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2 Metodología, marco teórico
y estado del arte

2.1 Fundamentos teóricos y metodológicos para la medición de la tasa de explotación desde el marxismo cuantitativo[1]

2.1.1 Perspectivas

La relación entre la lógica formal y la dialéctica era análoga
a la de las matemáticas elementales y el cálculo.

León Trotsky (1942, En defensa del marxismo)

La economía marxista –que según los dichos de Dunne (1991a: 1) ha sido la única voz disidente en la descripción de la economía capitalista mundial durante su era dorada– presenta condiciones y herramientas conceptuales suficientes para describir las relaciones económicas y sus vaivenes.

En este sentido, el presente trabajo constituye una parte significativa de un verdadero megaproyecto[2] de cálculo de la tasa de plusvalía, el cual parte esencialmente de las cuentas nacionales del mundo capitalista en el período 1973-2012. A su vez, tal proyecto permitirá definir subproductos, tanto regionales como nacionales o concentrarnos sobre cualquier otro recorte geográfico o temporal, aun los más antojadizos. A partir de la tesi que ha sido la base de este texto y sobre la base de la misma propuesta metodológica, se proyecta montar en el Centro de Estudios de Marxismo Cuantitativo (FCE-UBA) un observatorio mundial de los niveles de explotación y de su evolución futura.

Este trabajo se encuadra en un conjunto de definiciones teóricas que se apoyan en la teoría laboral del valor de Marx (1962), reconociendo como antecedentes fundamentales las tesis de David Ricardo (1985) –quien planteará como objeto central de la economía política a la distribución del producto entre las distintas clases sociales– e incorpora aportes posteriores, a partir de los cuales se procederá a la deconstrucción de los datos disponibles.

2.1.2 Análisis del dato y su estructura desde una perspectiva dialéctica[3]

Por Dios entiendo el Ente absolutamente infinito, es decir, una sustancia que consta de infinitos atributos cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita… La sustancia absolutamente infinita es indivisible. En efecto, si fuera divisible, la partes en que se dividiría, retendrían o no la naturaleza de la sustancia absolutamente infinita. Si se admitiera lo primero, se darían, en consecuencia, varias sustancias de la misma naturaleza, lo que es absurdo. Si se admitiera lo segundo, la sustancia absolutamente infinita podría, pues (como señalamos antes), dejar de ser, lo que también es absurdo. De esto se sigue que ninguna sustancia, ni, por consiguiente, ninguna sustancia corpórea, en cuanto sustancia, es divisible. Que la sustancia sea divisible se entiende aún más sencillamente por el solo hecho de que la naturaleza de la sustancia no puede concebirse sino como infinita y de que por parte de una
sustancia no puede entenderse otra cosa que una sustancia finita, 
lo que implica manifiesta contradicción.

                           Benedict Spinoza (1661,  
Ética demostrada según el orden geométrico)

Los guarismos de las cuentas nacionales presentan numerosos problemas para este análisis en la medida en que se construyen siguiendo los lineamientos metodológicos derivados la perspectiva neoclásico-keynesiana y, por ende, resulta dificultoso adaptar las series existentes a nuestras necesidades. Para solventar estas dificultades, se procura aquí conciliar las necesidades teóricas con la disponibilidad actual de información estadística asumiendo una perspectiva metodológica derivada de la dialéctica de Marx, pero también de otros aportes más recientes, con el fin de conciliar las necesidades teóricas con la disponibilidad actual de información estadística. Problema al cual ya se habían enfrentado Shaikh y Tonak. (Kornhblitt: 2006:20)

Adaptar las series existentes a los objetivos de esta investigación –esto es, trabajar con datos secundarios, producidos en función de objetivos que no son los de la presente investigación– requiere tomar al dato en sí mismo como primer objeto de análisis. Pero, contra cualquier concepción simplista, no puede entenderse al dato como manifestación directa e inmediata de una realidad social y de sus atributos. La transformación de las experiencias sensibles en objeto científico ofrece como resultado datos, unidades elementales de información que posibilitan la reelaboración en términos conceptuales, teóricamente significativos, de esas experiencias. Es que los datos constituyen un esquema de aprehensión de la realidad: recortan las percepciones inmediatas, por lo que así reducen, por una parte, la multiplicidad y la heterogeneidad del mundo perceptible; pero, a la vez, enriquecen esa percepción, mediada ahora por los conceptos, al concentrarla en aspectos de la realidad que son relevantes en el marco de este modelo. Entenderlos como entidades predefinidas que puedan ser simplemente recolectadas o que estén definitivamente cerradas implica una recaída en la inmediatez del resultado que desconoce su historia formativa, el proceso por el cual los investigadores articulan un contenido empírico con otro de tipo teórico, conceptual, por medio de una praxis específica.

Se propone un análisis crítico de los datos oficiales que permita su deconstrucción y reconstrucción en clave marxista, a la vez que también permita describir la evolución cuantitativa de cada variable mediante una modelización matemática aplicada, siguiendo a Brody (1974) y Bettelheim (1973).

Con mucha frecuencia, la literatura metodológica de las ciencias sociales –incluida en muchos casos la economía– concibe a la matriz de datos como una estructura de tres partes (Galtung, 1966; Boudon y Lazarsfeld, 1973): unidades de análisis, variables y valores. Su función suele limitarse a la comparación entre unidades de análisis, posibilitando el cálculo de medidas de relación, de resumen, de tendencia central, de dispersión. Samaja (1999) agrega la figura del indicador como parte inseparable del dato mismo.

Definir el indicador como un componente estructural del dato antes que como un atributo de las variables o un tipo especial de variable que por sí misma daría cuenta de una realidad –tales son las definiciones corrientes– implica asumir una perspectiva crítica. Ya no cabe hablar de indicadores, variables indicadoras o variables proxi [4] como un tipo particular y especial de variables o de datos que permitirían aproximarse a los parámetros. En la teoría dialéctica del dato formulada por Samaja, los indicadores forman parte, junto con las unidades de análisis, las variables y los valores, de la estructura invariante del dato científico. Todo dato, entonces, contiene en su estructura como determinación básica y fundamental, al indicador.

A su vez, el indicador así concebido es también una estructura compleja que involucra dos elementos en relación: por una parte, la dimensión o las dimensiones de la variable en cuestión –esto es, los aspectos concretos, particulares, empíricamente aprehensibles que, en su conjunto, dan cuenta del contenido conceptual de la variable–; por otra parte, el indicador contiene en su estructura al procedimiento o procedimientos –que los investigadores desarrollan sobre las dimensiones empíricas de la variable–, las prácticas conceptualmente orientadas para aprehender ese contenido conceptual. Toda variable –en la medida en que requiere unos criterios de aprehensión empírica, de medición, basados en la teoría– requiere del indicador como mediador práctico entre el contenido conceptual y un estado de cosas del mundo empírico[5].

Desde una perspectiva dialéctica (basada en Brauer, 1981), la teoría del dato hace explícitas las mediaciones entre el momento teórico, universal, abstracto de las elaboraciones científicas –esto es, las variables como conceptos definidos desde una perspectiva teórica y unos modelos conceptuales específicos– y el momento empírico, particular, concreto de las operaciones en el que se aplican sobre las dimensiones como procedimientos específicos que operacionalizan el contenido conceptual de la variable. Así, es posible reconstruir la génesis del dato redefiniendo su sentido en la investigación científica desde una interpretación más amplia y abarcadora.

En toda investigación, los datos describen al objeto de estudio en diferentes niveles analíticos interrelacionados que conforman un sistema de matrices. En su forma más simple, el sistema puede pensarse en tres niveles: supraunitario[6]; anclaje[7];subunitario[8].

Así los datos concebidos como sistemas de matrices, que abarcan desde los contextos generales y particulares, hasta los elementos singulares, los datos integran en su propia estructura la multiplicidad e interdependencia de niveles de integración lógicos y ontológicos de todo objeto de estudio.

Con estos postulados de Samaja (1999), para el cálculo de la tasa de explotación se presenta el mencionado problema de que las metodologías actuales de construcción de cuentas nacionales se basan, como se dijo, en la matriz neoclásico-keynesiana y, por ende, resulta dificultoso adaptar las series existentes a las necesidades del mencionado cálculo. Es necesario analizar las prescripciones metodológicas originales de los textos de Marx, pero también otros aportes más recientes con el fin de conciliar las necesidades teóricas con la disponibilidad actual de información estadística.

2.1.3 Insumos y aproximación desde el marxismo cuantitativo

Sin embargo, examinemos más detenidamente el desarrollo de la industria inglesa y comencemos por una rama principal: la industria del algodón. De 1771 a 1775, se importaba por término medio menos de 5 millones de libras de algodón por año; en 1841,
528 millones, y la importación de 1844 llegó por lo menos
a 600 millones. En 1834, Inglaterra exportó 556 millones de yardas
de tejidos de algodón, 761/2 millones de libras de hilo de algodón,
y artículos de géneros de punto de algodón
por un valor de 1.200.000 libras esterlinas.

Friedrich Engels (1845,
La situación de la clase obrera en Inglaterra)

Como se mencionó, la fuente de datos de esta investigación consiste en la deconstrucción de las series de cuentas nacionales. Las definiciones en las que se basan esos datos originales, que responden a la síntesis neoclásico-keynesiana, deben considerarse en su estructura conceptual para evaluar en qué medida sus dimensiones empíricas pueden ser válidas para dimensionar los niveles de explotación-confiscación del trabajo, es decir, para realizar una medición empírica de la creación y distribución del valor en el mundo capitalista contemporáneo. Así podrá realizarse una transducción del contenido teórico a la teoría laboral del valor.

Quizá la mayor limitación para la contratación de nuestra hipótesis resida en la posible falta de o la inaccesibilidad a datos válidos. En esos casos, se construyeron/estimaron datos alternativos que permitieron acercamos de alguna manera –tal vez no la ideal, pero no por ello inválida– a los cálculos requeridos. No se descarta, por otro lado, que ante la inexistencia de ciertos datos, las medidas en cuestión puedan estimarse o reconstruirse con el auxilio de la matemática aplicada y diversos modelos estadísticos, reduciendo el sesgo y su amplitud. Las estimaciones realizadas en todos los casos minimizan el error final de cálculo derivado de la falta de dicho dato.

Para esto se requiere analizar los datos disponibles hasta alcanzar sus componentes elementales, para así poder evaluar su compatibilidad con las categorías marxistas. Dentro de la economía marxista en general ‒y del marxismo cuantitativo en particular‒ existen debates sobre la pertinencia de usar los datos existentes para debatir en términos cuantitativos con la perspectiva dominante del mainstream económico.

Dentro de este avivamiento, había una línea que se proclamó anticuantitativa con gran vigor, en términos tanto de la materia como de la metodología. Esto dio lugar a una tendencia para que los economistas marxistas desarrollaran una actitud que mirase hacia dentro, haciendo caso omiso de la evolución de la ortodoxia, aunque hubo algunas críticas teóricas influyentes a la economía ortodoxa y análisis empíricos sobre los fracasos en el boom de la posguerra (…). Las herramientas y los datos de análisis ortodoxo se consideraron carentes de valor o interés, ya que muchos marxistas argumentaron que tratar de capturar la dinámica de la acumulación de capital con análisis estadísticos y los datos disponibles era inútil (…). Creemos que tales ideas anticuantitativas están fuera de lugar y, de hecho, han sido perjudiciales para el desarrollo de la economía marxista al limitar su contribución al debate sobre la política y la izquierda en general. La oferta creciente de técnicas de investigación empírica debe ser vista como una oportunidad, más que como algo a ignorar. Pueden ser utilizadas para atacar a la ortodoxia de una manera positiva en la presentación de alternativas, influenciando a los estudiantes y académicos que sólo conocen la ortodoxia, pero que están descontentos con sus fracasos para explicar más fenómenos económicos. (Dunne, 1991a: 2-3).[9]

Con frecuencia se señala que existiría una gran dificultad tanto para cuantificar los fenómenos, como para operacionalizarlos desde la perspectiva marxista. Pero Dunne (1991a: 7) plantea, basándose en Friedman, que las dificultades afrontadas por la teoría marxista no son mayores que las de cualquier otra teoría. Esta afirmación se refuerza cuando se comprende, como plantea Samaja (1999), que el dato es una estructura invariante presente en toda investigación científica, que implica en todos los casos una mediación entre conceptos y realidades concretas dada por las prácticas de los investigadores y orientadas por sus modelos teóricos. En toda investigación se desarrolla una transducción entre las experiencias empíricas y las elaboraciones teóricas que implica –en mayor o menor grado– ajustar los conceptos a las realidades.

En el caso de la economía política y de los problemas relacionados con la producción, circulación, distribución y consumo de la riqueza, plantear formulaciones de alcance universal basadas en evidencia empírica que abarquen la totalidad de los encadenamientos de procesos concretos que están en la base de las relaciones sociales es, sin dudas, un desafío complejo. El marxismo ha sido, en este sentido, quizá ‒como mencionó Dunne (1991a:3)‒ la perspectiva que más ha aportado al desarrollo del pensamiento económico a partir de la crítica amplia e interdisciplinaria de la economía política burguesa, de las filosofías idealista y materialista, así como del pensamiento social europeo del Siglo XIX. Pero por las mismas causas, ya no resulta posible en la actualidad desconocer los enormes desarrollos realizados desde las perspectivas no marxistas para abarcar las mismas problemáticas, aun cuando esos desarrollos hayan procurado eludir la centralidad del conflicto y de las asimetrías sociales en las relaciones capitalistas. (Coremberg 2015)

En relación con esto, consideramos que de aplicarse la navaja de Ockham[10] sobre el mainstream económico: los excedentes conceptuales podrían dar cuenta de la magnitud de las dificultades metodológicas con las que se suele lidiar al denegar la centralidad del conflicto, dejando en evidencia la proliferación de conceptos innecesarios, como los factores de producción, la iniciativa emprendedora del empresariado, el riesgo, la innovación, el equilibrio general, la utilidad y la desutilidad marginal, etcétera. Ninguno de estos constructos conceptuales alcanza, sin embargo, para comprender las tensiones fundamentales que intervienen en la propia génesis del valor. Y, en este sentido, la parsimonia de esta propuesta de investigación –que se concentra en una variable central: la tasa de plusvalía– es un elemento que fortalece su validez interna y externa como método para conocer la dinámica de las relaciones sociales a partir de la evidencia empírica sistematizada.

Para lograr, entonces, una aproximación a la estructura social y su evolución en el mediano plazo que permita dar cuenta de la explotación del trabajo en el conjunto del mundo capitalista, se calcula la tasa de plusvalía –que puede considerarse un indicador de los niveles de explotación– agregada, con datos regionalizados de las cuentas nacionales de por lo menos el 85%[11] del PBI de nuestro universo, atentos a los cambios en las participaciones relativas en el PBI capitalista global ponderándolos. La delimitación temporal abarcará el período 1973-2012. Este recorte responde, en principio, a motivos metodológicos y prácticos, referidos a la disponibilidad de datos para la más de media centena [12] de países necesarios. No obstante, se logró ampliar las series para abarcar completamente el ciclo definido entre el estallido de la crisis del petróleo en 1973 y las crisis que anticiparon a la aún no resuelta y más profunda iniciada en 2007-2008, con sus fluctuaciones intermedias.

En cuanto a los ámbitos nacionales que se consideran como parte del mundo capitalista, la definición incluye a aquellas economías donde: el mercado es el que asigna universal mente de manera predominante; los procesos productivos singulares se organizan en función del poder disciplinario de cada capitalista, que se orienta a maximizar su ganancia, pero cuya organización se da de modo anárquico en la competencia entre capitales; y el excedente es apropiado fundamentalmente en forma privada. El mundo capitalista sería aquel en el que el sistema de producción y organización de la sociedad está atravesado por la propiedad privada de los medios de producción. Se trata de un sistema de mercado donde los propietarios de esos medios y bienes utilizables para la producción y los propietarios de la fuerza de trabajo se enfrenten como poseedores de mercancías en una relación de supuesta igualdad. Una libertad que ‒como señala Marx‒ tiene dos sentidos: es libre de relaciones de subordinación formal y legal a cualquier señor y, por lo tanto, se está en condiciones de ofrecer y utilizar su fuerza de trabajo a voluntad; pero también es libre en tanto que está despojado de los medios para la utilizar su fuerza de trabajo y obtener por sí mismo sus medios de subsistencia.

Como se ha indicado, con los datos integrados y redefinidos en función de los conceptos marxistas será posible como próximo paso: 1) presentar una aproximación cuantitativa al nivel de explotación-confiscación del trabajo para el período; 2) relacionar esa dimensión cuantitativa con los procesos políticos; 3) proponer una interpretación en perspectiva histórica que apunte a las tensiones entre grupos sociales, a la dinámica de la lucha de clases, substrato fundamental de los procesos económicos y políticos. En el caso del primer punto, será cumplido plenamente en este trabajo, mientras que los puntos segundo y tercero se abarcarán en forma exploratoria, dejando abierta la posibilidad de ser abordados desde esta perspectiva en el futuro.

Este encuadre requerirá abordar la historia en sus diferentes niveles –local, nacional, regional y mundial– desde diferentes ópticas. Crisis económicas a diferente escala, guerras, revoluciones, golpes de Estado, grandes huelgas ‒entre otros aspectos‒ deberán considerarse según correspondan como causas o efectos de los cambios cuantitativos. Muchos de estos aspectos, pertenecientes al gran proyecto de investigación, excederán al alcance de este texto, especialmente en su análisis intensivo.

Donde las cuentas nacionales muestran una distribución del ingreso funcional, por factores, la teoría laboral del valor debe poder reconstruir los datos para dar cuenta de los niveles de explotación.

Si bien, en principio, no hay ninguna razón por la cual no podrían obtenerse cuentas nacionales marxistas, los grandes costos y los recursos necesarios para la construcción directa de medidas estadísticas a partir de categorías marxistas para países capitalistas no es una posibilidad práctica. Así, el énfasis de los marxistas que investigan en este campo está puesto más en adaptar los datos ortodoxos que representen categorías marxistas (…).

Aunque lo ideal sería contar con los recursos para recopilar y procesar los datos relacionados con las categorías marxistas directamente, esto no es posible. Lo mejor que se puede hacer es tratar de trabajar con los datos disponibles, procurando obtener medidas consistentes. (Dunne 1991a: 8, 19).

2.2 Antecedentes

Yo le conté aquí a Moore una historia, con la cual privatim‘ he cargado largo tiempo. Pero él piensa que el problema es irresoluble o, al menos, protempore irresoluble, a causa de muchos factores de los cuales gran parte aún debe ser descubiertos, referentes a esta cuestión. La cuestión consiste en lo siguiente: tú conoces las tablas en las que están presentados los precios, los porcientos de descuentos, etc., en el movimiento a lo largo del año, etc., en forma de líneas ascendentes y descendentes. Yo repetidamente he tratado –para el análisis de la crisis– de computar esos up and downs como curvas irregulares, pensé (y aún pienso, que con un material suficientemente verificado esto es posible) extraer matemáticamente de esto las principales leyes de la crisis. Moore, como ya dije, considera la tarea por ahora imposible de ejecutar,
y yo decidí hasta cierto tiempo desistir de ella.

Karl Marx (1881, Manuscritos matemáticos)

Este trabajo, como ya se ha mencionado, se enmarca en la relativamente joven y difusa posición teórica del marxismo cuantitativo[13]. Se trata así comprender cierta fenomenología socioeconómica propia de la sociedad capitalista en la que vivimos desde este corpus.

Existen antecedentes recientes de mediciones, intentos de medición o reivindicaciones de mediciones de categorías propiamente marxistas. Los trabajos de Dunne (1991) y Shaikh (2006) quizá sean los ejemplos más reconocidos, junto con los de los italianos Betti y Gattei (2004a, 2004b), así como los de Guerrero Jiménez (2006) e Iñigo Carrera (2007) en el mundo de habla hispana. Esta lista podría incluir decenas de títulos. Entre los más relevantes cabe mencionar, siguiendo una clasificación similar a la de Dunne (1991), los siguientes trabajos:

a) Los análisis histórico-institucionales de Hobsbawm (1964), Thompson (1977) y Landes (2008);

b) Los estudios descriptivos con datos cuantitativos realizados por Luxemburgo, Lenin (Cuadernos sobre el imperialismo, por ejemplo), Engels (1946) y el propio Marx –en cuanto al esquema de la reproducción–; también el sistema de cuentas nacionales soviético basado en el producto material neto –anterior a las versiones occidentales– y el modelo input-output de Leontief (1983) que acompañaron en distintos momentos las experiencias soviéticas de planificación, el método del capital monopolista de Baran y Sweezy (1982), Wolff (1979, 1986), Gouveneur (1983, 1990) y Tonak (1987), como también los estudios de Sharpe (1982) y los estudios sobre las cuentas nacionales Shaikh y Tonak (1996). Entre esos estudios podemos ubicar sin duda el encargo que le hiciera en 1904 el presidente argentino Roca, a través de su ministro del Interior Joaquín V. González, al médico catalán Bialet Masse (1985 y 2010), que se plasmó en sus volúmenes sobre el estado de la clase obrera, el cual también refleja por comparación el estado de esa misma clase en otros países, entre ellos España.

c) Los análisis basados en la estadística inferencial de Kelsey (1988, 1990) y Sohinger (1989). En este apartado también se podría ubicar a Sharpe (1982), Goodwin (1967), Goodwin et al (1984), Goodwin y Punzo (1987) –modelo zoológico de depredador/presa–, Skott (1989), Harris (1979) –modelo de catástrofe en el marco del modelo de crecimiento de Harrod Domar– y Laibmann (1987).

d) Las interpretaciones de variables cuantitativas clave de la teoría de Marx llevados a cabo en años recientes, tales como la tesis doctoral de Ochoa (1984) o el texto del mismo autor que aborda las curvas de salario beneficio en Estados Unidos (1989), Freeman y Carchedi (1996), Ramos (1998-99 y 2003), Freeman, Kliman y Wells (2004) y Kliman (2007). También se pueden incluir los trabajos sobre la convergencia entre valores y precios de De Juan y Febrero (2000), desde una perspectiva más sraffiana, los mismos autores en (2005). También la tesis doctoral del año 1998 publicada como libro de Eladio Febrero Paños Valor trabajo, un indicador de productividad y competitividad. Una aplicación empírica al caso español: 1970-1992 (2000) y Petrovic (1987), quien muestra que la ley del valor funcionaba de forma similar en Yugoslavia y Estados Unidos, aunque más desde una perspectiva ricardiana no del todo incompatible con la marxista. Fred Moseley (2003 y otros) entre innumerables trabajos de teoría marxista desde una postura crítica o de relectura o reinterpretación (como le gusta decir a él) mecha una determinación en base a su interpretación que posibilitaría el cálculo del capital constante, del capital variable y de la tasa de ganancia (lo que no realiza).

Shaikh (2006), por ejemplo, nos ofrece desde el punto de vista de sus metodologías y de los resultados obtenidos un claro ejemplo de cómo cuantificar estas variables en la modernidad: describe la evolución de la relación capital-producto en Estados Unidos en el período 1947-1992, y así demostró un aumento del 40% del capital y la consecuente caída de la tasa de ganancia del 13 al 4% durante en la relación mencionada. Esas series constituyen una aproximación válida a la composición orgánica el período[14].

En palabras de Kornblihtt (2006: 24-25): “La obra de Shaikh usa la teoría como herramienta para la medición y el análisis concreto de las problemáticas del capitalismo mundial”, con lo que evita reducir la argumentación a una guerra de citas de Marx. “A estos planteos abstractos, Shaikh le antepone un riguroso camino de estudio. Sin abandonar la teoría como guía, pero sin convertirla en respuesta automática […]”.

Kornblihtt (2006: 20 y 26) rescata otras obras y grupos de estudio que indagan en este terreno empírico: el Levy Institute, el Grupo de Discusión sobre Teoría del Valor, la revista inglesa Capital & Class, Duménil y Levy en Francia, Valle Baeza en México y Rebrott en sus trabajos sobre la renta minera en Chile.

Este trabajo reconoce, además, algunos antecedentes propios y se ubica junto a los trabajos antes mencionados por haber trabajado el cálculo de la tasa de explotación en el ámbito argentino para el período 1973-2004 y la descripción de su evolución en relación con los diferentes contextos sociales y políticos (Farina y Lascano, 2007a, 2007b; Farina, Lascano y Ralón, 2008, 2011; Farina, Ralón y Ralón, 2012; Farina y Ralón, 2015; Farina y Barrionuevo, 2017). Asimismo, con el cálculo de la renta (Farina, 2006, 2008) y de la renta sojera (Farina, 2011, 2012). También debemos mencionar los múltiples escritos de Maito mencionados en este texto.

2.3 Marco teórico

2.3.1 Encuadre

Vi que ya estaba todo hecho. Era necesario romper para hacer la propia revolución y volver a empezar de cero.

Me obligué a ir hacia el nuevo movimiento.
El problema es cómo pasar, cómo soslayar el objeto
y dar
una expresión plástica al resultado […]
Todo esto es mi lucha para romper con el aspecto bidimensional.

Pablo Picasso (Extraído de
Conversaciones con Picasso de Brasaï, Gyula Halász)

Al recurrir a la “Economía Política Clásica” y a la crítica de la misma de vertiente marxista, corresponde señalar desde el comienzo que un punto de partida paradigmático según el cual el trabajo social es el creador de la riqueza, una construcción que se remonta parcialmente a Smith y que atravesó buena parte de la disciplina durante el siglo XIX, incluida la obra de Ricardo. De forma estrechamente vinculada a este punto de partida, el capital es concebido como la coagulación de ese trabajo social (ya sea en su forma dineraria, mercantil o productiva) en el marco de la relación social dada por el trabajo asalariado, con la correlativa apropiación privada de los medios de producción en manos de los capitalistas y su desposesión de los trabajadores. Una contribución a la crítica de la Economía Política de Karl Marx desentraña las formas particulares del trabajo asalariado y permite así entender las particularidades con las cuales hoy se manifiesta no sólo el trabajo productivo, sino también el trabajo no productivo.

Desde el punto de vista teórico, el abordaje que se plantea incorpora un punto de vista poco frecuente en la literatura académica marxista. La novedad consiste en el esfuerzo por proveer al cálculo de diferentes variables marxistas desde una fuente secundaria de información de existencia prácticamente universal como lo son las cuentas nacionales. A su vez, desde el marxismo cuantitativo se recompondrán tanto estas variables como sus componentes y se contará con herramientas de matemática aplicada, siguiendo al mencionado principio de parsimonia de Ockham: maximizar el alcance explicativo de la teoría al eliminar las nociones innecesarias. Desde ciertas posiciones marxistas, por otra parte, se rechaza la cuantificación de los fenómenos económicos. Esto va en detrimento de la misma estructura teórica de la construcción de Marx, que no sólo tiene una raíz materialista y empírica, sino que además es precursora de varios desarrollos de matemática aplicada en el siglo XX. En el primer caso, los esquemas de reproducción son un primer intento sistemático de describir la economía como un conjunto de sectores relacionados, una de las fuentes de construcción de los sistemas modernos de contabilidad social; en el segundo, Marx desarrolla ejemplos cuantitativos asimilables a los modelos modernos de crecimiento y, sobre todo, lo hace explorando los problemas de inestabilidad dinámica. La infructuosa insistencia en intentar atrapar la variable marxista perfecta ideada en el siglo XIX torna imposible aproximarse desde los datos producidos en los siglos XX y XXI a variables proxy que se comportan, indudablemente, igual que las buscadas por los dogmáticos. Esto sin invalidar la variable ideada originalmente por Marx, sino que frecuentemente resulta incalculable en su definición estricta.

La investigación combinará la crítica al neoliberalismo que hacen Duménil y Levy –en la que este trabajo se apoyará más en su faceta marxista que en la keynesiana– con la faceta descriptiva de las desigualdades recientemente presentada por Piketty (2015), haciendo abstracción de su agenda política. En consecuencia, se abre un debate que no es sólo con el mainstream, sino también con la heterodoxia y hasta con algunas variantes del marxismo que abandonan los aspectos cuantitativos de la teoría o la consecuencia política lógica del análisis marxista

2.3.2 ¿Cómo se genera la riqueza?

Si en las democracias las que deciden se supone son las mayorías, entiendo que los gobernantes deben a tender

a vivir como vive la mayoría de su pueblo y no como la minoría. Cuando la presidencia se transforma en una falsa

corte real, llena de gastos inútiles que no tienen nada que ver con la función, estoy ofendiendo el sistema republicano.

José “Pepe” Mujica (2015)

El pensamiento –y, por lo tanto, también el pensamiento económico– no permanece inmutable a través del tiempo. A su vez, la evolución del pensamiento tiene que ver con el contexto histórico en el que éste se desarrolla y con la defensa política e ideológica de un determinado orden imperante. Las excepciones a esta evolución están dadas por las teorías críticas. En base a esta forma de evolución del pensamiento económico, se hará un análisis que no pretende ser exhaustivo del concepto de generación de riqueza social.

Aristóteles no sólo se centra en el estudio filosófico, sino que también se ocupa de la política, la física y la biología. Los temas económicos no fueron de gran importancia para los griegos en general y para Aristóteles en particular[15], pero al eventualmente ocuparse de ellos lo hizo con profundidad e inteligencia. Es, de esta manera, una de las fuentes más remotas del pensamiento económico al respecto. Él, por ejemplo, defendía la propiedad privada (contraponiéndose a las posiciones anteriormente planteadas por su maestro Platón), ya que este tipo de propiedad era más productiva. Para él, la riqueza no tenía límites y distinguió entre ser rico y el hecho de acumular bienes. O sea, entre poseer y disfrutar. A su vez, admite la generación de riqueza en la producción (siempre que se venda a un precio “justo”), pero no en la usura ni en el comercio intermediario. (Roll, 1958: 29 y Farina 2014: 14-17)

En base a su condena a la usura, que incluía cualquier préstamo a interés, la moral cristiana de Santo Tomás de Aquino lo retomó y así la economía occidental condenó “el dinero generado a partir de dinero”. Sólo se romperá con esta condena con la ruptura dada desde la preferencia intertemporal del dinero desarrollada por Martín de Azpilcueta de la Escuela de Salamanca. (Farina 2014: 26-30)

Varios siglos después de los griegos, en la Europa del Siglo XVIII, aparecieron los analistas fisiócratas y mercantilistas. Para los fisiócratas, la fuente de la riqueza era la tierra: ellos observaron que poniendo un grano de trigo en la tierra al poco tiempo surgía una espiga, con varios granos de trigo en ella; ubicando de esta forma la generación de riqueza en la esfera de la producción (producto neto). Así, a lo largo de varios ciclos y gracias al poder de generar valor de la tierra, ese grano se veía multiplicado exponencialmente. Todo esto llevado a nivel macroeconómico, nos señalaba al excedente agrícola como fuente de la riqueza nacional. En términos económicos, resultó fundamental su aporte en la diferenciación de las variables stock con las variables flujo y, en base a esto, definir la generación de riqueza como un flujo. (Ver Quesnay 1977: 129-143 y Graña 2007: 3)

En cambio, los mercantilistas –cuyo origen es cronológicamente anterior– sostenían que la fuente de la riqueza estaba en la posibilidad de comprar una mercadería a un precio menor del que tendrá en su posterior venta. Es así como un mercader genera riqueza al comprar especias en Oriente y venderlas a un precio mayor en Europa. Llevando esto a nivel macro como se hizo con los fisiócratas, la riqueza nacional se origina en el excedente comercial (X-M).

Vale la pena mencionar que este debate teórico reconoce un evidente contenido de clase: los fisiócratas formaban parte de la defensa teórica del agro francés, mientras que los mercantilistas eran –en su mayoría– comerciantes ingleses altamente enriquecidos gracias al rápido desarrollo del comercio y la industria en Gran Bretaña.

Para Smith, el origen de la riqueza es el trabajo y a nivel nacional “el producto anual del trabajo [y de la tierra][16] de un país”[17]. Esta última definición se aproxima conceptualmente a la forma actual de medición a través del Producto Bruto Interno (PBI). Es en torno a ello que comienza a analizar la problemática de la riqueza desde la introducción misma de su libro. Puesto que Smith (2004: 6) considera al trabajo como el origen de la riqueza, fija como objetivo la búsqueda de las causas del “progreso de la capacidad productiva del trabajo y de la forma en que su producto se distribuye naturalmente entre las distintas clases sociales”.

En plena búsqueda de las causas del progreso de las capacidades productivas del trabajo (fuente de la riqueza), Smith llega a la conclusión de que es la división del trabajo el motivo principal del aumento de la potencialidad del mismo.

Para Smith, el mayor progreso productivo del trabajo se debe a la división del trabajo. Para sostener su tesis, ejemplifica comparando el trabajo manufacturero con el agrario. En el agro es más difícil dividir el trabajo, porque la actividad se encuentra signada por cuestiones estacionales que condicionan el momento en que hay que realizar cada tarea. En la industria, está plenamente abierta la posibilidad de subdividir y parcelar cada una de las tareas productivas.

A raíz de esta diferencia, los países industrializados son más productivos que los que se dedican a la producción de materias primas. Es esta división del trabajo la que origina una mejora general en las condiciones de vida en los países ricos con respecto a la de los países pobres: Smith sostiene que el último trabajador de un país rico vive mejor que un rey africano. Esto deja de manifiesto que este autor cree en la existencia de un efecto derrame de la riqueza (a partir de la opulencia provocada gracias a la generalización de la división del trabajo), lo que aún hoy es reivindicado por la ortodoxia económica, sobre todo en su faceta política.

Por lo que para Smith reinará la opulencia en una sociedad donde la división del trabajo sea generalizada, si también esta sociedad está bien gobernada. Esta opulencia llegará a derramarse hasta las “clases inferiores”. Por lo tanto, un campesino europeo está más cerca del nivel de vida de un príncipe de su continente de lo que está un rey africano, quien “a pesar de regir la vida de miles de salvajes”, lleva una existencia inferior a la del campesino mencionado. (Ver Trombetta 2011: 69-70)

Para el escocés, la división del trabajo es la responsable de aumentar la “labor”, lo que se produce gracias a tres causas:

  1. el aumento de la destreza del trabajador abocado a una única tarea repetitiva,
  2. el ahorro de tiempo a causa de no tener que pasar de una tarea a otra, ni tener que cambiar de herramientas.
  3. la posibilidad que tiene el obrero dedicado por entero a una tarea de inventar una herramienta o maquinaria (o técnica productiva) que le facilite la tarea o le ahorre tiempo de trabajo. (Ver Smith 2004: 7-19)

Sin embargo, en el sexto capítulo de su obra Smith abandona la teoría del valor trabajo por dos motivos: el primero –y menos relevante– es porque fracasa en su búsqueda de una medida invariable del valor y el segundo -y principal– porque percibe la incongruencia entre el trabajo “incorporado” y el trabajo “comandado” (o el que la mercancía puede comprar). (Ver Olivera, 1957: 8-12 y Smith 2004: 47-53)

El segundo motivo, como ya se ha mencionado, resulta mucho más poderoso. Partiendo del marco de la teoría del valor trabajo, Smith no logra comprender cómo es posible que ciertas personas posean riquezas a pesar de no participar activamente de un proceso de trabajo. Es claro que nos referimos puntualmente a dos clases sociales: la incipiente burguesía capitalista inglesa y la oligarquía terrateniente (todavía poderosa en Francia, pero francamente decadente en Inglaterra). Estas clases sociales no trabajan y, sin embargo son dueñas de cuantiosas fortunas que, según la teoría del valor trabajo, deberían ser fruto del trabajo humano ajeno no retribuido.

Esta confrontación de su teoría con la realidad de la explotación capitalista abruma por completo a Smith, que reconoce plenamente la existencia de la renta de la tierra (ingreso de los terratenientes) y de la ganancia capitalista (ingreso de la burguesía), pero es incapaz de proveer una explicación teórica para éstas que sea compatible con la teoría del valor trabajo. La igualdad entre trabajo incorporado y trabajo comandado (o comprado) ya no es tal, dado que el trabajo que un obrero incorpora en las mercancías que produce es menor que el trabajo que puede comandar la mercancía una vez vendida, puesto que una parte de la riqueza producida por él será utilizada para la subsistencia de burgueses y terratenientes.

Esta grave inconsistencia teórica obligó a Smith a abandonar por completo la teoría del valor trabajo, uno de los aspectos más progresivos de su obra, y volcarse a una teoría aditiva de los costos de producción, sin dudas la parte más regresiva de su trabajo. (Smith 2004: 43-50 y Rubin 2001)

Como se dijo, al abandonar la teoría del valor trabajo, Smith adopta la teoría de los costos de producción, donde el trabajador debe “compartir” parte de su producto con el capitalista. En ella, el valor o precio (P) de una mercancía está compuesto por la suma de las retribuciones a los factores productivos. En términos genéricos, los factores productivos son: tierra (T), trabajo (L) y capital (K). Y sus retribuciones son: renta (R), salario (W) y beneficio (B). O sea P = R + W + B. De esta manera, si aumenta W o B, aumentará también el precio de la mercancía producida. Resulta inmediata la relación entre esta teoría y la distribución funcional del ingreso.

Ricardo es el continuador lógico de la teoría del valor trabajo de Smith. Su postura con respecto a Smith es fuertemente crítica en su faceta analítica. Para el inglés, el valor de cambio de una mercancía depende de la cantidad de trabajo en términos relativos que se necesita para su producción y no de la mayor o menor compensación que se paga por dicho trabajo. Con esto queda claramente superada la controversia a la que se había enfrentado Smith antes de pasar a la teoría de los costos de producción. Esta es la primera crítica de Ricardo a Smith.

La teoría del valor trabajo es primordial para Ricardo, de la no compresión de esta teoría surgen la mayoría de los errores de la economía política. Si es la cantidad de trabajo cristalizada en una cosa la que determina su valor de cambio, esto implica que al bajar la cantidad de trabajo contenida en una mercancía, bajará su valor de cambio. La riqueza generada incluye el “trabajo vivo” (el inmediatamente realizado) y el “trabajo muerto”(el trabajo que le dio valor a los insumos y los bienes de capital). Por otro lado, la distribución entre las diferentes clases es fundamental para Ricardo. Sobre ésta funda la puja distributiva y da lugar a pensar en el conflicto de clases e, incluso, la lucha.

Para Marx, la mercancía es la forma elemental de la riqueza social en el capitalismo y por ese motivo se vuelca enteramente a su estudio al inicio de su obra principal. Sustenta esta decisión al asegurar que en una sociedad capitalista, la riqueza está representada por un inmenso cúmulo de mercancías. Esta mercancía tendrá como características propias e intrínsecas el valor de uso y el valor de cambio (luego valor a secas). (Marx 1962: 3)

A su vez, la única sustancia común a todas las mercancías es la condición de ser fruto del trabajo humano. Dentro de este esquema, si aumenta la capacidad productiva del trabajo, el valor de cada una de las mercancías producidas disminuirá, ya que si baja la cantidad de trabajo que da origen a una mercancía, también baja el valor de ésta. El valor total de la masa de mercancías depende del tiempo de trabajo objetivado en ella y no de la productividad del mismo (en tanto y en cuanto este trabajo se desarrolle en las condiciones técnicas normales), ni de su utilidad o de las necesidades que satisfaga. (Marx 1962: 4-37)

A pesar de que una acumulación cada vez mayor de valores de uso implica un aumento de la riqueza material, esto no necesariamente implicará un aumento del valor, porque podría haber mediado un aumento de la productividad del trabajo. Es importante insistir en que no es la productividad del trabajo lo que determina el valor de una mercancía, sino el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla. Por ende, el problema de Smith reaparece: en el modo de producción capitalista, las relaciones entre productores privados independientes no se dan de manera directa, sino mediada a través de la compraventa de fuerza de trabajo, de manera que las condiciones de reproducción son desconocidas. A diferencia de Smith, Marx no eludirá este problema y lo resolverá a través de la explotación capitalista y el concepto de plusvalía, el cual -aunque resulte increíble- proviene de William Petty.

La riqueza para la escuela neoclásico/marginalista y para el resto de las escuelas pertenecientes a la ortodoxia (o cercanas a la misma) se funda en su “individualismo metodológico”. La teoría neoclásica abandona por completo todas las nociones relacionadas con colectivos sociales y funda toda su estructura en el análisis de la conducta del agente individual. En este contexto, las fuerzas sociales son consideradas como el fruto de la agregación de las conductas de individuos aislados en un sentido filosófico. Este enfoque contrasta violentamente con el de Smith, Ricardo y, en particular, con el de Marx, dado que estos autores asignaban una importancia central en sus trabajos al concepto de clase social, que se encuentra completamente abolido en las teorías ortodoxas.

Por otro lado, la teoría del productor (uno de los pilares de estas escuelas) tiene como sujeto protagónico a la empresa, una entidad también abstracta cuya finalidad es maximizar su beneficio, eligiendo planes de producción óptimos. Para producir, una firma debe adquirir factores productivos, a saber: tierra, capital y trabajo (en cuyas retribuciones se funda la distribución funcional del ingreso), bienes que tienen la singular capacidad de ser empleados para producir nuevos bienes (propiedad que es naturalizada y, por lo tanto, mistificada, lo que significa que sus determinaciones nunca son explicadas) en mercados competitivos. La expresión de este comportamiento al nivel del mercado es lo que conocemos como oferta.

En tren de este reconocimiento al aporte productivo de los diferentes factores, cada uno recibe por su participación una retribución: renta, salario y beneficio respectivamente. Esta retribución es igual a su participación en términos marginales[18] en el producto. En una sociedad en la que rija este principio no puede reinar más que la armonía y, por lo tanto, no existe puja distributiva (en oposición al pensamiento de David Ricardo). En esta inexistencia de la puja distributiva, en consecuencia no sólo no existe el conflicto de clases, tampoco las clases mismas, debido a que carecen de sentido bajo el imperio de la ortodoxia, ya que los aumentos de las retribuciones bajo esta teoría deberían ser sólo atribuibles al aumento de la productividad de cada uno de sus factores. Luego de la crisis de 2007-08, las Naciones Unidas volvieron a relevar y centralizar este cálculo, aun en forma retrospectiva, para una gran cantidad de países. Esto último resultó de gran ayuda para este texto.

Keynes –valiéndose posiblemente de los desarrollos de Robinson[19] y Sraffa, a quienes no menciona en su obra– puso fin al concepto de productividad aplicado al capital. Lo hizo fundándose en la dificultad de la medición del capital (dada su heterogeneidad), al igual que posteriormente lo hiciera Alfredo Monza al referirse a la “controversia del capital”. Sostiene que en el proceso de la valorización del capital, a través de la homogeneización de lo que se ya definió como no homogéneo, se cae en una tautología, dado que se incluye en esta valorización la productividad del bien a ponderar y para calcularla en términos reales se necesita conocer la tasa de interés, cuya determinación requiere de la anterior. (Kicillof 2007: 435-436, Monza 1972: 551-553 y Robinson 1970: 1-2)

Es por ello que Keynes no usa el concepto de “productividad del capital” y lo reemplaza por el de “eficiencia marginal del capital”, concepto que no hace referencia a los términos físicos. En esta eficiencia se tiene en cuenta el costo de reposición de un tipo de bien de capital. En consecuencia, la retribución al capital no tiene origen en la espera ni en la productividad. Kicillof interpreta el origen que –a su parecer– le da Keynes a esta retribución a través de dos conclusiones fundamentales: a) el capital no es un factor de producción equiparable con el trabajo[20] y b) el hombre no ahorra a manera de sacrificio, sino a cambio de un placer. (Kicillof 2007: 436-451)

En consecuencia, Kicillof (2007: 440) afirma que “Para Keynes, el trabajo, ayudado por el estado de la técnica y operado en cierto ambiente natural, es la única fuente del valor. Quedando la teoría del Lord en este aspecto más cercana a la teoría marxista (o Ricardiana, como admite) que a la de su maestro Marshall. La base fundamental es que al quedar un solo factor productivo, hay sólo una fuente del valor”. Resulta difícil coincidir con Kicillof en sus afirmaciones, ya que si se lee con detenimiento la Teoría General, tempranamente se pone de manifiesto que si bien la crítica de Keynes a la escuela neoclásica resulta lapidaria por varios motivos, éste no abandona el marginalismo, porque su crítica se centra en el que denomina segundo postulado de la economía clásica (el de la oferta laboral), pero no critica el primer postulado (el de la demanda laboral) que sostiene que el “el salario real es igual a la productividad marginal del trabajo”. (Keynes 2001: 25-38)

2.3.3 Trabajo, valor, capital y plusvalía

–L’essentiel est invisible pour les yeux,
répéta le petit prince afin de se souvenir.

–C’ est le temps que tu as pour la rose
qui fait la rose si importante.

–C’ est le temps que j’ ai perdu pour ma rose…
fit le petit prince, afin de se souvenir.

–Les hommes ont oublié cette véritté.

(–Lo esencial es invisible a los ojos,
repitió el principito para acordarse.

–El tiempo que perdiste con tu rosa
hace que tu rosa sea tan importante.

–El tiempo que perdí con mi rosa…

–dijo el principito para acordarse.

–Los hombres han olvidado esta verdad.)

Antoine de Saint-Exupéry (1942, Le Petit Prince)

El trabajo no sólo es condición de la existencia humana, la forma natural que adquiere la mediación entre la naturaleza y los humanos, sino que también es la instancia vital necesaria para la realización de todas sus potencialidades como seres sociales. Además de la actividad netamente fisiológica de gasto de energía, fuerza, músculo y cerebro, el trabajo implica la relación social en el proceso de reproducción material. En la sociedad mercantil, el trabajo se realiza como un proceso privado, ejecutado por cada productor independiente que desconoce las necesidades sociales. Sólo indirectamente, en el intercambio, se hace manifiesto su carácter social y la asignación de los recursos sociales deja de realizarse por medios fundamentalmente extraeconómicos para realizarse por el mercado. El resultado del trabajo es la creación de nuevos valores de uso, productos capaces de satisfacer necesidades, sean éstas vitales o triviales. Durante el proceso productivo, además, los obreros quedan subsumidos en el capital, por lo que el producto no es propiedad suya, sino del capitalista. Se trata de un proceso entre objetos comprados por el capitalista: los medios de producción y la fuerza de trabajo (Rieznik, 2003).

El capital implica necesariamente –y por su propia dinámica– la generación constante de nuevo valor mediante la explotación de la fuerza de trabajo. Se distinguen aquí dos categorías fundamentales para nuestro análisis: el capital constante (Kc) y el capital variable (Kv). El capital constante empleado[21] en un proceso no modifica la magnitud del valor. Se trata de la porción de capital invertida en los medios de producción, materias primas, maquinarias e instrumentos, que reaparece en el producto como parte integrante de su valor. Esto, que es fácil de ver en las materias primas que se agotan en el proceso cuando se las incorpora al producto, también sucede con las herramientas y maquinarias, las que transfieren valor a medida que se desgastan.

El capital variable, en cambio, no se limita a transferir, sino que además agrega nuevo valor al producto: la plusvalía (PV)[22]. Por otro lado, es el consumo de la fuerza de trabajo, gracias a su acción transformadora, el que posibilita la transferencia de valor del capital constante al producto (Marx 1963: 51-52 y Mandel, 1973).

La suma del capital constante y el capital variable da por resultado el capital total (Kc+Kv = K). El capital total (K) más la plusvalía dan por resultado el valor de la mercancía (VM = K+PV → VM = Kc+Kv+PV = K’, donde K’ es el capital incrementado). La diferencia entre capital incrementado y capital total inicial es igual a la plusvalía (K’-K=PV). Estas equivalencias son meramente aritméticas, pero no hay que olvidar que todo valor es generado a partir del proceso de trabajo. El capital constante no incide en la creación de plusvalía más que como medio, ya que sólo transfiere su valor. Pero es importante señalar que el sistema de producción capitalista se basa en la propiedad privada de los medios de producción –es decir, del capital constante– por parte de la clase capitalista.

Con estas categorías podemos definir la tasa de explotación o tasa de plusvalía (pv) como la relación entre el trabajo no retribuido y el remunerado, entre la plusvalía y el capital variable (pv = PV/Kv). En términos de la teoría del dato, tenemos una variable (pv) cuyo indicador presenta varias dimensiones (V, K, Kc, Kv, PV, K’) articuladas por relaciones aritméticas –que forman parte del procedimiento– para dar cuenta de la magnitud de la explotación/confiscación capitalista.

Tenemos, entonces, una medida: la explotación/confiscación capitalista, la cual consiste en la cantidad de trabajo social –cuyos productores directos son los trabajadores, la clase obrera o trabajadora– que no es retribuida y, por lo tanto, que sus productores no perciben, no controlan ni disfrutan. Como señala Marx (1962), la masa total de ganancia es igual a la masa total de plusvalía: toda ganancia es trabajo no remunerado y todo trabajo no remunerado es ganancia, cualquiera sea la forma que ésta tome[23].

2.3.4 El trabajo productivo, el improductivo y la pereza

¡Renuncia, tienes que renunciar!”. He aquí el precepto que continuamente resuena en nuestro oído y que cada hora repite con ronca y acompasada voz. Por la mañana me despierto sobresaltado y con razón podría llorar amargamente al ver que el nuevo día sigue con rapidez su camino sin dejar satisfecho ninguno de mis deseos; al ver que con su curso ahoga toda esperanza de felicidad y que con la ayuda de los ridículos y cómicos actos de la vida hace desaparecer cuantas agradables creaciones buscan un albergue en mi mente. Después, al llegar la noche, me acuesto con desasosiego y ni aun allí puedo descansar, e incluso me llenan de espanto pesados y horrorosos sueños. El espíritu que reina en mi interior
puede conmover profundamente mi ser; no obstante,
a pesar de que tiene imperio sobre todas mis fuerzas, no puede hacerlas obrar en el exterior: por eso me he convencido de que vivir
es una pesada carga, por eso deseo la muerte y aborrezco la vida.

Johann Wolfgang von Goethe (1808, Fausto)

Las discusiones sobre qué trabajos son productivos y cuáles improductivos podríamos remontarlas –según Schumpeter (2012: 235, 696-699)– a los mercantilistas, pasando por los fisiócratas hasta llegar a Marx y los marxistas. Para los primeros, básicamente sólo es productivo el trabajo en las industrias exportadoras, mientras que para los fisiócratas, en términos generales, el único producto neto proviene de la agricultura y del trabajo extractivo.

Cada proceso productivo, considerado en sí mismo, responde al siguiente diagrama: el capitalista cambia dinero (D) por mercancías (M) –fuerza de trabajo (FT) y medios de producción (MP) o capital variable y capital constante– que se transforman en nuevas mercancías (M’) con un plus de valor (PV), las que finalmente son cambiadas por un monto acrecido de dinero, cuya diferencia reside en esa plusvalía (D-M [MP, FT]…PV…M’-D’). La reiteración del proceso transmuta la forma dineraria del valor en capital, transformando el diagrama en un esquema abierto. Este es el esquema de la valorización capitalista: capital-mercancía-capital acrecido-mercancía, etcétera (K-M-K’-M-K’’…)[24].

En la sociedad capitalista domina el capital productivo. El estigma de la improductividad pesa sobre ciertas ramas que no se ajustan del todo al esquema anterior: las ramas financiera y comercial. Mientras que la actividad del capital productivo o industrial responde a la generación de valor, otras ramas de actividad deben considerarse, en este sentido, improductivas. El capital usurario o financiero consiste en el cambio de dinero por más dinero (D-D’), dinero crediticio a interés; en tanto que el capital comercial o mercantil se funda en el cambio de dinero por mercancías, para su venta por mayor cantidad de dinero (D-M-D’)

No hay que olvidar que la comercialización es una parte necesaria del proceso de distribución: existen actividades mercantiles que acercan las mercancías a los distintos rincones de la sociedad, pudiendo además intervenir en pequeñas transformaciones que contribuyen a su comercialización al menudeo. La realización del valor en el mercado –es decir, la venta de la mercancía– es el punto en el que los trabajos concretos realizados en forma privada e independiente se convalidan como valor, como trabajo socialmente necesario. De hecho, el menudeo transforma la mercancía: no es lo mismo un pallet de mercancía que la misma presentada en forma individual en la vidriera de un comercio. El pallet de mercancía es una mercancía diferente que la misma mercancía. Marx (1974: 134-224), en su debate con Smith en torno al trabajo productivo e improductivo, sostiene que la existencia de la mercancía es social y no física: o sea, la mercancía se produce para el intercambio, más allá de su tangibilidad o solidez. Representa una porción de trabajo social, más allá de que si este trabajo deja o no huella en el fruto del trabajo como, por ejemplo, el desplazamiento o transporte de la mercancía final.

Aquí debemos introducir la distinción entre el trabajo productivo –aquel que genera valor en la producción y permite la apropiación de plusvalía– y el improductivo, necesario para la realización del valor, el ordenamiento de los procesos y el mantenimiento de las condiciones sociales de la acumulación –sobre todo, la defensa de la propiedad privada–, pero que no agrega valor. “Los trabajadores productivos reproducen el valor del capital que los emplea arrojando además un beneficio; […]” (Schumpeter 2012: 235)

Aunque la esencia del capitalismo reside en la generación de plusvalías para valorizar el capital, hay que contemplar la existencia de un conjunto de trabajos que –si bien son ejecutados por los asalariados– permiten obtener esa plusvalía. Dentro de este conjunto, incluiremos a los trabajadores estatales, cuyos salarios se solventan con la carga impositiva (en consecuencia, son consumidores de plusvalía ya extraída). Cualquiera sea el trabajo que realicen desde la administración pública (incluso la prestación de servicios o la producción de bienes materiales), su finalidad no es producir plusvalía. El trabajo en el sector público, bajo el capitalismo, puede considerarse en una medida significativa como trabajo improductivo, destinado a garantizar y administrar ciertas condiciones generales para la acumulación de capital en un ámbito nacional y sólo en este sentido necesario. Pero no se dirige a generar –al menos no directamente– beneficios.

Esta definición se encuadra en un problema al que frecuentemente se enfrentan quienes hacen marxismo cuantitativo al “tratar de hacer ajustes a los datos ortodoxos, hay un número de debates en relación con el tratamiento a darle al Estado y al trabajo improductivo” (Dunne, 1991a: 14)[25]. Schumpeter (2012: 696-699) da por tierra con este debate al que llama “polvorienta pieza de museo” cuando señala que Smith “definió como productivo el trabajo que aumenta el valor de aquello que emplea […] y define el trabajo improductivo como aquel que no añade valor […]”. El austríaco sostiene que Marx le reconoce ese mérito a Smith y profundiza: “Pero al dejarse arrastrar por las asociaciones sugeridas por los términos útil y productivo, los economistas se concentraron en torno a problemas del tipo de qué actividades son dignas de tan honrosos calificativos. Los maestros y los funcionarios públicos no gustan de ser llamados improductivos, notando –con razón a veces y sin ella otras– que la expresión acarrea una significación despectiva. Así una discusión tan absurda se convirtió en tópico de los tratados y manuales del siglo XIX […]. Pero no serviría más que para una cosa: para revelar lo muy verbal que es el pensamiento del economista y lo incapaces que son éstos de distinguir entre problemas reales y pseudoproblemas”.

Según el editor del libro Historia del análisis económico de Schumpeter (2012: 699), él hubiera querido que la sección sobre trabajo productivo e improductivo se imprimiera en letra de cuerpo más pequeño para que el lector pudiera saltearla.

Por supuesto, como suele ocurrir con muchos conceptos, es más fácil identificar la producción de plusvalía en los casos puros, que presentan los rasgos específicos del concepto de un modo especialmente pronunciado. Pero la realidad suele presentar niveles de complejidad más grandes, con rasgos que pueden resultar en primer término ambiguos, configurando casos muchas veces indeterminados. Como en general no se presentan casos puros –con características distintivas evidentes–, es necesario tomar decisiones metodológicas y explicitar sus fundamentos. Aquí no se considerará productivo al trabajo estatal, ni siquiera cuando produzca bienes y servicios para la venta. A su vez, esta distinción no es un asunto menor: en la acumulación, el capital tiende a transformar a todos los trabajadores en productores de plusvalía[26]. “Un actor, incluso un clown, puede ser, por lo tanto, un obrero productivo si trabaja al servicio de un capitalista, de un patrón, y entrega a éste una cantidad mayor de trabajo que la recibe él en forma de salario.” Más adelante deja en claro que el obrero improductivo es aquel que se paga con impuestos. (Marx 1974: 137, 222)

En el caso del estigma que pesa sobre el trabajo financiero, nos encontramos en el problema de que probablemente –de hecho, es así– en un puñado de países se puedan conseguir datos de ingreso de los trabajadores bancarios. Pero en la mayoría de los países no existe tal estadística fiable. Tal vez en algunos más se pueda estimar desde el volumen declarado de empleados y salarios promedios del sector. Pero no todos los trabajadores bancarios desarrollan la improductiva actividad financiera, ni los que la desarrollan siempre lo hacen durante todo el tiempo de trabajo, también venden y desarrollan diversos servicios (mercancías intangibles). Al resultar inescindible, lo financiero no vale el esfuerzo de obtener ese dato, ya que no implicaría claridad. Igualmente, a pesar de haber quedado fuera de la tesis evaluada, se incluye en esta versión publicada el último avance de la investigación en curso: considerar al trabajo financiero como improductivo a partir de 1995 para un grupo de países. Adelantando resultados, fue un aporte mucho más importante desde lo teórico que desde su significancia empírica.

La evolución del debate sobre el trabajo productivo e improductivo lleva a la discusión sobre la pereza, el ocio y la vagancia. En la antigua Grecia, durante el período clásico, Aristóteles consideraba al ocio como imprescindible para poder desarrollar el pensamiento filosófico y al trabajo lucrativo y servil como incongruente con la creatividad. Los romanos consideraban el otium (ocio) como condición básica del humano y a su negación nec otium (negocio), los cuales resultan tan opuestos como lo son la enfermedad y la salud. (Savater 30/07/2016).

Difícilmente encontremos teorías económicas que entiendan al trabajo como un bien. Por ejemplo, para llegar al mercado de trabajo neoclásico/marginalista, el consumidor se debe dirimir entre dos bienes: el consumo, por un lado, y el ocio (definido como no trabajo,) por el otro. Previamente, se pasa por la “penas y fatigas” y el gasto de “fuerza y músculo” o el bíblico “ganarás el pan con el sudor de tu frente”[27].

Lafargue (1880) sostiene que el incremento de las fuerzas productivas y su consecuente abundancia posibilitarán una revolución social que resignifique el ocio, por lo que éste podrá ser dedicado el tiempo a las artes y las ciencias en contraposición a trabajo productor de plusvalía. En base a lo dicho anteriormente refuta el “derecho al trabajo” productor de plusvalía, el derecho a ser explotado, contraponiéndole el verdadero derecho: el “derecho a la pereza”. Rieznik (2015: 19-61) celebra y desmenuza el pensamiento lafarguiano, la desalienación y la libertad espiritual.

En 1931, un lustro antes de su teoría general, Keynes (2009: 327-337) en Ensayos de persuasión (específicamente en “Las posibilidades económicas de nuestros nietos”) plantea el problema de que el rápido progreso técnico produce desajustes en el empleo. No son infrecuentes los desajustes en la forma de vida o el hábitat humano ante progresos tecnológicos o económico-sociales, tal como marcara Polanyi (2007: 71-84) en La gran transformación al estudiar el período de cercamientos en la época de los Tudor y los Estuardo. “El molino satánico” lo llamó: no es posible amasar una nueva sociedad sin hacer harina la anterior.

Volviendo a Keynes, éste le presta especial atención a los cambios que se han ido acelerando desde el SXVI. Lejos de adoptar una postura pesimista, sostuvo que cuando los países desarrollados resuelvan la subsistencia de sus habitantes, éstos podrán dedicarse a los placeres de la vida. O sea, al aumentar poderosamente la productividad, se reducirá el tiempo dedicado al trabajo (15 horas semanales). En cierta medida, Keynes acertó en esta y otras predicciones, aunque no se concretaron totalmente por los problemas que trae aparejados la distribución del ingreso que se abordan en este texto. Sobre esto se han montado las teorías del fin del proletariado de Gorz y el fin del trabajo de Rifkin.

2.3.5 De la distribución funcional del ingreso a la tasa de explotación[28]

En definitiva, la historia de Abraham Wald pone una vez más en escena la creatividad humana, y la capacidad de análisis que cuestiona aun lo que parece obvio. De eso se trata el método científico: por un lado, formular hipótesis que después se puedan comprobar con experimentos que sean repetibles y que ofrezcan los mismos resultados en otro laboratorio o ambiente equivalente. Por otro lado, se trata de dudar, dudar y dudar, no creer en las
autoridades académicas, ni en las verdades divinas o absolutas.

Adrian Paenza (2015, Detectives)

Para analizar el fenómeno de la explotación se debe partir de un supuesto: a nivel agregado, los precios se consideran equivalentes a la medida del valor [29] para la totalidad de las mercancías. Dado que los precios son la expresión dineraria del valor, se asumirán como iguales. Este supuesto tiene un correlato en la realidad, apoyado por las cuantificaciones aproximativas del análisis matricial de insumo/producto, las que tienden a verificar la conformación de los precios a partir del trabajo concreto invertido en la producción de bienes. De modo que, aunque esta igualdad no se cumpla en cada caso puntual, globalmente los precios agregados se igualan a la totalidad del valor en forma tendencial. La validez de este supuesto tiene algunos problemas que decrecen desde el nivel nacional al regional, para desaparecer en el nivel global. Por lo tanto, no ofrecerá ningún problema en el nivel principal de este trabajo, que implica en promedio valores cercanos al 95% del PBI capitalista mundial.

Con esto presente, se pueden abordar los datos de las cuentas nacionales. Se partirá de la distribución funcional del ingreso (Y= Yw + YNOw), que muestra cómo se reparte el ingreso total de la economía (Y) en ingresos salariales –es decir, los salarios– (Yw) y en ingresos no salariales (YNOw). A su vez, si bien resulta trivial: YNOw = Y- Yw. La participación relativa de los salarios en la distribución funcional del ingreso es una dimensión clave, disponible en buena parte de los datos oficiales. Constituye un aspecto fundamental de la variable tasa de plusvalía. Esta hipótesis indicadora, referida a cómo se operacionaliza el concepto, se basa en la teoría laboral del valor y contradice el supuesto marginalista por el cual la retribución a cada factor productivo corresponde a su contribución marginal al producto. De hecho, en un mismo período en el cual se multiplicaron varias veces las capacidades productivas en casi todas las ramas de la economía mundial no se verificó un aumento proporcional en los salarios.

Ahora bien, las cuentas nacionales asimilan en este cómputo, dentro de la categoría de ingresos no salariales, elementos absolutamente dispares. Junto con las ganancias del capital y las rentas –es decir, la plusvalía, el trabajo excedente no retribuido– aparecen los ingresos del trabajo por cuenta propia (también llamadas rentas mixtas o cuentapropistas, que incluyen el trabajo de los patrones). El trabajador cuentapropista reúne, en principio, características tanto del trabajador asalariado como del capitalista: su subsistencia depende de su propio trabajo, aunque es propietario de sus propios medios de producción. Pero, dado que no vende su fuerza de trabajo, sino que vende productos de ésta –lo cual impide distinguir el trabajo necesario para su reproducción como trabajador y el excedente que, en el caso del asalariado es expropiado por el capitalista–, el cuentapropista no genera plusvalía. Por lo tanto, hay que distinguir entre salarios, ingresos de los trabajadores asalariados; ingresos de los trabajadores por cuenta propia –rentas mixtas– (Ycp) y los ingresos no salariales. Esta última categoría corresponde a la plusvalía apropiada en la acumulación capitalista: (Y=Yw+Ycp+YNOw → Y=Yw + Ycp + PV). Así se redefine al YNOw, dejándolo desprovisto del Ycp para así llegar a una aproximación de la PV, el trabajo no remunerado.

Si refinamos esta expresión, también debemos extraer del ingreso no salarial las reposiciones de capital desgastado en el proceso de producción, que se expresan como depreciaciones (D), pasando así del producto bruto al neto (Y=Yw+Ycp+YNOw → Y=Yw+Ycp+D+PV).

Con estas categorías presentes y atentos a la definición de la tasa de explotación –es decir, la relación entre el trabajo no retribuido y el trabajo pagado–, podemos avanzar en la formulación de su cálculo, donde las dimensiones (pv, PV, Kv) se articulan aritméticamente: pv = PV/Kv. La tasa de explotación como porcentaje del producto es igual, entonces, al cociente entre el ingreso total menos la retribución a los asalariados, el producto de los cuentapropistas y las depreciaciones[30] con el ingreso de los asalariados desprovistos de los salarios pagados por el Estado[31]:

ecu 235

(*) Es el porcentaje del PBI que se destina al pago de salarios de la administración pública
El “1” es la totalidad del PBI, mientras que el resto de las expresiones expresanse en proporciones del PBI. Si se quiere obtener el valor en porcentaje, sólo requiere ser multiplicado por 100. Vale la pena aclarar que esta fórmula constituye indudablemente un desarrollo original del autor. Esta variable proxy de la tasa de plusvalía cumple algunas condiciones deseables para una variable (indicador en los términos de Samaja) que se detallan en tabla 2.1.

Tabla 2.1. Propiedades deseables de una variable proxi (o indicador)[32]

Pertinencia

Expresa sustancialmente el objeto a describir. Es consistente con el fenómeno que describe. Realiza un aporte al conocimiento sobre ese fenómeno. Sus dimensiones expresan en forma sustancial la variable de interés. Es consistente con el fenómeno que describe
Utilidad Puede ser construido con datos disponibles. Se puede medir a intervalos regulares. Es posible comparar esas mediciones periódicas por ser suficientemente homogéneas (crear series históricas).
Solidez No pierden significado a través del tiempo. El costo de producirla es razonable.
Fiabilidad Es verosímil. Los valores obtenidos pueden ser verificados al repetir el procedimiento. Reflejan la realidad fielmente (con honestidad científica).
Simplicidad Es clara y comprensible, para cualquiera que tenga el andamiaje teórico del tema en cuestión. de modo que es posible establecer qué se midió y cómo se midió.
Accesibilidad No se apoya en datos muy complejos de obtener. Es fácilmente auditable

Elaboración propia

2.3.6 El problema de la transformación de valores en precios de producción[33]

Cuando Gregorio Samsa despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado, se encontró en su cama convertido en un insecto monstruoso. Estaba echado sobre el quitinoso caparazón de su espalda, y al levantar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas durezas, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia.

Franz Kafka (1915, La metamorfosis)

En Yaffe (1976) se hace referencia al problema de la transformación de valores a precios como la “corrección” que más frecuentemente se le hace a El Capital. La versión convencional de estas correcciones comenzó con los influyentes libros de Mikhael Tugan-Baranowsky[34], Studien zur Theorie und Geschichte der Handelskrisen in England, de 1901, y en particular con Los fundamentos teóricos del marxismo, publicado en 1905 (en 1915 en España). Un ejemplo aritmético presentado en este último, donde se establecen ya todos los aspectos conceptuales de esa visión, fue poco tiempo después reformulado en términos algebraicos por Ladislaus von Bortkiewicz [35] en 1907 hasta la actualidad, pasando por autores tan disimiles que incluyen a Samuelson y a Sweezy. Luego de la publicación de del libro de Sweezy Teoría del Desarrollo Capitalista en 1942, el problema fue tratado por una gran cantidad de autores que incluyen al mencionado Samuelson.

Los economistas marxistas y no marxistas, ortodoxos y heterodoxos, han sentido un impulso de corregir, mejorar o incluso refutar a Marx, sobre todo en lo concerniente al problema de la transformación. Un último giro, más reciente, en el tratamiento de la transformación lo están dando algunos autores que buscan incorporar a la discusión aspectos dinámicos del problema, así como reflexiones acerca de la teoría del dinero de Marx (Ramos, 2003 y 2007). Con respecto al primer punto, es interesante anotar que podría entenderse que esa era la intensión trunca de Marx, ya que él se encontraba estudiando ecuaciones diferenciales (matemática de punta en su época) al momento de morir.

El esquema de la “corrección” de Tugan y Bortkiewicz, llevada a los angloparlantes por Sweezy al finalizar la Segunda Guerra Mundial, condujo a una serie posterior de modelos que abordan la transformación de manera casi inalterable, más allá de algunas variaciones. Este debate se reavivó cuando Piero Sraffa publicó Producción de mercancías por medio de mercancías en 1960. Si bien esta obra no aborda el problema directamente, un conjunto de discípulos de Sraffa utilizan sus hallazgos metodológicos para reconsiderar la cuestión.

Las soluciones de corte ricardiano (donde entran precisamente los enfoques fundacionales de Tugan y Bortkiewicz) –sostiene Yaffe (1976)– adolecen de la incomprensión del método de Marx, en especial de sus categorías “valor” y “precio”. Los aspectos críticos de la obra de Marx sobre Ricardo quedan muy minimizados. Por ejemplo, la elaboración de la dualidad del trabajo (la otra cara de la moneda de la dualidad de la mercancía) como trabajo concreto y trabajo abstracto, y la conexión de ésto con la teoría del dinero. Estos problemas de comprensión generan una lectura de Marx desde un punto de vista “naturalista” o “técnico”, en la cual hay poco espacio para un desarrollo más profundo del análisis marxista de las relaciones sociales (entre otros aspectos, su notable reflexión acerca del “fetichismo de la mercancía”). Refiriéndose a estas lecturas ricardianas modernas, Yaffe afirma que:

La sustancia del valor –trabajo humano abstracto– se sustituye por su magnitud, unidades de tiempo de trabajo, y el capital se reduce simplemente a insumos de tiempo de trabajo fechados. Las relaciones sociales, […], es un hecho “dado” empíricamente o una explicación aceptable -matemática y, presumiblemente, sociológicamente- de los beneficios positivos. Está dada una vez que la cesta de mercancías que forman el salario pagado a los trabajadores (en unidades del tiempo de trabajo incorporado, por supuesto) y el ingreso total se conocen. Un proceso social se sustituye por coeficientes técnicos y las relaciones sociales por la distribución de la producción entre las clases sociales

Por otra parte, puede argumentarse que este enfoque descarta expeditivamente los elementos dialécticos de la obra de Marx y su propósito de estudiar las “leyes de movimiento” (dinámicas) del capitalismo, en las cuales habría un amplio espacio para episodios de crisis e inestabilidad que están postulados en su obra. En cambio, como es natural, mucho del instrumental ricardiano moderno hereda puntos de vista con fuertes componentes de una visión del capitalismo “clásica”, en la cual los factores de inestabilidad del sistema son muy limitados o directamente ignorados. Por ejemplo, en Ricardo, los episodios de crisis en el capitalismo suelen atribuirse esencialmente a “barreras técnicas” (por ejemplo, por la baja productividad de la agricultura) y a las consecuentes disputas distributivas (creadas en torno a la renta y el salario), o a factores complementarios ajenos al sistema (una guerra) que pueden provocar perturbaciones transitorias en la relación de la oferta y la demanda. Ciertamente, la incorporación del conflicto distributivo emparenta la literatura de estos autores ricardianos modernos con la obra de Marx, pero no necesariamente agota las hipótesis de El Capital acerca del tipo de trayectoria del sistema capitalista, en particular en lo referente a los posibles factores endógenos de inestabilidad. Por ejemplo, los relacionados con la dinámica de la innovación tecnológica o del desarrollo de una esfera financiera, en la cual no necesariamente se genera una tendencia espontánea al equilibrio. Estos temas, implícita o explícitamente tratados por Marx, hacen parte de una visión más compleja del capitalismo que la volcada en el instrumental formal generado a partir del restringido problema de la transformación tal y como fue concebido por Tugan y Bortkiewicz.

Otro punto a relevar es que a partir de las versiones ricardianas de la teoría del valor de Marx se hace muy difícil una comprensión cabal del primer capítulo de El Capital y, por consiguiente, se pierde una llave fundamental para la comprensión plena del resto de la obra. Esta incomprensión lleva a una reacción en cadena que involucra lecturas al menos discutibles sobre otros puntos, tales como la “ley tendencial decreciente de la tasa de ganancia” (también abordada ya por Tugan-Baranowsky) y la distinción entre trabajo productivo e improductivo, entre otros.

Adicionalmente, puede destacarse que esa visión clásica –y su reflejo en un instrumental formal muy centrado en una noción estática del equilibrio– deja un espacio muy reducido para elaborar la teoría del dinero en el capitalismo, es decir, en todas sus funciones sin limitarse a la unidad de medida (el “numerario” de los modelos ricardianos). En el núcleo de la teoría clásica (en especial, la de Ricardo y sus seguidores), el dinero es esencialmente concebido como el famoso “velo” de las operaciones “reales” de la economía. Es difícil, por ejemplo, asimilar el análisis de Marx en el capítulo 3 del tomo I de El Capital a una noción de esta naturaleza. Lo que lleva –según los dichos de Yaffe (1976)– no a “correcciones”, sino al rechazo liso y llano de la teoría de Marx y su trabajo científico. Esto presenta una nueva escuela –según sus dichos– reformista.

Yaffe sugiere que no hay una verdadera solución al problema de la transformación. Al menos no en el sentido que le quieren dar los críticos de Marx, al tiempo en que se mantenga la intención original de Marx. En consecuencia, el método de Marx para transformar valores a precios es el único correcto y la problemática planteada tal vez encuentre la solución en términos marxistas cuando se la analice en forma dinámica, como plantea Alejandro Ramos.

2.3.7 El aumento de la participación de los ingresos financieros y crediticios en el ingreso total de las familias[36]

Muy pronto, un negocio mucho más atractivo que el teatral
atrajo mi atención y la del país. Era un asuntillo llamado
mercado de valores. Lo conocí por primera vez hacia 1926.
Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era
un negociante muy astuto. O por lo menos eso parecía,
porque todo lo que compraba aumentaba de valor.

Groucho Marx (1959, Groucho y yo)

La teoría de la financiarización sostiene que cae relativamente la participación de los salarios en los ingresos familiares, aun entre familias trabajadoras, así como también el endeudamiento familiar para financiar consumos o capitalizaciones de largo plazo (como las viviendas).[37].

Este aspecto es mencionado a pesar de que su pertinencia no es plena con respecto al tema a tratar. En principio, la tasa de explotación se refiere a la porción del ingreso atribuible a la remuneración del trabajo en relación con el trabajo que no es remunerado. Por lo que el ingreso (aun en los trabajadores) proveniente de la propiedad no resulta de interés. Es una calificación por roles tal como la distribución funcional del ingreso. En el caso del ingreso por propiedad participada de la empresa en la cual trabaja, nos encontramos con un ingreso similar a los premios por productividad. La única diferencia es que según el tipo de acciones entregadas, éstas podrían ser vendidas en el mercado.

Estas diversificaciones en los ingresos de las familias (reitero, aun en las que prima el ingreso por su trabajo) son fuertemente cíclicas y representan un ajuste automático en caso de crisis, por lo que se suma la caída de esos ingresos extrasalariales a la carestía proveniente de hipotéticas caídas salariales y peores condiciones de trabajo.

El segundo aspecto (el referido al endeudamiento familiar) también es fuertemente cíclico, ya que al abundar el crédito por la liquidez inicialmente se produce una ilusión de aumento del poder adquisitivo, la que cuando comienzan los pagos se revela como totalmente ficticia, dado que adicionalmente se deberán pagar los intereses por lo comprado a plazo. Por otro lado, esta práctica refuerza la compulsión económica propia del capitalismo que obliga a quienes no poseen medios de producción a vender su fuerza de trabajo ya no sólo para subsistir, sino para pagar los consumos pasados. Cabe destacar que en momentos de liquidez el endeudamiento es fuertemente estimulado por parte de los bancos.

Indudablemente, como ya se ha mencionado, ambos aspectos son procíclicos. Al acercarse la crisis, los dividendos escasean, los precios bursátiles caen y las posibilidades de endeudamiento se achican o encarecen (a causa del riesgo). Todas estas limitaciones se han mostrado crudamente desde la crisis de 2007 en adelante.

Una mención especial merece el endeudamiento en pos de la capitalización familiar. En el caso de que una familia que se endeude para comprar una vivienda, si ese endeudamiento es para posesión de la misma, nos encontramos con una coyuntura en la que podría resultar conveniente si el diferencial entre la cuota del préstamo y el alquiler que hubiera debido pagar no fuera demasiado alto. El problema (que también se vio expuesto en la crisis) es que para que esto suceda, debido a los altos precios de los inmuebles –ascenso que se potenciaría con la demanda proveniente de los mismos créditos–, los plazos debían ser tan largos que a una mayoría la crisis los tomó desprevenidos. Por consiguiente, se quedaron sin casa y endeudados[38], volviendo a tener que pagar un alquiler con sus ingresos laborales afectados. En consecuencia, este caso también profundiza los ciclos de ingreso familiar, a excepción de que la merma de ingresos se produzca después de agotar los pagos.

2.3.8 De los ámbitos nacionales al mundo capitalista

Mirad a esos superfluos, se hacen ricos y sin embargo empobrecen.

Friedrich Nietzsche (1883, Así habló Zaratustra)

Los datos originales necesarios para calcular la tasa de explotación a nivel de los ámbitos nacionales de acumulación pueden obtenerse de diversos modos. El resultado obtenido a partir de la reelaboración de las cuentas nacionales resulta cuestionable, ya que existen diversas formas de traslación de la plusvalía en términos internacionales que no son consideradas por las estadísticas oficiales. Este traspaso se da de diversas maneras, tanto por el comercio internacional –con estructuras de intercambio desigual (Emmanuel, 1969) por las superganancias provenientes de la reapropiación de rentas diferenciales, hasta el pago de derechos, royalties y otros conceptos– como por la transferencia de dividendos a las casas matrices y accionistas en el exterior.

Si los resultados nacionales se ponderan correctamente –de acuerdo con el peso de cada economía en el conjunto de la economía capitalista– a nivel regional año a año, entonces pueden obtenerse resultados más significativos, ya que gran parte del movimiento del excedente se da a esta escala.

Por último, si se desarrolla este procedimiento analítico a escala de todo el mundo capitalista, en cada momento se tendrá un resultado que, a pesar de las limitaciones que los datos originales puedan tener en cuanto a su confiabilidad, darán cuenta de un modo válido de los niveles de explotación capitalista y de su evolución a lo largo del tiempo. La principal limitación, en este sentido, residiría en el porcentaje de la economía mundial cubierto por los datos disponibles. Esto sucede porque este cálculo es más válido cuanto más cerrada sea la economía y, ciertamente, la economía del mundo lo es.

Para que este análisis resulte significativo a nivel mundial, se estableció como línea de base mínima al 85% del PBI de la economía del mundo capitalista. Alcanzar ese porcentaje resulta más difícil cuanto más atrás nos vamos en el tiempo por las limitaciones en la disponibilidad de los datos de ciertos países y/o por las dificultades para determinar su consistencia metodológica. No obstante, como se señaló anteriormente, para el primer período de análisis (1974-2012), ya se cuenta con datos suficientes para casi todos los países seleccionados en casi todos los años. Los datos faltantes fueron estimados, por lo que se pudo sobrecumplir el objetivo planteado.

Concretamente este cálculo es más válido cuanto más global sea su alcance. Cuanto más se asemeje la economía a analizar a una economía cerrada. A medida que intentamos aplicarlo a unidades regionales (con fuerte interacción interregional en términos comparativos con el extrarregional), se pierde teóricamente algo de significación y aún más si hablamos de Estados nacionales en términos puntuales. Así y todo, el análisis de la tasa de explotación en el largo plazo de unidades nacionales sigue siendo interesante de abordar. Si se quisiera ganar significancia, se debería recurrir a mecanismos que puedan desagregar las transferencias de plusvalía en términos transfronterizos.

2.3.9 Metodología usada para estimar datos faltantes[39]

¿Tiene la impresión de vivir en un país de estúpidos?
Cuando pensaba en el estado de estupidez de este país,

solía consolarme repitiendo para mí que,
incluso si hubiera 200 millones de burros redomados,
quedarían al menos 80 millones de personas
capaces de llegar a entender lo que digo…

Michael Moore (2003, Estúpidos hombres blancos)

Existen diferentes tipos de datos faltantes a listar. El primer tipo de faltante es sobre una categoría en la que hay referencias, pero faltan cifras retrospectivas. El segundo caso es la falta de datos posteriores a los ya existentes. El tercer tipo es el faltante de números intermedios y, finalmente, el cuarto tipo es para países que tienen cifras para algunas variables, pero faltan por completo para otras.

En los tres primeros casos, recurrimos a un procedimiento de forecasting o backcasting (según corresponda) a partir de un modelo AR(1) estimado con los datos existentes. Esta estrategia de modelización es eficaz para predecir la media incondicional, pero no puede lograr un buen ajuste en ventanas tan cortas. Por ese motivo, a los resultados de la predicción del modelo se les adicionó un residuo elegido por bootstrapping.

El cuarto caso resulta el más complejo. Para esas estimaciones, nos valemos de los diferentes tipos de capitalismo. El concepto de varieties of capitalism,(variedades de capitalismo o en su versión abreviada VoC) proviene de Hall y Soskice (2001).

Los autores distinguen dos tipos de capitalismo: 1) las economías liberales demercado(LME por ser la sigla en inglés de liberal market economies), entre las que se cuentan, por ejemplo, Estados Unidos, Australia, Canadá, Reino Unido, Nueva Zelanda, emtre otras, y 2) las economías coordinadas de mercado(CME por ser las iniciales de coordinated market economies en lengua inglesa), cuyos principales exponentes son Suecia, Alemania, Japón y Austria, entre otros.

A su vez, entre las LME y las CME están las llamadas economías “hibridas, mixtas o meridionales”. Sobre la base de estas clasificaciones, se han desarrollado otras que van más allá de Europa Occidental, Estados Unidos y otros países desarrollados. En este trabajo, se usan tanto las clasificaciones de Aristei y Perugini (2015), como la de Schteingart y Trombetta (2016), la propia desarrollada por el autor y una combinación de las tres.

2.3.10 Mediaciones entre niveles de análisis y estrategias de cuantificación y cualificación[40]

La plata y el oro de América penetraron como un ácido corrosivo, al decir de Engels, por todos los poros de la sociedad feudal moribunda en Europa, y al servicio del naciente mercantilismo capitalista. Los empresarios mineros convirtieron a los indígenas y a los esclavos negros en un numerosísimo «proletariado externo» de la economía europea. La esclavitud grecorromana resucitaba en los hechos, en un mundo distinto; al infortunio de los indígenas de los imperios aniquilados en la América Hispánica hay que sumar el terrible destino de los negros arrebatados a las aldeas africanas para trabajar en Brasil y en las Antillas.

Eduardo Galeano (1970,
Las venas abiertas de América Latina)

La propuesta de análisis presentada hasta aquí implica, en términos de los postulados de la teoría del dato de Samaja, abarcar diferentes niveles de integración del objeto y poder centralizar el foco en las dinámicas de valor que se registran en cada uno de ellos.

Un primer nivel, el más desagregado y elemental, corresponde a lo singular concreto, a los fenómenos que –en un nivel más simple– no pierden su relevancia para el avance de la investigación. En términos de Marx (1991: 51), ésta es la manera de elevarse hacia lo complejo determinado, “desde lo simple –trabajo, división del trabajo, necesidad, valor de cambio– hasta el Estado, el cambio entre las naciones y el mercado mundial”. En ese nivel se ubican los procesos productivos concretos, los tiempos de trabajo, su carácter remunerado o no remunerado, los valores de uso que son su resultado y los valores de los que son portadores como tiempo de trabajo abstracto socialmente necesario. Así, “las categorías simples expresan relaciones en las cuales lo concreto no desarrollado pudo haberse realizado sin haber establecido aún la relación o vínculo más multilateral que se expresa espiritualmente en la categoría más concreta; mientras que lo concreto más desarrollado conserva esta misma categoría como una relación subordinada” (Marx 1991: 52).

Esto último es precisamente lo que se puede advertir en un segundo nivel, de mayor complejidad, donde se ubican, como foco para el análisis, las particularidades de cada ámbito nacional y de la región en la que se ubica como conjunto . Las características de estas entidades más generales están determinadas y condicionadas por los elementos que componen el nivel inferior: la dinámica de los salarios y las ganancias en cada país, las formas de organización de los procesos productivos y de consumo de la fuerza de trabajo en cada rama industrial y en cada ámbito nacional, los niveles de organización y las correlaciones de fuerza entre las organizaciones corporativas de cada movimiento obrero y de las distintas clases y fracciones de clase; las políticas impositivas, sociales, laborales y productivas que implican en cada país transferencias de ingresos; las relaciones diplomáticas y comerciales entre ámbitos nacionales, etcétera. Esto es abordado exploratoriamente, por lo que queda su profundización para investigaciones posteriores.

Este encuadre requerirá abordar la historia en sus diferentes niveles –local, nacional, regional y mundial– desde diferentes ópticas. Las crisis económicas a diferente escala, guerras, revoluciones, golpes de Estado, grandes huelgas, etcétera, deberán considerarse según correspondan como causas o efectos de los cambios cuantitativos. En el análisis, además, se tomará en cuenta el signo político de los gobierno –los que asumieron, por vías dispares, durante el período en cada país– y las formas en que cada uno de ellos definió una agenda política en relación con los intereses de clase y con su organización corporativa en cada momento. Así, se podrán articular estrechamente las series de datos con su dimensión histórico-política y abarcar tanto su evolución de corto plazo, más relacionadas con los acontecimientos puntuales, como los fenómenos a mediano plazo. Esta otra faceta cualitativa tiene sus componentes en el cuerpo de este texto con una profundización en el anexo histórico social que no ultima los detalles, quedando también abierto a ser ahondado en el futuro.

En resumen, esta investigación –de la cual forma parte la tesis que es la base de este texto (dado que la tesis es sólo un componente de una investigación mayor)– plantea una evaluación de los fenómenos que sintetice el movimiento de cuantificación centrado en el cálculo de las tasas de plusvalía y en su evolución para el período, con un movimiento de sentido cualitativo, que permita interpretar la orientación de las dinámicas sociales, políticas y económicas expresada[41]s en los cuatro ejes mencionados en los objetivos (ver 1.4): político-institucional, relaciones intersectoriales, macroeconómico y diplomático-internacional.

Incorporar estos ejes ofrece problemas adicionales. Con frecuencia, importantes acontecimientos a nivel local resultan insignificantes para la evolución de la tasa de explotación mundial, pero las reiteraciones de esos fenómenos replicados en numerosas naciones en períodos relativamente cortos de tiempo pueden resultar fundamentales. Ejemplos de ello serían la proliferación de dictaduras en Latinoamérica o, más recientemente, la primavera árabe (prácticamente ya fuera del período que se analiza en este texto). A su vez, puede ser que una crisis local genere un contagio, cuyo impacto resulte más significativo de lo que podría esperarse. Incluso acontecimientos de gran significación pueden implicar la ampliación de nuestro universo temporal y espacialmente como lo fue la disolución tanto del bloque soviético –que sumó al mundo capitalista a varios países entre 1989 y 1991– y la de otros países detrás de la cortina de hierro (como la separación de Checoslovaquia o la disolución de Yugoslavia), así como la restauración capitalista en China desde el año 1997.

2.3.11 Cierre metodológico

“En la metodología de la enseñanza de las ciencias sociales hay que diferenciar lo general, lo peculiar y lo particular.”

Marinko y Stoliarov (1982,
Metodología de la enseñanza de la economía política)

Si se ha logrado la complicidad del lector y se lo ha convencido con argumentos suficientemente firmes de que es posible obtener, en primer lugar, el cálculo de la tasa de plusvalía y a partir de ella evaluar la evolución de la misma a nivel mundial, estaremos de acuerdo en que esta evolución tendrá causas y efectos en la sociedad. En definitiva, la propuesta aquí presentada busca avanzar en el cálculo inicialmente y luego progresar, al menos en términos exploratorios, en el conocimiento de las relaciones sociales y su evolución en el mediano y largo plazo.

En consecuencia, se torna de vital importancia tanto poder volver a explicar los acontecimientos históricos y actuales teniendo en cuenta esta nueva información −que tanto aporta a la explicación marxista de la evolución del capitalismo− como a partir de una observación sistemática del fenómeno permitirnos utilizar la tasa de explotación como un insumo esencial para el análisis científico de la actualidad en el mundo y como recurso discursivo clave para la disputa de los trabajadores por el valor que ellos mismos crean, pero no perciben.

En este sentido, la superación de las dicotomías metodológicas entre lo cuantitativo y lo cualitativo, lo micro y lo macro, e incluso lo estructural y lo superestructural, mediante un análisis que procure la superación de los momentos de contradicción en la elaboración conceptual de la realidad es quizá el principal aporte que este trabajo se propone realizar. El marxismo cuantitativo, con el que este trabajo se identifica, reconoce la necesidad de una síntesis entre las mediciones de las variables cuantitativas y la caracterización de los hechos no cuantificables, que involucra a ambos elementos, lo que produce interpretaciones fundadas en una perspectiva teórica que habilita la construcción de un nuevo significado para la teoría en relación con la evidencia empírica.

En el mismo sentido, la utilización y el debate de este modelo de análisis integrado de datos desde una perspectiva marxista debe permitir su perfeccionamiento para alcanzar un mejor conocimiento de las múltiples realidades y de sus relaciones. Éste quizá sea un aporte interesante de esta investigación: la teoría del dato –que se inspira claramente en la dialéctica hegeliana, en los métodos de Marx para la economía política, en sus reflexiones epistemológicas y metodológicas– es un instrumento clave para la producción de conocimiento mediante la articulación de contenidos empíricos y teóricos.


  1. En base a Farina-Ralón 2015.
  2. Este megaproyecto está integrado por tres proyectos financiados por la Universidad de Buenos Aires, el primero de los cuales el autor fue co-director y es director de los siguientes dos. También lo integran dos proyectos de investigación de cátedra financiados por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. A su vez, es el sostén para la fundación del Centro de Estudios de Marxismo Cuantitativo (CEMC) con sede en la FCE-UBA, el cual se encuentra en proceso de aprobación con el autor como director.
  3. Este párrafo retoma elementos presentados en Ralón et al (2012), adaptados a esta temática.
  4. Si bien en este texto se adhiere a la dialéctica del dato de Samaja, para favorecer una lectura más amigable frecuentemente se mantendrá el vocabulario convencional.
  5. Hay que tener en cuenta que los modelos teóricos con los que cada investigador trabaja condicionan las posibilidades y formas en que se aprehende la realidad. Así, desde algunas perspectivas no marxistas la cuestión de la estratificación en la sociedad contemporánea puede expresarse mediante variables como el nivel socioeconómico, cuyas dimensiones pueden remitir a los niveles jerárquicos que los sujetos ocupan en su actividad laboral, a los montos de ingresos totales familiares en relación con los niveles de consumo que esos ingresos habilitan, a los máximos niveles educativos alcanzados por los integrantes de un grupo familiar, al clima educativo del hogar, a las trayectorias educativas intergeneracionales, al acceso a bienes sociales y/o culturales, etcétera. Estas definiciones operacionales pueden ser válidas en función de los modelos teóricos desde los cuales se definen y los objetivos específicos de cada investigación. Pero reconocer la estructura de los datos permite evaluar esta validez interna y su utilidad para la aprehensión de otros tipos de fenómenos en función de objetivos y perspectivas diferentes.
  6. Correspondiente a los contextos en que las unidades del nivel de anclaje están insertas y que determinan, en alguna medida, las características de las unidades de análisis de niveles inferiores.
  7. Nivel de las unidades de análisis centrales en la investigación, cuyas características son el resultado de las determinaciones contextuales y de los componentes constitutivos
  8. Sus unidades son componentes, aspectos particulares de las unidades del nivel de anclaje que permiten describirlas.
  9. Las citas de Dunne corresponden a una traducción preliminar del autor de este texto.
  10. Este es un principio filosófico-metodológico de parsimonia o economía (lex parsimoniae) desarrollado por el filósofo y fraile franciscano Guillermo de Ockham (1280-1349), según el cual en igualdad de condiciones “La explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera”.
  11. Como se mencionó ese objetivo fue largamente sobrecumplido.
  12. En realidad, la cantidad de países oscila entre 46 y 61.
  13. Quizá sirva como demostración el hecho de que la enciclopedia libre en línea Wikipedia no cuenta con un artículo específico para esta corriente en su versión en castellano. En la versión inglesa, el término Quantitative Marxism presenta referencias a la obra de Dunne (1991) como bibliografía de algunos artículos. Por contraste, sí existen artículos en ambos idiomas para: Marxism, Post-Marxism, Analytical Marxism, Neo-Marxism, Instrumental Marxism, Orthodox Marxism, Structural Marxism, Western Marxism, Open Marxism, Marxism–Leninism, Marxism–Leninism–Maoism.
  14. Este enfoque resulta una variante del modelo de Harrod-Domar, el cual es esencialmente una modelización neoclásica donde la producción deriva de la “abstinencia” de los capitalistas y de la “productividad física”, es decir que no hay lugar para el trabajo social.
  15. Como se ha mencionado, Aristóteles se había ocupado marginalmente de la actividad económica y del valor en sus distintas expresiones entre otras cosas, pero no profundizó en el análisis, ya que se la consideraba una actividad menor. Tal es así que la palabra economía proviene del vocablo griego enoikos que quiere decir ciencia del hogar y, por lo tanto, una tarea femenina. La mujer en Grecia no ejercía ciudadanía y se veía relegada socialmente con respecto a los hombres libres. Un estudio sobre esta actividad “femenina”, enoikos, quedaba relegado, debido al lugar de la mujer en aquella sociedad griega, la cual practicaba una profunda discriminación contra las mujeres. Así y todo, Aristóteles desarrolla originalmente las funciones del dinero vigentes hasta la actualidad. Le da tanta importancia al dinero que lo considera junto con la palabra lo que hace al hombre un “animal especial”.
  16. Lo encorchetado figura en la versión original, pero es excluido de este análisis, ya que se lo atribuimos exclusivamente a la herencia de los fisiócratas escoceses.
  17. En palabras de Petty: “El trabajo es el padre y principal activo de la riqueza, como las tierras son la madre”.
  18. Se refiere al incremento en términos físicos de la cantidad producida atribuible al aumento en una unidad de la cantidad utilizada de ese factor.
  19. Vale aclarar que Keynes se encontraba totalmente al tanto de los desarrollos marxistas de Robinson.
  20. Funda esto en la inexistencia de un aporte por parte de la espera y en la incapacidad del capital de producir por sí sólo.
  21. También llamado trabajo muerto o pretérito, el cual constituyó el principal aporte de David Ricardo (1985) a la teoría del valor trabajo.
  22. En términos de la teoría laboral del valor existen dos formas distintas en las que varía la plusvalía: la primera, absoluta, consiste en incrementar el tiempo de trabajo de los trabajadores en términos cuantitativos o cualitativos. Ejemplos típicos de obtención de plusvalía absoluta: el aumento de la jornada laboral, la disminución de la porosidad durante la jornada de trabajo, la polivalencia en las funciones del trabajador, el aumento de la edad jubilatoria. El resultado es un aumento de la masa total de plusvalía, pero esta forma tiene límites concretos: la duración de la vida útil del trabajador, el límite de su agotamiento físico o la duración máxima teórica de la jornada laboral (24 horas). La segunda forma de variación de la plusvalía es la relativa, la cual consiste en incrementar la productividad de los trabajadores de tal modo que se salde el valor de la fuerza de trabajo empleada en el proceso productivo en menos tiempo. Esta es la base de la acumulación intensiva de capital. Ejemplos de esto, en algunas ramas, son la devaluación monetaria sin modificaciones en los salarios nominales, así como la implementación de nuevas tecnologías. Plusvalía absoluta y relativa no se excluyen. Por el contrario, los capitalistas pueden aumentar el ritmo y la duración de la jornada, al mismo tiempo que sustituyen trabajo vivo por trabajo muerto, operarios por máquinas, para aumentar la productividad, mejorar su posición en la competencia entre capitales y, en definitiva, aumentar la plusvalía.
  23. Esta afirmación es especialmente válida en una economía cerrada. La economía capitalista mundial es, de hecho, una economía cerrada. La economía capitalista mundial en su totalidad es prácticamente cerrada y, en consecuencia, un porcentaje significativo de esa economía también puede considerarse cerrado.
  24. D: Dinero. M: Mercancía. MP: Materias primas. FT: Fuerza de trabajo. PV: Plusvalor o Plusvalía. M’: Nuevas Mercancías. D’: Dinero incrementado. K: Capital. K’: Capital incrementado. K”: Capital reincrementado.
  25. No todos los economistas marxistas comparten esta definición. Betti y Gattei (2004a, 2004b) proponen la categoría de “reproductores de plusvalía” para abarcar a los trabajadores de la educación bajo la órbita estatal. Posiblemente lo hagan prisioneros de lo que fue descripto por Schumpeter, que se cita en el párrafo siguiente.
  26. Esta lógica es la que explica en gran medida la tendencia a la privatización de todas las áreas estatales (medicina, educación, empresas estatales) que puedan resultar “rentables”, es decir, que puedan transformarse en áreas productivas de plusvalía para el capital. Su improductividad es el resultado de las conquistas de los trabajadores: la educación, la salud y los servicios públicos en general son considerados derechos sociales. En determinadas condiciones políticas, especialmente de subdesarrollo, el Estado como puede actuar como un capitalista colectivo para desarrollar áreas en las que los capitales locales no pueden competir con los extranjeros: petróleo, telefonía, infraestructura productiva y otras áreas estratégicas. En otros casos, el control de ciertas áreas y actividades es fruto de la presión de los capitales singulares para que el Estado se encargue de sectores no rentables: nacionalización de las empresas que dan pérdidas o estatización de pasivos (algo típico en crisis). A medida que las empresas que operan en esas áreas se vuelven potencialmente rentables, los capitalistas comienzan a presionar para que sean devueltas a la esfera privada. Suelen producirse en esos casos traspasos del trabajo improductivo a la esfera de la valorización: empresas estatales que contraen deudas, obligándose a incorporar criterios de rentabilidad, universidades estatales que responden a las necesidades del capital, privatizaciones, tercerización, subcontratación, etcétera.
  27. Tendrán que llegar las encíclicas obreras de León XIII en 1891 para que la Iglesia católica transforme al trabajo en dignificador.
  28. Se agradecen los comentarios de Juan Graña.
  29. En discusiones que exceden a este texto se consideran equivalentes también los precios de producción. La diferencia entre valores y precios de producción tiende a ser nula en el promedio de la economía. Por un lado, Ochoa (1984) define valor como “como los requerimientos de trabajo verticalmente integrados” mientras que los precios de producción serían los costos capitalistas más la ganancia media. Ambos conceptos pertenecen a niveles de abstracción diferentes.
  30. En caso de partir del producto bruto es necesario restar el costo de reposición del capital en el numerador. Si nos manejáramos con el producto neto esto no sería necesario, pero las estadísticas disponibles nos ofrecen la distribución funcional del producto bruto. Esta corrección a la fórmula original usada en Farina y Lascano (2007a, 2007b), Farina, Lascano y Ralón (2008, 2011) y Farina y Barrionuevo (2017) fue hecha a partir de una discusión con Juan Kornblihtt, a quien debo reconocer este aporte.
  31. Parte de la plusvalía del trabajo productivo es pagada como masa salarial de sectores improductivos.
  32. Estas cualidades están inspiradas en cualidades de los indicadores de presupuesto por resultado correspondientes a la administración pública. Si bien no se abandona la dialéctica del dato de Samaja, se recurre al vocabulario convencional.
  33. Los comentarios y correcciones de Bruno Canuto y, especialmente, de Alejandro Ramos resultaron fundamentales en esta sección que fue armada principalmente en base a Yaffe (1976). La versión publicada está muy recortada con respecto a la versión evaluada. De hecho, la crítica de Diego Guerrero Jiménez expresó, entre otras cosas, que esta sección le parecía un cuerpo extraño en la tesis.
  34. Tugan-Baranowsky era un economista ucraniano, muy activo en la recepción inicial de la obra de Marx. Su libro sobre las crisis tuvo una primera edición en 1894 en ruso, pero es la versión de 1901, publicada en alemán, la más destacable en este sentido. El trabajo de 1905 culmina sus esfuerzos críticos de la obra de Marx, estableciendo una interpretación de los aspectos cuantitativos básicos de la teoría del valor, que involucra tanto una interpretación acerca de la forma de calcular la tasa de ganancia como de la naturaleza del “problema de la transformación”.
  35. Ladislaus Bortkiewicz era un estadístico y economista ruso de origen polaco que ejercía en Berlin que se enrolaba entre los Ricardianos. Su esfuerzo se centraba en defender a Ricardo de las críticas de Marx.
  36. Esta sección también se encuentra reducida en términos de extensión si se compara la versión evaluada con esta versión publicada.
  37. También analiza el aumento del ingreso de origen bursátil en las empresas, el cual será abordado en conjunto con la sexta causa contrarrestante de la caída tendencial de la tasa de ganancia de Marx.
  38. En Estados Unidos los créditos prendarios se agotan al rematarse el bien en cuestión, por lo que sólo volvieron a su condición de inquilinos.
  39. La asistencia de Martín Trombetta resultó fundamental para la selección de criterios y la estimación de los datos faltantes.
  40. Estos temas desarrollados en torno a los niveles de análisis y sus correspondientes estrategias de cuantificación y cualificación no hubieran alcanzado el presente desarrollo de no ser gracias a las innumerables discusiones con Gonzalo Ralón.
  41. Al ser este texto parte de un proyecto más general, el análisis de las dinámicas sociales, políticas y económicas se realizará de forma exploratoria.


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