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Prólogo 3

Después de siglos de lucha de miles de lofche a ambos lados de la cordillera, recién a fines de la década de 1880, los Estados argentino y chileno consuman la ocupación del wallmapu. En ese largo tiempo de resistencia, mi Pueblo tuvo que ser muy creativo en la estrategia de resguardar los saberes ancestrales, entre ellos, la medicina mapuche.

La pérdida del territorio impactó en nuestra cultura, porque esta está basada en el diálogo permanente y recíproco con las fuerzas que habitan el territorio. Por eso, el despojo de nuestra tierra significó también, en algunos sitios, la pérdida del idioma, el distanciamiento con nuestra espiritualidad, y la desorientación con respecto al saber de la medicina ancestral. Esta invasión militar y la consecuente construcción de los Estados argentino y chileno sobre nuestro territorio significó una herida profunda para nuestro Pueblo, sin lograr herirnos de muerte. En definitiva, el despojo implicó el quiebre de una sociedad construida de manera horizontal y donde cada individuo en su rol sostenía el equilibrio de un saber colectivo. Un lawentuchefe, un machi, un longko o un ngenpin eran eslabones necesarios en la cadena de conocimientos.

Como Pueblo pudimos ocultar y preservar los conocimientos claves de ese saber ancestral. Cuando ese nuevo orden impuesto impactó en la medicina, poniendo en riesgo sus vínculos con nuestras prácticas espirituales y ceremoniales, tuvimos que seguir ejerciendo nuestros conocimientos de formas clandestinas. Desde los primeros años de la invasión, los nguillatun, kamaricun (ceremonias) y el mismo hecho de la curación o la sanación a través de machi y lawentuchefe se mantuvieron en una nueva tensión entre ocultar el incumplimiento de ciertas normas e imposiciones de los Estados y aceptar otras (en Puelmapu, por ejemplo, nos obligaban a plantar la bandera argentina en nuestros kamaricun y en Gulumapu, la bandera chilena en los nguillatun).

Como resultado de ese proceso, y sobre todo en Puelmapu –por las políticas genocidas, asimilacionistas y negacionistas del Estado argentino– se fue perdiendo el conocimiento práctico que tenían nuestras abuelas y abuelos sobre medicina ancestral, así como también la participación de lawentuchefe y machi en los procesos de curación. La medicina mapuche fue poco a poco reemplazada por la medicina estatal y hegemónica. Además, muchos de los hijos y las hijas de los sobrevivientes del genocidio y de los despojos crecimos en las ciudades, donde ya no nos fue posible llevar una vida relacionada con el territorio y con la naturaleza. Entonces, y desde que el Estado argentino impuso sus decisiones sobre Puelmapu, hace aproximadamente ciento cuarenta años atrás, nuestra agenda como Pueblo estuvo vinculada a los vaivenes políticos de este continente, como las dictaduras militares, las democracias endebles y las políticas económicas que permanentemente expolian el territorio. Hacia fines del siglo XX, en Argentina, la democracia abrió tibiamente la ocasión histórica de plantear nuestra propia narrativa como Pueblos indígenas. A partir de este orden democrático, en el que ciertos sectores sociales consensuaban un pacto de convivencia, los pueblos indígenas entramos al debate interpelando al Estado y a quienes omitían nuestra existencia. Sin territorio resultaba imposible la restauración de nuestra cultura y la reconstrucción de nuestro Pueblo. Surgió entonces un compromiso transversal a todas las expresiones del Pueblo Mapuche: recuperar y resguardar los territorios de Puelmapu.

Nuestro wallmapu ha venido soportando los embates del capitalismo que se ha asentado aplicando proyectos extractivistas y afectando toda la vida, itrofillmogen, como decimos en nuestro idioma. Recuperar y resguardar estos lugares es el gran desafío que tenemos. En esos sitios está el lawen, el remedio que nos ofrece la tierra. Identificar estos lawen es un trabajo generacional que, hasta el día de hoy, sigue siendo acompañado por pu lawentuchefe, pu machi, pu longko que se movilizan a lo largo y a lo ancho del wallmapu, a pesar y más allá de las fronteras impuestas.

Nuestros vínculos entre Puelmapu y Gulumapu jamás pudieron ser interrumpidos. Una y otra vez, por miles de años, y en ambas direcciones, hemos cruzado la Cordillera de los Andes. Muchos y muchas viajamos, hasta nuestros días, para atendernos con pu machi y pu lawentuchefe. Esta manifestación de reciprocidad nos posibilitó sostener un intercambio de conocimientos sobre medicina en un territorio inmenso y con características diversas. En estas últimas décadas, fuimos interpelando los diagnósticos de la medicina estatal (por ejemplo, la esquizofrenia u otros padeceres físicos o psicológicos), cuyas soluciones solían ser pastillas o intervenciones de las Iglesias católica y evangélica. Pero, sobre todo, pusimos en valor nuestra propia medicina y sus formas más integrales y complejas de diagnosticar. Como dicen pu machi, hay muchas formas de enfermarse, o muchas enfermedades, así como hay múltiples causas y relaciones que deben ser atendidas en un proceso de curación. Las nuevas generaciones volvimos a entender que el lawen, nuestra medicina ancestral, no es solo una hierba con propiedades curativas: el lawen es un diagnóstico y una respuesta a un desequilibrio espiritual y emocional, individual y colectivo, afectivo y político.

El lawen está en todo lo que podemos ver o no ver en nuestra mapu. Lo que poco a poco estamos aprendiendo es a volver a encontrarlo en un animal, en una piedra, en una hierba, en las aguas o en el aire. Pero fundamentalmente lo que estamos recuperando como sociedad es el poder de diagnosticarnos.

Este libro nos cuenta acerca de las recientes interpelaciones que el Pueblo Mapuche les hizo a los Estados que sostienen que la medicina occidental es la única que puede ser aplicada de modo incuestionable. Es una crónica reflexiva sobre el proceso por el cual distintas lofche exigieron un espacio de discusión y reivindicaron la existencia de un multinaturalismo que se nutre con la presencia de los Pueblos Indígenas. Como resultado de esas discusiones, pudimos hablar de nuevos protocolos, y denunciar abusos y requisas en las fronteras. Pero pasará seguramente algún tiempo para que podamos hablar de una relación intermedicinal. Estas páginas captan con mucha sensibilidad profundos momentos de esa lucha, no solo los discursivos, sino, sobre todo, aquellos en los que ejercimos nuestro pleno derecho al lawen.

      

3 de octubre de 2023, Puelmapu, Bariloche

Mauro Millan, longko lof Pillan Mahuiza



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