José Guadalupe Casas Puente[1] y Arturo De León Gómez[2]
Introducción
En el contexto actual, la alfabetización informacional (ALFIN) podría representar un papel preponderante para el aprendizaje y el desarrollo. Es claro que la información, además de abundante, es de fácil acceso gracias a la digitalización, por lo que deberían asumir un rol de mayor relevancia los futuros profesionistas, quienes deberían desarrollar estas habilidades para poder discernir entre fuentes confiables y de dudosa procedencia y las que, con fines políticos o económicos, pretenden distorsionar la verdad.
Este proceso va más allá de usar y detectar la información, ya que es necesario saber evaluar su calidad, relevancia y veracidad. En este sentido, el empleo adecuado de tecnologías educativas, alineado con los estándares establecidos por la Asociación Internacional de Uso de Tecnologías para la Educación (ISTE), contribuye a un aprendizaje más dinámico y colaborativo, y ofrece herramientas que enriquecen el proceso de enseñanza-aprendizaje. Asimismo, promueve un entorno en el que los estudiantes pueden desempeñarse de manera responsable como ciudadanos digitales, capaces de tomar decisiones informadas en su vida cotidiana.
Este enfoque propuesto y que pretende la integración de tecnologías y ALFIN implica que los educadores no solo deban transmitir conocimientos tradicionales, sino también preparar a los estudiantes para enfrentar desafíos contemporáneos, tales como la proliferación de noticias falsas y la desinformación. Estos fenómenos se han convertido en una preocupación global, especialmente en áreas críticas como la salud, donde la difusión de información incorrecta puede tener repercusiones graves en la sociedad.
Por ello, la formación en ALFIN se presenta como una herramienta clave para que los estudiantes desarrollen habilidades de pensamiento crítico y capacidad de análisis, que les permitan identificar y contrarrestar la desinformación de manera efectiva.
El objetivo de esta investigación es analizar cómo la integración de la alfabetización informacional en los programas educativos puede mejorar las habilidades informacionales de los estudiantes y fortalecer su capacidad para gestionar, evaluar y utilizar la información de manera efectiva. En particular, se centrará en la prevención de la difusión de noticias falsas en el ámbito de la salud en México, un tema de creciente importancia dado el impacto que la desinformación puede tener en las decisiones de salud pública y en el bienestar de la población. La investigación buscará explorar cómo los programas educativos pueden integrar estrategias de instrucción de búsqueda de información que les permitan a los estudiantes poder identificar fuentes confiables, y de paso promover un manejo responsable de la información en temas de salud.
A través de este análisis, se espera generar resultados que proporcionen estrategias prácticas y recomendaciones aplicables a educadores y responsables de políticas educativas. El fin es fomentar una cultura de pensamiento crítico, responsabilidad y ética en el manejo de la información, no solo para mejorar el rendimiento académico, sino también para fortalecer la capacidad de los estudiantes de participar activamente en la sociedad y en la toma de decisiones informadas. De este modo, este estudio contribuirá al bienestar social y la salud pública en un contexto en el que la desinformación no solo afecta la educación, sino que también tiene repercusiones potencialmente dañinas para la salud y la seguridad de la comunidad.
Estado del arte
La ALFIN ha sido ampliamente estudiada en las últimas décadas como una competencia esencial para la sociedad del conocimiento. Su importancia radica en la capacidad de las personas para localizar, evaluar y utilizar la información de manera eficaz. En el contexto universitario, esta alfabetización es clave para el desarrollo de habilidades críticas que permitan a los estudiantes acceder a información fiable, particularmente en áreas sensibles como la salud.
Diversos estudios han destacado la importancia de la alfabetización informacional en la educación superior, subrayando su relación con el pensamiento crítico y la toma de decisiones informadas. La falta de estas competencias contribuye a la propagación de la desinformación, lo que afecta a sectores clave como la salud pública (Vraga & Bode, 2020).
El avance de las tecnologías digitales ha facilitado el acceso a recursos de información y el desarrollo de habilidades de ALFIN. Herramientas como los cursos masivos en línea (MOOC) han demostrado ser efectivos para mejorar la alfabetización informacional, proporcionando formación flexible y escalable ya que estas tecnologías permiten a los estudiantes desarrollar estrategias de verificación de datos y análisis crítico de la información (Tandoc et al., 2018).
La proliferación de noticias falsas y datos inexactos representa un desafío significativo en la era digital. Nielsen et al. (2020) destacan que la exposición constante a información errónea afecta la toma de decisiones en salud pública, lo cual genera consecuencias potencialmente graves. Iniciativas para combatir este fenómeno incluyen la integración de ALFIN en los planes de estudio universitarios y campañas de concienciación sobre desinformación.
Las investigaciones sobre ALFIN y tecnologías educativas han empleado metodologías mixtas para evaluar la efectividad de programas y herramientas digitales. La combinación de encuestas y entrevistas a expertos ha permitido medir el impacto de la alfabetización informacional en la toma de decisiones y en la prevención de la desinformación (Nielsen et al., 2020; Vraga & Bode, 2020).
Este estudio demuestra la necesidad de una estrategia clave para la prevención de la desinformación en salud, y además destaca la necesidad de diseñar estrategias educativas innovadoras que fortalezcan estas competencias en estudiantes universitarios, a fin de promover una ciudadanía informada y crítica en la era digital.
Marco teórico y contextual
El tema propuesto proporciona un marco e información esenciales para enfrentar la desinformación o información falsa sobre salud en México, que, según datos, se ha magnificado a partir de la crisis sanitaria del 2020, por lo que la instrucción en las alfabetizaciones −mediática e informacional− y el uso eficiente de las tecnologías de información serían una unión estratégica clave que permitiría desarrollar habilidades de pensamiento crítico, y esto le podría brindar a la comunidad el poder de distinguir la veracidad en un mar de informaciones de todo tipo y naturaleza (Echeverría & Rodríguez Cano, 2023).
Por la situación planteada en el párrafo anterior, las iniciativas para abatir la desinformación deberían estar incluidas en los currículos académicos para que puedan empoderar a los ciudadanos en el entorno digital. Además, el uso de IA y de herramientas digitales puede ayudar a identificar y compartir información de salud confiable. Las instituciones también son fundamentales en la promoción de estas habilidades, aunque muchas iniciativas actuales son limitadas (Massaro & Bernstein, 2023).
Sería crucial que educadores, formuladores de políticas y medios tradicionales y alternativos colaboren para maximizar el impacto de esta sinergia planteada. Sin embargo, siguen existiendo desafíos, como la rápida propagación de la desinformación y las diferencias en alfabetización digital muy marcadas en diversos contextos, respecto de lo cual se requiere un compromiso sostenido y nuevas innovaciones (Keselman, 2022; Morejón Llamas, 2020; Washington, 2023).
Para explicar en detalle lo anterior, es importante indicar que la definición más común de fake news es la que nos indica que corresponde a rumores y noticias falsas o dudosas, lo cual la RAE (2023) especifica como similar a un “ruido confuso de voces”. Esto puede, de alguna manera, revelar el caos y el desorden que se generan y que son de rápida difusión entre la comunidad. Estas situaciones negativas y complejas se pueden viralizar y descontrolarse, al punto de volverse nocivas.
Existen otros términos afines, como son “desinformación”, “infodemia” e “infijación”, pero en lo que sí coinciden es que los tres, al igual que las noticias falsas, son considerados perjudiciales ya que están relacionados con la propagación de información engañosa, por lo que inciden de forma negativa particularmente en crisis sanitarias. Aclarando lo anterior, “desinformación” se refiere a la información falsa que es difundida deliberadamente para influir en la opinión pública (Emery et al., 2022), “infodemia” significa una oleada abrumadora de desinformación, y por “infijación” puede entenderse el proceso de incrustar información engañosa dentro de una narrativa, lo que dificulta la identificación y el contrapeso. Es necesario señalar que, si bien la desinformación y las infodemias están bien documentadas, la infijación es un término emergente que requiere mayor exploración para comprenderlo con exactitud (Rovetta & Castaldo, 2022; Shital Patil et al., 2023).
El investigador francés Marc Bloch, quien se especializa en temas de análisis de información, ha explorado cómo el miedo, la incredulidad y las estructuras sociales fomentan la circulación de estos citados rumores. Este autor argumenta que estas “falsedades” emergen de contextos y situaciones donde hay grupos predispuestos, y en donde la psicología social juega un papel crucial en su propagación. Bloch señala que, incluso durante la Primera Guerra Mundial, las trincheras se convirtieron en un “caldo de cultivo” para estas leyendas, revitalizando la tradición oral en un entorno de desconfianza hacia la información oficial, y así es como la rápida difusión de rumores, como lo analizó Bloch, destaca la importancia de promover el pensamiento crítico en educación (Rios-Gordillo, 2023).
Para enfrentar el desafío del acceso a la información y contrarrestar la desinformación, es esencial implementar metodologías activas que empoderen tanto a los estudiantes como a la comunidad en general. Instituciones reconocidas, como la American Library Association (ALA) y la International Society for Technology in Education (ISTE), son fundamentales en este esfuerzo, ya que promueven un acceso serio y responsable a la información. Además, ambas promueven la importancia de un enfoque educativo que fomente la creatividad y el pensamiento crítico, preparando a los estudiantes para navegar en un entorno complejo y lleno de información. La ALA, en particular, refuerza esta perspectiva al incentivar la lectura y garantizar el acceso equitativo a la información, elementos clave para cultivar ciudadanos informados y críticos (Caridad-Sebastián et al., 2018).
La propuesta se fortalece revisando los trabajos de Rubén Puentedura (2013), quien aboga por el uso efectivo de la tecnología en el aula, promoviendo con ello un enfoque crítico ante la desinformación y el empleo de tecnologías educativas desde un doble camino, de mejora y transformación, en donde, en un primer nivel, aborda términos como la sustitución y la aumentación, y, en un segundo nivel, la modificación y redefinición.
Mike Ribble (2015), en su libro Digital citizenship in schools: Nine elements all students should know, desarrolla la teoría de los nueve elementos de la ciudadanía digital como medio de concientización en la interacción de manera ética, segura y responsable en los entornos digitales. Estos desarrollan aspectos clave como el acceso equitativo a la tecnología, el uso adecuado de herramientas de comunicación digital y la seguridad en línea; este autor destaca el papel vital que tiene la alfabetización digital, que implica no únicamente manejar las tecnologías, sino también la evaluación crítica de la información que circula en la red, como las noticias falsas y demás elementos de desinformación.
Una vez abordado todo este cúmulo de recopilación de información sobre esta temática, y para ilustrar mejor esta idea, se coloca un ejemplo claro de cómo la propagación de noticias falsas ha generado problemas sanitarios, en este caso sobre el brote de sarampión en varios países de Europa, donde se desató una ola de desinformación sobre las vacunas. La difusión de información errónea acerca de la supuesta relación entre las vacunas y el autismo llevó a una disminución en las tasas de vacunación, lo cual resultó en brotes de enfermedades que habían estado controladas durante años. Este caso resalta la necesidad urgente de promover la alfabetización informacional y el uso responsable de la información en salud (Bozzola et al., 2020).
Para ilustrar de mejor forma el contexto planteado en este documento, estos mismos autores (2020) señalan que el sarampión, una enfermedad altamente contagiosa pero prevenible, sigue causando casi cien mil muertes anuales a pesar de las campañas de vacunación. La desinformación sobre la seguridad de estas vacunas disminuye la confianza pública y afecta las estrategias de inmunización, lo que lleva a la vacilación y al resurgimiento de enfermedades prevenibles. La comunicación efectiva es esencial para abordar estos desafíos. Las reservas sobre la vacunación contra el sarampión se centran en su seguridad y sus posibles efectos adversos, asumiendo que es una enfermedad inofensiva, y se destacan los rebrotes de hace una década en Brasil y en Italia (Megiani et al., 2021).
Aunado a lo anterior, un artículo publicado en The Lancet de finales de los 90 sugirió, sin comprobar, la existencia de un vínculo entre la vacuna MMR (sarampión, paperas y rubéola) y la presencia del autismo. Aunque dicho estudio fue posteriormente retirado, la controversia resultante entre la comunidad alimentó una creciente desconfianza hacia esa vacunación, la cual se evidenció en estudios posteriores realizados en Dinamarca, con más de 537.000 niños, y en Estados Unidos, con 1.26 millones, que demostraron la ausencia de cualquier relación entre la vacuna y el autismo. Sin embargo, las dudas generadas llevaron a una caída en las tasas de vacunación en el Reino Unido, que bajaron al 79.9 % en 2003-2004, lo cual provocó un aumento en los casos de sarampión. En 2015, el brote de sarampión en Disneyland mostró que la mitad de los casos se registraron en personas no vacunadas, lo cual subraya la influencia negativa de la desinformación en la percepción pública sobre la vacunación (Bozzola et al., 2020).
Para abonar a esta idea, durante el apogeo de la crisis del COVID-19, el uso de medios digitales creció, lo que revela una dependencia de la información en línea. La falta de datos precisos fue rápidamente ocupada por desinformación y rumores; es por ello por lo que la UNESCO distingue entre desinformación, que implica intentos deliberados de confundir, e información errónea, creada sin intención maliciosa. La difusión de noticias falsas afectó la confianza en las fuentes de salud pública (OMS, 2024).
Relacionado con lo anterior, WhatsApp implementó restricciones en el reenvío de mensajes, mientras que el Gobierno de India instó a las plataformas digitales a controlar la desinformación. La alfabetización mediática e informacional se volvió crucial para que los usuarios consumieran información de salud de manera responsable. Un estudio consultado indica que se deberían evaluar los niveles de alfabetización mediática e informacional y cómo las audiencias procesan la información durante situaciones de crisis, especialmente en salud, destacando la necesidad de desarrollar habilidades críticas para navegar el ecosistema informativo (Kazaryan & Shutova, 2023; Klarin et al., 2024; Rajasekhar et al., 2021).
Por otro lado, un ejemplo exitoso de una campaña de alfabetización informacional mediante el uso de tecnología es la iniciativa “Check It Before You Share It” en Estados Unidos, que enseñó a los ciudadanos a evaluar la veracidad de la información en redes sociales. Esta campaña, mediante talleres y recursos en línea, logró aumentar la capacidad de las personas para identificar noticias falsas, lo que redujo la difusión de información incorrecta sobre temas de salud, especialmente durante la pandemia de COVID-19 (Rajasekhar et al., 2021).
Se han detectado más campañas exitosas para combatir la desinformación a través de estrategias innovadoras y esfuerzos de colaboración como pueden ser la iniciativa Comprova de Brasil (Noain-Sánchez, 2020), así como la iniciativa de referéndum transparente de Irlanda, que utilizó el crowdsourcing (obtener ideas o servicios de un gran grupo de personas, generalmente online) para mejorar la participación y el conocimiento de la comunidad mientras desacreditaba efectivamente la desinformación (Paar-Jakli, 2024).
Adicionalmente a los casos anteriores, se han implementado por estrategia algunos algoritmos escalables como Reverse Prevention Sampling (RPS), que han mostrado resultados alentadores en la prevención de la difusión de desinformación al dirigirse estratégicamente a los usuarios clave en las redes sociales en África (Osadola et al., 2024).
Es importante señalar que persisten los desafíos para garantizar la participación pública sostenida y adaptarse al panorama cambiante de la desinformación, y, por ende, se propone un modelo de integración de ALFIN y tecnologías educativas que se centre en desarrollar habilidades críticas en la población para discernir información veraz en temas de salud.
Diseño metodológico
Para este trabajo, además de la revisión teórica que se ha expuesto, se empleó un enfoque mayormente descriptivo-exploratorio para lograr analizar cómo la integración de ALFIN en los programas educativos mejora las habilidades informacionales de los estudiantes, lo que los ayuda a prevenir la difusión de noticias falsas en el ámbito de la salud en México. Para acceder a lo anterior, se utilizó información secundaria obtenida de fuentes confiables y estadísticas, tanto públicas como de bases de datos como Statista.
Se analizó la información confiable a través de documentos académicos, informes gubernamentales y publicaciones especializadas, priorizando la información proveniente de fuentes como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y la Secretaría de Salud de México, con el fin de contextualizar la prevalencia de la desinformación en salud y su impacto social. Además, se incluyeron estadísticas públicas para proporcionar una base cuantitativa sobre el fenómeno.
El análisis se realizó tanto de manera cualitativa como cuantitativa. El análisis cualitativo consistió en identificar patrones y buenas prácticas en los estudios revisados sobre ALFIN, mientras que el análisis cuantitativo se centró en evaluar la relación entre las habilidades informacionales de los estudiantes y la propagación de noticias falsas en el ámbito de la salud mediante un instrumento electrónico.
Se utilizaron las citadas fuentes de acceso público y datos estadísticos oficiales, respetando los estándares éticos en la investigación y citando adecuadamente todas las fuentes. Al tratarse de un estudio basado en datos secundarios, los resultados dependen de la calidad y disponibilidad de la información existente, lo que puede limitar la generalización de los hallazgos a contextos más específicos o recientes.
Resultados
Dentro del análisis de los resultados, se deberá indagar en la actualización constante de datos ya que esto es fundamental para garantizar la relevancia y efectividad de cualquier investigación en el ámbito de la salud. En un entorno donde la información evoluciona rápidamente debido a nuevos hallazgos científicos y cambios en las percepciones públicas, es vital emplear fuentes de datos actualizadas. Esto implica revisar regularmente publicaciones de organizaciones de salud reconocidas, así como encuestas recientes sobre la percepción de la vacunación, para asegurar que las estrategias de intervención se basen en información precisa y contextualizada.
A continuación, se presentan los hallazgos que emanan de la literatura consultada y datos afines sobre el nivel de credibilidad de los medios noticiosos más comunes, ya que en México las personas tienen sus propias percepciones sobre los medios de comunicación y su credibilidad. En la siguiente tabla, que emerge de una encuesta realizada en México a principios de 2024, se exponen los resultados detectados acerca de la credibilidad de empresas de medios noticiosos con presencia nacional en nuestro país. El 69 % de los encuestados que consumieron noticias en los 30 días previos a la encuesta puntuaron entre 6 y 10 en una escala de confianza de 10 puntos. Cabe señalar que se filtró a quienes señalaron que no habían consumido ninguna noticia en el último mes, para asegurar que las respuestas irrelevantes no afectaran negativamente la calidad de los datos.
Tabla 1. Medios de difusión y su credibilidad en México
| Medio de difusión | % Confía | % Indiferente | % No confía |
| Aristegui Noticias | 57 | 21 | 22 |
| Canal 22 | 61 | 24 | 15 |
| CNN en español | 69 | 18 | 13 |
| El Economista | 59 | 24 | 17 |
| El Financiero | 60 | 23 | 17 |
| El Universal | 64 | 19 | 17 |
| Imagen | 63 | 20 | 17 |
| Latinus | 46 | 24 | 30 |
| Milenio | 63 | 20 | 17 |
| Medios locales | 57 | 25 | 18 |
| Radio Fórmula | 62 | 20 | 18 |
| Reforma | 58 | 22 | 20 |
| Televisa | 52 | 19 | 30 |
| TV Azteca | 57 | 20 | 23 |
| UnoTV | 60 | 23 | 17 |
Fuente: elaboración propia con resultados de Reuters (2024).
Es importante señalar que las redes sociales representan un foco de atención ante este tipo de fenómenos, ya que la desinformación en estas plataformas se difunde rápidamente y sin control. Esto puede tener un impacto significativo en la salud y en las decisiones de las personas, ya que muchas veces la información compartida carece de veracidad o contexto. La inmediatez y el alcance global de las redes sociales facilitan que rumores, teorías erróneas y noticias falsas se viralicen, tras lo que generan confusión y temor entre la población. Además, la falta de un filtro riguroso en la verificación de datos hace que las personas sean más susceptibles a creer y difundir información incorrecta.
Como resultado, esto puede llevar a decisiones perjudiciales en áreas críticas, como la salud pública, la política y el bienestar personal, lo que exacerba crisis sociales y afecta la confianza en instituciones y expertos. Por lo tanto, es fundamental promover la alfabetización mediática y el pensamiento crítico para ayudar a las personas a discernir entre información confiable y desinformación en el entorno digital.
Según estadísticas oficiales (INEGI, 2023), en México, el 83 % de los usuarios recibió noticias falsas a través de WhatsApp, con un 42.2 % de contenido fabricado. La desconfianza en autoridades incrementa la difusión de mensajes engañosos, especialmente relacionados con vacunas y COVID-19. La OMS ha señalado que las vacunas salvan vidas, pero que la información errónea reduce las tasas de vacunación. Las redes sociales pueden influir en el consumo de productos poco saludables, especialmente entre niños y adolescentes. A pesar de sus riesgos, ofrecen un espacio para difundir información científica.
A continuación, un breve reporte de datos detectados en una investigación reciente:
Tabla 2. Datos sobre la difusión de contenidos de dudosa procedencia en México
| Condición | Porcentaje |
| Usuarios en México que recibieron noticias falsas en WhatsApp | 83 % |
| Contenido fabricado | 42.2 % |
| Contenido engañoso o manipulado | 34.5 % |
| Contenido impostor (falsamente atribuido) | 19 % |
| Mensajes atribuidos a autores con autoridad/influencia | 70 % |
| Mensajes de personajes públicos | 6.5 % |
| Mensajes anónimos | 18.7 % |
| Mensajes de personajes desconocidos | 7.5 % |
| Publicaciones relacionadas con vacunas | 51 % |
| Publicaciones relacionadas con COVID-19 | 28.8 % |
| Videos de YouTube con información inexacta o engañosa | 20%-30 % |
| Anuncios en Facebook que promueven alimentos no saludables (dirigidos a adolescentes de entre 16 y 18 años) | 98 % |
Fuente: elaboración propia elaborada con información de Reyes-García et al. (2023).
La desinformación en redes sociales representa un desafío crítico para la salud pública. En México, el 83 % de los usuarios de WhatsApp ha reportado haber recibido noticias falsas, con un 42.2 % de estas siendo contenidos fabricados y un 34.5 % manipulados. Además, el 70 % de los mensajes se atribuyen a fuentes de autoridad, lo que puede generar confianza errónea. En plataformas como YouTube, entre el 20 % y el 30 % de los videos contienen información inexacta. Asimismo, el 98 % de los anuncios en Facebook dirigidos a adolescentes promueve alimentos no saludables, lo cual subraya la necesidad urgente de estrategias efectivas para mitigar la propagación de la desinformación, por lo que a continuación se exponen los siguientes resultados para complementar e ilustrar de mejor manera lo anterior.
Tabla 3. Relación de datos y aspectos que considerar en México
| Aspecto | Datos |
| Porcentaje de usuarios afectados | 83 % de usuarios en México recibieron noticias falsas en WhatsApp |
| Tipos de contenido falso | 42.2 % contenidos fabricados 34.5 % contenidos engañosos o manipulados 19 % contenidos impostores atribuidos a figuras de autoridad |
| Autenticidad de los mensajes | 6.5 % atribuidos a personajes públicos 18.7 % anónimos 7.5 % de personajes desconocidos |
| Temas más desinformados | 51 % sobre vacunas 28.8 % sobre COVID-19 60 % sobre pandemias |
| Impacto en la salud | Aumento de mortalidad por COVID-19 en América Latina debido a la desinformación |
| Efectos de la desinformación | Reducción de tasas de vacunación y aumento de enfermedades prevenibles |
Fuente: elaboración propia elaborada con información de Reyes-García et al. (2023).
El análisis de datos cualitativos se llevará a cabo mediante metodologías rigurosas que permitan extraer conclusiones significativas. Se empleará un enfoque de triangulación para combinar los resultados de encuestas con hallazgos de entrevistas en profundidad, lo que ofrecerá una visión integral del estado actual de la alfabetización informacional entre profesionales de la salud y el público general. Este análisis no solo buscará identificar patrones y tendencias en las competencias informacionales, sino también explorar las narrativas subyacentes que afectan la percepción de la vacunación, a fin de proporcionar un contexto más rico para los resultados.
La proliferación de desinformación en el ámbito de la salud ha alcanzado niveles alarmantes, especialmente en lo que respecta a las vacunas. Según un estudio del INEGI, hasta un 30 % de la población mexicana expresa dudas sobre la seguridad de las vacunas, una preocupación exacerbada por la difusión de noticias falsas en redes sociales. En un contexto global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado la desinformación como una “epidemia infodémica”, señalando que el 90 % de los contenidos compartidos en plataformas digitales sobre temas de salud carecen de evidencia científica.
Para abordar la problemática de la desinformación, es crucial evaluar los niveles de alfabetización informacional en diferentes segmentos de la población.
Investigaciones previas indican que solo el 25 % de los profesionales de la salud en México se sienten confiados en su capacidad para discernir información veraz de la falsa. En este sentido, intervenciones de ALFIN han mostrado resultados positivos en contextos educativos; por ejemplo, un estudio en una universidad de México reveló que, tras implementar módulos sobre evaluación de fuentes, las competencias informacionales de los estudiantes aumentaron en un 40 %. Estos datos son relevantes para el diseño de futuras intervenciones ya que ofrecen un marco para medir su efectividad a través de encuestas y entrevistas (UVM, 2023).
Un informe de la OMS señala que la hesitación vacunal (renuencia o duda sobre la vacunación, a pesar de la disponibilidad) ha llevado a un incremento del 550 % en casos de sarampión en algunos países, lo que subraya la importancia de identificar narrativas erróneas en las campañas de comunicación dirigidas. A través de este análisis, se espera desarrollar recomendaciones prácticas que empoderen a los ciudadanos para discernir información confiable (OMS, 2024).
Por otra parte, se ha revisado en algunos artículos que el 60 % de la población confía en la información oficial sobre salud si incluye resúmenes narrativos de hallazgos cualitativos. Esta metodología de presentación facilitará la comprensión de la información y su aplicación en el diseño de intervenciones educativas y campañas de concientización. Al centrarse en la actualización y el análisis de datos, este estudio no solo contribuirá a mejorar la alfabetización informacional en México, sino que también fomentará una ciudadanía digital más informada y resiliente frente a la desinformación (INEGI, 2023).
Para ir a una situación más particular, se presentan los hallazgos del estudio cuantitativo elaborado en septiembre de 2023 a 392 estudiantes de las facultades de Comunicación y de Artes Visuales, quienes revelan importantes aspectos sobre las competencias de alfabetización informacional y mediática de la población participante de las citadas facultades de la UANL. Cabe señalar que el estudio fue en línea, donde el número menor es 0 y el mayor es 9, y las preguntas fueron acerca de las percepciones sobre algunas situaciones relativas a las alfabetizaciones.
En la sección de alfabetización informacional, se observó un promedio general de 6.19, lo que indica un conocimiento básico de las estrategias de búsqueda de información. Sin embargo, el uso de herramientas específicas, como operadores booleanos, tuvo un promedio bajo de 4.19, lo que sugiere que los estudiantes no están familiarizados con técnicas avanzadas de búsqueda. A pesar de esto, lograron calificaciones más altas en la validación de la calidad y la actualización de la información, lo que sugiere que, aunque acceden a fuentes de bajo valor académico, tienen la capacidad de evaluar la información que consumen.
Tabla 4. Diagnóstico de ALFIN en estudiantes universitarios
| Reactivo relativo a | Percepción (0/10) |
| Consulta de medios impresos | 4.91 |
| Uso de sitios confiables | 6.41 |
| Consulta de fuentes informales | 7.38 |
| Uso de búsquedas efectivas | 4.32 |
| Evaluación de la información | 6.24 |
| Reconocimiento de ideas de autor | 6.66 |
| Uso de información actualizada | 6.26 |
| Habilidades para esquematizar la información | 6.94 |
| Uso ético de las fuentes consultadas | 5.55 |
| Divulgación en medios alternativos | 7.21 |
Fuente: obtención propia a través de encuesta electrónica realizada a 392 universitarios.
En cuanto a las competencias mediáticas, los resultados mostraron un sólido consumo de noticias digitales, con un promedio de 6.67, y una buena diversidad en el tipo de noticias que consumen, reflejada en un promedio de 6.68. Sin embargo, a pesar de su conciencia sobre la responsabilidad de los medios, evidenciada por un promedio de 7.70, la puntuación de 4.03 en relación con la difusión de fake news indica que algunos estudiantes comparten información engañosa. Además, la baja participación en iniciativas de alfabetización mediática (AMI), con un promedio de 3.69, destaca la necesidad urgente de promover una educación más efectiva en este ámbito, para mejorar así la capacidad crítica y el uso ético de la información en el entorno digital. Estos resultados subrayan la importancia de implementar programas formativos que fortalezcan estas competencias y preparen a los estudiantes para los desafíos actuales de la información.
Tabla 5. Diagnóstico de AMI en estudiantes universitarios
| Aspecto considerado | Percepción (0/10) |
| Consumo de noticias digitales | 6.67 |
| Diversidad en el tipo de noticias consumidas | 6.68 |
| Conciencia sobre la responsabilidad de los medios. | 7.70 |
| Difusión de fake news | 4.03 |
| Participación en iniciativas de alfabetización mediática | 3.69 |
Fuente: obtención propia a través de encuesta electrónica realizada a 393 universitarios.
Finalmente, la presentación de los resultados se realizará de manera clara y accesible, utilizando gráficos y tablas para ilustrar datos cuantitativos y resúmenes narrativos para los hallazgos cualitativos. Esto permitirá no solo comunicar eficazmente los resultados, sino también facilitar la comprensión y la aplicación de las recomendaciones derivadas del estudio. Con un enfoque sistemático en la actualización y el análisis de datos, se espera contribuir a construir una ciudadanía digital más informada y discernir información veraz en la salud pública.
Para las recomendaciones a futuro, se deberá profundizar en la creciente proliferación de noticias falsas o inexactas en el ámbito de la salud pública, la cual expone la urgencia de fortalecimiento en ALFIN en la población. En México, la desconfianza hacia las vacunas, alimentada por desinformación en redes sociales, subraya la importancia de empoderar a los ciudadanos para que puedan discernir información veraz. Integrar los modelos de alfabetización informacional o mediática en los entornos educativos y en campañas de comunicación es esencial para crear una ciudadanía crítica y responsable en la era digital, capaz de afrontar los desafíos de desinformación y mejorar la salud pública.
En primer lugar, es esencial implementar programas de ALFIN y de AMI en el currículo educativo desde niveles básicos hasta superiores. Esto permitirá a los estudiantes desarrollar habilidades críticas para discernir información veraz, especialmente en temas de salud pública como la vacunación. Las instituciones educativas deben trabajar en colaboración con expertos en comunicación y salud para diseñar módulos que integren tecnologías educativas y enfoques innovadores. Mediante la evaluación continua de estos programas, se podrá adaptar el contenido a las necesidades específicas de los estudiantes y las comunidades, a fin de garantizar un aprendizaje efectivo.
Además, es fundamental que se establezcan campañas de concientización dirigidas a la población general, enfocadas en desmentir mitos sobre las vacunas y promover la confianza en la información oficial. Estas campañas deben aprovechar las plataformas digitales y las redes sociales, utilizando estrategias similares a las de la exitosa campaña “Check It Before You Share It” en EE. UU. Incluir testimonios de profesionales de la salud y líderes comunitarios puede ayudar a construir credibilidad, de manera de facilitar la difusión de información precisa y de reducir la propagación de noticias falsas (Unfried & Priebe, 2024).
Finalmente, es recomendable que se realicen estudios de seguimiento para evaluar la efectividad de las intervenciones de ALFIN y las campañas de concientización en la percepción pública de las vacunas. Estos estudios deben centrarse en el análisis de datos cualitativos y cuantitativos, para proporcionar información valiosa sobre cómo la alfabetización informacional puede impactar las actitudes hacia la vacunación. A medida que se recopilan y analizan estos datos, se podrán desarrollar mejores prácticas y recomendaciones para fortalecer la respuesta de salud pública ante la desinformación, lo que asegurará una población más informada y resiliente.
Se anticipa que este estudio produzca varios resultados clave que fortalecerán la propuesta, los cuales deberán quedar listos una vez concluida en su totalidad esta investigación. Estos se enlistan a continuación:
- Desarrollo de competencias informacionales: se espera que la implementación de ALFIN en el currículo educativo mejore las competencias informacionales de los estudiantes, de manera de facilitar su capacidad para evaluar la veracidad de la información. Esto se medirá mediante diagnósticos aplicados antes y después de las intervenciones.
- Plan piloto en instituciones educativas: se implementará un plan piloto en una universidad, donde se integrarán módulos de ALFIN en asignaturas clave. Esto ofrecerá un modelo replicable para otras instituciones, para evaluar el impacto en el aprendizaje y la percepción de los estudiantes sobre la calidad de la información en salud.
- Curso masivo en línea (MOOC): se desarrollará un MOOC para fortalecer habilidades informacionales en un formato accesible. Se espera alcanzar una amplia audiencia, para evaluar su efectividad a través de encuestas y un pretest/postest.
- Mejora en campañas digitales de salud: se optimizarán estrategias de marketing digital mediante principios de ALFIN, buscando una diseminación más efectiva de información precisa y una reducción de la difusión de noticias falsas, utilizando métricas como el alcance y la tasa de interacción.
- Estudios de caso y buenas prácticas: se documentarán casos exitosos de ALFIN y tecnologías educativas, para que sirvan como modelos de referencia para mejorar la alfabetización informacional y combatir la desinformación en salud.
- Recomendaciones para políticas educativas: el estudio ofrecerá recomendaciones prácticas para responsables de políticas educativas, incluyendo estrategias para integrar ALFIN en currículos existentes y la capacitación docente en tecnologías educativas.
En resumen, abordar la desinformación en salud pública requiere un enfoque multifacético que combine la alfabetización informacional, campañas de concientización efectivas y estudios continuos de evaluación. Al implementar programas de ALFIN y diseñar estrategias de comunicación digital adecuadas, se puede fomentar una población más informada y menos susceptible a las noticias falsas. A medida que se desarrollan y aplican estas recomendaciones, se espera no solo mejorar la confianza en la información sobre vacunas, sino también fortalecer la salud pública en México, para asegurar así un futuro más saludable y consciente para todos.
Conclusión
Los resultados esperados no solo buscan mejorar las habilidades informacionales de los estudiantes, sino también crear un entorno más informado en torno a la salud pública. Este estudio busca empoderar a estudiantes y educadores, fomentando una ciudadanía digital responsable. Al mejorar las competencias informacionales y optimizar campañas de salud, se contribuirá a un entorno informativo más saludable y confiable, esencial para la protección de la salud en México.
La creciente desinformación en el ámbito de la salud destaca la necesidad urgente de redefinir nuestras estrategias educativas y comunicativas. Es evidente que no basta con proporcionar información veraz; es fundamental cultivar un entorno en el que la ciudadanía esté capacitada para discernir y evaluar críticamente las fuentes. Este enfoque puede transformar la relación entre la información y el individuo, fomentando un sentido de responsabilidad compartida en la búsqueda de la verdad.
Asimismo, la integración de tecnologías educativas en este proceso no solo mejora el acceso a la información, sino que también ofrece plataformas interactivas que estimulan el aprendizaje y el pensamiento crítico. Al facilitar espacios donde se fomente la discusión y el análisis colaborativo, se puede construir una cultura de la salud más robusta y resiliente, capaz de enfrentar la desinformación con agilidad y eficacia.
Además, es crucial que la alfabetización informacional se convierta en un componente esencial de la educación en todos los niveles. Este enfoque debe trascender las aulas y convertirse en un elemento cotidiano de la vida comunitaria, a fin de fortalecer la capacidad de los ciudadanos para navegar en un ecosistema informativo cada vez más complejo.
Por último, es necesario reconocer que la lucha contra la desinformación en salud es un proceso continuo que requiere la adaptación constante de estrategias. A medida que evolucionan las plataformas digitales y los métodos de comunicación, también deben hacerlo nuestras intervenciones educativas. Solo a través de un compromiso activo y flexible podemos crear un futuro donde la salud pública esté sostenida por una población informada y empoderada.
Finalmente, al integrar la ALFIN y las tecnologías educativas en las estrategias de salud pública, no solo se combate la desinformación, sino que también se cultiva una ciudadanía más informada y comprometida. Este enfoque no solo es una respuesta a la crisis actual, sino un paso fundamental hacia un futuro donde la salud pública esté fundamentada en el conocimiento y la confianza, garantizando el bienestar de todos.
Una vez concluidas todas las etapas, se podría realizar, como se planteó, una unidad de formación transversal para una universidad y la creación de un MOOC de acceso abierto disponible para la población relacionada con la salud.
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