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4 El efecto enclave o el flagelo de los recursos

Los retornos decrecientes

En un artículo ampliamente citado, Reinert (1996) afirma que la abundancia de recursos naturales no es simplemente una maldición para los países en desarrollo, sino una “triple maldición”. Según este autor, el “flagelo múltiple” se origina por tres factores: i) los retornos decrecientes; ii) la competencia perfecta; y iii) la volatilidad de los precios. A continuación, una breve explicación sobre estos “flagelos”.

En las secciones anteriores nos referimos al problema de la volatilidad de los precios internacionales de los commodities y mostramos cómo algunos países dependientes de la exportación de recursos han adoptado mecanismos que les han permitido proteger, en cierta medida, sus economías de las oscilaciones impredecibles de los precios en el mercado internacional. Entonces, la volatilidad de los precios no sería un “flagelo” sino un problema de formulación y aplicación de políticas correctas para contrarrestar los impactos negativos de eventos aleatorios.

La segunda maldición o flagelo, aquel de la competencia perfecta, se refiere a la tesis según la cual los recursos naturales, contrariamente a los productos manufacturados, están constreñidos a operar en mercados competitivos. El razonamiento es simple: mientras que el control de la tecnología, entre otros, permite a los productores de manufacturas operar dentro de modalidades de cuasi monopolio, los países productores de materias primas entran en competencia para atraer las inversiones necesarias para la explotación y valoración de sus recursos. Se produce así una tendencia a la disminución de los precios que ejerce presiones a la baja sobre los salarios, bloqueando a los países exportadores en una situación de pobreza permanente. Esta hipótesis, parcialmente cierta, pudo haber tenido validez bajo el paradigma tecnológico de la manufactura, la “Era del Automóvil, la Producción en Masa y la Petroquímica” (Pérez, 2004, 2010). Los cambios tecnológicos ocurridos en las últimas décadas con el despegue de un nuevo paradigma tecnológico, el de las TIC, produjeron cambios radicales en los mercados y en la estructura de precios de los productos manufacturados y de los recursos naturales, de tal manera que, como se discutió anteriormente, la tesis del deterioro de estos últimos frente a la manufactura como resultado de la ausencia de mercados competitivos tiene escaso sustento.

El primer flagelo, o la llamada trampa de los retornos decrecientes, otro de los argumentos reiteradamente utilizado por quienes proponen superar las etapas extractivistas en la economía, tiene que ver con la idea de las actividades extractivas como actividades económicas con escasos encadenamientos productivos con el resto de los sectores, sujetas a una productividad decreciente y con nulas o escasas posibilidades de generar procesos de innovación. Sostenemos más adelante que esta percepción de los recursos naturales es errónea, o por lo menos sesgada, y que, por el contrario, actividades económicas centradas alrededor de estos bienes pueden generar un círculo virtuoso de aprendizaje y desarrollo tecnológico con importantes derrames sobre el resto de la economía. Como señalamos anteriormente, la dotación de recursos naturales ofrece a los países, en particular a los países latinoamericanos, una “ventana de oportunidad” para especializarse en “industrias de procesos” que podrían transformar el problema tradicional de la monoexportación en un futuro exitoso de tecnologías complejas, variado perfil exportador y elevado crecimiento.

La teoría económica estándar nos enseña que los retornos decrecientes ocurren cuando un factor de producción se mantiene constante mientras el resto se expande. Como consecuencia de la constancia de un factor, un incremento del resto de factores produce cada vez menos beneficios. En esto consistiría la diferencia fundamental entre las actividades económicas basadas en la explotación de recursos naturales y otras actividades económicas: el crecimiento del producto en el primer caso siempre alcanza un nivel a partir del cual el recurso crucial no está disponible en la misma cantidad o calidad que lo estuvo la unidad previa del mismo recurso. Así, un país especializado en la explotación minera o petrolera se encontraría bloqueado en una actividad económica que produce cada vez menos en la medida que la calidad de los yacimientos decrece o se agota. En otras palabras, las economías basadas en los recursos naturales enfrentarían, en este caso, una “maldición doble”: la pobreza y el desgaste ecológico (Reinert, 1996).

Históricamente, ha habido dos maneras de escapar a la trampa de los retornos decrecientes. La primera, una solución extensiva que busca compensar el descenso de la producción con la explotación de nuevos yacimientos y una segunda, que consiste en la creación de ventajas comparativas en actividades no sujetas a retornos decrecientes, principalmente la manufactura. En este contexto, Reinert (1996) identifica tres alternativas o variantes que se presentan para los países en desarrollo:

  1. las actividades sujetas a retornos crecientes, típicamente las industrias de la manufactura, identificadas como variantes positivas;
  2. las actividades que son neutras a la escala de producción o variantes neutras, típicamente el sector servicios; y
  3. las variantes negativas sujetas a retornos decrecientes, como las actividades extractivas.

Lógicamente, la superación de la pobreza y, en general, la búsqueda de economías más sustentables requeriría superar la trampa de esta última variante: dar absoluta prioridad a la primera con apoyo de las actividades neutras. Esta sería en resumen la estrategia de salida del extractivismo que plantean en el caso del Ecuador ciertos círculos oficiales, académicos y ambientalistas: la focalización, en el corto plazo, de variantes neutras (la venta de servicios ambientales, el desarrollo del ecoturismo, la bioprospección y la agroforestería) sin perder de vista, en el mediano plazo, las variantes positivas centradas en el desarrollo de una industria selectiva intensiva en conocimiento.

Aunque el tema va más allá de los recursos minero-energérticos, resulta de interés e ilustrativo mencionar aquí la referencia de Reinert al caso de los retornos decrecientes de la producción de banano en el Ecuador. Según las estadísticas de soporte del estudio, el rendimiento promedio del cultivo de este producto, luego de un corto período de crecimiento en el que la productividad aumentó de alrededor de 20 toneladas por hectárea en 1961 a 32 toneladas por hectárea en 1966, descendió gradualmente para situarse en 13 toneladas por hectárea en 1977. Es decir, en un período de once años el rendimiento decreció un 60%. De aquí la conclusión: “Mientras más aumenta la producción de banano en el Ecuador, más aumenta la pobreza de los productores” (Reinert, 1996, pag. 20). Sin embargo, la realidad es un poco más compleja. Un estudio más reciente de la FAO (Arias, Dankers, Lui y Pilkauskas, 2004) señala la escala de producción como uno de los factores para la baja productividad de este cultivo en el Ecuador (en promedio, alrededor de 32 toneladas por hectárea en los últimos años). Mientras que en el resto de los países de la región son grandes empresas, principalmente transnacionales, las que controlan la producción, en el Ecuador el 90 por ciento de las 150.000 hectáreas dedicadas a este cultivo pertenece a explotaciones de mediano y pequeño tamaño (entre 10 y 50 hectáreas) y únicamente menos del 1 por ciento es controlado por empresas transnacionales. Esto explica la diversidad de las tecnologías de sistemas de explotación en lo que se refiere a sistemas de drenaje, riego, uso de cable-vías, estaciones de embalaje y, sobre todo, el uso intensivo de insumos químicos como fertilizantes y pesticidas y, por consiguiente, la diferencia de productividad, principalmente entre las transnacionales productoras en Centroamérica y los pequeños productores ecuatorianos[1].

Las observaciones anteriores son de interés en este punto por tres razones. Primero porque, al hablar de retornos crecientes, decrecientes o productividad siempre hay que tener en cuenta el contexto socioeconómico que incide sobre la productividad y, sobre todo, quiénes se benefician de los aumentos de productividad (¿los pequeños productores o las transnacionales?). En segundo término, porque la comparación con el resto de los países productores de la región demuestra que existen espacios significativos para aumentos de productividad y, por lo tanto, que la incorporación del progreso técnico siempre abre posibilidades para ciclos de retornos crecientes. Por ejemplo, las estadísticas referidas muestran que el Ecuador podría duplicar su producción de banano sin incorporar nuevas áreas de cultivo, además, como se ha señalado, con enormes posibilidades de posicionar el producto en nichos de especialidad (el llamado banano ecológico, por ejemplo). Por último, porque la generalización de clichés, con un dudoso fundamento empírico, alimenta un discurso cuya repetición tiende a crear verdades rara vez cuestionadas.

Enclave físico versus enclave económico

La economía convencional sostiene que la participación del capital natural en la riqueza total de los países es mucho más elevada en los países pobres, mientras que la fracción del capital intangible es substancialmente mayor en los países ricos. La economía de estos últimos se focaliza más en los sectores dinámicos como la manufactura y servicios, mientras que los países pobres se especializan en los sectores primarios que son relativamente estáticos. Esto sugiere que estos países tienen niveles de ingreso nacional bruto extremadamente bajos ya que los retornos del capital productivo son muy escasos y posiblemente hasta negativos. En consecuencia, ellos tienen niveles inferiores de riqueza total y pueden sostener únicamente muy bajos niveles de consumo per cápita. Esta sería otra manifestación de la maldición de los recursos (van der Ploeg, 2010, 7).

Como hemos insistido a lo largo del presente trabajo, tres hipótesis (que se complementan) sustentan esta visión negativa de los recursos naturales. La primera, aquella visión generalizada según la cual la manufactura es la única actividad económica caracterizada por retornos económicos crecientes y, por el contrario, las actividades económicas alrededor de los recursos naturales son actividades estáticas sin posibilidades de incorporación de valor agregado. La segunda tiene que ver con la ausencia de enlaces dinámicos e integradores con el resto de la economía, lo que determina actividades económicas aisladas, sin capacidad de generar externalidades positivas. Por último, las actividades basadas en recursos naturales son actividades prácticamente aisladas de los procesos de innovación y desarrollo tecnológico, lo que las condena a escasos o nulos aumentos de productividad.

Mencionamos anteriormente que la hipótesis según la cual la manufactura es una actividad caracterizada por retornos crecientes no es del todo exacta. Señalábamos que se tiende a ignorar que las industrias de manufactura enfrentan en un momento de su desarrollo los problemas de saturación de mercado y, por consiguiente, retornos decrecientes a la inversión e innovación tecnológica. Estas industrias, luego de una fase inicial de crecimiento acelerado, grandes inversiones, expansión de los mercados y alta rentabilidad llegan a su etapa de madurez de tal manera que la productividad, el crecimiento y los beneficios se ven seriamente amenazados. La realidad consiste en que ninguna actividad puede escapar a la esencia del capitalismo: la implacable innovación con el objetivo de crear rentas de innovación es seguida por una implacable emulación que diluye y reduce las mismas rentas.

Por lo tanto, en cierto momento, la manufactura también entra en una fase de retornos económicos decrecientes, fenómeno que explica por qué el proceso de sustitución de importaciones en América Latina enfrentó una pérdida de dinamismo ya a partir de mediados de los años setenta (Ramos, 1998, pág. 106). Muchas veces se ignora el hecho de que, en los países industrializados, los motores de su crecimiento (la manufactura) enfrentaban ya una fase de retornos decrecientes y que fue el modelo de sustitución de importaciones el que ofreció parcialmente una solución dinámica común a los problemas de los países avanzados y a los gobiernos de los países en desarrollo. “El traslado del ensamblaje final de los principales productos de consumo a estos países dinamizó sus economías al mismo tiempo que expandió los mercados mundiales creando amplias capas de nuevos consumidores” (Pérez, 2010). Entonces, el salto hacia una industrialización avanzada no asegura, de ninguna manera, una estrategia para salir de la trampa de los retornos decrecientes a la que supuestamente conducen los recursos naturales.

La visión de la explotación de los recursos naturales como una actividad con escasas o nulas externalidades positivas, en comparación con aquellas originadas por la manufactura, asume que los encadenamientos hacia atrás y hacia delante con el resto de la economía son débiles o inexistentes. La idea de partida consiste en asumir que la manufactura, al contrario de la explotación de los recursos naturales, conduce a una división más compleja del trabajo y por lo tanto hacia estándares de vida más elevados. Esta visión, al igual que la idea de los retornos decrecientes, es cuestionable. Así, por ejemplo, una serie de estudios basados en la aplicación de conceptos y técnicas tipo insumo-producto han permitido estimar los multiplicadores de la minería para diversos países (Davis G., 1995). Por varias razones, señala este autor, en muchos casos la actividad minera se ha convertido en una actividad bien integrada en las economías domésticas con multiplicadores sobre el ingreso, empleo y producción que oscilan entre 1,5 y 2,5 (las actividades tipo enclave deberían tener un multiplicador igual a uno). Añade Davis que, aunque la minería probablemente fue una actividad de enclave hasta las primeras décadas del siglo xx, la minería de pequeña escala puede haber contribuido sustancialmente al desarrollo de las economías a través de sus efectos de encadenamientos (pág. 1767). Por consiguiente, “resulta injusto presentar a la minería en general como una actividad de enclave, aún en períodos tempranos” (Davis G., 1995, pág. nota 4). Irónicamente, Hirschman, el iniciador de las teorías de crecimiento basadas en los encadenamientos económicos, específicamente se pronunciaba en contra de la actividad minera, a la que él veía como una actividad con limitados encadenamientos hacia adelante y hacia atrás debido a su efecto de enclave. Esta visión ha sido alimentada en parte por los patrones de discontinuidad espacial y de infraestructura que caracterizan a las actividades mineras, extrapolando de manera equivocada la noción de enclave físico a enclave económico.

Como corolario de las hipótesis convencionales referidas se deduce que los procesos de aprendizaje tienen lugar únicamente en la producción de bienes manufacturados y no en las actividades centradas alrededor de la explotación de recursos naturales, la minería o el petróleo, en particular. De acuerdo a esta tesis, en una economía el proceso de aprendizaje da lugar a la disminución de los costos de producción en la medida que el volumen de producción aumenta y se ve reflejado en un aumento de productividad. Los países que se benefician de un boom de recursos desplazan a la manufactura y, por consiguiente, pierden este beneficio. Adicionalmente, se asume que las rentas de este proceso de “aprendizaje en la práctica” (learning-by-doing), y de las cuales una economía podría beneficiarse, exceden las rentas provenientes de la exportación de minerales. Matsuyama (1992) argumenta que si las industrias intensivas en recursos naturales muestran pocas externalidades de crecimiento, como por ejemplo el aprendizaje en la práctica, entonces las ventajas comparativas estáticas conducirán a una especialización lejos de sectores como la manufactura, que pueden ser más dinámicos en el tiempo.

Por supuesto que la hipótesis según la cual un proceso de aprendizaje no puede darse en las actividades de explotación de recursos primarios es, si no incorrecta, al menos cuestionable. Contrariamente a las tesis del deterioro de los términos de intercambio, la maldición de los recursos o la enfermedad holandesa, las actividades mineras o de explotación de los recursos energéticos no consisten únicamente en un flujo de materia prima que ocurre simplemente con el concurso del trabajo y el capital, sino una actividad económica en la que el descubrimiento, extracción y procesamiento de los minerales implican sofisticadas tecnologías que han avanzado significativamente en los últimos años (Iizuka y Soete, 2011). La amplia lección consiste en que lo que importa para un desarrollo sustentado en los recursos no es el carácter inherente de los recursos sino la naturaleza del proceso de aprendizaje a través del cual su potencial económico es alcanzado (Wright y Czelusta, 2007, pág. 184). Por consiguiente, un proceso de aprendizaje puede tener lugar en el sector de recursos primarios a un ritmo igual y tal vez superior a aquel que tiene lugar en muchas industrias manufactureras. Está fuera del alcance del presente trabajo entrar en un análisis sobre estos temas; sin embargo, para cerrar esta exposición nos parece ilustrativa una última observación. La Tabla 4.1 muestra de manera esquemática los espacios productivos y las diferentes fases que permiten explotar esos espacios para ir posicionando las actividades centradas alrededor de los recursos naturales como nichos de especialización caracterizados por una constante innovación y dinámica tecnológica. En este punto no podemos dejar de preguntarnos: ¿por qué el Ecuador, a lo largo de toda su historia de explotación y exportación de recursos, no ha logrado hasta hoy superar la primera fase?

Tabla 4.1. Recursos naturales: innovación, tecnología y aprendizaje
Fase IFase IIFase IIIFase IV

Exportación

Recursos naturales no procesadosPrimer nivel de procesamientoSegundo nivel: especializaciónInversión en el extranjero

Insumos

ImportadosProducción local de principales insumosExportación de insumosExportación de insumos especializados

Maquinaria

Importada
(O y M local)
Producción bajo licencia para merca-do domésticoExportación a mercados menos sofisticadosExportación a mercados más desarrollados

Ingeniería

ImportadaParcialmente domésticaDomésticaExportación

Fuente: elaboración propia con base en Iizuka y Soete (2011).

Experiencias reveladoras

Consideramos oportuno concluir esta sección con un resumen de tres casos que demuestran que las actividades alrededor de la exportación de recursos naturales pueden convertirse en actividades económicas dinamizadoras de otros sectores, capaces de incorporar desarrollo tecnológico local, generadoras de valor agregado en su producción y una fuente de innovación y aprendizaje. Mencionamos a continuación los casos de Chile con el desarrollo de los servicios mineros especializados, Venezuela con el desarrollo de un nuevo combustible y la orimulsión, y Noruega con el desarrollo de nuevas tecnologías en la exploración y explotación de petróleo.

Chile y los servicios mineros especializados

Con un crecimiento promedio de alrededor del 8 por ciento anual durante los años noventa, Chile ha sido considerada una de las economías exitosas en América Latina. La industria minera ha sido central en este crecimiento, con una participación de 8,5 en el PIB y el 47 por ciento de todas las exportaciones en el período. En Chile, al igual que en otras economías basadas en minerales, la industria minera fue un factor esencial para el desarrollo de los primeros ferrocarriles y la modernización de la agricultura a través de encadenamientos provocados por las inversiones. Además, las inversiones de las élites mineras locales promovieron el desarrollo urbano, el sistema bancario, mejoraron su producción vinícola y la producción de guano y nitrato (Davis G., 1995, pág. 1767). El cobre sigue siendo el mineral más importante, pero su expansión no ha frenado la diversificación dentro del sector y dentro de la economía chilena. El hecho destacable en el desarrollo de la minería en Chile consiste en el salto notable de la industria minera y su incursión en la provisión de servicios mineros intensivos en conocimiento (knowledge-intensive mining services) que abarcan desde la fase de exploración hasta el cierre de una mina (Urzúa, 2012). Con la creación de Codelco, la empresa minera estatal y sus proyectos de expansión, Chile empezó un proceso de desarrollo y fortalecimiento de las capacidades locales en la provisión de servicios especializados. Ya a finales de los años noventa, entre el 70 por ciento y el 95 por ciento de la ingeniería requerida para la expansión de los proyectos de Codelco fueron suministrados por proveedores locales (pág. 9). Esta experiencia acumulada ha permitido a Codelco entrar en una fase de internacionalización[2], mostrándonos de esta manera que la tradicional exportación de materias primas puede gradualmente transformarse en un futuro exitoso de tecnologías complejas, variado perfil exportador y elevado crecimiento si se aprovechan de manera inteligente las ventajas de poseer recursos naturales.

Venezuela y la orimulsión

Ya para el año 1999, Venezuela fue calificada como el más grande fracaso del desarrollo a nivel mundial (Rodríguez y Sachs, 1999, pág. 277). Sobre la base de un “modelo dinámico de equilibrio general”, estos autores caracterizan el descenso de las exportaciones de petróleo per cápita en Venezuela como un “simple agotamiento de un recurso natural” y concluyen que las economías sustentadas en las industrias de recursos naturales “que dependen de un factor de producción agotable no pueden crecer al ritmo de otros países” (pág. 278). Como señalamos anteriormente, esta afirmación no se sostiene (Wright y Czelusta, 2004; Hausman, 2003). No es este el espacio para entrar en un análisis del proceso de desarrollo venezolano: lo que interesa es recordar brevemente uno de los proyectos de investigación y desarrollo más exitosos de América Latina, precisamente alrededor de la explotación de un recurso natural: el proyecto Orimulsión. Este proyecto mostró, entre otros, el carácter relativo del concepto de agotamiento de un recurso y, al contrario de la conclusión del estudio de Rodríguez y Sachs, demostró que la noción de recursos no renovables es un concepto dinámico, que depende del estado de la tecnología, que la adopción de políticas inteligentes puede resultar en la valoración de los recursos de un país en reservas económicamente explotables y que este proceso implica un desarrollo industrial dinámico con sinergias muy prometedoras en otros sectores.

La política nacionalista de la industria petrolera venezolana puesta en marcha a partir de 1974 incluyó una importante dimensión tecnológica orientada a facilitar a la nueva empresa estatal de petróleos (PDVSA) y sus filiales operadoras el acceso a las tecnologías disponibles en el mercado internacional, la selección de las tecnologías más apropiadas, el manejo local de la tecnología y la incorporación gradual de mejoras e innovaciones. Así surgió la creación y consolidación del Instituto de Tecnología Venezolana para el Petróleo (Intevep) en 1976, tarea nada fácil en un país con una incipiente base científica y tecnológica (Vessuri, 2004). El Intevep tuvo un remarcable éxito en el desarrollo de tecnologías apropiadas para la explotación de la inusual concentración de bitumen (petróleo pesado) en la franja del Orinoco. En el marco de una investigación conjunta con empresas canadienses y japonesas, eI Intevep desarrolló la orimulsión, un nuevo combustible para el uso en la industria pesada y la generación térmica de electricidad y su potencial uso, vía gasificación, en las plantas de generación de ciclo combinado.

La orimulsión supuso un salto tecnológico en materia energética que permitió una sustancial revaloración de las reservas de petróleo de Venezuela y significó una ruptura tecnológica importante para la evolución de la industria petrolera recientemente nacionalizada[3]. Indudablemente, la orimulsión fue la punta de lanza que sirvió como símbolo importante de la afirmación de una política nacionalista en el manejo de los recursos naturales. La introducción de un nuevo producto energético en el difícil mercado energético internacional[4] demostró a los propios técnicos y a la industria nacional la capacidad nacional de producir verdaderos logros técnicos, y esa capacidad se expresó en el reconocimiento institucional, nacional e internacional. La complejidad del proceso de aprendizaje en una cantidad de campos de investigación y producción puede apreciarse en los cambios ocurridos entre los grupos de investigadores, técnicos y gerentes a medida que adquirieron o mejoraron su know-how (Vessuri, 2004). Por otro lado, la orimulsión, como producto desarrollado por la industria nacional y cuyo éxito en el mercado fue notable, representó un hecho histórico muy relevante en la evolución de la técnica en materia de hidrocarburos y significó un salto en las capacidades técnicas de la industria petrolera venezolana (Campo, 2005). En el año 2003, el gobierno decidió la suspensión del proyecto de orimulsión alegando, sin argumentos legítimos, que la orimulsión se trataba de un producto comercializado por debajo de su valor real y que generaba pocos ingresos fiscales[5].

Noruega y la tecnología petrolera

El caso de Noruega es revelador no solamente por el manejo ejemplar de las rentas provenientes de la explotación del petróleo, sino, y quizá más relevante, por el control tecnológico gradual de las instituciones de este país en el manejo de esta actividad. Noruega y el Ecuador empezaron la explotación de petróleo a inicios de los años setenta. Noruega, hasta la década de los sesenta, era una economía remota y subdesarrollada, aunque no de acuerdo a los estándares económicos internacionales (Wright y Czelusta, 2004, pág. 22). Sin embargo, en un corto período de tiempo, este país fue capaz de reorientar sus capacidades tradicionales de ingeniería en astilleros para convertirse en un verdadero socio en la adaptación de tecnologías de perforación y explotación de petróleo off-shore, especialmente en aguas profundas.

Desde un inicio, las negociaciones de Noruega con las compañías petroleras transnacionales tuvieron como un elemento importante la transferencia de competencias y control a las empresas locales (Anderson, 1993, pp. 98-100). Con el establecimiento en 1973 de Statoil, la compañía estatal de petróleo, y la inversión en sus universidades para el entrenamiento de técnicos en petróleo, una “competencia receptora” fue transformada rápidamente en una “competencia participativa”, pudiéndose hablar en la actualidad de una industria petrolera noruega independiente. La industria noruega se convirtió en experta en la fabricación de plataformas de perforación en aguas profundas. Inicialmente diseñadas para superar los cuellos de botella en la producción inmediata, las plataformas se convirtieron en bienes de exportación en la medida de su probada utilidad para la perforación offshore en otras partes del mundo. Un nuevo enfoque de exploración desarrollado por el Departamento de Geología de la Universidad de Oslo, focalizado en las propiedades de diferentes arenas de las rocas de los reservorios y el flujo de agua y petróleo en las cuencas sedimentarias, es ahora conocido como la escuela noruega de exploración. Como resultado de estos logros tecnológicos, las previsiones sobre un eminente agotamiento de las reservas de petróleo del mar del Norte han sido repetidamente revisadas al alza. En efecto, los avances en la tecnología y en la infraestructura del conocimiento han permitido ampliar a Noruega sus reservas de petróleo, lo que le ha posibilitado manejar su industria petrolera y participar en el proceso no como un receptor pasivo de rentas económicas “caídas del cielo”, sino como el líder de un proceso de innovación y desarrollo tecnológico (Wright y Czelusta, 2004, pág. 22).

Otras evidencias

No puede dejar de mencionarse brevemente la experiencia del desarrollo minero en Australia, particularmente en las dos últimas décadas. La minería en este país se está convirtiendo rápidamente en una actividad económica intensiva en conocimiento y esta tendencia continua a medida que la industria enfrenta nuevos desafíos y mayor competencia. El descenso de la calidad y concentración de los yacimientos, los aumentos del costo de la energía y las regulaciones cada vez más estrictas de seguridad y protección ambiental son los motores de la innovación en esta industria. Así, la experiencia australiana muestra una vez más que la explotación de los recursos naturales, la minería en este caso, es susceptible de desencadenar el desarrollo de actividades industriales caracterizadas por la incorporación de procesos de aprendizaje, la emergencia de encadenamientos y sinergias productivas y economías de escala, todos estos factores considerados el núcleo de una moderna economía de conocimiento (Scott-Kemmis, 2012).

Por último, y en un contexto más amplio, cabe mencionar las experiencias de Malasia con la palma africana y de Chile con los productos del mar. Malasia es el ejemplo de un país que enfrentó muchos problemas al pasar de la dependencia del estaño y el caucho hacia la exportación de productos manufacturados, principalmente el ensamblaje de artefactos electrónicos. Sin embargo, fue la palma africana, un recurso natural, la que llevó a este país a dar un verdadero salto tecnológico. El paso de la exportación de aceite crudo de palma a la exportación de una amplia gama de productos procesados permitió al país situarse en el liderazgo mundial de la industria oleoquímica. La diversificación del producto, el desarrollo de nuevos productos y el alto valor de la cadena productiva del aceite de palma (biodiesel y grasas especiales hasta la producción de vitamina A) ofrecen un ejemplo único de desarrollo de una rama industrial de alta tecnología basada en el procesamiento de un recurso natural (Rasiah, 2006).

La industria del salmón en Chile es otro remarcable ejemplo de una industria tecnológicamente avanzada, internacionalmente competitiva y con importantes encadenamientos productivos desarrollada en torno a la explotación de un recurso natural (Katz J., 2006). En conclusión, los casos mencionados (existen muchos más) muestran de manera contundente que la tesis del efecto de enclave económico de la explotación de los recursos naturales simplemente carece de fundamento.

En conclusión, el problema tradicional de monoexportación de materias primas en América Latina podría transformarse en un futuro exitoso de tecnologías complejas, variado perfil exportador y elevado crecimiento si se aprovecharan de manera inteligente las ventajas de poseer recursos naturales. Según C. Pérez (2010, pág. 128),

… la estrategia implicaría el escalamiento tecnológico constante de las actividades basadas en recursos naturales y la mejora gradual del perfil de las exportaciones mediante innovaciones continuas en productos, procesos y actividades auxiliares, sobre todo con la visión de crear nichos de alto valor diferenciándolos de los tradicionales mercados de productos básicos.


  1. En el año 2000, el rendimiento de la producción de banano en el Ecuador fue de 32 toneladas por hectárea, mientras que en Costa Rica, Guatemala y Colombia fue 62, 48 y 40 toneladas por hectárea, respectivamente. Para los lectores interesados en el tema, recomendamos la obra de Roberto Herrschner (2020) Crónicas bananeras; Ed. Tusquets, Colombia.
  2. Lamentablemente, la internacionalización de Codelco se estrena en el Ecuador con un proyecto minero a todas luces cuestionable por sus impactos sociales y ambientales. Se trata del proyecto Llurimaguas en la zona de Intag.
  3. La orimulsión consiste en una mezcla de 70% de bitumen natural de 7-10 API de gravidez, 30% de agua y un surfactante comercialmente disponible (nonyl phenol ethoxylato) que se agrega para estabilizar al emulsionante y evitar que el agua y el bitumen se separen. Sin embargo, el proceso no es tan sencillo como parece porque uno de los factores claves que permiten que la orimulsión logre su elevada eficiencia de combustión de 99,9% es el pequeño tamaño de las gotas de bitumen (de aproximadamente 20 µm) y su distribución pareja en la emulsión.
  4. Se creó una nueva subsidiaria de PDVSA, Bitor, responsable de la producción y ventas de la orimulsión, y en este campo se buscó el establecimiento de una red global de apoyo como fuente de legitimidad e imagen.
  5. La razón fue política. El gobierno vio en la orimulsión un proyecto inherentemente anti-OPEP ya que ataba, según sus detractores, los precios del petróleo, por la vía del crudo extrapesado, a los del carbón, una política que iba en contra de la ideología nacionalista del gobierno (Campo, 2005).


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