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Fenomenología y egología[1]

Esfera pasiva, afección e inconsciente desde la perspectiva de Husserl

Martín Rosado Osorio[2]

Resumen

El presente artículo se concentra en el desarrollo de la fenomenología genética efectuada por Husserl a partir de sus lecciones de los años veinte del siglo pasado, ofrecidas en la Universidad de Friburgo y tituladas de modo general Análisis de síntesis pasiva. Desde la perspectiva de estas lecciones, nuestra intención es describir cómo el yo activo no ocupa el horizonte entero de la conciencia o de nuestra subjetividad, sino, por el contrario, opera hasta determinado nivel y no participa de ámbitos más profundos de conciencia donde, aun sin la intervención de este yo activo, se desarrollan procesos inconscientes –como el principio de asociación, fundamental en el estrato más bajo de nuestra razón, la afección y la resonancia–. Así, y desde el modelo genético de la fenomenología de Husserl, se superan los modelos tradicionales del yo (yo entendido de modo exclusivo como activo) heredados de la modernidad a partir de Descartes y Kant.

    

Palabras clave: fenomenología genética; yo; pasividad; inconsciente.

Abstract

The present article focuses on the development of the genetic phenomenology carried out by Husserl ever since the lessons he offered at the University of Freiburg that took place during last century’s twenties and were titled, in general, Passive Synthesis Analysis. From the perspective of these lessons, our intention is to describe how the active self does not occupy the entire horizon of consciousness or of our subjectivity; on the contrary, it operates up to a certain level and does not participate in deeper areas of consciousness where, even without the intervention or action of this active self, unconscious processes develop—such as is the principle of association, fundamental in the lowest stratum of our reason, affection and resonance. Thus, and from the genetic model of Husserl’s phenomenology, the traditional models of the self (the I understood exclusively as active) inherited from Modernity from Descartes and Kant are surpassed.

   

Key words: genetic phenomenology; I; passivity; unconsciousness.

    

Por lo general, la noción de “yo” o “ego” se concibe a partir de la noción de “sustancia” (Descartes) o desde la noción de “actividad” (Kant); entre ambas concepciones, se constituye el modelo clásico de egología, según el cual la noción de “yo” se identifica de modo necesario con acción, actividad, actus. Sin embargo, es menester revisar si es posible considerar otro modo de concebir la experiencia de la conciencia y del ego sin necesariamente relacionar a este último, de modo inevitable, con la tesis egológica clásica. Precisamente, Husserl ofrece esta posibilidad: en primer lugar, critica el modelo clásico egológico fundado exclusivamente en la actividad; en segundo lugar, ofrece resituar la experiencia activa del yo –la cual no elimina– desde horizontes mayores; y, en tercer lugar, a partir de la fenomenología genética, es posible no solamente descender a la esfera no activa de la conciencia, sino además reflexionar sobre la relación entre la esfera activa (yo activo) y la esfera pasiva. Así, en el marco del pensamiento fenomenológico-trascendental, se examina la experiencia del yo desde horizontes no activos, inactuales, sombríos e inconscientes. Por este motivo, las investigaciones fenomenológico-genéticas efectuadas por Husserl durante su estancia en Friburgo –sobre la pasividad, la corporalidad y la asociación– nos invitan a reexaminar al ego de otro modo y desde otro horizonte.

Nuestra exposición se divide en tres partes: en primer lugar, se describe de modo breve el problema del yo expuesto por Husserl entre sus discípulos; en segundo lugar, la exposición se sitúa en medio del problema de cuáles son los límites de la acción del yo activo; y, finalmente, se concluye exponiendo los límites de este yo activo, presente en la vigilia, y la opacidad cada vez más oscura de la sensibilidad hylética alrededor del problema del inconsciente.

§ 1. Los problemas del ego entre Husserl y sus discípulos

Aunque, propiamente hablando, en el surgimiento de la fenomenología en 1900 tras la publicación de las Investigaciones lógicas, el problema del ego no era considerado, ya que Husserl defiende su “inexistencia” –en cuanto yo puro— al interior de la conciencia psíquica, este problema sí emerge en 1913, con el nacimiento de la fenomenología en sentido trascendental vía Ideas I. En este primer volumen de Ideas, el yo es presentado –tras la reducción de la actitud natural y la epojé– como parte de la estructura de la conciencia; unido, a su vez, a la experiencia activa (cogito) y al contenido de esta actividad (cogitatio). Pero, ante este ego cogito, Husserl advierte la existencia de esferas donde el yo no necesariamente participa, como la esfera sensible o hyle. A pesar de esta referencia en Ideas I a la sensibilidad, el propio Husserl reconoce que análisis mayores sobre la hyle son necesarios, pero no efectuados en aquella obra.

Posteriormente, Heidegger, en un determinado intercambio epistolar, le consulta sobre el estatuto del yo puro fenomenológico, al concebir él que este se diferencia de la noción de Dasein expuesta en Ser y tiempo. Según Heidegger, solo el Dasein se concibe en medio de la facticidad, lo que es contrario, según sus términos, a la pureza del yo[3].

A su vez, los discípulos de Gotinga, como, por ejemplo, Edith Stein, Gerda Walther y Adolf Reinach, fascinados con las Investigaciones lógicas de 1900, critican a Husserl al enfatizar la noción de “yo” desde Ideas I de 1913. Según este grupo, la teoría fenomenológica del yo, aparentemente solipsista, recae en el error del idealismo subjetivo y, desde este supuesto idealismo, este grupo entiende que el problema de la constitución se convierte en la producción activa de un aparente yo solipsista.

Se observa, entre la visión de Heidegger y los mencionados discípulos de Gotinga, un conjunto de reticencias respecto del yo, el cual conciben de modo activo siguiendo la línea cartesiana y kantiana, y por ello resultaría objeto de crítica. Sin embargo, esta aparente noción de “yo” o “ego” unido inevitablemente al actus yerra al obviar el interés de Husserl por revisitar, durante su etapa genética, problemas relativos a experiencias no activas: la esfera pasiva, el inconsciente, el pre-yo, etc. Por ello, nuestra investigación estudia el yo, mas desde el horizonte amplio de la conciencia y su respectiva génesis, horizonte desde el cual se resitúa de otro modo la noción clásica de “yo”.

§ 2. Fenomenología y egología

Eugen Fink, en el comentario 16 a la Quinta meditación cartesiana (segundo volumen), enuncia lo siguiente: “traspasar [überschreiten] los límites de la egología” (Hua Dok II/2: 254). Aunque Fink declara lo anterior en el contexto de la intersubjetividad como superación de la egología, considero imprescindible situar a la fenomenología como aquel modelo fenomenológico-trascendental desde el cual se critica y se supera el modelo clásico egológico relativo al pensamiento de Descartes, cuyo concepto del yo o ego se asume exclusivamente desde la esfera activa.

Es necesario interrogamos por cuáles son los límites respecto de la actividad cogitativa del yo concebido de modo activo[4]. Esto implica examinar, a su vez, la denominada “sombra”[5] de la conciencia: la sombra oscura y subterránea a la que la visión cogitativa no accede. Esta sombra, esta latencia oscura, no es sino, en términos de Husserl, “la protosensibilidad” (die Ursinnlichkeit) (Hua IV: 334), cuya producción no obedece a decisiones conscientes. Precisamente, en sus clases de Friburgo, Husserl dedica estudios a este ámbito, en relación con el problema de la lógica. Este conjunto de investigaciones de tipo genético estético-trascendental fue publicado con el título de Análisis de síntesis pasiva. De las lecciones y manuscritos de investigación, 1918-1926 (Analysen zur passiven Synthesis. Aus Vorlesungs- und Forschungsmanuskripten, 1918-1919) (Hua XI)[6].

En efecto, detrás de la constitución de la objetividad efectuada activamente por el yo activo, preexiste un conjunto de procesos sintéticos, constructivos y genéticos, aunque pasivos, es decir, alejados de este yo –“La efectuación de la pasividad y, en ella, de la pasividad hylética en tanto es el nivel más básico” (Hua XI: 162)[7]–, donde opera a nivel anónimo respecto de este yo activo cierta “intención pasiva” (passive Intention) (Hua XI: 76). La esfera a la que se refiere Husserl –anterior al yo activo y sin intervención de este– es la esfera de nuestra sensibilidad, o hyle, en cuyo ámbito se procesan, según leyes estéticas de asociación, los datos materiales hyléticos desde los cuales se constituyen objetos[8]. Estas leyes de asociación, que forman parte de la “fenomenología de la asociación” (Hua XI: 116), organizan nuestra sensibilidad sin la participación del yo activo o teórico, sin necesidad de reflexión o atención (Ich-Blick) (Hua XI: 77). En medio de la oscuridad de la conciencia teórica, nuestra sensibilidad actúa, efectúa y organiza sus contenidos de modo sintético. Sin necesidad del yo, nuestro horizonte de sensaciones es operativo y constituyente. Esta síntesis asociativa no es sino síntesis originaria. Al respecto, en Experiencia y juicio, Husserl declara lo siguiente: “La asociación se entiende aquí de manera exclusiva como el nexo puramente inmanente del: ‘[…] algo recuerda a algo’, ‘una cosa señala a la otra’” (Husserl, 1980: 81 [1939: 78]).

Sin embargo, estos preobjetos constituidos de modo subterráneo respecto del yo activo no se relacionan menos con este. En efecto, nuestro yo-despierto, yo-activo, se ve convocado por ciertas impresiones intensas. A mayor intensidad o –como la denomina Husserl– vivacidad, mayor es la afección sobre el yo[9]. Así, por ejemplo, la aprehensión de determinado sonido vibrante atrae nuestra atención y estimula nuestra concentración. Se observa así la interrelación entre nuestra sensibilidad pasiva y el yo activo, a través de la experiencia de la afección desde la cual se convoca y se despierta nuestra atención. Consciente de esta motivación dirigida hacia el yo activo, Husserl denominó a este no solo “centro activo”, sino, a la vez, “centro afectivo” (polo de afección). Así, si determinados sonidos afectan al yo, no es sino porque este es pasible de ser afecto: “… un trasfondo adquiere ‘vida’ [lebendig], objetos intencionales se le acercan desde allí más o menos al yo” (Husserl, 1980: 85 [1939: 83]).

En general, Husserl no se limita a explicitar cuáles son estas leyes intrínsecas de la asociación desde la sensibilidad (las de la similitud, el contraste y la contigüidad), sino que, además –y a través de la afección–, nos remite a la capacidad motivadora de la sensibilidad sobre el yo activo[10]. Desde esta visión fenomenológico-genética, el modelo egológico no se limita a ser exclusivamente actus cognoscendi en sentido general (es decir, judicativo, predicativo, objetivante, atento, reflexivo, temático, etc.)[11], sino que, a la vez –y sin obviar el valor del acto del yo activo–, el ego es pasible de afecciones, por lo cual posee experiencias no activas y no es ajeno a ellas.

Este proceso asociativo-afectivo configura campos de sensaciones y genera sus respectivas resonancias. Son resonancias –señala Husserl– entre varios datos sensibles cuya fusión, no obstante la posible distancia entre estos datos, se efectúa motivada por la semejanza. Así, en medio de la melodía, ciertos sonidos experimentados al principio y otros experimentados posteriormente poseen cierta semejanza, aunque se ubiquen temporalmente de modo distante. El primer sonido aún resuena en el curso ulterior de la melodía. Esta semejanza a distancia entre los sonidos es denominada por Husserl “armonía”, término que no elude la existencia de desarmonías, de las que surge, por el contrario, el contraste. Con esta terminología rítmica, presente en el apéndice XIX –“Sobre la fenomenología de la asociación”– del tomo XI de la Husserliana, se reconsidera la opacidad de nuestra conciencia. En estas experiencias limítrofes (asociativa, afectiva, rítmica), el yo en general no es inexistente[12], pero el yo activo –Husserl de modo continuo indica esta referencia en medio de estas lecciones– no participa.

Sin embargo, es necesario investigar este horizonte oscuro de nuestra esfera pasiva de otro modo: no revisar la acción del yo activo desde sus límites (sensibilidad hylética, asociativa, pasiva), sino efectuar el estudio de esta esfera sensible desde su propia opacidad. Por ello, agregamos este otro problema: ¿es posible concebir los límites no del yo activo (experiencia hegemónica y unilateral en los modelos clásicos del yo), sino de nuestra sensibilidad concebidos ellos desde la oscuridad en la que las sensaciones se ensombrecen, se ocultan, se olvidan? Dicho de otro modo, ¿cuáles son los límites de la hyle, los límites de nuestra “sombra”? Con esta interrogación, ingresamos al problema del inconsciente o, en palabras de Husserl, a la “fenomenología de lo que llamamos el inconsciente [Unbewußte]” (Hua XI: 154), entendiendo este último término –“inconsciente”– como sinónimo de “ausencia de vivacidad (Unlebendigkeit)” (Hua XI: 411).

§ 3. Fenomenología e inconsciente

En las lecciones sobre síntesis pasiva, Husserl reconoce que existe un grado en el que la intensidad de la sensación se reduce al mínimo y, por tanto, su afección es nula, y lo es por no afectar desde ningún grado al yo activo. Esta ausencia de afección de determinadas sensaciones se denomina “inconsciente”, o, en términos de Husserl, “es bastante conveniente caracterizar tales casos de afección no despertada como modos de despertarse, pero como caso cero del despertarse, similar a como el aritmético incluye al cero, lo negativo del número, en los números” (Hua XI: 154). La esfera pasiva descubre su límite desde esta nula presencia de afección o “nada afectiva”, en la que lo pasivo se anula, se vuelve cero, se pierde en el vacío; en la que no es posible motivar directamente al yo; en la que este carece de vibración y despertar desde determinados horizontes carentes de vivacidad[13]. De este modo, el horizonte oscuro[14] de nuestra sensibilidad no necesariamente se correlaciona con el yo activo, sino que, por el contrario –y ello es posible–, se presenta la ausencia afectiva de determinadas sensaciones. Indicamos determinadas sensaciones al aclarar lo siguiente: el inconsciente, al modo fenomenológico, no debe concebirse de modo absoluto y en sí. Por el contrario, es relativo respecto de la afección que es “positivamente valiosa (por encima del punto cero)” (Hua XI: 167), y a partir de la cual se constituye el contraste entre estas afecciones emergentes y el horizonte inactual pero potencial de sensaciones nulamente afectivas.

Precisamente, este es el límite de nuestra esfera pasiva respecto del yo activo: la sensibilidad no afecta completamente al yo activo; no es posible afectar completamente al yo activo por medio de la totalidad de las sensaciones. A diferencia de esta visión, pertenece a la afección de modo constitutivo el ser incompleta, actual e inactual, presente y ausente: no es posible la vivacidad completa de las sensaciones en general al subyacer en estos horizontes afectivamente nulos, desde los cuales aquellas emergen por contraste. Pero no es menos incorrecto concebir al inconsciente de modo absoluto; el grado cero de afección, por el contrario –y no observado en sí–, es el horizonte relativo desde el cual se despiertan grados de vivaz afección. Así, es necesario observar la correlación entre la esfera inconsciente y el yo activo desde estos análisis efectuados. En efecto, al indicar el grado nulo de afección como sinónimo de inconsciente, nos referimos a aquellas sensaciones constituidas, pero cuya intensidad no convoca la atención del yo. Si se acepta esta visión, entonces lo inconsciente aparentemente se concibe en oposición al yo activo, por lo cual la conciencia en general se asume a su vez, en apariencia, de modo dividido (inconsciente vs. yo). Sin embargo, esta concepción dividida de la conciencia no corresponde desde la perspectiva fenomenológica por las razones expuestas a continuación.

El estudio de lo inconsciente, esfera “ajena” al yo activo, no es un problema cualquiera, sino que, por el contrario, obliga a la fenomenología a reconsiderar este problema, más aún si ello se conecta con el problema general de la razón. Así, el problema es el siguiente: ¿es concebible la razón bajo un conjunto de escisiones o divisiones separadas entre sí o, por el contrario, la razón, no obstante la esfera inconsciente, es experimentada de modo unitario? De otro modo, ¿lo inconsciente conforma el límite del proyecto fenomenológico sobre la razón absoluta y universal? A nuestro juicio, es necesario reconsiderar este problema desde el siguiente doble modo: primero, ¿la esfera inconsciente, aparentemente disociada del yo, jamás se correlaciona con este?; segundo, ¿la esfera inconsciente y el yo carecen por completo de estructuras mínimas semejantes?

La primera interrogante se resolvió anteriormente, al declarar la relación de motivación entre la esfera pasiva y activa pasiva y activa, es decir, al señalar la capacidad que detenta la afección sensible de motivar, desde su vivacidad, la atención de nuestro yo. Pero esta relación de motivación entre ambas esferas no debe entenderse de modo ascendente o vertical; es decir, con la esfera inconsciente situada aparentemente y de modo exclusivo bajo el yo activo. Por el contrario, la indicación fenomenológica es resituar al inconsciente de modo horizontal, es decir, no al margen del yo activo, sino en el margen constante de este en cuanto es el horizonte inevitable de cualquier experiencia consciente. Como declara Husserl: “Mi presente actual tiene un horizonte oscuro, pasado hundido” (Hua Mat VIII: 44); o la “actividad yoica presupone pasividad –pasividad egológica–” (Hua Mat VIII: 53). De este modo, el inconsciente fenomenológico es correlativo al concepto de “horizonte” entendido a modo de fondo (Hintergrund)[15], inevitable y permanente respecto del yo.

Respecto a la segunda interrogante (¿la esfera inconsciente y el yo carecen por completo de estructuras mínimas semejantes?), ella nos conduce a mayores estudios, al dirigir la investigación hacia la posibilidad de enunciar fenomenológicamente cierta especie de “yo pasivo”. Esta referencia a la semejanza entre inconsciente y yo, desde el horizonte fenomenológico, se deriva de la experiencia autorreferente en la cual existiría un nivel originario y básico de centro consciente desde el cual se aprehenden procesos aún inconscientes. A esta experiencia se refiere Husserl en los Manuscritos-C, al referirse a aquella “pasividad yoica” (Hua Mat VIII: 53) en la que el yo no solo es parte del ego activo, sino que además subsiste de modo subterráneo en medio de la oscura pasividad hylética. En efecto, el ego o yo, a juicio de Husserl, no solo no es exclusivamente activo (como proponen Descartes y Kant y los modelos clásicos egológicos), no solo no opera de modo aislado, sino que es correlativo a esferas inconscientes; no solo no es dividido al margen de lo inconsciente, sino que, por el contrario, es este el horizonte común de cualquier experiencia yoica. Pero el yo no solo subsiste en medio de la acción reflexiva de la conciencia, sino que, además, es constitutivo de cualquier conciencia y, por ende, es originario; por lo cual el ego constituye de modo básico la razón desde el nivel más simple y bajo. Las siguientes expresiones de Husserl nos aclaran esta tesis egológica constitutiva aplicable no solo al yo activo: “Pero el yo es ‘sujeto’ de la consciencia. Sujeto es aquí solamente otra palabra para el centramiento que toda vida en cuanto yo-vida tiene, y por tanto que vive algo por vivenciar, algo por tener de manera consciente” (Hua Mat VIII: 35); “Estructura básica: a la esencia del yo le pertenece un vivenciar bajísimo, el cual es el presupuesto para todo [lo] que reflexiona, con un campo de consciencia bajísimo…” (Hua Mat VIII: 36).

§ 4. Conclusiones

Desde esta fenomenología genética se ingresa a un conjunto de problemas nuevos pero fundamentales respecto a la sensibilidad y, además, la conciencia en general. A partir de estos problemas, Husserl aborda la experiencia egológica desde horizontes mayores donde no solo predomina la actividad yoica, sino, además, y de modo principal, late la potencia de lo inactual, oscuro, sombrío e inconsciente subsistente en el nivel más bajo de la experiencia egológica como es la sensibilidad.

Referencias

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Hua III/2. 1988. Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie. Erstes Buch: Allgemeine Einführung in die reine Phänomenologie. Halbband: Ergänzende Texte (1912-1929). Ed. Karl Schuhmann = 2013. Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. Libro primero: Introducción general a la fenomenología pura. Trad. Antonio Zirión Q. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Hua IV. 1952. Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie. Zweites Buch: Phänomenologische Untersuchungen zur Konstitution. Ed. Karl Schuhmann = 2005. Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica. Libro segundo: Investigaciones fenomenológicas sobre la constitución. Trad. Antonio Zirión Q. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Hua VI. 1954. Die Krisis der europäischen Wissenschaften und die transzendentale Phänomenologie. Eine Einleitung in die phänomenologische Philosophie. Ed. Walter Biemel.

Hua IX. 1962. Phänomenologische Psychologie – Vorlesungen Sommersemester 1925. Ed. Walter Biemel = 1990. Artículo de la Encyclopaedia Britannica. Seguido de la versión de Ch. V. Salmón publicado por la Enciclopedia y del ensayo “El artículo de la Encyclopaedia Britannica de Husserl y las anotaciones de Heidegger al mismo” de Walter Biemel. Trad. Antonio Zirión Q. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Hua XI. 1966. Analysen zur passiven Synthesis. Aus Vorlesungs- und Forschungsmanuskripten 1918-1926. Ed. Margot Fleischer = 1998. De la synthèsis passive. Logique transcendantale et constitutions originaires. Trads. Bruce Bégout y Jean Kessler. Grenoble: Jérôme Millon = 2001. Analyses Concerning Passive and Active Syntheses. Lectures on Transcendental Logic. Trad. Anthony J. Steinbock. Dordrecht: Kluwer = 1993. Lezioni sulla sintesi passive. Ed. Ed. Paolo Spinicci. Trad. Vincenzo Costa. Milán: Guerini e Associati.

Hua XIX/II. 1984. Logische Untersuchungen. Zweiter Band, Zweiter Teil: Untersuchungen zur Phänomenologie und Theorie der Erkenntnis. Ed. Ursula Panzer = 1985. Investigaciones lógicas, Volumen II. Trad. Manuel García Morente y José Gaos. Madrid: Alianza Editorial.

Hua XXXI. 2000. Aktive Synthesen. Aus der Vorlesung Transzendentale Logik 1920-21 Ergänzungsband zu Analysen zur passiven Synthesis”. Ed. Roland Breeur.

Hua XLII. 2014. Grenzprobleme der Phänomenologie. Analysen des Unbewusstseins und der Instinkte. Metaphysik. Späte Ethik. Texte aus dem Nachlass (1908-1937). Eds. Rochus Sowa y Thomas Vongehr.

Husserl, Edmund. 1977 ss. Husserliana: Husserliana Dokumente. Den Haag: Martinus Nijhoff/Kluwer Academic Publishers.

Hua Dok II/2. Eugene Fink. 1988. VI. Cartesianische Meditation. Ergänzungsband. Ed. Guy Van Kerckhoven.

Husserl, Edmund. 1939. Erfahrung und Urteil. Untersuchungen zur Genealogie der Logik. Ed. Ludwig Ladgrebe. Praga: Academia Verlagsbuchandlung = 1980. Experiencia y juicio. Investigaciones acerca de genealogía de la lógica. Trad. Jas Reuter. México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Husserl, Edmund. 2001 ss. Husserliana: Husserliana Materialien. Dordrecht/Londres/Nueva York: Kluwer Academic Publishers/Springer.

Hua Mat VIII. 2006. Späte Texte über Zeitkonstitution (1929-1934). Die C-Manuskripte. Ed. Dieter Lohmar.

Lerner, Rosemary R. P. 2000. Reseña de Edmund Husserl: Aktive Synthesen: aus der Vorlesung Transzendentale Logik 1920/21. Ergänzungsband zu Analysen zur passiven Synthesis. Areté 12 (2): 135-140.


  1. Phenomenology and egology: Passive sphere, affection, and unconsciousness from Husserl’s point of view
  2. Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú). karmapa81@gmail.com. ORCID: 0000-0002-2313-5536.
  3. Por ejemplo, en dicha carta Heidegger se pregunta: “¿Cuál es la especie de ser de este ego absoluto –en qué sentido es el mismo que el yo fáctico; en qué sentido no es el mismo?” (Hua IX: 602; [1990: 112]). Sobre la confrontación entre Husserl y Heidegger, cf. Hua IX. Referencias a la Husserliana se citan usando las abreviaciones Hua, Hua Dok, y Hua Mat, seguidas por el volumen y la página, con el número de la página de la traducción castellana (de existir) entre corchetes. La bibliografía final contiene información completa de todos los volúmenes y las traducciones citados.
  4. Nuestra investigación pretende conducir el interés fenomenológico hacia estratos de nuestra subjetividad donde el yo activo no es funcional. Sin embargo, ello no significa que, desde la perspectiva de Husserl, la fenomenología no reconozca un yo más profundo, más primario, más bajo, que opera de modo anónimo en medio del presente fluyente viviente temporal. De este modo, la “crítica” al yo se dirige a este yo concebido de modo activo, mas no al yo en general.
  5. O, como dice Husserl, “la noche del inconsciente” (Hua Mat VIII: 185).
  6. Estas lecciones de la década de los veinte de principios del siglo xx se publicaron en la edición del volumen XI de la Husserliana. No hay una traducción completa al castellano, pero sí al inglés, francés e italiano, como consignamos a continuación: De la synthèse passive. Logique transcendantale et constitutions originaires. Trad. Bruce Bégout y Jean Kessler. Grenoble: Jérôme Millon, 1998; Analyses Concerning Passive and Active Syntheses. Lectures on Transcendental Logic. Trans. A.J. Steinbock. Dordrecht: Kluwer, 2001; Lezioni sulla sintesi passiva. Trad. V. Costa, a cura di P. Spinicci. Milano: Guerini Associati, 1993. Las ediciones de la Husserliana dividen estas lecciones y no permiten analizarlas en su conjunto: “La primera parte de dicho curso, asequible a investigadores desde hace más de tres décadas bajo el título de ‘Análisis sobre síntesis pasiva’, fue publicada como si hubiese sido la intención de Husserl cercenar ambas partes. El criterio de ediciones más recientes de la Husserliana pretende, a nuestro entender, corregir estas inconveniencias frecuentes en los volúmenes más tempranos, en los que se observa una mayor intervención editorial en la selección y ensamblado de textos de procedencia muy diversa. Por el contrario, actualmente se tiende a ofrecer, en la medida de lo posible –en la edición crítica de la obra de Husserl tanto de sus textos de investigación como de sus cursos–, el contexto literario integral en el que fueron concebidos y desarrollados” (Lerner, 2000: 135). En efecto, si se asume solo la primera parte dedicada al estudio de la pasividad, entonces se obvia cuál es el proyecto de conjunto de la fenomenología genética en estas lecciones: el logos y su génesis respectiva en la sensibilidad.
  7. Alejado del yo activo, es decir, sin la participación de este yo. En Hua XI, Husserl, al referirse al yo, se remite al yo activo; sin embargo, es necesario exponer lo siguiente: la experiencia centralizadora egológica no solo se desarrolla a nivel activo, sino que ella preexiste desde la génesis de la subjetividad, cuya experiencia fundamental no es sino experiencia relativa a alguien, al yo desde su génesis histórico-personal (pre-yo). Husserl es consciente de ello en estas lecciones y, por eso, se refiere al inconsciente como una esfera sin intervención del yo “activo”; pero casi no existe mención en este curso sobre el pre-yo o ego pasivo, sobre su respectiva historia de afecciones y motivaciones, sobre la génesis histórico-personal del no nato y neonato, sobre la constitución del pre-mundo, ni sobre el primer nivel de la intersubjetividad. En general, estas lecciones sobre la pasividad se limitan al estudio de la génesis de la sensibilidad restringida a su vez a la esfera de la sensación en dirección a la constitución del logos apofántico de la lógica.
  8. La hyle en cuanto suelo básico de pasividad: “… en el más bajo, el puramente hylético” (Hua Mat VIII: 52).
  9. Desde la perspectiva de la fenomenología genética, el yo no solo es concebido como polo de acción, sino a la vez como polo de afección. Cf. el texto número 48, titulado “El ego como polo de acción y afección” (Hua Mat VIII). Incluso, y si se aplica ello a la génesis del ego (historia del pre-yo desde la vida del no nato y neonato), Husserl describe un conjunto de procesos motivadores y enlazados entre sí que están condicionados por la experiencia afectiva.
  10. “La actividad yoica presupone la pasividad –pasividad yoica– y ambos presuponen la asociación y preconciencia en la forma del fondo hylético último” (Hua Mat VIII: 53; Hua XI: §§26–31). La pasividad es reconocida por Husserl desde la época estática de la fenomenología, y en las Investigaciones lógicas. Desde el giro trascendental, emerge ya la idea de una pasividad yoica, conectada con el yo puro, conexión que –durante la época genética– se describe como un desarrollo onto-filogenético, y teleológico (Hua XV, Hua XLII, passim).
  11. Sobre las efectuaciones del yo activo, cf. Hua XXXI.
  12. Como se observa en la nota de pie de página número 7, Husserl reconoce la operatividad de cierto centro egológico en los estratos más bajos, profundos, pasivos y anónimos de nuestra subjetividad.
  13. Husserl no solamente reconoce la nulidad afectiva de ciertas sensaciones olvidadas, sino que, además, descubre la existencia de determinada lucha entre el recuerdo, que intenta reactivar sensaciones antiguas, y el olvido, donde se hunden cada vez más las sensaciones retenidas. Cf. el texto número 13 de Hua Mat VIII.
  14. Esta imagen de lo oscuro es recurrente en los manuscritos ya publicados de Husserl, como ocurre en Hua Mat VIII y Hua XLII.
  15. Sobre los diferentes conceptos de “fondo” (Hintergrund), cf. el texto número 48 de Hua Mat VIII. Por otro lado, Husserl se refiere a este concepto de “pasividad” “relativo” al de “actividad” en los siguientes términos: “En esta forma se presenta frente a los ojos todo un campo de percepción –ya en pasividad pura–. Por el otro lado, bajo el término ‘percibir’ se halla la percepción activa como aprehensión activa de objetos que se destacan en el campo de percepción que se extiende más allá de ellos. Del mismo modo podemos tener un campo del recuerdo y lo podemos tener en pasividad pura” (Husserl, 1980: 86 [83-84]).


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