Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Conclusiones

16.1 Las tres redes construidas

La construcción de tres redes migratorias para comprender una parte de ese universo que componen los migrantes senegaleses en Buenos Aires, fue un recurso teórico y metodológico que permitió describir esta migración: sus trayectos, proyectos migratorios y prácticas transnacionales. Dando cuenta, de esta manera, de la heterogeneidad de migrantes que hacen parte de esta ola migratoria.

Las tres redes fueron construidas a partir de variables como las pertenencias territoriales, étnicas, religiosas, la vinculación parental y al origen de los vínculos entre los integrantes. De este último hubo un ejercicio de incluir un “uso fuerte” del concepto de red:

“Es interesante retomar los señalamientos de Ramella respecto a que son los vínculos personales fuertes los que transmiten la información a los potenciales migrantes; y la fuerza de las relaciones sociales está dada por el reconocimiento de relaciones recíprocas, no por el hecho de que los individuos estén físicamente próximos” (Ramella, 1995: 20; citado en Sánchez y Zubrzycki, 2015).

Es así como se construyeron las redes de Casamance, Mekhe y Baye Fall. Redes compuestas por un total de 62 personas, de las cuales 28 son migrantes que escogieron como destino Argentina. Redes además que se diferencian por sus aspectos característicos y especialmente por sus proyectos migratorios.

La primera, la red Casamance recibe su nombre por una región en el sur de Senegal. Es una red por pertenencia territorial que está conectada a una cadena migratoria y que en su mayoría sus integrantes son de la etnia diola y tidjane, por su pertenencia religiosa. Su proyecto migratorio es la reagrupación familiar en destino. Se anhela el retorno, pero el arraigo es una constante.

Los vínculos fuertes en esta red están marcados por quienes hacen parte del proyecto migratorio del pionero y por el intercambio recíproco de favores. La red de Casamance comparte un número importante de vínculos parentales que son fuertes porque hacen parte de esa reagrupación familiar en destino. Sin embargo, existen vínculos fuertes que no están relacionados con la parentalidad, sino con prácticas en las que las mujeres se apoyan en el cuidado de los hijos y del hogar para empezar a jugar un papel como proveedoras en sus casas.

Es una red en su mayoría compuesta por mujeres que desempeñan el rol tradicional migrante de las mujeres: viajar a destino, para conformar una familia, pero también surgen otras experiencias en el que estas mujeres empiezan a cambiar los roles. No viajan para reagruparse, sino en el mismo rol en el que viajan los varones: independizarse y enviar remesas al origen para sostener a su familia, sin necesidad de tener a un varón al lado.

Los vínculos, en definitiva, también los marca la pertenencia territorial a partir de la cual se derivan las diversas prácticas que unen a los integrantes de esta red y son la primera razón por la que se generan estas relaciones.

La segunda red, la red Mekhe, es una red parental también conectada a una cadena migratoria. La mayoría de sus miembros son de Mekhe, una ciudad cercana a Dakar, la capital de Senegal. Por su pertenencia étnica son wolof y por su pertenencia religiosa son tidjane.

Su proyecto migratorio plantea una existencia transnacional, es decir una vida entre el origen y el destino. No esperan insertarse completamente en destino ni tampoco se habla de un retorno definitivo. De hecho, se plantea imitar el mismo proyecto migratorio del pionero: Trabajar con negocios propios durante 9 meses en Argentina y regresar por 3 meses a Senegal para estar en familia y pasar vacaciones cada año.

En la red de Mekhe hay un importante número de vínculos parentales que son fuertes al estar relacionados con el proyecto migratorio del pionero. De hecho, quienes acceden a recursos e información son los que contribuyen a la consecución del proyecto migratorio de ese “nodo central” y es así como mejoran su trayecto y la incorporación al nuevo destino.

La tercera y última red es la red Baye Fall, una red por filiación religiosa. La mayoría de sus integrantes pertenecen al grupo religioso Baye Fall, que es un subgrupo de la cofradía mouride, un islamismo propiamente senegalés. En su mayoría, pertenecen a la etnia wolof y son de Dakar, capital de Senegal.

En cuanto a su proyecto migratorio, la red Baye Fall pretende viajar, ahorrar y retornar. Sus integrantes, en su mayoría varones, se plantean una estadía en destino temporal, que puede incluir diversos países, el mantenimiento de una existencia transnacional a través del envío de remesas y ven como primordial el retorno como un “migrante exitoso” que regresa con los ahorros suficientes para poner su negocio propio en origen y formar una familia.

Es importante aclarar que no es una red conectada a una cadena migratoria, sino que es más bien una red de arribo que se organiza horizontalmente en la etapa de inserción, ante un trayecto hostil, en la que las relaciones eran verticales. En esta red son escasos los vínculos parentales y son las relaciones de amistad las que más presencia tienen.

La fuerza de los vínculos la determinan proyectos y experiencias migratorias similares que los lleva, en el caso de esta red, a agruparse en parejas en sus etapas de inserción al destino. Son vínculos que se estrechan con el día a día, con el intercambio de favores y que se consolidan con una lealtad que se genera en el transcurrir de ese proceso de incorporación.

En los motivos que los llevaron a migrar las tres redes coinciden: “Los miembros de todas lo hacen con ánimos de emanciparse y de ganar ese prestigio social que gana quien sale de Senegal, trabaja en otro país y envía remesas de ayuda a su familia. Entre los más jóvenes aparece la idea de “aventura” y de salir para “conocer el mundo”. Algunos autores que han analizado las migraciones senegalesas se refieren a una “cultura migratoria” ligada al tema de la masculinidad, donde la migración, el viaje, la salida fuera del país, es una preparación para los varones senegaleses, una manera de hacer valer sus identidades masculinas, en definitiva, un rito de pasaje (Riccio, 2004; Barbali, 2009; Citado en Sánchez y Zubrzycki, 2015).

La fuerza de los vínculos también determina el acceso a la información y los recursos que hacen más o menos cómodo el viaje y el trayecto migratorio. Como lo enunciamos anteriormente, esta fuerza facilitó los viajes y la inserción para miembros de redes como la de Casamance y Mekhe, donde existían mayores vínculos de parentalidad y donde existían lazos en común en el origen.

El acceso a estos recursos permitió que algunos miembros de Casamance viajaran en avión, mientras que integrantes de la red Baye Fall ante la ausencia de estas conexiones o de vínculos fuertes, solo accedieran a redes verticales y tuvieran que pagar por un viaje en avión, luego uno terrestre y después una especie de peaje por cada puesto migratorio por el que pasaban desde Ecuador a la Argentina.

En la etapa de inserción, quienes contaban con vínculos fuertes desde el origen contaron con vivienda y con la posibilidad de empezar a trabajar, los demás accedieron a redes de connacionales en condiciones más precarias. Sin embargo, luego sus vínculos se fortalecieron en destino y sus condiciones empiezan a mejorar a medida que se organizan como red.

Dedicarse a la venta callejera, para las tres redes, es la respuesta inmediata al llegar para responder por la ayuda familiar en origen y al sostenimiento propio en destino. Es una actividad a la que se dedican porque es el campo que sus contactos han explorado y del cual tienen experiencia. Ante la ausencia de documentos para trabajar, es la opción menos compleja y además coincide con esa característica cultural de trabajar fuera de relaciones de dependencia.

En definitiva, la fuerza de estos vínculos está determinada por los diversos proyectos migratorios que además involucran las decisiones propias de estos migrantes. Algunos de estos proyectos evidencian “voluntad de arraigo”, mientras que en otros expresan “voluntad de movilidad” y en un tercer momento una existencia transnacional: “saber ser de aquí y de allá” (Arab, 2008, citado en Sánchez y Zubryzcki, 2015).

Estos proyectos además están vinculados a contar con un prestigio social que implica haber migrado, enviar remesas desde el exterior al origen y ocupar un importante lugar en esa sociedad de destino y de origen al ser un migrante “exitoso”. Las consecuencias, en origen, es ser una persona deseable para formar un hogar o ser un ejemplo al contar con un negocio propio.

16.2 Las prácticas transnacionales

Las tres redes son sin duda redes transnacionales que afianzan su condición de “estar aquí y allá” a través del desarrollo de prácticas que aunque tengan lugar físico en destino, los conecta directamente con el origen. Como indicamos en el primer capítulo con el transnacionalismo se da respuesta a la situación del migrante que se mueve entre ambas realidades y cuestiona la tradicional teoría de la asimilación.

De hecho, en ninguna de las tres redes podemos hablar de un proceso de asimilación y más bien estas prácticas son expresiones de resistencia a ser parte de este proceso. Las prácticas descritas: de asociatividad, trabajo, sociales y religiosas afianzan los lazos con el origen y trasladan costumbres y creencias que se reformulan en destino.

De estas redes transnacionales no solo hacen parte migrantes, sino no migrantes y personas en origen y destino que no necesariamente se trasladaron a un nuevo lugar. Todos estos integrantes también resultan claves en esa existencia transnacional que conforma campos sociales transnacionales en los cuales circula información, bienes y creencias.

Estas prácticas transnacionales varían de acuerdo al origen de quienes las realizan, es decir de su filiación étnica, religiosa y territorial y también dependen de ese proyecto migratorio por el que decidieron viajar. De hecho, estas prácticas nutren ese objetivo final o ese propósito por el que se viajó de origen a destino.

Un ejemplo de la anterior afirmación se da con la práctica de envío de remesas y de regalos que se da en las tres redes construidas: En la red Casamance, ese intercambio de dinero y de regalos no es de todos los meses y es más bien un envío simbólico para ayudar a los que aún quedan allá, es una forma de mantenerse presente. Recordemos que el proyecto migratorio de Casamance es la reagrupación y la mayoría de núcleos familiares ya están en destino, así que la ayuda se envía a familiares no tan cercanos con los que no se quiere perder contacto, pero no es una ayuda necesaria ni requerida del todo en origen.

Otro es el caso de las redes Mekhe y Baye Fall en las que el envío de remesas sí es mensual, porque estos migrantes hacen parte de un proyecto migratorio en el que se comprometieron a mejorar la vida de los que quedaron en origen. En cuanto a los regalos, los primeros (Mekhe) los envían como una forma de mantenerse presente ante un proyecto que plantea una existencia transnacional y los segundos, ante un eventual retorno que sirve para preparar el “terreno” para su regreso. En las tres redes mantener el contacto con el origen resulta vital.

Mantenerse “senegalés” a pesar de la distancia es tal vez una constante para los integrantes de estas redes y por eso el contacto diario y casi permanente con miembros en origen es clave. En las tres redes, los integrantes están al tanto de las vidas de los que están en Senegal a través de los ‘whatsapp’, las redes sociales y las llamadas diarias. No hay una cercanía física, pero los vínculos fuertes se siguen afianzando a pesar de las fronteras.

En destino, los migrantes se arraigan a sus costumbres y creencias y por eso se agrupan con quienes comparten características étnicas, religiosas y de territorio. Con el desarrollo de estas prácticas también se afianzan los lazos de solidaridad y se intenta adelantar un proceso de inserción y un día a día menos hostil. Es el caso que se da con la comida: las tres redes conservan sus tradiciones de cenar todas las noches como familia y comen generalmente los platos típicos que corresponden a sus regiones.

La familia extendida, en el caso de la red Casamance, es una práctica del origen que se lleva al destino. La reagrupación, como proyecto migratorio, ha llevado a los integrantes de esta red a recrear la familia africana en la que la mayoría de sus integrantes viven en una misma casa. Los hombres juegan el papel de proveedores y las mujeres cuidan los niños y el hogar. El respeto a los mayores es otro de los puntos importantes de esta práctica. Sin embargo, la práctica empieza a reformularse en destino cuando las mujeres empiezan a ocupar roles también de proveedoras.

En las redes de Casamance y Mekhe se viven prácticas como el matrimonio transnacional. Matrimonios que se han realizado a través de las fronteras y donde la no cercanía física no es un impedimento para formar parejas. El origen sigue jugando un papel importante cuando la madre es quien da la aprobación sobre la nueva pareja y la filiación religiosa con la que se viene de Senegal es el eje con el que se celebra esta unión: un islamismo propio de Senegal.

Para otras redes donde el proyecto migratorio está muy ligado a prácticas transnacionales de trabajo, es importante resaltar la circulación. En este caso hacemos referencia a las redes de Mekhe y Baye Fall, donde variar los lugares de venta y la mercancía garantiza acercarse al propósito por el que se migró: crear un negocio en destino, para Mekhe, y ahorrar para tener un local propio en origen, para la red Baye Fall. Una práctica que se imita por otros integrantes de la red con experiencia migratoria previa y que lograron cumplir ese proyecto, aunque este no se hubiera dado necesariamente en Argentina.

La red Casamance, por su parte, fortalece más las prácticas sociales ante un proyecto que parece no contemplar un retorno inmediato al origen. Sin embargo, también fortalecen prácticas transnacionales de asociatividad en las que mantienen su contacto con origen a través de la creación de asociaciones que permitirán unir esfuerzos para mejorar la vida de los que quedaron allá. Se podría decir que existe una consciencia hacia un territorio físico y sus habitantes (el origen) al que se le debe dar un poco de lo que se ha logrado conseguir desde el destino.

Mientras que las prácticas de asociatividad para las redes Baye Fall y Mekhe están más dirigidas a esa red de connacionales con los que se comparte esa condición migratoria. Se unen esfuerzos para mejorar la vida de los que como ellos están en destino buscando una mejor vida y con los que en muchas ocasiones se comparten proyectos migratorios similares.

La filiación religiosa y las prácticas que de esta se derivan también tienen un fuerte componente transnacional. Todos los integrantes de las redes acuden sin falta a la celebración religiosa más importante para los musulmanes senegaleses: el Magal Touba. La devoción es tal que la comunidad intenta recrear los banquetes, los cantos y las oraciones que se dan en la ciudad sagrada de Touba, sin importar en este caso la distancia física.

Los miembros de la red de Mekhe se encargan de resaltar su pertenencia a la cofradía tidjane y los baye fall su compromiso y entrega, como servidores durante las celebraciones religiosas. Es más, los baye fall intentan mantener esa imagen de trabajadores durante los magal, encargándose de preparar la comida y el evento en general, como ocurre también en el origen. Es una demostración para los demás mouride y tidjane, pero también el camino para acercarse a Dios y a los suyos.

El desarrollo de estas prácticas transnacionales conecta a los integrantes de las redes con el origen, pero además estrechan los vínculos que alimentan esos campos sociales transnacionales en los que se comparten bienes, información y creencias y que luego se convierten en capital social que logra bienestar en las diferentes etapas de los migrantes y no migrantes.

16.3. El capital social

Como indicamos en el primer capítulo, las redes pueden ser vistas como formas de capital social. En específico, cuando esos lazos entre personas traen beneficios mutuos. Sin embargo, como enunció Portes y Landolt (2004) ese capital social más que estar centrado en los recursos, se concentra en esa habilidad de los migrantes para ordenarlos a través de las redes y así acceder a los beneficios.

Ese capital social en las redes construidas se expresa en la habilidad para lograr que el trayecto migratorio sea más cómodo y menos peligroso, en un proceso de inserción menos hostil en el destino y en un día a día que permita la consecución de ese objetivo final por el que se migró.

Teniendo en cuenta estos aspectos, en las tres redes construidas se destacó que quien accedía a ese capital social no solo comparte una filiación religiosa, parental o territorial, sino que logra contar con esos recursos a medida que haga parte del proyecto migratorio del pionero o de uno de los miembros de la red que está en destino. En otros casos, el intercambio recíproco de favores también permite acceder a estos recursos y le permite al migrante desarrollar esa habilidad para ordenarlos.

Es de esta manera, como vemos diferencia en los trayectos migratorios de redes como Casamance y Baye Fall. En el primer caso, el proyecto migratorio es el reagrupamiento familiar, lo que vincula directamente a los migrantes con el pionero y es por la razón por la que se accede a una información que permite un viaje cómodo, sin muchas escalas en avión. Sin embargo, en la red Baye Fall, que no está conectada a una cadena migratoria, el acceso a la información es escaso y para acceder a la misma se debe pagar: como resultado se genera un trayecto en su mayoría por tierra, hostil y evadiendo los puestos migratorios.

En los procesos de inserción, podemos ver una comparación similar entre las redes de Mekhe y Baye Fall. La primera logra que los migrantes al llegar accedan a una casa, comida y trabajo de inmediato por su relación con el pionero. Y este último, recibirá de ese migrante una ayuda vital para agrandar su negocio y para fortalecerlo. Mientras que en la red Baye Fall, una red de arribo, los contactos al llegar son inexistentes, sin embargo acceden a redes por pertenencia territorial, mediante las cuales logran acceder a estos mismos aspectos pero de forma más precaria.

En el día a día es más clara esa habilidad de ordenar recursos para las tres redes construidas: las redes de Mekhe y Baye Fall tienen como prácticas la circulación para incrementar las ganancias y crear sus propios negocios. La red Casamance, en específico, muestra a las mujeres desarrollando estrategias para trabajar por su cuenta, sin descuidar su trabajo en el hogar y en el cuidado de los hijos.

En el desarrollo de este trabajo también se detectaron las fuentes de ese capital social altruista e instrumental: Solidaridad vinculada (instrumental) que se refiere al otorgamiento de recursos a otros miembros de la misma comunidad. Y que se evidencia en la conformación de organizaciones como Karambenor, en la red de Casamance; en las recolectas para los paisanos, de la red de Mekhe y en el trabajo organizativo de las celebraciones religiosas por parte de los integrantes de la red Baye Fall.

En el capital social instrumental se enumeran fuentes de reciprocidad simple cuando la red está sujeta a una cadena migratoria en origen y mediante la cual viajan nuevos migrantes que esperan recibir lo básico para insertarse al destino; y a cambio, quienes están en destino también tienen una expectativa de reembolso ante los favores que se le prestan a quienes llegan.

En las tres redes se vivieron casos de fuentes de capital social instrumentales, relacionadas con la confianza exigible y que coinciden con esas solidaridades que despliegan redes por pertenencia territorial (senegaleses en Buenos Aires) y que reciben a esos migrantes que carecen de contactos en destino y, de esta forma, facilitan su proceso de inserción. Al final, la estructura social actúa como garante de un reembolso por parte del migrante.

Las tres redes también coinciden en las consecuencias negativas de ese capital social: la exclusión de extraños, el exceso de exigencias a los miembros del grupo y la restricción a la libertad individual. En estas tres consecuencias es claro el vínculo con el origen: se accede al capital social si hay una filiación étnica, religiosa, territorial similar o si se comparte un proyecto migratorio común o un intercambio de favores que estreche el vínculo. Sino hace parte de ninguno de estos aspectos, con dificultad se accederá a ese capital social.

Los miembros aunque físicamente estén en un nuevo lugar, siguen atendiendo a las tradiciones del origen y están en destino construyendo a diario su prestigio social y económico en Senegal. Además, sus expectativas siguen marcadas por su cultura y por dictámenes sociales que ellos mantienen, pero que resignifican desde el destino y que los lleva a tener largas jornadas laborales para cumplir con sus propósitos económicos y a esperar la aprobación familiar cuando se elige una pareja con la que se quiere compartir la vida.



Deja un comentario