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3 Migrantes transnacionales

Fotos 3 y 4. Las mujeres bailan y cantan música típica de Casamance, durante los domingos de Karambenor

Fotos 3 y 4. Las mujeres bailan y cantan música típica de Casamance, durante los domingos de Karambenor. Fotos: Lina Sánchez Alvarado.

Foto 4

Fotos: Lina Sánchez Alvarado

“Migrar es llevar una maleta con el allá y trasladarla al acá”, (Largaespada, 2011)
“La palabra inmigrante evoca imágenes de ruptura permanente, de desarraigo… hoy en día emerge un nuevo tipo de población migrante compuesto por aquellos cuyas redes, actividades y patrones de vida comprenden tanto a la sociedad receptora como a la de origen. Sus vidas traspasan las fronteras nacionales y congregan dos sociedades”, (Glick Schiller, Basch y Blanc-Szanton, 2005)

Los tambores retumbaban las paredes. Ellas cantaban en diola, mientras saltaban. Al tiempo, marcaban el ritmo con una pequeña caja de madera. Era domingo en la tarde y los últimos rayos de sol dejaban ver los vistosos vestidos de las mujeres. Vestidos con diseños de la vida allá, de la vida en África, de sus paisajes. La música era como medicina para el final de un día en que no se habló castellano y en el que la casa aún mantenía el olor del almuerzo, del thieb yape, una comida típica compuesta por arroz, merluza, repollo y ají.

Definitivamente, fue una tarde de evocación, una tarde para volver a lo propio y no olvidar los orígenes. Una tarde que se repite una vez al mes como una manera de resistir el día a día y la rutina en la venta de bijouterie. “Es como estar en África. Estamos unidos, en familia”, puntualizó Ángela, de la red Casamance.

Era una existencia más allá de las fronteras y que recreaba escenas de una vida en Senegal, pero que físicamente se desarrollaba en Avellaneda, provincia de Buenos Aires.

Era también la expresión de las relaciones simbólicas y las conexiones que las vinculaban más allá de las fronteras, era un cúmulo componentes que permitía denominar a estas mujeres como migrantes transnacionales.

Transnacional porque da respuesta a la situación del migrante que se mueve en el país de destino, pero que conserva lazos con su país de origen. “Se mueve entre ambas realidades y cuestiona la tradicional teoría de la asimilación con la que por años se analizó el fenómeno migratorio”, como indicamos en el primer capítulo de este trabajo.

La migración senegalesa y las tres redes detectadas se consideraron transnacionales al estar compuesta por individuos que mantienen sus lazos con Senegal desde distintos ámbitos, lo que coincidió con la definición de transnacionalismo de Glick-Schiller:

“La migración transnacional es un patrón de migración en el que las personas aunque atraviesen las fronteras nacionales y se asienten y establezcan relaciones en un nuevo Estado, continúan manteniendo conexiones sociales con la comunidad de la que son originarios. En la migración transnacional las personas literalmente viven sus vidas a través de las fronteras nacionales”, (Glick-Schiller, 1999; Citado en Portes y Landolt, 2004).

Las prácticas transnacionales que describiremos nos permitieron detectar por cada red cómo se vive el transnacionalismo para esta migración y reafirmar su origen como un fenómeno de base: “Las conexiones transnacionales afectan simultáneamente a más de un Estado-Nación y suelen ser generadas desde abajo por la migración humana”, sin desestimar que también la generaron los individuos a través de sus organizaciones y que estos vínculos y las acciones que se produjeron pueden generar cambios en el destino e incluso en el origen.

11. Las prácticas transnacionales de la red Casamance

11.1 La familia extendida

Como hemos venido describiendo, la red de Casamance recrea en destino el concepto de familia del origen: una familia numerosa bajo un mismo techo como una forma de desplegar con mayor eficacia los lazos de solidaridad y de acompañamiento. La gran cantidad de vínculos parentales que unen a los miembros de esta red y su fuerte sentido de pertenencia a un territorio, lo que hace que coincidan en las costumbres y nociones de unión familiar, son las razones que facilitaron que esta práctica transnacional sea uno de los ejes de esta red.

“La vida acá es diferente a la de allá. La familia vive en una sola casa, pero no solo padres e hijos, sino tíos, primos y abuelos. Se viven en enormes casas que están permanentemente con las puertas abiertas. No se vive solo como suele pasar acá”, comentó Awá.

Sin embargo, es importante aclarar que es el capital social de los migrantes más antiguos de la red, especialmente del pionero, lo que facilita un mayor despliegue de esta familia extendida. Sin los años de ahorro y trabajo de Rob y Awá, Casamance no tendría una casa propia que se convirtiera en el lugar físico en el que se recrearía esta familia extendida en destino.

Su experiencia migratoria los posiciona a su vez como el “padre” y la “madre” de esta familia. Son ellos quienes dirigen de cierta forma el hogar, dan consejos y guían a los nuevos migrantes que llegan al país de destino. Internamente, como dijimos antes Awá se encarga de organizar las cenas o de delegar quién cocina, a qué horas se come o a quién se invita a la casa.

Foto 5. La crianza transancional: las mujeres de Casamance crían a sus hijos en destino, con las tradiciones del origen

Foto 5. La crianza transancional: las mujeres de Casamance crían a sus hijos en destino, con las tradiciones del origen. Foto: Lina Sánchez.

Foto: Lina Sánchez.

El respeto por los mayores, como ocurre en Senegal, se promueve a los más chicos y lo reproducen también los más grandes. “Me duele ver tanta gente mayor sola en este país. Para nosotros los mayores son sabios. De hecho en mi casa todas las noches nos sentábamos a escuchar sus historias, sus anécdotas”, explicó Awá.

Aunque esta figura (la de los abuelos o adultos mayores) no se da dentro de la familia extendida de la red, si se inculca dentro de los más pequeños llamar tía o tío a cualquier mayor que esté dentro de la casa y a obedecer, porque “los grandes tienen mayor experiencia y siempre podrán aconsejar a los más pequeños”, dijo Ángela.

La transmisión de este tipo de valores les facilita a las mujeres de Casamance la crianza de sus hijos, pues permite que cualquier mujer de la red pueda quedarse a cargo, mientras las otras trabajan, y que los niños las vean en el mismo rol de sus padres. La familia extendida es también una forma de transmitir la “africanidad” a sus hijos.

La promoción del respeto por los mayores también es una preparación para un encuentro futuro con sus abuelos y familiares que aún están en Senegal. “Intento que mis hijos no digan malas palabras y que sean respetuosos ni cuestionen lo que digan los mayores. Pienso en el día en que conozcan a sus abuelos y ellos no van a entender si se comportan de otra manera que no sea la nuestra”, reafirmó Ángela.

Como una práctica transnacional que conecta a las migrantes con el origen, las mujeres cargan a sus hijos con enormes pañuelos detrás de sus espaldas, justo después de la comida. Una práctica propia de la mujer africana que le permite seguir en sus labores diarias, mientras su hijo duerme sobre su espalda. Sin embargo, son prácticas que se dan dentro del hogar, pues las mujeres procuran no llevar a sus hijos a los ámbitos de trabajo.

Cargar a los hijos en la espalda, atados mediante una tela de gran tamaño parece como indicó Vasconcellos (2011) que “el bebé no representa un estorbo al cotidiano de la madre, sino una extensión de su propio cuerpo”.

La misma autora describió los beneficios para el niño que es cargado de esa manera, como parte de una tradición africana que fue implementada por algunas nodrizas en Brasil y que criaban hijos de familias eurodescendientes:

“Uno de los beneficios aportados por las nodrizas africanas y afrodescendientes derivó del modo de cargar los recién nacidos atados a la espalda, trasmitiendo así profundos conocimientos africanos. Este método beneficia al niño por el contacto con el calor del cuerpo humano (Charpak, 2006); además, la cabeza permanece libre, mientras las piernas en M y las rodillas más elevadas que la cadera, permiten el desarrollo correcto y estable de la columna. De hecho, la medicina reconoce actualmente que este método corrige y previene una patología frecuente en el ser humano: la malformación congénita de cadera” (Vasconcellos, 2011).

Teniendo en cuenta que la totalidad de los hijos de migrantes senegaleses nacieron en Argentina y la crianza se lleva en un solo lugar, no se puede negar que existe una especie de crianza transnacional que debe combinar prácticas del destino y del origen.

Esta familia extendida es parte fundamental en la creación y consolidación de la red de Casamance en su rol como red de arribo. Es a través de las prácticas transnacionales de familia que surgen o se reafirman los vínculos. Lazos que indiscutiblemente trascienden la parentalidad y dependen de las costumbres propias de un territorio y del intercambio diario.

11.2 La comida

Foto 6. Mujeres de la red Casamance comparten un plato de thieb yap.
Se come con la mano, como es tradicional

Foto 6

Foto: Lina Sánchez.

En las noches, como es usual toda la familia extendida se reúne para cenar. Es el único momento del día en el que todos están en casa y es la oportunidad para conversar y reafirmar los vínculos. Intercambio que se da en medio de la comida tradicional y de sus hábitos de consumo, es el momento para conectarse con lo propio, con Casamance, con Senegal.

Para esto una mujer, generalmente Ángela prepara con anticipación la comida para todos. Cocina el repollo, la carne y las verduras, condimenta y prepara todo lo necesario para que al regreso del trabajo de varios de los miembros, la comida esté lista para ser servida.

En enormes fuentes de metal se sirve thieb yap (arroz con carne) o thieb diem (arroz con pescado), este último plato con mayor frecuencia porque es el plato típico de Casamance. Las mujeres se sientan a un lado y los hombres en otro. Se sientan en rueda alrededor de la fuente. La comida se agarra con la mano, se hacen bolitas y se lleva a la boca. Hay un líder en la mesa quien reparte lo que va en la mitad de la cazuela gigante: el repollo, el pescado y los vegetales.

No se usan cubiertos ni platos individuales, el sentido de comunidad aflora en la forma de comer. No se delimita qué es de cada quién y es un buen gesto recibir pedazos de otro o ayudar a quien no logro desprender con una sola mano un pedazo de carne. “Lo hacemos para no adquirir las costumbres de los blancos, comer a nuestra manera nos ayuda a mantenernos como realmente somos”, dijo Ángela.

Se habla durante la comida, se ríe y se comenta sobre cómo estuvo el día. En medio de cada manotada de arroz, colmada de picante y de condimento se viaja también a Senegal, a Casamance, al hogar que dejaron allá y se representa todas las noches una típica comida como si nunca se hubieran alejado del origen.

La comida tiene esa doble función alimenta el cuerpo y el “alma”, transporta y genera identidad. El arroz es típico de Casamance y todos los miembros de la red lo sienten como suyo, porque de eso vive esa región de Senegal: “El hombre suele preparar el terreno, la mujer siembra, cosecha y recoge finalmente el arroz, el más sabroso de todo el país”, comentó Awá.

11.3 Las mujeres de Karambenor

Fotos 7 y 8. Logo del grupo Karambenor y foto de la primera Cena de la agrupación en diciembre del 2014. Logo: Cortesía de Karambenor

Fotos 7 y 8. Logo del grupo Karambenor y foto de la primera Cena de la agrupación en diciembre del 2014. Logo: Cortesía de Karambenor. Fotos: Lina Sánchez.

Foto 8  

Fotos: Lina Sánchez.

La pertenencia territorial a Casamance, la condición como migrantes y como mujeres, frente a una migración mayoritariamente masculina, y un entramado de vínculos parentales afianzaron en una primera instancia los lazos entre las mujeres que hacen parte de esta red. Luego, la crianza compartida de los hijos y el reparto de las tareas del hogar, los reafirman a diario.

A través de sus vínculos las mujeres han recibido contención de sus roles como madres y como cuidadoras del hogar, provenientes de otras como ellas. Ellas mismas han cumplido su papel al llegar al destino: ser madres y garantizar el funcionamiento interno del hogar, sin embargo ellas mismas se han propuesto salir. Encargar los hijos a una de ellas y empezar a aportar, trabajando en las calles como lo hacen sus pares en Buenos Aires, vendiendo bijouterie. Un propósito que logran también por la contención recíproca.

La “ayuda mutua” resulta clave para sobrevivir en el destino y es una forma de reproducir la solidaridad aprendida en el origen y que además circula transnacionalmente entre ellas y quienes están en Senegal. De hecho en algunos casos la ayuda se pactó a distancia: Awá le pidió a su hermana Tara venir para recibir ayuda en la crianza de sus hijos y en los cuidados del hogar, así Tara emigró para cumplir su función.

De esta realidad surge la necesidad de formalizar la ayuda y se crea la agrupación Karambenor, Asociación de Mujeres de Senegal Originarias de Casamance en Argentina. Karambenor, una palabra en diola que define la esencia del grupo desde su origen: “ayuda mutua”.

La asociación está compuesta por las mujeres que hacen parte de la red y que se conocieron al llegar gracias a sus esposos y a sus vínculos de parentalidad. Es una práctica de asociación transnacional porque no solo sus integrantes comparten la pertenencia a un mismo origen, sino que su fin es poder cambiar un segmento de la realidad de esa región que dejaron y que evocan en cada encuentro.

Karambenor es también una manera de encontrarse con las que no viven en la misma casa, de integrar a las mujeres que también son de Casamance, pero que el contacto no es diario. “Creamos la agrupación para asegurar que nos íbamos a ver, que íbamos a compartir porque acá resultaba difícil juntarnos por los hijos, el trabajo. Es una manera de sacar la nostalgia, de hablar de cosas de allá, de buscar la manera de ayudarnos mutuamente”, confesó Awá sobre el grupo que formó con sus “hermanas”.

De esta manera se crearon los domingos de Karambenor, un encuentro mensual en el que las mujeres de la agrupación se reúnen a cocinar, comer, bailar y compartir. Es la oportunidad para lucir las hermosas túnicas tradicionales de Senegal, usar vistosos pañuelos y joyas de gran tamaño, sin estar bajo la mirada curiosa de quienes están en destino.

Se disfruta de suculentas comidas que empiezan por el thieb yap o thieb diem y luego frutas que se comen como postre en platones también comunes. El cierre se hace con atayeh, una infusión caliente similar al té verde que se toma tradicionalmente en Senegal en tres rondas. “Es el mate senegalés”, señaló con humor Ángela. Una tradición que conservan gracias a los viajes que hacen los miembros de la red a Senegal, pues el atayeh no se consigue en Argentina.

Como describimos al inicio de este capítulo, en los domingos de Karambenor se evoca Senegal y en especial Casamance en la comida, los cantos, las charlas. Además se revive la tradición del “Tour”: una especie de cadena en la que cada integrante aporta cierta cantidad de dinero y el total del mismo se lo lleva por turnos las integrantes de la red. “Si sabemos que alguna necesita con urgencia, se cede el turno. Generalmente es dinero que se invierte en mercancía cuando alguna va a una feria o tiene previsto un viaje”, dijo Awá. A su vez, las mujeres ahorran una cierta cantidad de dinero cada encuentro, el cual se destina a un fondo de emergencia que debe estar disponible ante alguna eventualidad que pueda tener cualquiera de las mujeres del grupo.

En este sentido, las mujeres aseguraron que lo primero es ayudarse para mejorar la vida de ellas en Buenos Aires, pero que la idea está enfocada a desplegar esfuerzos para la región de Casamance y precisamente para finales del 2014 se desarrolló la primera cena de Karambenor con la que empezó a crearse un fondo para ayudar a las mujeres y niños del sur de Senegal: “Si ayudas a una mujer, ayudas a una sociedad, porque si la mujer tiene algo de dinero o tiene como colaborar, lo primero que hace es invertirlo en su familia”, argumentó Awá.

Durante la primera cena de Karambenor y a través de un grupo de facebook en el cual difunden sus actividades, las mujeres han empezado a promover la cultura africana a través de bailes y música y han expresado su interés en mover esfuerzos para ayudar a su región:

“Como todo migrante no olvidamos de dónde venimos. Dejamos atrás nuestras familias por un sueño y tenemos la esperanza de que desde donde estemos, podamos ayudar a resolver los problemas económicos que dejamos. Por eso creemos que hay que hacer algo por África”, fueron las palabras que dieron apertura a la primera cena de Karambenor.

Esta circulación de prácticas de transnacionalidad, en las que confluye la comida, el baile, la música, la identidad, la solidaridad… forma un campo social transnacional en la que las integrantes de la red Casamance se mueven entre formas de ser y pertenecer, como indicó Levitt y Glick-Schiller (2004).

Es así como las formas de ser están relacionadas con prácticas como la elaboración de comida, los bailes, el ritual de la toma de atayeh y las formas de pertenecer están relacionadas con una identidad que tejen estas prácticas y que demuestran “un contacto consciente”: ser parte de Karambenor para mejorar lo que dejamos allá, para mejorar la situación de los que quedaron en origen, pero no solo familia, sino la propia sociedad, a través de una práctica transnacional.

11.3.1 El ritual de las trenzas

Simbólicamente, las mujeres mantienen su vínculo con Senegal vivo en cada peinado o pañuelo que usan para cubrir su cabello. Awá prefiere los pañuelos, mientras que Isa las trenzas ajustadas y ceñidas a la redondez de su cabeza. Joubi, por su parte, le gusta lucir un cabello largo y acostumbra a ponerse extensiones.

“Peinarnos de esa manera nos hace sentir senegalesas, aunque estemos lejos”, confiesan las mujeres migrantes de la red Casamance, quienes procuran siempre mantener ese rasgo de identidad a diario. Incluso cuando puede, Awá manda traer pelo artificial de Senegal con el que logra que sus ‘hermanas’ luzcan largos cabellos trenzados.

Sin embargo, más allá de ser una práctica cotidiana de identidad alrededor del peinado se genera todo un ritual que les permite a las mujeres de Casamance encontrarse y compartir. Si alguna de ellas quiere peinarse con pequeñas trenzas, le pide a alguna de sus hermanas y la práctica puede tomar entre tres y cuatro horas. Momento en el cual ellas aprovechan para conversar y recordar.

Como indica Moctezuma (2008), las comunidades filiales transnacionales son “puntos de encuentro y de socialización, porque en estas se reproduce la vida de las comunidades” y de hecho, estas mujeres se toman el tiempo para peinarse entre sí. Detener sus actividades diarias, para buscar ese espacio para compartir.

Un espacio de compartimiento que las conecta con sus tradiciones, con el ritmo de vida que se lleva en Senegal. Un ritmo de mayor quietud que les permite salirse del frenesí diario de vender en la calle o en locales. “Si uno tiene trabajo en dependencia con salario asegurado, podés descansar, pero si sos independiente, hay muchos gastos y debes buscar la manera de ganar más”, cuenta una de las migrantes de la red de Casamance.

Además para algunas, el tejido de trenzas también se ha convertido en una forma de generar ingreso y es así como a este espacio de compartir también se han sumado africanas de otros países, argentinas, dominicanas, haitianas y colombianas que son peinadas por las senegalesas y con quienes establecen amistad o se intercambian diálogos sobre la cultura y las costumbres, formando parte del circuito migrante transnacional.

Adicional a los peinados, las túnicas o vestidos también las conecta simbólicamente con Senegal y cada vez que realizan algún encuentro las mujeres las usan, sin embargo para el uso diario cambian su vestimenta por ropa común. “Lo hacemos porque traemos una túnica no más que guardamos con cariño, pero en Senegal resulta ropa de uso diario”, contó Joubi.

Las túnicas son de llamativos colores y con figuras y paisajes que evocan la vida que dejaron atrás. Una de estas, por ejemplo, lleva estampado un grupo de mujeres que carga sobre su cabeza una vasija, en el fondo se visualiza una casa tradicional y el emblemático árbol Bao Bab, símbolo de Senegal.

En cada una de estas imágenes las mujeres se sienten representadas, sienten el mundo del cual hacen parte y con el que se identifican a kilómetros de distancia. En uno de los encuentros, Awá organizaba un grupo de túnicas que trajo para vender y dijo: “Mirá así vivimos nosotros. Es una vida completamente diferente”.

Durante ese mismo encuentro Awá explicó que en esas túnicas hay algo del alma de África y explicó de inmediato las figuras que evocaban esa tierra: Los cauris, la concha de un molusco que es una especie de talismán, las casas de bambú, las palmeras y la vida cotidiana, como una escena en la que se cocinaba al aire libre.

“Esta es la kora, que antecedió a la guitarra o más bien en la que se basaron para hacer la guitarra. Lo mismo ocurrió con el xilófono, que es un instrumento basado en el balafón que salió de África”, comentó Awá, señalando una de las túnicas.

Los mismos símbolos también se ven en algunos de los accesorios que usan las mujeres, por ejemplo, el caurí que lo usa como dije Joubi en su cuello, a manera de protección.

Foto 9. Bubú, traje tradicional para los hombres de Senegal. En su mayoría, llevan impresos imágenes de la vida en África

Foto 9. Bubú, traje tradicional para los hombres de Senegal. En su mayoría, llevan impresos imágenes de la vida en África. Foto: Lina Sánchez.

Foto: Lina Sánchez.

Foto 10. Túnicas tradicionales que usan las mujeres en Senegal 

Foto 10. Túnicas tradicionales que usan las mujeres en Senegal. Foto: Lina Sánchez.

Foto: Lina Sánchez.

El local de Awá tiene algunos bubús (ropa tradicional para el hombre senegalés) y algunas túnicas de mujer que trajo para vender la última vez que fue a Senegal. Ella misma le llamó a su local Aline Sitoe, en honor a una heroína senegalesa de Casamance que admira.

Estar en su local es como irse por un rato a Senegal. Se escucha radio y se ve televisión del origen. Awá sueña con tener un local con solo productos de África, como una forma de resaltar lo propio y porque no de acercar ese origen pero que rememora a diario.

11.4 Afrodiáspora: la Diáspora de Casamance

Bajo esta idea de la pertenencia a los campos sociales transnacionales, en la red Casamance podemos enumerar otra experiencia en la que se puede ver claramente el contacto consciente a un grupo específico, en este caso por parte de Rob, pionero de la red.

Todos los domingos en la mañana, desde principios del 2015, Rob pasa unas horas escuchando y participando de un programa radial a través de la radio online Tendouck.net, que emite el programa la Afrodiáspora.

La Afrodiáspora es un programa de la diáspora Casamance, mediante el cual un grupo de migrantes senegaleses en distintas partes del mundo, con un origen común en Casamance, discuten sobre la realidad social y política de su región y sobres sus situaciones como migrantes en otros países.

“Uno sale y se da cuenta que hace falta un montón de cosas en Casamance y que se puede mejorar ¿Cómo es eso que en Casamance hay un solo médico para toda una región de millones de personas? No hay especialistas, no hay infraestructura. Nosotros los que estamos afuera y tenemos las experiencias de otros países estamos creando esfuerzos para mejorar”, explicó Rob.

La diáspora y su programa de radio la creó un migrante senegalés de Barcelona. De este grupo también hay miembros de países como Estados Unidos y Francia. De Argentina, Rob es el representante oficial, lo que implica que debe estar pendiente todos los domingos del programa, aportar ideas y hacer intervenciones para ser escuchado por los demás.

La diáspora debate cada semana un tema diferente, entre los cuales está como prioridad la paz en la región. “Estamos evaluando tema por tema para recogerlos en un solo documento con diversas propuestas y enviarlas al gobierno, a los políticos de la región. Queremos comprometerlos y que ellos sientan que cuentan con nosotros. Como migrantes salimos por estas mismas razones, pero ahora tenemos herramientas para cambiarlas”, explicó Rob.

De hecho, la diáspora con el compromiso de sus miembros espera poder hacer el primer encuentro físico en diciembre de 2015 en la propia Casamance. Según Rob se reunirá para evaluar la situación de primera mano, entregar el documento en el que vienen trabajando y acercarse a las autoridades para que los reconozcan como grupo. Rob espera poder estar ahí.

De esta manera, la red Casamance hace parte de un campo social transnancional que se relaciona con otras redes migrantes en distintos países con un mismo fin dirigido a la mejora del origen.

“Los migrantes transnacionales llegan a su nuevo país de residencia con determinadas costumbres y nociones construidas en su país de origen. Pertenecen a ciertas poblaciones más o menos politizadas y sostienen filiaciones específicas de clase. Luego se involucran en actividades complejas a través de las fronteras nacionales que crean, dan forma y transforman potencialmente sus identidades” (Glick Schiller, Basch, Blanc-Szanton, 2005)
Foto 11. Pantallazo de la publicación del grupo de Facebook  Karambenor Argentina”

Foto 11. Pantallazo de la publicación del grupo de Facebook “Karambenor Argentina”. Fecha de captura: 25/04/2015.

Fecha de captura: 25/04/2015.

De la cita anterior podríamos deducir, que en este caso la pertenencia étnica juega un papel importante. En la historia senegalesa se ha reconocido los aires independentistas de Casamance y esto sumado a la cualidad diola de diferenciarse de los wolof, la otra etnia mayoritaria; ha llevado a la red de Casamance a unir esfuerzos especialmente por su región y los suyos.

Hay una filiación específica de etnia y de pertenencia a un territorio con las cuales se cuenta desde el origen y que se trasladan al destino. Se transforman y se usan para cambiar ese origen. Una filiación y una conciencia que se comparte con otros a través de las fronteras.

Lo que le preocupa a los miembros de la red de Casamance sobre su región o sobre su realidad y que surge en los encuentros de Karambenor o cada noche cuando se reúnen en familia a conversar, son los temas que luego Rob pone en discusión en el programa de la Afrodiáspora.

En el caso de la diáspora, las acciones que empiecen a emprenderse podrían tener consecuencias macrosociales y modificar la suerte y cultura de las ciudades o países, como indicó (Portes y Landolt , 2004):

“Las diásporas creadas por una multitud de decisiones independientes de hombres y mujeres que buscan mejorar sus oportunidades de vida individuales, con el tiempo se transforman en una “exportación” clave de las naciones emisoras y en uno de los principales medios para mantener su integración en la economía mundial” (Guarnizo, 2003, Roberts et. al 1999, Goldring 1992; Citado en Portes y Landolt, 2004).

Dentro de Argentina, el trabajo de Rob también se ha visto dentro de la Asociación de Residentes Senegaleses en Argentina (ARSA). Una organización de la cual se reconoce como fundador al ser uno de los primeros migrantes senegaleses en haber llegado a la Argentina.

De su trabajo en ARSA podemos destacar su labor como parte de los organización en los encuentros religiosos o visitas de los jeques musulmanes y su trabajo como puente para lograr una hermandad entre ARSA y Karambenor, como una forma de destacar el trabajo diola entre los migrantes senegaleses en el destino.

11.5 Los regalos, los mensajes y los ‘whatsapp’

Hay un incienso que “huele a Senegal”, aseguró Awá. Un incienso que siempre le mandan sus hermanos, a través de alguno de los miembros de la red, cuando alguno viaja a Senegal. Ese es el regalo infaltable para la mujer pionera de la red Casamance. “Cuando llegué a Buenos Aires me impactaron muchos los olores. Por eso cada vez que huelo ese incienso me traslado a Senegal”, agregó.

Junto al incienso, también se envía hojitas de atayeh (té senegalés) y hasta semillas de bizap (una verdura típica de Casamance que le da sabor a los platos de esta región y que fue sembrada en el patio de la casa para tener su propios bizap). Los regalos son enviados por los hermanos de Awá como una forma de acercarla a Senegal.

Por su parte, Awá ha aprovechado los viajes de algunos para enviar carteras, dijes, cadenas y zapatillas para los más chicos. Cuando empieza la jornada escolar también les envía cuadernos y lápices.

Awá es la mayor de sus hermanos y a pesar de la distancia ella todavía es consultada por ellos a través de facebook o whatsapp. “Hablo a diario, me consultan todo, cualquier decisión que tomen”, explicó. De hecho son su compañía durante la jornada laboral en el local en Microcentro donde pasa gran parte del día.

Su mayor contacto lo tiene con la hermana más pequeña, con quien ha asumido un rol de mamá a distancia. Con sus otros hermanos, Awá habla con frecuencia y está al tanto por ejemplo de su hermano en Francia que viene preparando su retorno a Senegal y para eso puso su propia granja.

Como aseguramos en el capítulo anterior, Awá mantiene un contacto también a través del envío de remesas, que gira en forma de ayuda ocasional o como un regalo cada vez que alguna hermana cumple años o por si alguna está pasando una necesidad. El envío de remesas no es mensual como pasa en otras redes, sino una muestra de cariño y es visto como una forma de mantener contacto, de decirle a los que están en origen que no se les olvida.

Dentro de la red Casamance, otras integrantes como Joubi e Isa envían remesas como un apoyo económico para la familia que dejaron en origen. Las remesas reafirman su rol como proveedoras frente a su madre que está en Senegal y que cuida de la hija que Isa le dejó a cargo. El envío de remesas en este caso es mensual.

El skype, whatsapp o viber, le permite a Isa ver crecer a su hija y mantener el contacto con ella. A través de estos programas, Isa envía no solo mensajes escritos, sino de voz, hace videoconferencias e intercambia fotos con su mamá para hacérselas llegar a su hija Faku.

La red Casamance mantiene vivo el vínculo con el origen a través de las llamadas, los mensajes, las remesas, una circulación de información y objetos que simbólicamente les permiten estar presentes con los que están en Senegal. Es una manera mantener los lazos, de continuar el proyecto migratorio en destino sin perder esas fuertes conexiones de las cuales está compuesta su identidad.

12. Las prácticas transnacionales de la red de Mekhe

12.1. Los hombres en la cocina

Como en la red de Casamance, la comida en la red de Mekhe es parte del ritual en las noches. Se asigna por turnos quién cocina y se come en un sentido familiar como se hace en Senegal. Donde viven mujeres senegalesas ellas asumen los roles propios de la cocina y suelen preparar siempre la cena, mientras que en la red de Mekhe casos como el de Nibu, Kime y Fallou son ellos quienes asumen estas responsabilidades.

En este circuito migrante transnacional, los varones se pasan unos a otros los secretos de la cocina senegalesa. “Llegamos sin saber nada. Sin saber hacer un arroz, pero quien te recibe, te enseña y aprendes a cocinar como lo hace tu mamá”, comentó Fallou. De esta manera, los migrantes que reciben a los nuevos, no solo transmiten conocimientos sobre la venta de mercancías, sino que incluso inculcan tradiciones culinarias, que socialmente son asumidas por las mujeres, pero ante la ausencia de las mismas, ellos las adquieren como parte de su nuevo proceso migratorio.

El aprendizaje sobre la cocina es entendido por los mismos como clave también del proyecto migratorio de esta red parental. Saber cocinar puede, en principio, desafiar los estereotipos al ser una tarea que asumen las mujeres, pero luego es entendido como un “sacrificio” que permitirá adquirir el prestigio social de poder mantenerse en origen, enviar dinero de ayuda y además a largo plazo poder “ir por placer y volver por negocios”.

Sin embargo, la comida permite generar identidad entre la misma red. Nibu lo ve como una forma de no sentirse “extraño”: “Es difícil estar lejos. Uno se siente extraño en otro país porque no está tu mamá ni tu papá”, expresó y por eso en sus comentarios es frecuente que nombre a la comida y que describa esos ingredientes que le faltan para que su thieb yap sea 100 por ciento senegalés. La comida los reconecta con el origen.

Para Kime, Nibu y Fallou es vital comer todas las noches platos de Senegal. “Tenemos que alimentarnos bien siempre, porque tenemos jornadas muy largas de trabajo. Un buen plato de arroz con pollo, carne o pescado te da lo necesario para seguir”, comentó Fallou. Y es que precisamente para la mayoría de miembros de esta red, la cena es la comida más importante del día y el único momento que tienen para cocinar. “Hay que alimentarse bien. Aquí se come buena carne, pero no comen arroz que es vital para mantenerse fuerte y con mucha energía”, puntualizó Nibu.

Al igual que en la red de Casamance, el que cocina levanta su mercancía más temprano y va a comprar los ingredientes. Se cocina en grandes cantidades y se sirve sobre una enorme bandeja en la que comen todos. Si se olvida algo durante la preparación, se tiene a mano el celular para comunicarse con familiares en Senegal que pueden dar algunos consejos. Se come con la mano y quien cocina asume el rol de repartir la proteína que está en mitad del plato para los demás comensales.

En el otro subgrupo de la red, en donde está el pionero de la misma, la cocina es asumida por las mujeres: la hermana de Massa (el pionero) y por su sobrina Dieck, con quien convive. Es así como Massa delega esta función y puede dedicar más tiempo a seguir agrandando su negocio, seguir viajando para conseguir más contactos y así abrir más locales. Ellas, por su parte, siguen recibiendo su apoyo en el tema de las mercancías y de la vivienda. Los roles tradicionales traspasan fronteras y siguen siendo asumidos a pesar de la distancia.

Esta existencia transnacional a través de la comida, también está marcada por una filiación étnica. En este caso los miembros de la red Mekhe, en su mayoría Wolof, suelen cocinar platos como thieb yape (arroz con carne) y thieb ginar (arroz con pollo), propios de esta etnia y no tanto thieb diem (arroz con pescado), que es más de los diola o de los habitantes del sur de Senegal.

12.2. La venta callejera y la circulación

El proyecto migratorio de la red de Mekhe enfocado a ser de “aquí y de allá”, como el pionero; se pone en lógica no solo desde el viaje, sino desde el primer momento en que se llega al país de destino, a través de la inserción económica y laboral de sus miembros. De esta manera, el trabajo se convierte en una práctica transnacional que asumieron antes familiares en otros países y que incentiva el pionero, incluso desde antes del viaje a destino.

Podemos citar de manera puntual el caso de Nibu quien fue motivado por su hermano Ndathie, en Francia, quien trabajó también en la venta callejera al principio y por su cuñado Massa, quien también se gana la vida en Argentina a través del mismo trabajo y quien tiene en su natal Mekhe un gran prestigio social.

Nibu llega a incorporarse en la venta callejera nutrido del conocimiento de su cuñado, su hermano y del mismo campo social que conforman sus otros paisanos en el destino. En este circuito migratorio transnacional se transmiten conocimientos claves para incrementar los ingresos y para enviar dinero de ayuda para la familia.

Es de esta misma circulación que Massa ha logrado crecer. Sus viajes frecuentes y su mercancía desplegada en distintos espacios le permiten incrementar su negocio. Sin embargo, para eso ha sido indispensable la llegada de otros migrantes a quienes les brinda soporte al llegar, pero a su vez le ayudan a distribuir su mercancía. Los contrata como empleados y acuerda con ellos la parte que les corresponde por la venta.

“Uno se mueve entre lugares, lo importante es poder vender. La vida te va dejando acá porque acá uno vende. Si mañana resulto en Senegal y puedo seguir trabajando lo haré. Aquí lo importante es laburar”, explicó Massa, pionero de la red Mekhe.

De esta habilidad también se impregnan los otros miembros de la red como Fallou y Nibu, quienes esperan poder abrir sus propios locales y recrean a menor escala esta práctica de la circulación. Nibu, entre semana, no desaprovecha estar en uno de los mejores puntos del sector comercial de Once, en Capital Federal y los fines de semana se dirige a ferias de otros barrios en la misma ciudad, como Puerto Madero, como una forma de no dejar de trabajar y de tener ganancia de esos dos días en que en Once no hay actividad comercial.

Fallou, por su parte, tiene por costumbre asistir a las ferias itinerantes del interior del país para incrementar las ventas: “Voy a todas las ferias que hay en Argentina. Conozco Salta, Entre Ríos, Córdoba, muchos, muchos lugares. Tengo amigos peruanos que están pendientes de avisarme y siempre me dicen ¿Cuándo venís? Y ahí seguro siempre estoy”, contó.

La circulación no solo abarca una multiplicidad de lugares de venta, sino una habilidad para escoger los sitios de mayor afluencia de público y a su vez de variación de mercancías. En este sentido, el capital social del pionero les permite a los miembros de la red contar con una variedad de productos que no tienen otros puntos de venta callejera.

Como dijimos anteriormente, aunque los miembros de la red de Mekhe trabajan sobre la misma vereda, ellos han desplegado una estrategia de venta que les permite contar con una diversidad de productos y no hacerse competencia entre ellos mismos. Es válido aclarar que son los puestos del pionero, atendidos por otros miembros de la red, los que cuentan con mayor diversidad. Los miembros con lazos parentales o lazos de confianza más estrechos, van a tener la ayuda directa del pionero y con esto mejor mercancía para ofrecer. Luego, los miembros con aires de emancipación “se lanzan al agua” sin saber lo que va a ocurrir, compran sus propias mercancías y se rebuscan diferentes productos para innovar.

La venta callejera y la circulación son vías por las que optan los miembros de la red Mekhe para incrementar sus ganancias y de esta manera poder lograr de los objetivos de sus proyectos migratorios: incrementar el envío de dinero para los familiares y ahorrar para poder tener un negocio propio en destino y de esta manera visitar anualmente Senegal: “ir y venir” y así prolongar su existencia y un prestigio social transnacional, más allá de las fronteras.

En palabras de Chevalier-Beaumel y Morales (2012) los migrantes de estas redes también territorializan los espacios a partir de su circulación y como agregó Carnet (2011, citado en Morales, 2014) esa movilidad posibilita un conjunto de relaciones que giran alrededor de un principio organizador y en este caso, esta investigación demostró que ese principio organizador es la consecución de ese proyecto migratorio.

12.3. El envío de remesas

Al entender el envío de remesas de la red de Mekhe como una práctica que hace parte de un circuito migrante transnacional, podemos entender la circulación de dinero más allá de las fronteras y con esta una suma de relaciones interpersonales, de las cuales también hace parte el intercambio de información y de símbolos entre origen, destino y entre diferentes puntos geográficos.

En esta red parental, el apoyo financiero se envía en especial a la figura materna y en tres casos puntuales a los hijos que están en destino. Al mismo tiempo, se refuerza simbólicamente el papel del hombre como proveedor de la familia, asumiendo el rol que heredó de su padre. En el caso de Dieck, la mujer asume ese rol tradicionalmente atribuido al varón.

“Le envío dinero a mi mamá todos los meses. Desde el primer mes que llegué acá. Le doy la plata y ella es quien decide en qué la invierte”, explicó Nibu. De esta manera, más allá de las fronteras, los miembros de la familia siguen asumiendo sus roles: el hombre envía el dinero y dentro del hogar es la mujer quien decide cómo se invierte.

Lo cierto, es que el envío de remesas puede resultar vital para algunas familias que cuentan con ese apoyo económico para sostener la casa y los hijos. Este es el caso de Kime quien tiene a su cargo a su mamá, su hermana y su esposa. En otros casos de la red (Nibu, Fallou y Jane), algunos miembros son los hijos menores de la familia y han sido los últimos en emigrar. Es decir que la familia recibe remesas de los otros hijos varones que salieron primero y con esta ayuda es que el hijo menor ha podido emigrar. De esta manera, la ayuda de los menores es más simbólica, pero no tan necesaria como en el caso anterior. Es una muestra de agradecimiento de la que generalmente confiesa Nibu su mamá la usa para darse un “gusto”.

En los casos de Massa, Bal y Dieck se envía dinero para sostener a sus propios hijos en origen como una forma de suplir su ausencia en origen. Es así como todos los miembros de la red de Mekhe envían dinero como una forma de mantener su presencia en Senegal, como parte de su proyecto migratorio. El envío de remesas no es solo una ayuda material, sino que permite establecer un prestigio social con la propia familia y la comunidad en origen.

Los miembros al enviar dinero van formando su imagen tanto en origen como en destino como personas “exitosas” que tienen sus negocios fuera de Senegal y así pueden sostener a su familia y de paso su existencia a través de las fronteras. Ninguno de los miembros no descarta regresarse del todo y como aseguró Massa, él irá “a donde lo lleven los negocios”; por eso no irse del todo de sus orígenes es una vía para mantener esa existencia transnacional. En la mente de los miembros de esta red se piensa en el retorno a largo plazo, por eso mantener su rol en Senegal es clave y el envío de dinero es uno de esos componentes para estar presente, mientras se está a kilómetros de distancia.

12.4 Los martes tidjane y las celebraciones religiosas

Aunque la pertenencia a la cofradía tidjane no es el eje principal de la red de Mekhe, si podemos destacar su importancia en el desarrollo de prácticas transnacionales. Es así como los miembros trasladan costumbres relacionadas con la filiación religiosa a su día a día en destino.

Los miembros de la red de Mekhe no dejan un solo día sin orar cinco veces como lo exige El Corán y aseguran que es una característica típica Tidjane: “Los mouride, la otra cofradía son menos estrictos con el tema. Nosotros lo hacemos porque es nuestra manera de estar bien con Dios y con nosotros mismos. De agradecerle y limpiarnos”, contó Fallou, quien todas las noches, luego de la cena y de darse un baño realiza las cinco oraciones.

Su cercanía en el trabajo les permite a los integrantes de la red Mekhe hablar sobre Cheik Ahmedi Tidjani, el fundador de los tidjane. Estas conversaciones que suelen interrumpirse por la dinámica de la venta en la calle, se retoman todos los martes en la noche, día en que todos los tidjane de Capital Federal se reúnen a hablar sobre las enseñanzas de su maestro, en el hotel Bauen, en Corrientes y Callao, a través de lo que ellos denominan una ‘Dahira’.

Como ocurre en Senegal, las diferentes cofradías buscan sus espacios para compartir sus cantos o lecturas propias y en este caso el pionero de la red es uno de los líderes de este grupo. El prestigio de Massa no es solo económico por ser un empresario que va y viene, sino que además es uno de los más antiguos y se ha responsabilizado de agrupar a todos los tidjane de la ciudad.

Durante la reunión no solo se habla de religión, sino que se entremezclan con temas de la vida diaria. “Nos gusta saber cómo están los chicos acá. Si necesitan algo. Nosotros estamos pendientes de ayudar a quien lo requiera”, explicó Bal, quien aseguró que las redes de solidaridad trascienden la reunión de los martes y que se extiende a lo largo de la avenida Corrientes, incluso en otras provincias.

Bal y Massa son reconocidos no solo por ser unos de los migrantes más antiguos, sino por brindar la ayuda inicial para muchos de los migrantes que llegan. De esta manera, es a partir de ellos que muchas veces se inician las redes de solidaridad cuando alguno de los migrantes requiera una ayuda en el sector de Once. “Un día necesitábamos plata para llevar el cuerpo de uno de los nuestros que había fallecido acá. Pasé por la calle diciendo que necesitaba el dinero, unos 200 pesos por persona y los chicos lo daban sin preguntar más. Incluso nos llegó plata de otras provincias”, agregó Bal.

Estos lazos de solidaridad que hacen parte de un campo social transnacional en el cual circulan ayudas materiales y simbólicas lo conforman no solo miembros de la red de Mekhe, sino otros migrantes que comparten con ellos un origen y un día a día en el que tienen que enfrentar necesidades similares. De hecho, Massa y Bal procuran acudir a una reunión semanal que hacen todos los migrantes senegaleses sin importar su filiación étnica o religiosa.

“No tenemos consulado acá, así que nosotros nos juntamos para escucharnos y debatimos acerca de nuestra situación de venta en la calle. Sabemos que no vamos a poder quedarnos vendiendo todo el tiempo y necesitamos mejorar nuestra situación”, comentó Bal.

Massa y Bal son los representantes tidjane dentro del grupo de migrantes senegaleses y aunque las ayudas que surgen en esta red pueden hacer parte de un circuito migrante transancional más grande, las ayudas se despliegan más entre quienes pertenecen a las mismas cofradías, la misma etnia, con quienes se comparte lazos de parentalidad o un contacto diario en el que el migrante que recibió ayuda, devuelve con trabajo la ayuda que recibió.

Los tidjane, así como las otras cofradías, se encargan de organizar al menos una celebración propia del islamismo senegalés y se responsabilizan desde hace varios años de realizar el Magal del nacimiento del profeta Mohamed los primeros días del mes de enero. Massa reserva el hotel Bauen, hace remeras con los nombres de su grupo y las reparte entre los suyos como una forma de marcar identidad y organiza todo lo relacionado con la comida. Para el 2014, Massa escribió sobre una remera verde “Dahira Moustahibina Filahi, Gamou 2014” y aún le gusta lucirla mientras trabaja.

Quienes más ayudan en estas celebraciones que los tidjane organizan para los demás migrantes, son los miembros de la red más allegados a Massa: Bouba y Jane, por ejemplo, quienes aún no han logrado independizarse económicamente y aún tienen como responsabilidad atender los puestos de venta del pionero.

En este campo social transnacional los miembros de la red de Mekhe, como señalamos en el primer capítulo, demuestran formas de ser y pertenecer a los mismos. Formas de ser relacionadas con esas prácticas que son del origen, pero que se recrean en destino: las oraciones a Dios, las celebraciones religiosas y los encuentros por cofradías; y formas de pertenecer que en este caso las asumen más el pionero y los migrantes más antiguos que asumen su papel como los de más experiencia y “demuestran un contacto consciente a un grupo en específico”: se proponen mejorar la vida de los que están allá y de sus pares en destino, a través del despliegue de distintas solidaridades.

12.5. El matrimonio transnacional

Solo podemos enumerar un matrimonio transnacional en la red de Mekhe. Se trata del que conforman Massa y Binta, que se mantiene desde hace más de 14 años a través de las fronteras, cuando él decidió emigrar para la Argentina. Massa se hace presente a través del envío de remesas y de las visitas cada año, especialmente para ver a sus dos hijos, y aseguró que la distancia no es un problema para su relación: “Muchas mujeres de Senegal tienen su esposo a la distancia y ellas no le ven inconveniente. Los matrimonios se acostumbran a esto”, explicó Massa, quien como señalamos no piensa en la reagrupación familiar.

Otra de las prácticas transnacionales relacionadas con los matrimonios ocurrió con Bouba quien lleva cerca de dos años de haber emigrado. Llegó soltero y a mediados del 2015 se casó con Alima, la mujer que le recomendó su mamá. Alima y Bouba se casaron a la distancia: mientras él estaba en Buenos Aires y ella en Senegal.

Tras la aprobación de la mamá de Bouba, los familiares adelantaron los preparativos: la celebración en la mezquita, en Dakar y luego una celebración en casa con los demás familiares. A la ceremonia asistieron los padres de ambos y no la novia, que por tradición no puede acudir a la mezquita. En la segunda parte ella sí estuvo presente y lució una túnica de color fuerte y accesorios dorados.

Mientras todo esto ocurría Bouba recibía fotografías de su casamiento a través de su celular. “Estoy feliz, ahora ella se fue a vivir con mi mamá y vamos a ver si la traigo o finalmente me regreso a Senegal. Lo estamos pensando. Por ahora enviaré algo más de dinero para ella”, contó Bouba.

Para poder casarse, los senegaleses musulmanes deben hacerlo con mujeres que también tengan su misma filiación religiosa y contar con la aprobación de ambas familias. Antes de conocer a Alima, Bouba salía con una mujer que su mamá no aceptaba y le sugirió salir con quien es ahora su esposa y con quien existen lazos de parentalidad. Las fronteras no fueron un impedimento y el casamiento se realizó como tradicionalmente ocurre en origen. De hecho, empezaron a hablarse y a conocerse a través de las redes sociales, chats y llamadas de ‘skype’ y ‘whatsapp’.

Alima es consciente de que su esposo no puede regresar de inmediato y que desde allá el envío de dinero es vital para vivir en Senegal, así que vive su matrimonio a través de la distancia y suplanta su ausencia con llamadas periódicas y contacto continuo en el chat del celular. En origen, Alima vive su nuevo vínculo conviviendo en la casa de suegra y su nueva familia.

Un caso similar vive Kime, quien está de novio con una prima que también le recomendó su familia y que está en Senegal. Aún no hablan de casarse, pero ella cuenta con todos los requisitos: es musulmana, senegalesa, comparten lazos de parentalidad y tiene la aprobación de su mamá.

Nibu no sale con ninguna mujer, pero sabe que quiere casarse algún día y hacerlo con una senegalesa. “Uno busca a alguien que se parezca a uno, que comparta tradiciones y que tenga la aceptación de mi mamá”, explicó y por eso espera en uno de sus regresos al origen poder conocer a una mujer con esos requisitos y desde ya sabe que será un matrimonio a distancia, mientras logra avanzar en su proyecto migratorio.

Esta práctica hace parte de un campo social transnacional en el que se recrean tradiciones propias del origen, en este caso el matrimonio a través de las fronteras. Se viven uniones a distancia, se continúa con los pactos entre familias, se sigue validando el visto bueno de las madres, se casan en la mezquita aún sin presencia de los novios y la mujer sigue yéndose a vivir a la casa de su suegra. Con la distancia lo único que cambia es que el hombre está en el extranjero y su presencia se marca con el rol que juega como proveedor. Estar afuera significa sinónimo de éxito y genera un prestigio social en destino, pero aún más en origen.

De hecho una de las razones que más unen a Kime, Nibu y Fallou es el vínculo con sus madres en origen. Los tres hablan con ellas de manera constante y les piden consejo a diario sobre lo que les ocurre. De esta manera estos tres miembros de la red tienen claro que están en edad de casarse, de acuerdo a las creencias de su sociedad, y por esta razón tienen como eje central a su madre y como dijimos con anterioridad su voz resulta vital para la elección de sus futuras esposas. “Cada vez que hablo con ella, me dice que debo concentrarme en trabajar y agradecerle a Dios”, contó Nibu. Kime explicó que Fallou y Nibu se parecen a él, no solo por la cultura o por ser del mismo país, sino que tienen esos mismos valores que a él le inculcaron desde pequeño: “Ellos como yo tienen como centro trabajar, enviar dinero y cuidar de los nuestros a la distancia. Son buenas personas. Con respecto a nuestras mamás sabemos que debemos darles todo lo que podamos y escucharlas”, puntualizó.

12.6. Las llamadas, los ‘whatsapp’ y ‘Viber’

En la celebración del Gran Magal Touba, en diciembre de 2014, Fallou tomaba fotos a los preparativos que se adelantaban en el hotel Bauen. En simultánea uno de sus amigos en Córdoba le enviaba las fotos de la misma celebración en esta ciudad argentina en la que también se concentra migración senegalesa. Aunque estaban a kilómetros de distancia, los dos vivían la celebración en ambos lugares. Las fotos y los videos también llegaron a familiares en Senegal, incluso para los que si habían podido ir hasta la ciudad de Touba donde se realiza la celebración original.

Nibu, por su parte, comparte fotos del día a día del sector de Once. Se toma fotografías y luego las comparte con su prima en Senegal. Conversan a diario y se cuentan sobre lo que hace cada uno en el día. Ella hace exactamente lo mismo y de esta manera, se mantiene el contacto y una relación sin que la distancia la afecte. Aunque físicamente esté en destino, Nibu al final está aquí y allá.

También a través del ‘whatsapp’ del celular, Kime ha podido coleccionar una foto diaria de su prima con la que está saliendo. Tiene fotos de ella con diferentes peinados y vestidos. Él también hace algo similar y, de esta manera, trabajan juntos para que la relación avance.

Estos son algunos ejemplos de cómo los miembros de la red de Mekhe sostienen su existencia en origen, sin necesidad de irse del destino. El intercambio de fotografías, los chats y las llamadas, a través de “viber” con sus parejas, familias y especialmente sus madres, son instancias que les permiten mantener la lógica familiar, tomar decisiones y afirmar su presencia aunque estén a kilómetros de distancia.

En algunos casos es una forma de seguir siendo parte de su cultura, tradición o filiación religiosa. De ahí que para muchos en la red resulte importante tomarse una foto en medio del Gran Magal Touba y enviarla a través de sus celulares a sus familiares en Senegal.

De este circuito migrante transnacional en el que se intercambia la información del día a día para mantener vivo el lazo que los une con el origen, también hacen parte otros migrantes que están en otros países con los que también se comparten vínculos parentales o de amistad o senegaleses en otras regiones del país que están circulando por las distintas ciudades de Argentina. La distancia no debilita los lazos, sino que en estos casos los fortalece.

En este campo social transnacional en el que las redes sociales, ‘whatsapp’ y ‘viber’ sirven como vías para mantener el contacto; Bouba usa las mismas como una práctica que apunta a una identidad y demuestra un contacto consciente a un grupo específico, es decir expresa formas de pertenecer más que de ser.

Bouba creó el grupo en Facebook “Les senegalais de Argentina”, que cuenta con más de 700 seguidores y a través del cual él mantiene informada a la comunidad senegalesa de Argentina sobre lo que ocurre en destino. Además promueve la cultura de su país e intenta generar debate sobre los temas que le interesan a los migrantes. “Es un grupo en el que escribo en wolof o francés, que son nuestras principales lenguas. La idea es no olvidar quiénes somos ni de dónde venimos”, dijo Bouba.

Foto 12. Pantallazo del grupo de Facebook de Bouba

Foto 12. Pantallazo del grupo de Facebook de Bouba. Fecha de captura: 04/11/2015.

Fecha de captura: 04/11/2015.

Como administrador de la página, Bouba acude a las reuniones semanales en el Hotel Bauen para mantener al día el grupo de Facebook y además busca promover la hermandad entre Senegal y Argentina, de ahí que la fotografía de portada del grupo sean las banderas de ambos países. Esta actividad la adelanta Bouba mientras vende sus propios perfumes y las carteras de Massa.

Es indiscutible que son los más jóvenes y con menos años de haber emigrado, dentro de la red de Mekhe, los que mantienen con más fuerza los vínculos con el origen. Kime, Nibu y Fallou quieren estar “aquí y allá” dentro de su proyecto migratorio, pero comparten un sentimiento de formar un futuro con el allá así sea a la distancia y saben que emigrar genera un prestigio que aumenta sus posibilidades de encontrar una “buena mujer y una buena familia”. Este aspecto estrecha aún más los lazos entre ellos sin importar que no compartan un vínculo parental. Compartir un proyecto migratorio resulta más que suficiente.

13. Las prácticas transnacionales de la red Baye Fall

13.1. El intercambio de regalos y las remesas

A Pablo, Azul y Bob los acompaña el espíritu de su mamá a través de un anillo de metal al que llaman ‘Djaro’. El ‘Djaro’, como lo enunciamos anteriormente, es un regalo que los tres recibieron antes de partir de Senegal, como una señal de buen viaje y buenos deseos por parte de su progenitora.

El ‘Djaro’ tiene una cabeza ancha y dentro de este se guarda un pergamino en árabe con un proverbio musulmán. Solo ellos pueden verlo y solo ellos pueden saber qué dice su anillo. La frase es además una guía sobre cómo asumir la vida.

Este regalo que lo otorga generalmente la madre al hijo que sale de viaje por primera vez es un símbolo de la transición hacia la madurez y el inicio de una vida lejos del origen. Un regalo que hace parte de una práctica transnacional no solo porque se otorgue por el inicio de un viaje, sino que es un aliciente para el migrante cuando está en el destino.

En respuesta, los migrantes de la red Baye Fall mantienen un intercambio constante de regalos con sus familias, pero especialmente con sus madres. Una práctica transnacional porque a partir de esta, los migrantes de la red se mantienen presentes “aquí y allá”.

Pablo, por ejemplo, le envía carteras, cadenas o relojes a su mamá como muestra de cariño. Lo hace cada vez que alguno de sus paisanos o familiares viaja a Senegal. A cambio, ella le envía un bubú (vestido tradicional para los hombres en Senegal).

Madu y Max también han enviado algunas carteras y detalles para todos en la casa. Su familia, a cambio le envió un par de zapatos de la tienda que administran en Dakar. “Mirá aquí no conseguís zapatos iguales, por eso lo único que pedí que me enviaran era un par de estos”, dijo mientras señalaba unos zapatos celestes en gamuza.

Para Bob y Azul el intercambio de regalos es más complejo pues carecen de contactos que estén viajando con frecuencia. Sin embargo, las remesas se convierten en la forma de enviar “cariños” a los más cercanos y de mantenerse presentes como hijos varones que aportan a la casa.

Para los miembros de esta red, el envío de remesas es mensual y se toma como una responsabilidad, lo que hace que envíen sin falta el giro cada 30 días. De hecho, las remesas se asumen como una de las prioridades y objetivos del viaje. “Mi familia juntó plata para enviarme acá. Ahora no solo tengo que regresar lo que juntaron, sino ayudar en las necesidades que puedan tener”, dijo Bob.

En definitiva, el envío de remesas y de regalos estrecha los lazos aunque no exista cercanía física. Es también un aspecto primordial para esta red teniendo en cuenta que el proyecto migratorio indica al retorno como una prioridad, como una constante. De esta manera, es también una forma de mantener una posición y prestigio social en el destino para cuando ese retorno se haga efectivo.

13.2 Las llamadas, las cartas y las redes sociales

Con el objetivo de mantener un “estatus” a distancia, los miembros de esta red no solo envían remesas, sino que mantienen un contacto constante con los suyos en origen a través de las llamadas y las redes sociales.

La mayoría de integrantes de los Baye Fall son hombres y son los primeros migrantes de su familia. De acuerdo a las tradiciones, con este viaje ellos están poniendo a prueba su “hombría” y su capacidad de convertirse en los jefes de esa familia, en reemplazo de un padre que empieza a envejecer y que empieza a ceder ese puesto.

En respuesta a esto, los jóvenes asumen su liderazgo de una manera transnacional y es ahí cuando las remesas empiezan a ser vitales y aún más las llamadas constantes que permiten estar enterados sobre lo que ocurre en origen: se toman decisiones y hasta se emiten opiniones sobre situaciones familiares.

Uno de estos casos ocurrió con Bob, quien tuvo que enterarse de la muerte de su padre estando él en destino. Desde el origen, Bob no solo consoló a su madre, sino que envió dinero para los gastos que implicaba su entierro y asumió el rol como líder en su familia.

Tras una llamada de su madre, Bob escribió una carta a un banco en Senegal en el que autorizaba a su mamá a sacar el dinero de las cuentas de su padre. Fatu, su mamá, por su condición de mujer no estaba autorizada para manejar el dinero de su esposo. Es así como el poder se transfirió al hijo mayor de ambos y por esta razón Bob envió vía correo electrónico un poder a su mamá para administrar las cuentas.

Foto 13. Facsímil de la carta enviada por Bob a un banco en Senegal, en su rol como líder familiar

Foto 13. Facsímil de la carta enviada por Bob a un banco en Senegal,<br /> en su rol como líder familiar.

Fuente: captura de la carta original.

De esta manera, Bob asumió en su totalidad el rol como jefe de familia. Un rol que está asumiendo a través de una vía transnacional. La distancia no es un obstáculo y por el contrario las llamadas y los ‘whatsapp’ permiten mantenerse presente a kilómetros de distancia.

Al tiempo Bob atiende su realidad en destino, a través de la cual logra hacer dinero, ganar prestigio por estar afuera y enviar dinero. Una existencia transnacional que le permite mantenerse presente en ambos lugares, pero especialmente en origen. Su vida en destino la vive con sus ojos en un origen. Siguiendo, de esta manera, el proyecto migratorio de la red.

Redes sociales como Facebook les permiten a Bob, Azul y a los hermanos Madu y Max publicar fotos de su vida en destino. De inmediato, sus familiares en origen comentan y de esta manera también pueden mantenerse presentes “aquí y allá”. Es usual también difundir fotos de sus madres, hermanas y escribir un par de líneas en francés o español demostrando su cariño. Quienes mantienen noviazgos a distancia, también suelen publicar fotos de su prometida, acompañadas de mensajes.

En la mayoría de casos, las madres no tienen cuentas en redes sociales y por eso los miembros de la Red Baye Fall tienen como hábito llamarlas al menos una vez a la semana. En el caso de Bob y Azul, a veces no es necesario que ambos llamen a sus familiares, sino que incluso uno de ellos llama a ambas casas. Algunas veces, Bob llama a su mamá y luego ella llama al papá de Azul para comentarle que ambos chicos están bien.

En este circuito migrante transnacional en el que se intercambia información, las llamadas telefónicas, los mensajes a través de redes sociales y celulares se convierten en una herramienta fundamental para mantener viva la circulación y para mantener la simultaneidad de estar en origen y destino al mismo tiempo.

13.3 Las celebraciones religiosas

Fotos 14 y 15. El 15/03/2015, Buenos Aires recibió la visita del líder mouride Serigne Mame Mor Mbacke. En esta celebración, los Baye Fall rindieron homenaje a través de su trabajo

Fotos 14 y 15. El 15/03/2015, Buenos Aires recibió la visita del líder mouride Serigne Mame Mor Mbacke. En esta celebración, los Baye Fall rindieron homenaje a través de su trabajo. Fotos: Lina Sánchez.

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 Fotos: Lina Sánchez.

El 9 de julio de 2015, mientras Argentina conmemoraba otro año de su independencia, los Baye Fall madrugaban para ayudar en la organización del Magal de Mame Cheikh Ibrahima Fall, el padre de los Baye Fall. Una celebración que además se daba en el marco del Ramadán, el mes de ayuno anual de los musulmanes.

Bob y Azul se levantaron muy temprano y en el Hotel Bauen ayudaban a mover grandes recipientes, a limpiar la comida y a partir todas las frutas que iban a ser parte de la cena de ese día.

“Hoy celebramos el encuentro entre Serigne Touba e Ibrahima Fall. Además celebramos la noche Laylatoul-khadri, en la que se abren las puertas del paraíso. Es una noche de bendición”, contó Bob, mientras limpiaba el enorme salón donde horas después todos los senegaleses mouride y tidjane, se reunirían a orar.

Ese día los Baye Fall no dejaron de trabajar, luego de terminar las labores de la cocina, pasaron al salón a cantar y bailar. Ese día la celebración era Baye Fall y los asistentes pudieron percibirlo porque los cantos son más alegres, más festivos, los acompañan tambores y hasta ellos mismos forman ruedas alrededor mientras cantan.

Fotos 16 y 17. Los Baye Fall cantan en la cocina, durante los preparativos del Magal Serigne Fallou, el 17 de mayo del 2015. Hotel Bauen, Buenos Aires (Argentina). Como en todas las celebraciones religiosas son los Baye Fall quienes se encargan de la cocina

Fotos 16 y 17. Los Baye Fall cantan en la cocina, durante los preparativos del Magal Serigne Fallou, el 17 de mayo del 2015. Hotel Bauen, Buenos Aires (Argentina). Como en todas las celebraciones religiosas son los Baye Fall quienes se encargan de las labores de la cocina. Fotos: Lina Sánchez.

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 Fotos: Lina Sánchez.

Los Baye Fall son servidores y como lo hemos señalado anteriormente usan el trabajo como una forma de acercarse a Dios y de rendirle homenaje. Por eso, durante cualquier celebración religiosa musulmán senegalesa son siempre los Baye Fall los encargados de la organización y la cocina, junto a las mujeres.

“Aquí uno da y Dios lo multiplica por 100. Aquí todos pueden comer y eso me da tranquilidad. Me aleja de las preocupaciones”, explicó Azul, durante los preparativos de una de las fiestas más grandes para los senegaleses musulmanes, el Magal Touba.

En origen, los Baye Fall asumen roles similares durante las celebraciones. Y en este caso los Baye Fall de la red descrita representan sus papeles en destino, como si nunca se hubieran marchado del origen.

Ellos comparten fotos, videos y frases a través de redes sociales cuando las celebraciones están en curso. De inmediato, sus amigos y familiares hacen lo mismo con las ceremonias que se desarrollan en el origen. Es así como en este campo social transnacional circulan imágenes, información, recuerdos y especialmente se expresan formas de pertenecer como lo señaló Glick-Schiller (2003; Citado en Levitt, Glick-Schiller, 2004).

Estas formas de pertenecer están relacionadas a prácticas que le apuntan a una identidad, es decir un contacto consciente a un grupo. Sin duda, el rol que desarrollan los Baye Fall de esta red demuestra una consciencia hacia la pertenencia a este grupo religioso. De hecho, es usual verlos con camisetas alusivas a su comunidad, usar los colores de la bandera senegalesa y “servir a Dios a través del trabajo como todos los Baye Fall del mundo lo hacen ahora en la ciudad sagrada de Touba”, explicaron los integrantes de la red, durante el Magal Touba.

Las celebraciones del destino son tan similares a las del origen, que Bob cuenta con gracia que una de sus primas le preguntó por “whatsapp” si había regresado a Senegal, luego de ver la foto del Magal Touba que él había publicado en Facebook. “Esto se parece mucho a lo que hacemos en nuestra tierra, pero allá es más grande. Hay mucha más comida… es un gran banquete”, contó Bob.

Esta práctica es la que más caracteriza como migrantes transnacionales a los integrantes de la red Baye Fall. La conciencia de pertenencia a un grupo también se expresa en su asistencia semanal a los encuentros mouride de los miércoles y los domingos Baye Fall. En ambos lugares hay lugar para hablar sobre religión, sobre costumbres y sobre la vida que se lleva en el destino.

Los miércoles mouride se desarrollan en el hotel Bauen, en el sector de Once. En este espacio se discute más sobre la situación actual de los migrantes en Buenos Aires; mientras que en los domingos Baye Fall, la reunión es netamente religiosa: se canta, se lee al profeta y se ora.

La religión es sin duda para esta red, el puente mediante el cual ellos se mantienen conectados al origen. Desde el destino despliegan sus costumbres y las reproducen. En su mente, para muchos en la red, ir a trabajar a la ciudad sagrada de Touba sigue siendo un anhelo. El retorno, su proyecto migratorio a largo plazo, es una constante.

13.4 La circulación y la comida

Morales (2014) explicó que la trayectoria de los migrantes no es lineal y que se observan “zonas de tránsito, estancias más o menos prolongadas, retornos con relaciones relativamente densas y estables en cada lugar. Esos diferentes espacios y desplazamientos conforman un campo de circulación extenso”.

En palabras de Chevalier-Beaumel y Morales (2012) los migrantes de estas redes también territorializan los espacios a partir de su circulación y como agregó Carnet (2011, Citado en Morales, 2014) esa movilidad posibilita un conjunto de relaciones que giran alrededor de un principio organizador.

Ese principio organizador se relaciona con la emancipación propia y con la ayuda a la familia en origen. Y es a partir de ese principio organizador que la red Baye Fall acoge a la circulación como un principio dentro de su vida en destino e incluso desde la partida del origen.

Como describimos en el capítulo anterior la mayoría de los integrantes de la red hicieron un trayecto migratorio con varias escalas, ante la inexistencia de lazos fuertes con el destino. Ya en destino, la circulación continuó siendo una constante, especialmente en la forma de trabajar como ocurre con la red de Mekhe.

La red Baye Fall se sumó a la venta de bijouterie en la calle y a la circulación y esta es para los integrantes de la red, donde radica el éxito de vender más. De hecho, los Baye Fall trabajan en parejas y esto les permite que mientras uno está sobre la vereda vendiendo, el otro pueda traer nueva mercancía o tomar tiempos de descanso o de comida, lo que hace que el puesto sobre la vereda esté constantemente abierto. Se despliegan los lazos de solidaridad y se estrechan los vínculos entre los más cercanos.

Los Baye Fall también trabajan sobre la avenida Corrientes y es a partir de esa movilidad que se genera en la venta callejera, que se tejen distintas relaciones, especialmente entre los senegaleses con similar filiación religiosa y étnica. Los lazos se estrechan cuando el contacto es diario y el intercambio de conocimientos Baye Fall se da entre ellos. En otros casos, los lazos resultan tan estrechos, que quienes viajan a Senegal, resultan llevando regalos de sus compañeros a los familiares en origen.

Los Baye Fall no solo trabajan sobre la vereda del sector de Once, sino que dos noches a la semana se dirigen al sector de ‘La Salada’, una feria de comerciantes en el Gran Buenos Aires. A este lugar también van juntos y cuidan la mercancía entre las mismas parejas. En el verano, uno se queda en Capital Federal vendiendo, mientras que otro viaja alrededor de las ciudades costeras de Argentina para hacer lo mismo.

La circulación les permite incrementar las ganancias y garantizar la plata del mantenimiento mensual y del envío de remesas. El trabajo en este caso también es visto como un homenaje a Dios, al profeta y a sus madres. “Mi mamá me dice que tenga cuidado, que hable con Dios y que piense mucho en mi familia. Trabaja, no dejes nunca de trabajar, me dice ella a diario”, contó Pablo, integrante de la red Baye Fall.

Otra práctica transnacional que comparten los Baye Fall con Casamance y Mekhe está relacionada con la comida. Los Baye Fall tampoco sabían cocinar, pero ante la falta de mujeres en destino aprendieron a hacerlo ellos mismos. Algunos habían practicado antes durante las preparaciones para el gran Magal Touba en Senegal. Otros lo aprendieron por los primeros migrantes que llegaron.

La comida los conecta con sus orígenes y por eso, aunque no niegan disfrutar de un buen asado argentino, a diario se alimenta con thieb yape, thieb diem o diversos platos que le compran a la única mujer de la red (Yede). Mientras que en las noches como en Mekhe, los Baye Fall se turnan para cocinar.

14. Las tres redes comparativamente

Sin duda las prácticas transnacionales son las que mantienen vivos los circuitos migrantes transnacionales, son las que brindan los elementos que conforman el campo social transnacional y a su vez son las prácticas que resultan afianzando los lazos o vínculos dentro de las tres redes trabajadas.

Moctezuma aseguraba que “el migrante no migra y transplanta su cultura, lo que hace es reproducirla, la reestructura y con ella la reformula” (Sollors, W.; 1989; Citado en Moctezuma, 2008). En este caso, modifica sus prácticas sociales a través de las fronteras de acuerdo a su filiación religiosa, étnica y a su proyecto migratorio.

Es así como las tres redes trabajadas comparten diversas prácticas transnacionales, pero las mismas varían de acuerdo a los miembros que la conforman y al objetivo final por el que se migró al destino.

Un ejemplo de la anterior afirmación tiene que ver con el intercambio de regalos que se da en las tres redes. En Casamance, el intercambio se da por una consciencia de pertenencia a un grupo. Es una forma de mejorar la vida de los que están allá. En Mekhe, los regalos se envían para mantenerse presente en un origen, ante un proyecto migratorio que plantea una existencia transnacional y, finalmente, la Baye Fall genera el intercambio de regalos preparando el “terreno” ante un eventual retorno.

En cuanto a las prácticas transnacionales de asociatividad es evidente como en las tres redes se despliegan lazos horizontales de solidaridad con el fin de cumplir el proyecto migratorio. En su origen, las formas de asociatividad varían de acuerdo a su etnia y filiación religiosa, pero sus lazos aunque no son siempre parentales, terminan siendo tan estrechos ante la dinámica de las mismas. La fuerza de estos lazos depende de ese intercambio recíproco de favores y de qué tanto comparten costumbres y creencias que provienen del origen.

En la red de Casamance, las prácticas de asociatividad se dan a través de la reproducción de la familia transnacional y sin duda la filiación étnica (diola) marca la pauta dentro de la práctica. En la red de Mekhe, el proyecto migratorio de “estar aquí y allá” y la filiación religiosa (tidjania) son claves ante la práctica transnacional. Mientras que en su lugar los Baye Fall, se asocian y despliegan sus solidaridades por su filiación religiosa y también por compartir un mismo objetivo migratorio.

Pero ¿qué hace que estas prácticas de asociatividad se consideren transancionales? Porque precisamente las razones por las que tienen origen son características que los conectan con ese lugar de partida, con Senegal. En este caso reestructura en destino sus prácticas y reformula lo que aprendió en origen.

En ninguna de las tres redes podemos hablar de un proceso de asimilación, de hecho los integrantes de las mismas desarrollan prácticas que resisten al mismo y que de inmediato afianzan sus lazos con el origen. En las tres redes, los miembros se conectan a través de la comida, la familia africana se reformula para desplegar los lazos de solidaridad e incluso los pactos de matrimonio se mantienen y se reproducen a través de la vía transnacional.

La religión y sus prácticas son sin duda para las tres redes formas de pertenecer en estos campos sociales transnacionales. A través de las celebraciones, de las reuniones semanales, los integrantes demuestran una pertenencia consciente a un grupo específico y mantiene esa tradición como si nunca se hubieran marchado del origen.

La circulación como práctica transnacional de trabajo la comparten más las redes de Mekhe y Baye Fall, ante la creencia de que a través de esta estrategia se llegará más rápido al cumplimiento del proyecto migratorio. Así lo han hecho otros migrantes conocidos y familiares y ellos continúan el ejemplo ante los modelos que tienen frente a ellos mismos.

El trabajo los consagra a Dios en el caso Baye Fall y para las dos redes nombradas les da una posición social que les permite liderar su familia y apuntarle a buscar una buena esposa para continuar sus vidas. Así que sus prácticas de trabajo, dependen en gran medida de esa sociedad de origen en la que el envío de dinero y vivir en el extranjero es considerado de alto valor.

Las llamadas, los ‘whatsapp’ y las publicaciones en redes sociales, son para Casamance, Baye Fall y Mekhe formas de mantenerse presente en el origen, sin dejar el destino. Son vías para afianzar los lazos con los que se quedaron en Senegal y son recursos para mantener vivo su papel e imagen en la sociedad en la que ya no están presentes físicamente.

Las prácticas sociales, religiosas, de asociatividad y de trabajo convierten lugares geográficos en lugares simbólicos de encuentro e intercambio para los migrantes senegaleses de esas tres redes (Rivera, 2012). Lugares simbólicos de los que hacen parte migrantes y no migrantes en origen y destino y a partir de los cuales se dibuja la figura del circuito en el que tienen lugar los regalos, la información, las creencias y los propios lazos de solidaridad.

El destino es apenas un escenario en el que tiene lugar la reformulación de estas prácticas. En estas tres redes, el destino es visto como una herramienta para la consecución de un mejor nivel de vida. Sin embargo, los miembros de las tres redes mantienen viva su cultura y sus tradiciones y por eso las redes privilegian los miembros con los que comparten no solo una nacionalidad, sino filiaciones étnicas y religiosas. Con la sociedad de destino, el distanciamiento es notable. De ahí que algunos medios llamen al sector de Once, la pequeña Dakar y en algunos puntos de este sector se hable más wolof y diola que castellano.



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