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Introducción

Interrogantes que animan la escritura del presente trabajo

Entre los años 1997 y 2015 se publica en Seuil/Gallimard el ciclo completo de los trece cursos impartidos por Michel Foucault en el Collège de France. (…) Si la obra conocida de Foucault antes de 1997 fue calificada de fragmentaria, y reducida a los problemas del poder, el saber y la subjetividad; después de la publicación de los cursos hay una evidente ampliación y complejización de estas investigaciones. Irrumpen una serie de conceptos respecto a los cuales todavía existe un enorme territorio que explorar como, por ejemplo, las nociones de gubernamentalidad, aleturgia o parrhesia. Pero también otros términos pierden su centralidad o la polémica dimensión paradigmática que se pretendió otorgarles. Este último es el caso de la cuestión disciplinaria y de la categoría de biopolítica.

   

Castro-Orellana & Chamorro, 2021: 5

A lo largo de este libro me propongo analizar el tipo de crítica de los saberes acerca de “lo humano” que Michel Foucault despliega en sus cursos dictados en el Collège de France a finales de la década de 1970, abocados a trazar la genealogía del liberalismo y el neoliberalismo como racionalidades de gobierno (2004a, 2004b). Por lo tanto, no es mi objetivo reconstruir la historia del liberalismo y el neoliberalismo elaborada en dichas investigaciones, ni tampoco reponer las diferentes aproximaciones que el filósofo ha propuesto respecto de la formación de las ciencias humanas; sino que, por el contrario, me ocuparé de desbrozar la manera en que problematiza las ciencias humanas en tanto saberes sobre “lo humano”[1] en el marco de sus trabajos dedicados al tópico indicado. Cabe destacar que, en el último de los cursos referidos (correspondiente al período 1978-79), el pensador francés caracteriza su investigación como una crítica política del saber (2004b: 29-51). De lo que se trata, entonces, es de analizar en qué consiste la crítica política de los saberes respecto de “lo humano” tal como Foucault la despliega al dar cuenta de la imbricación entre la formación de las ciencias humanas y el surgimiento –y las transformaciones– del liberalismo y el neoliberalismo.

Habida cuenta del problema explicitado, la trama argumentativa de este libro se estructura por medio de una sucesión de cinco capítulos, a la que le seguirá una conclusión general. En el primero, titulado “Filosofía y diagnóstico en Michel Foucault”, revisaré la forma en que el filósofo problematiza el ejercicio de la crítica como actividad de diagnóstico del presente, en un arco que se extiende –al menos– desde mediados de los años sesenta hasta su muerte en 1984 (1994a, 1994b, 1994c, 2008, 2015a, 2023). Colocaré el foco de la lectura en dicha forma de caracterización de la labor filosófica, en tanto enmarca el trabajo de archivo recurrente que el pensador despliega en torno al discurso de las ciencias humanas. Por ende, la estrategia de lectura del corpus foucaultiano que implementaré se apoya en su característico gesto que consiste en la recuperación y reelaboración recurrente de los trabajos precedentes desde la perspectiva de sus indagaciones en curso, como lo señalan, entre otros, Alessandro Fontana y Mauro Bertani: “Foucault, en un procedimiento que le era propio, no ha cesado hasta el final de su vida de ‘releer’, de resituar y de reinterpretar sus antiguos trabajos a la luz de los últimos, en una suerte de reactualización incesante” (1997: 248)[2].

Por otro lado, dado que a lo que se apunta es a explicitar el carácter diagnóstico que articula la interrogación foucaultiana respecto de la formación de las ciencias humanas, es de destacar que la reconstrucción que realizaré será en función de dicho problema; razón por la cual dejaré de lado cuestiones que serían relevantes si la pregunta que animara la escritura del capítulo fuese otra, como por ejemplo la revisión de los matices y cambios de acento entre las distintas alusiones foucaultianas a la noción de crítica o sus diferentes abordajes respecto de la constitución de las ciencias humanas. Dicho de otro modo, me propongo realizar una lectura problemática que, si bien requiere de la revisión de ciertos tópicos, no es equivalente al tipo de reconstrucción que vendría al caso realizar si el problema que acicateara la lectura propuesta fuese el tópico en cuanto tal. En última instancia, se trata de que la tarea reconstructiva esté puesta al servicio de una pregunta-problema de carácter filosófico, en lugar de que sea convertida en un “fin en sí mismo” como si el ejercicio de lecto-escritura se inscribiera en una producción motivada por objetivos enciclopédicos.

Luego, en el segundo capítulo, titulado “La arqueología de las formas de objetivación como herramienta al servicio del diagnóstico del presente”, revisaré el tipo de crítica de las ciencias humanas que el filósofo forja en el seno de su arqueología (Foucault, 1966, 1969, 1994d). Particularmente, desbrozaré cómo problematiza la noción de saber en contraposición a la de conocimiento, lo que trae aparejado el desanclaje de la epistemología de las ciencias humanas del interior de la relación sujeto-objeto y el correlativo desplazamiento desde el problema de la objetividad cognoscitiva (de cuño normativo) hacia el de la crítica de las formas de objetivación (de carácter diagnóstico). Si en el primer capítulo me ocuparé de mostrar que la problematización recurrente de la constitución de “lo humano” como objeto de saber elaborada por Foucault se encuentra jalonada por una preocupación de carácter diagnóstico, en el segundo me detendré en mostrar de qué modo, por medio de la introducción de qué conceptos, el filósofo forja una perspectiva que le permite hacer de las ciencias humanas el blanco de una interrogación dirigida hacia la problematización del presente. En otros términos, la reconstrucción de la contraposición entre saber y conocimiento, y el correlativo desplazamiento del problema de la objetividad cognoscitiva hacia el de las formas de objetivación, apunta a mostrar por medio de qué herramientas el pensador configura una interrogación filosófica sobre las ciencias humanas que no se circunscribe a la preocupación normativa que permea el desarrollo de la teoría del conocimiento. Una “epistemología que no se basta a sí misma” es un modo de abordaje de las ciencias humanas en cuanto saberes que, por lo tanto, se encuentra motorizado por una preocupación de índole ontológico-política, esto es, dirigida hacia dar cuenta del modo en que se configura el presente de quien filosofa; en lugar de problematizar dichas ciencias dentro de las mallas de la “filosofía teórica”.

En el capítulo tercero, titulado “Hacia una crítica política del saber”, reconstruiré el camino que, de manera zigzagueante, el pensador francés traza a lo largo de la década del setenta respecto de las herramientas de que se vale en sus trabajos. En ese sentido, me centraré en el trayecto que se extiende desde el inicio de la década, momento en que caracteriza el método de trabajo filosófico en las canteras de la historia como “genealogía” (Foucault, 1994e, 2011), hasta la apuesta de método del curso dictado en 1978-79 –dedicado a la genealogía del liberalismo y el neoliberalismo– presentada bajo la denominación de “crítica política del saber” (Foucault, 2004b). Al respecto, para analizar en qué consiste una crítica política del saber, desplegaré la reconstrucción señalada, cuyo eje fundamental será dar cuenta de lo que cabría denominar “ecos arqueológicos de la genealogía”, de modo tal de captar la riqueza que encierra la propuesta de llevar a cabo una crítica política del saber. Tipo de crítica que, como me propongo mostrar, se constituye como una arqueo-genealogía de las formas de objetivación.

En el cuarto capítulo, titulado “La analítica de la gubernamentalidad”, buscaré articular la lectura desarrollada a lo largo de los capítulos precedentes. Tras haber reconstruido la noción de crítica política del saber, indagaré la manera en que el filósofo problematiza las formas de objetivación inmanentes al discurso de las ciencias humanas en el marco de dicha apuesta de método en el curso dictado en el Collège de France en 1979, por medio del que se ocupa de problematizar el surgimiento y las transformaciones de la racionalidad política liberal y neoliberal (Foucault, 2004a, 2004b; Castro, 2011a; Oksala, 2013, 2023; Lemke, 2019; Raffin, 2021a). En este capítulo, analizaré entonces la crítica arqueo-genealógica de las formas de objetivación inmanentes a los saberes sobre “lo humano” en tanto constitutivas de la grilla de inteligibilidad acerca de cómo gobernar en el marco del ejercicio de la soberanía política, bajo la forma del liberalismo decimonónico frente al prisma de reflexión política forjado en el seno de la denominada razón de Estado. Lectura que será completada en el quinto capítulo –“Torsiones epistemológico-políticas. El surgimiento y la radicalización de la gubernamentalidad neoliberal”–, en el que me centraré en la revisión de las mutaciones en las formas de objetivación inmanentes al discurso de la economía política, en tanto saber acerca de “lo humano”. Cuestión que me permitirá captar la especificidad de la racionalidad neoliberal frente al liberalismo clásico. En sentido estricto, en primer lugar, me detendré en el surgimiento de la gubernamentalidad neoliberal en la Europa de entreguerras, en cuyo seno Foucault destaca las discusiones que tuvieron lugar en el marco del Coloquio Walter Lippmann de 1938, en el que participaron renombradas figuras de la filosofía jurídico-política, la economía y la epistemología de las ciencias sociales (como el francés Louis Rougier, los miembros de la Escuela Austríaca Ludwig von Mises y Friedrich von Hayek, y los ordoliberales alemanes nucleados en la Escuela de Friburgo). Tras lo cual el foco de la lectura se dirigirá hacia la radicalización de la gubernamentalidad neoliberal en el marco del desarrollo de la teoría del capital humano por parte de la Escuela de Chicago.

Hacia una problematización del modo de abordaje

Cada libro transforma lo que pensaba al terminar el precedente. Soy un experimentador y no un teórico. (…) Soy un experimentador en el sentido de que escribo para cambiarme a mí mismo y no pensar lo mismo que antes. (…) Cuando empiezo un libro, no sé qué pensaré al final, ni qué método utilizaré. Cada uno de mis libros es una manera de desbrozar un objeto y forjar un método de análisis.

   

Foucault 1994f: 42

Antes de dar cierre a la presente introducción, considero oportuno explicitar la estrategia metodológica que he utilizado para el trabajo sobre la producción de Michel Foucault, en pos de la realización de una lectura arqueológica y problemática del corpus en cuestión. Fundamentalmente, a partir de mi lectura de los conceptos forjados por el pensador, considero relevante realizar la siguiente “distinción categorial”: indagar acerca de las herramientas constituidas por la filosofía foucaultiana en absoluto implica comprometerme con un análisis doxológico respecto de lo ajustado o no de las referencias introducidas por Foucault respecto de otras/os filósofas/os y corrientes filosóficas. En ese sentido, por ejemplo, al revisar cómo problematiza el saber, distinguiéndolo del conocimiento, no pretendo evaluar la prolijidad de las referencias foucaultianas a la fenomenología. Tampoco me detendré en problematizar la “corrección” de sus lecturas de Immanuel Kant o de Friedrich Nietzsche, si bien la referencia a ambos autores será fundamental a la hora de dar cuenta del modo en que problematiza la filosofía como actividad de diagnóstico de la actualidad. Es decir que, si bien considero relevante la forma en que, por ejemplo, los nombres de Kant y Nietzsche se encuentran presentes en el discurso foucaultiano, articulando su economía, esto no implica en absoluto convalidar en un registro historiográfico lo atinada o plausible que resulta la manera en que el francés se ubica frente a ambos filósofos alemanes. En otros términos, son dos problemas de investigación diferentes: cómo entiende la filosofía crítica Foucault –cuestión que requiere revisar la forma en que se ubica en torno al legado de Kant y Nietzsche– y cuán rigurosamente lee Foucault a Kant y Nietzsche. No puede pasarse, sin solución de continuidad, de un problema al otro.

Por ende, si bien resulta indispensable destacar cómo se ubica Foucault en torno a lo que señala que serían las posteridades críticas abiertas a partir del legado kantiano (2008: 3-39), ello no implica evaluar –ni mucho menos convalidar tácitamente– la lectura foucaultiana del königsbergense, como si el francés fuese un historiador de la filosofía moderna. Puede decirse, entonces, que al abordar la producción foucaultiana en el marco de una investigación inscripta de forma interdisciplinaria, “a mitad de camino” de la filosofía política contemporánea y la epistemología de las ciencias sociales, los trabajos de Foucault son abordados en tanto fuentes primarias, no como si se tratara de un historiador de la filosofía que publicara artículos sobre “la obra” de otras/os filósofas/os. En sintonía con la cita que he colocado como epígrafe, considero oportuno leer a Foucault como un “experimentador”, como un filósofo de primera línea que propone herramientas conceptuales acicateado por los problemas del presente en que se encuentra inmerso. Por lo tanto, distinguiré entre la forma en que las menciones de otras corrientes filosóficas estructuran el discurso foucaultiano y la evaluación respecto de su plausibilidad filológico-historiográfica.

Sin embargo, lo antedicho no implica que, a la hora de revisar la estrategia foucaultiana de explicitar en qué consiste la perspectiva arqueológica por medio de una contraposición con la fenomenología, deje de reponer cierta faceta de esta corriente para clarificar la posición de Foucault. Sin menoscabo de la distinción metodológica explicitada, considero que una somera revisión de determinado aspecto de la fenomenología puede contribuir a la comprensión del juego de espejos que vertebra la estrategia foucaultiana de deslinde de la arqueología respecto de la fenomenología. Cuestión que bajo ningún punto de vista implica sostener que la lectura foucaultiana de la fenomenología “le haga justicia” a la riqueza de matices de dicha tradición, ni mucho menos que cierta faceta que mínimamente reponga para esclarecer la posición de Foucault agote las múltiples aristas de dicha corriente fundamental de la filosofía contemporánea. Otro tanto podría decirse en relación con el marxismo, puesto que –por ejemplo– al analizar la distinción foucaultiana entre su propuesta de llevar a cabo una crítica política del saber y la crítica marxista de la ideología, no considero oportuno evaluar cuán fina es la reconstrucción que el pensador francés propone, sino que más bien trataré de captar a contraluz el eje de la herramienta filosófica acuñada por medio de ese contrapunto con el marxismo.

Sobre esta cuestión en particular, viene al caso recordar que al comienzo del curso Du gouvernement des vivants (Foucault, 2012), dictado en el Collège de France en el período 1979-80, al introducir una reformulación de la noción de gubernamentalidad desde la grilla saber-poder hacia la grilla gobierno mediante la verdad, el filósofo recuerda que previamente había introducido la grilla saber-poder como forma de desmarcar su perspectiva de la crítica de la ideología dominante, y explicita una serie de objeciones que podrían formulársele a dicho enfoque. Objeciones que, en la edición del curso como libro, se encuentran condensadas en un párrafo (Foucault, 2012: 12-13), que es al mismo tiempo extremadamente escueto y sumamente ilustrativo. Esto es, si tomáramos lo dicho por Foucault como “bibliografía secundaria” sobre la crítica marxista de la ideología, va de suyo que una lectura tan breve adolece, necesariamente, de falta de matices. Pero, leído como una estrategia filosófico-pedagógica que apunta a clarificar la propia perspectiva foucaultiana, dicho punteo de unas pocas líneas resulta muy instructivo. De lo que se trata, en definitiva, es de evitar dos formas de lectura que, si bien se oponen a nivel del posicionamiento filosófico, presuponen una metodología de trabajo filosófico equivalente; esto es, el “foucaultianismo a priori” que reduce el marxismo a lo dicho por Foucault, como si el pensador francés fuera un historiador de dicha forma de pensamiento, y la “crítica por elevación” que pretende invalidar las herramientas foucaultianas por haber sido introducidas a partir de un juego de espejos con una versión simplificada del marxismo.

Por otra parte, dado que Foucault es un filósofo cuyos trabajos sobre las formas de ejercicio del saber-poder en la modernidad –las disciplinas, la biopolítica, el liberalismo y el neoliberalismo– han sido retomados como puntos de partida de vastas líneas de investigación, tanto en el campo de la filosofía política como en el ámbito de las ciencias sociales, se torna pertinente explicitar que dichas indagaciones “posfoucaultianas” exceden el objeto del presente libro. Por esta razón, las eventuales referencias que puedan incluirse a trabajos como los de Giorgio Agamben (1995), por ejemplo, no estarán motivadas por una pregunta por los aportes que allí se condensan, sino por la manera en que allí se interpreta a Foucault. Así, estas publicaciones tendrán un estatuto análogo al de las fuentes secundarias, y su tratamiento será inverso al dado al corpus foucaultiano. Por lo tanto, si en los trabajos del francés resulta pertinente colocar el foco de miras en las herramientas que configura, dejando a un lado cómo problematiza a determinadas/os filósofas/os, las publicaciones de las/os investigadoras/es que lo retoman se tornan relevantes en un sentido inverso. Puesto que, en el contexto de esta investigación, solo resultan pertinentes por cómo interpretan a Foucault, en lugar de por los desarrollos conceptuales que despliegan a partir de un diálogo crítico con alguno de sus aportes.

Paralelamente, de manera análoga, quisiera destacar que al hacer de los trabajos de Foucault el blanco de la investigación, y preguntarme por el tipo de crítica que el filósofo perfila en ellos, considero relevante remarcar que quedan por fuera del foco de este libro el análisis y la discusión de los aportes foucaultianos en un registro historiográfico. Por ende, no me abocaré a la evaluación de la plausibilidad o rigurosidad de la lectura que realiza, por ejemplo, respecto de la formación de las ciencias humanas o de las artes de gobierno, cual si sus trabajos se inscribiesen en el campo de la historia de las ciencias o de la historia social y política. En contraposición, la presente investigación –inscripta en un registro filosófico– apunta a dar cuenta de la riqueza de las herramientas que el filósofo configura para problematizar la imbricación entre las ciencias humanas –en tanto saberes sobre “lo humano”– y las artes de gobernar. Como lo señalara en el apartado correspondiente, es objetivo de este trabajo dar cuenta del tipo de crítica que se configura a partir de la caja de herramientas foucaultiana, y no evaluar su producción filosófica en un registro historiográfico, sea respecto de las ciencias humanas o de la política.

En ese sentido, sin menoscabo del hecho de que, en el pasaje de la década del setenta a la del ochenta del siglo pasado, el neoliberalismo devendría mainstream del pensamiento político a nivel mundial (impregnando la agenda de políticas públicas “promovidas” por los llamados organismos multilaterales de crédito), que es por cierto lo que motiva que, de los distintos tópicos por medio de los que Foucault aborda la imbricación entre la formación de las ciencias humanas y la emergencia de los modos de ejercicio del poder, sea éste en el que me detenga; lo relevante, en términos filosófico-políticos, es el conjunto de conceptos acuñados por el filósofo que pueden ser apropiados para problematizar nuestro presente. Sobre este punto, no puede soslayarse que han pasado más de cuatro décadas desde el dictado del curso, ni que nos encontremos leyéndolo desde Argentina. Lo que quiere decir que, en sentido estricto, lo que vuelve pertinente analizar desde una semicolonia ubicada en la periferia del capitalismo, a comienzos de la tercera década del siglo XXI, la lectura realizada en 1978-79 (esto es, antes del ascenso de Margaret Thatcher en Reino Unido y de Ronald Reagan en los Estados Unidos) por un filósofo francés respecto de economistas, sociólogos y filósofos austríacos, alemanes y estadounidenses, es el tipo de crítica que despliega. O sea, su forma de problematización. Es ese, justamente, el aporte que el trabajo filosófico puede realizar, complementando así las herramientas brindadas por las investigaciones del campo de las ciencias sociales y la historia intelectual respecto de la recepción e implementación local del neoliberalismo.


  1. Por medio de la expresión “saberes acerca de lo humano” me refiero no solo a las ciencias humanas en sentido estricto, que en los términos de Foucault son la sociología, las ciencias con radical psi y los estudios literarios (1966; Sabot, 2006), sino también a aquellos saberes cuya formación enmarca la constitución del “hombre” en tanto que “vive, trabaja y habla”. Esto es, las ciencias empíricas –biología, economía política y filología– que toman por objeto a los “cuasi-trascendentales” de la episteme modera: “la vida, el trabajo y el lenguaje”, respectivamente (Foucault, 1966).
  2. Salvo en los casos en que se indique lo contrario, he trabajado directamente sobre las fuentes en idioma original.


1 comentario

  1. librolab 29/04/2025 16:40

    El en marco del Programa de Posgrado en Ciencias Criminales de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande del Sur (PUCRS, Brasil), el día 25 de marzo de 2025 se llevó a cabo la presentación virtual del libro Michel Foucault: entre epistemología y política, de Iván Gabriel Dalmau. La actividad fue coordinada por el Prof. Dr. Augusto Jobim y por los doctorandos Ana Clara Elesbão e Gabriel Saad Travassos. Además del autor, participaron en calidad de presentadores el Dr. Marcelo Raffin y la Dra. Luciana Álvarez. Compartimos el video de la actividad:
     

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