por el bajo impacto de las ruralidades que se desvanecen y de contacto, así como por la fuerte impronta de las ruralidades tradicionales. En los restantes partidos, se desarrolla un gradiente desde las áreas centrales de los pueblos pequeños y grandes o desde la periferia de las localidades con 20.000 habitantes o más. Otra particularidad de estas gradaciones es que se extienden siguiendo el rumbo de las vías de acceso a las localidades, situación que muestra su influjo. El IR construido, es una sucesión no siempre homogénea de las ruralidades, desde las de contacto hacia las tradicionales. Se trata de un aporte en procura de pensar y aportar a la construcción observable de otra delimitación de lo rural y las ruralidades en el sudeste de la provincia de Buenos Aires, Argentina.

La aplicación de las tres dimensiones seleccionadas: densidad de población, coberturas/usos del suelo y accesibilidad según tiempo de viaje, da cuenta de manera combinada de la existencia de varias ruralidades, reconociendo gradientes, fragmentos y discontinuidades que revelan la heterogeneidad rural para los años de las fuentes de información consideradas.



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