En el capítulo anterior tratamos el tema —integrado a las metodologías para la construcción de variables— de las escalas de actitudes; lo hicimos a través de la escala tipo Likert. En el presente capítulo abordaremos el mismo tema, pero apelando a otro tipo de escala, conocida como diferencial semántico de Osgood.
1. Aportes del diferencial semántico a la medición de actitudes
La complejidad del proceso de medición en las Ciencias Sociales —partiendo desde la construcción de las variables en sus dimensiones teóricas y operacionales, siguiendo por el relevamiento, el procesamiento y finalizando en el análisis de los datos que han sido producidos—, como así también la específica complejidad de la medición de las actitudes, lleva a la necesidad de contar con diferentes recursos metodológicos y técnicos que permitan resolver las variadas cuestiones que se presentan en el trabajo de investigación. Es por ello que, como señalamos anteriormente, durante la primera mitad del siglo XX se desarrollaron varios tipos de escalas de actitudes, la elaborada por Osgood fue una de ellas.
Una cuestión que se explicitó en el capítulo anterior, cuando se llamó la atención acerca de la dificultad para medir las actitudes, fue tener presente que se intentan medir predisposiciones a la acción; en otras palabras, cuestiones que no pueden ser observadas en forma directa por el investigador y, más aún, que suelen estar alejadas de la conciencia del sujeto portador de ellas. Sin embargo, no por ello dejan de ser relevantes para entender, interpretar y/o explicar ciertas prácticas individuales como colectivas. Frente a esta específica complejidad, a la que aludimos en el párrafo anterior, consideramos que la escala Likert y el diferencial semántico de Osgood son dos recursos metodológicos necesarios y suficientes para encarar las más frecuentes situaciones con las que nos solemos encontrar quienes trabajamos estas problemáticas.
Otra cuestión a la que nos hemos referido en el anterior capítulo ha sido la centralidad que tiene el lenguaje, las palabras que se utilizan, para la construcción de este tipo de escala. En el caso de Likert, es muy importante cómo se redactan las proposiciones, la elección de adjetivos y adverbios que califican, dan fuerza, destacan el significado de lo que se afirma o se niega. Esto, si bien puede ser extendido a todo tipo de instrumento de registro, se debe a la necesidad de garantizar una generalizada comprensión del significado de cada proposición. En el caso de la medición de actitudes es necesario garantizar, además, una rápida comprensión debido a que se está pretendiendo conocer predisposiciones, valores, creencias, lo cual alude a la esfera de lo ideológico, aquello que está dado en el sujeto, que no requiere por parte de él o ella un proceso reflexivo muy profundo ante una interpelación proveniente de una palabra o conjunto de palabras. Se trata de aquello que forma parte de lo que debe ser o se espera que sea de determinada manera. De no tener en cuenta estas cuestiones cuando intentamos medir actitudes, podríamos poner en riesgo o anular los principios de confiabilidad y validez.
En este sentido, el diferencial semántico de Osgood responde a estos requerimientos. Como toda escala de actitudes, está organizado de modo tal que posibilita al investigador acceder a aquellas estructuras latentes de carácter predisposicional y quizá su principal fortaleza diferenciadora respecto a las otras escalas es que apela a un lenguaje simple y de accesible comprensión, lo cual lo hace un recurso de fácil aplicación a diferentes tipos de poblaciones, independientemente de su nivel de instrucción, de su edad y/o de su posición social.
2. ¿Qué es un diferencial semántico?
Un diferencial semántico es una escala de tipo aditivo que mide actitudes. Su especificidad radica en cómo se constituye y se expresa en tanto escala. A diferencia de la escala Likert, la Thurstone o la de Guttman, entre otras, el diferencial no mide a través de proposiciones sino a través de conceptos que se expresan mediante pares de términos opuestos por su significado. Estos pares forman parte de un espacio semántico que se asume mide determinada actitud. Estos conceptos condensan significados referidos a objetos, sujetos, situaciones, sucesos, relaciones entre todos o algunos de ellos, etcétera. En tanto se trata de una escala de actitudes, los conceptos utilizados expresan juicios de valor.
De la misma manera que ocurre con la escala Likert, en este caso los conceptos utilizados dependen del problema de la investigación en que se utilizan y del marco conceptual involucrado. Recordemos que una escala es un recurso metodológico que permite operacionalizar una variable, por lo tanto, producir datos con una escala es hacerlo con una variable, es una producción con una fuerte determinación teórica. Cuando a una escala se la considera un recurso o instrumento estandarizado, implica aceptar las condiciones teóricas que le dieron origen. Por lo tanto, replicar el uso de una escala obliga a una previa evaluación exhaustiva teórica y metodológica.
Lo que estamos llamando conceptos son palabras, términos o vocablos que se presentan al entrevistado en forma oral o escrita. Más adelante diremos por qué preferimos hacerlo en forma escrita. El factor esencial para la construcción del diferencial semántico tipo Osgood radica en que los conceptos se presentan de a pares opuestos en sus significados, entendiendo por tal que el entrevistado debe evaluar entre pares de antónimos. El siguiente ejemplo fue elaborado en una investigación en la que interesaba medir la actitud hacia personas drogadictas. Quienes respondían eran sujetos de ambos sexos de entre 18 y 45 años, residentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires. El formato que presentamos a continuación no ha sido el utilizado en la investigación, simplemente pretendemos ejemplificar el espacio semántico utilizado. Es importante tener en cuenta que cada par de términos expresa la oposición conceptual inherente a un indicador que pretende medir un aspecto de la variable “actitud hacia las personas drogadictas”.
Sanos – Enfermos
Honestos – Deshonestos
Cerrados – Abiertos
Normales – Patológicos
Violentos – No violentos
Marginales – Integrados
Raros – Comunes
Trabajadores – Vagos
Pocos instruidos – Muy instruidos
El entrevistado cuenta, para evaluar, con una planilla en la que se presentan los conceptos opuestos y entre ellos hay una escala, por ejemplo, de 5 alternativas (lo que fundamentamos en el capítulo anterior acerca de la conveniencia de utilizar el escalograma de 5 opciones de respuesta, vale para el diferencial semántico de Osgood[1]). Quien responde elige la alternativa que considera más adecuada, en tanto representa la distancia que mejor se adecua según su acuerdo con uno u otro de los conceptos. Recordamos que estos conceptos son el estímulo a partir del cual el entrevistado elaborará una respuesta, que el investigador interpreta como un camino que lo acerca al conocimiento de la actitud que está midiendo. El conjunto de estos caminos —respuestas a los pares de conceptos—, le permitirá conocer cuál es la actitud del entrevistado respecto del fenómeno estudiado.
En el siguiente ejemplo, la respuesta expresa su total acuerdo con que los drogadictos son personas sanas.
Sanos ( X ) ( ) ( ) ( ) ( ) Enfermos
En el siguiente, la respuesta considera que son relativamente enfermos.
Sanos ( ) ( ) ( ) ( X ) ( ) Enfermos
Y en este caso, no los considera ni tan sanos ni tan enfermos.
Sanos ( ) ( ) ( X ) ( ) ( ) Enfermos
Más adelante, trataremos de qué modo se analizan los resultados de la aplicación de este tipo de escala.
3. El procedimiento
Referirse al procedimiento en la construcción de cualquier variable, implica aludir a cómo se llevó a cabo el tránsito entre su definición conceptual y su expresión final y, supuestamente, definitiva. Este estado final de las variables implica que están en condiciones de cumplir con, por lo menos, la función básica para las que fueron construidas: clasificar. Para ello habrá que transitar, además, el pasaje de la variable a alguna formalización —con mayor o menor estructuración— de un instrumento de registro a partir del cual poder producir registros que representen parcial o totalmente un hecho, un emergente, alguna manifestación de la realidad que se pretende conocer. Por lo tanto, insistimos una vez más en que lo que obtenemos de una variable es el acceso a una representación teórica de algún evento de la realidad que contribuirá, en menor o mayor medida, al conocimiento de un fenómeno. En otras palabras, el procedimiento en la construcción de una variable es un paso, entre varios más, que se recorre entre los hechos y los datos. Este paso requiere, entonces, de mucha atención y acerca de él nos referiremos a continuación en lo que respecta a la construcción de un diferencial semántico.
- Los conceptos pueden ser sustantivos o adjetivos presentados como palabras aisladas (por ejemplo, “honestos” o “cerrados”) o como conjunto de palabras (por ejemplo, “poco instruidos”). Es muy importante apelar a expresiones breves porque entre otras razones, como dijimos anteriormente, se trata de un instrumento útil para ser aplicado a diferentes tipos de poblaciones.
- Los conceptos deben aludir a significados diferentes entre sí, aunque relacionados a la variable en cuestión. La diferencia contribuye a obtener una mayor cantidad de información. A mayor exhaustividad conceptual, mayor amplitud de significado de la variable construida.
- El significado de los conceptos debe ser unívoco, de lo contrario, quien responda no sabrá a qué responder, o si lo hiciera estaría respondiendo a uno de los significados ignorando el resto (un ejemplo que no respeta esta condición es “raro y feo”).
- Los conceptos deben ser comprensibles, en otras palabras, accesibles en su significado para cualquier tipo de entrevistado.
- La distancia de los significados al interior de cada par debe ser suficientemente explícita, porque el entrevistado deberá tener la posibilidad de optar por una de las 5 alternativas de respuesta. Si las encuentra cercanas, es probable que opte por la alternativa intermedia (un ejemplo que no respeta esta condición es “raro – diferente” o “vago – abandonado”). Los significados deben ser excluyentes entre sí.
- Los conceptos a utilizar deben ser relevantes, entendiendo por tal propios o vinculados al significado de la variable en cuestión. En el caso de la variable que estamos utilizando como ejemplo, el par “lindo – feo” o el par “serio – humorístico” no serían relevantes, carecen de vinculación conceptual.
Una vez construida la escala, nos enfrentamos a su aplicación o administración. El entrevistado deberá optar por una de las 5 alternativas de respuesta que presentamos en páginas anteriores. Se trata de un relevamiento de campo muy breve. Como ocurre con cualquier tipo de escala de actitudes, puede ser aplicada en forma exclusiva o integrando un cuestionario con otras preguntas y/o escalas.
La administración podemos hacerla en forma oral o escrita. Preferimos la alternativa escrita porque permite que el entrevistado pueda visualizar la escala y decidir su respuesta a partir de un criterio espacial de cercanía o lejanía respecto de una de las opciones de los términos polares. En otras palabras, la posibilidad de lectura de los pares y observación del escalograma por parte del entrevistado contribuye a facilitar su opción de respuesta, ya que no depende de su grado de acuerdo porque, como se mostró en el punto anterior, las alternativas de elección se ubican espacialmente entre los términos y no conllevan ningún tipo de calificación.
Es importante instruir adecuadamente al entrevistado. Para ello, se deberá explicitar que un total acuerdo con un término deberá registrarse en el espacio más cercano a él. Un acuerdo relativo o parcial deberá ser registrado en el espacio siguiente al más cercano. Un posicionamiento neutral o no definido hacia un término u otro deberá ser registrado en el espacio intermedio. Deberá, además, advertirse que no podrá colocar más de un tilde en cada par de términos y que ninguno de los pares debe quedar sin respuesta. Cuidando estas cuestiones, estamos ante un instrumento de registro fácil de aplicar y minimizamos la posibilidad de errores en su aplicación.
4. El análisis de los datos
El análisis de un diferencial es, ni más ni menos, el análisis de cualquier variable compleja, entendiendo por tal una variable que mide a través de un conjunto de indicadores. Dicho análisis puede realizarse en forma univariada —describiendo el comportamiento de la variable según cómo se distribuya el conjunto de las unidades de análisis a lo largo de sus categorías— o en forma bi o multivariada —describiendo o explicando un fenómeno en el que interviene la actitud que se ha construido, como variable independiente, dependiente o de control, según sea la hipótesis que da cuenta de ella—.
Ahora bien, para que la variable en cuestión pueda ser analizada es necesario llevar a cabo un procedimiento que pasamos a caracterizar. Recordemos que tenemos cinco alternativas de respuestas que vinculan una caracterización negativa, de rechazo, con otra positiva, de aceptación y que esas caracterizaciones expresadas en pares de términos opuestos o polares no son otra cosa que la manifestación de los indicadores cuya articulación permite medir la actitud en cuestión.
Para poder articular o unir los indicadores es necesario asignarle un código a cada una de las cinco alternativas. Los códigos deberán ser numéricos para que podamos sumarlos y obtener un puntaje total que representará el lugar del entrevistado en el continuo de categorías de la variable original (la actitud que se pretende medir). Esos números no son magnitudes, conforman un orden que permite acceder a la escala final mediante una simple operación aritmética. La elección de los códigos puede ser de diferente tipo, por ejemplo, puede variar entre 1 y 5. Lo importante es que para todos los pares de términos opuestos se deberá asignar el número 1 al mismo tipo de actitud, por ejemplo, a la caracterización negativa, y el número 5 a la caracterización positiva o a la inversa. En otras palabras, los valores extremos deberán representar la actitud positiva uno y la negativa el otro, de la misma manera para todos los pares de términos polares.
Una vez que se obtuvieron los puntajes totales para todos los entrevistados, es necesario calcular los respectivos promedios teniendo en cuenta que se dividirá cada puntaje total por la cantidad de pares de términos que fueron evaluados. Significa esto que si en un par no hubo respuesta por desconocimiento, incomprensión o lo que fuere, no deberá ser considerada para el cálculo del promedio.
Finalmente, obtenidos los promedios correspondientes a cada uno de los entrevistados, se determinará entre qué puntajes quedarán incluidas las categorías de la variable, desde la actitud más negativa a la más positiva. Para ello, se procederá de la misma manera que cuando se compone el sistema de categorías de una variable a partir de puntajes. Esto significa que agrupados todos los puntajes calculados, en otras palabras, elaborada la correspondiente distribución de frecuencias, se determinará cuáles serán las categorías de la variable mediante la aplicación de dos criterios complementarios: el criterio teórico basado en definir conceptualmente cada categoría (por ejemplo, qué significa una actitud muy negativa hacia las personas drogadictas o qué significa una actitud ni negativa ni positiva, etcétera) y el criterio empírico que toma en cuenta cómo se distribuyen los casos a lo largo del continuo de la variable (por ejemplo, observando en qué valores hay mayor concentración y/o dónde disminuyen bruscamente las frecuencias, etcétera). Como ocurre en toda construcción de una variable, las decisiones que toma el investigador son determinantes. Hay oportunidades en que el criterio teórico es más protagónico y otras en que lo es el criterio empírico.
De esta manera quedará construida la variable, puede ser que la integren cinco categorías como lo eran las cinco alternativas de respuesta o que se constituya con más o con menos categorías. El número de categorías es consecuencia de las decisiones que se hayan tomado oportunamente.
- La propuesta original de Osgood consta de 7 alternativas de respuesta. Puede consultarse en Osgood, Charles, G. Suci y P. Tannenbaum (1957). The Measurement of Meanning. Urbana-Champaign: University of Illinois Press.↵









