Un análisis desde una propuesta
de investigación acción
Verónica Jaramillo y Matilde Condori
Introducción
Este escrito pretende evidenciar la lucha por los derechos sociales de las mujeres migrantes del barrio 17 de Noviembre en Lomas de Zamora (Provincia de Buenos Aires), en un escenario pospandémico entre 2021-2022, en el cual estas mujeres intentaron mejorar su situación socio-económica empleando distintas estrategias de acción colectiva para el acceso a sus derechos. Parte de la recolección de información para esta investigación se realizó en el marco de un proyecto de cooperación internacional desde la organización no gubernamental Desarrollo y Autogestión (DyA, a su vez era financiada por la ONG WinRock Internacional) que tenía por cometido analizar la trata de personas y el trabajo infantil en el sector de la confección de la indumentaria. Pero varios de los emergentes de este análisis, una vez realizado el trabajo de campo, permitieron analizar los componentes y matices de la cultura jurídica de mujeres migrantes, asentadas en este barrio, que sobrepasaron el marco de la investigación financiada.
El concepto tradicional de cultura jurídica reconoce la importancia de evidenciar actitudes, valoraciones y creencias dentro de quienes se relacionan con las demandas para acceder a derechos. En este sentido, importa si estas formas de reconocimiento de la ley se ajustan a lo que realmente dice la norma o, por el contrario, son construcciones, mitos y dinámicas que se tejen entre quienes conocen y quienes no conocen la ley y el sistema institucional.
Desconocer las normas del país al que se ha migrado y contar con herramientas legales que no operan u operan de otra manera en sus países puede ser un punto de partida para entender los desafíos que enfrenta la población migrante al realizar las demandas de acceso a derechos, quienes, además, frecuentemente, no se sienten con la legitimidad de exigir derechos en el país al que llegaron.
Para las mujeres del barrio 17 de Noviembre, la falta de trabajo, el hambre, la intensidad de las violencias por motivos de género y la falta de guarderías y lugares de atención para la niñez las llevó a organizarse para la construcción y mejoramiento de centros de primera infancia, comedores comunitarios, lugares de contención para las violencias, centros de esparcimiento para las niñeces y espacios para brindar capacitaciones a mujeres emprendedoras.
Para llevar adelante su trabajo, estas mujeres debieron primero comprender que contaban con derechos, entender que el derecho al cuidado era importante para sus comunidades y, posteriormente, tejieron relaciones con el Estado buscando hacer escuchar sus demandas al mismo tiempo que conectaron con organizaciones de la sociedad civil que financiaron parte de sus iniciativas. La construcción de una legitimidad barrial se ha dio gracias al capital social y cultural (Bourdieu, 1989) que han adquirido con tantos años de militancia, contando con redes en el interior del barrio y afuera de él.
Pese a la necesidad de poner el cuidado en el centro de las demandas, lo cierto es que los mandatos normativos en el tema del cuidado, como derecho humano, siguen siendo incipientes e invisibles en muchos escenarios, y aunque hoy está en la agenda pública más vigente que nunca, aprender que se tiene el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado sigue siendo un desafío. Ya que cuidar es un mandato que recae en las familias, cuidar a sus hijes, a las personas enfermas y a las personas adultas mayores son acciones que están impuestas a las mujeres como un imperativo moral, el cual además cumple con la importante función vital de disciplinar los cuerpos de las mujeres, para ello, al mismo tiempo de reproducir la fuerza de trabajo, apropiándose del trabajo gratuito de la mujer que a su vez aporta a la economía del país (Federici, 2019; 2013; Rosas y Gil Araujo, 2021).
Por otra parte, es importante recordar que la pandemia representó un gran desafío para las comunidades migrantes en todo el mundo (Baeza, Matossian y Barelli, 2023): la falta de documentación local; la falta de redes familiares en la contingencia; los trabajos precarios, en los cuales el ahorro es prácticamente imposible; y las ayudas públicas como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que no les fueron otorgadas dejaron a personas migrantes del barrio 17 de Noviembre en Lomas de Zamora en situaciones de desprotección social y hambre. Según un pedido de informe realizado al ANSES para septiembre de 2020, de 879.883 solicitudes realizadas por personas extranjeras para obtener el IFE solo fueron otorgadas 381.044, lo que equivale a una tasa de aprobación de un 43.3 %.
En este contexto local, las vecinas se reorganizaron, las manos migrantes hicieron ollas populares, prestaron sus espacios de resguardo, sus propias casas para alimentar a otros y se organizaron para coser barbijos y ropa desechable para los hospitales de la zona. También en sus casas se incluyeron postas de salud para la vacunación cuando empezaron a llegar las vacunas.
La pandemia las encontró organizadas, ya que estas mujeres migrantes llevan años en la lucha por el reconocimiento de sus derechos, primero demandando su derecho a la vivienda, exigiendo la urbanización del predio que habitan en Lomas de Zamora antes conocido como “Campo Tongui” –hoy llamado barrio 17 de Noviembre–, pidiendo cloacas y buen servicio de luz (que se corta constantemente). Pero mientras exigen sus derechos, ellas han pavimentado y nomenclado las calles y han ocupado lugares donde el Estado aún no llega, con la idea de mejorar sus vidas y la de sus hijes. Más recientemente, exigen centros de cuidado para la contención para las infancias y las adolescencias y dispositivos para la protección contras las violencias por motivos de género.
En cada una de estas luchas, ellas han aprendido un marco legal que les permite hablar con las autoridades locales en la misma clave y para ello han realizado alianzas con distintas organizaciones nacionales y de migrantes, lo que les permite hacer uso de terminología y aspectos legales claves para hacer escuchar su voz.
Comparar sus saberes desde el origen y evidenciar la diferencia entre el allá y el acá es un elemento clave en su discurso. Darse cuenta de que en la Argentina hay derechos diferentes o que se abordan con otra institucionalidad les permite construir relatos comparados, donde deben desandar algunas experiencias y donde deben reconocer los aprendizajes que han ido construyendo con su proyecto comunitario.
El proyecto desarrollado por DyA construyó una propuesta metodológica para la recolección de información desde la investigación-acción empleando la cartografía social como elemento de trabajo con la comunidad, el gobierno municipal de Lomas de Zamora y la Comisión Provincial para la Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI).
La elección del territorio del barrio 17 de Noviembre se realizó porque, dentro de la provincia de Buenos Aires, Lomas de Zamora es un municipio asociado a los diversos eslabones de la producción de indumentaria, sobre todo porque en una de sus localidades, Ingeniero Budge, se encuentra el complejo ferial La Salada, considerado uno de los más grandes de Suramérica. Este municipio es, entonces, una de las localidades que se caracteriza por una fuerte presencia de establecimientos de producción textil, producción de indumentaria y comercios mayoristas vinculados con esta industria, en la que se reconoce la presencia de trata de personas y trabajo infantil. La alta presencia migrante en los distintos eslabones de la cadena textil y lo feminizado del sector fueron los elementos claves a la hora de la elección territorial. En el municipio de Lomas de Zamora, según el censo del 2010, la incidencia de la población migrante es de un 9 %, casi el doble que la media nacional.
Metodología
Las investigaciones que se realizan en escenarios de proyectos de cooperación internacional tienen el componente clave de que las categorías elegidas para realizarlas están dadas por el financiador; incluso muchas veces la metodología y la mirada también están preestablecidas de antemano en manuales realizados con vocación de copiar y pegar en distintos escenarios, técnicas que quizás en cada país no sean tan asemejables. El proyecto ATLAS, sigla en inglés para referir a Attaining Lasting Change for Better Enforcement of Labor and Criminal Law to Address Child Labor, Forced Labor and Human Trafficking (‘Para lograr un cambio duradero para una mejor aplicación de las leyes laborales y penales para abordar el trabajo infantil, el trabajo forzoso y la trata de personas’), financiaba una indagación sobre trabajo infantil y trata de personas con incidencia en los órganos de gobierno y se realizaba en cuatro países en simultáneo: la Argentina, Liberia, Tailandia y el Paraguay.
Para comprender las singularidades del territorio, se le propuso al financiador el uso de una cartografía social, la cual actuaría como método de recolección de información y diagnóstico de necesidades dentro de un proceso participativo y colectivo a partir del cual se construyen saberes y se ponen en valor las experiencias de quienes participan, a partir de un intercambio que se genera utilizando mapas y gráficos que se vinculan los espacios locales.
Con esta técnica, se identificaron desafíos y oportunidades para trabajar desde lo local en diferentes políticas públicas, las cuales pudimos analizar y concretar trabajando con la Comisión Provincial para la Erradicación del Trabajo Infantil (COPRETI), el Ministerio de Trabajo-Provincia de Buenos Aires, la Municipalidad de Lomas de Zamora y con cuatro organizaciones de la sociedad civil (Wawa Wasi Caritas Alegres, Tercer Tiempo, Entramando Mujeres y Puertas Abiertas) del barrio 17 de Noviembre de Lomas de Zamora.
Para fortalecer el equipo de trabajo del gobierno provincial, se sumaron facilitadoras del barrio 17 de Noviembre y se les brindó un curso de cartografía social con un investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) experto en el método. Además, trabajamos con un cartógrafo facilitador que coordinó las cuatro jornadas de tres horas en el territorio y fue quien construyó las preguntas y el diagnóstico que se debatió con la COPRETI, el municipio y las organizaciones barriales, y también se trabajó con una dibujante que recreó los pictogramas iniciales para ubicar en el mapa.
Para trabajar en el barrio, propusimos la búsqueda de un equipo que tuviera identidad étnica-nacional y que pudiera salvaguardar los intereses de las referentas del barrio, por lo que se trabajó con referentas territoriales que eran de la comunidad migrante, quienes convocaban a las jornadas de cartografía y facilitaban el trabajo en grupos, grabando y haciendo minutas dentro de las jornadas.
El diagnóstico realizado allí terminó con la creación de un nodo de acción de la COPRETI, que se concibe como un espacio de gestión compartida con el gobierno local mediante el cual se piensa, se ejecuta y se evalúa la implementación de los proyectos, se articula la inversión en infraestructura y de material recreativo, además de brindar capacitación a docentes y para autoridades, incluyendo la construcción de material para la promoción de derechos, con una inversión del gobierno provincial en ese territorio de cinco millones de pesos (para 2022).
La importancia de la apuesta metodológica confluyó en los intereses de la COPRETI, a la que le interesaba la metodología de mapeo o cartografía social para el análisis de la política pública y las mujeres, quienes ya habían construido un mapa de su barrio para conocer las manzanas y distribuirse la representatividad de cada una de ellas. Por ello, el primer material en el que empezamos a trabajar fue en el propio mapa construido por ellas. Sumar saberes, reconocer el trabajo de referentes barriales y poder analizar las problemáticas que se tienen en el barrio fue parte importante del método elegido.
Figura 1. Mapa de las manzanas hecho por las mujeres del barrio con pictogramas realizados en la cartografía y que describían situaciones del barrio

Fuente: archivo personal.
Después de la sistematización y organización de los hallazgos, se construyó un árbol de problemas, retomando todo el recorrido realizado en el cual puedan verse las causas, los efectos y las líneas de acción por trabajar en articulación interinstitucional. Las propuestas de trabajo se dividieron en tres ejes principales: 1. El Fortalecimiento de las redes de cuidados, lo que inició con el armado de un recursero, involucrando a otros actores del Estado para pensar estrategias de solución articuladas y con un abordaje integral centrada en las infancias; 2. La promoción de campañas de difusión de políticas públicas, diseñadas en clave de derechos y que contemplen las miradas de las personas migrantes; 3. La optimización del trabajo cooperativo como modelo alternativo, pero dentro de procesos de registración laboral que pudieran proveerles seguridad social, partiendo de reconocer algunas experiencias con talleres familiares.
En este escrito nos detendremos en los resultados puntuales del primer eje sobre el fortalecimiento de las redes de cuidado y autocuidados que las mujeres migrantes tejieron en el marco de la propuesta de la cartografía social, resaltando las acciones que se dieron en paralelo y que excedieron el cometido de la investigación pero que sirvieron para pensar acciones que hacían parte de su cultura jurídica.
Parte de la información recopilada para este escrito fue gracias al abordaje realizado en el barrio 17 de Noviembre con la cartografía social entre noviembre de 2021 y diciembre de 2022, aunque posteriormente establecimos entrevistas en marzo de 2023 con las referentes de Wawa Wasi para profundizar temas como las intervenciones en casos de violencia por motivos de género que no estuvieron sistematizados dentro de la propuesta metodológica inicial. La identificación de las referentes con sus nombres reales responde a la necesidad de visibilizar su trabajo, también en estos escenarios académicos, a pedido de ellas mismas y coincidiendo con su mirada, por lo que las incluimos.
Algunas apuestas conceptuales
La propuesta de este escrito es pensar las implicancias de la cultura jurídica en el acceso a derechos, entendiendo que la cultura jurídica se refiere a cuestionarse sobre los modos y las formas en que un sector de la población concibe e interactúa con las leyes y con el Estado. Es por ello que en este estudio la cultura jurídica se entiende vinculada a procesos que tienen lugar antes, durante y después del acercamiento a la institucionalidad del Estado, sin olvidar que los contextos económicos, sociales y culturales codifican poderosamente el imaginario que se tenga sobre el Estado (García Villegas, 1993; Nelken, 2009, 2004, 2003; Friedman, 1989; 1975; Friedman y Pérez Perdomo, 2003; Somers y Roberts, 2008; Fraser, 2008, entre otros).
Por tanto, para evidenciar las distintas dinámicas sociales que se recrean en torno a las normas, se retoma el concepto de cultura jurídica entendida como la que trata de los conjuntos de saberes, creencias y pautas relacionados con las normas jurídicas de los diferentes grupos sociales y sus formas de actuar al respecto.
El concepto de cultura jurídica de Lawrence Friedman (1975) nos proporciona la posibilidad de indagarla en dos niveles: 1. La cultura jurídica interna, comprendida como el pensamiento de Estado (Bourdieu, 1997), donde se ponen en juego las leyes y normativas que actúan nacional, provincial y municipalmente y las actuaciones de quienes poseen el poder de hacerlas cumplir; 2. La cultura jurídica externa que pretende desentrañar los acercamientos de las personas, en este caso, el accionar de las mujeres migrante del barrio 17 de Noviembre frente a los órganos e instituciones encargados de efectivizar sus derechos sociales.
Retomaremos a los efectos del presente escrito la cultura jurídica en esta segunda acepción, ya que pretende analizar la comprensión de las normas en la Argentina, como país de acogida, y cómo las mujeres migrantes las procesan, en relación con los conocimientos que traían de su país de origen y cómo las incorporan y las ponen en práctica con sus pares para realizar demandas al Estado.
Por otra parte, encontramos en el barrio 17 de Noviembre una demanda sobre el derecho al cuidado, que han suplido desde hace años las mujeres migrantes que han abierto centros de cuidado y recreación. Pese a ello, el derecho humano a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado es un tema poco visible dentro de la normativa local e internacional, aunque cuenta con un desarrollo desde 1948 con la Declaración Universal de Derechos Humanos, en su artículo 25.° inciso 2, también lo encontramos en la Convención de los Derechos del Niño de 1981 en sus, artículos 3.°, 4.°, 18.°, 23.°, 30.° y 24.° inciso 2, donde se reconoce que “niñas, niños y adolescentes, son el grupo que requiere cuidados para su supervivencia, autonomía progresiva y ejercicio de sus derechos de manera corresponsable entre padres y madres”. Otro de los antecedentes a nivel internacional es la Recomendación general N.° 27 (2010) del Comité que conoce la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (1979) (CEDAW), que menciona que
Los Estados parte deben velar por que las mujeres que se ocupan del cuidado de niños y niñas tengan acceso a prestaciones sociales y económicas adecuadas, y reciban toda la ayuda necesaria cuando se ocupan de padres, madres o parientes ancianos (párrafos 43 y 44).
Para 2015, el cuidado aparece operacionalizado en la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, donde se habla de la necesidad de un sistema integral de cuidados. Este mandato es el que lleva a los gobiernos nacionales y locales a empezar a pensar en las necesidades de atención y contención de las infancias y de las personas adultas mayores por medio de un sistema integral. En el escenario de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, desde hace 45 años los gobiernos han impulsado una agenda regional de género integral (Güezmes García y Vaeza, 2023), con el propósito de guiar las políticas públicas hacia la igualdad de género en la ley y en los hechos con mayor autonomía para las mujeres (CEPAL, 2021). Esto se ha traducido en la Argentina, ya que en 2022 el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, junto al Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, presentó ante el Congreso de la Nación la propuesta de creación del Sistema Integral de Cuidados (SINCA), que comprende al conjunto de políticas públicas de cuidados que, de forma integral y articulada, garantizarán una organización social del cuidado accesible y de calidad, con igualdad de género y enfoque de derechos humanos. Aunque estos temas tienen un debate incipiente entre quienes crean la política local, las mujeres de los barrios populares en la Argentina llevan años proveyendo servicios de cuidado sumándole una triple jornada laboral a su día, después de atender su trabajo, el de su familia y el trabajo comunitario, y muchas de estas mujeres son migrantes (Rosas, 2018; Magliano, 2019).
Los desafíos del cuidado en el barrio 17 de Noviembre y una propuesta de intervención
En lo que se refiere al cuidado de las niñeces, muchas familias migrantes del barrio 17 de Noviembre, más las recién llegadas, prefieren tener cerca a sus hijes más chicos, muchas veces viviendo en espacios laborales, encerrados e insalubres, sin contacto con otros pares, que llevarlos a centros de cuidado o guarderías, con personas que no conocen o en quienes no confían. La desconfianza inicial en la sociedad de llegada, las barreras culturales, las formas de crianza y el no contar con redes familiares que les ayuden con la gestión de entradas y salidas de los espacios de cuidado son algunos de los principales límites que experimentan estas familias.
Venimos de una cultura de trabajo, donde se nos enseña eso, que hay que trabajar desde muy pequeños, que, para salir adelante, tienen que trabajar mamá, papá e hijos. Pero poco a poco fuimos evolucionando y nos fuimos dando cuenta de que los niños tienen derecho a estudiar, tienen derecho a jugar, derecho a la salud, tienen muchos derechos y como nosotros como padres tenemos que aprender a concientizar que nuestros hijos de que tienen derechos (Giovanna Campos, referente Wawa Wasi, septiembre 2022).
Muchas de estas niñeces terminan trabajando en los entornos familiares, con la excusa de que lo hacen para que no se aburran o con el fin de que aprendan de a poco el oficio de su familia. Con respecto a poder identificar el trabajo infantil como una dificultad para el desarrollo de las infancias o como un “delito”, las charlas que se tuvieron dentro de la cartografía lo expusieron como un tema vedado, del no se quiere hablar; solo después de que se presentó en un escenario integral, complejo, enmarcándolo en las necesidades de cuidado de las familias, pudo ser percibido desde otro lugar, y las mujeres pudieron hacer el análisis del allá y el acá, entendiendo que algunos patrones culturales de trabajo no son aceptables en el país.
En este contexto, la apuesta del gobierno provincial con la COPRETI fue visibilizar esta situación, y para ello se expuso el tema del trabajo infantil en el barrio a partir de la cartografía social, con el fin de que las personas migrantes puedan comprender que en la Argentina es ilegal el trabajo infantil. Más allá de proponer un enfoque punitivista, desde la COPRETI se encargaron de visibilizar la importancia de los entornos de cuidado institucionalizados para que las infancias puedan desarrollar sus habilidades y capacidades en entornos adecuados.
Hablar del tema del trabajo infantil no resultó fácil; muchas de las participantes de la cartografía social contaron cómo ellas mismas trabajaban desde temprana edad y cómo el trabajo era un valor dentro de las comunidades migrantes, que debían dejar a sus hijes. El trabajo infantil no era considerado un problema por debatir o una cuestión que se hablara públicamente.
A partir de estos encuentros, se problematizó y se fue consolidando la idea de que ocupar a sus hijes en la producción de indumentaria o en trabajo doméstico intensivo, aunque sea realizando laborales sencillas, como “sacar los hilitos” o cuidar a sus hermanas o hermanos, les saca tiempo a las niñeces de estudio, de juego y de desarrollo. La reflexión que se dio al respecto fue impuesta por el gobierno provincial en cabeza de la COPRETI y por la ONG (y el financiador internacional), ya que en el ámbito municipal en el área de niñez no se daban estos debates ni se difundía información al respecto del trabajo infantil, es decir, era un tema que no hacía parte de la cultura jurídica local.
Pero, por otra parte, lo que sí podían evidenciar las participantes de la cartografía fue el déficit local de atención para el cuidado de las infancias y la falta de detección temprana de situaciones de riesgo, como violencia, hambre o discapacidad. A partir de evidenciar esta necesidad es que las mujeres del territorio se organizan para brindar un servicio que no llega a proveer el Estado. Como el barrio 17 de Noviembre es un asentamiento irregular, muchos de los principales desafíos del cuidado radican en no tener lugares que se ajusten a las normas edilicias mínimas, ya que no cuentan con agua corriente, luz o cloacas, ni mucho menos calefacción para contener los climas invernales o veraniegos.
Además, las referentas expusieron la necesidad de cubrir plantas docentes de las escuelas públicas provinciales, ya que esta zona es considerada insegura o muy alejada, lo que no le permite al personal docente complementar su cargo con turnos en otras escuelas. Para facilitar las contrataciones, el Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (SUTEBA) agregó un plus salarial a quien decida tomar esas plazas. Pero sin duda la gran problemática del barrio es la falta de espacios de contención para niños, niñas y adolescentes en la primera infancia y lugares de recreación durante el receso escolar (DyA, 2022).
En el barrio 17 de Noviembre, ante la falta de cobertura en el nivel inicial, hace años se ha puesto en marcha el llamado sistema alternativo de cuidados, el cual permite que organizaciones comunitarias se encarguen del cuidado y educación de niñas y niños hasta sala de cinco años, vinculando a las cuidadoras a los planes potenciar trabajo. En este sentido, encontramos espacios barriales como Wawa Wasi Caritas Alegres; Capilla Ceferino Namuncurá, Rayito de Sol y Tercer Tiempo, espacios de cuidado, alimentación y esparcimiento para después de la jornada escolar. Después de la pandemia, estos centros de cuidado del barrio experimentaron, además, oleadas de renuncias de las docentes y cuidadoras de la primera infancia, quienes expresaron dificultades para generar vínculos con los bebés e infantes que en pandemia no establecieron relaciones con sus pares.
La organización Wawa Wasi Caritas Alegres es una de las instituciones con más larga trayectoria como parte de este sistema de cuidados; conformada por migrantes peruanas, principalmente, es un espacio que brinda su casa para la comunidad. Este centro funciona con un grupo de más o menos diez educadoras populares que son asesoradas por una maestra con título habilitante enviada por la Secretaría de Desarrollo Social del Municipio de Lomas de Zamora; allí se presta atención a alrededor de 100 niñas y niños. El mejoramiento edilicio de estos espacios de cuidado se ha dado paulatinamente, y con ayuda de fondos del Municipio de Lomas de Zamora y de ONG como Talentos, que ha invertido en mobiliario, material didáctico y de construcción y en equipamiento para el comedor y los talleres de costura.
Wawa Wasi tiene un multiespacio que, al mismo tiempo de educar y cuidar las niñeces, también es comedor comunitario y espacio de contención para mujeres víctimas de violencia, y cuenta con un taller de emprendimiento gastronómico y textil. La referente de Wawa Wasi, cuando menciona por qué las personas eligen su centro de cuidados, reconoce que realizan su trabajo con una perspectiva diferencial, donde algunas de las personas del barrio reconocen algunos elementos:
… la crianza, nuestra cultura, nuestras raíces, nuestras comidas, nuestra problemática en el hogar y el poder sacar adelante nuestra familia y el poder buscar herramientas para salir adelante, el poder estudiar siempre con una mirada de querer prosperar (Giovanna Campos, referente Wawa Wasi, septiembre 2022).
Los jardines del sistema alternativo son una opción muy buscada por las familias trabajadoras, en especial las familias migrantes, dado que valoran la mirada intercultural que ofrece la institución y las educadoras populares que, mayoritariamente, son migrantes y habitan en el mismo barrio o de otros aledaños (DyA, 2022). La Secretaría de Infancia y Adolescencia del Municipio cuenta con una gran presencia y cooperación con las referentes del barrio y son la puerta de entrada a muchos de los recursos del Estado a los que acceden las migrantes en Lomas de Zamora.
En ese marco, se propuso el fortalecimiento de los centros de cuidado con un ciclo de charlas que se llamó “Primero lo Primero”; a partir de allí se diseñaron cursos para mejorar la distribución interna de las tareas de las organizaciones de base: se creó un ciclo de encuentros para discutir estrategias de trabajo grupal y la distribución de funciones. También se realizaron capacitaciones sobre el abordaje integral de protección de las infancias, brindando abordajes desde la salud y los primeros auxilios, así como herramientas que les permitieran a las organizaciones obtener mejoras en la contención y resolución de problemas. El espacio formativo se brindó para educadoras de los espacios de cuidado infantil, y se inscribieron unas 50 mujeres, algunas de ellas referentes de la comunidad barrial, colaboradoras de estos espacios, educadoras en otras organizaciones y madres en general. Se les propuso también invitar a varones a los distintos espacios, para concientizar sobre el cuidado de las infancias como una cuestión que va más allá de las cuestiones de género, pero no tuvimos muchas asistencias. Las capacitaciones se realizaron en el periodo octubre-diciembre del 2022.
Estos talleres fueron pautados previamente con las mujeres del barrio en el escenario de la cartografía social, con el fin de generar un espacio de valoración de sus experiencias y de potenciación de nuevas ideas. Se buscó además, por medio de dinámicas, construir y compartir saberes en torno al cuidado de las primeras infancias, el cuidado en todas sus dimensiones y posibilidades, con el propósito de valorar y profesionalizar las tareas de cuidados. Al respecto, se trabajó sobre las normativas locales y se compararon saberes entre mujeres migrantes y no migrantes.
Los aprendizajes incorporados en temas de género
Las mujeres migrantes del barrio 17 de Noviembre han comenzado a identificar en los últimos años la violencia por motivos de género como una forma de autocuidado. La importante visibilización que tuvo en los últimos años el tema con las movilizaciones de Ni Una Menos y la ola verde en la Argentina, que conllevó la sanción de la ley del aborto legal, seguro y gratuito, no fue ajena a las migrantes. Antes de la pandemia, muchas de las más jóvenes exhibían sus pañuelos verdes y participaron en las marchas feministas de los últimos años, y también se informaron y formaron parte de redes de mujeres que debatían la violencia machista. Así pudimos comprobarlo en sus redes sociales y en sus relatos.
Las políticas públicas para la prevención de las violencias comenzaron a llegar a los barrios populares con más fuerza después de la pandemia de la COVID-19, y el Municipio de Lomas de Zamora cuenta con una importante experiencia a nivel provincial en el tema. El Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires coordinó acciones para llevar adelante grupos de escucha y contención, que fueron armados con el área de género del municipio, que se jerarquizó y pasó a ser una secretaría desde 2020.
Las migrantes de Campo Tongui habían empezado a trabajar dentro de estos grupos y a reconocer las categorías de violencia económica, simbólica y sexual que incluían la Ley N.° 26485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales. Estos saberes estaban a flor de piel mientras realizábamos la cartografía social. De hecho, en los distintos grupos que acompañamos dentro de la cartografía, aunque se pretendiera discutir otros temas –como por ejemplo el trabajo infantil–, siempre se volvía sobre el tema de la violencia de género y nos decían: “Acá hay una red”, “Acá sí se capacita mujeres en situación de violencia”, “Hay un hogar donde ellas van”, “Cuando hay una denuncia de violencia la comisaría no nos hacía caso, pero ahora aprendimos”. Una estrategia que utilizaron desde las organizaciones fue hacer una llave con las profesoras para detectar casos de violencia que impactaban en las niñeces:
… tratábamos de acompañar a las seños [profesoras] con el tema en las escuelas porque en algún momento hubo situaciones de violencia de mujeres migrantes de ahí del barrio, pero que tiene mucha vinculación también con hijos maltratados y en las escuelas si el niño es maltratado también la mamá está pasando situación de violencia (Tiffany Guzmán, promotora de género Wawa Wasi, septiembre 2022).
Las referentes del barrio reconocen que traen de sus países de origen estereotipos de género muy marcados, reconocen el machismo dentro de sus hogares y entienden que hay dificultades extra para combatirlo porque no cuentan con redes familiares que las ayuden a salir de estas situaciones. Así lo relata la referente de Wawa Wasi:
Me parece que traemos más que nada desde nuestros países esto del machismo, que lo tienen desde nuestras abuelas, desde nuestros antepasados, el creer que el hombre está siempre sobre nosotras, ¿no? Arriba de nosotras. Y que a veces eso también implica mucho en la crianza de nuestros hijos o de nuestros de nuestros nietos (Giovanna Campos, referente Wawa Wasi, marzo 2023).
Las mujeres del barrio contaban cómo eran sus formas de abordar las situaciones de violencia. Las referentes reconocían como importante ir a hablar con la familia, a pesar de que a las promotoras de género se las capacita para no exponerse físicamente; al acompañar estos casos se les dice que no se deben enfrentar al agresor. Ese sería el protocolo, pero lo que hacen desde la intervención barrial es ir entre tres o cuatro mujeres que acompañan el caso y hablar con el agresor, o con el hombre que no está pagando alimentos o que echó a su mujer de la casa, etcétera.
En el barrio teníamos vecinas, compañeras o amigas que pasaban lo que era violencia de género físicamente, verbalmente, psicológicamente. En su momento nosotros comenzamos más que nada a escucharlas, después comenzamos a involucrarnos un poquito más y poder tener estos allegamientos con el municipio y trabajar con el hogar Fátima [Catán] (Giovanna Campos, referente Wawa Wasi, marzo de 2023).
Las acciones emprendidas siempre eran a favor de la mujer, no para que vuelva sino para que realmente se le diera el dinero que correspondía a los chicos, que es el problema más grande por el cual las mujeres migrantes regresan con los violentos. Al ser golpeadas y rebelarse ante los golpes, también se quedan sin la manutención de sus hijes y además muchas veces se quedan sin la casa, las máquinas de trabajo o el vehículo que han logrado en la familia.
Las mujeres del barrio 17 de Noviembre tienen un espacio de diálogo para prevención de las violencias y crearon un grupo de referentes que se capacitan como promotoras comunitarias en género, el cual se han constituido desde el programa provincial, pero con el acompañamiento del gobierno local de Lomas de Zamora. Desde 2022, el grupo se reúne cada semana, son capacitadas y acompañan casos de las mismas mujeres; la directora de Wawa Wasi nos relata la experiencia de cómo llegaron al tema: “Después fuimos tratando de empoderarlas, acompañar escuchándolas. A algunas compañeras o vecinas que sí querían hacer la denuncia las acompañábamos a hacer la denuncia y después las derivábamos con el hogar Fátima”.
Uno de los testimonios más complejos recabados en el marco de la cartografía social fue aquel vinculado a una persona trans que tuvo un intento de travesticidio por parte de su pareja; una referenta barrial le gestionó el ingreso al Hogar Fátima Catán, con la Secretaría de Género y Diversidad del Municipio. Se le brindó contención psicológica y se le ayudó a volver con su familia. Las mujeres cuentan el caso con la alegría de una intervención a tiempo, cuidada y abordada desde un punto de vista intercultural. Pese a los retos que les suponía el abordaje de lo trans, la característica migrante se supo poner en primer lugar para encontrar una empatía con las otras mujeres que acompañaban estos procesos. Las intervenciones no se hacen en solitario: se actúa como grupo y se acuerdan los pasos por seguir, intentando salvaguardar los intereses de las mujeres migrantes y trabajando con el municipio.
En otra de las organizaciones, donde costuran peluches y almohadones, las mujeres reconocen el espacio de trabajo como una terapia, porque van a trabajar y conversan entre ellas sobre las situaciones de violencia que pasan y se aconsejan. Ellas valoran estos espacios de intercambio para hablar de sus maridos y las violencias que pueden estar sufriendo sin darse cuenta muchas veces.
Conocer la norma y saber que existe un sistema institucional local que la efectiviza resulta vital para su autocuidado en el tema de las violencias. La Secretaría de Género y Diversidad del Municipio goza de buena reputación entre las mujeres migrantes usuarias del sistema, ya que uno de los refugios más grandes de la provincia de Buenos Aires está en Lomas de Zamora (Jaramillo Fonnegra, 2016). Si bien hay muchos circuitos por mejorar, las mujeres se muestran proactivas y destacan su buena relación con la Secretaría de Género y con el área de migrantes del municipio.
El tema de las violencias por motivos de género no fue un tema pautado en las intervenciones de la cartografía, pero emergió en la mayoría de las dinámicas por el trabajo articulado que ya venía realizando el equipo del Municipio de Lomas de Zamora, y la cultura jurídica respecto del abordaje de las violencias de las mujeres migrantes tuvo un importante avance al encontrarse incluidas en los programas locales. La importancia de entender que la violencia por motivos de género las puede llevar a la muerte, y generar vínculos para favorecer el autocuidado, es uno de los principales aprendizajes de las mujeres del barrio 17 de Noviembre de Lomas de Zamora y su abordaje intercultural, entendiendo que las particularidades migrantes constituyen un aprendizaje importante para el gobierno local.
Conclusiones
Algunas de las principales conclusiones tienen que ver con la necesidad de identificar que la antigüedad en el país, el conocimiento de los circuitos institucionales, la posibilidad de identificar roles sociales y la potencia de construir redes dentro y fuera del circuito barrial son factores determinantes para la construcción de una cultura jurídica híbrida, que les permite hacer un análisis del allá y el acá, entendiendo y comparando que algunos patrones culturales de trabajo o violencias están siendo resignificados y no son aceptables en el país.
Por otra parte, el relacionamiento con las ONG de cooperación internacional les permite dinamizar las relaciones con los gobiernos locales ya que pueden identificar y conocer nuevas normas, lo que va a redundar en mayores oportunidades de tener éxito en los reclamos y en el acceso efectivo a derechos sociales. La suma de saberes y voluntades y encontrar nuevos marcos de acción potencia sus liderazgos migrantes y va reconfigurando permanentemente su cultura jurídica. Se trata entonces de un proceso permanente de construcción de conocimiento de derechos en el cual se ponen en juego saberes, redes y antigüedad en el país para abordar con mayor asertividad los reclamos y necesidades de las personas del barrio.
Con respecto a la apuesta metodológica, vale mencionar que por más que existan algunos tópicos que vengan preformateados por la cooperación internacional, la posibilidad de analizar temas emergentes y generar diálogos a partir de los temas que a las mujeres les vienen resonando y con los que se sienten cómodas trabajando van de una forma u otra a cooptar la agenda, el discurso y el análisis. Es por ello que este escrito pretendió mostrar esos temas emergentes como lo es el abordaje de las violencias por motivos de género, en contraste con el tema del trabajo infantil, que si bien era una de las principales apuestas de la investigación-acción en el barrio 17 de Noviembre, tuvo mayores resistencias, silencios y un camino más largo para desandar en la comprensión de las mujeres de lo que ello significaba. Lo importante de este camino fue la apuesta que realizó la COPRETI para abordar el tema del trabajo infantil enfocándose en buscar soluciones para el fortalecimiento de los sistemas de cuidado, para que las infancias no se vean en la necesidad de “ayudar en casa”, dejando de lado la postura punitivista y reconociendo las dificultades de los gobiernos locales para visibilizar estos temas. En este sentido, la relación construida entre el gobierno provincial con el gobierno municipal, la ONG DyA y las organizaciones del territorio fue central para identificar las necesidades para el fortalecimiento de los centros de cuidado con la propuesta de nodo para la prevención del trabajo infantil.
Otro avance latente en los últimos años tiene que ver con las demandas por la igualdad de género, el autocuidado, la atención y prevención de las violencias. La cultura jurídica de las mujeres migrantes ha sido ampliamente permeada por las demandas masivas de las mujeres argentinas y por la institucionalidad que se ha creado a partir de esas demandas. El reconocimiento que tienen las referentas migrantes desde el Estado local también suma a ese proceso, ya que habilitarles los espacios de escucha y contención y capacitarlas en derechos, dándoles lugar a sus formas de relacionamiento, además de brindarles el conocimiento de cómo funciona la institucionalidad, hace que las mujeres migrantes puedan reconocerse como parte de la sociedad del Municipio de Lomas de Zamora.
Bibliografía citada
Bourdieu, P. (1989). “Social Space and Symbolic Power”. Sociological Theory, 7(1) (primavera de 1989), Washington, American Sociological Association, pp. 14-25.
Baeza, B; B. Matossian; A. I. Barelli (Comp.) (2023). (In)movilidades e impactos del Covid-19 en las migraciones y los territorios. Tesseo.
CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) (2021). Hacia la sociedad del cuidado: los aportes de la Agenda Regional de Género en el marco del desarrollo sostenible (LC/MDM.61/3). Santiago de Chile, septiembre.
Desarrollo y Autogestión (DyA) (2022). Acceso a derechos en el sector de la confección de la indumentaria: El caso del Municipio de Lomas de Zamora (Provincia de Buenos Aires). Serie de Propuestas Metodológicas. Autora: Olave, Lizet. Coautora: Blasco, Lucía. Provincia de Buenos Aires: ONG DyA.
Federici, S., (2019). “Teoría de la reproducción social”. Filosofía radical, 2(4), 55-57.
Federici, S. (2013). Revolución en punto cero Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Madrid: Traficantes de Sueños.
Fraser, N. (2008). Scales of Justice. Reimagining Political Space in a Globalizing World. Columbia University Press. Malden.
Friedman, L. (1989). “Sociology of Law and Legal History”. Sociologia del Diritto, 16(2).
––– (1975). The Legal System: A Social Science Perspective. Russell Sage Foundation: New York.
Friedman, L. y R. Pérez Perdomo (2003). Legal Culture in the Age of Globalization: Latin America and Latin Europe. Stanford University Press, Stanford.
García Villegas, M. (1993). La eficacia simbólica del derecho: análisis de situaciones colombianas. Bogotá: Uniandes.
Güezmes García, A y M. N. Vaeza (coords.) (2023). “Avances en materia de normativa del cuidado en América Latina y el Caribe: hacia una sociedad del cuidado con igualdad de género”. Documentos de Proyectos. Santiago, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)/Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres (ONU-Mujeres).
López Medina, R. del C., (2014). “Cultura jurídica”. EUNOMÍA. Revista En Cultura De La Legalidad, 7, 229-235. Recuperado a partir de https://bit.ly/452BPW3
Jaramillo Fonnegra, V. (2016). “Acceso a la justicia, migrantes y violencia de género”. Revista nuestrAmérica, 4(7), 29-44.
Magliano, M. J. (2019). “La división sexual del trabajo comunitario. Migrantes peruanos, informalidad y reproducción de la vida en Córdoba, Argentina”. Revista de Estudios Sociales, 70, 88-99.
Nelken, D. (2009). Beyond Law in Context: Developing a Sociological Understanding of Law. Ashgate.
––– (2004). “Using the Concept of Legal Culture”. De próxima publicación en Australian Journal of Legal Philosophy.
––– (2003). “Comparativists and Transferability”. En Pierre Legrand y Roderick Munday (eds.), Comparative Legal Studies: Traditions and Transition.
Rosas, C. (2018). “Mujeres migrantes en el cuidado comunitario. Organización, jerarquizaciones y disputas al sur de Buenos Aires”. En C. Vega, R. Martínez-Buján y M. Paredes (eds.), Experiencias y vínculos cooperativos en el sostenimiento de la vida en América Latina y el sur de Europa. Madrid: Traficantes de Sueños.
Rosas, C. y Gil Araujo, S. (2021). “Cuidado comunitario, políticas públicas y racionalidades políticas. El Estado y las trabajadoras vecinales de la Provincia de Buenos Aires, Argentina”. Revista Española de Sociología, 30(2), a32.
Somers, M. y Roberts, C. (2008). “Toward a new sociology of rights. A genealogy of ‘buried bodies’ of citizenship and human rights”. Annual Review of Law and Social Science, 385-425.






