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Reflexiones finales

A lo largo de esta investigación nos propusimos, desde la perspectiva decolonial, indagar en dos movimientos de resistencia a reformas previsionales neoliberales recientes, la Coordinadora NO+AFP de Chile y el Frente de Personas Mayores de Argentina, focalizándonos en la identificación de una arista menos explorada en la literatura: los saberes que usaron estas organizaciones para resistir, accionar y disputar los saberes hegemónicos con que fueron impulsadas estas reformas por los gobiernos de Sebastián Piñera (2018-2022) y Mauricio Macri (2015-2019), desde la lógica modernidad/colonialidad. A su vez, nos propusimos analizar este modo de promoción de las reformas respectivas, qué cuestiones se invisibilizaron con ello y que relación tuvo la lógica modernidad/colonialidad con los movimientos aquí estudiados.

En cuanto tomamos la perspectiva decolonial para este análisis, partimos del supuesto de que ambas organizaciones son movimientos sociales que surgen contra reformas previsionales neoliberales impulsadas e implementadas desde la lógica modernidad/colonialidad. Esto quiere decir, que estas reformas fueron impulsadas como única y superior alternativa para alcanzar el bienestar universal de las personas mayores, aun cuando su implementación producía el empeoramiento de las condiciones de vida de este sector de la población. La eficacia legitimadora de esta lógica está precisamente en que permite atribuir las consecuencias negativas de estas reformas, es decir su colonialidad, a factores externos a las mismas, es decir como cuestiones derivativas y no constitutivas de su implementación. En este sentido, no es que con esta lógica modernidad/colonialidad se niegue el empeoramiento de las condiciones de vida de las personas mayores producto de las reformas previsionales y se obvien las críticas de su implementación, pero se justifican como costos que hay que pagar para alcanzar un mejor sistema de pensiones, es decir, la modernidad, o como falta de herramientas para alcanzarlo. En consecuencia, la lógica modernidad/colonialidad les permitiría a estos gobiernos invisibilizar que la implementación de sus proyectos previsionales reproducen aquello que prometen superar, beneficiándose solo una minoría, a la vez que justificaría objetivamente la deslegitimación de las resistencias y rechazos a éstas por un sector de la sociedad civil, entre otras, de la Coordinadora NO+AFP y del Frente de Personas Mayores.

Siguiendo las reflexiones de Edgardo Lander (2002, 2004, 2005) sobre el neoliberalismo y la colonialidad del saber y las de Walter Mignolo (2003, 2007a, 2007b, 2014ª, 2014d) sobre la diferencia colonial y la violencia epistémica, señalamos a los inicios de esta investigación que la legitimidad de estas reformas, pese a sus efectos perjudiciales para las personas mayores, posibilitada por la lógica modernidad/colonialidad, se explica en cuanto forman parte de un proyecto civilizatorio, el neoliberal, cuya forma de construir del saber tiene la capacidad de “presentar su propia narrativa histórica como el conocimiento objetivo, científico y universal, y su visión de la sociedad moderna, como la forma más avanzada, pero igualmente normal de la experiencia humana” (Lander, 2005: 12). A partir de ello, se constituye una diferencia colonial que, de manera neutral y objetiva, clasifica los saberes legítimos y no legítimos para aportar al proyecto civilizatorio neoliberal, en este caso, para aportar al debate sobre las pensiones. Y, a su vez, justifica el ejercicio de la violencia epistémica sobre otros saberes que no se ajusten a dicha narrativa o la pongan en tensión, negándolos, deslegitimándolos o expropiándolos, pues pueden poner en peligro esa forma más avanzada y normal de la sociedad y de la experiencia humana.

La narrativa histórica neoliberal, como vimos en esta tesis, se basa en la utopía del mercado total, que comprendimos, siguiendo a Lander, como un imaginario de construcción de futuro que tiene como medida al mercado, y que postulamos se fundamenta en los principios a-priori y universales del individuo moderno delimitados por el neoliberalismo: el ser actuante, deseante de bienes reales y libre, condición de posibilidad del orden de la economía moderna (Friedman, 2012; Friedman & Friedman, 1993; Hayek, 1990, 1995, 2007; Lippmann, 1938; Menger, 2007; Mises, 1968, 2002).

Estos saberes sobre el individuo y la sociedad son los que, como vimos, permitieron fundamentar las reformas previsionales de los gobiernos de Piñera y Macri, estableciéndose a partir de ellos una línea divisoria objetiva y verdadera entre los saberes legítimos y no legítimos para entrar al debate sobre las pensiones, con su consecuente violencia epistémica. Y es aquí, donde hemos identificado los saberes que construyen la Coordinadora NO+AFP y el FPM para resistir, accionar y disputar los saberes hegemónicos con los que son impulsadas estas reformas desde la lógica modernidad/colonialidad.

La lógica modernidad/colonialidad y la colonialidad del saber de las reformas previsionales

Sobre los supuestos anteriormente descritos, lo primero que podemos decir es que los saberes que construyen tanto la Coordinadora como el Frente de Personas Mayores se encuentran en los intersticios de reformas previsionales que se imponen, cada una a su manera, desde la lógica modernidad/colonialidad. Es decir, en ambos casos estas reformas se presentan como único y superior camino para alcanzar el bienestar de las personas mayores, es decir la modernidad, aun cuando conviven con una serie de experiencias de colonialidad que las contradicen.

En el caso de Chile el gobierno de Piñera propone una reforma previsional que, en lo fundamental, mantiene el Sistema de Capitalización Individual como único mecanismo para obtener una buena pensión a la edad de jubilar, mantener la sustentabilidad del sistema y evitar el déficit fiscal, aun cuando hay bastante evidencia técnica y empírica de que en sus más de 40 años de existencia, este sistema no ha otorgado mayoritariamente pensiones cercanas al 85% de la tasa de retorno, como en sus orígenes se prometió, ni tampoco ha asegurado pensiones dignas. Por el contrario, la mitad de los/as jubilados/as en Chile reciben una pensión inferior al sueldo mínimo, quedando por debajo de la línea de la pobreza, y muchos/as tienen que continuar trabajando. También es contradictorio el hecho de que este sistema de autofinanciamiento de pensiones conviva con un pilar solidario financiado por el Estado, el cual termina siendo responsable de más de la mitad de las pensiones, entre las no contributivas, las semicontributivas, las jubilaciones de las fuerzas armadas y del antiguo sistema de reparto, que se otorgan en el país. Además, ha sido esta contribución del Estado, la única medida que ha permitido mejorar efectivamente las pensiones y ampliar la cobertura del sistema, cuestión que el mismo gobierno reconoce. Por otra parte, esta reforma en particular, y el Sistema de Capitalización Individual en general, han sido crecientemente rechazados y criticados por parte de la sociedad civil, a través de importantes movilizaciones pidiendo el término de las AFP, siendo el interlocutor de esta demanda, la Coordinadora NO+AFP. Sin embargo, el gobierno de S. Piñera, insistió en una reforma previsional que mantiene el sistema en su forma actual, señalando que la capitalización individual ha permitido mantener la sustentabilidad financiera del sistema previsional, la ausencia de déficit fiscal y ha generado una gran acumulación de capital a partir de las cotizaciones de los/as trabajadores/as, la cual permite impulsar la economía del país y su desarrollo, círculo virtuoso para fortalecer el sistema previsional –aunque sobre este último punto, también caen contradicciones, en cuanto las condiciones laborales de los trabajadores/as siguen siendo deficientes y sus salarios siguen siendo bajos, siendo poco feliz su retorno al sistema previsional–.

En el caso de las reformas del gobierno de Macri, la creación del Programa de Reparación Histórica y la Reforma al Sistema Integrado Previsional Argentino, se plantean como el único y verdadero camino para solucionar las problemáticas estructurales del sistema de pensiones: su sustentabilidad a largo plazo, la erosión de las prestaciones y la judicialización del sistema por las deudas que mantenía el Estado con un sector de las personas jubiladas. Sin embargo, esta “modernidad” contrasta con los mecanismos para alcanzarla, que podían llevar a su colonialidad. Así, por ejemplo, si bien el pago de la deuda a los/as jubilados/as se haría con recursos del sistema previsional y con los devengados de un “sinceramiento fiscal”, en caso de no ser suficiente, se podrían usar los recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad del Sistema Previsional, cuyos activos podrán ser incluso realizados. A su vez, en el mismo programa se establecieron una serie de medidas relativas a la recaudación de impuestos que disminuirían los ingresos al sistema previsional, poniendo en riesgo su capacidad de pago y su sustentabilidad. Por otra parte, la Reforma al Sistema Integrado Previsional Argentino incluía un cambio en la fórmula de movilidad de los haberes previsionales que terminaba siendo menor al porcentaje de ajuste vigente, poniendo en peligro el poder adquisitivo de las personas mayores, que, desde inicios del gobierno de Macri, ya se venía erosionando por una serie de medidas que incrementaron la inflación, restringieron el acceso a los medicamentos gratuitos para las personas mayores y disminuyeron las prestaciones del Programa de Atención Médica Integral de los/as jubilados/as.

Nos preguntábamos, entonces, cómo era posible que ambas reformas hayan tenido apoyo político y ciudadano. De hecho, las mismas fueron propuestas por gobiernos democráticamente elegidos, e incluso fueron enviadas al parlamento para su discusión y aprobación –aunque, en el caso de Chile, está detenida en el Parlamento desde 2020–. Entre los diversos y complejos factores que pueden explicar lo anterior, aquí hemos afirmado que dicho apoyo, en parte, tiene que ver con una forma de construcción del saber de estas reformas que está basada en la utopía del mercado total y su figura constitutiva, el ser actuante, deseante de bienes reales y libre, concepciones con la capacidad para presentarse como la forma normal y más avanzada de la experiencia humana. A partir de ello, las premisas que fundamentan las reformas previsionales, dado su carácter objetivo y neutral, se constituyen como sentidos comunes capaces de naturalizar sus consecuencias negativas, presentándose la polarización entre una minoría privilegiada y las mayorías excluidas que se generan con estos cambios, como “procesos inexorables” para alcanzar el bienestar.

En el caso del gobierno de S. Piñera, la figura del ser actuante, deseante de bienes reales y libre a la base de la reforma previsional, la observamos en el principio de respetar el esfuerzo individual de los/as trabajadores y el derecho de propiedad sobre sus ahorros previsionales, razón por la cual en su proyecto se mantiene la capitalización individual como único mecanismo de ahorro para la vejez, en cuanto permite desplegar dichas características. En efecto, al estar el esfuerzo relacionado con la ley de la naturaleza humana que impele al hombre a ahorrar en tiempos de abundancia para tener en tiempos de escasez, identificamos en esta premisa el carácter teleológico y causal de la acción del ser actuante, porque para enfrentar situaciones difíciles –fin– hay que estar preparado y eso pasa principalmente por la responsabilidad individual –conciencia de que puedo satisfacer un fin–. A su vez, en cuanto este esfuerzo está asociada a la propiedad de los ahorros previsionales, pues saber cuánto capital tengo acumulado, me permite prepararme para dicho futuro incierto, identificamos en ello al ser deseante de bienes reales. Y, por último, al ser los beneficios previsionales proporcionales al esfuerzo de ahorro de cada trabajador, la libertad se constituye como un elemento fundamental para determinar qué vejez es la que me voy a proporcionarme en el futuro, siendo la satisfacción de una jubilación digna producto del “ser libre” de la acción humana. A su vez, esta figura del individuo, desplegada por la capitalización individual, se constituye como condición de posibilidad de la activación de la economía chilena y su desarrollo hacia la modernidad.

Sobre la base de estos argumentos, la propuesta previsional de Piñera, y la mantención y fortalecimiento del Sistema de Capitalización Individual, en cuanto permite desplegar la ley de la naturaleza humana antes descrita, se constituye como una propuesta previsional objetiva, es decir, neutral políticamente y como único e incuestionable camino para alcanzar el bienestar de las personas mayores. De este modo, el concepto de ser actuante, deseante de bienes reales y libres se establece como parámetro que establece la diferencia colonial entre saberes legítimos y no legítimos para entrar al debate sobre las pensiones, ejerciendo violencia epistémica sobre las propuestas previsionales alternativas que no coincidan con ellos, en cuanto las mismas van contra el esfuerzo de los trabajadores, su libertad, la propiedad sobre sus ahorros y el desarrollo del país.

En este marco, las propuestas alternativas, que pretenden incorporar a la capitalización individual elementos de reparto, o definitivamente, como la propuesta de la Coordinadora, proponen eliminar la capitalización individual, son justificadamente deslegitimadas, siendo consideradas “proyectos refundacionales que insisten en partir de cero”, cuando se sabe que los sistemas de reparto son “inviables”. O bien, las resistencias o rechazo a las propuestas del gobierno, son interpretadas como actitudes antidialógicas y obstruccionistas que ponen por encima de los intereses de las personas mayores, los intereses personales y políticos. Las movilizaciones también son estigmatizadas como opuestas al diálogo, como politizadas, violentas e incluso ilegales, en cuanto violan los derechos de otros a transitar y, por ende, quienes las realizan son personas que, si bien tienen conciencia de sus derechos, no la tienen sobre sus deberes.

En el caso de las reformas de Macri, la figura del ser actuante, deseante de bienes reales y libre la identificamos en la asociación del jubilado merecedor de pensiones a la cultura del trabajo y el empleo verdaderamente genuino. En efecto, tanto la Reparación Histórica, como la garantía del 82% móvil para quienes cumplen con 30 años o más de aportes, se fundamentaron en el reconocimiento al esfuerzo y dedicación a una vida de trabajo, donde nada ha sido regalado, devolviéndoles a las personas mayores los aportes que hicieron al país. De este modo, estas personas habrían libremente proyectado sus vidas, carácter teleológico del ser actuante y libre, escogiendo las oportunidades que se le presentaron para alcanzar sus deseos, carácter causal del ser actuante. En esta definición, también identificamos la figura del ser deseante de bienes reales, en cuanto dicha actuación se despliega mediante el “empleo verdaderamente genuino”, producido en el mercado privado de trabajo, donde es posible adquirir la propiedad privada. A su vez, esta figura del individuo asociado al empleo verdaderamente genuino y a la cultura del trabajo, cuyo elemento central es la libertad, se constituye como condición de posibilidad de desarrollo individual, por ende, posibilidad de inserción social y cambiar de estatus, y como único camino para alcanzar el progreso del país.

Esta definición neoliberal del individuo fundamenta de manera indirecta las reformas relativas a la extensión de la edad para que el empleador pueda obligar a las personas a jubilar, el cambio en la fórmula de movilidad y las diversas reformas tributarias que se realizaron. En efecto, estas reformas permiten “desatar las amarras de la libertad” tanto de las personas como de los empresarios, de modo tal que las personas mayores puedan seguir participando del mercado del trabajo, y los empresarios puedan realizar más inversiones que permitan la creación de empleo verdaderamente genuino, lo que tendrá un impacto positivo sobre el sistema previsional. El Estado, por su parte, en vez de poner trabas a la inversión, implementará reglas claras para el desarrollo.

Estas premisas sobre el individuo, en cuanto son consideradas verdaderas y genuinas, adquieren el carácter objetivo y neutral que permite establecer la diferencia colonial entre saberes legítimos y no legítimos para entrar al debate sobre las pensiones. Y a partir de ello, se ejerce violencia epistémica sobre propuestas alternativas o resistencias a las reformas previsionales del gobierno. Así, por ejemplo, las movilizaciones de parte de la ciudadanía y de la clase política en oposición a la creación de la Reparación Histórica o la Reforma al SIPA, se deslegitimaron tildándolos como hechos de violencia organizada, perpetuados por grupos extorsivos con actuaciones antidemocráticos y antidialógicas. Así mismo, las intervenciones del Estado sobre las instituciones para las personas mayores y el sistema previsional llevadas a cabo por los gobiernos kirchneristas, y que son las decisiones que Cambiemos pretendía revertir mediante sus reformas, fueron interpretadas como mentiras, políticas de despilfarro, corrupción y uso de recursos para la militancia política. Y en este ejercicio de deslegitimación, que se esfuerza en reconocer a quienes participaron de la cultura del trabajo, y que el kirchnerismo habría descuidado y desprotegido, se niega, o al menos obvia, y se deja en un lugar de inferioridad a aquellos que no cumplieron con el mandato genuino del ser actuante, deseante de bienes reales y libre que con esfuerzo y dedicación participó del mercado laboral privado.

La eficacia legitimadora del relato a la base de las reformas de ambos gobiernos, en consecuencia, tendría que ver con que éstos se basan en la figura del ser actuante, deseante de bienes reales y libre, como la forma normal de la experiencia humana. De este modo, ambas reformas son defendidas y legitimadas por parte de la clase política y de la ciudadanía, en parte, pues se articulan con sentidos comunes, vigentes en una sociedad del mercado total, donde el valor de la vida de las personas está puesto en su libertad, en su capacidad de proponerse fines, y sobre todo en el esfuerzo, dedicación y el sacrificio que se pone para alcanzarlos. En consecuencia, aquello que cada persona alcanza en su vida, la forma en que se inserta a la sociedad y el estatus que tiene, es inexorablemente fruto de su responsabilidad y mérito personal.

Así las cosas, sobre el sentido común de que la jubilación y la calidad del monto de las pensiones, es fruto del esfuerzo, del trabajo y de la acumulación individual de capital, las consecuencias negativas que emergen de reformas previsionales que apuntan a potenciar los principios de la acción humana ya no parecen tan contradictorios, cerrándose así la eficacia de la lógica modernidad/colonialidad con que son impulsadas estas reformas: en el caso de las del gobierno de Piñera, el Sistema de Capitalización Individual no es el responsable de las bajas pensiones, sino que éstas son resultado de la responsabilidad del individuo, sea porque el porcentaje de cotización es bajo en relación a la esperanza de vida, sea porque tiene lagunas previsionales, sea porque el/la trabajador/a no tiene conciencia de la relación entre sus expectativas sobre lo que será el monto de su jubilación y las cotizaciones que realiza. En el caso de las reformas del gobierno de Macri, sus consecuencias negativas, son resultado de poner al individuo libre, responsable y esforzado como condición de posibilidad del progreso y del desarrollo. Por ende, los costos de las reformas son sacrificios que hay que hacer para alcanzar “la Argentina que todos soñamos”, donde “al que le va a ir bien es al que se esfuerza y trabaja, no al que viola la ley, miente o toma el atajo”.

En este sentido, entonces, es que hablamos de la eficacia naturalizadora de la colonialidad del saber y la lógica moderno/colonial, en cuanto las consecuencias negativas de estas reformas no sólo son interpretadas por sus defensores como cuestiones derivativas o costos que hay que pagar para alcanzar el bienestar universal de las personas mayores, sino que también comienzan a verse así por la ciudadanía. A su vez, permite deslegitimar las resistencias y propuestas alternativas a estas reformas, en cuanto son consideradas contrarias a principios sobre la acción humana que son objetivos y neutrales, y por ello, las disidencias no son consideradas parte de una disputa política, sino como acciones violentas, antidialógicas y obstruccionistas, pues van contra el sentido común y del bien del individuo y de la sociedad.

Ahora bien, y tal como señalaba Lander, los fundamentos epistemológicos del relato neoliberal, es decir los saberes y sus formas de construcción, no son suficientes para legitimar la utopía del mercado total como la forma normal y más avanzada de la experiencia humana, sino que esto es posible en la medida en que dicho relato está asociado a condiciones histórico/culturales específicas que contribuyen a la imagen de dicha utopía como la única opción posible. Si bien en esta tesis no podemos demostrar esta hipótesis, sí podemos plantear que las pretensiones de objetividad epistemológica de ambas reformas borran la ubicación ideológica/política de sus impulsores, las cuales estarían articuladas con los procesos de dominación, explotación y sujeción presentes en la sociedad. De hecho, no sería un dato menor que las cabezas de gobierno sean integrantes y representantes de la clase económica de ambos países.

Así, el proyecto previsional del gobierno de S. Piñera se presenta como libre de ideologías y con un verdadero compromiso con los intereses de la ciudadanía y no con los de la política. Sin embargo, esta supuesta objetividad y a-politicidad, se tensiona cuando identificamos en su proyecto previsional las premisas sobre el individuo enarboladas por el neoliberalismo, y cuando contrastamos dichos intereses por las personas mayores, con la promoción de una reforma que fortalece un mecanismo de ahorro que, mientras otorga paupérrimas pensiones, los/as dueños/as de las AFP reciben exacerbadas ganancias a costa de las cotizaciones de los/as trabajadores/as.

En este sentido, esta objetividad y neutralidad valorativa permitiría borrar el lugar político desde el cual el gobierno elaboraría su proyecto de reforma previsional, y desde donde intenta deslegitimar las otras alternativas previsionales por su politicidad, cuando en realidad su propuesta es también parte de una disputa ideológica entre dos modelos previsionales que responden a modelos de sociedad diversos e intereses contrapuestos, a saber, los de los grandes empresarios y los de la ciudadanía. La eficacia modernidad/colonialidad de este relato, entonces, estaría precisamente en hacernos creer que sus intenciones son neutrales, cuando en realidad las medidas para mejorar las pensiones de Chile, se asocian a un mecanismo donde la gran acumulación de capital, el enriquecimiento que logran las AFP, el funcionamiento de la economía en base a los ahorros previsionales y la estabilidad macroeconomía que se le adjudica al sistema previsional, contrasta abismalmente con las magras pensiones de la mayoría de los/as jubilados/as. Esto nos hace pensar que la “modernidad” de la capitalización individual, que se reduce al enriquecimiento de un grupo pequeño de empresarios, no es posible sin su colonialidad, el empobrecimiento de los/as jubilados/as, en cuanto las riquezas de los primeros derivarían del usufructo de la acumulación de capital de los segundos.

En el caso de las reformas previsionales del gobierno de Cambiemos, también se presentan como objetivas y verdaderas, constituyéndose, así, como el único camino para alcanzar el bienestar de las personas mayores y la Argentina que todos soñamos. Pero esta pretendida objetividad se ve tensionada cuando identificamos la articulación de los fundamentos de veracidad de las reformas con las premisas de la acción humana enarboladas por el neoliberalismo y también con los beneficios para cierto sector de la sociedad mediante las reformas complementarias a las previsionales, como son, las reformas tributarias y el sinceramiento fiscal sin multas por la no declaración de patrimonios en el exterior.

De este modo, esta supuesta objetividad permitiría borrar el posicionamiento político ideológico desde el cual el gobierno de Macri articula estas reformas, intentando pasar por desapercibido que las mismas forman parte de un proyecto civilizatorio más amplio y global, el neoliberal, que tendría la intención de beneficiar a un sector minoritario de la población a costa del empobrecimiento de una mayoría, en este caso, de las personas mayores. En este sentido, las reformas previsionales del gobierno formarían parte de una disputa política por un modelo de sociedad particular. Esto nos permitiría pensar que el único camino para mejorar las prestaciones y la sustentabilidad del sistema previsional, serían, en realidad, el único camino para contribuir a reproducir el proyecto civilizatorio del neoliberalismo, lo que significa la búsqueda del bienestar de una minoría, es decir la modernidad, en función y a costa del empobrecimiento de una mayoría, es decir de la reproducción de la colonialidad. De este modo, que los saberes alternativos para formular reformas al sistema previsional sean catalogados como antidialógicos, violentos y extorsivos, sería una forma de invisibilización de que en realidad son parte de una disputa política e ideológica sobre formas de comprensión de la sociedad e intereses contrapuestos, de la cual el gobierno es parte.

Otra arista de la eficacia legitimadora de ambas reformas es su articulación con las relaciones de poder presentes en la sociedad. En el caso de Chile, la reproducción del Sistema de Capitalización Individual y la legitimidad de la reforma del gobierno de Piñera, ha sido posible por la venia de empresarios y políticos, algunos de los segundos cooptados por los primeros, que han obstruido la transformación del mismo. En el caso de Argentina, también las reformas previsionales fueron posibles por el apoyo de una importante parte de la clase política, por los poderes económicos que se vieron beneficiados por las políticas de ajuste del gobierno de Macri, y, por cierto, por el apoyo del Fondo Monetario Internacional, que desde inicios del mandato estipuló recomendaciones económicas y de política pública para el país.

También estas reformas al estar fundadas en la figura del ser actuante, deseante de bienes reales y libre, que a través de su trabajo y esfuerzo puede elegir libremente la forma en que se integrará en la sociedad, lo cual estaría a la base de la promoción de ambos gobiernos de la extensión de la edad de jubilar para las personas mayores y de otorgar las condiciones para que pueda seguir trabajando una vez jubiladas, permitiría invisibilizar la ausencia de un aspecto central para el funcionamiento del sistema previsional. Esto es, un sistema laboral con una oferta de empleo formal suficiente para abarcar a toda la población activa y jubilada, con salarios altos y buenas condiciones laborales. Por el contrario, tanto en Chile como en Argentina, no se genera suficiente trabajo en condiciones de formalidad para personas activas, y esto se reduce cuando se trata de personas en edad de jubilar. En este sentido, la premisa de que el trabajo “verdadero y genuino” o que el “esfuerzo” permite a las personas mayores integrarse a la sociedad y poner ahí la razón para promover su continuidad en la vida laboral, invisibilizaría, por una parte, la incapacidad del sistema previsional de otorgar salarios diferidos suficientes para sobrevivir dignamente. Y, por otra parte, se ocultaría el hecho de que para mejorar el sistema de pensiones se requiere una reestructuración de la economía y del trabajo, que implica que quienes son los dueños del capital, distribuyan sus riquezas en función de mejorar salarios y prestaciones, puerta de entrada al sistema de protección para la vejez. En este sentido, el esfuerzo y el trabajo permitirían invisibilizar que el problema de las bajas pensiones, o de la sustentabilidad del sistema previsional no está solo en su mecanismo de ahorro, sino que también en la distribución de riquezas y las lógicas de acumulación (moderno/coloniales) de las sociedades chilena y argentina, donde unos pocos se benefician a costa del empobrecimiento o perjuicio de una mayoría.

Tomando la frase de Mignolo, en ambos casos, la “gran mentira” sería hacernos creer que estas reformas superarían las problemáticas de los sistemas previsionales, cuando en realidad se constituirían como mecanismos para reproducir el neoliberalismo y su producción de riquezas concentradas.

Saberes y disputa de saberes de los movimientos sociales

En los intersticios de la implementación moderno/colonial de las reformas previsionales neoliberales de Chile y Argentina pudimos identificar diversos saberes que tanto la Coordinadora NO+AFP y el Frente de Personas Mayores, utilizan para resistir, accionar y disputar los saberes que están a la base de dichos proyectos previsionales y que los invisibilizan al estar impulsados desde la lógica modernidad/colonialidad.

Ahora bien, previo a pasar a las cuestiones epistemológicas, es importante señalar que ante todo estos movimientos se constituyen frente a la imposición de modelos previsionales neoliberales, cuya implementación saben que va a seguir perjudicando a las personas mayores, en el caso de Chile, o prevén y luego constatan que las va a perjudicar, en el caso de Argentina. En este sentido, estos movimientos son ante todo movimientos de resistencia y acción contra políticas que empeoran las condiciones de vida de los/as adultos/as mayores y, por ende, tienen demandas materiales concretas, como la creación de un “verdadero” sistema de protección social, en el sentido de crear un sistema de pensiones que efectivamente asegure una vejez con un salario digno y suficiente, en el caso de la Coordinadora. Y en el caso del Frente, demandan la garantía de los derechos humanos de las personas mayores, lo que incluye, además de los derechos civiles y políticos, los derechos económicos y sociales, es decir, monto de pensiones y políticas que permitan financiar una alimentación suficiente y la continuidad de tratamientos médicos para las personas mayores, así como también poder mantener una vida cultural y social.

Para dar a conocer estas demandas, realizan diferentes estrategias de acción y visibilización que permiten instalar sus objetivos en el espacio público y que se relacionan con las características propias de ambos movimientos.

Entre este repertorio de acciones, la Coordinadora optó en el período analizado, entre las más destacadas, por movilizaciones ciudadanas de gran magnitud, concentraciones fuera de instituciones estatales, la realización de un plebiscito autoconvocado, la construcción de una Iniciativa Popular de Ley, un llamado a los/as jubilados/as para pedir la restitución de sus fondos previsionales y la propuesta técnica para un nuevo sistema de pensiones. Todas estas acciones, además, han sido mecanismos para enfrentar un largo proceso en que sus demandas y contrapropuestas previsionales, han sido desoídas por los diferentes gobiernos de centro izquierda y centro derecha, invisibilizadas por los medios de comunicación, deslegitimadas con campañas en su contra y reprimidas por la fuerza pública. Una muestra clara de esta poca visibilidad que los gobiernos y los medios de comunicación le dan a las propuestas de la Coordinadora es, para ellos/as, el bajo nivel de participación que les es provista en estos espacios, siendo los últimos en ser invitados a debatir o teniendo periodos cortos de visibilización en los medios de comunicación masiva.

En el caso del Frente de Personas Mayores, su repertorio de acción se centró en el período analizado, principalmente, por una movilización mensual en el Congreso Nacional, que incluyó un semaforazo y un banderazo, concentraciones cada 15 días en instituciones relativas al sector y hospitales, y algunas actividades contingentes en función de las decisiones que iba tomando el gobierno de Macri. A través de estas acciones, el Frente tuvo como objetivo visibilizar las medidas del gobierno que afectaban al sector, y contrarrestar diferentes formas de invisibilización de los que consideraban eran parte. Así, por ejemplo, la aprobación de las reformas previsionales fue para ellos/as un botón de muestra de que los intereses del sector eran invisibilizados por parte de la clase política y de la sociedad, pues eran medidas que claramente los perjudicaban y de igual modo fueron aprobadas. A su vez, las concepciones hegemónicas sobre las personas mayores en la sociedad, los medios de comunicación y en las políticas públicas, que los mostraban como “abuelos/as”, “pobres” y “pasivos/as”, invisibilizaba otras formas de ser adulto mayor y que eran fundamentales para defender sus derechos: ser sujetos políticos con participación en la elaboración de las políticas públicas. Y estas movilizaciones fueron también una forma de desterrar dichos imaginarios hegemónicos.

Valga señalar, que, en ambos casos, algunas de estas movilizaciones fueron reprimidas por las fuerzas de seguridad y de orden de los gobiernos que promueven estas reformas previsionales neoliberales. En el caso de la Coordinadora, algunas de sus principales movilizaciones ciudadanas fueron reprimidas durante el segundo gobierno de Piñera, y en el caso del Frente de Personas Mayores, sufrieron una fuerte represión cuando participaron de las movilizaciones en las jornadas de discusión de la reforma al Sistema Integrado Previsional Argentino.

Entre estos procesos de emergencia, resistencia, acción e invisibilización, estos movimientos utilizaron diversos saberes, con diferentes niveles de sistematización en relación a si los mismos se constituyeron en alguna propuesta de política pública y/o legislativa, como fue en el caso de la Coordinadora. Entre estos saberes, había algunos que estaban disponibles con anterioridad a la constitución de sus respectivos movimientos, y hubo otros que se fueron construyendo al alero de la elaboración de sus demandas y de la concretización de sus luchas.

Respecto de los primeros saberes, la Coordinadora se constituyó, entre otros, sobre la base de conocimientos acumulados por sus referentes en su rol de dirigentes al interior de los sindicatos, sobre la paupérrima situación en que quedaban los/as trabajadores/as una vez que jubilaban por el Sistema de Capitalización Individual, problemática que fue alcanzando cada vez a más personas dentro de las sindicales que formarán parte de la Coordinadora. Así también el daño previsional, resultado de las políticas de descentralización y precarización del trabajo de la dictadura, y el conocimiento sobre el impacto de las crisis financieras sobre los ahorros de pensión fueron otro tipo de saberes que propició la conformación del movimiento y la articulación entre las organizaciones que la componen. Entre los saberes que la Coordinadora construyó durante este período, están aquellos de orden técnico o estadístico, cuyo fin es mostrar tanto el fracaso del Sistema de Capitalización Individual, como la posibilidad de construir un sistema previsional de reparto, solidario y de financiamiento tripartito sin que ello ponga en riesgo su sustentabilidad ni implique déficit fiscal. Otros tipos de saberes son del orden, si se quiere, conceptual y sociológico, tales como los de seguridad social, jubilación, sustentabilidad, rol del Estado, propiedad privada y sociedad. Por último, se plantearon formas de construir estos saberes no institucionalizadas en la legislación vigente en el período analizado, que tuvieron como fundamento el trabajo colectivo y la participación de la ciudadanía. En el caso de la Coordinadora, como señalábamos, algunos de estos saberes, se sistematizaron en una propuesta de política pública para la creación de un “nuevo” Sistema de Pensiones que fuera “verdaderamente” un sistema de protección social para la vejez, y en una propuesta legislativa de las mismas características.

En el caso del Frente de Personas Mayores, también identificamos saberes ya existentes que posibilitaron su constitución como colectivo de lucha y la elaboración de sus demandas. Estos conocimientos devienen de su experiencia política que les hizo prever que un gobierno neoliberal no sería bueno para el pueblo. Por otra parte, la experiencia de haber vivido gobiernos peronistas dentro del campo nacional y popular, y de pertenecer a la generación de los ’70, muy combativa, los/as hacía conscientes de ser sujetos de derechos y sujetos políticos, y, por ende, que tenían que luchar colectivamente para defender los derechos del sector, adquiridos en los gobiernos kirchneristas. Este saber preexistente, fue el que los/as llevó a reunirse entre cercanos, primero, y que luego derivó en la articulación de sus organizaciones en un Frente que les permitiera de manera conjunta luchar contra las políticas previsionales y de protección social que afectarían los derechos tanto de las personas mayores como de la sociedad en general, y que habían sido adquiridos durante los gobiernos kirchneristas. Entre los saberes que fueron construyendo como colectivo, está el de personas mayores como sujetos políticos y personas sexuadas, definición que no está incluida en la definición hegemónica de adultos/as mayores, presente en las reformas previsionales, la sociedad y los medios de comunicación, los de seguridad social y jubilación, y el de carácter solidario de la lucha del Frente.

Respecto a la disputa de saberes que lleva a cabo cada uno de estos movimientos, podemos decir, que en el caso de la Coordinadora, tanto su propuesta técnica para un nuevo sistema de pensiones como la creación de una Iniciativa Popular de Ley, son dos ataques directos a la hegemonía del “relato único” del Sistema de Capitalización Individual, en cuanto se presenta científica, técnica y económicamente cómo es posible tener un sistema previsional alternativo, que efectivamente proteja la vejez, manteniendo su sustentabilidad y el equilibrio fiscal, y los principios de responsabilidad individual, libertad y la propiedad privada, solo que cuestiona que el ahorro individual y su capitalización sea el deber ser que despliega dichas virtudes.

A su vez, la figura del ser actuante, deseante de bienes reales y libre, como fundamento de un exitoso modelo previsional, es tensionado por la Coordinadora a partir de su concepto de jubilación como un derecho de la seguridad social y las estadísticas que muestran el fracaso del SCI como mecanismo de ahorro para la vejez. En otras palabras, la constatación de las bajas pensiones y de la pobreza en la vejez, y el establecimiento de que una jubilación debe asegurar universalmente la satisfacción de necesidades básicas y la continuidad de ingresos en la vejez, cuestiona la idea de que la sola responsabilidad individual y el esfuerzo, como se expresa en la reforma del gobierno de S. Piñera, o la ley de la naturaleza humana que impele al trabajador a ahorrar en tiempos de abundancia para tener en la escasez, como señalaba J. Piñera, son suficientes para tener una buena pensión. Lo anterior, no niega la importancia del ahorro individual, sino que permite inscribirlo en la realidad del mercado laboral chileno, poniéndolo como un medio para alcanzar un fin, y no como un fin en sí mismo, y que, por ende, requiere ser complementado con otros aportes distintos a los que el individuo logra hacer. A diferencia del concepto de jubilación neoliberal que antepone a la vida digna, la capacidad de ahorro de las personas para conseguirla, la jubilación como un derecho antepone al mecanismo de ahorro previsional la aseguración de una vida digna, dando vuelta la definición neoliberal de la misma y buscando identificar y subsanar las causas de su imposibilidad.

Esta primera definición, también permite conceptualizar otro rol del Estado en el sistema previsional, que en las reformas previsionales se reduce a garante del mercado de las AFP o al financiamiento de un pilar no contributivo, bajo el argumento de que su intervención en el Sistema de Capitalización Individual generará desequilibrios que ya fueron experimentados en el pasado, razón por la cual se creó el sistema privado de pensiones. Pero si la capitalización individual ya no es suficiente para garantizar una pensión digna, y la jubilación es un derecho universal, es el Estado el que tiene que cumplir dicha función. Y frente al peligro de insostenibilidad del sistema, la Coordinadora demuestra que en el nuevo sistema el Estado gastaría menos recursos que los que insertaba en el sistema previsional cuando el gobierno propuso su reforma.

A través del concepto de sustentabilidad del sistema previsional basado en la creación de un fondo de reservas técnicas, también es posible disputar la idea de que el Sistema de Capitalización Individual, es una pieza central en la activación de la economía del país, razón por la cual no se puede terminar con este sistema. De hecho, este fondo estará en condiciones de cumplir ese rol, mediante inversiones en el sector productivo de la economía, de tal modo de asegurar efectivamente el círculo virtuoso entre ahorro previsional, empleo y mejores salarios. No como en la actualidad, donde la mayoría de las inversiones que hacen las AFP con los fondos previsionales van dirigidas al sector especulativo de la economía, que tiene poca capacidad de generar empleo.

La idea de que el SCI es el único mecanismo que permite asegurar la propiedad privada de los/as trabajadores sobre sus ahorros previsionales y preservar la libertad de elegir donde serán invertidos, es tensionado con la propuesta de cálculo de las pensiones de la Coordinadora basada en el financiamiento tripartito del nuevo sistema. Este cálculo, reflejado en la Tabla de pensiones definidas, establece pisos mínimos de pensión que, según los años y cantidad de cotizaciones que alcanza cada trabajador/a durante su vida laboral, se complementan con la cantidad de ahorros acumulados por cada trabajador/a, habiendo también pisos máximos. En este sentido, el sistema de reparto y solidario no expropia los ahorros de los/as trabajadores, sino que los preserva e incluso asegura pensiones más altas que las que se otorgan en el sistema vigente.

En definitiva, a partir de estas concepciones que tensionan los elementos fundamentales de la capitalización individual, como único camino para desplegar la naturaleza libre y responsable del/la trabajador/a, para mantener la sostenibilidad del sistema y potenciar la economía del país, lo que busca la Coordinadora no es eliminar estos aspectos. Por el contrario, son considerados centrales para el funcionamiento de un sistema previsional y para la economía del país, pero se considera que los mismos tienen que estar a disposición del bienestar de las personas mayores y del alcance de pensiones suficientes para satisfacer las necesidades básicas y mantener la continuidad de ingresos. Y para ello, se requiere que el ahorro previsional no sea individual, pues con ello no alcanza, sino que sea solidario y de reparto, de modo tal de completar el esfuerzo individual, garantizado por el Estado y por un fondo de reservas técnicas que protege la capacidad de pago del sistema previsional y la activación de la economía, que termina repercutiendo a su vez en los ahorros previsionales.

La Coordinadora también elaboró herramientas para cuestionar las formas institucionales de construcción del saber sobre las pensiones, que están totalmente en manos del ejecutivo y parcialmente del parlamento, en cuanto no existen mecanismos de participación directa para proponer reformas previsionales desde la ciudadanía. En este sentido, la propuesta técnica y la Iniciativa Popular de Ley emergieron de aquellos cuyas propuestas son excluidas de los diseños de las reformas, es decir, de la ciudadanía, los movimientos sociales y los/as trabajadores/as. En esta línea también fue la realización del plebiscito autoconvocado por SÍ o NO +AFP. Estos mecanismos participativos de construcción del saber disputan los actores y actrices institucionales y legales para proponer y elaborar políticas públicas y proyectos de ley, lo que también da cuenta de que los mecanismos existentes no reflejan la voluntad y la soberanía popular. A su vez, cuestionan el concepto de democracia representativa, para evidenciar la necesidad de transitar, o al menos abrir instancias de democracia participativa.

En el caso del FPM el conocimiento adquirido de la experiencia política permite cuestionar, primeramente, el que hay alternativas a las propuestas previsionales del gobierno para mejorar los beneficios del sistema y mantener su sustentabilidad, como lo hicieron las políticas del kirchnerismo. Por ende, el Programa de Reparación Histórica y la Reforma al Sistema integrado de Pensiones Argentino, si bien cumplían con el objetivo del saldar la deuda con los/as jubilados/as no son el único camino para solucionar las problemáticas estructurales del sistema, que, de hecho, aunque con limitaciones, habían sido mejoradas con las reformas del gobierno anterior.

Por otra parte, esta misma experiencia política permite cuestionar el supuesto neoliberal de las reformas de que el único camino para proyectar la vida y alcanzar los sueños es a través de la acumulación de capital en el mundo privado, en cuanto los/as militantes del Frente, estando fuera del mercado laboral, proyectan sus vidas desde la conciencia de ser sujetos de derechos y sujetos políticos, lo cual significa para ellos/as que dejar de trabajar no significa dejar de vivir. En este sentido, esta definición teleológica y causal de la acción humana y deseante de bienes reales enarbolada por Cambiemos, dejaría fuera a este sector de la población, y por cierto otros, que, como hemos señalado, no encajan en el mandato del empleo verdaderamente genuino, como eje constitutivo de la vida.

La experiencia política del Frente como eje estructurante de sus vidas, más la concepción que tienen de la jubilación como un derecho universal, también cuestiona el hecho de que la “cultura del trabajo” y el “empleo verdaderamente genuino” sean la medida para determinar quiénes deben ser reconocidos y recompensados previsionalmente. Recordemos que, con las reformas, el gobierno establece una diferencia en el porcentaje de la pensión mínima que debe ser garantizada por el sistema previsional en función de si se cumplieron o no los 30 años de aportes. Pero, si la jubilación es considerada como un derecho de todas las personas en edad de jubilar, ésta no depende sólo del esfuerzo individual y de la voluntad de tomar las oportunidades que se presentan en la vida, y, por ende, precisa de otro tipo de aseguramiento complementario para que todos/as quienes tengan la edad para jubilar, puedan ser beneficiarios de las prestaciones del sistema previsional de manera igualitaria. Así también, la jubilación como derecho permite cuestionar que la misma sea interpretada como un gasto, cómo el gobierno lo hacía cuando planteaba la reforma al cambio en la fórmula de movilidad jubilatoria.

La ampliación de la jubilación y de la seguridad social como dos cuestiones que no sólo involucran a las personas mayores, sino también a los trabajadores/as y a todos los beneficiarios/as de la protección social, desde antes de nacer hasta después de morir, y que se constituye como eje del carácter solidario de la lucha del Frente, también permite cuestionar el carácter individual e individualista de la única forma en que se puede proyectar la vida y alcanzar el progreso individual y nacional, mediante el empleo genuino, como lo plantea el gobierno de Macri. Por el contrario, la lucha colectiva por los derechos de todas/as las personas es otra forma de alcanzar estos objetivos, siendo el proyecto nacional y popular otro camino para la integración social basado en la solidaridad y en un modelo de país donde “entre todos”.

Por su parte, el concepto de persona mayor como sujeto político, permite cuestionar la concepción hegemónica y limitada sobre este sector, que están presenten en las reformas y en la sociedad, y que los identifica como “abuelos/as”, “pasivos/as” y “pobres”. Para el Frente, estas definiciones los/as reducen a roles familiares y de cuidado, como el “ser abuelo/a”; los/as describe como personas pasivas a las que hay que entretener y/o cuidar; y también los/as denigra a una posición de inferioridad en la sociedad, toda vez que al calificativo de “abuelo/a” se le agrega el de pobre. Con ello, se invisibilizan y/o niegan otras posibilidades de ser adulto/a mayor, como son las cualidades que caracterizan a quienes integran el movimiento: sujetos políticos, activos y pensantes, que tienen derecho a representarse a sí mismos/as y como tales participar de las decisiones de política pública que les competen. Así también a partir de este concepto, cuestionan los mecanismos institucionales de representación vigente para las personas mayores, en cuanto al no defender sus intereses, como señalaba el Frente, precisan de mecanismos directos para inferir en las decisiones y políticas públicas que les competen.

Una cuestión que nos parece relevante señalar, es que tanto en la Coordinadora como en el Frente de Personas Mayores hemos identificado un diagnóstico sobre los efectos del neoliberalismo, que tendría un rol central en la imposibilidad de revertir las reformas previsionales, y que tiene que ver con cómo los “valores” de este proyecto civilizatorio ha permeado la subjetividad de las personas. Así, por ejemplo, en el caso de Chile la concepción del individuo libre y responsable, capaz de determinar su futuro sobre la base de su esfuerzo personal y que está a la base de las reformas, en palabras de la Coordinadora, el “ráscate con tus propias uñas”, ha imposibilitado alcanzar un nivel de rechazo de la ciudadanía cuya masividad permita “colapsar el sistema”. Así, por ejemplo, si bien las personas son conscientes de que el Sistema de Capitalización Individual no funciona, la idea de cambiarse a un sistema de reparto no es tan aceptada, pues se plantean cuestiones como: cómo del esfuerzo del ahorro personal uno/a va a financiar la pensión de un “flojo”, o “cómo de mi plata, yo le voy a otra persona”. O, bien, puede que estén de acuerdo con la propuesta de la Coordinadora, pero la defraudación con el sistema político es de tal magnitud, que consideran que no vale la pena luchar, “si igual hay que seguir trabajando”, e incluso los niveles de participación electoral son bajísimos. Esta cultura del individualismo también permeó el sindicalismo que, a su vez, legalmente tiene pocas posibilidades de movilizarse sin tener consecuencias laborales, razón por la cual también es difícil cambiar las cosas a partir del apoyo de este sector. Ello se agrava cuando algunas cúpulas sindicales están articuladas con esa alianza de poder política, económica y mediática que defiende la persistencia del SCI.

En el caso del Frente, para ellos/as, la concepción hegemónica de las personas mayores que las/as estigmatiza e inferioriza, también ha permeado la autopercepción del sector sobre sí mismo. Esto ha tenido como consecuencia, primero, que sea muy difícil reconocerse como parte de este sector, cuestión que deriva en la falta de identificación de militantes y políticos como personas mayores, lo que para el Frente termina mermando la capacidad de estos actores, sobre todos de quienes dicen representarlos, para luchar y defender los intereses de las personas mayores. Y, de hecho, señalan, cómo muchos políticos que pertenecen al sector hablan de los/as adultos/as mayores como si fueran otros/as, y con ello ponen una distancia que los/as termina perjudicando.

Por estas cuestiones es que para ambos movimientos es fundamental que su lucha no sea sólo por mejorar las condiciones de vida de las personas mayores, sino que también para cambiar los valores del neoliberalismo y el paradigma de vejez que ha obstaculizado las posibilidades de lucha para garantizar los derechos de las personas mayores y asegurarles una vida digna luego de jubilar. Por ello, para la Coordinadora es fundamental concientizar a las personas del tema de pensiones, pero también de todos los abusos que el sistema neoliberal comete sobre la educación, la salud, la economía, la política, etc. Y ello requiere de una “revolución en las mentes” para que las personas empiecen a cuestionar más y se termine la resignación. Para el Frente es fundamental romper con ese paradigma de las personas mayores como pasivas, pobres y abuelos/as, y generar un cambio cultural que permita visibilizar que hay otro sector de adultos mayores que están presentes, que están activos, luchando en la calle por los intereses del sector, y que van a visibilizarse políticamente y que invitan a todos/as a que lo hagan de la misma manera.

En definitiva, uno de los principales hallazgos de esta tesis es que estos saberes y sus disputas exceden las demandas materiales asociadas a las personas mayores y de las problemáticas particulares de los/as sectores que representan estos movimientos. Así, por ejemplo, la Coordinadora no sólo incorpora en sus procesos de emergencia, resistencia y acción, saberes que permitan mejorar el monto de las pensiones, sino que también propone formas de construirlos que legitimen a sus integrantes como interlocutores válidos para el debate sobre las pensiones. Así también, en el caso del FPM, la lucha por la garantía de los derechos materiales y sociales que se vieron afectados por las reformas previsionales y las políticas de Cambiemos, implica la construcción de saberes que los/as validen también como interlocutores legítimos en la discusión de dichas reformas y que tiene que ver con la definición de personas mayores como sujetos políticos.

Por otra parte, la construcción de estos saberes, junto con las estrategias de acción que llevan a cabo estos movimientos para visibilizar las problemáticas que los/as afectan y sus demandas, también son usados como una herramienta, como diría Mignolo, para desmantelar la doble cara riqueza/pobreza del neoliberalismo, es decir, su lógica moderno/colonial de operación. Esto nos permite hacer una relación, además, con la idea planteada en el apartado anterior de que los fundamentos epistemológicos de las reformas previsionales permiten borrar el lugar político-ideológico desde donde son formuladas las mismas y su articulación con los procesos de dominación, explotación y sujeción presentes en la sociedad.

Así, por ejemplo, la Coordinadora, al mostrar cómo, pese a las contradicciones del SCI y su fracaso para otorgar buenas tensiones, hay un rechazo persistente a transformar estructuralmente el sistema previsional, denuncia el poder económico, político y mediático que allí se concentra y que se quiere proteger por encima de los intereses de los/as trabajadores/as y jubilados/as. En función de ello, y tomando en consideración las enormes ganancias de los/as dueños/as de las AFP, afirma que el Sistema de Capitalización Individual nunca tuvo como fin otorgar pensiones, sino que expropiar y confiscar los recursos previsionales de los/as trabajadores/as para conformar una fuente de recursos disponible para el desarrollo del mercado de capitales y para grandes grupos económicos. En consecuencia, desde la dictadura hasta la actualidad, el Estado ha protegido los beneficios de una minoría a costa de todos/as los/as trabajadores/as de Chile. Aquí entonces radican para la Coordinadora las imposibilidades de cambiar el sistema, pues lo manejan los “dueños de todo”, cuyo poder permite invalidar sus propuestas, en articulación con los medios de comunicación, de los cuales también son dueños, y de la clase política. A su vez, señalan, la propia Constitución del país imposibilita cambios al sistema, cuestión que es una herencia de la dictadura para garantizar la reproducción del neoliberalismo en el país. En definitiva, la invisibilización por parte de la clase política de la propuesta de la Coordinadora y las negativas a transformar el sistema, tendrían que ver más con defender un poder económico concentrado que con defender un mecanismo que sería el único camino para asegurar pensiones dignas, manteniendo la sostenibilidad del sistema previsional, el equilibrio fiscal y la economía del país.

En el caso del Frente, para sus militantes, la concepción de persona mayor como abuelo/a, pobre o pasivo/a se articula con el tipo de políticas que el gobierno diseña para el sector y que apuntan a “protegerlo” y “entretenerlo”, pero no a potenciar su constitución como sujeto político. Esta cuestión sería funcional a los intereses económicos que los gobiernos neoliberales tienen sobre los ahorros previsionales, como una gran fuente de acumulación de capital de la cual pueden echar mano para incrementar sus riquezas. Pues, usar estos recursos no sería posible si los 4 millones de argentinos/as que representan el sector de personas mayores fueran considerados como personas activas, políticas, capaces de luchar por sus derechos y defender sus intereses. En este sentido, la concepción hegemónica de las personas mayores neutraliza la lucha por no ser desposeídos de los ahorros previsionales, y es funcional a las reformas previsionales que los perjudican y que terminan, para el Frente, beneficiando a una elite económica de la sociedad.

Vemos también que las luchas epistemológicas de estos movimientos no se reducen a las problemáticas previsionales, sino que también plantean cuestiones políticas y ontológicas, como la redefinición de las formas de participación e injerencia en las políticas públicas, y la reconceptualización del ser persona mayor, que son fundamentales para luchar no sólo contra tal o cual reforma previsional, sino que contra un sistema más global, el neoliberal, que merma las condiciones de vida de las personas en general. Y en efecto, en ambos casos, se plantean las cuestiones previsionales como parte de un proyecto mayor signado por el modelo neoliberal. En el caso de la Coordinadora, valga mencionar, esta visión más ampliada de la lucha llegó a concretarse en la participación del movimiento en la construcción de Unidad Social, donde explícitamente comienza a construirse un proyecto político con otra visión de sociedad, como contracara de la sociedad propuesta por el neoliberalismo, donde primen la solidaridad y la fraternidad por sobre el individualismo, y donde los derechos humanos y las libertades sean realmente garantizados para todos/as los habitantes de Chile, y donde haya una sociedad más justa e igualitaria.

Por su parte, el FPM, ve en la reforma previsional el “mascarón de proa” de una serie de reformas con las cuales el gobierno “buscaría ir por todo”, en el contexto de la implementación de un proyecto político, el neoliberal. En este marco, para el Frente era fundamental no dar luchas aisladas ni sectoriales, es decir, luchar sólo por la reforma previsional, sino que debían involucrarse en otras luchas y con otros sectores de la protección social y del trabajo que estaban siendo afectados por las políticas del gobierno. De este modo, se quiere reinstaurar un proyecto nacional y popular, un modelo de país donde entren todos/as, para lo cual es fundamental la unión de las luchas sectoriales.

Habiendo recorrido los principales hallazgos analizados a lo largo de esta tesis, en el próximo apartado presentamos algunas reflexiones a partir de los mismos, sobre la base de algunas premisas de la perspectiva decolonial y su crítica al neoliberalismo y su relación con los movimientos sociales de resistencia. Junto con ello, describimos los desafíos y aperturas hacia nuevas temáticas de estudio que nos gustaría desarrollar a futuro en base a los resultados de investigación aquí desarrollados.

Síntesis y aperturas a nuevas temáticas de investigación

A lo largo de esta investigación, hemos podido ver cómo junto a las luchas materiales y simbólicas que lidian la Coordinadora y el FPM, se dan luchas epistemológicas en orden a disputar los conocimientos y formas de construirlos a la base de reformas previsionales neoliberales que les son impuestas desde la lógica modernidad/colonialidad. Lógica que, a su vez, estos movimientos están dispuestos a desmantelar a partir de “mundos y conocimientos de otro modo”, como decía Arturo Escobar. Entendiendo este “otro modo” como la demostración de que ante la perspectiva epistemológica que afirma que hay sólo un único saber para alcanzar el bienestar de las personas mayores, estas organizaciones muestran que es posible alcanzar este objetivo a partir de saberes otros, diferentes a los supuestamente superiores y que, a su vez, a partir de dicha posibilidad se puede visibilizar que los saberes hegemónicos no buscan el bienestar universal, sino que el de una minoría.

En este sentido, ambos movimientos utilizan saberes y construyen nuevos para disputar un modelo previsional que se impone desde la colonialidad del saber, ejerciendo violencia epistémica sobre los conocimientos que pueden tensionar su hegemonía. De este modo, vimos a lo largo de esta investigación cómo el impulso de las reformas previsionales neoliberales en ambos países se hizo negando y/o deslegitimando, primero, la experiencia de sistemas previsionales previos asociados al antiguo sistema de reparto, en el caso de Chile, o a las políticas previsionales impulsadas por el kirchnerismo, en el caso de Argentina. La catalogación de inviables o asociadas a la corrupción, respectivamente, permitió fundamentar en el período analizado, que los proyectos previsionales de los gobiernos de Piñera y Macri eran el único camino para solucionar las problemáticas de las jubilaciones de las personas mayores. A su vez, estigmatizaron las resistencias y los saberes alternativos para alcanzar estos objetivos, asociándolos a grupos antidialógicos, antidemocráticos y violentos. Estas aseveraciones, valga mencionar, nos llaman profundamente la atención y nos presentan una nueva contradicción en la que caen los defensores de estas reformas, pues, precisamente, las propuestas de la Coordinadora y del Frente de Personas Mayores, como hemos visto, apuntaban a ampliar la democracia y los espacios de diálogo, en cuanto demandaban la inclusión vinculante de trabajador/as, la ciudadanía y de las personas mayores en los procesos de formulación de las políticas públicas. Sobre todo, en contextos donde pareciera primar el beneficio hacia grupos económicos y políticos, y no de quienes se ven involucrados directamente por las decisiones de política que el ejecutivo y el parlamento toman.

Frente a esta diferencia colonial y violencia epistémica pudimos identificar “saberes otros”, es decir, conocimientos y formas de construirlos que tienen la Coordinadora y el FPM, que resisten, se renuevan o emergen nuevos con y contra el saber hegemónico y superior que se impone desde la lógica moderno/colonial del saber, negándolos, deslegitimándolos e invisibilizándolos.

En este sentido, observamos, como decía Arturo Escobar, como la implementación de diseños globales de la modernidad, en nuestro caso, de reformas previsionales inscritas en el neoliberalismo como proyecto civilizatorio, se da en paralelo al surgimiento de conocimientos e identidades subalternas en las grietas del sistema moderno/colonial. De este modo, como decía Quijano, la universalización de la civilización capitalista, en nuestro caso, la universalización del proyecto civilizatorio neoliberal que incluye las cuestiones previsionales es la otra cara de la irrupción de la diversidad y heterogeneidad de las experiencias culturales que existen en el mundo, en nuestro caso de estudio, de la proliferación de las resistencias a estos proyectos y sus opciones epistemológicas. De hecho, no olvidemos que para J. Piñera el SCI individual sería una barrera infranqueable contra el comunismo y la politización de la vida social.

Estos saberes “otros” también los consideramos un pensamiento de frontera, pues las conceptualizaciones usadas por estas organizaciones no están fuera del pensamiento único, como éste pretende destinarlo, sino que están en los límites de un pensamiento que lo describe y determina desde un adentro totalizante y totalitario. Totalizante, pues deslegitima estos saberes otros, en cuanto contrarios a una supuesta forma más avanzada y normal de la sociedad y de la experiencia humana, y totalitaria, en cuanto a partir de la figura del ser actuante, deseante de bienes reales y libre, como los principios a-priori y universales de la acción humana, se establece la diferencia colonial que determina qué saberes son legítimos o no para entrar al debate sobre las pensiones.

En este sentido, la propuesta técnica de la Coordinadora, la concepción de personas mayores como sujetos políticos y las propuestas de construcción de saber alternativas que proponen ambos movimientos, dentro de la lógica modernidad/colonialidad representan, como decía Mignolo, el rumor de los desheredados de la modernidad, de los que son identificados por los gobiernos como los que “no entienden que no se puede partir de cero” o que la construcción del futuro no puede ser “magia” o un “milagro” o que depende de un Estado que “nos someta a todos”. Y a su vez, son aquellos que cuestionan la falacia de estos argumentos y desocultan las consecuencias de la naturalización del pensamiento único: el Sistema de Capitalización Individual nunca fue pensado para otorgar pensiones, sino que para constituirse en una fuente de capital para el empresariado. Y la concepción hegemónica de las personas mayores, como pasivos/as, abuelos/as y pobres, es funcional a quienes quieren echar mano de los ahorros previsionales para su beneficio económico, y para ello requieren que no haya un sector que activamente defienda estos recursos.

A su vez, estos saberes “otros”, en cuanto viven en los intersticios de la diferencia colonial y la violencia epistémica, son formas críticas de pensamiento analítico escritos desde la experiencia de la colonialidad, y no desde la modernidad, lugar desde el cual son discutidas y diseñadas las políticas y reformas previsionales. En este sentido, los saberes de la Coordinadora y el Frente se relacionan con las experiencias de resistencia a modelos previsionales que, contrariamente a sus promesas, empeoran las condiciones de vida de las personas mayores, cuestiones que estos movimientos quieren visibilizar y denunciar como aquello que se silencia con los fundamentos hegemónicos de las reformas. En este sentido, es que, por un lado, la Coordinadora lucha por visibilizar los elementos que demuestran el fracaso del SCI y su articulación con las alianzas del poder; y el Frente, por su parte, por ver cómo afectaron las políticas neoliberales del macrismo las condiciones de vida de las personas mayores, y cómo sus demandas e intereses son invisibilizados para beneficiar a los poderes económicos del país.

Estas cuestiones no significan para quien escribe, que estos saberes son mejores o superiores, sino que se constituyen como alternativas a los conocimientos concebidos como únicos y verdaderos para alcanzar el bienestar de las personas mayores jubiladas, en un contexto de continuo empeoramiento de sus condiciones de vida. A su vez, estos saberes de la Coordinadora y del Frente nos permite reflexionar y pensar en un giro en los argumentos de los defensores de las reformas previsionales neoliberales que sería fundamental para disputar la hegemonía de estos últimos.

En efecto, tanto los gobiernos de Piñera como Macri, al proponer sus reformas previsionales, expresan su preocupación por generar acciones que respeten a “nuestros abuelos” o a “nuestros adultos mayores”, a partir de políticas que les posibiliten una mejor integración a la sociedad y que respete sus derechos. Sin embargo, y en la práctica, a la hora de hablar de las jubilaciones y de cómo a partir de ellas las personas mayores pueden integrarse a la sociedad y mantener su estatus, estas cuestiones parecieran estar asociadas únicamente a la figura del ser actuante, deseante de bienes reales y libre del neoliberalismo, considerándose el salario diferido, no como un derecho, sino una recompensa al trabajo y al esfuerzo, siempre dentro del marco de un mercado laboral formal, y privado en el caso de Argentina, que permite cotizar lo suficiente cuantitativa y cualitativamente para alcanzar mejores pensiones. Y, de hecho, no es casual que, en ambos gobiernos, las propuestas previsionales incluyan la extensión de la vida laboral de las personas en edad de jubilar. Esta aseveración sobre los supuestos en los que debe descansar el acceso a una jubilación carece de lo que precisamente su carácter a-priori, universal y científico permite: analizar a los individuos aislados de su contexto social, y describirlo en función a unas supuestas leyes de la naturaleza humana que lo determinan y lo hacen responsable de su destino.

El giro de esta visión estaría precisamente en que, como hemos visto largamente acá, la Coordinadora y el Frente van mostrando cómo la jubilación no puede depender sólo del trabajo, y menos de las condiciones en que éste se da, sobre todo en el contexto de nuestras sociedades latinoamericanas que se caracterizan por altos niveles de flexibilización y precarización laboral. Es por ello, que, en ambos casos, estos movimientos plantean las cuestiones de la jubilación y la seguridad y protección social como un derecho universal, y como tal, las pensiones no pueden estar condicionadas al “esfuerzo individual”, sino que deben estar garantizadas para obtener una vida ordenada, digna y feliz, donde haya una continuidad de ingresos y donde las necesidades básicas puedan ser satisfechas.

En ninguno de las propuestas de estos movimientos, como dijimos, se pretende que el trabajo y el ahorro individual no sea un eje fundamental para prevenir los riesgos de caer en la pobreza o quedarse sin ingresos al momento de jubilar, pero creemos, que lo que se postula es que los sistemas previsionales no pueden operar y reproducirse en función del mecanismo que despliega la capacidad de ahorro de los/as trabajadores o en la sola capacidad de ahorro de los/as trabajadores/as, sino que éste tiene que ser uno de los medios que, entre otros, posibiliten alcanzar una jubilación digna y suficiente. Es aquí donde identificamos un giro en los términos de la discusión sobre las pensiones, posibilitada por los saberes que emergen de ambos movimientos.

De este modo, desde la perspectiva decolonial y de la colonialidad del saber hemos podido llevar a cabo un análisis de los saberes de la Coordinadora y el Frente de Personas Mayores en relación a la forma moderno/colonial con que las reformas previsionales neoliberales fueron impuestos. Y en ese orden de ideas, pudimos ver cómo los mismos resisten, actúan y desafían la diferencia colonial y la violencia epistémica que intenta invisibilizar las propuestas previsionales alternativas a las consideradas como el único camino para el bienestar universal de las personas mayores.

A su vez, identificar y analizar estos saberes nos permite destacar la capacidad productiva de los movimientos sociales, en este caso de la Coordinadora y el FPM, para discutir, disputar y proponer demandas y políticas públicas. En este sentido, hemos hecho un esfuerzo por visibilizar los conocimientos utilizados y producidos por ambas organizaciones en sus propios marcos interpretativos y contextos, y sus formas de cuestionamiento a las estructuras hegemónicas moderno/coloniales. Este esfuerzo, como mencionamos en la Introducción de esta tesis, ha tenido como objetivo, no el develamiento pintoresco de los conocimientos producidos por la Coordinadora y el Frente, sino que batallar por su reconocimiento como saberes legítimos y aportes significativos “para problemáticas que la academia y los gobiernos, durante años, no han podido resolver”. Y este es justamente el caso de los sistemas de jubilación, que siguen teniendo, y lo tendrán en el futuro, dificultades para evitar el riesgo de vulnerabilidad en la vejez, problemática que, con la evolución demográfica hacia el envejecimiento de la población, empezará a ser cada vez mayor. En consecuencia, los procesos de emergencia, resistencia y acción de estos movimientos y los saberes que ahí se conjugan tienen un enorme potencial para aportar a la implementación y construcción de un sistema previsional que pueda dar respuesta al deterioro actual de las pensiones y el futuro incierto de éstas.

Por último, y siguiendo las recomendaciones de Flórez Flórez para un análisis decolonial de los movimientos sociales, creemos que la mirada sobre los saberes nos ha permitido desplazarnos de las preguntas por si estos movimientos son capaces de transformar la realidad, es decir, son capaces de transformar el sistema previsional o asegurar su sustentabilidad, son o no críticos de las propuestas que disputan, o si acaso tienen propuestas, para analizar cómo han resistido y subvertido la implementación del neoliberalismo tal y como éste se ha instalado en las sociedades chilena y argentina.

A partir de estos hallazgos, consideramos se abren nuevas aristas para seguir analizando, desde la perspectiva decolonial. En primer lugar, sería interesante profundizar en los antecedentes históricos y epistemológicos de ambas organizaciones, en cuanto los movimientos, y sus saberes, que precedieron la conformación de la Coordinadora y del Frente de Personas Mayores, no han sido abordados suficientemente por la literaria ni por esta investigación. A su vez, y como ha sido la lógica de esta investigación, resulta relevante analizar cómo se dio la relación de estas organizaciones previas con las reformas previsionales respectivas, desde la perspectiva decolonial y de la colonialidad del saber.

Por otra parte, sería interesante continuar analizando que ocurrió con ambos movimientos y sus disputas epistemológicas después del periodo de análisis que escogimos en esta investigación y que representa un cambio de contexto histórico interesante para indagar: en el caso de Chile, la Coordinadora tuvo que desenvolverse en medio de una crisis social y política sin precedentes, de alta movilización social y en un proceso de formulación de una nueva Constitución con participación directa de la ciudadanía. Por su parte, el Frente de Personas Mayores también comienza a desenvolverse en un contexto político con un cambio de dirigencia presidencial, cuya postura ideológica-política es afín al proyecto nacional y popular que guía sus luchas, y por el cual votaron y con el cual se comprometieron. Y sin duda, resulta fundamental poder analizar el devenir de estos movimientos en el contexto de la pandemia por COVID-2019 que provocó una emergencia sanitaria a nivel mundial, con sus consecuencias a nivel social, económico y político.

También nos parece fundamental profundizar, en cuanto ambos movimientos en el pasado y en el presente post cierre de campo de esta investigación, se relacionaron con gobiernos de tendencias políticas no neoliberales, en cómo se dio esta disputa de saberes y en qué medida, la lógica moderno/colonialidad estuvo ausente, o no, en el impulso e implementación de políticas previsionales. Esto implica abrirnos también, teóricamente, a las indagaciones de la perspectiva decolonial y su crítica a los gobiernos progresistas o de izquierda presentes en América Latina.

Otra cuestión interesante a realizar en el futuro es pensar en la co-construcción de conocimientos entre la academia y los movimientos que aquí analizamos, y, como señalaba Flórez Flórez, “construir con los propios movimientos los criterios para comprender los alcances y límites de sus iniciativas de transformación”. Si bien esta es una propuesta del pensamiento decolonial, no lo hicimos en esta investigación y sería un desafío poder reconstruir sus historias y saberes con producciones conjuntas. Aunque sí, vale la pena mencionar, tuvimos la oportunidad de invitar a participar a integrantes de ambos movimientos en instancias académicas de difusión dentro de la Flacso Argentina.

También nos es atractivo estudiar en el futuro la relación entre movimientos sociales y reformas previsionales en otros países de América Latina, de modo tal de revisar otras experiencias de política pública y de relación Estado-Sociedad, y cómo estas fueron decantadas o no para asegurar una protección para la vejez.

Por último, cualquier investigación posterior, nos parece relevante que siga el camino de analizar la conflictividad social desde la lógica modernidad/colonialidad, en cuanto la misma nos permite poner en relación las luchas populares con los intereses de las elites y los poderes concentrados, cuyos intereses son defendidos y protegidos por los/as representantes políticos de turno, y cuya forma de reproducción los movimientos sociales intentan develar. A su vez, sería interesante complementar estas teorías con otras perspectivas críticas latinoamericanas o de otras partes del mundo, que pudieran abrir nuevos nodos de discusión y problematización de la realidad social.



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