Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Ayer, hoy y pandemia: las migraciones en José C. Paz

Trabajo, educación y vida cotidiana

Noelia Villarroel y Celeste Castiglione

Introducción

Desde los distintos proyectos de nuestro grupo de investigación, formalizados desde 2017 y recientemente subsumidos en el Núcleo Políticas de la Memoria, Identidades y Derechos Humanos del Instituto de Estudios Sociales en Contextos de Desigualdades (IESCODE) de la Universidad Nacional de José C. Paz, hemos trabajado diversos aspectos del complejo entramado migratorio de nuestro territorio, situado al noroeste de la provincia de Buenos Aires.

José C. Paz fue parte, junto a Malvinas Argentinas y San Miguel, del antiguo Municipio de General Sarmiento hasta 1994, donde se reconforma de manera independiente y con una identidad que revaloriza la mirada comarcal alrededor de la estación de ferrocarril como eje y que habilitaba fuentes laborales para su población (Castiglione, 2019).

Un primer relevamiento de la red asociacionista étnica y sus ecos nos permite dividir su historia en dos etapas. La primera, como parte de un pasaje hacia Luján con criollos que atravesaban la llanura y españoles (gallegos y vascos) (Castiglione y Villarroel, 2023), que tenían las primeras pulperías a la vera del camino, que a principios del siglo xx ya registra la presencia de migrantes de orígenes diversos. Japoneses, portugueses, croatas e italianos (de diversas regiones) conformaron corrientes que fueron nutridas con el creciente establecimiento de fábricas y emprendimientos que encontraban en el conurbano un espacio de trabajo y residencia para las familias de las diferentes posguerras.

Una segunda etapa se comienza a observar a partir de los años 70 del siglo xx, cuando el modelo neoliberal impacta en la desindustrialización progresiva, así como la redistribución y privatización de los espacios a partir de la construcción de countries y barrios privados. Aquí también se consolida la presencia de las migraciones de países limítrofes, especialmente los del Paraguay y del Estado Plurinacional de Bolivia como un partido de fácil llegada para residir y acceder a otros espacios de trabajo. A estas diversas etapas de migraciones históricas y recientes se han sumado las de chinos, subsaharianos y venezolanos.

Para el presente capítulo se ha condensado el trabajo de cinco proyectos de investigación que subsumen más de 70 entrevistas realizadas a líderes étnicos, miembros de asociaciones y descendientes, historiadores locales y organizaciones sociales. Asimismo, en todos los casos hemos llevado a cabo un abordaje etnográfico con observación participante en múltiples eventos además de la recopilación de innumerables fuentes y objetos (documentos, fotos, recortes, boletines, etc.), en donde se han revalorizado las voces de sus protagonistas. En este punto hemos tomado el abordaje de Welzer, Moller y Tschunggnall (2012) a partir del diálogo que se establece entre la “memoria cultural” (textos, imágenes, ritos) donde la “sociedad consolida una imagen de sí misma como tal y expresa un saber colectivo principalmente del pasado (si bien no excluye otros)” (2012, p. 24) y la “memoria comunicativa” que se activa y reproduce en lo cotidiano, en permanente cambio y actualización basada en la “lealtad” y el reconocimiento de los sacrificios del pasado, para con el grupo de pertenencia.

La historia de nuestro partido del conurbano reúne y condensa la de muchos que tuvieron una trayectoria similar y que comienza con prácticas, consumos y discursos de “ciudad aristocrática” (1880-1940), para albergar a la “ciudad de masas” (1940-1975), transformarse en una “ciudad transicional” (1975-1990) y ser hoy parte de una “ciudad fragmentada” (1990 en adelante) (Bottaro y Fournier, 2006), pero que al mismo tiempo posee características particulares y la heterogeneidad que suman a su construcción identitaria (Rofman, 2010) en donde las migraciones son constitutivas de cada una de sus etapas.

El pueblo deviene en ciudad

Me trajeron a los 10 años, pero no vine nunca.

  

Inés, 83 años, vasca, febrero de 2020

La estación de ferrocarril de José C. Paz encarna la marca fundacional de este paraje en donde familias fundadoras compraron extensiones de tierras en las cercanías del Camino Real, a las que se las conocía bajo el nombre de villas, como era la costumbre.

Como evoca el libro de Damín y Aldao (2015), las estaciones de ferrocarril representan un Estado cuidador, la solución ante los problemas que surgían en los parajes aledaños como un accidente o una enfermedad. La estación de José C. Paz contiene esa representación y allí el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (hoy San Martín) y la otra línea inmediata a las vías del Tramway Rural (posteriormente Ferrocarril Central Buenos Aires, y luego Urquiza a partir de la nacionalización de 1949) atravesaban el Camino Real de San Fernando a Luján (hoy Ruta 197).

¿Pero cómo comienza la historia de su construcción identitaria? Las respuestas giran en torno a un vasco, José Altube, y un conjunto de familias de origen italiano y español, que en 1890 reúnen a los vecinos para promover la creación de una escuela y gestionar ante el municipio el arreglo de las calles de tierra, que en momentos de lluvia imposibilitaba el tránsito. En 1909, Altube y los vecinos influyentes fundan la Sociedad de Fomento de Arroyo Pinazo, el Club Centro Recreativo Juventud de Artesanos y en 1911 la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos, que aunaba a todas las corrientes migrantes sin distinción. Desde esta base, todo comenzó a crecer: en 1913 ya el paraje y la estación tenían el nombre de José C. Paz y estaba constituido por tres villas, barrios con nombres, y un periódico local que ponía en contacto a las casas que se disgregaban y las primeras escuelas que aglutinaban a los niños.

El gran cambio se da a partir de los años 30 del siglo xx, cuando, en virtud de encontrarse en “las afueras”, pero a la vez suficientemente conectada a través de tren, parte de la comunidad japonesa comenzó a arrendar campos, a los que se van sumando peones y al tiempo forman una cooperativa. Pero es en esa memoria construida en donde salen los distintos aspectos que conforman este espacio que imprimía su identidad entrelazando los oficios, las habilidades, los momentos de ocio y las creencias:

L: La primera casa forrajera, de carbón, estaba en la esquina de la facultad [se refiere a la UNPAZ], era de un italiano. La colectividad de floricultores de granos y afines y ahí nos conocimos todos y era una sola familia. A jugar al truco nos juntábamos los quinteros. Cada manzana era una quinta. I: B. era multifacético: curandero, peluquero, boliche, daba de comer, tenía conventillo, gallinero, todo suelto, hasta Alpargatas. Estaba afeitando e iba a atender, se limpiaba en el delantal los restos de barba.

L: Era de ascendencia española.

I: No había cortadora de fiambre y entonces afilaba el cuchillo en el delantal [nos reímos mucho].

L: Era el único que había en el barrio Alberdi.

I: Y no lo viste despachando los quesos gruyere. […]. Nosotros decíamos “¡Qué asco!”. Y era curandero… Para Semana Santa la cola que había desde el paso a nivel cerca de la madre de M. hasta la estación para hacerse atender. Jueves, viernes santo, del paso a nivel a Piñero a media cuadra, y enfrente teníamos la quinta… mi papá primero alquilaba y después compró un pedazo… como había una ley que no se podía aumentar los alquileres del agro… mi papá era productor agropecuario (IS y LC, 80 años, enero de 2022).

En este diálogo, que se retroalimenta legitimando las narrativas en el marco de la “memoria comunicativa” y que registramos en una entrevista conjunta entre una japonesa y un portugués, ya octogenarios, pero vecinos en la infancia y criados juntos, surgen los recuerdos acerca de diversificación de actividades que realizaban los adultos que intentaban sobrevivir haciendo lo que se pudiera y estuviera al alcance. Como señalan Welzer, Moller y Tschuggnall (2012), este relato cumple con los tres criterios para que una historia sea transmisible: es abierta, fragmentaria y deja espacios para que el oyente (en este caso, nosotras como investigadoras) completemos con experiencias propias (como la referencia a la universidad). El pasado entra, en este caso, dando cuenta de los peligros y la labilidad que poseía la vida cotidiana, de las que ellos son prueba de supervivencia y superación de las dificultades.

Allí la estación de ferrocarril (Piñero, la siguiente a José C. Paz, hoy desafectada), es una coordenada para fijar el relato que se entrelaza con la necesidad de contar la historia familiar y una progresiva intervención del Estado que, a mediados del siglo xx, ya es un actor económico que contribuye y habilita las condiciones de reproducción en este espacio. En ese sentido, la mención del Barrio Alberdi remite a la fábrica de cerámicos cuya planta fue inaugurada en 1948 y que no ha parado de crecer hasta el día de hoy.

Asimismo, en las cercanías estaba situada la fábrica De Carlo, que de 1947 a 1968 hizo motos y automotores al tiempo que contribuía y retroalimentaba el proceso de urbanización de sus áreas periféricas; era un ejemplo más de la situación que se replicaba en una decena de pequeñas industrias como la Topolín (de golosinas), Zanelli (dulces de consumo regional y de exportación), electrodomésticos (Yelmo) y metalmecánica (Álvarez Vázquez) (Uribeondo y Ruiz, 2009), así como talleres de soda, aceites y jabones. El proceso de urbanización se despliega en forma paralela a la instalación de las industrias en la zona y la promoción de loteos que en 1946 dieron origen a 35 barrios y fondos del Primer Plan Quinquenal destinados a pavimentar 115 cuadras.

Esta expansión económica alcanzaba a los hijos de estas primeras corrientes migratorias posibilitando expandir las posibilidades de estudiar en los nuevos colegios (bachilleres y técnicos) así como también viajar a la “Capital” a estudiar carreras universitarias. Esta movilidad social ascendente que la familia se apropiaba comenzaba a ver el pasado como un momento de sacrificio que no deseaban volver a pasar, y la educación era la variable que promovía ese cambio. El vivero, jardín o campo representaba lo que se había tenido que soportar, un espacio estático vinculado a la supervivencia y el cual había que, progresivamente, ir superando. Así como también en una perspectiva binaria: “H: El trabajo de floricultor era muy sacrificado por lo que decía mi papá, y nos mandó a estudiar” (H., 65 años, mayo de 2022).

La imposibilidad del retorno por las posguerras y sus consecuencias habilitó la formación de sus descendientes en tradiciones, narrativas e idiomas que se fueron formalizando a partir de los años 60 del siglo xx:

La comunidad italiana que estaba acá primero decidió hacer un club donde se juntara la gente, en 1954. Esto era un terreno baldío grandote, una forma de tener un lugar donde los emigrantes podrían reunirse y ellos ahí piensan en una escuela porque cada familia, cada hombre que se reunía tenía hijos, entonces venía, trabajaban todas las tardes, ponían parte de su trabajo para ir levantando. Acá se daban los famosos bailes (G., 60 años, maestra, 22 de marzo de 2018).

Como señala la entrevistada, primero fue el club social, cultural y recreativo donde se juntaban “para seguir peleándonos después de la fábrica” (M., 60 años, contador, abril de 2019). La concreción de la compra de un terreno y la construcción de la primera parte constituyó un acto colectivo: “Había varios grupos, unos querían una cosa, otros querían otra, pero siempre ganaba el italiano. Acá en José C. Paz todos hablaban italiano. Los sábados y domingos cargábamos las carretillas, las palas y veníamos a hacer la cancha de bochas, después venían las mujeres con la comida” (OD, 85 años, jubilado, abril de 2019). Finalmente, en 1972 se funda el Instituto Italiano, que cubre todos los niveles educativos y se expandió no solo materialmente sino también en las relaciones con la Embajada de la República de Italia, con quienes actúan permanentemente. Esta habilitación de nuevos espacios intracomunitarios eran también los primeros pasos en las trayectorias laborales de muchos migrantes y descendientes:

Yo estoy acá en esta escuela porque mi mamá estuvo. Fue maestra de esta escuela cuando la escuela se inicia en el 72 y trabajó acá hasta los años 90 que se jubiló […] para mí es muy fuerte porque lo personal no es la herencia de un cargo de nada, es al contrario: es mucha responsabilidad (F., 50 años, maestra, 22 de marzo de 2018).

Algo similar ocurrió con el Colegio María Bístrica, al otro lado del partido de origen croata, una institución derivada del trabajo social de un cura, el padre Radic, que junto a su hermana promovió el trabajo social, y junto a su hermano, la construcción de ladrillos, en los años 50.

Cambios en los espacios de participación

A partir de los años 40 y 50 del siglo xx varios factores intervienen en las trayectorias migrantes: tanto la guerra civil española (1936-1939) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) dejan estragos profundos no solo en las sociedades de origen, sino que impactan en las de destino con grupos que aún consideraban la posibilidad de retorno, haciéndola cada vez más difícil. Y segundo, la posibilidad de “llamar” a familiares con el fin de darles trabajo, comida y, sobre todo, paz. Esto dio lugar a un segundo momento dentro de los grupos migrantes, que fue la posibilidad de nutrir las asociaciones étnicas con nuevos miembros que actualizaban identitariamente las que ya existían o fundando unas nuevas. Asimismo, como señala Dalle (2016), en los años 60 del siglo xx el tipo de estratificación social que se había conformado contribuyó a la industrialización por sustitución de importaciones:

Esta favoreció la formación de una clase trabajadora calificada a partir de la expansión del empleo industrial asalariado, que abrió extensos canales de movilidad ascendente de corta distancia para los hijos de padres de la clase trabajadora no calificada (muchos de ellos de origen rural) (Dalle, 2016:128).

Siguiendo a este autor, de 1956 a 1976 el modelo de industrialización seguía en vigencia, a pesar de los conflictos políticos, para luego sufrir la implementación del modelo neoliberal, que destruyó este entramado económico con base en estos establecimientos como una de las partes que buscaba implementar la última dictadura cívico-militar. La movilidad social intergeneracional se desarrolla y casi la mitad de los hijos de obreros calificados ascendía a las capas medias a través de pequeños comercios o empresas, la incorporación a cuadros técnicos o administrativos y puestos profesionales en el marco de las profesiones liberales (Dalle, 2016). Gran parte de las migraciones más antiguas ya poseían una vivienda, un comercio, redes laborales y solidarias y una creciente reactivación de las relaciones con la sociedad de origen a partir de viajes familiares más vinculados a lo emocional o también para documentación o herencias; hasta la formalización de vínculos con los consulados y Embajadas, así como otras instituciones transnacionales que, de a poco, complementan las relaciones (becas, premios, concursos, pasantías, intercambios, etc.). A partir del robustecimiento de las relaciones transnacionales, se abrieron dos líneas: por un lado, el reconocimiento de jubilaciones y pensiones para conglomerados de italianos y españoles por las condiciones en las cuales habían salido del país o por trabajos realizados. La otra vertiente se desarrolla a partir del viaje de los hijos, que con un diverso conocimiento del idioma podían aspirar a trabajos (pasantías o fábricas) que por un período los llevaba a conocer la tierra de sus padres, amén de establecer una diferencia sustancial en lo económico, que les permitió saldar deudas, devolver créditos o concretar negocios. Asimismo, las experiencias en las sociedades de origen actualizan aspectos identitarios o reconfirman la decisión de no retorno, en una amplia coloratura, pero en ningún sentido resulta indiferente y proyecta al grupo migrante de forma más profunda con las instituciones (federaciones, redes, consulados, prefecturas y comunidades autónomas o regionales, entre tantas otras).

Las ofertas en cuanto a las posibilidades educativas llevan a los descendientes a ir buscando su destino laboral, de manera diversa y heterogénea, combinando las dimensiones entre el “acá” y el “allá” e instituciones mediadoras, como menciona este entrevistado:

Mi hermana siguió la secundaria en la Juana Manso, en Paunero y Agüero, siguió en la UBA de arquitecta y ahora está trabajando en Japón, en una empresa, tiene la residencia allá. Yo terminé la secundaria como técnico electrónico y empecé a trabajar de freelance de traductor, en electromecánica, como intérprete en la electrificación del Ferrocarril Roca en los últimos años de la dictadura. Después entré en la Agencia de Cooperación del Japón, que es uno de los pilares, después de la firma del convenio de Cooperación entre Argentina y Japón en 1963 (H., 65 años, mayo de 2022).

La desindustrialización, el mercado financiero y la apertura que impone el modelo neoliberal impacta en estos espacios que van a recibir a migrantes internos y de países limítrofes al tiempo que se profundiza el desplazamiento hacia el sector de servicios, las privatizaciones, la segregación espacial (Schorr, 2012), una desarticulación del Estado empresario en todos sus niveles, incluyendo los Ferrocarriles Argentinos durante los años 90 del siglo xx.

El lento proceso de reconstrucción social, político y económico que comienza con posterioridad a la crisis de 2001, a partir de un modelo de desarrollo económico que promovía la “reactivación de la pequeña y la mediana industria ligada al mercado interno”, (Dalle, 2016, p. 129) también alcanza a nuestro partido.

La crisis de 2001, nuevos lazos y la pandemia

Con posterioridad a la crisis de 2001, se produjo la consolidación de un modelo de desarrollo económico que, sobre la base de un tipo de cambio alto, promueve la exportación de productos básicos y de productos primarios semielaborados y la reactivación de la pequeña y la mediana industria ligada al mercado interno (Dzembrowski, 2018, p. 71).

En ese contexto, la Región Metropolitana de Buenos Aires presenta no solo una heterogeneidad sino quiebres en el interior de cada uno de los partidos, como señala el libro de Rofman (2010), donde compara desde distintas dimensiones (condiciones de vida, capital espacial, movilidad cotidiana, organizaciones sociales, modelos de gestión política, entre otros) a los partidos de San Miguel, José C. Paz, Moreno y Morón. Las políticas implementadas llevaron a un proceso de insularización que provoca un distanciamiento físico de los sectores sociales (Soldano, 2010) e intentos de gestiones que buscaban acercarlas como evidencia nuestra Universidad Nacional de José C. Paz.

En el presente, y hasta conocer los resultados del censo realizado en 2022, la estructura económico-productiva del municipio de José C. Paz se caracteriza por una producción de servicios marcadamente superior a la producción de bienes –12,45 %– (Atlas del Conurbano Bonaerense, 2021). Estos datos son de 2016, previos a la crisis económica que se despliega en el período del gobierno de la Alianza Cambiemos (2015-2019), que profundizó la desigualdad y la pandemia agudizó. En este contexto, la población en general y la migrante en particular vieron afectadas sus posibilidades de obtener recursos y de desplegar diversas estrategias de reproducción social que permitan garantizar la reproducción de la vida (Massa, 2010), las cuales intentaremos describir a continuación.

Estrategias laborales de supervivencia

La pandemia impactó en las familias y en sus estrategias de reproducción social (Massa, 2010), en general, pero también en forma singular en donde algunos de sus integrantes eran migrantes a partir de mayor o menor grado de inserción y acumulación previa de capital social y material.

En particular, en un primer momento de ejecutar el ASPO, no todas las personas se vinculaban de manera formal con el mercado de trabajo, por lo cual la posibilidad de aplicar y cumplir la campaña de “quedate en casa” no garantizaba las situaciones la sobrevivencia.

En este sentido, para algunos grupos familiares el vínculo previo con las organizaciones sociales, tales como comedores y merenderos, permitió obtener alimento especialmente en los meses más difíciles de la ASPO (entre marzo y septiembre de 2020).

En los barrios del Conurbano Bonaerense, específicamente en el partido de José C. Paz, las organizaciones de la sociedad civil fueron un estandarte al garantizar la sobrevivencia de los vecinos. No solamente proveían alimento, sino que también asistieron en la inscripción de algunos programas sociales tales como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), implementado de forma excepcional con el fin de garantizar un ingreso económico a las familias afectadas por la imposibilidad de vender su fuerza de trabajo en condiciones de precariedad laboral y de manera informal, como nos señalaba un entrevistado:

A partir de la pandemia pudimos meter proyectos porque eran virtuales y nos permitía mandarlos, sin salir del barrio, te puedo decir que fue lo único bueno […]. La pobreza que estamos viendo es complicada, ves que el gobierno le está inyectando, pero […]. Yo lo que veo es que hay muchos que están volviendo, por ejemplo, a Paraguay, que los conozco, cinco concretos, que planifican quedarse un año allá. Los bolivianos de la parte textil se les paralizó el trabajo, que tienen pequeños talleres en el Barrio Néstor Kirchner o en Lamas, son textiles. Se les retrasó mucho el tema de la producción textil, por la bajada o la prohibición de los shoppings, no laburaron nada, a fin de año remontaron y ahora de nuevo en la lona, se les atrasaron mucho los pagos. Y los paraguayos que trabajan en obras […] no están consiguiendo trabajo… yo creo que una de las cosas que ven más resueltas en Paraguay es el alimento, son del campo muchos y no les falta para comer, y acá en Argentina está faltando para comer, entonces… En Argentina nos está costando comer y en la casa de sus padres tienen huertas, animales, están cerca de su familia, tal vez no tienen otras comodidades como hay acá, pero no les falta la comida (R. B., Encuentro Peronista y UTEP, 35 años, abril de 2021).

Asimismo, señala un aspecto diferencial con respecto a otras crisis económicas: se observa que, ante la imposibilidad de sobrevivir en nuestro país, algunos migrantes deciden regresar. En el trato cotidiano con la población, este referente afirma que la variable de sobrevivencia es la principal causa de regreso, aunque existen otros motivos, tales como las tareas de cuidado de los padres. Pero estas decisiones de retorno no comprendieron a todos los migrantes por igual. Por ejemplo, los senegaleses, quienes en gran medida se dedican a la venta de ropa en la calle, bijouterie y marroquinería, más allá de tener que abonar alquileres usureros, regresar a Senegal implicaba no volver más, y la falta de regularización documentaria lo hacía aún más difícil. La venta ambulante también se encontraba reducida, por lo cual aquellos que contaban con un dispositivo tecnológico, principalmente un celular, y conectividad (a través de datos móviles o WiFi), comenzaron a vender/ofrecer sus productos mediante las redes sociales. Se publicaban los productos mediante los estados de WhatsApp o mediante los vivos de Facebook. Específicamente, hemos observado la transmisión online en Facebook de una feria en vivo: allí se muestran los productos (mayormente ropa y zapatillas, enseres de cocina, juguetes, etc.), alguien la seleccionaba mediante un mensaje y se acordaba un punto de encuentro. Los medios de pago, en la pandemia, también se diversificaron: primó el efectivo, aunque también se habilitó el envío de dinero mediante aplicaciones financieras.

Como en muchos otros partidos, la conectividad fue clave no solo para lo educativo sino también para poder postularse a diversos programas sociales por parte del Estado nacional, provincial y municipal. Además de una cuestión de actualización tecnológica y de edad, parte de los migrantes no tuvieron acceso a los dispositivos y conectividad, por lo cual los referentes sociales más próximos han sido los mediadores en el proceso de inscripción. Recordemos que para poder inscribirse en el IFE era condición necesaria tener acceso al portal mi ANSES y aportar un número de cuenta bancaria y CBU; quienes no lo poseían, debían dar de alta la Cuenta DNI, la cual es una aplicación del Banco de la Provincia de Buenos Aires.

Tal como venimos planteando, las organizaciones sociales de base territorial han sido grandes contenedoras de los efectos más adversos de la pandemia y el ASPO en el conurbano bonaerense. En este sentido, también han desarrollado como principal estrategia la entrega de alimentos. Por esto, la elaboración y reparto de alimentos por parte de las organizaciones ha sido constitutivo:

… hay un derrame para con las organizaciones sociales de solidaridad y en todos los barrios hay un comedor, por la Tarjeta Alimentar, la AUH y un plato de comida que sacás en un comedor, caminás… No es dignidad lo que estamos viviendo, pero nos contiene (R. B., Encuentro Peronista y UTEP, 35 años, junio de 2020).

Según los referentes entrevistados, lejos de garantizar derechos, facilitan el sobrevivir, y las acciones prioritarias han sido las de asegurar el alimento elaborado, respetando los protocolos y el distanciamiento; destacan la suspensión de otras actividades que venían realizando de índole educativa y cultural, como apoyo escolar, cine, etc. Estas estrategias de sobrevivencia desplegadas por las unidades domésticas se encuadran en el denominado “peregrinaje institucional” (Massa, 2010).

Asimismo, la posibilidad de acceder a una vivienda también se suma a las dificultades enfrentadas. La posibilidad de alquilar se realiza sin contratos formales y a veces con una elevada cifra, al no tener garantías en el país, provocando conflictos en donde intervenían los abogados –a los que llegaban a través de comentarios y contactos– de las organizaciones sociales que mediaban:

… un arrastre de la recesión y una imposibilidad de seguir con esa idea de poder mandar plata a Senegal y que Argentina es un buen lugar con respecto a la apertura de la inmigración, en 2016 dijeron “No es tan así” y se profundizó en la pandemia. La situación era bastante dramática, no tenían acceso a un programa como el IFE, y eso aceleró el confinamiento y problemas, sobre todo alimentario, que yo antes no había escuchado: nos pedían comida. Ellos son bastante reservados y nos pasó que pedían comida, y activamos gestiones, provinciales y nacionales y nos ayudaron desde Derechos Humanos de Provincia, pero no era permanente. Desde allí hicimos campañas solidarias o ayudamos desde los merenderos, durante los 4 o 5 meses fuertes. Algunos se arriesgaban a salir [a vender] (N. V., representante del Movimiento de Trabajadores Excluidos, 40 años, abril de 2021).

Esa situación se fue resolviendo a medida que las disposiciones se flexibilizaron con un gran costo psicológico y emocional: “Fue muy doloroso para ellos, porque vinieron con una lógica de trabajo y de mandar dinero a Senegal. Hay algunos que se fueron a visitar y no pudieron volver” (N. V., representante del Movimiento de Trabajadores Excluidos”, 40 años, abril de 2021). O bien, algunos quedaron “atrapados” en el país, sin poder desplazarse porque no podían acceder a la aplicación Cuidar.

Otra de nuestras entrevistadas (que pidió no ser nombrada), relacionada con el área de Desarrollo Social, remarca la cuestión del empleo informal como una de las grandes falencias del sistema de integración: “En cuanto a los trabajadores, la precarización laboral que se observa es angustiante. Ya que con tal de no perder sus trabajos se arriesgan ante la pandemia y acceden a trabajar en condiciones inseguras en lo sanitario”. Toda esta situación llevó a una sobrecarga de los espacios organizados o comunitarios, “que no dejaron de realizar las tareas que venían desarrollando, por ejemplo: apoyo escolar en burbujas, comedores, merenderos, asesoramiento en documentación, trámites, urgencias” (V. A., de la Dirección de Asesoramiento Documentario para Extranjeros de la Municipalidad de José C. Paz, 40 años).

En lo que respecta a la cuestión de la regulación documentaria para la población migrante, existieron dos grandes obstáculos: uno, relacionado con la obtención de turnos; otro, con la movilidad. El primer obstáculo se vinculó al cierre de los consulados:

Los que dependían de un consulado “x” se “trababan” porque estaban cerrados, o abrían 15 días sí luego 15 días se cerraban, con pocos turnos y que tardaban en otorgar. El segundo, se relaciona a los permisos de circulación y el uso de los medios de transporte público: (los migrantes) no podían tener “permisos” de tránsito, esas que se daban por 24 horas, solo para “esenciales” y no podían ir a CABA a buscar papeles a los consulados o hacer trámites (V. A. de la Dirección de Asesoramiento Documentario para Extranjeros de la Municipalidad de José C. Paz, 40 años).

Otros obstáculos se encontraban relacionados a los factores económicos, tales como el pago de las tasas para solicitar las “residencias precarias” y el seguimiento del expediente en formato digital (Villarroel y Castiglione, 2020).

Con respecto a los grupos migrantes más antiguos, y que se han seguido de manera constante a lo largo de todo el período, hemos registrado una supervivencia diferencial: las asociaciones vasca y portuguesa cerraron y se comunicaron con sus miembros vía WhatsApp y aportando algún tipo de asistencia y provisión de medicamentos o alimentos. Las italianas y croatas, que además contaban con su propia escuela, se volcaron a sostener los espacios educativos y a reconfigurarse. La asociación japonesa tuvo un salto cualitativo en virtud de un proyecto previo con la Embajada del Japón que les permitió remodelar y modernizar su sede, realizar un seguimiento de sus ancianos por diversos grupos de WhatsApp (jóvenes, damas y adultos mayores), con numerosos consejos del Japón, de la propia embajada y de profesionales de la salud que mantenía vivo el contacto cotidiano.

Espacios educativos

Durante 2019 y 2020 ya habíamos desarrollado un proyecto acerca de la situación de los migrantes en el sistema educativo de José C. Paz que nos permite acercarnos a la situación durante la pandemia (Castiglione et al., 2020). Así como las organizaciones de la sociedad civil desplegaron funciones de asistencia, también lo hicieron las instituciones educativas. Por una parte, la entrega mensual de los módulos alimentarios, los cuales reemplazaron el almuerzo provisto diariamente por el Servicio Alimentario Escolar. A diferencia de la elaboración de alimentos en los comedores de las escuelas de gestión pública, la entrega de secos mediante la implementación del programa Mesa Bonaerense implicó que el total de la matrícula estudiantil pudiera percibir el programa. Es decir, llegaba un módulo alimentario por cada estudiante de la escuela y su entrega estaba a cargo de las instituciones educativas, que convocaron en plena ASPO a su personal docente y no docente sosteniendo las medidas de cuidado en el contacto con el otro. Pero esta no fue la única actividad desplegada por la escuela, ya que su función pedagógica también la siguió sosteniendo, aunque desde la distancia. En el ASPO, desde el Ministerio de Educación a nivel provincial se definió que los aprendizajes se centraran en los contenidos mínimos y esto implicó una readecuación de las planificaciones de los equipos docentes como así también en la forma de gestionar el nuevo contexto de la virtualidad o la modalidad a distancia.

Las estrategias desplegadas por cada comunidad educativa parte de su diagnóstico institucional, y la metodología elegida tendía a ser la conformación de los grupos de WhatsApp, en los cuales se encontraba la/el docente, la/el director/a y un referente familiar. Mediante estos grupos se compartían las actividades para garantizar la continuidad pedagógica a distancia como así también las explicaciones de las actividades. Para ello, se adjuntaban desde audios explicativos hasta links de videos en la plataforma de YouTube. Las familias, una vez finalizadas las actividades, enviaban sus resoluciones en forma privada a la docente a través de fotos.

A partir de marzo de 2020, el empleo en su formato home office implicó la intromisión del espacio público (el empleo) en el espacio privado (la vivienda). La organización del empleo y el trabajo doméstico ya no se diferenciaba; ambas actividades se desarrollaban en el marco de las viviendas y a esto se sumaban, en algunas situaciones, las actividades de cuidado. Desde los distintos niveles estatales se diversificaron las intervenciones en el ámbito educativo. Se puede identificar la implementación del programa Juana Manso (entrega de netbooks a estudiantes del nivel secundario), la creación de más de 3000 cargos en los Equipos de Orientación Escolar, la implementación del Programa +ATR y FORTE, etc. Todas estas intervenciones del Estado tenían como principal objetivo la revinculación de la población estudiantil con la escuela, como así también promover la permanencia y la graduación.

Algunas conclusiones provisorias

Figura 1. Estación Piñero

Fuente: las autoras, 25/6/2023.

En esta imagen capturada recientemente se pueden observar alguno de los elementos que hemos señalado como parte del escenario descripto, a 12 cuadras de la Ruta 197, en donde los distintos grupos migrantes desarrollan su vida social y económica: la glorieta de las casas en el loteo original, con frente cuidado y fondo para una quinta y animales de granja, con habitaciones que se iban anexando y un lugar de trabajo (carpintería, herrería, sastrería, zapatería, arreglos, peluquería, ramos generales, etc.). En un segundo plano, una estación de ferrocarril referencia de los entrevistados, que supo ser la “hermana menor” de la de José C. Paz, inaugurada en 1888 y cerrada por las políticas neoliberales en 1993; y a su lado, viviendas autoconstruidas. En un tercer plano, una bomba de agua de una fábrica abandonada.

El concepto de territorialidad entendido como una relación significante entre identidad y espacio geográfico se imprime en nuestro territorio, en donde las memorias de los migrantes antiguas y recientes son constitutivas y se entrelazan permanentemente. Por otro lado, más allá de la foto antes referida, el escenario de nuestro partido posee un importante dinamismo: la Universidad Nacional de José C. Paz y la nueva sede denominada Facultad de Medicina (sede Arregui) abren sus puertas para miles de estudiantes del partido y alrededores y trabajadores que en un marco de formalidad las transita, así como también fueron vacunatorios y lugares de consulta y asistencia para los peores momentos de la pandemia. Otro importante emprendimiento que busca acortar las desigualdades es el Parque Industrial de la SIPEM (Secretaría de Industria, Producción y Empleo Municipal –ex Polo Productivo–) de José C. Paz (Dzembrowski, 2018), así como otros importantes emprendimientos municipales y autogestivos conviven con barrios vulnerables, calles de tierra y sin acceso a servicios públicos.

Ese dinamismo es parte de la construcción identitaria de José C. Paz desde su origen, en donde los grupos migrantes hicieron el primer tejido social y productivo del paraje, que se fue nutriendo con los diferentes flujos que siguieron arribando y que encontraron, a mediados de siglo, una amplitud de oportunidades laborales que habilitaba desde pequeños comercios hasta asistencias técnicas en industrias.

La última dictadura cívico-militar impactó de manera contundente en las desigualdades que se profundizan con el modelo neoliberal que desindustrializa y privatiza el “alma” del partido: las fábricas y el ferrocarril, transformando vastas zonas en viviendas dormitorio para parte de la comunidad paraguaya que habita los barrios populares.

La reconstrucción laboral y social es más lenta y gradual, con notorios intentos de reactivación, que diversos entramados políticos dificultaron, pero que llega a la pandemia con un crecimiento desigual y márgenes de pobreza significativos.

Como hemos relatado, gran parte de los entrevistados coinciden en que la documentación es la principal dificultad que obtura las posibilidades de encuentro entre el migrante y el Estado (a nivel municipal pero también nivel nacional), en todas sus formas de asistencia, situación que no es inconveniente para las corrientes más antiguas que gozan de los derechos que poseen los nacionales (medicamentos del PAMI, jubilaciones, etc.). Particularmente, en la asistencia económica a través de los programas de transferencia de ingresos tales como el IFE, la AUH, Potenciar Trabajo, etc. En el análisis de nuestros entrevistados de las asociaciones portuguesas, italianas, españolas, vascas, croatas y japonesas, podemos observar, al igual que en la ENMA (2020), que el tiempo de residencia de la población migrante constituye un dato central para el acceso al empleo registrado (de ellos y sus descendientes), a la vivienda, a la documentación y a otros derechos fundamentales como se observa en el 70 % de las personas Mercosur; el 89 % de los extra Mercosur europeos y el 38 % extra Mercosur no europeos, encuestados durante 2020.

Queda mucho por seguir indagando en este entramado dinámico y relacional con respecto a los migrantes y sus descendientes en José C. Paz, a fin de seguir estudiando las identificaciones y su relación con otros, así como también resulta esclarecedor explorar sus límites, y es en esa línea donde continuaremos explorando el impacto de la pandemia y su período posterior, que aún transitamos.

Bibliografía citada

Atlas del Conurbano Bonaerense (2021). Programa de Estudios del Conurbano, Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV). Recuperado de https://bit.ly/452Njcc

Castiglione, C. (2019). Relatos migrantes. Historias de vida y muerte en José C. Paz. José C. Paz: EDUNPAZ.5

Castiglione, C. et al. (2020). Donde lo teórico se estrella: el enfoque de la interculturalidad en las escuelas paceñas (2017-2020) José C. Paz: EDUNPAZ.

Castiglione, C. y Villarroel, N. (2023) Narraciones de la diáspora vasca. Memorias intergeneracionales de madres e hijas desde José C. Paz. José C. Paz: EDUNPAZ.

ENMA (2020). Anuario Estadístico Migratorio de la Argentina 2020. CONICET.

Dalle, P. (2016). Movilidad social desde las clases populares: un estudio sociológico en el área metropolitana de Buenos Aires (1960-2013). Buenos Aires: UBA/IIGG.

Damin, N. y Aldao, J. (2015). Sociología, historia y memoria de los pueblos ferroviarios. La Plata, ICPBA.

Dzembrowski N. (2018). “Entramados y políticas socioproductivas. El parque industrial de la SIPEM (ex Polo Productivo) de José C. Paz”. En Goren N. y P. Isacovich (comps.), El trabajo en el Conurbano Bonaerense. Actores, instituciones y sentidos. EDUNPAZ, José C. Paz.

Massa, L. (2010). “Estrategias de reproducción social y satisfacción de necesidades”. Revista Perspectivas Sociales/Social Perspectives, primavera/spring, 12(1), 103-140.

Observatorio del Conurbano Bonaerense (2020). Recuperado de https://bit.ly/3ENNe1l

Rofman, A. (2010). Sociedad y territorio en el conurbano bonaerense: un estudio de las condiciones socioeconómicas y sociopolíticas de cuatro partidos: San Miguel, José C. Paz, Moreno y Morón. Los Polvorines: UNGS.

Schorr, M. (2012). “La desindustrialización como eje del proyecto refundacional de la economía y la sociedad en Argentina, 1976-1983. América Latina en la historia económica, 19(3).

Soldano, D. (2010). “Territorio, asistencia y subjetividad en el Gran Buenos Aires (1990-2004)”. En G. Kessler, M. Svampa e I. Gónzalez Bombal (coords.), Reconfiguraciones del mundo popular. El conurbano en la post-convertibilidad. Buenos Aires: Prometeo/UNGS.

Uribeondo y Ruiz, M. (2009). Ellos lo hicieron. José C. Paz: Centro Vasco Toki Eder.

Villarroel, N. y Castiglione, C. (2020). “Ciudadanías e infraciudadanías migrantes en el noroeste bonaerense”. En N. Goren y G. Ferrón (comps.), Desigualdades en el marco de la pandemia. Universidad y territorio. José C. Paz: EDUNPAZ.

Welzer, H., Moller, S. y Tschuggnall, K. (2012). Mi abuelo no era nazi: el nacionalsocialismo y el Holocausto en la memoria familiar. Buenos Aires: Prometeo.



Deja un comentario