Un análisis multiescalar
Brenda Matossian
Introducción
El interés en torno al estudio de las migraciones y las fronteras tiene larga trayectoria en las ciencias sociales y humanas, y se ha ocupado de indagar mayormente en el cruce de las fronteras estatales que realizan las personas en diversos contextos de movilidad. Tal como fue señalado en estudios previos, codificar determinados desplazamientos “en términos de ‘migración’ (y a sus protagonistas como inmigrantes/emigrantes) es una construcción social que se funda en el cruce de cierto límite o frontera política –entre los Estados nación o en su interior– para establecer un nuevo lugar de residencia” (Mera y Matossian, 2021, p. 125). Desde la geografía también se ha dado prioridad a esta temática destacando el carácter espacial implicado en ambas nociones. Desde esta mirada, las fronteras se encuentran en estrecha vinculación con la implementación de dispositivos de control de las movilidades, a través de los cuales se concretiza la territorialidad; se trata del abordaje de las fronteras en tanto entidades de relevancia geopolítica. Sin embargo, las fronteras entre jurisdicciones estatales no son las únicas que pueden atravesarse durante los procesos migratorios.
El campo de los estudios fronterizos fue creciendo a la par que complejizándose en las últimas décadas, de modo simultáneo con los cuestionamientos a las concepciones geopolíticas clásicas de las fronteras y de las políticas securitarias que habían acompañado la presencia y la narrativa estatal (Benedetti, 2020). Así, se fue diversificando y atomizando su forma de abordaje ampliando la indagación hacia fronteras urbanas, productivas y personales, entre otras, a fin de brindar renovadas herramientas de estudio.
En esta línea también se implicaron aportes que buscaron interrogar la intersección migración-frontera y desarrollar un nexo entre estos conceptos más allá de los estudios migratorios tradicionales y críticos, ampliándose hacia los estudios culturales y los análisis poscoloniales (De Genova et al., 2015). Bajo esta percepción, se propone que la mirada sobre las fronteras se repiense más allá de la línea divisoria entre Estados nacionales y se extienda hacia aspectos tales como las prácticas de gestión pública dirigidas hacia donde la persona migrante esté. Se articulan así nociones claves bajo esta mirada como las nuevas maneras de reelaborar soberanías y de entender la externalización de las fronteras utilizando la metáfora de “fronteras estiradas” (Cobarrubias et al., 2015).
El interés de este capítulo está, entonces, puesto en una mirada sobre esta intersección migraciones-fronteras desde una perspectiva espacial que dé cuenta tanto de esta expresión de la estatalidad mencionada como también de “otras” fronteras como las etno-culturales y las urbanas. Este enfoque se aplica de modo situado en un recorte socioespacial específico dentro del partido de La Matanza. Este extenso partido es el más poblado de todos los municipios de la Región Metropolitana de Buenos Aires y posee uno de los porcentajes más altos de población extranjera sobre el total de población (Matossian, 2017). La comunidad paraguaya representa el porcentaje más elevado del conjunto de la población nacida en países distintos a la Argentina; de allí que se dará especial atención a este grupo particular aunque también se harán referencias a las de Bolivia e Italia. Así, más específicamente, el objetivo del trabajo es reconocer cómo estos tres tipos de fronteras estatales, etno-culturales y urbanas se entrelazan y cómo estas operan en su interescalaridad en el caso de este municipio.
Aspectos teóricos y metodológicos
Para analizar la relación entre fronteras y migraciones en un municipio de una región metropolitana de América Latina resulta valioso recuperar la relevancia de los abordajes desde una perspectiva multiescalar dada la estrecha relación entre los distintos niveles que operan en las formas de acceder a la ciudad para las personas migrantes. En particular en el marco de lo que Glick Schiller (2022) delimita como relaciones sociales multiescalares de desposesión y emplazamiento. La forma de configurar las espacialidades de las personas migrantes en la Región Metropolitana de Buenos Aires no puede, en primera instancia, comprenderse por fuera de las desigualdades socio-territoriales macroestructurales que afectan a todas las personas en sus posibilidades de acceso a la tierra y a la vivienda bajo las lógicas del capitalismo neoliberal. El acceso a la ciudad desde una concepción amplia, que contiene a las estrategias residenciales y al ejercicio de derechos políticos, se desarrolla dentro de este contexto de fuertes restricciones que operan en distintos niveles de la vida cotidiana de las personas migrantes. Además, este enfoque dista de ser estático y permanente, ya que en el análisis multiescalar la jerarquía no connota relaciones fijas de poder basadas en el territorio sino importantes relaciones situadas y en red de poderes desiguales que se producen dentro de los procesos de despojo y emplazamiento (Çaglarr y Glick Schiller, 2018; Sassen, 2014). Así se comprenden las lógicas que operan en la metrópolis donde el merecimiento de la ciudad, sus bienes, servicios y centralidades es para quienes tienen recursos, tal como lo ha marcado Oszlak (1991) para el caso de Buenos Aires durante el último período de dictaduras (1976-1983); esta desigualdad siguió operando luego del retorno de la democracia, agudizándose.
Estas restricciones se reconocen en distintas latitudes y la tensión centro-periferia se identifica en estos procesos excluyentes. Como señala Glick Schiller,
… los costos de la vivienda aumentaron hasta el punto de que, en general, las personas pobres ya no podían vivir en el centro de la ciudad y se vieron desplazadas a barrios periféricos, a menudo compartiendo una infraestructura insuficiente con los inmigrantes recién llegados (2022, p. 317).
El derecho a la ciudad para las personas migrantes también puede relacionarse con distintos debates en torno a las luchas migrantes y a cuál es su especificidad respecto a las diversas dimensiones de la desigualdad. La del acceso a la tierra y a la vivienda se torna insoslayable, luego también resultan de interés otras vinculadas al acceso a la documentación. Allí las fronteras estatales operan con fuerza e impactan en todas las escalas. Dentro del enfoque de las luchas migrantes (Mezzadra, 2012), además del derecho a voto en origen y destino, que resulta uno de sus ejes centrales, existen otros que indagan en la capacidad de agencia política y en las prácticas de las organizaciones de migrantes, la ciudadanía y el acceso a derechos jurídicos, sociales y políticos en los países de destino; esto es especialmente significativo en la escala local. Como ya fue dicho, el foco puesto en las luchas migrantes específicas del cruce de fronteras se extiende, se “estira” la mayoría del tiempo, para enfocarse en las luchas de la vida cotidiana, de la permanencia en determinado espacio (Tazzioli et al., 2015).
Además de las condiciones de desigualdad estructural, en el estudio de la relación entre migración y fronteras juegan un rol destacado las subjetividades de las personas migrantes. Tal como indican Schee et al. (2015), en contraste con las concepciones de la migración como variable dependiente de “factores” objetivos o de los migrantes como actores de elección racional, un enfoque en la subjetividad subraya a esta dimensión como una de las razones que explican la persistencia de momentos de autonomía de la migración dentro de los cada vez más omnipresentes regímenes de control fronterizo y migratorio.
En términos metodológicos, en este capítulo se dará especial énfasis a las técnicas cualitativas, en particular a las entrevistas en profundidad tanto a personas migrantes vecinos/as del área como a referentes de asociaciones vinculadas a las distintas colectividades de La Matanza realizadas entre 2018 y 2022. Además se analizaron también fuentes secundarias. Asimismo, para profundizar en torno a las fronteras urbanas, se utilizaron técnicas cuantitativas, especialmente de análisis espacial, con el procesamiento de estadísticas, censos y otras fuentes, volcadas en un Sistema de Información Geográfica (SIG). Estas permiten visualizar simultáneamente áreas de mayor concentración residencial de los principales grupos migrantes (con datos obtenidos a nivel de radio censal para el 2010), junto con la localización de asociaciones relevadas en trabajos anteriores (Matossian y Melella, 2022). Además, esta representación cartográfica de la incorporación migrante a esta porción de la metrópolis se superpone con otras variables socioterritoriales de importancia para el análisis como son las condiciones de marginalidad propuestas por De Grande y Salvia (2019). A pesar de las limitaciones de las fuentes censales para este tipo de estudios (Marcos y Mera, 2009), estas constituyen la fuente principal para trabajar con altos niveles de desagregación geográfica, de manera de poder captar heterogeneidades en el interior del espacio urbano, en particular para el caso de un municipio como La Matanza, con una superficie de más de 300 km².
Fronteras estatales
La frontera estatal resulta tal vez la más evidente de todas las abordadas dado que su cruce es el que define esa movilidad en tanto migración internacional. Sin embargo, no se agota únicamente en ese cruce propiamente dicho. Las fronteras estatales operan de diversas maneras, a distintas escalas, y las personas migrantes se encuentran condicionadas por las decisiones que adoptan los Estados nacionales por medio de sus marcos normativos, políticas y prácticas para el ingreso, egreso y permanencia en sus territorios. Este último elemento, el de la permanencia, resulta de especial relevancia en el caso de estudio donde las personas migrantes ya llevan años asentadas en el país y en la metrópolis. En este sentido, las luchas y resistencias en torno a la permanencia se articulan estrechamente con la pertenencia de clase (Perissinotti, 2016) y por eso se referirá a esta dimensión en el apartado de fronteras urbanas que remite más específicamente a ese nivel.
También resulta insoslayable la lectura interescalar en otro elemento destacado a partir del cual se expresan las fronteras estatales como es el derecho a voto de las personas migrantes. A escala nacional, la población extranjera en la Argentina no tiene derecho a voto, a menos que tengan ciudadanía argentina (Matossian, 2020). Sí se encuentra habilitado su ejercicio en los niveles locales y, parcialmente, para los niveles provinciales, junto con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Respecto a este último, solo está permitido para los casos de las provincias de Buenos Aires, Tucumán, Córdoba, La Rioja y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Perícola, 2015). Por lo tanto, para el caso de La Matanza, que forma parte de la provincia de Buenos Aires, las personas migrantes pueden elegir autoridades en dos de los tres niveles: el local (municipal) y provincial.
Como ya fue señalado, el rol de las organizaciones migrantes es significativo en esta dimensión de análisis en el marco de las fronteras estatales. Para referir a su relevancia en La Matanza, además, es importante pensar antes en las funciones que estas han asumido respecto a las necesidades específicas del conjunto de la población migrante. Desde una mirada vinculada a la construcción de la ciudadanía, Pereyra (2005) sostuvo en su estudio que existieron tres niveles en los que se identifican roles destacados de las asociaciones de migrantes. El primero implica observar el cumplimiento del marco legal que define los derechos para personas migrantes en las distintas áreas de participación social y reclamar cuando estos no se garantizan. El segundo se vincula con legitimar o no los mecanismos formales e informales que facilitan u obstaculizan el acceso a los bienes sociales. Finalmente, el tercer nivel apunta a la lucha por la concepción de las personas migrantes como sujetos de derecho. Así, si bien los contextos resultan insoslayables, las funciones y roles de las asociaciones se enmarcan en intereses específicos, necesidades y jerarquías particulares en la vinculación con la sociedad y el espacio local (Matossian y Melella, 2022). Sobre las prácticas de las organizaciones de migrantes en La Matanza, estas resultan heterogéneas dentro del partido y se distinguen por sus alcances y funciones diferenciales.
En este caso interesa resaltar la intersección entre la presencia de asociaciones y el impulso que estas dan para el ejercicio de derecho al voto en origen. Así sucede en el caso del Club Atlético Deportivo Paraguayo (CADP), que fomenta la inscripción para participar de las votaciones para las elecciones del Paraguay, tal como fue relevado en distintas celebraciones e instancias del trabajo de campo. Este club también resulta de un espacio de militancia, de formación y fortalecimiento de cuadros políticos; esta dimensión ya referida en estudios previos (Halpern, 2006) fue destacada durante las entrevistas:
… el Club deportivo paraguayo es una institución madre, del club nacen los dirigentes, no solamente dirigentes de acá, sino dirigentes también que hoy soy intendentes en Paraguay, o diputados, algunos hasta senadores. Iniciaron aquí, en el campeonato de los pueblos del Paraguay, la raíz para llegar, para poder tener un inicio como una escuela de dirigentes que hacemos en el club, es muy importante eso. (Entrevista a encargado de prensa del CADP, 2021).
Esta articulación entre el ejercicio de derechos políticos desde y entre ambos Estados nacionales se identifica también en distintas manifestaciones públicas, por ejemplo, de candidatos que desde la Argentina se postulaban para ocupar cargos durante la elección de senadores nacionales del Paraguay en 2022 y, entre sus objetivos, destacaban representar los intereses de las y los trabajadores paraguayos residentes en el exterior, marcando intensas relaciones transnacionales. Parte de estas dinámicas también se registraron en la comunidad italiana, que hacia fines del 2021 renovaron los 107 Comités de los Italianos en el Exterior (COMITES) y de 13 nuevas delegaciones, elegidas en las circunscripciones consulares que superaron el umbral de los 3000 italianos residentes.
Otra destacada vinculación entre el ejercicio de los derechos políticos y el protagonismo de las asociaciones de migrantes se evidencia en su rol dentro de los procesos de regularización documentaria. Un ejemplo notable de esta articulación se identificó durante el contexto de pandemia, cuando en noviembre del 2020 se desplegó en la sede del CADP un operativo con la Dirección Nacional de Migraciones (DNM) para facilitar la tramitación de documentos:
Nosotros por nuestra cuenta conseguimos las camionetas de la DNM lo trajimos, las camionetas que vienen para hacer documentos, lo trajimos acá, hicimos 4 días de publicidad y aparecieron dos mil personas, nos asustó, realmente, nos asustó, esa es la realidad de los problema social que tienen los migrantes y hasta ahora nadie se ocupa […] a nosotros nos preocupa el tema de la documentación porque usted sabe que el documento es el primer elemento de inclusión de las personas en la sociedad, si no está marginada, explotada, y la documentación permite dar un paso importante en el encuentro de oportunidades. (Entrevista al presidente del CADP, 2020).
Las fronteras estatales muestran entonces lo que puede registrarse como un primer plano de diferenciación, tal vez el más evidente e indispensable en la comprensión de los fenómenos migratorios; se avanza entonces en otras expresiones de fronteras.
Fronteras etno-culturales
Factores como el desconocimiento del idioma y la cultura, sumados a prácticas de discriminación y la xenofobia, pueden funcionar como barreras en el acceso a derechos. Estos operan más allá del país de nacimiento dado que la pertenencia a un pueblo originario también debe considerarse como parte de las conformaciones identitarias. Aunque no se desarrollará en este capítulo por exceder sus alcances, resulta importante al menos mencionar que estas fronteras se enmarcan regional e históricamente en un contexto de profundas desigualdades y colonialismo estructural. La interculturalidad, entendida como interrelación, comunicación y respeto entre culturas (Melella, 2014), en la Argentina y en América Latina no se ha desenvuelto en un marco de relaciones de convivencia tolerante y respetuosa entre los pueblos originarios y la diversa población no indígena nacional, y menos aún en el marco de políticas favorecedoras del pluralismo cultural, sino en uno de relaciones discriminatorias, racistas y explotadoras (Barabas, 2014). En el mejor de los casos, forma parte del discurso ideológico y político de sectores respetuosos del pluralismo, que no tiene gran repercusión en términos de las leyes y defensa de derechos étnicos (Barabas, 2014). Frente a este contexto, este apartado en particular se enfocará en las estrategias asumidas desde las mismas asociaciones de migrantes y otras instituciones del nivel local.
En el caso del partido de La Matanza, los dos grupos mayoritarios de migrantes, paraguayas/os y bolivanos/as, pueden adscribir además a un origen guaraní, aimara o quechua, entre otros, y también hablar alguna de estas lenguas indígenas. Esta diversidad puede reconocerse como una frontera etno-cultural especialmente manifiesta en los ámbitos educativos. Como refieren Novaro et al. (2017), las escuelas argentinas están fuertemente atravesadas por el mandato nacionalista y si bien en los últimos años las retóricas de inclusión e interculturalidad, el discurso de los derechos humanos y el imperativo de respeto a la diversidad las han interpelado, las modificaciones han sido relativas, sobre todo en lo que refiere a revisar la invisibilización y la ausencia, o la presencia de “los otros” en un formato estereotipado y folklorizado.
En el partido que se estudia, por ejemplo, se hallaron ejemplos en jardines comunitarios donde las propias docentes despliegan estrategias para intentar que estas barreras se tornen más porosas, como puede ser aprender ciertas palabras en guaraní y compartirlas con cartelería específica en los espacios comunes de los establecimientos, tal como fue registrado durante el trabajo de campo en González Catán. En una de las entrevistas una docente de este jardín comunitario describía:
Nosotras, por ejemplo, hemos aprendido unas palabras, porque a veces, por ejemplo, una cosa mínima, ellos vienen te abrazan y te dicen: “Me das un [bo]?”. Hasta que después entendimos que era un beso. Un beso, por ahí un abrazo. Igual la forma de ir al baño. Porque nos cuesta. Al principio, después ya es como que ellos, ya estando con los nenes y en el cotidiano van aprendiendo […]. Cuando empezamos en el jardín, muchos venían del campo. Los traían específicamente para que aprendieran a hablar el castellano. Igual los chicos aprenden muy rápido, es muy fácil para ellos. (Entrevista a docente de jardín comunitario, 2018).
Luego, la directora indicaba cómo estas dificultades se manifiestan dentro de la comunidad educativa: “Sí, es más difícil con las madres, por ahí entenderlas. A veces cuando nos quieren decir algo, viste que el guaraní, para nosotros ¿no?, suele ser muy como atravesado”. (Entrevista a directora de jardín comunitario, 2018).
También es habitual encontrar difusión de actividades asociadas a la comunidad paraguaya tanto en castellano como en guaraní; esto fue identificado en distintas ocasiones, por ejemplo en las estrategias de comunicación de la Primera Agrupación Peronista Paraguaya (PAPPEM), una organización político-partidaria de más reciente formación dentro del partido. Incluso dentro del CADP se ofrecen espacios radiales que promueven la difusión del idioma junto con el de otros elementos propios de la cultura guaraní:
Enseñamos guaraní en un pequeño espacio en el programa del Club Deportivo Paraguayo, diario, que lo conduzco yo, entonces ahí hablamos cada día, no es solamente el abecedario, sino que con lo que tiene que ver el paraguayo, y ahí incluye el idioma, la religión, la música. (Entrevista a encargado de prensa del CADP, 2021).
Se evidencian, además, algunas estrategias de diálogo y de cierta reivindicación de la diversidad de comunidades etno-culturales a niveles barriales dentro del partido. Por ejemplo, en la identificación de una junta vecinal particular que ha elegido como imagen que la representa tres banderas: la argentina, la boliviana y la paraguaya. Esta forma de visualización se utiliza tanto para su página de Facebook como para comunicaciones más formales, como presentaciones de notas en el municipio, e incluso también en el marco de informaciones cotidianas compartidas desde la junta vía WhatsApp. Esta búsqueda de identificación con una diversidad de orígenes se reconoció también en otras actividades que promueve, como las que implican recabar fondos para alguna mejora dentro del barrio. En una de ellas se proponía la venta de alimentos, especialmente de ciertos platos emblemáticos de las colectividades como “pollo a la broaster, sopa de maní, asadito paraguayo y choripán casero”, en la misma sintonía de ponderar las diferencias.
Finamente, para añadir una mención, el conjunto italiano desde sus tradicionales asociaciones, con mayores capitales, además de promover actividades culturales (gastronómicas y artísticas) y religiosas, también se han ocupado de difundir la enseñanza del idioma (Matossian y Melella, 2022). Se han desplegado así diversos ejemplos de los modos en los que las fronteras etno-culturales pueden ser identificadas. Se dará continuidad en la argumentación a partir de la última expresión de las fronteras, las urbanas.
Fronteras urbanas
Las fronteras urbanas son entendidas aquí tanto en sus dimensiones materiales como simbólicas. En su particular intersección con los procesos migratorios, existen diferentes modos de abordarlas (Mera y Matossian, 2021); el hincapié en este caso estará puesto en las fronteras urbanas materiales como resultado de las desigualdades socio-territoriales estructurales en su intrínseca relación con las fronteras urbanas simbólicas que emergen a partir de la distribución de las personas migrantes dentro del espacio matancero.
Las fronteras urbanas simbólicas implican una densa red inmaterial de gran complejidad, que “se relacionan con representaciones, imaginarios, significaciones y discursos que los agentes sociales construyen y transmiten respecto de sí mismos y de otros, refiriendo a lo propio y lo ajeno, lo barrial y el afuera, lo conocido y lo extraño” (Blanco Ávila et al., 2021, pp. 168-169). Este abordaje implica que las miradas “desde arriba” se complementen también con dinámicas cotidianas que producen, reproducen y disputan estas fronteras “desde abajo”. Las transformaciones socioterritoriales se expresan, además, en las experiencias urbanas (Palma Arce y Soldano, 2010) de las personas migrantes que residen, circulan y trabajan en estos espacios.
A una escala del conjunto del municipio, el mapa de la Figura 1 indica que existe una geografía de las migraciones en el interior del partido de La Matanza donde se articulan la estructura desigual de acceso a la tierra y a la vivienda con los distintos modos de territorialización de los colectivos migrantes emplazados bajo estos condicionamientos. La base del mapa representa áreas con niveles de marginalidad y alta marginalidad de acuerdo a lo propuesto por De Grande y Salvia (2019), quienes reconocen como radios censales de “marginalidad” a los que registraron en el último censo: a) calidad constructiva insuficiente de las viviendas (sin instalación de caños de agua en la vivienda y sin sistema de botón, cadena o mochila para limpieza del inodoro); b) viviendas construidas con presencia de materiales poco resistentes en techo y piso, así como ausencia de cielorraso; c) no poseer teléfono de línea en la vivienda, a partir de considerar que la disponibilidad de un teléfono de línea supone un grado importante de regularidad en el acceso y posesión de la vivienda. Para la definición de “alta marginalidad”, sumaron a los tres indicadores uno más vinculado a la tenencia de la vivienda definida como d) hogares que adicionalmente a las condiciones anteriores no hubieran declarado ser dueños de la vivienda y del terreno. Este último elemento enfatiza un rasgo clave del derecho a la ciudad como es la dificultad para sectores de niveles bajos y medios para acceder a la tierra y a la vivienda, siendo una muestra de la agudización de la informalidad creciente en la metrópolis.
Siguiendo el análisis espacial de la figura, los círculos con transparencias señalan áreas de mayores concentraciones residenciales de personas nacidas en países distintos a la Argentina, según los tres países que mayores aportes hicieron en el municipio según el último censo del cual se tienen datos (2010), a saber: personas nacidas en el Paraguay (que representan el 45 % del total de la población extranjera en La Matanza), en Bolivia (28 %) y en Italia (9 %). Las áreas representadas corresponden al agrupamiento contiguo de radios censales en el quintil superior en las clasificaciones para cada uno de estos tres grupos siguiendo el procesamiento estadístico y la cartografía elaborada previamente (Matossian, 2017; Matossian y Sassone, 2018). Luego, se superponen las asociaciones de migrantes recopiladas en un trabajo anterior (Matossian y Melella, 2022) de acuerdo al mismo criterio de colores para visualizar su patrón de distribución. Estas dos expresiones muestran ciertas coincidencias marcadas en el sector de Ramos Mejía, donde confluyen tanto las concentraciones de personas residentes nacidas en Italia con las presencias de asociaciones del mismo origen y luego en la unión de González Catán y Rafael Castillo, donde la presencia paraguaya se manifiesta en ambos sentidos –residencial e institucional–. En el extremo noreste del partido, en Villa Celina (localidades de Tapiales y Villa Madero), se conjuga una presencia boliviana, más evidente en su dimensión residencial que en la presencia de asociaciones.
Respecto a la relación de estas dimensiones con la distribución de áreas con niveles de marginalidad y alta marginalidad, se destaca una importante concentración de asociaciones italianas en la porción norte del partido, especialmente en la localidad de Ramos Mejía, pero también de las localidades de Villa Luzuriaga, Lomas del Mirador y San Justo. Este emplazamiento se corresponde a su vez con los sectores con mejores niveles socioeconómicos del municipio. Por su parte, Villa Madero contiene radios censales con marginalidad hacia su porción este, donde se halla una asociación emblemática de la comunidad boliviana en Villa Celina. Este mapa también permite notar que en las localidades de San Justo, Ciudad Evita e Isidro Casanova se hallan tanto asociaciones de origen europeo como americano. Para el caso de la localidad cabecera del partido y Ciudad Evita, las europeas coinciden con áreas comerciales, mientras que las americanas se emplazan en sectores con condiciones de marginalidad. En Isidro Casanova, tanto las asociaciones americanas como las europeas se encuentran sobre ejes de circulación importantes como son las avenidas. También en Gregorio de Laferrere coinciden instituciones bolivianas e italianas, aunque en menor cantidad. En González Catán se destaca el peso de las asociaciones paraguayas; asimismo, coinciden con áreas de marginalidad. La diversidad asociativa en La Matanza evidencia interesantes relaciones entre emplazamientos, desigualdades y contextos históricos en los que se gestaron las instituciones: las diferencias de origen, antigüedad y capitales configuran jerarquías en las formas de territorialización de las asociaciones (Matossian y Melella, 2022).
Figura 1. Áreas de concentración residencial y presencia de asociaciones migrantes del Paraguay, Bolivia e Italia, partido de La Matanza

Fuente: elaboración propia sobre la base de fuentes diversas para las asociaciones migrantes (Matossian y Melella, 2022), cobertura espacial de marginalidad obtenida a partir del procesamiento de De Grande y Salvia (2019) y concentraciones residenciales de Matossian (2017) a partir de fuentes censales de 2010.
Estas superposiciones permiten comprender la confluencia de las fronteras urbanas materiales mencionadas al inicio de este apartado: aquellas asociadas a las desigualdades estructurales y también a las simbólicas más estrechamente relacionadas con la presencia de estos distintos colectivos migratorios. En una entrevista al presidente de una de esas asociaciones, se condensan varios sentidos asociados a esta superposición de dimensiones y su relación en la descripción del área:
Era todo un descampado, eran chacras, chacras, y bueno, surgió a través de un socio del club que había oportunidad de comprar, lo fuimos a ver y nos decidimos meter, se pagó, y bueno, se fueron pagando con cuotas, con el trabajo de la gente el esfuerzo, haciendo eventos, campeonatos de fútbol, fiestas, festivales, todo con el esfuerzo de la gente […] después alrededor del club, más en el fondo, los grandes descampados también y eso están todos poblados y una gran mayoría de la comunidad paraguaya… y la gente que está ahí cercana justo en la zona que hay mucha gente de la comunidad, pero no solo de la comunidad, viene muchísima gente de Argentina con sus hijos, todo pero una gran mayoría de la comunidad… pero sin problema. (Entrevista al presidente del CADP, 2020).
Este reconocimiento de las relaciones entre ciertas áreas del partido y la presencia de comunidades migrantes son traducidas muchas veces como “barrios o zonas de paraguayos o bolivianos”, y pueden tener connotaciones negativas. En este punto, se requiere de una lectura crítica que incluya las desigualdades socio-territoriales de base en el análisis para evitar relaciones lineales o que refuercen un enfoque que desconozca cómo la condición de clase condiciona, en primer lugar, las posibilidades de incorporación residencial de las personas migrantes en la ciudad.
Reflexiones finales
Este capítulo ha intentado destacar la multiplicidad de fronteras que atraviesan las personas migrantes, además de la más evidente, que implica el cruce de (al menos) una frontera estatal. Asimismo, en sus trayectorias, en su vida cotidiana y en su proceso de inserción en la ciudad, también se pueden identificar distintos tipos de estrategias para enfrentar y discutir las delimitaciones materiales y simbólicas que estas fronteras configuran desde todos los niveles: desde el nacional, el provincial y el local. En este punto, la presencia de asociaciones se torna protagónica. Estas permiten un modo de territorialización más fuerte que organiza y conecta las espacialidades migrantes a distintas escalas a la vez que habilita diversas posibilidades de volver más porosas y menos violentas algunas de estas fronteras.
Por otro lado, en el interior de las ciudades, y en particular de La Matanza, la lectura interseccional de las desigualdades que operan en la vida cotidiana resulta indispensable para comprender el peso que la condición de clase tiene en las luchas migrantes por la permanencia en las metrópolis. Además, los casos específicos de concentraciones residenciales y presencia de asociaciones para los casos paraguayo, boliviano e italiano, junto con la identificación de una distribución particular de la marginalidad en el interior de las localidades matanceras, muestran las evidentes y complejas relaciones que pueden existir durante los procesos de acceso, permanencia y construcción de legitimidad en la ciudad.
Este abordaje señala una aproximación que permite reconocer a las fronteras como herramientas conceptuales para analizar distintas expresiones de las desigualdades socio-territoriales que afectan a la población migrante. También las reconoce como barreras que afectan el acceso a derechos que, más allá de su compartimentación a los fines empíricos, operan de modo relacional y simultáneo. De allí la importancia dentro de los estudios migratorios de indagarlas como metáforas al mismo tiempo que como realidades fácticas que recortan mundos, construyen sentidos y definen otredades en la vida cotidiana de este complejo partido.
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