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Inercia psíquica (Trägheit) y compulsión a la repetición (Wiederholungszwang):
índice textual comentado

Roberto Marín Villalobos

La compulsión a la repetición es una propuesta teórica anterior a Más allá del principio de placer,[1] de hecho, en ese texto es catalogada por Freud como una fuerza más primordial que tal principio. Su potencia obtiene un especial vigor en dicho escrito al relacionarse tan estrechamente con la gran y doble novedad: la pulsión de muerte. Gran novedad pues considero que este término llega a constituirse en el núcleo central de tan particular texto y servirá de pilar conceptual y especulativo por el resto del desarrollo teórico freudiano; doble novedad porque, además de lo anterior, su inclusión puede considerarse más bien un injerto efectuado al incluir un nuevo capítulo VI en la versión mecanografiada, inexistente en el manuscrito original.[2] Sin embargo, hay otra fuerza, una a la que Freud llamó “¡la propiedad más general de los cuerpos animados e inanimados!” (1914, p. 61), a la que no se le ha prestado tanta atención en su relación con la compulsión a la repetición, esta es la inercia. He de adelantar que le presté atención a esta palabra en MAPP por mera coincidencia fonética: inercia me sonaba a inerte, a muerte y, desde ese, mi sesgo, quise pesquisar una relación más allá de la consonancia.

Para llegar a su punto de confluencia ‒acontecimiento que ocurre por primera vez en MAPP‒, presentaré primeramente un recorrido por las apariciones de ambos términos en la obra de Freud[3] previo a dicho escrito, de tal suerte que se cuente con una panorámica textual retrospectiva. Luego examinaré el momento de vinculación entre la compulsión a la repetición y la inercia en las tres versiones de MAPP establecidas en el texto de Juan Carlos Cosentino (2015): manuscrita, mecanografiada y publicada, además del original en alemán, sin dejar por fuera las traducciones al español de Luis López Ballesteros y José Luis Etcheverry. Finalmente, expondré las posteriores menciones en la obra de Freud del término inercia para discutir si hay alguna variación considerable posterior a MAPP.

Valga explicitar dos anotaciones. En primera instancia, como es de esperar, este recorrido contiene un número importante de citas textuales, varias de ellas prolongadas pues se incluye ‒al menos‒ el párrafo en que aparecen los conceptos. En segundo lugar, este artículo es más bien un trabajo de compilación para seguir estudiando, un material bibliográfico referencial o un índice textual apenas acotado. Tampoco se pretende dar una imagen unitaria del concepto de inercia en Freud, pues hay más variaciones que continuidades, por ejemplo, a veces aparece solo la palabra “inercia”, luego “inercia neuronal”, “inercia de la libido”, “inercia psíquica”, con una o ambas palabras entrecomilladas, entre otras enunciaciones. A lo anterior se suma que no hay un único empleador de la palabra “inercia”, en la mayoría de las ocasiones evidentemente es Freud, pero también Strachey sobre Freud o Freud sobre Jung. Su uso también se bifurca hacia lo coloquial o hacia lo teórico.

Se presentan ahora las menciones previas a MAPP de estos términos, se numerarán al inicio de las citas y entre paréntesis cuadrados para mayor facilidad referencial, con números romanos para compulsión a la repetición y arábigos para inercia. En el caso de las menciones de Strachey de inercia, serán letras del alfabeto en mayúscula y están colocadas como apéndice al final de este texto.

Compulsión a la repetición (Wiederholungszwang) antes de MAPP

La primera mención de Freud de la compulsión a la repetición es en el caso Señora Emmy von N en Estudios sobre la histeria (1893-1895), sin embargo, esto solo puede afirmarse siguiendo el orden de secuencia de textos en el ordenamiento editorial según año, pero no en un sentido cronológico o histórico, esto porque se trata de una nota agregada en 1924 ‒según señala James Strachey‒, es decir, 29 años más tarde. Nótese que casi tres décadas después[4] vuelve a un texto con la intención de realizar esta puntualización de cuatro párrafos y que justifica diciendo: “dos cosas quiero agregar: mi intelección, que adquirí más tarde, sobre la etiología actual de la enfermedad, y noticias acerca de su ulterior trayectoria” (p. 122). El tercer párrafo mezcla ambas intenciones y lo finaliza sentenciando: “Era la verdadera ‘compulsión de repetición’” (p. 122). Una frase lapidaria para concluir un llamativo párrafo:

[-I+I[5]] Algunos años después, en una reunión científica, me encontré con un destacado médico compatriota de la señora Emmy y le pregunté si conocía a esa dama y si sabía algo acerca de su estado. Pues sí; la conocía, y él mismo le había brindado tratamiento hipnótico, pero ella había escenificado con él ‒y aun con muchos otros médicos‒ el mismo drama que conmigo. Tras llegar a estados miserables, había premiado con un éxito extraordinario el tratamiento hipnótico, para después enemistarse de repente con el médico, abandonarlo y reactivar toda la dimensión de su condición enferma. Era la verdadera “compulsión de repetición” (1983-1895, p. 122).

Entonces, esta podría considerarse la mención número cero de la compulsión a la repetición, curiosamente escrita entre comillas. Invito a leer la nota completa, la cual inicia diciendo: “Sé que ningún analista podrá leer hoy este historial clínico sin una sonrisa compasiva”. El ya analista Freud de 1924 era para ese entonces un médico tratando “el primer caso en que yo apliqué en amplia medida el procedimiento catártico” (p. 122). Veintinueve años después no deja pasar la oportunidad de un comentario, vuelve al texto para agregar una intelección y noticias. Las noticias no serían necesariamente valiosas si no sumaran insumos a una intelección que termina relacionándose con la compulsión a la repetición; él recuerda ‒quizá también con una sonrisa compasiva‒ aquella atención médica.

A propósito de recuerdos y repeticiones, es en 1914, en el texto Recordar, repetir y reelaborar, cuando utiliza este término por primera vez, y dice: “Y durante el lapso que permanezca en tratamiento no se liberará de esta compulsión de repetición,6 uno comprende, al fin, que esta es su manera de recordar”[6] (p. 152). En esta primera aparición en su obra escrita, se dilucidan de la compulsión a la repetición, al menos, dos aspectos de relevancia: primero, se trata de algo de que liberarse ‒y que eso no ocurrirá durante el tratamiento‒; segundo, es una manera de recordar. En suma, liberarse de un recuerdo. Sin embargo, la cuestión no es tan sencilla si se incluye el párrafo completo, citado a continuación:

[I] En especial, él empieza la cura con una repetición así. A menudo, tras comunicar a cierto paciente de variada biografía y prolongado historial clínico la regla fundamental del psicoanálisis, y exhortarlo luego a decir todo cuanto se le ocurra, uno espera que sus comunicaciones afluyan en torrente, pero experimenta, al principio, que no sabe decir palabra. Calla, y afirma que no se le ocurre nada. Esta no es, desde luego, sino la repetición de una actitud homosexual[7] que se esfuerza hacia el primer plano como resistencia a todo recordar.5 Y durante el lapso que permanezca en tratamiento no se liberará de esta compulsión de repetición,6 uno comprende, al fin, que esta es su manera de recordar (p. 152).

Se complica pues por una parte es “resistencia a todo recordar” pero también “su manera de recordar”; esa manera, dirá anteriormente, ocurre ya que “no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa.4 No lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite, sin saber, desde luego, que lo hace” (1914a, p. 152). Tenemos entonces que es un (no) recordar en acto. Actuación de la que no se liberará durante el tratamiento pero con la cual empieza la cura. Continúa Freud su desarrollo a este respecto en el siguiente párrafo:

[II] Por supuesto que lo que más nos interesa es la relación de esta compulsión de repetir con la trasferencia y la resistencia. Pronto advertimos que la trasferencia misma es sólo una pieza de repetición, y la repetición es la trasferencia del pasado olvidado; pero no sólo sobre el médico: también sobre todos los otros ámbitos de la situación presente. Por eso tenemos que estar preparados para que el analizado se entregue a la compulsión de repetir, que le sustituye ahora al impulso de recordar, no sólo en la relación personal con el médico, sino en todas las otras actividades y vínculos simultáneos de su vida —p. ej., si durante la cura elige un objeto de amor, toma a su cargo una tarea, inicia una empresa—. Tampoco es difícil discernir la participación de la resistencia. Mientras mayor sea esta, tanto más será sustituido el recordar por el actuar (repetir) (pp. 152-153).

Actuar y repetir aparecen en buena medida como homólogos, el actuar como sustituto del recordar y, como vimos antes, repetir también es una manera de recordar. Además, esta triangulación no deja de tener relación con otra: resistencia, transferencia y cura. Es llamativo lo central de la compulsión a la repetición en su articulación con estos otros términos, no obstante, Freud se mantiene reservado al respecto:

[III] en este punto podemos advertir que poniendo de relieve la compulsión de repetición no hemos obtenido ningún hecho nuevo, sino sólo una concepción más unificadora (p. 153).

Precisamente, se engarza en el desarrollo técnico que Freud despliega en este texto, cuyo título completo es: Erinnern, Wiederholen und Durcharbeiten (Weitere Ratschlage zur Technik der Psychoanalyse, II), traducido como Recordar, repetir y reelaborar (Nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis, II). Esta concepción más unificadora se vislumbra en la última mención de Freud en este texto de la compulsión a la repetición:

[IV] Ahora bien, el principal recurso para domeñar la compulsión de repetición del paciente, y trasformarla en un motivo para el recordar, reside en el manejo de la trasferencia. Volvemos esa compulsión inocua y, más aún, aprovechable si le concedemos su derecho a ser tolerada en cierto ámbito: le abrimos la trasferencia como la palestra donde tiene permitido desplegarse con una libertad casi total, y donde se le ordena que escenifique para nosotros todo pulsionar patógeno que permanezca escondido en la vida anímica del analizado (p. 156).

Considerando el actuar como forma de (no) recordar-repetir, la alusión a escenificar lo pulsional escondido en la palestra transferencial conduce a pensar en una acción algo teatral, en la que se ofrece ‒nótese de nuevo esta palabra‒ una “libertad casi total”.

Ahora bien, en el fragmento I, justo después de la primera mención cronológica de Freud de la compulsión a la repetición, Strachey incluye la siguiente nota al pie:

6 [Esta es, aparentemente, la primera vez que Freud menciona el concepto, que en un sentido más general habría de tener tan importante cometido en su posterior doctrina de las pulsiones. Referido, como aquí, a su aplicación clínica, se lo encuentra nuevamente en “Lo ominoso” (1919b), AE, 17, pág. 238, y forma parte de las pruebas aducidas en apoyo de la tesis general de Más allá del principio de placer (1920g), AE, 18, págs. 18 y sigs., donde se remite a este trabajo] (p. 152).

¿Aparentemente? Al menos en la colección de Obras completas sí. En todo caso, esta indicación conduce a lo pulsional, dimensión que no ha sido mencionada de forma explícita hasta el momento en ninguna de las citas presentadas, de ahí que Strachey hable en futuro. Habría de continuar entonces con el texto Das Unheimliche o Lo ominoso[8] para constatar que efectivamente Freud la incluye de lleno en su relación con lo pulsional.

Versión Etcheverry (1919, p. 238) con anotación de Strachey

Versión y anotación de Klimkiewicz (1919/2014, p. 109)

[Va] Sólo de pasada puedo indicar aquí el modo en que lo ominoso del retorno de lo igual puede deducirse de la vida anímica infantil; remito al lector, pues, a una exposición de detalle, ya terminada, que se desarrolla en otro contexto.16 En lo inconciente anímico, en efecto, se discierne el imperio de una compulsión de repetición que probablemente depende, a su vez, de la naturaleza más íntima de las pulsiones; tiene suficiente poder para doblegar al principio de placer, confiere carácter demoníaco a ciertos aspectos de la vida anímica, se exterioriza todavía con mucha nitidez en las aspiraciones del niño pequeño y gobierna el psicoanálisis de los neuróticos en una parte de su decurso. Todas las elucidaciones anteriores nos hacen esperar que se sienta como ominoso justamente aquello capaz de recordar a esa compulsión interior de repetición.

[Vb] (21) Sólo puedo aludir aquí a cómo lo Unheimliche del retorno de lo igual se puede deducir de la vida anímica infantil y debo, pues, remitir al lector a una exposición detallada, ya preparada, que se desarrolla en otro contexto. En lo inconsciente anímico, en efecto, se puede reconocer el dominio de una compulsión de repetición partiendo de las mociones pulsionales, que depende probablemente de la naturaleza más íntima de las pulsiones, suficientemente fuerte para sobreponerse al principio de placer, que confiere el carácter demoniaco a ciertos aspectos de la vida anímica, y se expresa aún muy claramente en las aspiraciones del niño pequeño y domina una parte del transcurso del psicoanálisis del neurótico. Mediante todas las consideraciones precedentes estamos prevenidos a que se sentirá como unheimlich aquello que es capaz de recordar a esa compulsión interior de repetición.(XV)

16 [Se refiere a Más allá del principio de placer (1920g), publicada un año más tarde, en cuyos capítulos II y III se explaya sobre las diversas manifestaciones de la “compulsión de repetición” aquí enumeradas. Como fenómeno clínico, la “compulsión de repetición” ya había sido tratada por Freud en un trabajo dado a conocer cinco años antes: “Recordar, repetir y reelaborar” (1914g).]

(XV) El tema aludido en este párrafo se encontraba siendo trabajado y desarrollado simultáneamente por Freud en su escrito Más allá del principio de placer, publicado en 1920.

Varios aspectos por subrayar. El primero de ellos es cierto silencio, pues se anuncia implícitamente MAPP, pero no menciona abiertamente el texto aun cuando declara que ya lo terminó. La deducción de la vida anímica infantil es atribuible a sus observaciones obtenidas del cálebre juego del fort-da, desarrolladas justo en ese texto, sin embargo tampoco lo explicita. Por otra parte, y como es de esperar, Strachey hila hacia Recordar, repetir y reelaborar, lugar de la primera aparición de la compulsión a la repetición. Un segundo aspecto es que Freud destaca este concepto ‒cursiva y subrayado en cada versión‒ en la primera aparición mas no en la segunda, misma donde se incrusta un “interior” (inneren en alemán), que podría estar relacionado con lo íntimo, con lo muy propio, tal y como lo viene desarrollando. En tercera instancia, en la versión de Klimkiewicz se incluye un “partiendo de las mociones pulsionales” inmediatamente después de la mención a la compulsión a la repetición, que en la de versión de Etcheverry no figura del todo, quizá porque suena reiterativo respecto a lo que continúa, no obstante se vuelve casi irónico tratándose justo de este tema. Precisamente prosigue con la frase “que depende probablemente de la naturaleza más íntima de las pulsiones”, donde la palabra “naturaleza” se presentará de nuevo y muy contundentemente unos años más tarde justo en la siguiente ocasión después de MAPP en que Freud menciona la inercia, en Dos artículos de enciclopedia: Psicoanálisis y Teoría de la libido (1923 [1922]) o cita número 11 del presente texto.

Inercia (Trägheit) antes de MAPP

Hay nueve ocasiones repartidas en cinco textos en los que Freud hace alusión a la inercia antes de MAPP. Se presentan a continuación en orden cronológico, aunque el primero de ellos es un texto póstumo, se trata de Proyecto de psicología (1950 [1895]), en el que se la menciona en cinco ocasiones.

[1] No parecía ilícito un ensayo de generalizar lo ahí discernido. Partiendo de este abordaje, se pudo formular un principio fundamental de la actividad neuronal con referencia a Q;[9] ese principio prometía mucha luz, pues parecía abarcar la función en su conjunto. Es el principio de la inercia neuronal; enuncia que las neuronas procuran aliviarse de la cantidad (...) El principio de inercia explica en primer lugar la bi-escisión arquitectónica [de las neuronas] en motoras y sensibles, como un dispositivo para cancelar la recepción de Qn mediante libramiento (...) Si desde aquí uno se remonta más hacia atrás, uno tiene al sistema de neuronas,6 en primer lugar, como heredero de la estimulabilidad general del protoplasma, enlazado con la superficie exterior estimulable [de un organismo], que está salpicada por trechos mayores de superficie inexcitable (p. 340).

Esta temprana mención coloca la inercia neuronal o principio de inercia (además destacado en cursiva) como una fuerza que “prometía mucha luz” de amplio alcance explicativo. A quienes tengan familiaridad con MAPP probablemente la “superficie exterior estimulable” les suene muy cercana a la “barrera contra-estímulo” (Reizschutz, en alemán), desarrollada específicamente en el capítulo IV. De hecho, la idea de que los estímulos internos se satisfacen desde lo externo o que incluso son tramitados como si fueran externos también está presente tanto en MAPP (capítulo IV, párrafo 8, donde ubica nada menos que “el origen de la proyección”) como en el Proyecto de psicología:

[2] Sin embargo, el principio de inercia es quebrantado desde el comienzo por otra constelación. Con la complejidad de lo interno, el sistema de neuronas recibe estímulos desde el elemento corporal mismo, estímulos endógenos que de igual modo deben ser descargados. Estos provienen de células del cuerpo y dan por resultado las grandes necesidades: hambre, respiración, sexualidad.7 De estos estímulos el organismo no se puede sustraer como de los estímulos exteriores, no puede aplicar su Q para huir del estímulo. Sólo cesan bajo precisas condiciones que tienen que realizarse en el mundo exterior; por ejemplo, la necesidad de alimento. Para consumar esta acción, que merece ser llamada “específica”,8 hace falta una operación que es independiente de Qn endógena, y en general es mayor, pues el individuo está puesto bajo unas condiciones que uno puede definir como apremio de la vida.9 Por esto, el sistema de neuronas está forzado a resignar la originaria tendencia a la inercia, es decir, al nivel cero.

9 [También esta expresión aparece de manera regular en otra obra; por ejemplo, en IS, 5, pág. 557. No obstante, más tarde Fraud prefirió emplear en su lugar la palabra griega “Ananké” (cf. El malestar en la cultura (1930a), AE, 21, pág. 135)] (p. 341).

Nada menos que una pugna antagónica entre el “apremio de la vida” y la “tendencia a la inercia”. De nuevo, términos algo prototípicos de lo que en MAPP encontraríamos como cercanos a Eros y pulsión de muerte. Respecto a la nota de Strachey, ¿qué aparece en El malestar en la cultura?

Entonces sólo puede tranquilizarnos el enunciado de que el proceso cultural es la modificación que el proceso vital experimentó bajo el influjo de una tarea planteada por Eros e incitada por Ananké, el apremio objetivo {real}; y esa tarea es la reunión de seres humanos aislados en una comunidad atada libidinosamente (p. 135).

Es decir, Freud ubica un paralelismo entre el desarrollo cultural colectivo y el vital individual... Una vez más, una idea también presente en MAPP: entre lo ontogénico y filogénico, pero también cuando expresa que en el desarrollo embrional individual se repiten todas las formas de evolución genéticas anteriores de la especie, lo cual conduce a la siguiente cita:

[3] El principio de inercia halla su expresión en el supuesto de una corriente, que desde las conducciones o prolongaciones celulares está dirigida al cilindro-eje. La neurona singular es, así, una copia del sistema neuronal en su conjunto, con su arquitectura bi-escindida, siendo el cilindro-eje el órgano de descarga. En cuanto a la función secundaria, que demanda un almacenamiento de Qn, es posibilitada por el supuesto de unas resistencias que se contra-ponen a la descarga, y la arquitectura de la neurona sugiere la posibilidad de situar todas las resistencias en los contactos, que así reciben el valor de unas barreras. El supuesto de las barreras-contacto es fecundo en muchas direcciones (p. 342).

Tan fecundo que veinticinco años después seguiría sirviendo de insumo para postular la ya mencionada barrera contra-estímulo dentro del funcionamiento del sistema psíquico. Continuando con más coincidencias del Proyecto de psicología con MAPP, en el tomo XXIV de las Obras completas de la editorial Amorrortu, titulado Índices y bibliografías, Strachey incluye una referencia de la inercia en este texto de Freud (p. 456), pese a que no se la enuncia como tal textualmente, pero que por motivos bastante evidentes incorporo parcialmente en este recorrido:

[¿?] En primer lugar, si uno ha recogido la impresión correcta sobre la magnitud de las Q en el mundo exterior, se preguntará si la tendencia originaria del sistema de neuronas, mantener Qn en cero, se satisface con la descarga rápida, o bien ya actúa en la recepción de estímulo (...) Estos “aparatos nerviosos terminales” muy bien podrían tener el fin, en el sentido más general, de poner diques a las Q exógenas, no dejarles ejercer un no reducido efecto sobre Φ.28

 

28 [Exactamente esto mismo se afirma en Más allá del principio de placer (1920g), AE, 18, pág. 28] (p. 350).

De la misma forma que en la cita 2, se trata de una “tendencia originaria” que se caracteriza por mantener el sistema en cero. Nótese que también Strachey señala aquí el paralelismo con MAPP, asunto que también Cosentino (2015) apunta en reiteradas ocasiones en notas al pie y comentarios en Más allá del principio de placer: manuscritos inéditos y versiones publicadas. La cercanía entre estos textos se confirma aún más en la siguiente cita sobre la inercia:

[4] En efecto, siendo consabida para nosotros una tendencia de la vida psíquica, la de evitar displacer, estamos tentados a identificarla con la tendencia primaria a la inercia (...) Placer sería la sensación de descarga (p. 356).

Tendencia y principio, originaria y primaria, pero siempre neuronal..., ya desde el Proyecto de psicología la inercia parece tener cierta ponderancia, a lo que se suma que

[5] En el dormir, el individuo se encuentra en el estado ideal de la inercia (pp. 381-382).

El resto de menciones sobre la inercia previas a MAPP se dan de manera repartida en otros cuatro escritos; valga puntualizar que para todas las citas de inercia restantes, es decir, de la 6 a la 15 (lo cual incluye las posteriores a MAPP) se cotejó que efectivamente la palabra Trägheit figurara en cada caso, el texto Proyecto de psicología es una excepción ya que no se encuentra dentro de la compilación de la Gesammelte Werke.

El siguiente texto de este recorrido es Tótem y tabú. Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos (1913 [1912-1913]), la cita en cuestión se encuentra en el apartado II “El tabú y la ambivalencia de las mociones de sentimiento”, parte 1:

[6] Wundt nos enseña, pues, que el tabú es expresión y resultado de la creencia de los pueblos primitivos en poderes demoníacos. Más tarde, a su juicio, el tabú se desprendió de esa raíz y siguió siendo un poder simplemente porque antes lo era, a consecuencia de una suerte de inercia psíquica; por esa vía se habría convertido en la raíz de nuestros mandamientos éticos y de nuestras leyes (p. 33).

Si bien es cierto que en las citas anteriores se observa un carácter generalizado de la inercia en tanto principio de funcionamiento neuronal ‒es decir compartida‒, sigue siendo una tendencia individual. En cambio ahora es expuesta como un factor que produce un fenómeno colectivo: el sostenimiento del poder del tabú a pesar de los cambios en las creencias de los pueblos. Este giro viene a colación aludiendo a ideas de Wundt, no obstante, la alocución “una suerte de” da la sensación de ser un agregado propio, una forma de llamar algo con un término ajeno al autor original. A pesar de la relatividad, es la primera ocasión en que aparece formulada como “inercia psíquica”. Otro asunto que vuelve es el tema de lo demoníaco, ya presente en la cita V (en ambas traducciones) de Das Unheimliche, pero acá directamente vinculado a creencias de antaño convertidas en principios éticos.

La próxima mención, contenida en Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico (1914b), precisamente advierte de una inadecuada sustitución:

[7] El conflicto entre aspiraciones eróticas desacordes con el yo {ichwidrig} y la afirmación del yo fue remplazado por el conflicto entre la “tarea de vida” y la “inercia psíquica” (...) En realidad no fue sino esto: de la sinfonía del acaecer universal se alcanzaron a escuchar sólo un par de acordes culturales y se desoyó de nuevo la potente, primordial melodía de las pulsiones (...) así, cuando Jung no halla bastante “específico” al complejo de Edipo para la etiología de las neurosis y atribuye esa especificidad a la inercia, vale decir, ¡la propiedad más general de los cuerpos animados e inanimados! Esto exige anotar que el “complejo de Edipo” no figura sino un contenido con el que se miden las fuerzas anímicas del individuo, pero no es él mismo una fuerza, como sería la “inercia psíquica”. La exploración de los individuos había mostrado, y lo mostrará siempre, que los complejos sexuales están vivos en el interior de ellos en su sentido originario (pp. 60-61).

Estas palabras van dirigidas a Adler y Jung, en lo concerniente a la inercia principalmente al segundo. Me parece fundamental extraer de este fragmento una clarificación: Freud no está en contra de la inercia psíquica, critica el uso dado por Jung, a saber: como reemplazo de lo pulsional, de lo sexual. Esa “propiedad más general de los cuerpos animados e inanimados” es desaprobada por Freud en el entendido de que se consigne en sustitución de lo libidinal, de “la potente, primordial melodía de las pulsiones”. En este punto planteo entonces una pregunta inevitable: ¿hay relación alguna entre la inercia o la inercia psíquica y lo pulsional? El resto de alusiones a la inercia en la obra de Freud tratan este tema.

La mención en Un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica (1915) es particularmente relevante:

[8] Estas circunstancias arrojan luz esclarecedora sobre una tesis de C. G. Jung, según la cual una peculiar inercia psíquica, opuesta al cambio y al avance, sería la condición fundamental de la neurosis. Esta inercia es de hecho en extremo peculiar; no es genérica, sino especializada en grado sumo; tampoco reina sola en su campo, sino que lucha con tendencias al progreso y a la recuperación que no se apaciguan tras la formación de síntoma de la neurosis. Si se pesquisa el punto de partida de esta inercia especial, ella se revela como la exteriorización de unos enlaces, tempranamente establecidos y muy difíciles de desatar, de pulsiones con impresiones y con los objetos dados en estas; en virtud de esos enlaces se detuvo el ulterior desarrollo de estos componentes pulsionales. O bien, para decirlo de otro modo, esta “inercia psíquica” especializada no es sino una expresión distinta, aunque difícilmente mejor, de lo que en el psicoanálisis estamos habituados a llamar fijación.6

                  

6 [Freud había aludido a esta tendencia a la fijación o, como la llama en otro lugar, a la viscosidad de la libido en la primera edición de sus Tres ensayos de teoría sexual (1915d), AE, 7, págs. 221-2 {aquí usa fijación, nunca inercia}. Prosiguió examinándola en el historial clínico del Hombre de los Lobos (1918b), AE, 17, pág. 105, y en la 22ª de sus Conferencias de introducción al psicoanálisis (1916-17), AE, 16, págs. 310-311 {aquí también usa fijación, nunca inercia}; estos dos últimos trabajos fueron más o menos contemporáneos del presente artículo. Volvió a ella mucho más tarde, en Análisis terminable e interminable (1937c), AE, 23, pág. 243, donde él mismo utiliza la frase inercia psíquica y relaciona este fenómeno con la resistencia del ello encontrada en el tratamiento psicoanalítico, y que en Inhibición, síntoma y angustia (1926), AE, 20, págs. 149-50, había atribuido a la fuerza de la compulsión de repetición. Una última alusión a la inercia psíquica aparece en Esquema del psicoanálisis (1940a), AE, 23, pág. 182, publicado póstumamente. Se hace referencia al caso especial de inercia de la libido en El malestar en la cultura (1930a), AE, 21, pág. 105] (pp. 271-272).

Refuta a la inercia en la etiología de las neurosis, definiendo la inercia psíquica ‒subrayo‒ jungiana como la manifestación de una maraña primordial entre pulsiones, impresiones y objetos que provoca una detención en el desarrollo pulsional y una “expresión distinta, aunque difícilmente mejor”, de la fijación. Es Freud quien homologa la concepción de inercia psíquica que extrae de Jung con el término fijación. Pero ¿es a su vez la concepción jungiana de inercia psíquica equivalente en alguna medida a la de Freud? Por lo revisado en el Proyecto de psicología y en Tótem y tabú, no tanto. De hecho, la larga e indicativa nota de Strachey parece invitar justo a pesquisar a lo largo de la obra freudiana, no solo “inercia” o “inercia psíquica”, sino “viscosidad de la libido” y especialmente “fijación”. Entonces, ¿se sirve Freud de este último constructo para diferenciarse de Jung y su propuesta inercial?

[9] Es la importante, la fundamental particularidad psicológica que en Tres ensayos de teoría sexual (1905d) definí como aptitud para la fijación.9 Bajo el nombre de “inercia” psíquica, Jung ha querido erigirla en causación principal de todos los fracasos de los neuróticos. Creo que no tiene razón; su alcance es mucho más vasto y también en la vida de los no neuróticos desempeña un papel sustantivo. La movilidad o la pesantez de las investiduras energéticas libidinosas (y aun las de otra clase) es un carácter particular de muchas personas normales, y ni siquiera de todos los neuróticos; un carácter que hasta hoy no ha sido entramado con otros, algo así como un número primo no susceptible de ulterior división. Sólo sabemos una cosa: que el rasgo de la movilidad de las investiduras psíquicas retrocede llamativamente con la edad. Nos ha proporcionado una de las indicaciones para los límites del tratamiento psicoanalítico. Sin embargo, hay personas en quienes esta plasticidad psíquica persiste mucho más allá de los límites de edad habituales, y otras en quienes se pierde muy temprano. Si estas últimas son neuróticas, uno hace el desagradable descubrimiento de que en circunstancias aparentemente iguales no puede deshacer en ellas unas alteraciones que en otras personas fue posible dominar con facilidad. Por tanto, también en las trasposiciones entre procesos psíquicos cabe considerar el concepto de una entropía que contraría, en proporción a su medida, la involución de lo acontecido (Rückbildung des Geschehenen).10

          

10 [El tema de la “inercia psíquica fue tratado por Freud al final de Un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica” (1915f), AE, 14, pág. 272, trabajo publicado antes que el presente historial pero escrito probablemente después. En una nota al pie doy allí una serie de remisiones a otros pasajes en que consideró ese tema] (pp. 105-106).

El texto citado es De la historia de una neurosis infantil (1918 [1914]; conocido como Caso del “Hombre de los lobos”). La “‘inercia’ psíquica” según Freud va más allá de la causación de la neurosis, para él de la variabilidad en la “movilidad o la pesantez de las investiduras energéticas libidinosas” solo se sabe una cosa: hay pérdida de la plasticidad psíquica conforme avanza la edad. Además, marca un horizonte para la labor analítica aunque difiere en cada persona. Se postula hacia el final el concepto de entropía, el cual ‒así como la inercia‒ procede de la física, particularmente de la termodinámica. Pese a ello, se puede apreciar que la respuesta de Freud a Jung proviene de su ejercicio clínico. Strachey insiste en la lectura de su detallada nota al pie (6 de la cita 8 o D en el primer apéndice de este artículo).

Como mencionaba en la introducción, Freud echa mano del término inercia no solo a nivel teórico, sino también coloquial, así como en palabras compuestas. Por ejemplo, en Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci (1910) aparece como un vocablo de uso más bien cotidiano, pues es tomada como “holgazanería”; igualmente coloquial pero ahora como palabra compuesta “Geistesträgheit”, entendida como “letargo”, en Estudios sobre la histeria (1983-1985), como “Trägheitstraum” en tanto “tendencia a dormir” en La interpretación de los sueños (1900).[10]

En este recorrido sobre la inercia se ha pasado de un origen como principio o tendencia neuronal a una inferencia clínica en tanto fuerza contraria a la posibilidad de alteración psíquica. Como se verá seguidamente, es justo en MAPP, y de ahí en adelante, cuando Freud plantea más claramente su posición sobre este término y su vínculo con lo pulsional, ya sin contrastar sus ideas con las de Jung.

Compulsión a la repetición (Wiederholungszwang) e inercia (Trägheit) en MAPP

Antes de pasar a la décima cita, anunciada desde el inicio como el punto de confluencia entre la compulsión a la repetición y la inercia, incluyo una pequeña puntualización ya advertida: es precisamente este fragmento el que me llevó a efectuar el recorrido aquí expuesto, pero inicialmente por ningún otro motivo que una casualidad fonética: al tener tan presente la pulsión de muerte mientras leía las páginas de MAPP, percibí de repente la palabra “inercia” estrechamente relacionada con la palabra “inerte”. Si bien es cierto tienen una cercanía en su raíz latina (prefijo “in”: sin; y “ars”: arte, labor, obra), en alemán su raíz más bien se acerca al vocablo “träge”, que remite a lo lento, apático o sin impulso,[11] por lo que la cercanía semántica a lo inanimado, o si se quiere a lo muerto, es un rasgo que solo aparece en español y de forma indirecta. Quedan las próximas páginas para construir un recorrido más acertado que su primer paso. En función de ello, se presentan seguidamente las seis versiones contrastadas de la cita vértice entre Wiederholungszwang y Trägheit, ubicada en el capítulo V, párrafo 4 de MAPP. Para una comparación más directa ver el cuadro que figura como segundo apéndice, en tanto permite una lectura trasversal de tales citas y sin la interrupción de mis acotaciones.

  • Versión alemana publicada, Gesammelte Werke (1920a, p. 55):

[10a] Auf welche Art hängt aber das Triebhafte mit dem Zwang zur Wiederholung zusammen? Hier muß sich uns die Idee aufdrängen, daß wir einem allgemeinen, bisher nicht klar erkannten — oder wenigstens nicht ausdrücklich betonten — Charakter der Triebe, vielleicht alles organischen Lebens überhaupt, auf die Spur gekommen sind. Ein Trieb wäre also ein dem belebten Organischen innewohnender Drang zur Wiederherstellung eines früheren Zustandes, welchen dies Belebte unter dem Einflüsse äußerer Störungskräfte aufgeben mußte, eine Art von organischer Elastizität, oder wenn man will, die Äußerung der Trägheit im organischen Leben.2

                    

2) Ich bezweifle nicht, daß ähnliche Vermutungen über die Natur der »Triebe« bereits wiederholt geäußert worden sind.

Ahora las tres versiones de Más allá del principio de placer: manuscritos inéditos y versiones publicadas, establecidas por Cosentino (2015).

  • Primera versión, manuscrita (p. 137):

[10b] (4) Pero ¿de qué manera lo pulsional guarda relación con la compulsión a la repetición? Aquí, inevitablemente se nos tiene que imponer la idea de que hemos dado con el indicio de un carácter universal de las pulsiones, no reconocido con claridad hasta ahora, y tal vez de toda vida orgánica en general. Una pulsión sería, por lo tanto, un apremio propio de lo orgánico vivo para restablecer15 un estado anterior, que lo vivo debió abandonar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras del exterior, una clase de elasticidad orgánica o, si se quiere, la manifestación de la inercia en la vida orgánica.16

 

15. Wiederherstellung.
16. En la versión escrita a máquina agrega una frase que amplía este párrafo (4): “No pongo en duda que conjeturas similares sobre la naturaleza de las ‘pulsiones’ ya han sido manifestadas en repetidas ocasiones”. A partir de la edición de 1920 queda como nota a pie de página.

En esta primera versión no se encuentra ninguna frase destacada en cursiva ni subrayada, como en la 10a y 10c, respectivamente. Tal y como se detalla en la nota 16, no aparece el agregado que amplía el párrafo (nota 2 en la 10a), ni se lee en ella la frase puesta entre guiones largos en la 10a: “oder wenigstens nicht ausdrücklich betonten”, que tampoco figura en la siguiente versión (10c) sino hasta la versión publicada (10d).

  • Segunda versión, mecanografiada (pp. 285-289):

[10c] (4) Pero ¿de qué manera lo pulsional guarda relación con la compulsión a la repetición? Aquí, inevitablemente se nos tiene que imponer la idea de que hemos dado con el indicio de un carácter universal de las [paso de página] pulsiones, no reconocido con claridad hasta ahora, y tal vez de toda vida orgánica en general. Una pulsión sería, por lo tanto, un apremio propio de lo orgánico vivo para re-establecer14 un estado anterior que lo vivo debió abandonar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras del exterior, una clase de elasticidad orgánica o, si se quiere, la manifestación de la inercia[12] en la vida orgánica.√15

              

14. Wiederherstellung.

Nota agregada [p. 33] escrita a mano en una hoja separada
33 x) No pongo en duda que conjeturas similares sobre la naturaleza de las “pulsiones” ya han sido manifestadas en repetidas ocasiones.

En este caso, se observa la aparición del subrayado que dará lugar a las cursivas de todas las versiones publicadas, igualmente respecto a la adición de la nota escrita a mano (10a, 10d, 10e y 10f). Este agregado manuscrito es llamativo, pues relativiza con cierta modestia la recién subrayada definición de pulsión y su relación con la elasticidad e inercia, en tanto “conjeturas similares” ‒afirma‒ “ya han sido manifestadas en repetidas ocasiones”... ¿Cuándo? ¿Por quién? Son preguntas que quedan pendientes.

Otro cambio es que se elimina la coma al final del subrayado, específicamente luego de la palabra “anterior”, y se divide la palabra “restablecer” por “re-establecer”. Este último es un cambio singular, pues es propio de la segunda y tercera versión de MAPP establecida por Cosentino (2015), mas no de las traducciones de Etcheverry, que usa “reproducción” (10e), o de López Ballesteros, que emplea “reconstrucción” (10f). Quizá advertido de esta dificultad, es que en las tres versiones de Cosentino se anota la palabra original en alemán: “Wiederherstellung”, que comparte la misma partícula inicial que “Wiederholung”... “compulsión a la repetición”, “re-establecer”, “repetidas ocasiones”; “Wieder-”, “Wieder-”, “wieder-”, respectivamente.

  • Tercera versión, publicada (p. 501):

[10d] (4) Pero ¿de qué manera lo pulsional guarda relación con la compulsión a la repetición? Aquí, inevitablemente se nos tiene que imponer la idea de que hemos dado con el indicio de un carácter universal de las pulsiones, no reconocido con claridad hasta ahora ‒o por lo menos no destacado de forma expresa‒14 y tal vez de toda vida orgánica en general. Una pulsión sería, por lo tanto, un apremio propio de lo orgánico vivo para re-establecer15 un estado anterior que lo vivo debió abandonar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras del exterior, una clase de elasticidad orgánica o, si se quiere, la manifestación de la inercia en la vida orgánica.16

                     

14. {Lo que figura entre guiones, “‒o por lo menos no destacado en forma expresa”, fue agregado en 1921.}
15. Wiederherstellung.
16. No pongo en duda que conjeturas similares sobre la naturaleza de las “pulsiones” ya han sido manifestadas en repetidas ocasiones.

Lo agregado en 1921 suena algo redundante, pero marca una diferencia entre no reconocer claramente y no destacar expresamente. Recordando que Freud volvió 29 años después al historial clínico de la señora Emmy para aludir a la compulsión a la repetición, ¿por qué no volvió a Recordar, repetir y reelaborar o Das Unheimliche, por dar dos ejemplos, y destacó ahí de manera expresa ese carácter universal de las pulsiones? Mi sospecha es que reservó MAPP para ello, particularmente la incrustación del capítulo VI ‒el de la doble novedad‒, como asentamiento para la propuesta de la pulsión de muerte. Siendo además este párrafo uno de los principales redoblantes preparatorios para ello.

  • Versión publicada, traducción Etcheverry (1920b, Editorial Amorrortu, p. 36):

[10e] Ahora bien, ¿de qué modo se entrama lo pulsional con la compulsión de repetición? Aquí no puede menos que imponérsenos la idea de que estamos sobre la pista de un carácter universal de las pulsiones (no reconocido con claridad hasta ahora, o al menos no destacado expresamente)3 y quizá de toda vida orgánica en general. Una pulsión sería entonces un esfuerzo, inherente a lo orgánico vivo, de reproducción de un estado anterior que lo vivo debió resignar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras externas; sería una suerte de elasticidad orgánica o, si se quiere, la exteriorización de la inercia en la vida orgánica.4

                    

3 [Las últimas seis palabras fueron agregadas en 1921.]

4 No dudo de que conjeturas semejantes acerca de la naturaleza de las pulsiones ya se han formulado repetidas veces.

  • Versión publicada, traducción López Ballesteros (1920c, Editorial Biblioteca Nueva, p. 2525):

[10f] ¿De qué modo se halla en conexión lo instintivo con la obsesión de repetición? Se nos impone la idea de que hemos descubierto la pista de un carácter general no reconocido claramente hasta ahora ‒o que por lo menos no se ha hecho resaltar expresamente‒ de los instintos y quizá de toda vida orgánica. Un instinto sería, pues, una tendencia propia de lo orgánico vivo a la reconstrucción de un estado anterior, que lo animado tuvo que abandonar bajo el influjo de fuerzas exteriores, perturbadoras; una especie de elasticidad orgánica, o, si se quiere, la manifestación de la inercia en la vida orgánica.1493

 

1493 No dudo de que han sido ya expuestas, repetidas veces, análogas hipótesis sobre la naturaleza de los instintos.

En estas dos últimas traducciones hay mayores variaciones. Las más notables son las palabras “entrama” (10e) y “halla en conexión” (10f) respecto a “guarda relación” (10b, 10c y 10d); el ya conocido y criticado uso de “instinto” (10f) en vez de “pulsión”; “una clase” (10b, 10c y 10d), “una suerte” (10e) o “una especie” (10f) de elasticidad; el empleo de “lo animado” (10f) respecto a las demás traducciones que usan “lo vivo”; pero la más llamativa es la frase entre paréntesis en la 10e, pues no solo varía el tipo de signo: paréntesis y guiones, sino el contenido que se incluye en ellos. Mientras las demás versiones que tienen ese agregado de 1921 (10a, 10d y 10f) se atienen a este, la traducción de Etcheverry (10e) amplía el margen, no sin anotar que corresponde al agregado de ese año. El énfasis cambia un tanto.

En cuanto al fondo del contenido de este particular párrafo, resulta central distinguir que la pregunta por (la palabra varía según la versión) la relación/entramado/conexión entre lo pulsional y la compulsión a la repetición se termina respondiendo con la inercia, pero no directamente con ella, sino con su manifestación/exteriorización. Puede ser algo sutil pero de consecuencias significativas: mientras que a la elasticidad la cataloga como orgánica, a la inercia la presenta como una fuerza general (“¡la propiedad más general de los cuerpos animados e inanimados!”, cita 7) de incidencia en lo orgánico pero que no es necesariamente orgánica en sí misma. En otras palabras, la inercia no es inherentemente orgánica, “su alcance es mucho más vasto” (cita 9), su meta y manifestación es la de Wiederherstellung un estado anterior o, teniendo todavía en consideración el Proyecto de psicología, podría pensarse en Wiederherstellung el estado cero. Dejé sin traducir esta palabra pues representa un problema elegir alguna de sus diferentes variaciones: restablecer (10b), re-establecer (10c, 10d), reproducir (10e) o reconstruir (10f). En todo caso, en el párrafo 7 de este mismo capítulo (Cosentino, 2015, versión mecanografiada, p. 291) se encuentra una tachadura muy reveladora:

(7) Si entonces todas las pulsiones orgánicas son conservadoras, adquiridas históricamente, y están encauzadas hacia /la regresión/, la repetición el restablecimiento[13] de algo anterior, tendremos que apuntar todos los éxitos de la evolución20 orgánica en la cuenta de influencias exteriores, que perturban y hacen desviar.21

                         

20. Entwickung

21. {En esta frase del párrafo (7) agrega [de puño y letra] /la regresión/, mientras que en la versión impresa quita “todos” y deja “apuntar los éxitos”.}

En alemán, igualmente versión mecanografiada (p. 290):

Wenn also alle organischen Triebe konservativ, historisch erworben und auf /Regression/, Wiederholungherstellung von Früherem, gerichtet sind, so müssen wir die Erfolge der organischen Entwicklung auf die Rechnung äußerer, störender und ablenkender Einflüsse setzen

Como se puede observar, no solo agrega “Regression” de forma manuscrita, sino que la palabra “Wiederholung” es semi-sustituida por “Wiederherstellung”, ya que como se aprecia en la cita en alemán, es tachada con la propia máquina de escribir con equis y una doble ralladura, pero aun así dejando ver la partícula “holung” ‒lastimosamente esto es solo apreciable en la fotocopia de la versión mecanografiada original‒. En suma, “Wiederherstellung” no es “Wiederholung”; re-establecer/reproducir/reconstruir no es repetir y, dado su matiz regresivo, “reproducir” (ya abandonado por Etcheverry de todas maneras) y “reconstruir” se alejan de ese campo semántico. En todo caso, “restablecer” es volver algo de nuevo vigente, traer algo de antaño a la actualidad, pero lo regresivo tiene una figuración distinta: es un retorno a lo anterior, es volver atrás. ¿Acaso es importante esta diferencia? ¿Somos alcanzados por nuestras huellas o caminamos sobre ellas?

Inercia (Trägheit) después de MAPP

La pregunta que guía este subapartado es si después de MAPP pueden hallarse variaciones sustantivas en el uso o concepción freudiana de “inercia”. Quizá la principal muestra de ello para efectos de este artículo es justo la siguiente cita, localizada en Dos artículos de enciclopedia: Psicoanálisis y Teoría de la libido (1923 [1922]):

[11] La naturaleza de las pulsiones. Sobre la base de esta concepción puede proponerse esta caracterización de las pulsiones: serían tendencias, inherentes a la sustancia viva, a reproducir un estado anterior; serían entonces históricamente condicionadas, de naturaleza conservadora, y por así decir la expresión de una inercia o elasticidad de lo orgánico. Ambas variedades de pulsiones, el Eros y la pulsión de muerte, actuarían y trabajarían una en contra de la otra desde la génesis misma de la vida[14] (p. 254).

Si se toman en cuenta las anteriores menciones de “inercia”, esta caracterización es marcadamente sintética, pues no solo amplía lo tratado en la cita 10, sino que podría incluirse parte de la cita V de la compulsión a la repetición: “En lo inconsciente anímico, en efecto, se puede reconocer el dominio de una compulsión de repetición partiendo de las mociones pulsionales, que depende probablemente de la naturaleza más íntima de las pulsiones, suficientemente fuerte para sobreponerse al principio de placer”. Lo destacado en cursiva es propio, lo remarco pues aparece directamente relacionado con MAPP, pero principalmente remarco la frase “la naturaleza más íntima de las pulsiones”, pues la alusión a la naturaleza está también presente en la cita 11, nada menos que en dos ocasiones: como noción a definir y respecto a la “naturaleza conservadora” de las pulsiones; también se la lee en la nota al pie de la cita 10: “No pongo en duda que conjeturas similares sobre la naturaleza de las ‘pulsiones’ ya han sido manifestadas en repetidas ocasiones”, pero además es una expresión que se lee en el párrafo siguiente a dicha cita, es decir, al inicio del párrafo 5 del capítulo V (2015, p. 501; tercera versión, publicada):

(5) Esta manera de concebir la pulsión causa extrañeza, porque nos hemos habituado a ver en la pulsión el factor que apremia hacia el cambio y el desarrollo,17 y ahora tendremos que reconocer en ella justamente lo contrario, la manifestación de la naturaleza conservadora de lo vivo [des Ausdruck der konservativen Natur des Lebenden].

                        

17. {El término “Entwickung” puede estar referido tanto a desarrollo como a evolución.}

A manera de resellado, Freud insiste en que la naturaleza de las pulsiones es conservadora, pero no en pro de la conservación de la vida (como lo proponía con las pulsiones yoicas) sino de conservación o retorno a un estado inerte, al punto cero, si se retoma el lenguaje del Proyecto de psicología. Tomando la valiosa aclaración de la nota 17 del pasaje anterior, podría decirse además que se trata de una naturaleza contraria al desarrollo o evolución, la primera más referida a lo ontogénico, la segunda a lo filogénico, el devenir particular del organismo vivo y de la especie, respectivamente.

En esta línea, no deja de ser llamativo que sea El malestar en la cultura (1930) el próximo texto donde sea utilizada la palabra “inercia” y que además aparezca en estos términos:

[12] Hemos concebido la dificultad del desarrollo cultural como una dificultad universal del desarrollo; la recondujimos, en efecto, a la inercia de la libido, a su renuencia a abandonar una posición antigua por una nueva1 (p. 105).

 

1 [Cf., por ejemplo, supra, pág. 101. He hecho algunas consideraciones sobre el uso por parte de Freud del concepto de “inercia psíquica”, en general, en una nota al pie de “Un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica” 1915f), AE, 14, págs. 271-2.]

La renuencia al cambio ‒incluida en lo cultural‒ es colocada en esta cita como “dificultad universal del desarrollo”, pero además aparece en esta ocasión bajo una fórmula nueva: “inercia de la libido”. Si bien es cierto que la inercia ya venía siendo relacionada con lo pulsional, no había tenido hasta entonces un calificativo de este tipo, sino solamente inercia neuronal o psíquica. Este detalle es significativo, pues marca una variación que reposiciona a la inercia como una fuerza central en el funcionamiento de lo anímico, con implicaciones que llegan a lo cultural y, evidentemente, a lo clínico:

[13] La experiencia analítica nos ha mostrado que lo mejor es enemigo de lo bueno, que en cada fase del restablecimiento tenemos que luchar con la inercia del paciente, quien está pronto a conformarse con una tramitación imperfecta (p. 234).

Esta cita de Análisis terminable e interminable (1937) bien podría ser tomada como una ocasión más de uso coloquial dentro de este recorrido, sin embargo, esta “lucha con la inercia del paciente” se especifica más claramente algunas páginas más adelante, en una cita extensa:

[14] Un paso ulterior en nuestra experiencia analítica nos lleva a resistencias de otra índole, que ya no podemos localizar y que parecen depender de constelaciones fundamentales dentro del aparato anímico. Sólo puedo ofrecer algunas muestras de ese género, pues todo este campo es todavía ajeno y enmarañado, no está bien explorado. Por ejemplo, uno encuentra personas a quienes atribuiría una particular “viscosidad de la libido”.21 Los procesos que la cura inicia en ellas trascurren mucho más lentamente que en otras, porque, según parece, no pueden decidirse a desasir investiduras libidinales de un objeto y desplazarlas a uno nuevo, aunque no se encuentren particulares razones para tal fidelidad a las investiduras. También uno se topa con el tipo contrapuesto, en que la libido aparece dotada de una especial movilidad, entra con rapidez en las investiduras nuevas propuestas por el análisis y resigna a cambio las anteriores. Es un distingo como el que podría registrar el artista plástico según trabaje con piedra dura o con blanda arcilla. Por desdicha, los resultados analíticos en este segundo tipo suelen ser muy lábiles: las investiduras nuevas se abandonan muy pronto, y uno recibe la impresión, no de haber trabajado con arcilla, sino de haber escrito en el agua. Vale aquí la admonición: “Lo que pronto se gana, más rápido se pierde”. En otro grupo de casos, uno es sorprendido por una conducta que no puede referir sino a un agotamiento de la plasticidad, de la capacidad para variar y para seguir desarrollándose, que de ordinario se espera. Sin duda que en el análisis estamos preparados para hallar cierto grado de inercia psíquica; cuando el trabajo analítico ha abierto caminos nuevos a la moción pulsional, se observa casi siempre que no se los emprende sin una nítida vacilación. A esta conducta la hemos designado, de manera quizá no del todo correcta, “resistencia del ello”22 (p. 243).

            

21 [Esta frase aparece en la 22ª de las Conferencias de introducción al psicoanálisis (1916-17), AE, 16, pág. 317. Esta característica y la más generalizada “inercia psíquica” que a continuación se examina no siempre son tratadas por separado en los escritos previos de Freud. Doy una lista de pasajes en que se tocan estos temas en “Un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica” (1915), AE, 14, pág. 272n.]

22 [Cf. el “Apéndice A” de Inhibición, síntoma y angustia (1926d), AE, 20, pág. 150.]

Tanto la cita 13 como 14 son iniciadas por Freud refiriéndose a la “experiencia analítica”, lo que en Das Unheimliche fue nombrado como la “naturaleza más íntima de las pulsiones” (cita V) pareciera ser re-invocado acá como “constelaciones fundamentales dentro del aparato anímico”. En este campo “ajeno y enmarañado”, al ya conocido (cita 9) “agotamiento de la plasticidad” se le nombra “fidelidad a las investiduras”. Pero la relación más fundamental en lo teórico, aunque “quizá no del todo correcta”, es la de la inercia psíquica como resistencia del ello. Haciendo caso a Strachey, tanto en la nota al pie 22 de esta cita 14 como en la detallada nota al pie 6 de la cita 8 (D en el primer apéndice de este artículo), en Inhibición, síntoma y angustia (1926 [1925], pp. 149-150) se lee:

Hacemos la experiencia de que el yo sigue hallando dificultades para deshacer las represiones aun después que se formó el designio de resignar sus resistencias, y llamamos “reelaboración” {“Durcharbeiten”}5 a la fase de trabajoso empeño que sigue a ese loable designio. Ahora parece indicado reconocer el factor dinámico que vuelve necesaria y comprensible esa reelaboración. Difícilmente sea otro que este: tras cancelar la resistencia yoica, es preciso superar todavía el poder de la compulsión de repetición, la atracción de los arquetipos inconcientes sobre el proceso pulsional reprimido; y nada habría que objetar si se quisiese designar ese factor como resistencia de lo inconciente (…) En cuanto a la cuarta clase de resistencia, la del ello, acabamos de hacerla responsable de la necesidad de la reelaboración.

5 [Cf. “Recordar, repetir y reelaborar” (1914g), AE, 12, pág. 157. Freud volvió sobre el tema en la sección VI de “Análisis terminable e interminable” (1937c).]

La reconocible compulsión a la repetición reaparece acá como un poder, como “la atracción de los arquetipos[15] inconcientes sobre el proceso pulsional reprimido”, que se ve directamente relacionada con las resistencias inconscientes o del ello. Las resistencias del ello, en 1926 vinculadas a la compulsión a la repetición y en 1937 a la inercia psíquica, parecen conformar una triangulación que acerca en el trabajo analítico estos dos últimos términos, centrales para efectos de este escrito.

Por otra parte, en la nota al pie 21 de la cita 14, Strachey relaciona “inercia psíquica” con “viscosidad de la libido” y, nuevamente, refiere a su extensa nota (cita 8, nota 6 o cita D del primer apéndice). No obstante, como puede apreciarse, es solo en esta cita 14 donde realmente aparecen relativamente juntas, el término que sirve de bisagra es en realidad fijación. A propósito de este, paso ahora a la última mención de “inercia” de este recorrido, localizada en Esquema del psicoanálisis (1940 [1938]):

[15] Por otra parte, pugnan contra nosotros la trasferencia negativa, la resistencia de represión del yo (vale decir, su displacer de exponerse al difícil trabajo que se le propone), el sentimiento de culpa oriundo de la relación con el superyó y la necesidad de estar enfermo anclada en unas profundas alteraciones de su economía pulsional. De la participación de estos dos últimos factores depende que tildemos de leve o grave a nuestro caso. Independientes de estos, se pueden discernir algunos otros factores que intervienen en sentido favorable o desfavorable. Una cierta inercia psíquica, una cierta pesantez en el movimiento de la libido, que no quiere abandonar sus fijaciones, no puede resultarnos bienvenida; la aptitud de la persona para la sublimación pulsional desempeña un gran papel, lo mismo que su capacidad para elevarse sobre la vida pulsional grosera, y el poder relativo de sus funciones intelectuales (pp. 181-182).

En cuanto a elementos favorecedores o desfavorecedores para el trabajo analítico, Freud propone a la inercia psíquica ‒o “cierta pesantez en el movimiento de la libido”‒ como independiente de la transferencia negativa, resistencias yoicas, el sentimiento de culpa superyoico y la necesidad de estar enfermo. Seguidamente la inercia psíquica aparece diferenciada de la fijación, son más bien las fijaciones pertenecientes o manifestaciones de esta fuerza, lo cual de alguna forma rompe con la homologación antes planteada, pero que, como ya se ha discernido, la hubo únicamente en contraste con el uso que Jung le dio a su inercia, asunto que Strachey no parece haber distinguido tajantemente. Por último, menciona una breve pero importante serie de factores que desempeñan un “gran papel” frente a la inercia psíquica: aptitud para la sublimación, capacidad para superar una vida pulsional grosera y el poder del intelecto.

Después de MAPP la concepción de inercia tiende a especificarse como inercia psíquica, claramente diferenciada de la jungiana, además sirve para la definición de pulsión, interviene en el desarrollo cultural y entra de lleno a regular ‒especialmente como resistencia‒ las posibilidades de cambio observables en la experiencia analítica. Su conexión con lo pulsional es ya indudable.

Puntualizaciones finales

El recorrido aquí efectuado permite dimensionar la presencia del concepto de inercia en la obra freudiana: desde el Proyecto de psicología en 1895 hasta Esquema del psicoanálisis en 1940. Es enunciado en diversas formas: inercia, principio de inercia, inercia neuronal, inercia psíquica, inercia de la libido. Sus raíces fisiológicas no lo limitan a este campo, sino que es incluido en conjeturas socioculturales, metapsicológicas y por supuesto clínicas. Guarda además una estrecha relación con las resistencias, lo pulsional y la compulsión a la repetición. Se trata de una fuerza que tiende a conservar o retornar a un estado anterior de inacción, un estado cero, un estado inerte. Es relacionado por Freud con las nociones de plasticidad, entropía, y por Strachey con la viscosidad de la libido y fijación, sin embargo, no son por entero homólogos. La supuesta tríada que formaría con los dos últimos términos merece un estudio más amplio. De momento queda claro que cuando Freud realiza una contrastación de la inercia con la fijación se da especialmente con una intención de diferenciar la inercia psíquica jungiana de planteamientos propios, desarraigándola como base etiológica de las neurosis. Otra distinción importante es que se trata de una fuerza que actúa tanto en lo inanimado como en lo orgánico y que en lo viviente actúa desde los estratos más profundos e íntimos del acaecer pulsional, constituyendo su naturaleza conservadora. Participa en la génesis de esta dimensión, precisamente como primera pulsión: la de volver a lo inanimado. Tiene un papel importante como obstáculo del ‒supuesto‒ desarrollo y evolución del individuo y la especie, observable en fenómenos culturales y en el tratamiento analítico.

En vista de lo anterior cabe preguntarse el porqué de su poca popularidad. Puede deberse a que Jung lo haya acaparado conceptualmente y que Freud evitara su uso, puede que guardara una relación muy cercana con el principio de constancia de Fechner (cita F, primer apéndice) y que igualmente haya optado por evadirlo. Pero mi principal sospecha es que la compulsión a la repetición y la misma pulsión de muerte representaron a partir de MAPP baluartes teóricos de mayor peso, además mucho más propios respecto a su construcción conceptual. El lenguaje físico dio lugar a una terminología más ¿auténticamente psicoanalítica, genuinamente freudiana? Sea como sea, no abandonó del todo su uso, sino que, lejos de verse subsumida en otras nociones, la propone como una dificultad en el análisis que solo otros factores constitutivos ayudan a flanquear (la aptitud para la sublimación, capacidad para superar una vida pulsional grosera y el poder del intelecto), mientras que “el principal recurso para domeñar la compulsión de repetición del paciente, y transformarla en un motivo para el recordar, reside en el manejo de la trasferencia” (cita IV). Para la compulsión a la repetición se propone el manejo del gran descubrimiento clínico psicoanalítico, la transferencia: campo artificial para la liberación de lo pulsional; pero la inercia se presenta como un límite inherente a esa libertad, como una férrea nostalgia por lo inerte.

Referencias

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Klimkiewicz, L. (2014). Das Unheimliche: manuscrito inédito (Ed. Klimkiewicz, L.). Buenos Aires: Mármol Izquierdo.

Apéndices

Apéndice 1. Menciones de Strachey del término “inercia”

  • Apéndice. Surgimiento de las hipótesis fundamentales de Freud (s.f.):

[A] También esta fue aparentemente, en su origen, una hipótesis fisiológica; en el “Proyecto” {AE, 1, pág. 340) se la llama “el principio de la inercia neuronal”, según el cual “las neuronas procuran aliviarse de la cantidad”. Veinticinco años más tarde el principio es enunciado en términos psicológicos en Más allá del principio de placer (1920g): “el aparato anímico se afana por mantener lo más baja posible, o al menos constante, la cantidad de excitación presente en él” (AE, 18, págs. 8-9) (p. 65).

  • Interpretación de los sueños (1900):

[B] El funcionamiento del sistema nervioso en su conjunto estaba sujeto a un principio general de “inercia”, según el cual las neuronas siempre tienden a deshacerse de cualquier “cantidad” con la que puedan estar llenas ‒un principio correlativo con el de “constancia”‒. Utilizando como “ladrillos” estos conceptos y otros similares, Freud construyó un modelo sumamente complicado y extraordinariamente ingenioso, donde la psique aparece como un aparato neurológico (...) Los sistemas de neuronas fueron remplazados por sistemas o instancias psíquicos; una hipotética “investidura” de energía psíquica ocupó el lugar de la “cantidad” física; el principio de inercia devino la base del principio de placer (o, como lo denominó Freud aquí, de displacer) (pp. 10-11).

  • Recordar, repetir y reelaborar (1914):

[C] 12 [El concepto de “reelaboración”, introducido en el presente trabajo, se relaciona evidentemente con la “inercia psíquica”, a la que Freud dedica varios pasajes. Algunos de ellos se mencionan en una nota mía de “Un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica” (1915f), AE, 14, pág. 272. En Inhibición, síntoma y angustia (1926d), AE, 20, págs. 149-50, la necesidad de la reelaboración es atribuida a la resistencia de lo inconciente (o del ello), tema al cual se vuelve en “Análisis terminable e interminable” (1937c), AE, 23, págs. 243-4] (p. 157).

  • Un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica (1915):

[D] 6 [Freud había aludido a esta tendencia a la fijación ‒o, como la llama en otro lugar, a la “viscosidad de la libido” ‒ en la primera edición de sus Tres ensayos de teoría sexual (1915d), AE, 7, págs. 221-2 {aquí usa fijación, nunca inercia}. Prosiguió examinándola en el historial clínico del “Hombre de los Lobos” (1918b), AE, 17, pág. 105, y en la 22ª de sus Conferencias de introducción al psicoanálisis (1916-17), AE, 16, págs. 310- 311 {aquí también usa fijación, nunca inercia}; estos dos últimos trabajos fueron más o menos contemporáneos del presente artículo. Volvió a ella mucho más tarde, en “Análisis terminable e interminable” (1937c), AE, 23, pág. 243, donde él mismo utiliza la frase “inercia psíquica” y relaciona este fenómeno con la “resistencia del ello” ‒encontrada en el tratamiento psicoanalítico‒, y que en Inhibición, síntoma y angustia (1926), AE, 20, págs. 149-50, había atribuido a la fuerza de la compulsión de repetición. Una última alusión a la “inercia psíquica” aparece en Esquema del psicoanálisis (1940a), AE, 23, pág. 182, publicado póstumamente. Se hace referencia al caso especial de “inercia de la libido” en El malestar en la cultura (1930a), AE, 21, pág. 105] (pp. 271-272).

  • De la historia de una neurosis infantil (1918 [1914]):

[E] 10 [El tema de la “inercia psíquica” fue tratado por Freud al final de “Un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica” (1915f), AE, 14, pág. 272, trabajo publicado antes que el presente historial pero escrito probablemente después. En una nota al pie doy allí una serie de remisiones a otros pasajes en que consideró ese tema] (pp. 105-106).

  • Más allá del principio de placer (1920):

[F] 5 [El “principio de constancia” se remonta a los comienzos mismos de los estudios psicológicos de Freud. El primer examen publicado sobre él de cierta longitud es el que hace Breuer (en términos semifisiológicos) en su contribución teórica a Estudios sobre la histeria (Breuer y Freud, 18951, AE, 2, págs. 208-11. Allí lo define como “la tendencia a mantener constante la excitación intracerebral”. En ese pasaje atribuye el principio a Freud, y en verdad el propio Freud sólo había hecho antes breve referencia a él en una o dos oportunidades, en escritos póstumos (cf. Freud, 1941a, y Breuer y Freud, 1940.) También le examinó en detalle en el “Proyecto” (1950a), AE, 1, págs. 340-2, titulándolo allí “principio de inercia neuronal”] (p. 9).

Por último, en Pulsión y destinos de pulsión ingresa una prolongada nota en la que detalla las relaciones entre los principios de constancia, de placer, de nirvana y pulsión de muerte; respecto a la inercia solamente cita un segmento del Proyecto de psicología ya aquí presentado.

Apéndice 2. Cuadro comparativo del párrafo 4, capítulo V de Más allá del principio de placer

Versión alemana publicada, Gesammelte Werke (p. 55)

Primera versión, manuscrita (p. 137)

Segunda versión, mecanografiada (pp. 285-289)

Tercera versión, publicada (p. 501)

Traducción Etcheverry (Editorial Amorrortu, p. 36)

Traducción López Ballesteros (Editorial Biblioteca Nueva, p. 2525)

[10a] Auf welche Art hängt aber das Triebhafte mit dem Zwang zur Wiederholung zusammen? Hier muß sich uns die Idee aufdrängen, daß wir einem allgemeinen, bisher nicht klar erkannten — oder wenigstens nicht ausdrücklich betonten — Charakter der Triebe, vielleicht alles organischen­Lebens überhaupt, auf die Spur gekommen sind.

[10b] (4) Pero ¿de qué manera lo pulsional guarda relación con la compulsión a la repetición? Aquí, inevitablemente se nos tiene que imponer la idea de que hemos dado con el indicio de un carácter universal de las pulsiones, no reconocido con claridad hasta ahora, y tal vez de toda vida orgánica en general.

[10c] (4) Pero ¿de qué manera lo pulsional guarda relación con la compulsión a la repetición? Aquí, inevitablemente se nos tiene que imponer la idea de que hemos dado con el indicio de un carácter universal de las [paso de página] pulsiones, no reconocido con claridad hasta ahora, y tal vez de toda vida orgánica en general.

[10d] (4) Pero ¿de qué manera lo pulsional guarda relación con la compulsión a la repetición? Aquí, inevitablemente se nos tiene que imponer la idea de que hemos dado con el indicio de un carácter universal de las pulsiones, no reconocido con claridad hasta ahora ‒o por lo menos no destacado de forma expresa‒14 y tal vez de toda vida orgánica en general.

[10e] Ahora bien, ¿de qué modo se entrama lo pulsional con la compulsión de repetición? Aquí no puede menos que imponérsenos la idea de que estamos sobre la pista de un carácter universal de las pulsiones (no reconocido con claridad hasta ahora, o al menos no destacado expresamente)3 y quizá de toda vida orgánica en general.

[10f] ¿De qué modo se halla en conexión lo instintivo con la obsesión de repetición? Se nos impone la idea de que hemos descubierto la pista de un carácter general no reconocido claramente hasta ahora ‒o que por lo menos no se ha hecho resaltar expresamente‒ de los instintos y quizá de toda vida orgánica.

Ein Trieb wäre also ein dem belebten Organischen innewohnender Drang zur Wieder­herstellung eines früheren Zustandes, welchen dies Belebte unter dem Einflüsse äußerer Störungskräfte aufgeben mußte, eine Art von organischer Elastizität, oder wenn man will, die Äußerung der Trägheit im organischen Leben.2

Una pulsión sería, por lo tanto, un apremio propio de lo orgánico vivo para restablecer15 un estado anterior, que lo vivo debió abandonar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras del exterior, una clase de elasticidad orgánica o, si se quiere, la manifestación de la inercia en la vida orgánica.16

Una pulsión sería, por lo tanto, un apremio propio de lo orgánico vivo para re-establecer14 un estado anterior que lo vivo debió abandonar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras del exterior, una clase de elasticidad orgánica o, si se quiere, la manifestación de la inercia en la vida orgánica.√15

Una pulsión sería, por lo tanto, un apremio propio de lo orgánico vivo para re-establecer15 un estado anterior que lo vivo debió abandonar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras del exterior, una clase de elasticidad orgánica o, si se quiere, la manifestación de la inercia en la vida orgánica.16

Una pulsión sería entonces un esfuerzo, inherente a lo orgánico vivo, de reproducción de un estado anterior que lo vivo debió resignar bajo el influjo de fuerzas perturbadoras externas; sería una suerte de elasticidad orgánica o, si se quiere, la exteriorización de la inercia en la vida orgánica.4

Un instinto sería, pues, una tendencia propia de lo orgánico vivo a la reconstrucción de un estado anterior, que lo animado tuvo que abandonar bajo el influjo de fuerzas exteriores, perturbadoras; una especie de elasticidad orgánica, o, si se quiere, la manifestación de la inercia en la vida orgánica.1493

2) Ich bezweifle nicht, daß ähnliche Vermutungen über die Natur der »Triebe« bereits wiederholt geäußert worden sind.

15. Wieder­her­stellung.

16. En la versión escrita a máquina agrega una frase que amplía este párrafo (4): “No pongo en duda que conjeturas similares sobre la naturaleza de las ‘pulsiones’ ya han sido manifestadas en repetidas ocasiones”. A partir de la edición de 1920 queda como nota a pie de página.

14. Wieder­her­stellung.

Nota agregada [p. 33] escrita a mano en una hoja separada
33 √x) No pongo en duda que conjeturas similares sobre la naturaleza de las “pulsiones” ya han sido manifestadas en repetidas ocasiones.

14. {Lo que figura entre guiones, “‒o por lo menos no destacado en forma expresa‒”, fue agregado en 1921.}

15. Wieder­her­stellung.

16. No pongo en duda que conjeturas similares sobre la naturaleza de las “pulsiones” ya han sido manifestadas en repetidas ocasiones.

3 [Las últimas seis palabras fueron agregadas en 1921.]
4 No dudo de que conjeturas semejantes acerca de la naturaleza de las pulsiones ya se han formulado repetidas veces.

1493 No dudo de que han sido ya expuestas, repetidas veces, análogas hipótesis sobre la naturaleza de los instintos.


  1. En adelante MAPP.
  2. Para mayores detalles ver “Presentación” y “Nota introductoria a la versión manuscrita del nuevo capítulo VI” de Juan Carlos Cosentino (2015), en Más allá del principio de placer: manuscritos inéditos y versiones publicadas.
  3. En este caso se emplea principalmente la edición de la Editorial Amorrortu, sexta reimpresión, 2001.
  4. Posiblemente motivado por noticias frescas sobre su antigua paciente: “Debió pasar un cuarto de siglo para que volviera a recibir noticias de la señora Emmy” (pp. 122-123).
  5. -I+I o nulius, equivale al cero romano.
  6. La numeración de las notas al pie que corresponden al texto citado de Freud vendrá señalada en negrita y cursiva para diferenciarla de las notas del presente artículo. En este fragmento, por ejemplo, hay dos superíndices, el primero es de Freud (6) mientras que el segundo propio (15). Por último, cuando se citen notas al pie en el cuerpo del texto, se hará con un margen izquierdo adicional al que ya tienen las citas en cuestión para diferenciar la subordinación.
  7. Esta afirmación es, actualmente y a todas luces, más que debatible.
  8. Se recomienda la consulta del texto de Lionel Klimkiewicz: Das Unheimliche: manuscrito inédito, 2014, Editorial Mármol Izquierdo. De hecho, es una de las versiones utilizadas en el presente artículo debido a que es una nueva versión crítica, bilingüe y comentada del peculiar escrito freudiano. Huelga mencionar que en esta edición se aclara que “se ha decidido mantener el término Unheimliche en el idioma original, así como también todos sus derivados, debido a que entendemos que cualquier traducción haría perder gran parte de la riqueza del término” (p. 23).
  9. Simbología o clave de abreviaturas (p. 337):
    Q = Cantidad (en general, o aquella que tiene el mismo orden de magnitud que las cantidades del mundo externo).
    Qn = Cantidad (cuyo orden de magnitud es el intercelular).
    Φ = Sistema de neuronas pasaderas.
  10. Solo una vez aparece de esta forma después de MAPP, es en ¿Pueden los legos ejercer el análisis? (1926): “En efecto, en modo alguno consideramos deseable que el psicoanálisis sea fagocitado por la medicina y termine por hallar su depósito definitivo en el manual de psiquiatría, dentro del capítulo ‘Terapia ’, junto a procedimientos como la sugestión hipnótica, la autosugestión, la persuasión, que, creados por nuestra ignorancia, deben sus efímeros efectos a la inercia y cobardía de las masas de seres humanos. Merece un mejor destino, y confiamos en que lo tendrá” (p. 232).
  11. Tomado de Etymologisches Wörterbuch des Deutsche: https://bit.ly/3qcPUPj.
  12. En la reproducción del texto mecanografiado la palabra inercia está cortada por el final de la página, por lo que se esperaría que aparezca así: “Träg-” y en la siguiente línea “heit”, no obstante, se lee “Trä” y en la siguiente línea “heit”, es decir, se omite tanto el guion como la “g”.
  13. “Wiederherstellung” es la palabra en alemán, traducida como “restablecimiento” en las tres versiones de Cosentino y en la de Etcheverry, López Ballesteros insiste con “reconstrucción”. Las barras (/) son indicativas de una inclusión no presente en el texto original.
  14. En cuanto a esta génesis, el comienzo del párrafo 8 del capítulo V de MAPP es una referencia imperdible, pues para Freud, con el nacer la vida también aparece la primera pulsión, la de volver a un estado inerte: “En algún momento indeterminado, por el influjo de una fuerza aún totalmente inimaginable, se despertaron en la materia inanimada las propiedades de lo viviente. Tal vez fue un proceso paradigmáticamente similar a aquel otro, que en cierta capa de la materia viva hizo surgir más tarde la conciencia. La tensión suscitada entonces en el material, hasta ese momento inanimado, procuró después nivelarse; así surgió la primera pulsión, la de regresar a lo inanimado” (2015, p. 505; tercera versión, publicada).
  15. ¿“Arquetipos”? ¿Es acaso un ácido guiño a Jung?


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