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Reflexión sobre la importancia de romper con la legitimación de lenguaje sexista en el aula

Un granito de arena para ir rompiendo con lo “legitimado”

Andrea Laprebendere, Cecilia Noli y Natalia Banfi

La palabra que sana

 

Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje,

alguien canta el lugar en que se forma el silencio.

Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo.

Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa

(Alejandra Pizarnik).

Todo está en la palabra

A partir de la ley 26150, Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ESI) se establece que “Todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal.” Y define como educación sexual integral “la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos”. El programa de la ESI propone que la escuela permita reconocer las diferencias entre varones y mujeres y a la vez que brinde una perspectiva crítica para visualizar las injusticias de género. 

Es en este marco que nos interesa reflexionar sobre el lenguaje universal masculino. El poema que da inicio a este trabajo nos invita a pensar como detrás de las palabras se dice más de lo nombrado “Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa”. Tal como señala Kaplan (2016) “las palabras y las emociones nos envuelven, nos tocan, nos incluyen, nos someten y nos marginan.”  A partir de esto, como estudiantes y futuras docentes nos interesa pensar en el uso que hacemos de nuestra lengua y sus significados e implicancias menos evidentes o visibles.

Hablar de cómo hablamos

El lenguaje no es un producto de la naturaleza, el lenguaje es una creación cultural y la lengua española como tal, refleja el contexto social y sus asimetrías. Es así que Kaplan (2016) señala que la dominación masculina no es constitutiva de un orden natural, sino que es una construcción social y “entonces la violencia simbólica de la dominación no es intrínseca a la “naturaleza” (Kaplan 2016). La dominación masculina, como afirma Kaplan (2016), se extiende a través de todas las relaciones sociales ya que es producto de una violencia simbólica que es invisible para sus propias víctimas. Así, durante todo este tiempo, nos han hecho creer que el plural masculino es genérico. Entonces frases como la de Rousseau “El hombre es bueno por naturaleza” nos hicieron suponer que la palabra “hombre” incluía tanto a hombres como mujeres. Como si el uso del género masculino comprendiera también al femenino, presentando al lenguaje como genérico neutro y no de carácter sexista. Como dice Maffía (2010), tomando palabras de Lagarde, el lenguaje masculino universal “no es una construcción lingüística sino filosófica y política, con la que se subsume la categoría mujer en la categoría hombre, y se desaparecen todos sus contenidos de especificidad humana.” Este uso del supuesto universal masculino es, como dice Alonso (2007) “una costumbre que en el mejor de los casos, esconde o invisibiliza a las mujeres y en el peor, las excluye del proceso de representación simbólica que pone en funcionamiento la lengua.” Y, consideramos que además de invisibilizar a las mujeres, omite la existencia de cualquier otra realidad que no se ajuste a la lógica heteronormativa. “Y es que el sexismo en el lenguaje también oculta a la diversidad” (Maffía, 2010). Es decir que lejos de incluir la pluralidad, el lenguaje sexista únicamente representa al hombre, perpetuando la asimetría entre lo masculino como superior y lo femenino como lo inferior.

El lenguaje sexista entonces no enuncia, en su falso plural genérico, a las mujeres, sino que las omite y a su vez las silencia. “La falta de representación simbólica de las mujeres las hace invisibles en múltiplos usos del lenguaje” (Kaplan, 2016). 

Como señalan Castorina y Kaplan (2006) el sistema educativo reproduce algunas formas de dominación dado que la actividad educativa es llevada a cabo por quien es reconocida como una “autoridad legítima” es así que “análogamente los alumnos aceptan que el lenguaje oficial es “legítimo”” (Castorina y Kaplan, 2006). Si el lenguaje se legitima en las instituciones educativas, quiere decir que tal como afirma Alonso (2007) las instituciones escolares son espacios sociales donde “se enseña como correcta, de manera rutinaria y acrítica una forma de usar la lengua que es sexista y androcéntrica.” El androcentrismo es una forma de sexismo en la que el varón se postula como norma universal y desde el lenguaje el uso genérico masculino oculta lo femenino, así como también deja por fuera la diversidad. Entonces, lo masculino es el centro del universo y también el centro del lenguaje. 

Nuestra intención por reflexionar sobre el lenguaje utilizado en el aula parte de la noción que “El lenguaje resulta un campo de disputas donde se nomina, y con ello se da existencia, se hacen visibles o se ocultan las realidades, los sujetos, las formas de vida”. Lo que decimos, cómo lo decimos y también lo que no decimos transmiten mensajes. La forma en la que somos nombrados es a través de la cual ingresamos al mundo social. Es así que Morgade (2006) afirma la existencia de “un discurso hegemónico escolar relativo a las relaciones de género que tiende a legitimar la femeineidad y la masculinidad tradicional”. Perla Zelmanovich plantea la necesidad de tener siempre presente la vulnerabilidad del niño y el joven entendiendo que “el aparato psíquico del sujeto infantil está en constitución.” (Zelmanovich, 2003). Vale decir que es preciso tener en cuenta que la subjetividad de los estudiantes se funda a partir del discurso de los adultos y entonces “requiere de alguien que le acerque al niño la lengua y la cultura, y que, al mismo tiempo, le ofrezca espacios de protección que le posibiliten aprehenderla” (Zelmanovich, 2003). 

Es decir que el lenguaje utilizado en las instituciones escolares “van dando forma a los/as sujetos/as que tendrán reconocimiento social y aquellos/as que permanecerán en sus márgenes” (Alonso, 2007). Nos preguntamos entonces, ¿qué sucede con aquellas formas de vida que están por fuera del marco de la heteronormatividad? ¿Qué lugar ocupan en el mundo si no son nombradas y no pueden nombrarse? Y más aún, ¿qué sucede si las formas habilitadas para nombrarlas son desde el prejuicio, la discriminación, la fobia? 

Esto pone de manifiesto la importancia que tiene reflexionar sobre la manera en la que hablamos en la escuela, así como también plantearnos de qué manera hablamos del lenguaje. Es decir la importancia que tiene desnaturalizar la gramática, romper con la idea que el lenguaje es una cosa dada por la naturaleza y como enuncia Diana Maffía (2010) comenzar a reconocer que “el lenguaje es el techo que nos abriga o el silencioso empujón que nos deja a la intemperie, fuera de lo humano”. Como dice Zelmanovich (2003) “No se trata de asumir toda la responsabilidad social, se trata de encontrarnos los adultos en una misma apuesta, la de encarnar para nuestros alumnos a otro disponible, que pueda ejercer funciones subjetivantes.”

Cada palabra tiene consecuencias. Cada silencio también

La frase de Jean P. Sartre que utilizamos como título de esta última parte nos ayuda a resumir lo que hasta acá hemos intentado describir; como el uso del lenguaje sexista tiene el poder de, en su omisión, producir sufrimiento, discriminación y también violencia simbólica. La violencia simbólica es uno de los 5 tipos de violencia que define la Ley 26485 de Protección Integral para prevenir, sancionar, y erradicar la violencia contra las mujeres.  Se entiende que la violencia simbólica se expresa visibilizando el sistema jerárquico y también invisibilizando prácticas, sujetos e identidades que no se ajustan al parámetro de lo heterosexual. 

La ESI se basa en cinco ejes de enseñanza y aprendizaje: El ejercicio de los derechos, reconocer la perspectiva de género, el respeto por la diversidad, la valoración de la afectividad y el cuidado del cuerpo. A partir de estos ejes nos interesa a los fines de este trabajo, hacer foco principalmente en el eje del respeto a la diversidad que para la ESI significa rescatar el significado profundo de convivir en una sociedad plural y poner en valor la diversidad. Al mismo tiempo busca cuestionar la “presunción de heterosexualidad” y respetar la identidad de género y la orientación sexual de todas las personas. Es decir que la postura de la ESI, rechaza la violencia y la estigmatización por orientación sexual e identidad de género ya que no puede haber silencio pedagógico frente a la discriminación de cualquier tipo. Entendemos que el lenguaje, utilizado en el aula y en la escuela toda, cumple un rol central para empezar a poner en práctica este eje. Tal como indica Alonso (2007) “ha sido el lenguaje el instrumento más eficaz en la tarea pedagógica de silenciamiento” y propone desarmar algunas estructuras lingüísticas que permitan pensar un lugar diferente para las mujeres y al mismo tiempo un lugar para las disidencias sexuales en la sociedad y en la escuela.  Durante estos últimos tiempos el feminismo ha intentado trabajar con múltiples y diversas alternativas para evitar el sexismo en el lenguaje, buscando con ello suprimir también el racismo y la xenofobia. Estos intentos han ocasionado fuertes resistencias en algunos sectores. Es por este motivo que consideramos que empezar por reconocer que el lenguaje es androcentrista y habilitar un lenguaje inclusivo en el aula, que no tiene que ser único, ni rígido, sino que al menos de momento, cada docente encuentre de qué manera le resulta más cómodo el uso del lenguaje no sexista, es un primer paso hacia el respeto a la diversidad y el reconocimiento que vivimos en una sociedad plural. Tal como señala Zelmanovich (2003) los docentes dentro de las instituciones educativas juegan un rol significativo y estratégico ya que actúan como pasadores y mediadores de la cultura. “Así como los chicos no pueden procurarse solos el alimento cuando nacen, tampoco pueden procurarse solos los significados que, al tiempo que protegen, son un pasaporte a la cultura.” (Zelmanovich, 2003).

Romper el silencio

A partir de este breve recorrido hemos intentado destacar el carácter sexista que subyace por debajo del uso del lenguaje mal llamado “genérico universal masculino”, intentando reflexionar sobre la violencia simbólica que se esconde detrás de la naturalización del lenguaje. Y cómo a través de la elección de las palabras que utilizamos en el aula se constituye también la subjetividad de los estudiantes. Entender que el lenguaje es una construcción cultural nos permitir pensar en la posibilidad de crear, de producir nuevas formas de nombrarnos, nuevas formas que sean más plurales e inclusivas. 

Para concluir, como señala Graciela Morgade (2016) “Si las cosas ‘están así’ por una determinada configuración de poder, pero generan desigualdad social y padecimiento subjetivo, entonces habrá que cambiarlas”. Son tiempos de romper el silencio.

Bibliografía

Alonso, G. et al. (2007). El lenguaje que nos habla: Más allá del uso políticamente correcto del os/as. IV Congreso Nacional y I1 Internacional de Investigación Educativa Facultad de Ciencias de la Educación- Universidad Nacional de Comahue -Cipolletti. Recuperado de  http://www.larevuelta.com.ar/pdf/El_lenguaje_que_nos_habla.pdf 

Kaplan, C.; Castorina, J.; Kantarovich, G.; Orce, V. Brener, G. García, S.;

Mutchinick, A. y Fainsod, P. (2006). Violencias en plural. Sociología de las violencias en la escuela. Buenos Aires, Argentina: Miño y Dávila Bs. As. Recuperado de http://amsafeiriondo.org.ar/seminarioconflictividad/C.KAPLAN%20VIOLENCIA%20EN%20PLURAL.docx 

Kaplan, C. (2016). Género es más que una palabra. Educar sin etiquetas. Buenos Aires, Argentina: Miño y Dávila Editores.

Maffía, D. (2010, junio). Violencia y lenguaje: de la palabra del amo a la toma de la palabra. Encuentro Internacional sobre Violencia de Género-Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Recuperado de http://dianamaffia.com.ar/?p=5568 

Morgade, G. (2016). Educación Sexual Integral con perspectiva de Género. Buenos Aries, Argentina: Homo Sapiens Ediciones.

Morgade G. (2006). Sexualidad y prevención: discursos sexistas y heteronormativos en la escuela media. Revista del Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación. Recuperado de http://repositorio.filo.uba.ar/handle/filodigital/9941 

Zelmanovich, Perla. (2003). Contra el Desamparo. Recuperado de http://campuseducativo.santafe.gob.ar/wp-content/uploads/Contra-el-desamparo.-Perla-Zelmanovich.pdf



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