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Introducción

Movilidades que transforman

Paola Jirón, Walter Imilan, Susana Cortés-Morales
e Inés Figueroa

Pensar que los espacios se mueven, o que los objetos, además de moverse, posibilitan diversos tipos de movilidades no siempre es fácil de entender. Implica adaptar nuestras miradas y escalas de observación de acuerdo a las formas en que los eventos van deviniendo, poner el foco en aspectos de las prácticas de la vida cotidiana o en las experiencias de quienes viajan –los que, desde categorías sociológicas y territoriales tradicionales, no son fácilmente perceptibles– contribuyendo a visibilizar relaciones territoriales entrelazadas. Las movilidades ofrecen múltiples posibilidades de transformarnos como investigadores, dejarnos afectar, estar abiertos a sorprendernos. Esta mirada, giro o enfoque no solo nos permite relacionar territorios, objetos, personas, ideas, sino también dejarnos llevar, dejar de controlar los productos finales, abrirse a nuevas formas de hacer trabajo en terreno, y sobre todo develar cambios sociales que nos permitirán pensar en posibles futuros.

El “giro de las movilidades” (Hannam et al., 2006; Cresswell, 2006) o el “nuevo paradigma de las movilidades” (Sheller y Urry, 2006) son algunas de las denominaciones que, desde el norte global, se han utilizado para referirse a un campo de estudios diverso que aborda las dimensiones móviles de la vida social. Este paradigma centra su atención en las prácticas sociales y cotidianas vinculadas al movimiento, la fluidez y la interdependencia de los sujetos, reconociendo al mismo tiempo los múltiples espacio-tiempos, redes, tecnologías, materialidades, afectos y escalas en que se desarrolla la vida social (Jirón e Imilan, 2018). Si bien este giro no implica invisibilizar los estudios tradicionales del transporte, las migraciones o el turismo, los cuales cuentan con una larga trayectoria en el análisis de personas y poblaciones en movimiento, este giro propone un marco conceptual y metodológico que sitúa a las movilidades en el centro de la reflexión, más allá de su ámbito de aplicación específico, como una forma de comprender diversos fenómenos en sus dimensiones sociales y espaciales. Este enfoque ha sido fundamental para quienes contribuyen al presente volumen.

Este libro es el resultado de un trabajo colaborativo a lo largo de los años entre varios de los autores y autoras que participamos en él. Nuestro encuentro se remonta a principios de la década de 2010 en el Instituto de la Vivienda de la Universidad de Chile. Desde diferentes disciplinas como el urbanismo, la arquitectura, la geografía y la antropología, encontramos intereses y curiosidad por temas teóricos y metodológicos, así como motivaciones e inquietudes similares. Con los años, hemos seguido caminos institucionales y temáticos variados, pero hemos mantenido colaboraciones en proyectos de investigación que han permitido enriquecer y profundizar las formas de pensar el papel que las movilidades desempeñan en la vida social contemporánea. Este volumen representa un hito en este espacio de trabajo, el cual esperamos continuar con la convicción de que la perspectiva de las movilidades ofrece observaciones y análisis que tensionan los enfoques tradicionales de las ciencias sociales y revitalizan las disciplinas espaciales. La articulación coherente entre innovaciones metodológicas, perspectivas feministas, enfoques decoloniales y geografías poshumanas dentro de un marco de pensamiento transdisciplinario entrega un contexto de trabajo colaborativo sostenido en el tiempo, y que, de manera orgánica, sin planificación programática de antemano, ha permitido la emergencia de nuevas preguntas y análisis.

La emergencia de los diversos cuerpos y relaciones

Nos acercamos a las movilidades desde dos caminos convergentes: por un lado, impulsados por los estudios del transporte y el urbanismo, y, por otro, desde la reflexión antropológica sobre la relación entre los procesos identitarios y el espacio.

En primer lugar, las movilidades desafían la perspectiva tradicional desde la cual se aborda el transporte y, de manera más amplia, la planificación y el urbanismo. La movilidad trasciende los límites del transporte convencional, ya que, al observar cómo las personas se desplazan, podemos comprender cómo entrelazan las distintas dimensiones y espacialidades de su vida cotidiana. A través de estas experiencias, emerge una comprensión más profunda del territorio. Las personas se mueven para encontrarse con otras, acceder a recursos, visitar lugares y participar en actividades distribuidas en diferentes localizaciones geográficas, generando redes espaciales –en torno tanto a lo productivo y económico, como a lo reproductivo y los cuidados– que sostienen sus vidas diarias.

Los estudios tradicionales de transporte se centran en maximizar la eficiencia en tiempo y costo al conectar dos puntos en el espacio. Sin embargo, estos modelos suelen basarse en una idea abstracta que define un cuerpo estandarizado: un hombre de mediana edad, sin limitaciones de movilidad, sin acompañantes ni carga. En contraste, la perspectiva de la movilidad reconoce, en primer lugar, a personas concretas con cuerpos diversos que se desplazan en relación con otros cuerpos y materialidades. En segundo lugar, esta perspectiva revela que las personas no organizan sus movimientos únicamente en función de la eficiencia individual, sino también considerando una serie de intereses y prioridades que les permiten satisfacer múltiples necesidades. Aquí, las emociones, los afectos y los cuidados se entrelazan con una racionalidad más de tipo instrumental, así como con materialidades y geografías diversas. Además, los viajes cotidianos rara vez son prácticas individuales y autónomas. La mayoría de ellos tienen una condición interdependiente, ya sea en relación con otras personas o con infraestructuras, tecnologías y materialidades. Incluso en los casos en que los desplazamientos se realizan de manera individual, siempre existe una interdependencia con estos elementos o con personas con quienes nos coordinamos o comunicamos a distancia.

Para las movilidades, no solo es importante llegar de un punto a otro –lo que en la planificación se conoce como “conectividad”–, sino también lo que ocurre durante el trayecto. Desde esta perspectiva, la planificación territorial debería centrarse en las experiencias y prácticas de las personas en movimiento, cuestionando el enfoque hegemónico del urbanismo moderno, que trata a los habitantes como entes abstractos y universales. En su lugar, emergen sujetos concretos, con cuerpos, emociones y relaciones tanto humanas como no humanas, que a través de sus movilidades producen y transforman el espacio que habitan.

Este enfoque se alinea con las contribuciones del urbanismo feminista, que critica las perspectivas tradicionales de la planificación y el diseño urbano por reducir a los habitantes a usuarios “tipo”, pero que habitualmente tienen más bien las características de cuerpos masculinos de mediana edad sin restricciones de movilidad. De esta forma, se ignoran las condiciones interseccionales de las personas y la diversidad de experiencias espaciales que emergen desde esas corporalidades, así como las condiciones de vida desiguales, las barreras y los privilegios asociados a esas experiencias y corporalidades. La crítica del urbanismo feminista se orienta también a esta fantasía abstracta del espacio y los cuerpos que lo conforman, en la que se basa una práctica de diseño e intervención espacial universal.

El segundo camino en nuestra exploración de las movilidades se inspira en las críticas formuladas desde la antropología social, que responde a la escasa reflexión espacial en los procesos de construcción de identidades. Desde finales del siglo pasado, se ha cuestionado el papel del espacio en la antropología, tradicionalmente reducido a un mero escenario. Trabajos como los de Clifford (1997) y Marcus (1995) han impulsado una reconsideración del espacio como una dimensión central en la formación de identidades en el mundo contemporáneo, iluminando el espacio como redes de relaciones producto de prácticas de fijación y movimiento: raíces y rutas –al decir de Clifford–. La etnografía multisituada de Marcus propone “seguir” a las personas, los objetos, las metáforas y otros elementos para comprender la compleja producción socioespacial de los mundos actuales como una forma de develar las múltiples redes de relaciones que emergen.

Estas dos perspectivas –desde los estudios del transporte y planificación y desde la antropología– se imbrican al compartir un marco conceptual común. En la medida que hemos desarrollado trabajos de investigación en torno a diferentes campos de problemas, las relaciones conceptuales se han fortalecido dentro de un paradigma que pone en el centro a los sujetos, sus vidas cotidianas y sus experiencias. Así, partimos siempre de la siguiente pregunta: ¿qué implica para los sujetos un determinado fenómeno, y qué nos revelan sus movilidades y las relaciones y espacialidades que emergen de ellas? En efecto, en los estudios de movilidad, los sujetos, sus cuerpos y sus prácticas son los primeros productores de espacio.

Desde este campo fenomenológico, la estrategia etnográfica ha resultado ser una herramienta fundamental. Los estudios de movilidad han impulsado innovaciones metodológicas en la investigación socioespacial, ampliando las prácticas etnográficas para fortalecer la observación de cuerpos y relaciones entre elementos humanos y no humanos. La integración de cartografías participativas, entrevistas, observaciones, técnicas lúdicas, fotografía y video tanto en etapas de registro de información como de representación ha jugado un rol importante en nuestros trabajos. Estas exploraciones son producto de la convicción respecto a que las metodologías se encuentran estrechamente articuladas con la teoría, en una relación interdependiente, al mismo tiempo que son una parte activa en la formulación de los problemas. Métodos, conceptos y problemas de investigación son de esta forma articulados en relaciones iterativas, lejos de la linealidad unidireccional de la investigación de base positivista, deviniendo en estrategias de pensar la investigación socioespacial para mundos de creciente complejidad.

En definitiva, y tal como se expresa en los textos aquí reunidos, los trabajos con el paradigma de la movilidad aportan observaciones y análisis a diversos campos problemáticos, vinculados a grupos de población situados, elementos del diseño urbano, procesos de producción de identidades y campos específicos del análisis social como son los cuidados, el trabajo, la educación, entre otros, desde una trama relacional.

El plan del libro

El libro se organiza en cuatro secciones. La primera, titulada “Transformándonos en movimiento”, reúne los textos de Paola Jirón, Susana Cortés-Morales, Walter Imilan, Inés Figueroa y Soledad Martínez. Esta sección explora la relación entre quienes hacemos investigación y las experiencias móviles de quienes participan de los estudios, abordando no solo cuestiones de reflexividad y posicionalidad, sino también la dimensión transformadora que surge al comprometerse con el paradigma de la movilidad. Siguiendo los textos de la sección, diríamos que este enfoque nos exige comprender nuestras propias experiencias de movilidad para situarnos críticamente frente a los problemas de investigación.

En su capítulo, Paola Jirón desarrolla el concepto de “espacio relacional”, el cual emergió al reflexionar sobre sus propias prácticas de movilidad y las múltiples relaciones –humanas y más que humanas– que se desprenden de ellas.

Susana Cortés-Morales, por su parte, propone que la vida cotidiana de quienes hacemos investigación se enmaraña con nuestro trabajo en la comprensión de y aproximación a la cotidianeidad de otras personas y familias, permitiéndole realizar observaciones profundas sobre la movilidad de y con la niñez.

Walter Imilan, en su texto, describe cómo atender las dimensiones móviles de la vida social en situaciones específicas puede abrir otras interpretaciones con extensas implicancias de análisis.

Inés Figueroa relata un viaje personal y profesional como etnógrafa de movilidades, en el que tanto la investigadora como los participantes transforman sus formas de habitar el mundo.

El texto de Soledad Martínez despliega una reflexión sobre los cuerpos y el caminar y sus implicancias en la práctica etnográfica, centrándose en las metodologías de registro y representación de las prácticas de movilidad.

De este modo, los textos de la sección destacan el potencial transformador del paradigma de las movilidades. Este enfoque nos invita a tomar conciencia, como investigadores e investigadoras, de nuestro propio encorporamiento de los conceptos con los cuales trabajamos, lo que enriquece tanto nuestra práctica investigativa como, por extensión, la comprensión de los fenómenos que estudiamos.

La segunda sección, titulada “Territorios de la movilidad”, está compuesta por los artículos de Pablo Mansilla-Quiñones, Alejandro Garcés, Rodrigo Díaz Pla y Ana Millaleo. Estos textos describen prácticas de movilidad que producen territorios, desafiando concepciones tradicionales basadas en fronteras estatales e históricas, así como en la definición de políticas de desarrollo que plantean definiciones de territorios despoblados y aislados.

Pablo Mansilla-Quiñones aborda las comparsas de esquila en la Patagonia, cuadrillas de trabajadores que recorren extensas zonas de la región durante largas temporadas. Las rutas que siguen estas cuadrillas dan vida a un territorio comúnmente asociado a procesos de despoblamiento, ofreciendo nuevas perspectivas para comprender las formas como se habitan espacios de geografías extensas y de escasos habitantes permanentes.

Por su parte, Alejandro Garcés  y Juan Carlos Vilches describen los viajes a través de la Puna atacameña, que permiten a las comunidades Licanantay-Atacameñas participar en ferias de intercambio comercial entre comunidades del lado chileno y argentino de la frontera. Estas prácticas reconfiguran un territorio que trasciende las fronteras coloniales y republicanas, revitalizando las conexiones históricas y culturales de las poblaciones indígenas.

Rodrigo Díaz Pla relata un viaje en ferry por los canales australes de la Región de Aysén. El ferry se convierte en un lugar transiente que conecta de manera cotidiana asentamientos habitualmente considerados aislados en el extremo sur de Chile, integrándose así como parte fundamental del territorio austral.

Por último, el texto de Ana Millaleo recupera el concepto de nampülkafe (‘quien va a pie’) de la memoria mapuche, rescatando la figura del viajero como conector de mundos. A partir de diferentes tipos de experiencias –incluidas las espirituales–, el texto propone discutir la supuesta fijación espacial de las culturas indígenas, destacando la importancia de los viajes y las relaciones que posibilitan en la vitalidad de los mundos indígenas.

Los textos de esta sección nos invitan a poner atención en las prácticas que producen territorios vividos, superando las concepciones de territorios basadas en disposiciones administrativas y estatales.

La tercera sección, titulada “Interseccionalidad y diversidades”, agrupa experiencias de movilidad encorporada, con énfasis en las condiciones interseccionales que las configuran. Gerardo Mora comparte un texto sobre las complejas interdependencias en la movilidad cotidiana de su grupo familiar, compuesto por personas de diferentes edades y géneros. La movilidad de este colectivo implica prácticas de orquestación que articulan las capacidades y necesidades de cada uno de los cuerpos que lo integran, los cuales, al moverse juntos, constituyen un cuerpo mayor.

Macarena I. Solar-Ortega, por su parte, presenta un texto que aplica el enfoque de la movilidad para desentrañar las redes de cuidado que organizan mujeres en el centro de Santiago, centrándose en la atención de niños y niñas. Además de su riqueza descriptiva, el texto plantea la posibilidad de vincular nudos problemáticos como el diseño arquitectónico y las dinámicas migratorias.

Lautaro Ojeda analiza las prácticas de movilidad de comerciantes adultos mayores en las calles de Valparaíso, explorando la relación entre ciudad, espacio público y estrategias de trabajo en la calle. En el texto se describe la forma como los cuerpos de los vendedores, los equipamientos como carros y los productos que ofrecen dan vida a un espacio público dinámico.

Por su parte, Teresa Ropert, Dariela Sharim y Andrés di Masso abordan el debate sobre exclusión y segregación socioespacial desde la perspectiva de la movilidad, ofreciendo una mirada renovada sobre estos fenómenos urbanos.

Los trabajos de esta sección abordan una diversidad de colectivos y prácticas desde el lente de la movilidad, aportando reflexiones novedosas en campos temáticos como los cuidados, el trabajo en el espacio público y la segregación social urbana. Cada texto, desde su enfoque particular, contribuye a enriquecer la comprensión de cómo las movilidades encorporadas e interseccionales configuran y transforman las experiencias cotidianas.

Finalmente, incorporamos el texto de Luis Iturra Muñoz a modo de excursus del libro. En su texto, Luis sintetiza los procesos de representación gráfica de prácticas de movilidad que, de forma colectiva, condensan numerosos materiales de investigación. Este proceso de representación ha sido muy relevante para formular formas no convencionales de compartir resultados de investigación a la vez que se han constituido en formas de pensar los problemas que abordamos. El texto recoge tres representaciones/dibujos que cuentan historias de movilidad que hemos distribuido entre secciones del libro.

Los textos reunidos en este libro expresan una diversidad que buscamos proyectar como posibilidades de investigación desde el paradigma de las movilidades. Los orígenes disciplinares de los autores abarcan un amplio espectro que incluye la antropología, la arquitectura, el urbanismo, la geografía, la psicología y la sociología. Esta variedad confirma el carácter transdisciplinario del libro y el uso extendido del paradigma de la movilidad. Consideramos que esta obra atestigua las múltiples posibilidades de investigación, así como la innovación en las preguntas y metodologías para estudiar fenómenos socioespaciales. A través de sus contribuciones, el libro no solo enriquece el campo de estudio, sino que también abre nuevas vías para comprender y abordar las complejidades de las movilidades en contextos diversos.

Bibliografía

Clifford, J. (1997). Routes: Travel and Translation in the Late Twentieth Century. Harvard University Press.

Cresswell, T. (2006). On the Move: Mobility in the Modern Western World. Taylor & Francis.

Hannam, K., M. Sheller, y J. Urry (2006). Mobilities, inmobilities and moorings. Mobilities, 1(1), 1-22.

Jirón, P., e Imilan, W. (2018). Moviendo los estudios urbanos. La movilidad como objeto de estudio o como enfoque para comprender la ciudad contemporánea. Quid16, 10, 1736.

Marcus, G. E. (1995). Ethnography in/of the World System: The Emergence of Multi-Sited Ethnography. Annual Review of Anthropology, 24, 95-117.

Sheller, M., y Urry, J. (2006). The new mobilities paradigm. Environment and Planning A, 38(2), 207-226. En doi.org/10.1068/a37268.



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