Durante los últimos tres años nos constituimos como equipo para dar contenido y densidad a una propuesta de trabajo que en 2021 titulamos Bienestar y ruralidades en el sudeste de la provincia de Buenos Aires en las primeras décadas del siglo XX. Dicho proyecto fue pensado, gestado y robustecido en los tiempos de la pandemia por COVID-19. Postulamos a la convocatoria de PIP del CONICET hacia finales de 2021.
Una vez acreditado el proyecto, a finales de 2022, se inició esta oportunidad de trabajar sobre los objetivos pautados y difundir los resultados de nuestra línea de investigación, que procura poner en debate en primera instancia las categorías conceptuales de ruralidad y bienestar, su operacionalización y aplicación en el sudeste de la provincia de Buenos Aires.
Nuestro desafío no solo se concentra en proponer respuestas a los objetivos planteados, sino que profundiza nuestra responsabilidad con el rol y la importancia de la investigación científica, especialmente desde el campo de las Ciencias Sociales y las Humanidades, y concretamente desde la Geografía.
Por tanto, el objetivo es analizar el bienestar de la población rural del sudeste de la provincia de Buenos Aires en relación con las diversas ruralidades allí presentes y en la identificación de diferenciales territoriales en las primeras décadas del siglo XXI. Para alcanzar este cometido se trabajó a partir de un conjunto de objetivos particulares:
- Proponer una delimitación teórica y empírica de la población rural contemplando criterios complementarios al umbral demográfico de 2.000 habitantes;
- Establecer un sistema de dimensiones, variables e indicadores que se hagan observables en un IBR con el objeto de identificar y caracterizar desigualdades territoriales;
- Reconocer y describir desigualdades espaciales en el bienestar de la ruralidad del sudeste bonaerense.
El estudio de estas cuestiones fue el paso previo para avanzar en la relación entre bienestar y ruralidad en clave territorial.
La categoría conceptual que vertebra nuestro trabajo de investigación es la de espacio rural. Pensar en este espacio implica analizar sus términos inicialmente por separado para luego unirlos e ir complejizando su delimitación en relación con otras cuestiones.
Aunque tempranamente la Geografía como disciplina científica logra un lugar destacado en la historia de las ciencias, definir su objeto de estudio fue un camino con avances y retrocesos que en definitiva teje y muestra su devenir. El siglo XX y los años transcurridos del siglo XXI han sido de gran crecimiento para la Geografía, es en este lapso que sofistica sus técnicas de análisis y representación, y reconoce al espacio geográfico como su objeto de estudio.
Haesbaert (2014, p. 22) expresa que espacio es la categoría central de análisis de la Geografía, es decir, nuestro concepto más general, el que se impone frente a los demás: región, territorio, lugar, paisaje, ambiente. Estos, en conjunto, componen una constelación o familia geográfica de conceptos (Haesbaert, 2014).
El término espacio puede aplicarse en diversas situaciones o disciplinas. En el caso específico de la Geografía hablamos del espacio adjetivado como geográfico, es decir, aquel que se focaliza sobre la dimensión espacial de la sociedad, que incluye, la indisociabilidad entre lo social y lo natural (Haesbaert, 2014).
Santos (1990) señala que durante décadas los geógrafos se preocuparon más por definir qué es la Geografía que por conceptualizar al espacio geográfico. Correspondió a los geógrafos cuantitativos o neopositivistas, a mediados del siglo XX, alzar el espacio geográfico al nivel de categoría o concepto central de la Geografía. Harvey, geógrafo que transitó desde el quehacer cuantitativo hasta el crítico y posmoderno, muestra en su trayectoria intelectual la profundización de los debates geográficos, indicando en la década de 1980 que “el espacio no es ni absoluto, ni relativo ni relacional en sí mismo, pero puede transformarse en uno u otro, dependiendo de las circunstancias” (Harvey, 1980, p. 5).
Para avanzar sumamos al espacio geográfico un adjetivo, esto es, la posibilidad de referir al espacio geográfico urbano, espacio geográfico rural, espacio geográfico periurbano o rururbano, entre tantas otras posibles combinaciones. Estas se vinculan con la división socioespacial del trabajo, a partir de la cual se originó la distinción práctica entre lo urbano y lo rural, situación que se remonta a más de 5.500 años, como expresa Endlich (2006).
En la generación de excedentes de productos básicos, consecuencia de la sedentarización de la humanidad y de la incorporación de técnicas a la producción de alimentos, descansa la explicación de la diversificación del trabajo y de su complejización dado que hombres y mujeres contaron con más tiempo para acumular otros saberes e ir especializándose en el desarrollo de otras labores. Tal como formuló Lefebvre (1969), la separación entre ciudad y campo toma lugar entre las primeras y fundamentales formas de división del trabajo, es la separación entre el trabajo material y el trabajo intelectual.
Actualmente, la propia definición de espacio rural, concebida inicialmente por oposición a lo urbano, así como el avance planetario de la urbanización, están en entredicho (Wang et al., 2023). Se pone en crisis esa concepción por contraste, y se buscan nuevas fórmulas que procuren dar cuenta de la complejidad, superposición e indefinición reinante. Se trata de romper esa idea de urbanización mundializada y comprender la presencia concreta de intersticios, de fragmentos territoriales (Sili, 2002). En este marco es que nos proponemos debatir y aportar una propuesta distinta de la mirada residual, dicotómica o de continuidad, recuperando el debate sostenido en la conjunción de múltiples dimensiones, variables e indicadores para el estudio del bienestar y la ruralidad.
Los estudios geográficos sobre el bienestar social empiezan a ganar protagonismo a partir de la década de 1970, gracias a los aportes de la Geografía del Bienestar (Smith, 1980). El estudio del bienestar social se mueve en un terreno inestable y cambiante, dado que su interpretación es variable por la multiplicidad de relaciones a nivel personal y social que hay entre los sujetos y el espacio geográfico, según indica Bailly (1981).
El bienestar en relación con el estudio del espacio residencial, laboral, recreativo, de ocio, público-privado y de vida es fundamental. Dando continuidad a las labores sobre el tema Bailly indicó,
La geografía del bienestar nos muestra la diversidad y la influencia de valores socioculturales; pero se debe acompañar su estudio con las relaciones que los habitantes tienen con su lugar. De este modo podremos ver cómo las potencialidades de las diversas posiciones espaciales son transformadas en esperanza o neutralizadas por las lógicas de producción (Bailly, 2004, p. 13, traducción de los autores).
En Argentina y específicamente sobre el mundo rural, de Arce y Salomón (2020, p. 45) afirman que “el término bienestar rural apareció en Argentina como preocupación gubernamental en relación con el despoblamiento y el estancamiento del sector agropecuario en la década de 1950”. Nosotros entendemos el bienestar rural como:
un concepto multidimensional relacionado con la satisfacción de la población rural en cuanto a sus condiciones objetivas de vida, las cuales abarcan aspectos materiales como el acceso a la salud, la educación, la vivienda, el empleo, la conectividad y el ambiente. Se distingue de la calidad de vida, porque esta incorpora dimensiones no materiales asociadas a las necesidades, deseos y aspiraciones de la sociedad (Ares et al., 2021, p. 131).
Por tanto, entrelazando las ideas expresadas anteriormente, llegamos al núcleo de nuestro cometido, discutir en equipo y con quienes nos lean sobre el bienestar en el espacio rural. En un debate complejo que procura acercarse al rol, importancia y potencialidad que el espacio rural, en sus diversos recortes territoriales, posee como espacio de disputa, de crisis y de posibilidad.
Luego del prólogo escrito por el Dr. Guillermo Velázquez y de la presente introducción, el libro se estructura en tres partes con sus correspondientes capítulos. En el primer capítulo presentamos el debate conceptual que será sostén del resto del libro refiriendo al espacio rural y las ruralidades. En el segundo, el Dr. Marcelo Sili se centra en proponer al bienestar como nuevo paradigma en el estudio de las ruralidades. El Capítulo 3 se focaliza en debatir sobre el bienestar y el bienestar rural. En el cuarto presentamos en detalle los procedimientos técnicos que se implementarán en los capítulos subsiguientes. La tercera parte del libro aplica en el sudeste bonaerense los debates propuestos. De tal manera, en el Capítulo 5 caracterizamos al sudeste bonaerense desde aspectos sociodemográficos y agroproductivos. En el número 6 delimitamos la ruralidad mediante el Índice de Ruralidad y en el Capítulo 7 analizamos el bienestar a través de un índice sintético. En el Epílogo, finalmente, proponemos un cierre de las labores realizadas.
Deseamos que el libro alcance a un público diverso y amplio. Aspiramos a ofrecer un material de interés para quienes se dedican a la investigación, para docentes, estudiantes de grado o posgrado y quienes gestionan los territorios rurales. En tal sentido, proponemos el empleo de un lenguaje accesible, con ejemplos, esquemas, cuadros y mapas como objetos que anhelamos harán atractiva, interactiva y gráfica la presentación de los núcleos centrales del debate del bienestar y las ruralidades.






