Adrián G. Zarrilli[1]
El uso de la tierra y la adopción de tecnología (ligada a una optimización en la eficiencia productiva) han sido las causas centrales a la hora de incrementar la productividad y mejorar el beneficio económico. Pero esos dos componentes de cambio son también generadores de un costo socio-ambiental que resulta en ocasiones involuntario, desconocido o ignorado. Sin embargo, es poco común que en esas estrategias productivas aparezca la relación entre el beneficio económico y el costo ambiental (Viglizzo, 2008).
Desde los años 80, se hizo cada vez más evidente que los modelos convencionales de modernización de la agricultura, basados en monocultivos dependientes de un alto nivel de insumos agroquímicos, eran un esquema de escasa viabilidad desde el punto de vista socio-ambiental (Altieri y Nicholls, 2002).
La idea central de este libro es desarrollar un estudio teórico y empírico sobre los efectos socio-económico-ambientales de las transformaciones en el mundo rural argentino de los últimos 40 años. La estructura del libro está dividida en dos partes. La primera, con planteos teóricos generales, intenta ofrecer un marco de reflexión sobre aspectos claves de la interpretación ambiental del problema rural. La segunda parte, con estudios de caso, nos permite entender el impacto socio-ambiental de las nuevas estructuras productivas y las transformaciones en el mundo rural argentino, teniendo en cuenta estas cuestiones comunes:
- Analizar el impacto ambiental en la transformación del paisaje rural, la afectación del suministro de bienes naturales y los servicios ambientales.
- Comprender desde el punto de vista socio-ambiental los procesos de expansión e intensificación agrícola durante los últimos 30 años.
- Estudiar cómo han afectado estos cambios productivos la organización y la funcionalidad de los ecosistemas en relación con los flujos de energía, la correlación flujo-stock de carbono, el ciclo de nutrientes, las variables hidrológicas y la cuestión toxicológica de las áreas productivas.
La transformación rural ha contribuido a acelerar aún más la alteración del paisaje rural que ha sido intervenido, y que afecta el suministro de bienes naturales y servicios ambientales. De allí surgen algunas de las cuestiones centrales de este libro: ¿cómo han afectado la organización y la funcionalidad de los ecosistemas, los procesos de expansión e intensificación agrícola la reconversión en el uso de las tierras y la incorporación de tecnología durante los últimos 30 años? ¿Qué impacto socio-metabólicos generan estos cambios en la organización de la producción? ¿Cuáles son los conflictos y disputas socio-ambientales derivadas de esta transformación intensiva?
La agricultura a gran escala, basada en el paradigma industrial, implica un enorme consumo de combustibles fósiles, y tiene importantes e infaustas secuelas ambientales y sociales: deforestación, erosión acelerada de los suelos, contaminación del aire, agua y suelos, disminución de la biodiversidad, concentración de la propiedad, los recursos y la producción, y negativa influencia en los procesos de migración rural/urbana (Carrasco, Sánchez y Tamagno, 2012).
Asimismo, debido a la fuerte dependencia de insumos, este modelo productivo es altamente ineficiente desde el punto de vista energético. Todas estas cuestiones nos muestran una situación ambigua y contradictoria en cuanto a los logros de este modelo productivo. Estas tensiones, que afectan al mundo, a nuestra sociedad, y en particular las tensiones que se derivan del avance del monocultivo y de la incorporación de nuevas tecnologías, son las que intentamos comprender en los capítulos del presente libro.
A su vez, este debate requiere hoy evaluar relaciones de costo y beneficio de las prácticas agrícolas, así como pensar y debatir opciones propias que permitan la superación o al menos la moderación del modelo de desarrollo hegemónico. Un paradigma que genera formidables dividendos y bienestar para algunos, a la vez que genera malestar, pobreza y exclusión muchos otros, generando fuertes grados de desigualdad, contaminando y destruyendo la naturaleza de la que nos sustentamos y vivimos y de la cual somos parte. Y precisamente porque somos naturaleza y somos al mismo tiempo sociedad, debemos aceptar nuestros condicionamientos biológicos y culturales para construir la sociedad en armonía con el ambiente (Carrasco, Sánchez y Tamagno, 2012).
En la primera parte, titulada “Modelos agropecuarios y transformaciones ambientales. Planteos teóricos”, los autores han desarrollado esta perspectiva desde un abordaje teórico, donde se entrecruzan diversos problemas asociados a los procesos productivos y su impacto ambiental.
Así, Adrián Zarrilli lleva adelante un trabajo cuya trama central está enfocada en un examen crítico sobre cómo el pensamiento hegemónico (asociado al paradigma productivo citado en el inicio de la presentación) percibe y transforma al medio ambiente. Un modelo que reduce las políticas ambientales a cuestiones conservacionistas sobre áreas protegidas y olvida o minimiza el proceso de privatización de los recursos o bienes comunes (tierra, agua, bosques y otros recursos del territorio). En su trabajo, el caso argentino sirve como ejemplo de la presión que este proceso genera sobre los bienes comunes, con una lógica del “desarrollo” que ignora las “externalidades” (es decir, los daños naturales y sociales).
Ayelén Dichji, a su vez, desarrolla un capítulo asociado a las ideas sobre el ambiente que generó occidente y cómo estas han ido evolucionando desde la crisis ambiental de los años 50. Analiza allí el proceso que llevó a la construcción de un concepto tan famoso como discutido: el desarrollo sustentable. Su trabajo atiende a su vez al surgimiento de los movimientos ambientalistas y sus consecuencias sociales e ideológicas, y cómo estas se direccionan hacia la reforma del Estado, la normatividad ecológica de la tecnología y la capitalización de la naturaleza.
Por su parte, Lucas Pinto nos plantea otro problema asociado a las relaciones sociedad-medio ambiente: los desafíos para la construcción de la soberanía alimentaria en una sociedad con procesos productivos agrícolas y hábitos alimentarios globalizados. Profundiza en procesos socio-productivos, como la agricultura familiar y campesina regional, su producción como modelo de sustentabilidad y ecológicamente referenciada, vinculada a su vez a una perspectiva agroecología como paradigma de adaptación de la matriz productiva agrícola familiar en la Argentina, frente los retos que imponen el cambio climático (calentamiento global) y su relación directa con la dieta y el modo de producción agrícola industrial convencional (principal emisor de gases de efecto invernadero) en el actual régimen alimentario corporativo.
Por último, para cerrar esta primera parte, el capítulo de Carlos Merenson aborda la cuestión del modelo agroindustrial, ponderado por el pensamiento hegemónico, como el único capaz de asegurar la producción requerida para alimentar a una población humana. Su trabajo cuestiona desde una perspectiva ecológico-política esta mirada, a la que considera como insostenible y –en consecuencia– como grave amenaza, en tanto ha sido la insostenibilidad de los sistemas de producción y distribución de alimentos el factor que desencadena el colapso de muchas de las civilizaciones que nos precedieron.
En la segunda parte, denominada “Impactos ambientales de los sistemas agroalimentarios argentinos”, se abordan estudios de casos específicos, que nos permiten entender diversos problemas asociados a las tensiones de las relaciones sociedad-ambiente en la Argentina rural contemporánea.
Raúl Paz, Andrea Gómez, Andrea Huerto Díaz Habra y Ana Villalba nos ofrecen un estudio que, enfocado en Santiago del Estero, analiza su compleja estructura agraria con –por un lado– una marcada concentración y polarización de la propiedad, así como también uno de los mayores porcentajes de explotaciones campesinas y de tenencia precaria con posesiones de la tierra sin título legal. Una conformación que genera numerosos y variados conflictos por y en la tierra y donde los modos de vida de los pobladores de las explotaciones sin límites presentan un carácter de mancomunalidad, que se ve reflejado tanto en las prácticas de uso de los bienes, en la utilización de la mano de obra familiar y en las formas de organización social del trabajo como también en sus estrategias defensivas ante el avance acaparador del capitalismo por parte de estos grupos de base comunal.
Luis Wall lleva adelante un análisis sobre el paradigma químico de la agricultura basado en un conocimiento de la fisiología vegetal que considera a las plantas como entes individuales que expresan su genética en función del ambiente y de una batería de herramientas químicas para mejorar la nutrición de las plantas y combatir las enfermedades o las malezas. Este modelo se enfrenta hoy con el advenimiento de un nuevo paradigma que surge del conocimiento de los microbiomas, en particular en el suelo y en las plantas, que cambia completamente nuestra manera de comprender el desarrollo y funcionamiento de las plantas en relación con el ambiente. Este conocimiento es nuevo y nos ofrece la posibilidad de incorporar la biología del suelo a la ecuación agronómica y social, e ir abandonando, progresivamente, el paradigma químico tradicional. De esta manera, se puede garantizar un aumento de la productividad agrícola en forma amigable con el ambiente pudiendo, incluso, la agricultura ser una nueva herramienta para enfrentar el cambio climático. Los problemas generados por la agricultura se resuelven, desde esta perspectiva, con una nueva agricultura.
María del Rosario Prieto, Facundo Rojas, Facundo Martín, Diego Araneo, Ricardo Villalba y Salvador Gil Guirado nos remiten a otra dimensión clave de las relaciones entre la sociedad y el ambiente, el de las “las sociedades hídricas”, que se han caracterizado históricamente por un manejo tecnológico y político del agua, con gran repercusión en la producción de sus territorios. En este caso, analizando el caso de la provincia de Mendoza, donde la gestión y control del agua explica gran parte de su geografía y paisaje. Los autores comparan desde el punto de vista hidroclimático, socioeconómico y cultural tres de las mayores sequías producidas en Mendoza en los últimos 120 años (1924/1925; 1968/1969 y 2010/2015), y en esos contextos se interpretan las prácticas y discursos de diferentes actores sociales (gubernamentales y periodísticos) que permitirían comprender las valoraciones relativas a la escasez y carencia de agua y su impacto en el ordenamiento productivo.
Por último, esta segunda parte la cierra el trabajo de Paula Awe, quien centra su estudio en el abordaje de la política hídrica de la provincia de Río Negro y la del valle inferior del río Negro, a partir de la revisión de los actores que hacen a dicha política, la normativa existente y una descripción de cómo repercute en las personas y sus proyectos de vida valorados. Todo ello bajo la perspectiva de desarrollo humano, entendida tanto como enfoque y como proceso, donde los impactos de la política pública del agua están dados porque se priorizó su función productiva, esto es, a partir de concebir el agua fundamentalmente como una forma de capital.
Hasta aquí, una breve síntesis del contenido de libro. Solo queremos agregar un dato que nos parece importante y que quizás constituye un logro del texto. Nuestro trabajo ha sido la sumatoria de diversos investigadores con trayectorias disciplinares diversas: ingenieros forestales, antropólogos, biólogos, historiadores, geógrafos y comunicadores, quienes nos han permitido llevar adelante un trabajo pluridisciplinar, que muchas veces se declama pero pocas se concreta. Quizás, nuestro mayor orgullo sea que el libro siente una base para comprender y debatir de forma compleja y multidisciplinar los problemas del mundo rural argentino contemporáneo.
Bibliografía
Altieri, M. y Nicholls, C. (2002). “Una perspectiva agroecológica para una agricultura ambientalmente sana y socialmente más justa en la América Latina del siglo XXI”. En Leff, E. (comp.), La transición hacia el desarrollo sustentable. Perspectivas de América Latina y el Caribe. México: INECC-SEMARNAT-UAM-PNUMA. www.inecc.gob.mx/publicaciones2/libros/363/cap.12.html
Carrasco, A., Sánchez, N. y Tamagno, L. (2012). Modelo agrícola e impacto socio-ambiental en la argentina: monocultivo y agronegocios. La Plata-UNLP y AUGM, p. 5. www.libros.unlp.edu.ar/index.php/unlp/catalogo/view/312/2929/953-1.
Viglizzo, E. (2008). “Agricultura, clima y ambiente en Argentina: tendencias, interacciones e impactos”. En Solbrig, Otto y Adámoli, Jorge (coords.), Agro y ambiente: una agenda compartida para el desarrollo sustentable. Foro de la cadena agroindustrial, Buenos Aires. Resumen Ejecutivo.www.foroagroindustrial.org/home.php=
- UNQ-CONICET.↵






