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10 Pobreza y desnutrición infantil en la ruralia del noroeste argentino

Una mirada integradora

Fernando Longhi, Laura Cordero y Pablo Paolasso

1. Introducción

Los estudios sobre nutrición infantil no han ocupado un interés central en nuestro país.[1] Existen excepciones a esta regla, con investigaciones que en su mayoría se han enmarcado en contextos urbanos y han empleado como fuente de información datos antropométricos primarios recogidos in situ. Estos estudios han demostrado la persistencia de alteraciones nutricionales en distintos ámbitos de nuestro país (Bolzán et al., 2005; Cordero, 2018; Durán et al., 2009; Gullerian et al., 2006; Longhi, 2012; Oyhenart et al., 2008 y Zonta et al., 2011).

Dentro de la multiplicidad de condiciones que implican las alteraciones del estado nutricional, centramos esta propuesta en el abordaje del déficit nutricional infantil, tomando como criterio de inclusión la residencia en ámbitos rurales. En Argentina, la única fuente oficial que proporcionó información sobre las características nutricionales de poblaciones infantiles fue la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud en 2004. Con la salvedad de que solo implicó a poblaciones de ámbitos urbanos, este relevamiento permitió conocer el panorama nutricional en el Noroeste Argentino –NOA– (integrado por las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero) e indicaba que el 2% de los niños y niñas menores de 6 años presentaba bajo peso, mientras que la baja talla comprometía al 8% (Ministerio de Salud, 2007). El NOA constituye una de las regiones con mayor proporción de población rural de la Argentina donde, además, los antecedentes muestran que la ruralidad se ha asociado fuertemente con las condiciones de pobreza (INDEC, 2001; 2010; Paolasso, Longhi y Velázquez, 2019).

La situación nutricional en el mundo rural noroestino carece de registros oficiales. No obstante, la literatura advierte magnitudes preocupantes que superan ampliamente los registros detectados en sectores urbanos del país. Se destacan, por un lado, el estudio de Romero et al. (2005) en dos localidades rurales de la Puna Jujeña, donde los niños, niñas y adolescentes presentaban prevalencias medias del 28% de bajo peso y baja talla, mientras que, con posterioridad, Quiroga Mendiola y Paulizzi (2011), por su parte, en la Quebrada de Humahuaca y en la Puna, indicaban déficits nutricionales en tres de cada cuatro niños/as. Posteriormente, Basset et al. (2013) reportaban 10% de baja talla en menores de nueve años en los valles de altura del NOA, con magnitudes que se duplicaban en el caso de la Quebrada de Humahuaca y en la Puna. Asimismo, magnitudes similares fueron registradas y difundidas hace más de cuarenta años en las mismas localidades por Devoto (1972), resaltando la condición estructural del problema.

De allí que esta propuesta pretendió un abordaje integral de las interacciones entre ruralidad, pobreza y desnutrición en las poblaciones que habitan el NOA. Se analizan así los vínculos existentes entre el atributo de ruralidad (Bolsi y Meichtry, 2006; Krapovickas y Longhi, 2013), la persistencia de la pobreza (Bolsi y Paolasso, 2009; Longhi, 2011; Paolasso, Longhi y Velázquez, 2019) y las magnitudes y tendencias de la desnutrición infantil.

Los interrogantes que guían el capítulo son: ¿dónde se asienta la población rural del NOA? ¿Qué magnitudes, tendencias y características asume allí la pobreza? ¿Cómo se manifiesta este problema en la nutrición infantil? Para responderlos, se caracterizaron los núcleos de población rural y seguidamente se indagó en los problemas relacionados con el estado nutricional deficitario de los niños residentes, sus características, expresiones y magnitudes actuales (Dirección de Estadísticas e Información de Salud –DEIS–, 2019; INDEC, 2010). Además, se exploraron fuentes alternativas como el Diario de Sesiones del Congreso de la Nación del año 1937, permitiendo –mediante un enfoque diacrónico– analizar antropométricamente una muestra de niños santiagueños residentes en áreas rurales. Finalmente, focalizando en un caso de estudio en localidades rurales de Tucumán, se caracterizaron las manifestaciones actuales de la desnutrición en niños y niñas escolarizados mediante relevamiento antropométrico.

2. Aportes conceptuales para el abordaje de la pobreza en contextos rurales a partir del estudio de la desnutrición infantil

Tradicionalmente, el concepto de ruralidad se asoció a tres fenómenos interrelacionados. Dos de ellos son fáciles de mensurar, como la prevalencia de una baja densidad demográfica o el predominio de actividades agrarias en la estructura productiva de una localidad o región. El tercero resulta un poco más evasivo y difícil de medir, pues se trata de ciertos rasgos culturales –valores, creencias y conductas– que resultan ser cualitativamente diferentes a los de las poblaciones de las ciudades. Esta imagen –construida en oposición a la de las sociedades urbanas– configura a estas últimas como sociedades modernas y dinámicas basadas en actividades industriales y comerciales.

Esta perspectiva dicotómica tradicional se origina en una concepción lineal y evolutiva del desarrollo, donde se considera al proceso de modernización como el paso de una forma de vida rural –sinónimo de atraso– a una forma de vida urbana, industrial, dinámica y heterogénea; tanto social como culturalmente (Llambí Insua y Pérez Correa, 2007). Si bien ha sido probada la ineptitud de este pensamiento dicotómico para explicar la realidad (Pérez, 2001), esta percepción sin duda ha facilitado la complementariedad entre los conceptos de ruralidad y pobreza. El medio rural pasó a ser, en el imaginario colectivo, un medio de escasez, de carencias y de extendida insatisfacción de necesidades.

Ante estas evidencias muchos autores han cuestionado la validez de aplicar en el medio rural los indicadores clásicos de medición de la pobreza; tales como el método de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) (Krapovickas y Longhi, 2013). Las críticas al enfoque de las NBI en el medio rural argumentan limitaciones de orden conceptual y operativo en parte atribuidas a un sesgo urbano presente en la mayoría de los ejercicios de medición de la pobreza realizados desde esta perspectiva (Forni, 2002; Murmis, 2001; Neiman, Blanco y Jiménez, 2004)[2]. Señalan que un estándar de necesidades mínimas, utilizadas para ámbitos rurales y urbanos por igual, no sería adecuado tanto desde un análisis objetivo como desde la percepción o evaluación de las condiciones de privación efectuadas por los propios individuos.

También se sostiene que algunos indicadores de vivienda y servicios desconocen el carácter natural del medio rural y la dificultad de acceso a ciertos recursos (tal es el caso, por ejemplo, del aprovisionamiento de agua para el consumo familiar o el tipo de materiales de construcción de la vivienda). Estas limitaciones redundarían en una sobreestimación de la pobreza en áreas rurales, derivada especialmente de la incidencia de los indicadores de vivienda y condiciones sanitarias.

En este contexto queda claro que las poblaciones pobres (tanto urbanas como rurales) no son homogéneas, y, siguiendo a Øyen (2003), probablemente tampoco presenten las mismas necesidades. Estos cuestionamientos permiten –al menos– poner en discusión los resultados obtenidos al aplicar los indicadores tradicionales para el medio rural, y plantean la necesidad de atender al concepto de pobreza de una perspectiva más integradora.

En esta propuesta entendemos que la definición e identificación de la pobreza conforma un “yacimiento de subjetividades diverso” (González, 1997: 285), dada la elección, a veces determinista, de las variables que procuran identificar las legítimas necesidades de la población, como así también de los umbrales que definen la insatisfacción de dichas necesidades. En este sentido, nuestra línea de análisis se interesa por considerar un indicador que supere las limitaciones mencionadas y ponga de manifiesto las carencias del medio rural. Por tales motivos, el abordaje de la pobreza considerado en este trabajo responde a una perspectiva epidemiológica, en este caso corporizando el contexto de pobreza a partir de la morbimortalidad por desnutrición infantil.

Es conocido que una adecuada nutrición es fundamental para el adecuado crecimiento y desarrollo infantil. El déficit nutricional en los primeros años de vida tiene graves consecuencias para el individuo, como para la sociedad a la que pertenece.

Entre los condicionantes de la desnutrición infantil se distinguen causas básicas y subyacentes (De la Hoz et al., 2014) que se encuentran atravesadas por la condición de pobreza. Las primeras son el reflejo de los recursos potenciales del orden sociopolítico, económico y cultural, entre los cuales se incluyen los problemas de producción o suministro de alimentos a nivel nacional, regional y de los hogares, así como problemas de acceso de las familias a productos alimenticios de buen valor nutricional. Por otro lado, las causas subyacentes se presentan en la comunidad o en la familia, dan cuenta de los aspectos de la higiene ambiental, abarcando el abastecimiento de agua, alimentos sanos y saneamiento en todas sus formas. Las causas subyacentes revelan los aspectos de la vida de las poblaciones que incluyen el conjunto de enfermedades infecciosas y parasitarias, prácticas de alimentación, además de los sistemas de atención sanitaria y su utilización; también describen los cuidados y prácticas a nivel familiar, es decir, toda la gama de cuidados maternos e infantiles.

Existe una fuerte relación entre la pobreza –sus distintas formas y manifestaciones– y la desnutrición en la infancia. Esta relación no determina necesariamente la muerte, sino que la condiciona de manera importante, y, aunque el circuito no termine en una defunción, las secuelas pueden involucrar serias limitaciones físicas, psíquicas, cognitivas y afectivas a lo largo del ciclo vital, que a su vez pueden volver a incidir sobre los niveles de pobreza. En este círculo vicioso, la desnutrición no solo es resultante, sino causa fundamental de la pobreza. Los efectos negativos se plasman especialmente en países de ingresos medios y bajos, en poblaciones rurales, urbano-marginales, etnias indígenas y afrodescendientes (De la Hoz et al., 2014).

El abordaje de la pobreza a partir de la morbimortalidad por desnutrición en la niñez pretende escapar del sesgo subjetivo en la definición de variables que identifican la precariedad, superando la penalización que sufren las áreas rurales según las tradicionales metodologías de medición de la pobreza. Se busca, en definitiva, abandonar el tipo de preguntas relacionadas con cuánta educación es necesaria para no ser pobre, o si son las paredes de adobe y el techo de paja indicadores de carencias básicas que impiden el normal desarrollo de la vida a las personas que allí viven, para poner el acento en las consecuencias de dichas características sobre el proceso salud-enfermedad-muerte infantil.

3. Aproximaciones a la medición de la desnutrición infantil y sus fuentes de información

El estudio se estructuró en dos etapas con diferentes escalas de análisis. Durante la primera, se consideró como área de estudio a los sectores rurales que integran el NOA, definiéndose como rural a aquellas jurisdicciones que carecían de localidades con población superior a los 2.000 habitantes en 2010[3]. Es importante mencionar que, tal como lo refleja la Figura 1, existen diferencias sustanciales en la extensión del área de estudio según la unidad administrativa de referencia, siendo superior en el caso de contemplarse fracciones censales. En este trabajo el área de estudio contempló la extensión departamental por cuanto las fuentes secundarias consultadas se encuentran consolidadas a este nivel de agregación.

Figura 1. Departamentos y fracciones censales del Noroeste Argentino con población residente en localidades rurales

Fuente: elaboración propia sobre la base de Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas (INDEC, 2010) y la cartografía fue provista por el Instituto Geográfico Nacional (2019).

Considerando este recorte territorial, se realizó un análisis retrospectivo que permitió caracterizar a la población en estudio. Primeramente, mediante un enfoque cualitativo se efectuó una investigación documental donde se acudió a fuentes secundarias que atendieran al problema de investigación planteado. Los hallazgos fueron pocos, pero elocuentes, entre los que las mediciones antropométricas realizadas por el equipo del Senador Alfredo Palacios luego de la sequía de 1937 constituyeron la principal riqueza.

Además, tomando como fuente de información datos provenientes del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas correspondientes a los años 2001 y 2010 (INDEC, 2001; 2010), estas fuentes secundarias posibilitaron análisis cuantitativos que permitieron describir los siguientes indicadores: composición poblacional, estructura demográfica por edad y sexo, así como las condiciones de pobreza de dicha población.

Seguidamente, se analizaron estadísticas vitales referidas a morbimortalidad (DEIS, 2019), considerándose como unidad de análisis a la población conformada por todos los niños y las niñas menores de 5 años que residieron en el área de estudio propuesta.

El estudio de la desnutrición en la niñez del NOA implicó abordar un problema de difícil captación, especialmente cuando en muchos casos solo se visibiliza su expresión extrema. En este sentido, la disponibilidad y características de las fuentes de información conformaron un determinante sustancial en los indicadores desarrollados y los resultados encontrados.

Se trabajó con las bases de datos proporcionadas por la DEIS (2019), correspondientes a estadísticas vitales de mortalidad y estadísticas de egresos hospitalarios. Sobre esta base, y de acuerdo con las definiciones planteadas en la Clasificación Internacional de Enfermedades N.º 10 (CIE 10), se consideraron los códigos relacionados al déficit nutricional, incluyéndose: las anemias nutricionales (códigos D50 a 53), los diferentes tipos de desnutrición (códigos E40 a 46) y las deficiencias vitamínicas, secuelas de desnutrición y otras deficiencias nutricionales (códigos E50 a 56 y E58 a 64).

Se trabajó con los siguientes indicadores:

  • Tasa de mortalidad por desnutrición: Reviste un carácter extremo al considerar solo la defunción por desnutrición, lo cual soslaya buena parte del problema. Refiere a la relación entre cantidad de muertes registradas por desnutrición respecto a la población de niños y niñas, expresada cada mil menores. Se estudió el periodo comprendido entre 1999 y 2013.
  • Tasa de morbilidad por desnutrición: Se analizaron los registros disponibles correspondientes a egresos hospitalarios por desnutrición (año 2000 y periodo 2005 a 2014). Esto operó como una medida aproximada a la morbilidad, con algunas restricciones que se detallan.

Como limitaciones de estas fuentes, cabe mencionar la calidad de los datos disponibles: los registros de egresos hospitalarios solo refieren al universo de hospitales públicos y presentan algunas deficiencias derivadas de su nivel de cobertura y completitud en el período seleccionado, puesto que su consolidación estadística se encuentra en proceso. No obstante, se considera que la información brindada es valiosa por constituir la única fuente de aproximación a esta vertiente de la desnutrición. Por otra parte, refleja las condiciones de las poblaciones más vulnerables por cuanto los hospitales públicos en Argentina reciben principalmente la demanda de poblaciones que no gozan de obra social, por lo tanto, carecen de empleo formal.

En una segunda etapa de este estudio se trabajó con fuentes primarias de información, abordando como área de interés localidades rurales de la provincia de Tucumán. Dicha área estuvo representada por las fracciones censales rurales del Departamento Simoca (uno de los mayores núcleos de ruralidad del NOA). La unidad de análisis la constituyeron niños y niñas con edades comprendidas entre 6 y 12 años, que durante el año 2015 concurrieron a instituciones educativas públicas.

Los indicadores nutricionales estudiados resultaron del relevamiento de medidas antropométricas[4]. Las variables recolectadas fueron el peso, que permite determinar la masa corporal total y la talla –o estatura total– que refleja el crecimiento óseo en longitud. El relevamiento fue realizado en los establecimientos educativos, previa autorización escrita de las autoridades ministeriales, escolares y de los padres o tutores del escolar participante y de acuerdo con normas estandarizadas propuestas por la Sociedad Argentina de Pediatría (2013).

A partir de estas variables se calcularon índices derivados. En el caso del presente análisis se calculó el Índice de Masa Corporal con relación a la Edad (IMC/E) y la Talla según la Edad (T/E). El IMC/E señala la masa corporal total en el momento de la observación. Cuando se encuentra por debajo de lo esperado, es indicador de emaciación o desnutrición aguda. En estos casos, el déficit ocurre por la pérdida de tejido muscular y adiposo, que generalmente puede ser restablecida si las condiciones que la originaron cambian. Sin embargo, cuando se presentan situaciones en donde el contexto de carencia no se revierte y perdura en el tiempo, suelen ocurrir retrasos en el crecimiento, con modificaciones difícilmente reversibles, que tienden a afectar y comprometer la estatura del niño, se produce pérdida de la masa muscular y disminución del tamaño total (Rebato, 2010).

El estudio de la T/E resulta adecuado ante las circunstancias antes reseñadas puesto que refleja el crecimiento lineal alcanzado en relación con la edad cronológica. Equivale a la sumatoria de todos los pequeños incrementos de talla que se produjeron desde la concepción hasta el momento de la medición (Cordero, 2018). En este sentido, la edad de los niños es un factor a considerar en la interpretación del indicador baja talla/edad, pues en razón de la gran velocidad de crecimiento, en los menores de dos años refleja un proceso activo y vigente, mientras que en los niños mayores debe interpretarse como secuela de un proceso pasado o de alteraciones nutricionales crónicas (Roggiero y Di Sanzo, 2007).

En este trabajo, los valores obtenidos del análisis de indicadores antropométricos se compararon con los estándares publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2008). Estos resultan más sensibles a las situaciones de malnutrición, permiten el contraste internacional y remiten a un paradigma de derecho a condiciones de bienestar y crecimiento fisiológico necesario para garantizar la salud de todas las poblaciones infantiles del mundo. Finalmente, el procesamiento estadístico se realizó con los programas informáticos Antroplus y SPSS 25, a partir de los cuales se realizó un análisis descriptivo que consideró estimadores de tendencia central y cálculo de prevalencias.

4. Alteraciones nutricionales del mundo rural noroestino durante el siglo XX

Las evidencias bibliográficas sobre las alteraciones nutricionales durante el siglo xx son mínimas, sin embargo, los escasos aportes hallados exhiben con claridad la existencia secular de un problema con notorias implicaciones sociales y económicas en las sociedades del NOA.

La referencia de mayor antigüedad y riqueza –que constituye una clara muestra de la antigüedad del problema– es la proporcionada en 1937 por el Senador Alfredo Palacios, la cual quedó explícita en el Diario de Sesiones de la Honorable Cámara de Senadores de la Nación. Mencionaba en los escritos de su viaje por el NOA: “… la caravana dolorosa de millares y millares de niños, con los ojos sin luz, con el pecho enjuto, desnutridos, miserables y enfermos, que se arrastran por las campañas argentinas llenas de sol…” (Palacios, 1937: 117). Distinguía, además del hambre crónico de la niñez, sus condiciones de salud, donde coexistían el tracoma y el paludismo, así como también el contexto de carencias estructurales sobre el cual se desarrollaba la vida:

… las viviendas son miserables, construidas con ramas y latas, casi siempre, a veces de madera y barro, carecen en absoluto de la más elemental higiene y son el refugio de toda clase de insectos que producen las más diversas enfermedades. La falta de water-closet y la convivencia de los seres humanos con los más variados animales favorecen la infección. (Palacios, 1937: 130).

La alimentación evidentemente no era adecuada en cantidad y calidad, en su relato se destacaba la ausencia de consumo de proteínas, especialmente de alto valor biológico (de origen animal), así como también la presencia de una alimentación basada en el consumo de carbohidratos. Mencionaba que “el alimento de todo el día era, con muy contadas excepciones, mate cocido, mazamorra sin leche y locro sin carne” (Palacios, 1937: 131).

Esto generaba una percepción trágica, ante la que expresaba:

… yo he visto niños tristes, sin luz en los ojos, que denotan una atención dispersa, delgados, de piel pálida, cetrina o terrosa, de flacidez marcada, mucosa de los párpados descolorida, pecho enjuto. Falta de curiosidad, inactivos. Yo los he visto en el aula obscura y estrecha, de piso de ladrillo, a veces sin paredes, que son reemplazadas con lonas. (Palacios, 1937: 133).

Estas descripciones ponen de manifiesto el déficit nutricional de los escolares, en donde los signos físicos denotan no solo la presencia de un peso corporal inadecuado (delgadez, pecho enjuto), sino además múltiples signos clínicos que evidencian la alteración de los componentes corporales con disminución del tejido magro (flacidez), el compromiso del sistema nervioso (pérdida de concentración, desinterés, tristeza), las carencias de micronutrientes, de modo que resulta evidente la referencia a la presencia de anemias nutricionales entre los niños y niñas (mucosas descoloridas, palidez).

En el caso tucumano existe parangón con este contexto en una formidable descripción que data de siglo xix realizada por Rodríguez Marquina (1899), quien ponía el acento en los condicionantes de la mortalidad infantil. Sin embargo, esta rica descripción prevalece en el ámbito urbano de la capital provincial, y son escasas las referencias al medio rural. Más adelante en la línea cronológica, referencias aisladas como la de Baldrich (1944) acentuaban en el infraconsumo de la población tucumana expresada en trastornos del crecimiento infantil, tales como el raquitismo –consecuencia de la carencia prolongada de calcio y vitamina D–, o la de Solari (1940), quien subrayaba la desdichada condición orgánica de dichos niños a partir de tales relatos, destacando “la mísera condición fisiológica de sus niños; ya por las taras congénitas de los mismos y hasta por la falta de asistencia médica de la primera infancia”.

Asimismo, estudios más recientes comprobaban la sinergia entre desnutrición y paludismo, siendo una de las problemáticas de mayor prevalencia y gravedad en las áreas rurales del NOA (Carter, 2010).

La condición de pobreza y desnutrición que caracterizaba a la sociedad noroestina del siglo xx encontraba correlato en la producción literaria regional. La amplia producción de libros infantiles de Jorge Ábalos[5], por ejemplo, hace referencia al terrible poder de una geografía despiadada que arrastra vidas infantiles; muchas de ellas originadas en la carencia. Al respecto, Rivas menciona que “el hambre es un fantasma que ronda por estos cuentos […]. El inolvidable día en que los niños de la escuela comen hasta quedar satisfechos, todos tienen sonrientes los ojos y una serenidad desconocida en la cara” (Rivas, 2001/02: 291).

La visita de Palacios transcurre en el contexto descripto por Ábalos, con posterioridad a una de las mayores sequías que afectó el norte argentino, que significó pérdidas de stock ganadero superiores al 80% y la hambruna más notable en la historia contemporánea santiagueña. La emergencia alimentaria queda claramente plasmada en una nota de la prensa local de la época, que con posterioridad rescata Tasso (2011) y que mostraba –a la vez– el cuadro típico a partir del siguiente diálogo:

… En el mes de septiembre, cuando la desolación era ya total, los muchachos empezaron a faltar a clase. Los pocos que concurrían daban lástima. Ya en la primera hora de clase, se me desmayaban de a dos, tres y cuatro alumnos. Un día pregunté a uno:

–¿Qué comiste anoche?

–Nada, maestro,

–¿Y a la mañana?

–Nada, maestro.

–¿Cuándo comiste la última vez entonces?

El muchacho, un indiecito flaco con los ojos desencajados y los labios partidos y pálidos de anemia, pensó un rato y me contestó:

–El jueves probé tortilla…

Era un domingo. Aquella pobre criatura se había pasado tres días sin probar bocado. Últimamente comprobé que los alumnos durmiéndose en la clase mascaban y mascaban una pasta negra. Hice una averiguación y comprobé que los padres les daban tabaco a sus hijos para estragarles el estómago y quitarles el apetito. (P. 28).

La Figura 2 resulta de este viaje de Palacios y logra reflejar la realidad de la época. Las características del contexto habitacional doméstico y el escolar, así como la vestimenta y el grado de caquexia de los escolares plasman las condiciones de carencia de la vida rural santiagueña y tucumana. Durante el mencionado viaje, un relevamiento antropométrico de peso y estatura realizado por su equipo médico fue registrado en el diario de sesiones del Congreso. El análisis contemporáneo de las características nutricionales de los niños y las niñas que en aquel momento residían en cuatro localidades rurales (Sauce Bajada, Las Flores, Maco y Ulluas) permite, a partir de la aplicación y comparación con los actuales estándares internacionales, dar cuenta de la magnitud de las carencias documentadas en su relato.[6]

Figura 2. Contexto de pobreza estructural en el norte argentino
durante 1937

Fuente: Palacios (1937).

El estudio de un conjunto de 220 niños y niñas con edades comprendidas entre 7 y 13 años asistidos por comedores en el que recibían alimentos refleja un perfil nutricional donde las proporciones de desnutrición comprometieron al 8%, y la baja talla ascendió al 21%. Es importante recordar que la magnitud de esta evidencia las carencias estructurales y sostenidas en el tiempo de esta población. Adicionalmente se encontró un 8% de casos de sobrepeso y un 2% de obesidad infantil (Figura 3).

Figura 3. Estado nutricional antropométrico de los niños y las niñas
previo y posterior a la intervención alimentaria

p. 263

Fuente: elaboración propia sobre la base de Palacios (1937).

Profundizando en el comportamiento de la talla, la Figura 4 (A) presenta el indicador talla para la edad de la muestra evaluada respecto a los estándares internacionales (curva propuesta por la OMS). Esta manifestación de la desnutrición evidencia que los niños y las niñas evaluados padecieron de manera crónica alteraciones en sus aportes nutricionales que redundaron en una afectación permanente de su estatura final, plasmada en el registro de la época. Se advierte, además, que el deterioro fue superior entre las niñas (Figura 4 B).

Estos escolares recibieron alimentos durante tres meses –en el marco de una política de asistencia en el entorno escolar–. Transcurrido este tiempo, un nuevo registro de medidas corporales evidencia un descenso significativo de la desnutrición al 2%, mientras se produjo un incremento sustancial en el exceso ponderal a expensas del sobrepeso y la obesidad, que se documentan en porcentajes del orden del 31% y el 6%, respectivamente[7] (Figura 3).

Figura 4. Talla para la edad de la muestra general (A) y según sexo (B), en comparación con los estándares internacionales propuestos por la OMS
A

p. 264_1

B

p. 264_2

Fuente: elaboración propia sobre la base de Palacios (1937).

Si bien el análisis efectuado presenta ciertas limitaciones[8], permite reflejar una importante modificación en el tipo de alteraciones nutricionales presentes en los niños/as. Así, si bien se advierte un alentador descenso de seis puntos en los porcentajes de desnutrición, esto también ocurre en la prevalencia de normonutridos, especialmente a expensas del incremento del sobrepeso y la obesidad en la segunda evaluación. Así, el contraste entre desnutrición y exceso ponderal no hace más que evidenciar una nueva forma de manifestación en la alteración nutricional en los niños y niñas del NOA.

5. Población rural en el NOA en los primeros años del siglo XXI

En 2010, la población rural del NOA ascendía al 19%, constituyendo el 13% población dispersa y el 6% población agrupada. En algunas provincias esta proporción aumentaba notablemente, como en Santiago del Estero, con cifras del 31%, mientras que en otras, como Salta y Jujuy, la proporción era mucho menor, con cifras del orden del 13%. Comparando las magnitudes entre el periodo de 2001 a 2010, se evidencia una situación de descenso de los sectores rurales, con brechas del 2,4% y una disminución máxima en el caso de Salta (3,6%) (INDEC, 2001, 2010).

Respecto a la estructura demográfica, en 2001 la población mantenía un sesgo de alta natalidad, que desciende notoriamente en el año 2010 (Figura 5). El componente emigratorio era alto también: se concentró principalmente en edades laborales, agudizándose hacia 2010 en el intervalo de 20 a 24 años y con mayor representación de las mujeres (INDEC, 2001, 2010).

Asimismo, en 2010, el 28% de los hogares pobres de la ruralia noroestina presentaba necesidades básicas insatisfechas, porcentaje que representa una brecha de 15 puntos respecto a la situación en las áreas urbanas (INDEC, 2001, 2010). Ya se ha mencionado el particular carácter penalizador en las áreas rurales de este indicador de pobreza, motivo por el cual a continuación se propone un indicador de déficit nutricional como medida de bienestar de la población rural.

Figura 5. Estructura demográfica de población residente en localidades rurales en el NOA (2001-2010)

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Fuente: elaboración propia sobre la base de Censos Nacionales de Población, Hogares y Viviendas (INDEC, 2001; 2010).

6. La desnutrición infantil en los primeros años del siglo XXI: abordajes, magnitudes y tendencias

6.1 La desnutrición infantil en el NOA: un análisis en escala departamental

En los departamentos rurales del NOA, el análisis de la mortalidad en la niñez por desnutrición evidenció un total de trece menores de cinco años fallecidos, la mayoría de ellos –inclusive– no llegaron a cumplir su primer año de vida. En la Figura 6 (A) es posible observar la escasa representación mencionada en el conjunto de los veinte departamentos noroestinos donde la población rural alcanza el ciento por ciento. Nótese la tendencia descendente, tanto de las muertes por todas las causas como también de aquellas ocasionadas por la desnutrición. Se detecta también el año 2004 como aquel de mayor crecimiento de la desnutrición, y se registran cuatro casos de muerte, lo cual representó el 8% de las muertes infantiles en aquel momento.

El departamento que mayor cantidad de muertes por desnutrición aportó fue Figueroa (Santiago del Estero): tres de las muertes infantiles ocurridas por desnutrición (Tabla 1). Asimismo, Figueroa se destaca por reunir la mayor proporción de hogares con NBI (37%) y el mayor aporte de hogares con carencias sobre el total de hogares en esta condición (22%).

Por otra parte, el análisis de la morbilidad por desnutrición evidencia 258 niños y niñas que fueron registrados por consultas diagnosticadas como desnutrición o sus patologías asociadas. Esta cifra, considerablemente mayor a la de mortalidad (Figura 6), evidencia que, por cada deceso, se produjeron veinte egresos hospitalarios relacionados a la desnutrición infantil.

La Figura 6 (B) refleja el peso de la desnutrición en el conjunto de las causas de internación durante el periodo en estudio. Se detecta que el valor máximo se registró en el año 2000 (5%, n=13 casos), y se mantuvo estable estable alrededor del 1,7% (n=4 casos). El comportamiento de este conjunto departamental es heterogéneo; el valor más alto se encuentra en Santa Catalina (Jujuy), donde la morbilidad por desnutrición ascendió al 6%, mientras que el valor más bajo se registró en Rinconada (Jujuy) con el 0,4%. No obstante, cabe destacar los departamentos salteños Molinos y Santa Victoria, que reúnen el 41% del total de casos ocurridos en el periodo (Tabla 1).

Figura 6. Evolución de la mortalidad (A) y morbilidad (B) por desnutrición y causas generales en menores de cinco años en los departamentos rurales del NOA

p. 269

Fuente: elaboración propia sobre la base de DEIS (2019).

Tabla 1. Indicadores demográficos y nutricionales de los departamentos rurales del NOA

Tabla 1

1 Este valor también coincide con el de la población total del departamento en el año 2010, ya que en esta selección figuran los departamentos con el ciento por ciento de población rural en aquel año.
Fuente: elaboración propia sobre la base del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas (INDEC, 2010) y Estadísticas vitales (1999-2013) y de egresos hospitalarios (2000, 2005-2014) (DEIS, 2019).

6.2 Análisis de la desnutrición en localidades rurales

El estudio de caso en las localidades rurales de Tucumán se efectuó en Simoca. Constituye el quinto departamento del país con predominio de población rural (76%), especialmente dispersa. Es en estas áreas rurales donde se registran históricamente los mayores porcentajes de pobreza (Cordero y Cesani, 2018). En el contexto provincial, se destaca el protagonismo que adquiere el campesinado dentro de su estructura productiva, por cuanto el 84% de sus explotaciones agropecuarias son pequeñas (Censo Nacional Agropecuario, 2008). Se trata de minifundios, donde la excesiva fragmentación del terreno dificulta la rentabilidad, dando lugar a un campesinado numeroso con economías más bien de subsistencia (cultivo para el autoconsumo o trueque en ferias) y una alta dependencia de la actividad agrícola, especialmente, al cultivo de caña (Cordero, 2018).

En este contexto, durante el año 2015 y mediante un relevamiento antropométrico en niños y niñas escolarizados, fue posible detectar que la baja talla para la edad afectaba al 0,69% de estos, mientras que el deterioro de la masa corporal total (bajo IMC) estuvo presente en el 0,23%.

Sin embargo, el sobrepeso y la obesidad adquirían en dicha muestra magnitudes alarmantes: el sobrepeso representaba 28% de los niños relevados, y la obesidad al, 41%. Si se analizaba el grupo de niños con exceso de peso (sobrepeso y obesidad) se hallaba que el 77% se localizaba en un estrato socioeconómico bajo (Cordero, 2018). Se concluye que la obesidad reflejaba –al menos en este ámbito– el nuevo rostro de la pobreza.

7. Conclusiones

En este capítulo procuramos aproximarnos a un problema poco explorado, pero con importantes manifestaciones en la salud infantil: la desnutrición. El ámbito de estudio seleccionado –rural– y el territorio identificado –el Noroeste Argentino– constituyen un claro ejemplo de que ambos atributos se asocian junto al problema de la pobreza, generando características particulares.

Las escasas fuentes disponibles para la primera mitad del siglo xx –aunque con limitaciones– evidencian carencias de larga data, que se mantienen aún en los inicios del siglo xxi. En los departamentos rurales del noroeste, el análisis de fuentes secundarias evidenció que, por cada muerte infantil relacionada a la desnutrición, se registraron veinte casos infantiles que requirieron hospitalización por la misma causa. Las provincias de Santiago y Jujuy presentaron mayoría de casos de mortalidad y morbilidad, respectivamente. Por otra parte, el estudio antropométrico efectuado por los autores en localidades rurales de Tucumán identificó prevalencias de desnutrición del 1%, con mayor participación de la baja talla.

Así, las fuentes primarias y secundarias exploradas dieron cuenta de esta situación, su evolución y la conformación de núcleos jurisdiccionales con mayor criticidad, resultado que se convierte en un insumo insoslayable para la formulación de políticas públicas.

Quedó clara entonces la articulación existente –y nociva– entre pobreza, ruralidad y problemas nutricionales, conformando una importante faceta de análisis que no ha tenido, hasta el momento, un interés académico central. Se sabe que el niño expuesto de manera crónica a situaciones en las que se altera o reducen significativamente sus aportes alimentarios y nutricionales no solo padece un déficit alimentario que puede traducirse en deterioro y secuelas permanentes de tipo cognitivo, sino que los efectos de la desnutrición y, más aún, de la malnutrición, se irradian hasta la vida adulta.

Asimismo, el análisis en las localidades rurales tucumanas evidencia que la desnutrición habría dado lugar a la obesidad. Este tipo de alteración nutricional caracterizada por el exceso y enmarcada en los postulados de la transición nutricional resulta una de las preocupaciones centrales de las sociedades actuales, dado que aumenta el riesgo de desarrollar enfermedades de tipo crónico-degenerativa que constituyen las principales causas de muerte en el estadio epidemiológico actual, tales como diabetes tipo II, hipertensión, hipercolesterolemia, enfermedades vasculares y coronarias, entre otras. En este sentido, hoy en la ruralia noroestina, la obesidad infantil, en tanto nueva cara de la pobreza, permite vislumbrar severas consecuencias futuras en las condiciones de salud y de desarrollo de la población regional. Puede inferirse, a partir de las evidencias pasadas y presentes, que la malnutrición constituye un problema crónico en buena parte de la población rural del NOA.

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  1. Esta situación se replica también en el contexto mundial: la desnutrición, en tanto importante causal de mortalidad infantil, fue identificada como enfermedad recién en el siglo xx (Cattáneo, 2000).
  2. No obstante, merece la pena aclarar que, en la construcción de cualquier indicador de pobreza deben considerarse, inevitablemente, una serie de criterios. Uno de ellos es el de universalidad, que sostiene que lo que se mide debe ser acorde a las condiciones que presenta la mayor parte de la población. En un país donde el 92% de la población reside en localidades urbanas, se entiende el sesgo urbano que puede tener el indicador NBI y promueve al cuidado cuando se lo use para caracterizar a las áreas rurales.
  3. Si bien este es el criterio seleccionado por el INDEC, es preciso remarcar que internacionalmente el concepto e identificación de lo rural adquiere diferentes matices.
  4. La antropometría resulta una herramienta ampliamente en estudios poblacionales utilizada que resume varias condiciones relacionadas con la salud y la nutrición, a la vez que refleja situaciones pasadas o presentes, y permite predecir riesgos futuros (Calvo, 1996). Se trata de un método no-invasivo que implica la medición directa del tamaño y las proporciones corporales, brinda información indirecta de la composición corporal y puede predecir riesgos. Su bajo costo, simplicidad, validez y aceptación social justifican su uso, particularmente en poblaciones de riesgo nutricional por situaciones pasadas o presentes (Abeyá Gilardón et al., 2009).
  5. Jorge W. Ábalos fue un agudo observador de la realidad socioeconómica del medio rural santiagueño. Desde su condición de maestro rural retrató en sus relatos la vida cotidiana de los niños y niñas que asistían a su escuela, con sagaces observaciones que dejaban en evidencia las carencias extremas a las que estaban expuestos.
  6. Cabe mencionar que hasta el momento no se conoce ningún antecedente que haya utilizado este relevamiento para un análisis nutricional, de manera que esta es la primera contribución en interpretarlos, luego de ochenta y dos años de obtenidos dichos datos.
  7. Para la evaluación de los efectos de la asistencia alimentaria se aplicó la prueba t, y se obtuvieron diferencias significativas en el indicador IMC previo y posterior a la intervención nutricional.
  8. Entre estas limitaciones se identifica el desconocimiento de la idoneidad de quienes efectuaron las mediciones (entrenamiento en técnicas de antropometría) o la precisión y confiabilidad del instrumental empleado (balanzas y tallímetros).


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