15. El Capital social
“Si quieres ir rápido ve solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado”, Proverbio africano (Película The good lie)
15.1 La red de Casamance
Partiendo de la definición de capital social dada en el primer capítulo y que entiende el mismo como “la habilidad para adquirir recursos gracias a la pertenencia a redes o a grandes estructuras sociales” (Portes y Landolt, 2004), podemos evidenciar la existencia del mismo en las etapas migratorias de la red de Casamance.
Los miembros de la red y en especial los pioneros crean estrategias para mejorar el viaje y la llegada de quienes arribaron después. Recordemos que los varones pioneros prepararon la llegada a destino de sus esposas. Consiguieron trabajo y regularizaron su situación migratoria para así poder recibirlas.
En este caso los pioneros desarrollaron habilidades para que sus esposas pudieran llegar a destino y con esto avanzar en la consecución de su proyecto migratorio que en el caso de Casamance está relacionado con la reagrupación familiar.
¿Pero todos los miembros de la red se vieron beneficiados de este capital social? Pertenecer a la red de Casamance para algunos integrantes, quienes hacían parte incluso de la cadena migratoria en origen, les permitió acceder a información y a recursos. Sin duda los mejores recursos e información la obtenían quienes hacían parte del proyecto migratorio del pionero. Sin embargo, como explicamos en el primer capítulo no podemos dar por sentado que pertenecer a una red garantizaba el acceso a los recursos.
En este último caso, por ejemplo, Isa y Joubi, miembros de la red Casamance, no contaron con la misma información que el resto de la red para organizar su viaje y su llegada. Luego en su etapa de adaptación, ellas han podido acceder a algunos recursos gracias a que comparten con Casamance el sentido de pertenencia a un territorio y una filiación religiosa, pero no hacen parte del proyecto migratorio del pionero.
En la crianza transnacional descrita en el capítulo III, las mujeres acuden al capital social de la red para poder empezar a trabajar. Como indicamos cuentan con la habilidad para asignarse el cuidado del hogar y de los hijos, para que las otras puedan empezar a trabajar. Y como indicamos este intercambio recíproco se da entre quienes comparten una misma vivienda y con quienes el compartir diario estrecha los vínculos. No se da solo necesariamente entre quienes comparten lazos parentales o filiaciones étnicas o religiosas.
La fuente de este capital social, de acuerdo a la definición y clasificación de Portes y Landolt (2004) y descrito en el primer capítulo, está relacionada con fuentes instrumentales. Más específicamente con la reciprocidad simple: “Transacciones recíprocas cara a cara que traen consigo la expectativa de un reembolso equivalente por parte del beneficiado” (Portes y Landolt, 2004).
En este caso las mujeres se apoyan mutuamente para seguir cumpliendo con su rol de mujeres dentro de la familia. Le confían a otras la crianza de sus hijos, mientras ellas salen a trabajar; en cambio, las otras esperan también su colaboración en el hogar y con los hijos, para que ellas también puedan salir a trabajar.
En el capital social relacionado con el viaje y la llegada (trayecto migratorio), detectamos como fuentes la altruista y específicamente la introspección de valores. En esta, se otorgan recursos a otros sin obligación moral. Por eso, afirmamos que la fuente de ese capital está relacionada con los vínculos estrechos que se generan cuando los miembros hacen parte de ese proyecto migratorio.
Quienes no hacen parte de ese proyecto migratorio directo del pionero, acceden a otro tipo de capital social. Retomando el ejemplo dado al principio, Joubi e Isa, gracias a la red, hacen parte del grupo de mujeres de Karambenor y la fuente de ese capital social es instrumental y específicamente confianza exigible: “Transacciones de recursos arraigadas en estructuras sociales que actúan como garantes de un reembolso pleno a los donantes por parte del beneficiado o de la comunidad”, (Portes y Landolt, 2004).
Al hacer parte de Karambenor, las mujeres se ayudan mutuamente prestándose dinero para la compra de mercancía o cuando alguna debe hacer algún viaje urgente. El reembolso es que todas dan el dinero o los recursos, sabiendo que en algún momento ellas podrán verse beneficiadas de la misma manera. Como indicó Portes, el control comunitario garantizará estas ayudas de doble vía. En este mismo contexto, podríamos enmarcar la práctica del ‘tour’ descrita en el capítulo III.
Otras fuentes de capital social detectadas en esta red tienen que ver con la solidaridad vinculada, que se encuentra dentro de las fuentes altruistas. Esta se define como el “otorgamiento de recursos a otros sin que exista solidaridad entre miembros de la misma comunidad territorial, étnica o religiosa… Esta fuente no se basa en valores generales, sino en las lealtades particulares hacia el interior del grupo” (Portes y Landolt, 2004).
Esta fuente es notable cuando los integrantes de la red se unen a través de diversas organizaciones para ayudar a su región de Casamance. En este caso, las mujeres de Karambenor adelantan cenas para ayudar a las mujeres y niños del sur de Senegal y en la Afrodiáspora (la diáspora de Casamance) se discuten preocupaciones sobre la región y se toman decisiones sobre las acciones que se pueden adelantar para mejorar la vida en origen. Gracias a la pertenencia a estas redes, los miembros de la red Casamance adquieren la habilidad para obtener recursos, en este caso en pro de la mejora de su región.
Es importante resaltar como lo hemos mencionado que la pertenencia a una red no garantiza la consecución de recursos y que el capital social puede traer consecuencias negativas. Siguiendo a Portes y Landolt (2004) entre las consecuencias podemos nombrar: la exclusión de extraños, el exceso de exigencias a los miembros del grupo, las restricciones a la libertad individual y las normas de nivelación por lo bajo.
En el caso de Casamance, las consecuencias negativas del capital social se expresan en la asociación de mujeres de Karambenor, quienes se reunieron por su pertenencia a una misma región (Casamance), filiación religiosa (tidjania) y etnia (diola). Sin embargo, en un intento por integrar a las demás mujeres migrantes en Buenos Aires, se realizaron algunos encuentros con mujeres wolof y mouride.
Awá explicó que los intentos resultaron fallidos ante las diferencias étnicas y porque “la senegalesa de Dakar es diferente a la de Casamance”, explicó. Por esta razón, las mujeres mouride no siguieron haciendo parte de estas reuniones y las juntadas quedaron solo para quienes hacían parte de la red y con quienes, aunque en algunos casos no se comparta la misma pertenencia territorial, el vínculo se nutre con el intercambio recíproco. En palabras de Portes y Landolt (2004) la consecuencia negativa se denomina la “exclusión de extraños”.
Otra de las consecuencias negativas tiene que ver con las restricciones a la libertad individual. La pertenencia a esta red y el intercambio constante con el origen, implica para el migrante conservar las costumbres de su natal Senegal. En este caso quienes migran solteros saben que deben conseguir un(a) esposo(a) con tradiciones similares a las suyas, ojalá de su misma tierra y como un requisito que pertenezca a la religión musulmana, en su versión senegalesa.
De hecho, como lo hemos mencionado anteriormente es la madre quien aconseja al hijo sobre quién debe ser su futura esposa y generalmente la candidata suele ser alguna prima lejana. No importa si el hombre está en el extranjero, las mamás mantienen el contacto y continúan de manera transnacional su labor en la búsqueda de una pareja para sus hijos.
En el caso de Isa y Joubi, quienes son dos mujeres de la red que viajaron solas, ellas sienten la presión continua de su madre sobre su futuro. “Hemos conocido buenas personas en Argentina de diversos lugares, pero sabemos que mi mamá nunca los aceptaría. Ni siquiera son musulmanes”, dijo Joubi. A lo que responde su hermana Isa: “Ella a veces nos dice que no importa si no es diola, porque sabe lo mal que me fue con mi ex esposo que pertenecía a nuestra misma etnia, pero está claro que es mejor si es senegalés y musulmán”.
15.2. La red de Mekhe
El capital social de la red de Mekhe se despliega también durante la partida y la llegada del trayecto migratorio. Como indicamos en el segundo capítulo, esta red parte de una cadena migratoria que mantiene vínculos estrechos entre origen y destino. De esta manera, el capital social de la red implica la habilidad para obtener información sobre cómo viajar y después como establecerse en el destino.
El migrante que viaja aprovecha el capital social de la cadena migratoria y luego su despliegue como red. Él cuenta con la información y los recursos y de esta manera prepara su trayecto migratorio. Cuenta con la experiencia de otros migrantes y con detalles sobre dónde obtener la visa, qué trayecto realizar y tiene la tranquilidad de tener a dónde llegar. De hecho, todos los migrantes que están conectados a la cadena, contaban con la seguridad de tener un trabajo al llegar al destino.
Sin embargo, no todos acceden a los recursos de esta red. A estos recursos accede quien forma parte del proyecto migratorio del pionero o quien ayuda a mantenerlo. En su caso Nibu y Dieck, por ejemplo, pudieron contar con la información del viaje, con la ayuda de su familiar e incluso empezaron a trabajar gracias a él. Sin embargo, sabían que parte del trato era que iban a trabajar con mercancía que él les otorgaba y que parte de sus ganancias le correspondían a él.
De acuerdo a Portes y Landolt (2004), la fuente de este capital social sería instrumental y específicamente de reciprocidad simple. El pionero otorga un beneficio, pero tiene la expectativa de un reembolso equivalente por parte del beneficiado. En este caso el migrante, con el que comparte vínculos parentales, recibe la información para viajar, casa y trabajo; y a cambio él espera poder expandir su negocio y venta de mercancía.
Bouba con quien el pionero no comparte lazos parentales, pero sí vínculos cercanos ante el intercambio de favores mutuos, pudo obtener los recursos de la red gracias a su lealtad con el pionero. En este caso la fuente de ese capital social es la confianza exigible (instrumental). Bouba recibió la ayuda del pionero y la estructura social a la que ambos pertenecían (la sociedad de migrantes senegaleses en Buenos Aires) actuó como garante de un reembolso pleno al donante. Es así como el pionero gana estatus y aprobación dentro de esta estructura social.
Como consecuencias negativas del capital social, podemos enumerar la exclusión de los extraños: el pionero otorga ayudas generalmente a quienes tienen similar filiación religiosa, la tidjania y con quienes comparte vínculos parentales o territoriales, pues le permite tener certeza que se sumarán en la continuación de su proyecto migratorio. Quien no se sume para aportar al proyecto migratorio del pionero, queda excluido.
La forma en que el pionero ayuda a sus otros paisanos, con los que no comparte vínculos tan estrechos, es a través de la recolección de dinero cuando alguno lo necesita con urgencia o a través de la organización de eventos religiosos tidjane. La fuente de ese capital social es la solidaridad vinculada (altruista).
La segunda consecuencia negativa del capital social en la red de Mekhe está relacionada con el exceso de exigencias a los miembros del grupo en la dinámica laboral. Quien llega al destino gracias a la ayuda del pionero, sabe que debe trabajar no solo para sobrevivir, sino que además debe garantizar su parte a Massa (el pionero) y además enviar la ayuda mensual al origen. Por eso, la mayoría suele trabajar de domingo a domingo.
También como ellos mismos lo reconocieron, con el tiempo, buscan independizarse lo que socialmente les cuesta mucho. “Uno siente lealtad por quien te ayudó”, dijo Bouba. Sin embargo, es importante resaltar que el proyecto migratorio de esta red es “estar aquí y allá” y para eso la independencia resulta clave para incrementar las ganancias.
Por otro lado, la circulación como práctica transnacional nombrada en el capítulo III, transmite consigo una habilidad para en este caso incrementar las ganancias y con esto llevar a la consecución del proyecto migratorio. Quienes acceden a este capital social son los miembros de la red que llegaron al destino gracias a la ayuda del pionero.
Los integrantes de la red de Mekhe pretenden imitar el comportamiento del pionero: circulando y buscando lugares diversos para vender su mercancía. Reproducen a pequeña escala lo mismo que hace el pionero y adquieren además habilidad para saber dónde comprar la mercancía y cómo y dónde venderla.
Sin embargo, muchos de ellos continúan trabajando directamente gracias al pionero y por eso la circulación resulta más restringida. Otros como Fallou, quien logró independizarse circula de manera más libre por las diversas ferias de las provincias argentinas, lo que incrementa su posibilidad de alcanzar el proyecto migratorio y con esto ganar prestigio en origen y destino.
La fuente de este capital social también está relacionada con fuentes instrumentales y en específico de reciprocidad simple. Los integrantes de la red acceden a esta información, sobre qué vender, lo que les da una ventaja frente a los demás migrantes que venden en la calle. A cambio el pionero espera con el nuevo integrante expandir sus puestos de trabajo e implementar nueva mercancía.
En esta práctica la consecuencia negativa también está relacionada con el exceso de exigencias a los miembros del grupo. La red se extiende en origen, donde la familia pide el envío de la remesa y para los solteros resulta clave empezar a ocupar un buen lugar socialmente. En destino, debe garantizar su supervivencia, empezar a consolidar su negocio para implementar su estrategia de “estar aquí y allá” y responde por la parte que le corresponde al pionero; y para eso ellos mismos se exigen largas jornadas laborales e incluso fines de semana de trabajo. Los días de descanso prácticamente no existen.
Esta habilidad para adquirir los recursos gracias a la pertenencia a redes, es lo que Arab denomina como savoir migrer: “Entendemos por saber-migrar y saber-circular la capacidad de los migrantes de movilizar sus redes migratorias, sus conocimientos y el desarrollo de estrategias de contención para su desplazamiento, migración y circulación” (Arab, 2008; 21; En Chevalier-Beaumel y Morales, 2012).
Prácticas como el intercambio de regalos y el envío de remesas, por su parte, tienen como fuentes de capital social la altruista y específicamente la introspección de valores. En esta se otorgan recursos a otros sin obligación moral. Los regalos y las remesas significan tanto en destino, pero especialmente en origen un estatus y un prestigio social, pero además es también una forma de mantenerse presente en origen y de mantener el rol de proveedores.
15.3 La red Baye Fall
Sin duda el capital social de la red Baye Fall surgió en el destino, a la llegada de varios de sus migrantes que sin muchos vínculos estrechos, adquirieron habilidad para obtener recursos gracias a su pertenencia a la estructura social de la sociedad que conforman los migrantes africanos y senegaleses en Capital Federal.
Gracias a ese capital social varios de los miembros de la red lograron conseguir comida y casa temporal por los primeros días y algunos, incluso, recibieron un préstamo de un paisano que les permitió empezar a trabajar.
Al igual que en la red de Mekhe, la fuente de este capital social es la confianza exigible (instrumental) y como indicó Portes y Landolt (2004) en un ejemplo “se otorgan préstamos sin garantía a los miembros de una misma comunidad bajo la expectativa de que los controles comunitarios garanticen el pago y, adicionalmente, generen un estatus y aprobación para el donante”.
En segundo lugar, la red Baye Fall cuenta con un capital social en su práctica transnacional de la circulación, descrita en el capítulo anterior. Una circulación que como en la red de Mekhe existe para incrementar la ganancia y con esto lograr la consecución del proyecto migratorio.
Como en la red de Mekhe esta habilidad para adquirir recursos tiene una fuente instrumental de reciprocidad simple: Se trata de un intercambio de transacciones recíprocas que traen consigo la expectativa de un reembolso. A diferencia de la red de Mekhe, aquí no es el pionero el que otorga los beneficios, sino que se trata de un intercambio mutuo en el que no existen subordinados.
Los integrantes de la red Baye Fall, como lo hemos explicado, actúan de a parejas y es de esta manera como se apoyan para poder incrementar el envío de remesas y el ahorro para en un futuro fundar un negocio en su natal Senegal. No obstante, nadie debe entregarle dinero a nadie a diario, sino que existe un fondo común que se divide en mitades. El intercambio de favores parece darse en condición de igualdad: Si uno trabajó toda la noche y la madrugada vendiendo la mercancía de ambos, el otro sabe que debe trabajar todo el día siguiente, mientras su compañero descansa.
Como indicamos en capítulos anteriores, a la llegada las relaciones de la red Baye Fall se articulan horizontalmente ante la hostilidad del viaje. Esta articulación horizontal es una manera de resistir a la articulación vertical y hostil del trayecto migratorio. Como explicó Portes el capital social “alberga la promesa de una alternativa de base frente a las políticas jerárquicas promovidas en el paso reciente por las instituciones financieras internacionales” (Portes y Landolt, 2004). Los individuos empiezan a recibir beneficios gracias a los lazos que consolidan con otros.
Las consecuencias negativas de este capital social están relacionadas con la exclusión de extraños. No todos pueden acceder a este intercambio recíproco de favores. A la red Baye Fall solo pertenecen quienes también son Baye Fall o aquellos quienes demuestren valores similares a ese grupo religioso de la cofradía mouride: entrega al trabajo, lealtad y como ellos aseguraron “ser buena persona”.
Para evaluar si es una “buena persona”, esta red suele hacer un cúmulo de preguntas en los primeros encuentros. Así ocurrió durante el trabajo de campo. Al principio, como investigadora fui mirada con desconfianza y tuve que responder diversas preguntas sobre lo que pensaba que era la familia, la madre, Dios y mi relación con los mismos. “A partir de esto, vos te das cuenta qué clase de persona tenemos al frente”, explicó Bob.
Acceder a este capital social, no está relacionado solo con ser Baye Fall. De hecho, podemos denotar las razones por las que se estrecharon los vínculos entre los integrantes de esta red. Por ejemplo Madu y Max comparten un vínculo de parentalidad y además un proyecto migratorio común, mientras que Bob y Azul se conocieron por primera vez en el destino, pero sus padres los contactaron desde antes. Vivir una situación similar y tener un proyecto migratorio común, los unió. Por esta razón, no solo la pertenencia a la red lleva a la consecución de recursos, sino que depende también de otros factores que comparten los integrantes entre sí.
El exceso de exigencias a los miembros es también una de las consecuencias negativas de este capital social de la red Baye Fall. “Mi mamá me pregunta como estoy y me dice siempre: nunca, nunca dejes de trabajar. Eso es lo más importante”, contó Pablo, quien como los demás integrantes de la red no tiene días de descanso y cuenta con la presión de enviar remesas, sobrevivir en destino y ahorrar para en un futuro crear su propio negocio en Senegal como lo hizo su primo Fallou al regresa de Europa. En medio de todas estas exigencias, Pablo también quiere casarse y sabe que al tener mayores ganancias, su prestigio en origen crece y con estos las posibilidades de conseguir pareja.
La red Baye Fall y su trabajo y entrega en la organización de las celebraciones religiosas también se convierten en un capital social para cada uno de los integrantes. Un capital social con una fuente altruista de solidaridad vinculada: se entregan recursos entre miembros de la misma comunidad.
Con este capital social, los Baye Fall suman a ese sentimiento de pertenencia con sus orígenes y a su vez les permite mantenerse presentes y ser reconocidos en la sociedad de destino y expandir sus vínculos. En origen, demostrar que conservan las tradiciones del lugar del que vienen y dentro del mouridismo mostrar que se continúa siendo un miembro activo y comprometido.
15.4 Las tres redes comparativamente
Para los miembros en los que las redes están conectadas a una cadena migratoria (Casamance y Mekhe), el capital social está presente desde el inicio del trayecto migratorio. De esta manera, los integrantes que además van a sumar al proyecto migratorio del pionero o del integrante que está en destino, podrán contar con mayores recursos que beneficiarán su viaje y la incorporación al nuevo lugar.
Con esta información y estos recursos, los nuevos migrantes tienen mayores facilidades para mejorar ese trayecto y para adaptarse al nuevo contexto. Esta situación la vivieron varios integrantes de la red de Casamance y de Mekhe.
No obstante, es importante aclarar que el acceso a este capital social también depende en las tres redes no solo de pertenecer a una misma etnia, a un mismo territorio o a tener la misma filiación religiosa, sino que hacer parte del proyecto migratorio de la persona que está en destino resulta clave, o en cambio hacer parte de un intercambio recíproco de favores que incremente la confianza y así estreche el vínculo, aunque no existan lazos parentales.
Al acceder a estos recursos, los migrantes hábilmente los organizan para no solo mejorar el trayecto migratorio, sino además lograr su propio proyecto migratorio. Este último es el caso de la práctica de la circulación que adelantan Mekhe y Baye Fall: en ambas redes se despliegan estrategias para incrementar las ganancias y de esta manera crear sus propios negocios, la primera en destino y la segunda en origen.
Como fuentes del capital social altruista y más específicamente por solidaridad vinculada las tres redes comparten experiencias en las que se evidencia el otorgamiento de recursos entre miembros de la misma comunidad territorial, en este caso relacionadas de manera muy fuerte con el origen:
En Casamance con las organizaciones de Karambenor y la Diáspora Africana, en la de Mekhe con las recolectas cuando alguno de los paisanos lo necesita y en la Baye Fall con las labores de cocina y organización durante los eventos religiosos. Orígenes de un capital social que está muy vinculado a una lealtad con la comunidad en origen y con sus valores. De este capital social, no solo se benefician los migrantes en destino, sino también quienes están en origen.
En las tres redes también coinciden las situaciones en que alguno de sus miembros recibió ayuda de algún paisano para conseguir dónde vivir, dinero para comer y empezar a trabajar, aunque no se compartieran lazos de parentalidad. En estos casos, las fuentes de ese capital social están arraigadas a la estructura social que forman los migrantes senegaleses en Capital Federal, que actúa como garante de un reembolso: una fuente de capital social instrumental y específicamente de confianza exigible.
Como consecuencias negativas del capital social, las tres redes comparten tres de estas: la exclusión de los extraños, cuando no solo coincide la pertenencia étnica, territorial o religiosa, sino cuando no hacen parte de esa reprocidad de favores que desarrolla lealtades y que es vital para la consecución de ese proyecto migratorio.
La segunda, el exceso de exigencias a los miembros del grupo que mantiene a los integrantes de las tres redes en una realidad transnacional en la que deben responder por su familia en origen y por esa nueva vida que están construyendo en destino. Lo que como describimos anteriormente los mantiene en extensas jornadas laborales.
Y la tercera se refiere a la restricción a la libertad individual y que está muy ligada a sus valores en origen: formar un hogar solo con personas de su misma filiación religiosa y ojalá misma filiación étnica. La decisión de la madre en cualquier caso resulta vital, lo que restringe cualquier posibilidad diferente que se presente en el destino.
El capital social como la habilidad para adquirir recursos se evidencia en las situaciones descritas anteriormente y que demuestran que acceder al mismo no lo garantiza solo la pertenencia a una red, sino que está marcado por diversos factores como las lealtades, los proyectos migratorios, las pertenencias religiosas, étnicas o territoriales, los favores recíprocos y la relación con el pionero, entre otros factores y que dependiendo de las fuentes del mismo, se acceden a diversos tipos de capital social.







