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Prólogo 2

En primer lugar, quiero explicar qué es para nosotros la salud. La salud mapuche tiene que ver no solo con la gente, con lo orgánico o lo espiritual, sino también con revalorizar los territorios, y hablamos en plural porque hay gente que viene desde distintos territorios. Por ejemplo, hay enfermedades del territorio. Entonces, si se hace una ceremonia en un lof se puede ir equilibrando y sanando esa tierra. Pero esto es algo que sobrepasa a la persona individual. Si no hay una autoridad política espiritual, como un machi, esto no sucede. Es algo que tiene que ver con la conexión de las personas al territorio y de las personas con sus antepasados. No es solamente el presente y la persona hoy, puede ser el pasado o el presente de la persona y también del territorio al cual perteneció la familia, donde pertenece uno, o al lugar en el que sea que te toque volver. Además, la salud implica la unión de los territorios, la unión por el lawen y la defensa de los territorios. Esto es lo que se plantea para la búsqueda del küme mongen, el bienestar.

Sabemos que la salud occidental vino a desvalorizar y tapar la medicina mapuche. Son muchas las veces que no hay respeto hacia nuestra forma de ver y sentir el mundo en el que estamos, que nada tiene que ver con lo occidental. Por eso hoy, tenemos que avanzar con el deseo del respeto a nuestra salud. Si bien consideramos importante la salud occidental, esta medicina no puede tratar enfermedades espirituales, no solo de las personas sino tampoco de los territorios. Por eso, para el Pueblo mapuche también es importante y fundamental que se contemple la necesidad a la salud que tenemos. Por la defensa de la salud mapuche es que hoy funciona la Ruka Lawen en nuestro territorio. Para que este espacio de medicina mapuche funcione hoy, hubo un montón de historias detrás, historias malas como en todos lados, e historias buenas, alegres, festejos y muchos sentimientos. Este espacio es algo que construimos totalmente convencidos de que es para la salud. Muchísima gente lo necesita, por eso hay que sostenerlo y proyectarnos a futuro con este centro de salud mapuche. Porque la salud tiene que ver con la reconstrucción de nuestro Pueblo, con el reconocimiento de la gente mapuche mayor y jóvenes que están empezando a reconocerse.

En segundo lugar, quiero hacer referencia a lo colectivo y al trawn (encuentro), porque esta lucha por la salud debería ser de todo el Pueblo mapuche. Porque la salud implica no solo a los humanos, sino también al territorio. Cada comunidad debería tomar en serio la forma de salud mapuche por su propio bienestar. Esto comienza por cada uno primero, el estar bien con uno mismo en el territorio para poder pensar en lo colectivo… Cada familia, cada lof que trabaja la parte de salud hace que el territorio se fortalezca, y de ahí podés salir a fortalecer a otros lugares. Te tenés que fortalecer y tener en claro ciertas cuestiones para poder incorporarte a otras luchas con fuerza, con un pensamiento claro, con una idea clara. Y para esto el Pueblo mapuche tiene el trawn. Tenemos trawn que son históricos, que uno va a desahogarse, a desahogar sus penas, sus dolores, sus luchas. En casi todos los trawn cuando uno se presenta, presenta también todo esto, desde quién sos, de dónde venís. Y el quién sos y el de dónde venís es toda nuestra historia. La mayoría historias feas, de mucho dolor, de pérdida, de desarraigo y cuántas cosas más. Por eso en los trawn compartimos el dolor. Pero también podríamos tener un trawn diferente, uno en el que cada uno, cada una, haya trabajado su dolor, de alguna forma encaminarlo y que el trawn parta desde la sanación. Esta idea no quiere decir que no se compartan todos nuestros dolores, que son igual de importantes porque son parte de nosotros. Sino que sea un espacio donde fluyan de forma diferente los proyectos, las ideas, las visiones al presente y al futuro con una postura firme. No es solo preguntarse quiénes somos o de dónde venimos, sino sanar nuestra historia y preguntarnos ¿hacia dónde vamos? Y que el trawn parta desde ahí. Esto es un desafío porque todos estamos atravesados con historias del dolor parecidas. Pero ese es nuestro pasado. El presente es diferente y el futuro tiene que ser mejor, contemplando cada comunidad, cada lof, cada territorio y no seguir pensando que tenemos que estar totalmente aislados o desconectados de este mundo que nos rodea. Porque ya no podemos pensar en seguir siendo mapuche en una burbuja, la pregunta es cómo en este mundo actual podemos seguir recuperando nuestra forma mapuche y compartiéndola sin que sea algo malo. Justamente, el mundo mapuche no es otra cosa que amar la vida y respetar la naturaleza, y a nosotros mismos como personas. Y esto es algo que debe enseñarse en todos los ámbitos, como por ejemplo en las escuelas. Porque si se enseñara el valor que tiene para nuestro Pueblo cada elemento natural y todo lo que nos rodea, no se podría pensar en destruir ningún medio natural, directamente no estaría permitido.

Este libro es un aporte a esta lucha por la defensa del lawen, porque además cuenta dónde nosotros estamos parados hoy. Nosotros estamos parados en la reconstrucción, es el camino que venimos haciendo desde que nos reconocemos como parte de este Pueblo. Cada uno, pero también de forma colectiva, con el territorio y con la gente que quiere compartir con nosotros. Reconstruir con afecto, reconstruir con respeto y con amor. Esto es lo que pensamos y sentimos por toda la historia que tenemos detrás. No solamente la historia de nuestros antepasados como Pueblo, sino también en relación con lo más cercano, con la familia y con los desalojos. El desalojo es solo una palabra, pero todo lo que hay dentro del desalojo implica momentos de dolor, de angustia, de susto, de impotencia, de haber terminado como indigentes. Cuando yo despierto al mundo mapuche era muy joven, tenía 17 años y el primer sentimiento que tuve es la bronca. Contra el sistema, contra los políticos, pero en realidad bronca de los culpables de mi historia, de lo que yo viví como niña, de lo que vivió mi familia. Eso te queda, te quedan heridas en lo espiritual y en la memoria. Pero también se sana. Si bien todo es responsabilidad que tiene el Estado, nosotros igual podemos transformar y construir con afecto, pensando en otra gente y en los territorios. Este es el camino y tiene que ver con que el lawen viene a sanar toda nuestra parte espiritual, nuestras historias y a todos. Es un proceso larguísimo, pero después de tantos años viene la recompensa del lawen. Recompensa que nada tiene que ver con lo económico, sino con que, por ejemplo, hoy mis hijas tengan enterradas las placentas en el territorio y con que hoy podamos seguir firmes en el lugar, siempre como mapuche.

Por último, quiero señalar que el lawen como parte de nuestra espiritualidad o de nuestra propia cultura no se puede desmembrar, es todo uno. Y todo uno significa nuestra vida, nuestro pasado, nuestro presente y futuro. Dónde estamos, dónde tenemos que estar, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Todas estas preguntan son las que marcan nuestro camino. Si nos observamos desde nuestra cultura somos un elemento más de lo natural y si sanamos nosotros, sana el territorio también.

    

29 de septiembre de 2023, Puelmapu, Bariloche

Laura Millalonco, lof Millalonco Ranquehue



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