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6 Recuperación del lugar de los estudiantes de la Universidad de Buenos Aires en el CHCML a partir del patrimonio afectivo e intangible

Gustavo Blázquez y Florencia Terzano[1]

Introducción

Durante 2020, el aislamiento por COVID-19 obligó a muchas personas a transitar la cotidianeidad a través de una pantalla. Gran parte de los contactos con el exterior de nuestros hogares se vieron reducidos a cero. El mundo, tal como lo conocíamos, devino otro; y los museos también. Primero conmocionadas, nuestras instituciones se encontraron luego con la misión de traducir la programación y diseñar acciones en el espacio virtual. Si adelantamos las conclusiones de esta experiencia única en la historia de la humanidad, diríamos que, como efecto positivo del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), nuestras propuestas se volvieron más virales y federales.

El Nuevo Museo Público es un ejemplo de ello. Este museo virtual, que se puede recorrer a partir de acceder a un link en la web del CHCML[2], presenta exposiciones destinadas a reflexionar sobre el carácter histórico de los sentimientos y las emociones, y reivindica las prácticas museales que giran en torno a los patrimonios afectivos. Su nombre cita al primer museo argentino que, como no podía ser de otra manera, funcionó en la Manzana de las Luces y que, con las décadas, se transformó en el Museo de Ciencias Naturales, hoy conocido como “Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia” (Perazzi, 2008).

A mediados del 2021 iniciamos un vínculo con estudiantes de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN-UBA) que cursaron en la Manzana de las Luces durante la década de 1960. En principio, el contacto con ellos fue totalmente virtual debido al ASPO. Luego, cuando el museo, poco a poco y a borbotones, abrió sus puertas, la comunicación se hizo presencial. Llegaron los saludos a la distancia, los “puñitos”, barbijos, palabras y miradas profundas. Gracias a la buena predisposición y hospitalidad de esos y esas estudiantes, iniciamos un trabajo etnográfico sobre sus experiencias de vida estudiantil, y también sobre los avatares de la vida, que trasladamos, por primera vez, a las muestras virtuales propuestas por el Nuevo Museo Público.

En medio de esta curaduría etnográfica que encaramos desde el CHCML iniciamos la primera experiencia de extensión universitaria junto a estudiantes FSOC-UBA. A esta aventura, se sumó el programa “Generación Museos” dependiente de la Secretaría de Patrimonio Cultural del Ministerio de Cultura de la Nación, que tiene por objeto acercar a los estudiantes de educación secundaria de sectores populares a los museos nacionales a través del trabajo con los centros de estudiantes. En el contexto de este programa, el CHCML se propone como un espacio idóneo para repensar la organización estudiantil a partir de la experiencia de la generación de exalumnos y alumnas de la FCEN, que nos acompañaron en las visitas de los centros de estudiantes entrando en diálogo directo con ellos.

La intención de este capítulo es dar cuenta de la experiencia de construcción de patrimonio afectivo e intangible generado para restituir el lugar de los y las estudiantes de la UBA en el CHCML. Con esta voluntad presentamos a los actores que participaron en esta coreografía que reunió a un museo, su área de educación y la Universidad de Buenos Aires.

El museo. Junta de temporalidades

El CHCML es una construcción de más de 300 años de historia que incluye parte de las edificaciones más antiguas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se encuentra emplazado en el centro histórico de la Ciudad a metros del Cabildo y de la Casa de Gobierno. Entre sus paredes y patios se vivieron episodios fundamentales de la historia argentina y latinoamericana. Las primeras edificaciones, que datan de 1686, fueron diseñadas por sacerdotes jesuitas y erigidas por indígenas y personas afrodescendientes esclavizadas. A partir de 1810 se fundaron las primeras instituciones republicanas, entre ellas el primer Museo, Biblioteca, Archivo, el Banco de la Provincia de Buenos Aires, la Junta de Representantes y la Universidad de Buenos Aires, que funcionó aquí por 150 años hasta la Noche de los Bastones Largos, en 1966[3](Ramos, 2023).

Luego de ese violento episodio, entre 1971 y 1972, las edificaciones relacionadas con la UBA fueron demolidas por no ser consideradas “históricas” y la memoria de la presencia universitaria en la Manzana de las Luces comenzó a diluirse en privilegio de la herencia colonial.

En 2013 “la Manzana” se transformó en Museo Nacional con el nombre de Complejo Histórico Cultural “Manzana de las Luces”, dando fin a los diferentes usos que había tenido en las últimas décadas, más relacionados con la industria turística. Hoy es un testimonio de la diversidad cultural y educativa de la Argentina, y un museo que propone construir un espacio de intersección, de superposición, de palimpsesto, de las diferentes temporalidades enredadas en sus históricas paredes y patios.

En el periodo 2020-2023 se inició una puesta en valor edilicia y simbólica, orientada a repensar el museo, recuperar su patrimonio material e inmaterial y escribir una historia a contrapelo de la Historia oficial y hegemónica que interrogue lo dicho y escrito sobre la institución hasta el momento. Con este gesto se pretendió dar cuerpo a espacios, sujetos, prácticas y afectos borroneados por cierta historia oficial.

El área de educación. Museo y potencial pedagógico

Los museos suelen tener un área denominada “Educación” que usualmente ofrece actividades segmentadas por franja etaria, asignatura escolar, relación filial, o, en los mejores casos, por comunidad específica. En nuestro caso, el CHCML se piensa y construye como un dispositivo pedagógico-educativo en sí. No hay un área específica que “educa”, sino que todo el museo es un espacio que invita a los públicos que lo recorren y habitan a ser atravesados y atravesadas por este lugar físico y simbólico de nuestra historia. El museo acciona y propone entornos situados en el presente capaces de generar interpretaciones disruptivas y otros sentidos de aquello que consideramos patrimonio material e inmaterial.

Nuestras propuestas, como ser programas, exhibiciones, activaciones, entre otras actividades culturales, buscan alejarse de prácticas instrumentales dirigidas a públicos segmentados según variables etarias. Diseñamos actividades y programas intergeneracionales. También trabajamos con comunidades específicas y no para o por esas comunidades. En ese sentido, nuestra voluntad es ofrecer una experiencia espacial, que los públicos puedan habitar y disfrutar, es decir, proponemos apropiarse del museo, ocuparlo y construir patrimonios de manera colectiva.

La Universidad de Buenos Aires en la Manzana de las Luces. Monumento histórico inmaterial

La Universidad de Buenos Aires está ontológicamente ligada a la Manzana de las Luces. Se fundó en 1821 y funcionó hasta 1971 en nuestro edificio. Su historia nace aquí, y es de los datos menos conocidos por nuestros públicos. El lugar que antes ocupaba la Universidad actualmente es un hueco vacío. Por ello, la idea de iniciar esta colaboración con las y los estudiantes de FSOC y los centros de estudiantes de Generación Museos es precisamente recuperar los orígenes y la historia de dicha institución y hacerla latir entre estas generaciones.

Uno de los ejes relevantes del trabajo patrimonial del CHCML en la actualidad es el vinculado con el lugar de la Universidad de Buenos en el pasado y en el presente. Cuando se recorren las instalaciones se observa una especie de hueco de los que quedan cuando una edificación es demolida donde se pueden adivinar sus usos por las cicatrices o huellas que la antigua construcción ha dejado en las paredes. Este particular sitio responde al lugar que anteriormente ocupaba el último edificio construido por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN).

Imagen 1. Patio Central. Antiguo edificio de la Facultad, 1924

Fuente: Biblioteca digital Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

Imagen 2. Fotografía actual del antiguo patio de la Facultad de Exactas, 2019

Autoría de Florencia Terzano.

Tal como dijimos anteriormente, en el marco del programa de extensión universitaria de FSOC-UBA se inició esta colaboración entre CHCML y la cátedra Tecnologías Educativas de la carrera de Ciencias de la Comunicación (FSOC-UBA). Las problemáticas abordadas junto a las y los estudiantes se centraron en los modos de visibilización del patrimonio material e inmaterial y en la construcción colectiva de patrimonio relativo a la historia reciente y a los vínculos afectivos que supone. Los contenidos se basaron en la vida y organización estudiantil a través de la historia de los y las estudiantes de la FCEN en la época previa a La Noche de los Bastones Largos, cuando la UBA aún se alojaba en este edificio. Como trabajo práctico final de la materia, los y las estudiantes realizaron objetos tecno-pedagógicos a partir de material de archivo del CHCML con la premisa de integrar el lenguaje de los nuevos medios de comunicación a la educación patrimonial. Las producciones abarcaron desde podcast, videos y recorridos virtuales hasta infografías e imágenes sonoras. Con esta actividad, la UBA se hizo nuevamente presente en la Manzana de las Luces.

El patrimonio se cuida y resguarda, pero también se construye, se activa, se escribe e inscribe; el patrimonio se reinventa, se recrea y se reescribe. El trabajo con los estudiantes de FSOC hizo realidad esta consigna. Con la cátedra de Tecnologías Educativas se procedió a reconstruir, a través de relatos orales, las memorias espaciales y afectivas de los edificios derrumbados. También, mediante la elaboración de materiales didácticos sobre ese patrimonio, evocamos recuerdos de los acampantes de la generación del 60 y de la historia de FCEN en Manzana de las Luces.

Como museo, esta práctica nos resultó sumamente interesante: pudimos trazar puentes entre tiempos y generaciones, es decir, creamos una especie de junta de temporalidades con los estudiantes y trabajamos de manera conjunta las memorias individuales y colectivas del patrimonio afectivo. En ese sentido, otro aspecto que destacamos fue la posibilidad de explorar la institución museal como espacio de construcción comunitaria en el ámbito de la educación formal y construir así patrimonio de manera colectiva. Nos gusta pensar esta experiencia como una retroalimentación entre ambas instituciones: la UBA habita la Manzana de las Luces y la UBA (de aquella época) también está en Sociales.

Reflexiones finales

Estas experiencias de curaduría junto a comunidades de estudiantes, de trabajo con el programa Generación Museos, de intercambio y sinergia con la cátedra de Tecnologías Educativas, nos permitieron observar cómo las acciones de colaboración con comunidades, educativas o no, generan condiciones de posibilidad para salir de la lógica verticalista que mantienen los museos en relación con sus patrimonios y sus “públicos”. Desde el CHCML resaltamos la necesidad de promover este tipo de prácticas que invitan a pensar y construir patrimonios de forma colectiva; y a interrogarlos. En estos cruces entre museo y comunidades educativas, el patrimonio es algo que late, que se cuenta y se reinventa a medida que dichos actores lo atraviesan y le dan forma. En ese sentido, incorporar a FSOC implica recrear el patrimonio material e inmaterial. En 1971, FSOC no existía. Y que hoy pueda participar de esta experiencia permite pensar el patrimonio como una práctica situada que involucra a los sujetos y objetos, y articula el pasado con el presente, es decir, frente a la destrucción del patrimonio de la UBA, situado en Manzana de las Luces se teje una reconstrucción: FSOC como algo inexistente y Generación Museos como espacio de recreación de los centros de estudiantes en la actualidad. Nos queda pensar, entonces, ¿cómo se llena ese “vacío” con esta actividad de colaboración?

Como dijimos anteriormente, esta colaboración se inició en un contexto pandémico. Uno de los grandes desafíos que tuvimos que afrontar en ese momento fue transmitir el patrimonio de manera virtual. No obstante, como ventaja destacamos que el hecho de poder acceder a los contenidos de manera virtual los hizo más accesibles y federales. Esto, que en un principio se presentaba como una incapacidad, dio solución a una problemática histórica, ya que los museos se sitúan en su mayoría en Buenos Aires, dejando en desventaja al resto de las provincias y al museo mismo. Teniendo en cuenta sobre todo a los museos nacionales CHCML, cuyo patrimonio pertenece a la totalidad de las argentinas y los argentinos.

En estos intercambios de saberes y sentires que soñamos que sucediera en un museo nacional germinó la voluntad de comunicar y de (re) construir patrimonios culturales de manera colectiva, horizontal y transgeneracional.

Bibliografía

Perazzi, P. (2008). “Derroteros de una institución científica fundacional: el Museo público de Buenos Aires, 1812-1911”. En Runa, vol. 29, pp. 187-206. Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Ramos, V. (2023). La Universidad en la Manzana de las Luces. Eudeba. Buenos Aires.


  1. Complejo Histórico Cultural “Manzana de las Luces” (CHCML).
  2. https://linktr.ee/ManzanadelasLuces
  3. Se conoce como “Noche de los bastones largos” al ingreso violento de las fuerzas policiales en algunas facultades de la UBA con el fin de reprimir a estudiantes y docentes que defendían la autonomía universitaria frente a las políticas del gobierno dictatorial del momento. Esta represión durante la noche del 29 de julio de 1966 generó la renuncia de equipos docentes y el inicio de la llamada “fuga de cerebros”.


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