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5 Laboratorio de Experiencias Educativas en el Museo de la Historia del Traje

Vicky Salías y Karina Solano[1]

Introducción

El Museo de la Historia del Traje (MHT o “el Traje”) es el único organismo de la administración pública nacional argentina que tiene como temática a la indumentaria y los textiles y sus técnicas, herramientas, materias primas, diseños, usos, costumbres y contextos sociales.

Funciona en una pequeña casa del barrio de San Telmo, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde guarda su patrimonio y realiza varias muestras temporales por año. El acervo del MHT está compuesto de unas 9 mil piezas, centradas fuertemente en la sociedad porteña de los siglos XIX y XX.

Amparado en su experticia en el mundo textil, se muestra como un constante generador de actividades gratuitas de formación. A la vez, cuenta con una biblioteca y a través de su equipo de profesionales brinda asesoramiento a investigadores, diseñadores y/o vestuaristas. También comparte su sede como espacio de interacción cultural para grupos militantes en favor de minorías y colectivos promotores de derechos civiles y humanos.

En su presentación ante instituciones educativas, el MHT se muestra como un “centro productor, difusor y concentrador de conocimientos e información en torno al traje” (MHT, 2020)[2] y es uno de los 26 museos nacionales administrados por el Estado a través del Ministerio de Cultura de la Nación.

Su staff se compone de: una dirección con su equipo de coordinación y administración; un sector de conservación, documentación y registro de patrimonio siendo sus especialistas las únicas autorizadas a manipularlo; un área de restauración y recreación que se encarga del fichaje fotográfico de piezas y planimétrico o moldería; un área de museografía y diseño a cargo del desarrollo teórico, estético y práctico de exposiciones presenciales y virtuales; un área de investigación responsable del análisis, la descripción técnica, la catalogación y el encuadre histórico de las piezas del acervo; un área de programación que diseña las actividades y talleres del museo; un sector de educación que lleva la relación con las escuelas y realiza las visitas guiadas grupales de distintos colectivos; un área de fotografía que registra, cataloga, conserva y digitaliza unas 3 mil imágenes disponibles para consulta; una biblioteca donde se alojan más de 2000 volúmenes entre libros, catálogos, revistas, grabados y carpetas temáticas; un área de prensa y comunicación a cargo de la difusión de actividades, del contacto con el público y de las publicaciones en internet; y un área de mantenimiento responsable de las tareas de acondicionamiento del edificio.

En términos de equidad de género, el plantel guarda una relación de 4 a 1; es decir, que en el MHT trabajan 20 mujeres y 5 hombres. La perspectiva de género es un tema activo y sensible en los equipos. En su amplia mayoría, el plantel abraza el enfoque del Programa ESI y un tercio de los empleados utiliza el lenguaje inclusivo de forma cotidiana.

Las exposiciones del MHT

Parte de su colección rioplatense de principios de siglo XIX convierte al Traje en una de las salas que retratan los tiempos en que se gestó la Nación Argentina (1776-1820)[3]. Desde su apertura en 1972 y hasta 2017, las prendas características de la época de la Revolución de Mayo formaron parte de la exposición casi permanente del MHT. Al ser exhibidas por tiempos prolongados, fueron elementos determinantes en la relación del museo con la categoría que engloba esas temáticas sociales de ese tiempo.

Una de las primeras decisiones de la actual gestión fue la de alejarse de esa identificación temática y crear un calendario de muestras temporarias, con el fin de “mover” la colección dentro del pequeño espacio de 100 metros cuadrados de salas. Esto permitió que por fin una mínima parte del acervo se exhibiera por primera vez desde su llegada al museo.

Dadas las escasas dimensiones del edificio, las prendas de la Revolución de Mayo tuvieron que ceder su espacio y luego de muchos años volver a la reserva. En su lugar se hicieron diversas muestras con diseñadores nacionales e internacionales que hablaban de una moda más cercana en tiempo y en costumbres a la sociedad contemporánea (Mary Tapia, Horace Lannes, Juana de Arco, Paco Jaumandreu, entre otros).

Levantar la muestra permanente de principios del siglo XIX evidenció un replanteo conceptual propuesto por el MHT: ¿de qué se habla en el mundo textil contemporáneo? ¿Quiénes son sus actores? ¿Cuáles son los conceptos representativos vigentes? ¿Qué sistemas de relaciones se evidencian hoy desde la indumentaria y el textil? ¿Son las mismas que hace 50 años? ¿De qué habla el MHT cuando habla de indumentaria?

Asumiendo estos interrogantes, a mediados del año 2020 la dirección comenzó a trabajar en la propuesta de un cambio de identidad. El disparador (entre otros) fue que la palabra “traje” ya no reflejaba lo que el museo quería comunicar. Relegado para ocasiones formales y/o festivas es cada vez menos frecuente ver personas vestidas con traje. También se propuso suprimir la palabra Historia para contrarrestar la tácita asociación que une a los museos con el pasado.

El cambio de identidad aún no se concretó. Aun así, el MHT continúa siendo un referente a la hora de hablar de la vestimenta del período revolucionario y elige preservar ese lazo con el público escolar, como se verá en los párrafos siguientes.

La propuesta educativa del MHT

Antes del 2020 el museo recibía visitas escolares todas las semanas, en especial de grupos de jardín o primaria y en menor medida de escuelas secundarias. En ese entonces, las redes sociales se usaban solo como espacios de difusión de actividades.

Durante los nueve meses de aislamiento preventivo por el COVID-19, la relación entre los museos y el público escolar quedó trunca. Con aulas y museos cerrados se suspendieron las visitas guiadas y se interrumpió el contacto entre salas, docentes y estudiantes.

Simultáneamente, nacieron nuevos públicos digitales con perfiles diversos. Las redes sociales se convirtieron en escenarios donde los museos debieron canalizar varias de sus funciones, entre ellas las de exhibir y educar.

En ese contexto, el área de educación del Traje comenzó un inédito y complejo proceso de producción de contenidos educativos para los niveles inicial, primario y medio. Fue la primera experiencia de exhibición del acervo y de elaboración de materiales didácticos para compartir a través de las redes sociales.

Se eligieron las efemérides patrias como tema central para restablecer el diálogo con la comunidad escolar. Se realizaron 4 series de posteos de Instagram, 2 cuadernillos y 2 cortos audiovisuales sobre diferentes temas vinculados con la independencia: la figura de Manuel Belgrano, las mujeres enroladas en el ejército de los Andes, la diversidad cultural de la colección en relación con las diversas comunidades migrantes de nuestro país y la moda en la Revolución de Mayo.

El material alcanzó una considerable visibilidad, generó nuevos seguidores y logró reentablar el vínculo con la comunidad educativa, debilitado por la pandemia. La digitalidad ofrecía ciertas ventajas por sobre la presencialidad, como la fácil alteración de la dimensión “tiempo”, la inclusión de otros lenguajes como emojis y filtros, el alcance geográfico, la inmediatez de las interacciones con el público. Sumado a eso, una narración cuidada, ilustraciones modernas, organizadores gráficos y una interesante perspectiva de género hicieron de las producciones del Traje un trabajo virtuoso. El proceso puede verse en las redes del museo y se condensa en la investigación “Museos, redes sociales y público escolar” (Solano, 2022).

En términos cuantitativos, después de la pandemia y gracias a estos y otros materiales, el Traje pasó de ser el tercer museo nacional menos visitado del país a ocupar el sexto lugar entre los más seguidos en redes sociales[4].

Desde una mirada cualitativa, la relación con el público escolar estaba en la antesala de un hito. Meses después, cuando las escuelas volvieron a la presencialidad, el Traje, casi sin darse cuenta, ya había ingresado a las aulas a través de los materiales didácticos generados en pandemia, a puertas cerradas y sin visitantes. La relación entre el museo y las escuelas se independizaba de la presencialidad exclusiva y proponía un nuevo camino.

Museos y comunicación

La relación del Traje con el estudiante de nivel superior era y es diferente a lo narrado en el apartado anterior respecto de los niveles obligatorios del sistema educativo. Si se agrupan por su actividad principal, los estudiantes terciarios o universitarios encabezan el grupo de mayor asistencia al museo. Esta no es una característica que coincida con la de otras salas nacionales. Si en el promedio general la proporción es de 12 cada 100 visitantes, en el MHT el número asciende a 32, siendo el museo con mayor índice de asistentes que alcanzan el más alto nivel académico (Dirección Nacional de Museo del Ministerio de Cultura de la Nación, 2019).

Los temas que el Traje habitualmente comparte con esos públicos están bastante alejados de las efemérides patrias. Más bien rondan las diversas técnicas textiles del país y la región, o fomentan el diálogo del hilado con las artes, o promueven una mirada crítica de los cuerpos y la moda sobre el pasado y el presente. Todo esto se traduce en una agenda de actividades y acciones que, si bien son para el público en general, tienen como destinatario imaginario al estudiante o al graduado de carreras vinculadas al diseño, las artes y el universo textil, por sobre otras disciplinas.

Durante los nueve meses que duró el confinamiento a escala casi mundial, “el Traje” no generó ninguna acción destinada a la comunidad terciaria o universitaria. Recién a comienzos de 2021 se reactivó el vínculo con la academia, aunque no desde las facultades con afinidades temáticas como la FADU/UBA o la UNA.

El museo recibió una propuesta de la materia Tecnologías Educativas (cátedra Landau) de la orientación en procesos educativos de la carrera de Ciencias de la Comunicación (FSOC-UBA). Lo invitaban a sumarse como institución donde los estudiantes pudieran realizar el trabajo del campo del proyecto de extensión universitaria MME 3019, Misión Museos Educativos (ver Cap. 2 en este mismo libro).

El objetivo era diseñar materiales didácticos para nuevos públicos escolares. Se inauguraba, sin haberlo planificado, un diálogo entre los universos de la museografía y la comunicación que paulatinamente se haría más visible y contundente.

Hasta ese momento, los materiales gráficos producidos por el área de educación del museo se habían estrenado como publicaciones de Instagram o como cuadernillos en PDF colgados en la web. Incluían actividades prácticas para hacer en clase o en casa: siluetas para pintar, muñecos para vestir, piezas básicas de moldería y filtros de Instagram. La interacción con los seguidores era mediante los comentarios y los “me gusta”. Por su parte, los audiovisuales se habían subido a YouTube con los comentarios desactivados.

La propuesta MME 3019 posicionaba al museo en una nueva forma de relación con el estudiante universitario. Ya no se trataba de ser un generador de contenidos o promotor de técnicas, asumiendo el rol de experto, de dador o como aval de especialistas. Ahora se trataba de ser capaz, o no, de abrirse a ser observado por una mirada semiprofesional de la comunicación institucional que aportara asesoramiento, sugerencias y seguramente dejara también varios interrogantes.

La experiencia se extendió durante el curso de verano y se repitió al año siguiente. En cada ciclo los equipos del Traje presentaron la institución y mostraron las formas de trabajo internas, basadas fuertemente en la investigación textil generada por sus propias áreas.

Basándose en los documentos de trabajo del MHT, los futuros profesionales de la comunicación encontraron en las fechas patrias un potencial para activar aún más el vínculo del museo con la comunidad educativa en escenarios digitales. Se eligió trabajar sobre la revisión de un contenido curricular específico, viciado de errores a lo largo de décadas por falta de rigor histórico.

Se propuso profundizar un mensaje que el museo ya venía dando: ¿qué prendas lucían las damas de 1810? ¿Por qué se vestían con esas prendas y no con otras? No llevaban miriñaques ni grandes peinetones como sugieren algunos textos y revistas escolares que colaboran en instalar el error en el imaginario colectivo. Por el contrario, las partidarias de la revolución lucían telas livianas inspiradas en lánguidas túnicas griegas diseñadas en un modelo conocido como el vestido imperio, impuesto como tendencia por Josefina Bonaparte.

Los equipos de Misión Museos adoptaron ese contenido curricular como eje de las piezas a diseñar, que buscarían rebatir un estereotipo sostenido a lo largo del tiempo. Era una forma de interpelar al sistema educativo con un saber validado por el museo, promoviendo que el Traje profundice el diálogo con el universo escolar mediante la inclusión de nuevas tecnologías.

Se diseñaron seis propuestas de materiales digitales sobre el vestido imperio: Vestidas de Revolución; Mujeres de la historia; Dolores Remedios, de vestidos e independencias: Otra historia, el mismo vestido: Marea imperial; El cofre de Josefina y Volver al vestido.

Como en toda propuesta educativa, esos contenidos digitales se estructuraron bajo un propósito claro, un objetivo potencialmente alcanzable y una planificación que guio los pasos hacia la búsqueda de aprendizajes significativos.

Todos los diseños proponían un mayor compromiso con los recursos tecnológicos que el experimentado por el MHT hasta el momento. Incluyeron cuentos, ilustraciones, animaciones, interactividad, códigos QR, videos incrustados, juego (trivias, de pistas, quizz, verdadero o falso, encuentra el error, etc.), infografías, cronologías animadas, avatares de personal del museo y enlaces a redes sociales y a plataformas de creación de contenidos (en especial Genially, Wordwall y YouTube).

Los trabajos realizados le dejaron al Traje varias ideas inspiradoras para futuras producciones, enriqueciendo y fortaleciendo comunicacionalmente su rol como portador del saber frente a los contenidos de la currícula educativa.

Luego de la experiencia MME 3019, en un proceso sin apuros ni precipitaciones, el Traje publicó dos años más tarde sus primeras propuestas de gamificación: una trivia destinada al público adulto para las muestras “Quién es quién” y una sopa de letras para niños acompañando la exposición “Casa Jaumandreu”, ambas realizadas en una plataforma paga de prediseños de gamificación.

Tal vez el aporte más trascendente que dejó Misión Museos Educativos superó la cuestión técnica. Abrió conciencia acerca del nuevo escenario intangible que lentamente crece y cobra vida en la era digital; esa nueva dimensión donde se cruzan e interrelacionan la educación, la acción cultural de los museos y la tecnología; cada una con sus propios intereses, algunos comunes y otros en contraposición.

Se habilitaba una primera experiencia de trabajo conjunto entre los museos y la comunicación basada en materiales digitales orientados a acompañar procesos educativos: dos mundos que indefectiblemente van a unirse ante una nueva museografía de las redes sociales, que nace ya descubriendo la necesidad de pedagogizar la tecnología.

Bibliografía

Dirección Nacional de Museos (2018). Identidad y gestión de las áreas educativas de museos. Ministerio de Cultura, Ciencia y Técnica de la Nación.

Dirección Nacional de Museos (2019). ¿Quiénes nos visitan? Ministerio de Cultura de la Nación.

Dirección Nacional de Museos (2020). Museos nacionales y públicos digitales. Ministerio de Cultura de la Nación.

Solano, K. (2022). Museos, redes sociales y público escolar. Crónicas de un pasaje a la virtualidad durante la pandemia en el Museo del Traje. Tesina de grado. Carrera de Ciencias de la Comunicación. Facultad de Ciencias Sociales (UBA).


  1. Museo de la Historia del Traje.
  2. Extracto del documento digital de presentación del MHT para el Laboratorio de Experiencias educativas, Universidad y Museos, UNIMU, en el marco de la cursada de verano de 2021 de la materia Tecnologías Educativas de la carrera de Comunicación Social, Facultad de Ciencias Sociales, UBA.
  3. Las salas nacionales que representan la gesta independentista son: el Museo Histórico Nacional del Cabildo de Buenos Aires y de la Revolución de Mayo, el Museo Histórico Nacional, el Museo Histórico Sarmiento, el Complejo Histórico Cultural “Manzana de las Luces”, el Museo Casa Histórica de la Independencia, la Estancia de Jesús María y Museo Jesuítico Nacional, el Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers, el Museo y Biblioteca Casa Natal de Sarmiento, el Museo y Biblioteca Casa del Acuerdo de San Nicolás, y el Palacio San José y Museo y Monumento Nacional Justo José de Urquiza.
  4. Los museos nacionales con más seguidores al 2021 eran: el Museo Nacional de Arte Decorativo (182.187), el Palacio Nacional de las Artes (116.610), el Museo Malvinas (115.968), el Museo Histórico Nacional (84.008), la Manzana de las Luces (64.062 y el Museo de la Historia del Traje (50.967 seguidores).


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