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Schreck y Überraschung

Lionel Klimkiewicz

Uno de los objetivos de nuestro trabajo de edición de los manuscritos de Freud es el de rescatar palabras o conceptos de su obra que han quedado invisibilizados por las traducciones, ya que esto permite una lectura novedosa de la obra del fundador del psicoanálisis para los lectores en lengua castellana. Esta invisibilización a veces se produce por errores en la traducción, o porque los traductores de las ediciones con mayor circulación en nuestra lengua no eran psicoanalistas, lo que supone un obstáculo para ahondar en la cabal significación de ciertos términos, ideas, conceptos de la obra del padre del psicoanálisis. En el caso que nos interesa aquí, las palabras Schreck y Überraschung han corrido esa suerte, a lo que podríamos agregar que la importancia y el desarrollo que el concepto de angustia ha tenido en Freud y sus seguidores, entre ellos Lacan, ha colaborado a que se mantengan en penumbras.

Quiero aquí entonces, como objetivo de este trabajo, proponer un pequeño recorrido que recoge algunas de las apariciones de estos términos a lo largo de la obra de Freud, para que el lector interesado pueda ampliarlo y desarrollarlo si así lo desea. Por lo pronto, es mi propósito llamar la atención sobre ellos ya que tienen un destacado valor clínico a la hora de hablar de Trauma y de Complejo de castración, y que sirven como punto de partida para cualquier investigación sobre el tema.

1) Schreck

En la edición del manuscrito de Das Unheimliche (2014, originalmente publicado en 1919) ya hemos comentado que no se pueden traducir palabras con la raíz Schreck siempre del mismo modo debido a que su sentido depende de con qué otro término se compone la palabra y, por supuesto, del contexto y época de su uso. En primera instancia, Schreck implica una conmoción psíquica que se produce por notar de repente una amenaza o un peligro. Por tal motivo suele traducirse por “terror” o “susto”. Por ejemplo, cuando Freud en su Conferencia XXV diferencia Angst (angustia), Furcht (miedo) y Schreck, define a este último como el efecto de un peligro que no es recibido con disposición a la angustia. La traducción de Editorial Amorrortu (EA) elige entonces “terror”, pero la de Biblioteca Nueva “susto”, haciendo hincapié en el efecto de sorpresa.

Por otro lado, en Más allá del principio de placer (2015/1920), texto que nos interesa particularmente y contemporáneo a Das Unheimliche, al comienzo del capítulo 2, en el primer párrafo ‒que no presenta variaciones importantes si comparamos las tres versiones‒ Freud vuelve sobre el tema y dice:

[1] Nach schweren mechanischen Erschütterungen, Eisenbahnzusammenstößen und anderen, mit Lebensgefahr verbundenen Unfällen ist seit langem ein Zustand beschrieben worden, dem dann der Name „traumatische Neurose“ verblieben ist. Der schreckliche, eben jetzt abgelaufene Krieg hat eine große Anzahl solcher Erkrankungen entstehen lassen und wenigstens der Versuchung ein Ende gesetzt, sie auf organische Schädigung des Nervensystems durch Einwirkung mechanischer Gewalt zurückzuführen. Das Zustandsbild der traumatischen Neurose nähert sich der Hysterie durch seinen Reichtum an ähnlichen motorischen Symptomen, übertrifft diese aber in der Regel durch die stark ausgebildeten Anzeichen subjektiven Leidens, etwa wie bei einer Hypochondrie oder Melancholie, und durch die Beweise einer weit umfassenderen allgemeinen Schwächung und Zerrüttung der seelischen Leistungen. Ein volles2 Verständnis ist bisher weder für die Kriegsneurosen noch für die traumatischen Neurosen des Friedens erzielt worden. Bei den Kriegsneurosen wirkte es einerseits aufklärend, aber doch wiederum verwirrend, daß dasselbe Krankheitsbild gelegentlich ohne Mithilfe einer groben mechanischen Gewalt zustande kam;3 an der gemeinen traumatischen Neurose heben sich zwei Züge hervor, an welche die Überlegung anknüpfen konnte, erstens, daß das Hauptgewicht der Verursachung auf das Moment der Überraschung, auf den Schreck, zu fallen schien, und zweitens, daß eine gleichzeitig erlittene Verletzung oder Wunde zumeist der Entstehung der Neurose entgegenwirkte. Schreck, Furcht, Angst werden mit Unrecht wie synonyme Ausdrücke gebraucht; sie lassen sich in ihrer Beziehung zur Gefahr gut auseinanderhalten. Angst bezeichnet einen gewissen Zustand wie Erwartung der Gefahr und Vorbereitung auf dieselbe, mag sie auch eine unbekannte sein; Furcht verlangt ein bestimmtes Objekt, vor dem man sich fürchtet; Schreck aber benennt den Zustand, in den man gerät, wenn man in Gefahr kommt, ohne auf sie vorbereitet zu sein, betont das Moment der Überraschung. Ich glaube nicht, daß die Angst eine traumatische Neurose erzeugen kann; an der Angst ist etwas, was gegen den Schreck und also auch gegen die Schreckneurose schützt. Wir werden auf diesen Satz später zurückkommen.[1]

[1] Desde hace mucho tiempo, ha quedado el nombre de “neurosis traumática” para definir el estado que se produce después de graves conmociones mecánicas, colisiones de ferrocarriles y otros accidentes asociados con el riesgo de perder la vida. La guerra aterradora que recién acaba de terminar hizo que arreciara una gran cantidad de estas enfermedades y, por lo menos, ha puesto fin a la tentación de atribuirlas a un daño orgánico del sistema nervioso por la acción de una fuerza mecánica. El cuadro de la neurosis traumática se acerca a la histeria por su riqueza de síntomas motores semejantes pero, generalmente, la excede por los indicios fuertemente marcados de sufrimiento subjetivo al estilo de una hipocondría o melancolía y, además, por las pruebas de un debilitamiento y quebranto generales mucho más amplios de las producciones anímicas. Hasta ahora no se ha logrado una comprensión completa ni de las neurosis de guerra ni de las neurosis traumáticas en tiempos de paz. En el caso de las neurosis de guerra, tuvo, por un lado, un efecto esclarecedor pero, por otra parte, también produjo confusión que el mismo cuadro clínico se presentara a veces sin auxilio de una fuerza mecánica bruta; en la neurosis traumática común, se ponen de relieve dos rasgos a los que pudo anudarse la reflexión: en primera instancia, que el peso principal de la causación parecía recaer en el factor del sobresalto, en el terror y, en segunda instancia, que una lesión o una herida padecidas simultáneamente impedían, la mayor parte de las veces, la formación de la neurosis. Terror, miedo, angustia se utilizan erróneamente como sinónimos; por su relación con el peligro, es posible diferenciarlos bien entre sí. La angustia designa cierto estado como de expectación frente al peligro y de preparación para el mismo aun cuando éste sea desconocido; el miedo reclama un objeto determinado ante el cual uno lo siente; pero el terror nombra un estado en el cual uno se precipita cuando está en peligro sin preparación previa: acentúa el factor del sobresalto. No creo que la angustia pueda producir una neurosis traumática; algo hay en la angustia que protege contra el terror y, también, entonces, contra la neurosis de terror. Volveremos a referirnos a esta afirmación más adelante.

En los comentarios que realiza en su edición J. C. Cosentino, hay una nota aclaratoria al respecto referida a los términos “terror” y “sorpresa”, que vale transcribir aquí:

El hecho de que Freud ponga en serie los términos Schreck y Überraschung nos permite hacer una traducción conjunta, de modo que no debe tomarse la de uno sin referencia a la del otro. Schreck suele valer como terror siempre que Überraschung acentúe la “sorpresa”. Efectivamente, Schreck no supone solamente un miedo exagerado sino aquel para el que uno nunca está preparado (matiz que vierte mejor la traducción que propone López Ballesteros, “susto”, pero a costa de perder algo de la intensidad traumática de lo que Freud intenta definir). Del mismo modo, es suavizar demasiado el sentido de Überraschung considerarlo meramente como una sorpresa (como la que alguien nos da para festejar nuestro cumpleaños, por ejemplo), ya que el término no está ligado a algo que supone una novedad agradable, sino más bien a una que aterroriza, sobresalta (p. 430).

Es decir que es una sorpresa perturbadora, un sobresalto, en la que el “órgano anímico” queda sobrepasado por una extensa ruptura de la barrera contra-estímulo. No es la angustia la que produce la neurosis traumática o Schreckneurose, ya que la disposición a la angustia protege contra el terror. Freud vuelve con el tema y lo aclara en el Párrafo 11 del capítulo IV del mismo texto:

[11] Ich glaube, man darf den Versuch wagen, die gemeine traumatische Neurose als die Folge eines ausgiebigen Durchbruchs des Reizschutzes aufzufassen. Damit wäre die alte, naive Lehre vom Schock in ihre Rechte eingesetzt, anscheinend im Gegensatz zu einer späteren und psychologisch anspruchsvolleren, welche nicht der mechanischen Gewalteinwirkung, sondern dem Schreck und der Lebensbedrohung die ätiologische Bedeutung zuspricht. Allein diese Gegensätze sind nicht unversöhnlich, und die psychoanalytische Auffassung der traumatischen Neurose ist mit der rohesten Form der Schocktheorie nicht identisch. Versetzt letztere das Wesen des Schocks in die direkte Schädigung der molekularen Struktur, oder selbst der histologischen Struktur der nervösen Elemente, so suchen wir dessen Wirkung aus der Durchbrechung des Reizschutzes für das Seelenorgan und aus den daraus sich ergebenden Aufgaben zu verstehen. Der Schreck behält seine Bedeutung auch für uns. Seine Bedingung ist das Fehlen der Angstbereitschaft, welche die Überbesetzung der den Reiz zunächst aufnehmenden Systeme miteinschließt. Infolge dieser niedrigeren Besetzung sind die Systeme dann nicht gut imstande, die ankommenden Erregungsmengen zu binden, die Folgen der Durchbrechung des Reizschutzes stellen sich um so vieles leichter ein. Wir finden so, daß die Angstbereitschaft mit der Überbesetzung der aufnehmenden Systeme die letzte Linie des Reizschutzes darstellt. Für eine ganze Anzahl von Traumen mag der Unterschied zwischen den unvorbereiteten und den durch Überbesetzung vorbereiteten Systemen das für den Ausgang entscheidende Moment sein; von einer gewissen Stärke(XII) des Traumas an wird er wohl nicht mehr ins Gewicht fallen.(XIII) Wenn die Träume der Unfallsneurotiker die Kranken so regelmäßig in die Situation des Unfalles zurückführen, so dienen sie damit allerdings nicht der Wunscherfüllung, deren halluzinatorische Herbeiführung ihnen unter der Herrschaft des Lustprinzips zur Funktion geworden ist. Aber wir dürfen annehmen, daß sie sich dadurch einer anderen Aufgabe zur Verfügung stellen, deren Lösung vorangehen muß, ehe das Lustprinzip seine Herrschaft beginnen kann. Diese Träume suchen die Reizbewältigung unter Angstentwicklung nachzuholen, deren Unterlassung die Ursache der traumatischen Neurose geworden ist. Sie geben uns so einen Ausblick auf eine Funktion des seelischen Apparats, welche, ohne dem Lustprinzip zu widersprechen, doch unabhängig von ihm ist und ursprünglicher scheint als die Absicht des Lustgewinns und der Unlustvermeidung.

[11] Creo que se puede arriesgar el intento de comprender la neurosis traumática común como la consecuencia de una extensa ruptura en la barrera contra-estímulo. De este modo la antigua, ingenua doctrina del shock rehabilitaría sus derechos, aparentemente en oposición con otra posterior, cargada de pretensión psicológica, que no asigna significación etiológica a la acción de la fuerza mecánica sino al terror y a la amenaza de perder la vida. Sólo que estos opuestos no son irreconciliables y tampoco el concepto psicoanalítico de la neurosis traumática es idéntico a la forma más rudimentaria de la teoría del shock. Esta última traslada la esencia del shock al daño directo de la estructura molecular o incluso histológica de los elementos nerviosos, mientras nosotros intentamos comprender su efecto en el órgano anímico, por la brecha abierta en la barrera contra-estímulo y las tareas que se le plantean como consecuencia. Pero también el terror mantiene para nosotros su importancia. Su condición es la falta de disposición a la angustia, [disposición] que incluye la sobre-investidura de los sistemas que primero reciben el estímulo. Como resultado de esta investidura más baja, los sistemas no están entonces en buenas condiciones para ligar las cantidades de excitación que advienen y las consecuencias de la ruptura en la barrera contra-estímulo ocurren mucho más fácilmente. Encontramos, así, que la disposición a la angustia constituye, con la sobre-investidura de los sistemas receptores, el último baluarte de la barrera contra-estímulo. En toda una cantidad de traumas, la diferencia entre los sistemas no preparados y los preparados por sobre-investidura puede ser el factor que define el resultado final; a partir de una determinada intensidad del trauma, esa diferencia ya no tendrá importancia. Si regularmente los sueños de los neuróticos por accidentes llevan de regreso al enfermo a la situación del accidente, queda claro que no sirven al cumplimiento de deseo, cuya producción alucinatoria se ha convertido –bajo el dominio del principio de placer– en su función. Pero podemos admitir que, de ese modo, se ponen al servicio de otra tarea, que debe resolverse antes de que el principio de placer pueda comenzar su dominio. Estos sueños intentan recuperar la doma del estímulo mediante el desarrollo de angustia, cuya omisión fue la causa de la neurosis traumática. Nos procuran, así, un panorama sobre una función del aparato anímico que, sin contradecir el principio de placer, es sin embargo independiente de él y parece más primordial que el propósito de ganancia de placer y de evitación de displacer.[2]

No es nuestro objetivo aquí desarrollar el concepto de trauma en Más allá del principio de placer, solo mostrar que no es posible pensarlo sin incluir en él los términos Schreck y Überraschung.[3] Pero por supuesto que no es la primera vez que Freud piensa esta especial característica del trauma. Fijémonos por ejemplo en sus primeros escritos, antes de 1900, donde construía su primera teoría sobre ese concepto. Aclaremos antes que en nuestra tarea de realizar una edición crítica de los escritos de Freud hemos resaltado que la particularidad del trabajo con los manuscritos es que son una transcripción casi directa de las formulaciones de Freud en estado naciente, que además nos brinda la posibilidad de una nueva lectura de su obra a través de sus correcciones, tachaduras, agregados, etc. Si entonces comenzamos nuestro recorrido por el Manuscrito K, lo primero que nos llama la atención justamente es una tachadura en su primer párrafo:

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Es gibt deren vier Typen und viele Formen. Ich kann nur Hysterie, Zwangneurose und eine Form der Paranoia in Vergleich ziehen. Sie haben verschiedenes miteinander gemein. Es sind pathologische Abirrungen normaler psychischer Affektzustӓnde: des Schreckes Konfliktes (Hysterie), des Vorwurfs (Zwangneurose), der Krӓnkung (Paranoia), der Trauer (halluzinatorische akute Amentia).

Existen cuatro tipos y muchas formas. Sólo puedo extraer un paralelo entre histeria, neurosis obsesivo-compulsiva y una forma de paranoia. Unas y otras tienen múltiples cosas en común. Son aberraciones patológicas de estados afectivos psíquicos normales: del Schreckes conflicto (histeria), de la recriminación (neurosis obsesivo-compulsiva), del agravio (paranoia) del duelo (amentia alicinatoria aguda) (p. 125).

La vacilación de Freud entre Schreck y Konfliktes en enero de 1896 (precursora de la Schreckneurose nombrada más arriba) nos retrotrae a su texto redactado meses anteriores, cuando a mitad de 1895 escribe el caso Emma en el Proyecto de Psicología, donde afirma:

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Emma steht heute unter dem Zwange, daβ sie nicht allein in einen Kaufladen gehen kann. Zur Bregündung desselben einen Erinnerung, als sie zwölf Jahre alt war (kurz nach Pubertӓt). Sie ging in einen Laden etwas einkaufen, sah die beiden Kommis, von denen ihr einer in Erinnerung ist, miteinander lachen, und lief in irgendwelchem Schreckaffekt davon.

Emma está hoy bajo la compulsión de no poder ir sola a un negocio. Como justificación, un recuerdo de cuando ella tenía doce años (poco después de la pubertad). Fue a un negocio a comprar algo, vio a los dos empleados ‒uno de los cuales está en su recuerdo‒ reírse entre ellos y salió corriendo, sobresaltada[4] con un Schreckaffekt (afecto de terror). [En la imagen de arriba se puede ver subrayado por Freud el término] (p. 87)

O en el Manuscrito J, cuando conjetura que la señora Regine Kunn, de 27 años, “Tuvo añoranza por su marido (o sea, por el trato sexual por él), y en ese momento le acudió una idea que excitó afecto sexual y, como ulterior consecuencia, una defensa, se espantó (erschrak) y estableció un enlace equivocado o sustitución”. [Imagen de abajo]

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Si hay un texto canónico en la obra de Freud, ese es Tres ensayos de teoría sexual, ya que, entre varias cosas, en él plasma todo lo investigado hasta esa fecha y abre nuevas vías para seguir indagando en los años siguientes. Solo un par de ejemplos bastan para demostrarlo. En la segunda parte, en el punto 7 (“Excitaciones mecánicas”), dice sobre la neurosis traumática:

(3) Hier reiht sich dann – noch unverstanden – die Tatsache an, daß durch Zusammentreffen von Schreck und mechanischer Erschütterung die schwere hysteriforme traumatische Neurose erzeugt wird. Man darf wenigstens annehmen, daß diese Einflüsse, die in geringen Intensitäten zu Quellen sexueller Erregung werden, in übergroßem Maße einwirkend eine tiefe Zerrüttung des sexuellen Mechanismus oder Chemismus hervorrufen.

(3) A esta serie pertenece el hecho ‒todavía incomprendido‒ de que la neurosis traumática histeriforme grave se produce por sumación de terror (miedo) y sacudimiento mecánico. Al menos puede suponerse que estas influencias, que en intensidades mínimas pasan a ser fuente de excitación sexual, en medida excesiva provocan una profunda conmoción del mecanismo o quimismo sexuales (p. 184).

Renglones más abajo, en el inciso “Procesos afectivos”, nos adelanta fenómenos clínicos que luego ligará al terror a la castración.

Minderem Zweifel unterliegen die weiteren Quellen sexueller Erregung beim Kinde. Es ist leicht, durch gleichzeitige Beobachtung wie durch spätere Erforschung festzustellen, daß alle intensiveren Affektvorgänge, selbst die schreckhaften Erregungen auf die Sexualität übergreifen, was übrigens einen Beitrag zum Verständnis der pathogenen Wirkung solcher Gemütsbewegungen liefern kann. Beim Schulkinde kann die Angst, geprüft zu werden, die Spannung einer sich schwer lösenden Aufgabe für den Durchbruch sexueller Äußerungen wie für das Verhältnis zur Schule bedeutsam werden, indem unter solchen Umständen häufig genug ein Reizgefühl auftritt, welches zur Berührung der Genitalien auffordert, oder ein pollutionsartiger Vorgang mit all seinen verwirrenden Folgen. Das Benehmen der Kinder in der Schule, welches den Lehrern Rätsel genug aufgibt, verdient überhaupt in Beziehung zur keimenden Sexualität derselben gesetzt zu werden. Die sexuell erregende Wirkung mancher an sich unlustigen Affekte, des Ängstigens, Schauderns, Grausens, erhält sich bei einer großen Anzahl Menschen auch durchs reife Leben und ist wohl die Erklärung dafür, daß soviel Personen der Gelegenheit zu solchen Sensationen nachjagen, wenn nur gewisse Nebenumstände (die Angehörigkeit zu einer Scheinwelt, Lektüre, Theater) den Ernst der Unlustempfindung dämpfen.

Las otras fuentes de excitación sexual en el niño suscitan menos dudas. Es fácil comprobar mediante observación simultánea o exploración retrospectiva que los procesos afectivos más intensos, aun las excitaciones terroríficas (aterrorizantes) desbordan sobre la sexualidad; esto, por lo demás, puede contribuir a la comprensión del efecto patógeno de esos movimientos del ánimo. En el escolar, la angustia frente a un examen, la tensión provocada por una tarea de difícil solución, pueden cobrar importancia, no sólo en lo tocante a su relación con la escuela sino para el estallido de manifestaciones sexuales. En tales circunstancias, en efecto, es harto frecuente que sobrevenga un sentimiento estimulador que urge el contacto con los genitales, o un proceso del tipo de una polución, con todas sus embarazosas consecuencias. La conducta de los niños en la escuela, que plantea a los maestros bastantes enigmas, merece en general ser vinculada con la incipiente sexualidad de aquellos. El efecto de excitación sexual de muchos afectos en sí displacenteros, como el angustiarse (temor), el estremecerse de miedo (miedo) o el espantarse (horror)[5], se conserva en gran número de seres humanos durante su vida adulta, y explica sin duda que muchas personas acechen la oportunidad de recibir tales sensaciones, sujetas sólo a ciertas circunstancias concomitantes (su pertenencia a un mundo de ficción, la lectura, el teatro) que amengüen la seriedad de la sensación de displacer (p. 185).

Años después vemos cómo aparece el término en el famoso sueño del Hombre de los Lobos, donde Etcheverry y Ballesteros, tal como ocurriera con Más allá del principio de placer, vuelven a traducir uno haciendo hincapié en el matiz de terror y el otro en el de sobresalto:

(2) »Ich habe geträumt, daß es Nacht ist und ich in meinem Bett liege, (mein Bett stand mit dem Fußende gegen das Fenster, vor dem Fenster befand sich eine Reihe alter Nußbäume. Ich weiß, es war Winter, als ich träumte, und Nachtzeit). Plötzlich geht das Fenster von selbst auf, und ich sehe mit großem Schrecken, daß auf dem großen Nußbaum vor dem Fenster ein paar weiße Wölfe sitzen. Es waren sechs oder sieben Stück. Die Wölfe waren ganz weiß und sahen eher aus wie Füchse oder Schäferhunde, denn sie hatten große Schwänze wie Füchse und ihre Ohren waren aufgestellt wie bei den Hunden, wenn sie auf etwas passen. Unter großer Angst, offenbar, von den Wölfen aufgefressen zu werden, schrie ich auf und erwachte. Meine Kinderfrau eilte zu meinem Bett, um nachzusehen, was mit mir geschehen war. Es dauerte eine ganze Weile, bis ich überzeugt war, es sei nur ein Traum gewesen, so natürlich und deutlich war mir das Bild vorgekommen, wie das Fenster aufgeht und die Wölfe auf dem Baume sitzen. Endlich beruhigte ich mich, fühlte mich wie von einer Gefahr befreit und schlief wieder ein.

(2) “He soñado que es de noche y estoy en mi cama (mi cama tenía los pies hacia la ventana, frente a la ventana había una hilera de viejos nogales. Sé que era invierno cuando soñé, y de noche). De repente, la ventana se abre sola y veo con gran terror (sobresalto) que sobre el nogal grande frente a la ventana están sentados unos cuantos lobos blancos. Eran seis o siete. Los lobos eran totalmente blancos y parecían más bien como unos zorros o perros ovejeros, pues tenían grandes rabos como zorros y sus orejas tiesas como de perros al acecho. Presa de gran angustia, evidentemente de ser devorado por los lobos, rompo a gritar y despierto. Mi aya se precipita a mi cama para averiguar qué me había ocurrido. Pasó largo rato hasta convencerme de que sólo había sido un sueño, tan natural y nítida se me había aparecido la imagen de cómo la ventana se abre y los lobos están sentados sobre el árbol. Por fin me tranquilicé, me sentí como librado de un peligro y torné a dormirme.

(3) Die einzige Aktion im Traume war das Aufgehen des Fensters, denn die Wölfe saßen ganz ruhig ohne jede Bewegung auf den Ästen des Baumes, rechts und links vom Stamm und schauten mich an. Es sah so aus, als ob sie ihre ganze Aufmerksamkeit auf mich gerichtet hätten. – Ich glaube, dies war mein erster Angsttraum. Ich war damals drei, vier, höchstens fünf Jahre alt. Bis in mein elftes oder zwölftes Jahr hatte ich von da an immer Angst, etwas Schreckliches im Traume zu sehen.«

(3) En el sueño, la única acción fue el abrirse la ventana pues los lobos estaban sentados totalmente tranquilos y sin hacer movimiento alguno sobre las ramas del árbol, a derecha e izquierda del tronco, y me miraban. Parecía como si hubieran dirigido a mí toda su atención. Creo que este fue mi primer sueño de angustia. Tenía tres, cuatro, a lo sumo cinco años. Desde entonces, y hasta los once o doce años, siempre tuve angustia de ver algo terrible (terrible) en sueños”.[6] (2009, p 29)

Ya que hemos comenzado este trabajo sobre la aparición del término terror tomando como punto de inflexión Más allá del principio de placer, luego de ver algunos antecedentes debemos a partir de aquí recorrer algunos escritos posteriores a ese texto. El primero es uno que simboliza cómo lee Freud luego de 1920 el lugar clínico y teórico de Schreck: La cabeza de Medusa, su texto publicado póstumamente. Al inicio del segundo párrafo dice:

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Kopfabschneiden=Kastrieren. Der Schreck der Meduse ist also Kastrationsschreck, der an einen Anblik geknüpft ist.

Decapitar = castrar. El pavor a la Medusa es, pues, un pavor a la castración relacionado con la vista de algo.[7]

El motivo de la cabeza de Medusa y el pavor a la castración aparece en el texto Fetichismo y en la Conferencia XXIX, Revisión de la teoría de los sueños, donde dice:

(30) Bleiben wir noch bei den Symbolen. Es gab solche, die wir erkannt zu haben glaubten und bei denen es uns doch störte, daß wir nicht angeben konnten, wie das Symbol zu der Bedeutung gekommen war. In solchen Fällen mußten uns Bestätigungen von anderswoher, aus Sprachwissenschaft, Folklore, Mythologie, Ritual besonders willkommen sein. Ein Beispiel dieser Art war das Symbol des Mantels. Wir sagten, im Traume einer Frau bedeutet der Mantel einen Mann. Ich hoffe nun, es macht Ihnen einen Eindruck, wenn Sie hören, daß Th. Reik 1920 uns berichtet: »In dem höchst altertümlichen Brautzeremoniell der Beduinen bedeckt der Bräutigam die Braut mit einem besonderen, ›Aba‹ genannten Mantel und spricht dazu die rituellen Worte: ›Es soll Dich fortan niemand bedecken als nur ich‹.« (Nach Robert Eisler: Weltenmantel und Himmelszelt.) Wir haben auch mehrere neue Symbole aufgefunden, von denen ich Ihnen wenigstens zwei Beispiele berichten will. Nach Abraham 1922 ist die Spinne im Traum ein Symbol der Mutter, aber der phallischen Mutter, vor der man sich fürchtet, so daß die Angst vor der Spinne den Schrecken vor dem Mutterinzest und das Grauen vor dem weiblichen Genitale ausdrückt. Sie wissen vielleicht, daß das mythologische Gebilde des Medusenhaupts auf dasselbe Motiv des Kastrationsschrecks zurückzuführen ist.

(30) Consideremos un poco más los símbolos. A algunos de ellos creímos haberlos discernido, pese a lo cual nos perturbaba no poder indicar el modo en que ese símbolo había cobrado ese significado. En tales casos era forzoso que acogiéramos con particular interés corroboraciones de otros campos: de la lingüística, el folklore, la mitología, el ritual. Un ejemplo de esta clase fue el símbolo del manto {Mantel}. Dijimos que en el sueño de una mujer significaba un hombre {Mann}.16 Creo que les impresionará enterarse de lo que Theodor Reik comunicó en 1920: “En el antiquísimo ceremonial nupcial de los beduinos, el novio cubre a la novia con un manto especial, llamado ‘Aba’, y pronuncia a ese propósito las palabras rituales: ‘En lo sucesivo nadie más que yo debe cubrirte’ (citado de acuerdo con Robert Eisler [1910, 2, págs. 599-600])”. También hemos descubierto varios símbolos nuevos, de los que quiero darles al menos dos ejemplos. Según Abraham (1922b), la araña en el sueño es un símbolo de la madre, pero de la madre fálica de quien uno siente miedo; por tanto, la angustia frente a la araña expresa el terror (miedo) al incesto con la madre y el horror (horror) a los genitales femeninos. Acaso sepan ustedes que la figura mitológica de la cabeza de Medusa se reconduce al mismo motivo del terror a la castración (miedo a la castración).

Das andere Symbol, von dem ich Ihnen sprechen will, ist das der Brücke. Ferenczi hat es 1921–1922 aufgeklärt. Es bedeutet ursprünglich das männliche Glied, das das Elternpaar beim Geschlechtsverkehr miteinander verbindet, aber es entwickelt sich dann zu weiteren Bedeutungen, die sich von jener ersten ableiten. Insoferne es dem männlichen Glied zu verdanken ist, daß man überhaupt aus dem Geburtswasser zur Welt kann, wird die Brücke der Übergang vom Jenseits (dem Noch-nicht-geboren-sein, dem Mutterleib) zum Diesseits (dem Leben), und da sich der Mensch auch den Tod als Rückkehr in den Mutterleib (ins Wasser) vorstellt, bekommt die Brücke auch die Bedeutung einer Beförderung in den Tod, und endlich in weiterer Entfernung von ihrem Anfangssinn bezeichnet sie Übergang, Zustandsveränderung überhaupt. Dazu stimmt es dann, wenn eine Frau, die den Wunsch nicht überwunden hat, ein Mann zu sein, so häufig von Brücken träumt, die zu kurz sind, um das andere Ufer zu erreichen.

El otro símbolo del que quiero hablarles es el del puente. Ferenczi (1921c y 1922b) lo ha esclarecido. Originariamente significa el miembro viril que une a la pareja de progenitores en el comercio sexual, pero luego se desarrolla hacia significados más vastos, que se deducen de aquel. En la medida en que se debe por entero al miembro viril la posibilidad de venir al mundo desde el líquido amniótico, el puente pasa a ser el tránsito del más allá (del no-haber-nacido-todavía, el seno materno) al más acá (la vida); puesto que el hombre se representa también la muerte como un regreso al seno materno (al agua), el puente cobra asimismo el significado de un trasporte hacia la muerte y, distanciándose más de su sentido inicial, designa tránsito, cambio de estado en general. Armoniza con esto, pues, que una mujer que no ha superado su deseo de ser varón sueñe tan a menudo con puentes demasiado cortos para alcanzar la otra orilla (tomo XXII. P. 22).

Más tarde, en 1927, en El porvenir de una Ilusión, retomando el tema del desamparo del cachorro humano, que ya había trabajado en el Proyecto de una psicología para neurólogos y en la Interpretación de los sueños, Freud nos habla no solo de la angustia sino de “der schreckende Eindruck der kindlichen Hilflosigkeit”:

(1) Ich meine, wir haben die Antwort auf beide Fragen genügend vorbereitet. Sie ergibt sich, wenn wir die psychische Genese der religiösen Vorstellungen ins Auge fassen. Diese, die sich als Lehrsätze ausgeben, sind nicht Niederschläge der Erfahrung oder Endresultate des Denkens, es sind Illusionen, Erfüllungen der ältesten, stärksten, dringendsten Wünsche der Menschheit; das Geheimnis ihrer Stärke ist die Stärke dieser Wünsche. Wir wissen schon , der schreckende Eindruck der kindlichen Hilflosigkeit hat das Bedürfnis nach Schutz — Schutz durch Liebe — erweckt, dem der Vater abgeholfen hat, die Erkenntnis von der Fortdauer dieser Hilflosigkeit durchs ganze Leben hat das Festhalten an der Existenz eines — aber nun mächtigeren — Vaters verursacht. Durch das gütige Walten der göttlichen Vorsehung wird die Angst vor den Gefahren des Lebens beschwichtigt, die Einsetzung einer sittlichen Weltordnung versichert die Erfüllung der Gerechtigkeitsforderung, die innerhalb der menschlichen Kultur so oft unerfüllt geblieben ist, die Verlängerung der irdischen Existenz durch ein zukünftiges Leben stellt den örtlichen und zeitlichen Rahmen bei, in dem sich diese Wunscherfüllungen vollziehen sollen. Antworten auf Rätselfragen der menschlichen Wißbegierde, wie nach der Entstehung der Welt und der Beziehung zwischen Körperlichem und Seelischem, werden unter den Voraussetzungen dieses Systems entwickelt; es bedeutet eine großartige Erleichterung für die Einzelpsyche, wenn die nie ganz überwundenen Konflikte der Kinderzeit aus dem Vaterkomplex ihr abgenommen und einer von allen angenommenen Lösung zugeführt werden.

(1) Creo que ya hemos preparado suficientemente la respuesta a ambas preguntas. La obtendremos atendiendo a la génesis psíquica de las representaciones religiosas. Estas que se proclaman enseñanzas no son decantaciones de la experiencia ni resultados finales del pensar; son ilusiones, cumplimientos de los deseos más antiguos, más intensos, más urgentes de la humanidad; el secreto de su fuerza es la fuerza de estos deseos. Ya sabemos que la impresión terrorífica (penosa sensación) que provoca al niño su desvalimiento ha despertado la necesidad de protección ‒protección por amor‒ proveída por el padre; y el conocimiento de que ese desamparo duraría toda la vida causó la creencia en que existía un padre, pero uno mucho más poderoso. El reinado de una Providencia divina bondadosa calma la angustia frente a los peligros de la vida; la institución de un orden ético del universo asegura el cumplimiento de la demanda de justicia, tan a menudo incumplida dentro de la cultura humana; la prolongación de la existencia terrenal en una vida futura presta los marcos espaciales y temporales en que están destinados a consumarse tales cumplimientos de deseo. A partir de las premisas de este sistema, se desarrollan respuestas a ciertos enigmas que inquietan el apetito humano de saber; por ejemplo, el de la génesis del mundo y el del vínculo entre lo corporal y lo anímico; significa un enorme alivio para la psique del individuo que se le quiten de encima los conflictos, nunca superados del todo, que nacieron en su infancia en torno del complejo paterno, y se le provea una solución universalmente admitida (p. 30).

Para terminar con esta parte de nuestro recorrido, detengámonos en un texto fundamental que Freud escribió poco antes de morir, donde llega a un punto culminante de la investigación que realiza respecto a la escisión y la desmentida y su anudamiento con el complejo de castración. La Kastrationsschrecks tendrá consecuencias estructurantes para cada sujeto, tal como nos lo dice en el párrafo 4° de La escisión del yo en el proceso de defensa (1940):

(4) Die gewöhnliche, die als normal geltende24 Folge des Kastrationsschrecks ist nun, dass der Knabe der Drohung nachgibt, im vollen oder wenigstens im partiellen Gehorsam -indem er nicht mehr die Hand ans Genitale führt-, entweder sofort oder nach längerem Kampf, also auf die

Befriedigung des Triebes ganz oder teilweise verzichtet. Wir sind aber darauf vorbereitet, dass unser Patient sich anders zu helfen wusste. Er schuf sich einen Ersatz für den vermissten Penis des Weibes, einen Fetisch.

Damit hatte er zwar die Realität verleugnet, aber seinen eigenen Penis gerettet. Wenn er nicht anerkennen musste, dass das Weib seinen25 / ihren/ Penis verloren hatte, so büßte die ihm erteilte Drohung ihre Glaubwürdigkeit ein, dann brauchte er auch für seinen Penis nicht zu fürchten, konnte ungestört seine Masturbation fortsetzen. Dieser Akt unseres Patienten imponiert uns als eine Abwendung von der Realität, als ein Vorgang, den wir gern der Psychose vorbehalten auffassen möchten. Er ist auch nicht viel anders, aber wir wollen doch unser Urteil suspendieren, denn bei näherer Betrachtung entdecken wir einen nicht unwichtigen Unterschied. Der Knabe hat nicht einfach seiner Wahrnehmung widersprochen, einen Penis dorthin halluziniert, wo keiner zu sehen war, sondern er hat nur eine Wertverschiebung vorgenommen, die Penisbedeutung einem anderen Körperteil übertragen, wobei ihm –in hier nicht anzuführender Weise– der Mechanismus der Regression zu Hilfe kam. Freilich betraf diese Verschiebung nur den Körper des Weibes, für den eigenen Penis änderte sich nichts.

(4) La consecuencia ordinaria, considerada normal, del terror a la castración es, entonces, que el varoncito ceda a la amenaza con una obediencia total o al menos parcial ‒no llevándose más la mano a los genitales‒, ya sea enseguida, o bien luego de una lucha prolongada; vale decir, que renuncie en todo o en parte a satisfacer la pulsión. Sin embargo, estamos preparados para ver que nuestro paciente supiera salir del paso de otro modo. Se creó un sustituto del pene echado en falta en la mujer: un fetiche. Así, había desmentido, es cierto, la realidad, pero había salvado su propio pene. Mientras no estuviera obligado a reconocer que la mujer (das Weib) había perdido su (ihren) pene, la amenaza que le dirigieron perdía credibilidad; entonces tampoco necesitaba temer por su pene y podía continuar, imperturbable, su masturbación. Este acto de nuestro paciente nos impresiona como un apartamiento de la realidad, como un proceso que quisiéramos dejar reservado para la psicosis. Aunque no es muy distinto, queremos suspender nuestro juicio pues, visto de cerca, descubrimos una diferencia que no carece de importancia. El varoncito no contradijo simplemente su percepción, no alucinó un pene allí donde no se veía ninguno, sino que sólo emprendió un desplazamiento de valor, transfirió la significación del pene a otra parte del cuerpo, para lo cual vino en su auxilio ‒de una manera que no hemos de precisar aquí‒ el mecanismo de la regresión. Por cierto, ese desplazamiento sólo afectó al cuerpo de la mujer; en lo que concierne a su propio pene no se modificó nada (p. 289).

2) … junto con Überraschung

Es importante señalar que la palabra Überraschung es poco utilizada por Freud. La encontramos por ejemplo en su descripción de la expresión de dolorosa sorpresa del Moisés de Miguel Ángel, las propiedades sorprendentes y aterrorizantes (Überraschung und Grauen) de los animales-alma de los que habla en Tótem y tabú, o en el “sueño del escarabajo”, en la Interpretación de los sueños, cuando la paciente se sorprende y aterroriza al enterarse del contenido sexual de su producción onírica.

Sin embargo, tal vez, además de esta utilización con el término Schreck que Freud hace respecto del trauma que mostramos anteriormente, el otro uso importante ‒no es casual‒ se lo da en la caracterización del chiste. En El chiste y su relación con el inc. (parte sintética, motivos del chiste) leemos que

(22) Wir ahnen bereits und werden es späterhin noch besser einsehen können, daß wir mit der Bedingung der Ablenkung der Aufmerksamkeit keinen unwesentlichen Zug des psychischen Vorganges beim Hörer des Witzes aufgedeckt haben. Im Zusammenhange mit diesem können wir noch anderes verstehen. Erstens, wie es kommt, daß wir beim Witz fast niemals wissen, worüber wir lachen, obwohl wir es durch eine analytische Untersuchung feststellen können. Dieses Lachen ist eben das Ergebnis eines automatischen Vorganges, der erst durch die Fernhaltung unserer bewußten Aufmerksamkeit ermöglicht wurde. Zweitens gewinnen wir das Verständnis für die Eigentümlichkeit des Witzes, seine volle Wirkung auf den Hörer nur zu äußern, wenn er ihm neu ist, ihm als Überraschung entgegentritt. 

(22) Ya vislumbramos, y luego podremos inteligir mejor, que en esa condición de desvío de la atención hemos descubierto un rasgo nada trivial para el proceso psíquico de quien escucha el chiste. Relacionadas con ese rasgo podemos comprender todavía otras cosas. La primera, cómo es que en el chiste casi nunca sabemos de qué reímos, aunque podamos establecerlo mediante una indagación analítica. Esa risa es, justamente, el resultado de un proceso automático sólo posibilitado por el alejamiento de nuestra atención consciente. La segunda: entendemos ahora la propiedad del chiste de producir su pleno efecto sobre el oyente sólo cuando le resulta nuevo, cuando le sale al paso como una sorpresa (sorpresa)

Diese Eigenschaft des Witzes, die seine Kurzlebigkeit bedingt und zur Produktion immer neuer Witze auffordert, leitet sich offenbar davon ab, daß es im Wesen einer Überraschung oder Überrumpelung liegt, kein zweites Mal zu gelingen. Bei einer Wiederholung des Witzes wird die Aufmerksamkeit durch die aufsteigende Erinnerung an das erste Mal geleitet. Von hier aus eröffnet sich dann das Verständnis für den Drang, den gehörten Witz anderen, die ihn noch nicht kennen, zu erzählen. Wahrscheinlich holt man sich ein Stück der infolge mangelnder Neuheit entfallenden Genußmöglichkeit aus dem Eindruck wieder, den der Witz auf den Neuling macht. Und ein analoges Motiv mag den Schöpfer des Witzes getrieben haben, ihn überhaupt dem anderen mitzuteilen.

Esta propiedad del chiste, que condiciona su carácter efímero e incita a producir nuevos y nuevos chistes, deriva evidentemente de que es propio de una sorpresa (sorpresa) o un asalto imprevisto (omitido por BN) no prevalecer la segunda vez. [En la repetición de un chiste, la atención es guiada por el recuerdo de su audición primera.[8]] Y desde aquí se nos abre el entendimiento del impulso que lleva a contar el chiste escuchado a otros que aún no lo conocen. Es probable que la impresión que el chiste produce al recién iniciado devuelva una parte de la posibilidad de goce ausente por la falta de novedad para nosotros. Y acaso un motivo análogo impulsó al creador del chiste a comunicarlo a los demás.

Ahora bien, recordar la lectura que hace Lacan en sus primeros seminarios sobre las formaciones del inconsciente para, entre otras cosas, definir al inconsciente como estructurado como un lenguaje y caracterizar el registro simbólico, nos permite tomar dimensión de las consecuencias que tuvieron en la práctica analítica estos desarrollos conceptuales de Freud sobre el chiste. Sin embargo, no me detendré en esos seminarios, sino que recordaré aquí el Seminario 11, porque nos permitirá encontrar el eslabón en la cadena que une, en este caso, a Lacan con Freud:

Tropiezo, falta, fisura. En una frase pronunciada escrita algo viene a tropezar. Estos fenómenos operan como un imán sobre Freud, y allí va a buscar el inconsciente. Allí, una cosa distinta exige su realización, una cosa que aparece como intencional, ciertamente, pero con una extraña temporalidad. Lo que se produce en esta hiancia, en el sentido pleno del término producirse, se presenta como el hallazgo. Así es como la exploración freudiana encuentra primero lo que sucede en el inconsciente.
Hallazgo que es a un tiempo solución no necesariamente acabada pero que, por incompleta que sea, tiene ese no sé qué, ese acento tan particular, admirablemente destacado por Theodor Reik ‒destacado únicamente porque Freud lo señaló antes que él‒, que es la sorpresa: aquello que rebasa al sujeto, aquello por lo que encuentra, a la par, más y menos de lo que esperaba: en todo caso, respecto a lo que esperaba, lo que encuentra es invalorable. (1964, Clase 2)

Hubiera sido más justa la cita a Th. Reik si Lacan también comentaba que el discípulo de Freud destacó ese término pero para referirse fundamentalmente al analista. Para ser más precisos, Lacan está haciendo referencia a un texto que Th. Reik publicó en 1935 (y que Freud leyó) llamado “Der Überraschte Psycologe”, donde dice que “En el umbral de la investigación psicológica está el asombro ante el propio fenómeno anímico” (p. 79), allí donde el analizante se encuentra, de pronto, como ajeno ante su propio pensamiento. Dice, también, que la forma más natural y sencilla de la sorpresa en el análisis surge ahí donde el paciente dice cosas que lo sorprenden. “Él no sabía que pensaba esos pensamientos, que albergaba esos sentimientos y alojaba esas mociones pulsionales” (p. 79). Pero lo interesante es el detalle que nos agrega cuando dice que esa reacción no es simple sorpresa, sino un caso especial del efecto de la sorpresa, que es lo pavoroso (Schrecken). No es casual tampoco que Reik puntualice y desarrolle este detalle ya que algunos años antes había escrito un libro titulado Der Schrecken. El inteligente y estimulante libro de Reik (así lo calificó el propio Freud) desarrolla el lugar que ocupa Überraschung en el dispositivo analítico, principalmente en el analista, y su importancia para comprender los procesos inconscientes.

Lacan supo leer a Reik resaltando este detalle de la obra de Freud, pero haciendo hincapié en Überraschung más que en Schreck. ¿Será tal vez que su interés clínico se detuvo especialmente en el concepto de angustia?[9] Podría ser. Aquí habría que recordar que en el Seminario 10 aclara que su punto de partida para abordar el tema de la angustia es el fenómeno de lo Unheimliche. A su vez, lo Unheimliche, dice Freud, pertenece al orden de lo pavoroso (Schreckhaften), de lo que excita angustia (Angst) y escalofrío (Grauen).

Y ahora que retornamos al punto de inicio, con Das Unheimliche y Más allá del principio de placer, dando esas vueltas que a veces son necesarias para leer a Freud y que nos dejan ‒al mismo tiempo, como le gustaba decir a él‒ en un mismo y nuevo lugar, podríamos decir que entre Schreck y Unheimliche existe un vínculo particular, entre otras cosas, porque los une la sorpresa y los separa la intensidad. Freud enseña que en todo camino de investigación en psicoanálisis hay que tener en cuenta las circunstancias económicas (ökonomischen Verhältnissen) implicadas en los fenómenos y procesos a estudiar en la clínica, comprender sus consecuencias y repercusiones subjetivas, para poder entender los alcances y límites de nuestra praxis, que fue fundada sobre la premisa de develar las causas del sufrimiento del ser hablante. Y lo señala también para la función del analista, cuando en Puntualizaciones sobre el amor de transferencia dice que si conjuramos a los espíritus del Averno no los debemos dejar ir sin haberlos interrogado, ya que “Man hätte ja dann das Verdrängte nur zum Bewußtsein gerufen, um es erschreckt von neuem zu verdrängen”, es decir, supondría no haber atraído lo reprimido a la conciencia más que para reprimirlo de nuevo, aterrorizados.

Bibliografía

Freud, S. (1981). El chiste y su relación con el inconsciente. Obras completas. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva.

Freud, S. (1992). El porvenir de una ilusión. Obras completas, Tomo XXI. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (2003). Manuscrito K. En J. C. Cosentino y otros, Primera clínica freudiana. Buenos Aires: Imago Mundi.

Freud, S. (2009). El chiste y su relación con el inconsciente. Obras completas, Tomo VIII. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (2009). Fetichismo y otros textos. Correspondencia: el caso AB. Manuscritos, documentos inéditos y versiones publicadas, edición y comentarios J. C. Cosentino y Lionel F. Klimkiewicz. Buenos Aires: Mármol Izquierdo.

Freud, S. (2009). Fetichismo y otros textos. Correspondencia: el caso AB. Manuscritos, documentos inéditos y versiones publicadas, edición y comentarios J. C. Cosentino y Lionel F. Klimkiewicz. Buenos Aires: Mármol Izquierdo.

Freud, S. (2014). Das Unheimliche. Manuscrito inédito, Edición y comentarios Lionel F. Klimkiewicz. Buenos Aires: Mármol Izquierdo.

Freud, S. (2015). Revisión a la teoría de los sueños. Obras completas, Tomo XXII. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (2015/1920). Más allá del principio de placer. Manuscritos inéditos y versiones publicadas. Buenos Aires: Mármol Izquierdo.

Freud, S. (2009). De la historia de una neurosis infantil. Obras Completas, Tomo XVII. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Lacan, J. (1964). El seminario, clase 2.

Reik, T. (2018). El psicólogo sorprendido. México: Editorial de la École lacanienne de psychanalyse.


  1. Las versiones en alemán de los textos de Freud aquí citados pertenecen a la Gesammelte Werke, Frankfurt am Main, S. ficher-Verlag, 1999. Los manuscritos se pueden consultar en la Sigmund Freud Colection de la División Manuscritos en la Library of Congress, Washington, EE.UU.
  2. De algún modo, este párrafo y el anterior constituyen el punto de partida que toma Theodor Reik en su ensayo El terror, una parte del cual se encuentra como anexo de este libro.
  3. Ver fragmento del texto El terror de Th. Reik en esta publicación.
  4. En este caso, la traducción al castellano obliga a agregar “sobresaltada”, para no dejar de lado ese matiz, o “con pavor”, que es un término que implica, según la RAE, “temor con sobresalto”. Más allá de ese detalle, lo importante es que en nuestra lengua quede claro aquello que Freud resalta.
  5. Respecto a estos dos párrafos, sería bueno señalar que tal vez sea más correcto traducir schreckhaften por pavorosas, y Grausens como horror, en coicidencia con Lopez Ballesteros (ver Das Unheimliche).
  6. Freud, S. (2009). De la historia de una neurosis infantil, Obras completas, tomo XVII, Buenos Aires: Ed. Amorrortu [de aquí en más cada vez que se cite la traducción de EA, se incluirá entre paréntesis la traducción de Biblioteca Nueva]. En mi opinión una traducción más correcta sería “gran pavor”.
  7. «Das Medusenhaupt». Ediciones en alemán: publicado por primera vez, póstumamente, en 1940: Int. Z. Psychoanal.-Imago, 25, pág. 105; 1941: GW, 17, pág. 47. El manuscrito está fechado el 14 de mayo de 1922 y parece ser el bosquejo de una obra más amplia.
  8. La fama de ser más rigurosa que tiene la edición de Editorial Amorrortu a veces sorprende. Un ejemplo es este párrafo donde en dicha edición falta esta oración, que sí figura en la edición en alemán y en la castellana de Biblioteca Nueva. Los motivos de esta ausencia ‒no es la única‒ son desconocidos. El lector puede ver y comparar: S. Freud (2009), El chiste y su relación con el inconsciente, Obras completas, Tomo VIII, Buenos Aires: Ed. Amorrortu, p. 147 (citada aquí) y S. Freud(1981), El chiste y su relación con el inconsciente, Obras completas, Tomo 1, Madrid: Ed. Biblioteca Nueva, p. 1116 (oración agregada).
  9. En el libro de T. Reik citado, no duda este discípulo de Freud en decir que “El problema esencial de la neurosis, sin embargo, no es la angustia, sino der Schrecken” (p. 318). Invito al lector a traducirlo según su lectura y experiencia clínica propia.


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