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5 Relación entre la caída de la tasa de ganancia, la composición orgánica del capital y la tasa de explotación

5.1 La Mercancía, el valor y trabajo[1]

El ardiente afán de novedades que hace ya tiempo agita a los pueblos, necesariamente tenía que pasar del orden político al de la economía social, tan unido a aquel. La verdad es que las nuevas tendencias de las artes y los nuevos métodos de las industrias; el cambio de las relaciones entre patronos y obreros; la acumulación de las riquezas en pocas manos y la pobreza ampliamente extendida; la mayor conciencia de su valer en los obreros y su mutua unión más íntima; todo ello, junto con la progresiva corrupción de costumbres han hecho estallar la guerra. Cuán suma gravedad entrañe esa guerra, se colige de la viva expectación que tiene
suspensos los ánimos
y de cómo ocupa los ingenios de los doctos,
las reuniones de los sabios, las asambleas populares, el juicio
de los
que ésta preocupe los ánimos de los hombres.

León XIII (1891, Encíclica “Rerum Novarum”)

La mercancía es la forma elemental de la riqueza social en el capitalismo y es por ello que Marx (1962:3) se vuelca de lleno a su estudio al inicio de su obra principal. Él basa su decisión asegurando que en una sociedad capitalista, la riqueza está representada por “un cúmulo de mercancías”. Esta mercancía tendrá como características propias e intrínsecas el valor de uso y el valor de cambio. El valor de uso no es más que el sustento material del valor y de su expresión, el valor de cambio. A su vez, el valor de uso está determinado por las propiedades materiales de la mercancía y está definido también históricamente.

El concepto de valor en Marx, que hereda las nociones asimilables a las de los economistas clásicos, es profundo e ideal. Los valores −tal como lo establece Ricardo (1985) en el apartado 4 del capítulo 1 de Principios de economía y tributación− se presentan como relativos y este es el punto de partida de Marx (1968) en Salario, precio y ganancia para su análisis del valor. El valor ve la luz sólo a través del valor de cambio que, en principio, como ya se mencionó, aparece como una relación cuantitativa entre mercancías, o sea en forma relativa. Esto implica que, en principio, es imposible referirse al valor de cambio de una mercancía sin igualarla a otra. Sin embargo, para que tal igualación sea posible, debe ser posible −en términos estrictamente teóricos− concebir ambas mercancías como dos objetos cualitativamente iguales y cuantitativamente comparables. En consecuencia, debe existir una sustancia común a ambas a mercancías que permita considerarlas abstractamente en este sentido. Descartado el valor de uso, que es naturalmente distinto en cada mercancía, tenemos como conclusión que la única sustancia común a todas las mercancías es la condición de ser fruto del trabajo humano.

Marx (1962: 6) prescinde del estudio del valor de uso. A su vez, al doble carácter de la mercancía −valor de uso y valor− le contrapone el doble carácter del trabajo, sobre el que Marx (1962: 9) reclama originalidad. Por un lado, el trabajo útil (o concreto) es el que hace de la mercancía un valor de uso, determinado en la división social del trabajo y existente en toda sociedad. Y, por el otro, el trabajo abstracto (o indiferenciado) es el que le otorga valor a la mercancía. Cabe señalar que la condición de abstracto proviene del hecho de que el ser humano es el único ser capaz de realizar tal abstracción: a diferencia de los animales, el hombre es capaz de reproducir lo concreto a través del pensamiento y puede así concebir el fruto de su trabajo antes de realizarlo. Por ende, no debemos detenernos en el trabajo concreto, sino en el trabajo abstracto.

El valor de cambio[2], como ya se ha dicho, es en cierta medida relativo, pero el problema está en saber cómo se regulan estas proporciones. Los valores de cambio son funciones sociales en las que nada tiene que ver la sustancia natural. Lo único en común entre todas las mercancías es que son producto del trabajo. Eso no quiere decir que todos los productos del trabajo sean mercancías. La mercancía sometida al intercambió adquiere así una porción del trabajo social dada la división del trabajo. En consecuencia, la mercancía como valor no es más que trabajo cristalizado, solidificado.

Para medir el valor que genera el trabajo abstracto mediremos su tiempo en horas, pero no bastará con encontrar la forma de medir el trabajo, sino que faltará estandarizarlo. De no avanzar en la estandarización, se podría pensar que una silla producida por un trabajador más torpe vale más que la producida por un rápido y habilidoso carpintero. Esta estandarización nos llevará a medir el tiempo de trabajo generador de valor en horas de trabajo abstracto, que es el medio necesario para la reproducción de la mercancía (o sea, en horas de trabajo socialmente necesario). Además, al igual que Smith (2004), Marx sostiene que el trabajo complejo es reductible al trabajo simple.

Dentro de este esquema, si aumenta la capacidad productiva del trabajo, el valor de cada una de las mercancías producidas disminuirá, ya que si baja la cantidad de trabajo que da origen a una mercancía, también baja el valor de ésta. El valor total de la masa de mercancías depende del tiempo de trabajo objetivado en ella y no de la productividad de este (en tanto y en cuanto el trabajo se desarrolle en las condiciones técnicas normales).

A pesar de que una acumulación cada vez mayor de valores de uso implica un aumento de la riqueza material, esto no necesariamente implicará un aumento del valor, ya que podría haber mediado un aumento de la productividad del trabajo. Es importante insistir en que no es la productividad del trabajo lo que determina el valor de una mercancía, sino el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla. En consecuencia, el problema de Smith reaparece: en el modo de producción capitalista, las relaciones entre productores privados independientes no se dan de manera directa sino mediada a través de la compraventa de fuerza de trabajo, de manera que las condiciones de reproducción son desconocidas. A diferencia de Smith (2004), Marx no esquivará este problema y lo resolverá, como se verá más adelante, con la introducción de un concepto conocido como la forma del valor.

Según Marx (1962: 15-38), el valor asume diversas formas a medida que avanza la generalización de las relaciones sociales capitalistas[3]. Exponemos a continuación las formas que este autor distingue.

La forma simple del valor

20 varas de lienzo = 1 levita

Es importante destacar que la posición que ocupan ambas mercancías en la igualdad es puramente fortuita y subjetiva, por lo que da exactamente igual decir:

1 levita = 20 varas de lienzo

El dueño de las varas de lienzo lo verá en el primer orden, mientras que el sastre poseedor de la levita en el segundo.

Resulta evidente la limitación de la forma simple del valor, ya que el tejedor no desea únicamente levitas. Es por ello por lo que hace su aparición:

La forma desplegada del valor

20 varas de lienzo = 1 levita

20 varas de lienzo = 10 libras de té

20 varas de lienzo = 40 libras de café

20 varas de lienzo = 1 quintal de trigo

20 varas de lienzo = ½ tonelada de hierro

20 varas de lienzo = 2 onzas de oro

Es gracias a esta forma que el tejedor puede adquirir una multiplicidad de otras mercancías. Observemos que esta forma del valor no es más que una repetición de formas simples.

Por otro lado, se ha dicho que el ordenamiento en la forma simple es puramente fortuito. Si utiliza esta fortuita ubicación e invierte todas las igualdades llegamos a:

La forma general del valor

1 levita = 20 varas de lienzo

10 libras de té = 20 varas de lienzo

40 libras de café = 20 varas de lienzo

1 quintal de trigo = 20 varas de lienzo

½ tonelada de hierro = 20 varas de lienzo

2 onzas de oro = 20 varas de lienzo

O sea:

1 levita

10 libras de té

40 libras de café                               = 20 varas delienzo

1 quintal de trigo

½ tonelada de hierro

2 onzas de oro

Al poner a la mercancía 2 onzas de oro como equivalente general se llega a:

La forma dinero del valor

1 levita

10 libras de té

40 libras de café                                  = 2 onzas de oro

1 quintal de trigo

½ tonelada de hierro

20 varas de lienzo

En esta instancia, estamos cercanos a igualar el punto en donde inicia su análisis la economía vulgar[4], la forma precio del valor en la cual las 2 onzas de oro son reemplazadas por 2 libras esterlinas, por ejemplo.

Por otro lado, la mercancía dinero se ha erigido con ciertas propiedades que no son propiamente de ella, pero que la sociedad capitalista le atribuye. El dinero adopta la forma de equivalente general, la unidad de medida en que todas las demás mercancías son expresadas. Sin embargo, esta unidad de medida no guarda relación alguna con la medida invariante que buscaba Adam Smith; antes bien, la mercancía dinero es la forma concreta que adopta el valor de cambio en el modo de producción capitalista. El intercambio de mercancías por dinero y de dinero por mercancías da cuenta de la capacidad del dinero para actuar como célula de la riqueza social, una propiedad que es históricamente específica del modo de producción capitalista y que da lugar al fetichismo de la mercancía, un concepto de gran importancia en el seno de la teoría económica marxista.

El fetichismo de la mercancía consiste en la ilusión aparencial que consagra al dinero propiedades subjetivas particulares. Esta mistificación del dinero y de sus propiedades es característica de una sociedad donde las relaciones entre personas (la producción social de valor a través del trabajo abstracto) aparecen sólo bajo la forma de relaciones entre cosas (intercambio de mercancías, incluyendo la fuerza de trabajo, entre productores privados independientes). Esta apariencia conduce a la falsa creencia −habitual en la economía vulgar− de que es el dinero (o alguna otra mercancía como podría ser la tierra) el que posee propiedades particulares que hacen a su poseedor más o menos rico, cuando en realidad la única fuente genuina de riqueza es el trabajo humano abstracto.

5.1.1 Trabajo, fuerza de trabajo, capital y producción de plusvalía[5]

Bien quisiera tener el talento descriptivo de un Zola, para presentar, palpitantes y vivos, los sufrimientos y necesidades de este pueblo, tan abnegado, que son grandes y muchos; así como los de esas pobres tribus indias, que en poco tiempo pueden ser traídas a la vida civilizada, contribuyendo con sus cien mil brazos, irreemplazables, al menos durante este siglo, para el desarrollo y la grandeza de la República, y hoy víctimas de su salvajismo, de que no se les puede hacer responsables, del abandono de su cultura, del desamparo de sus derechos y de la explotación inhumana de que son objeto; porque creo que ello bastaría para que del alto criterio de V. E. y de su rectitud surgiera el remedio y las soluciones
que la Constitución ordena y
la humanidad impone.

Juan Bialet Massé (1904, Carta de presentación del Informe sobre el Estado de las Clases Obreras Argentinas)

Si como ya se ha dicho, D’= D + ΔD, donde ΔD es la plusvalía, esto implica que es en este proceso de circulación donde hay que buscar el origen de esta valorización apropiada por el capitalista. El proceso de circulación D-M-D’ tiene cinco componentes: D, D’, M y dos intercambios. ¿En cuál de estos componentes se genera el plusvalor? El dinero por sí mismo no engendra ganancia alguna, por lo cual descartamos D y D’. En el intercambio no hay generación de valor, ya que no adherimos a la teoría mercantilista de generación de riqueza. En definitiva, la única parte de la circulación que queda en pié para el análisis es M. Esto implica que tiene que ser una mercancía la que sea la fuente del valor, o sea que tiene que producir más valor que el propio. El capitalista tuvo que encontrar una mercancía capaz de generar valor y la encontró: la mercancía fuerza de trabajo. La fuerza de trabajo queda presentada aquí como la capacidad del hombre de desarrollar esa tarea: el trabajo.

El proceso de trabajo es esta actividad consiente y racional del hombre que consigue transformar al objeto. El resultado de este proceso es la creación de nuevos valores de uso, sus productos. En el proceso de trabajo, el obrero trabaja bajo el control del capitalista y el producto es propiedad de este último. O sea que el proceso de trabajo aparece como un proceso entre “objetos” comprados por el capitalista (medios de producción y fuerza de trabajo).

El capital como categoría es típica de la forma de producción capitalista. Esta afirmación −que parece redundante− es sumamente necesaria, ya que David Ricardo en el capítulo 1 de sus Principios de Economía eterniza la figura del capital. Esta historicidad del capital se justifica en que el capitalista para comprar la mercancía fuerza de trabajo requiere que el hombre sea doblemente libre. Por un lado, el trabajador debe ser libre en el sentido de estar posibilitado de vender su fuerza de trabajo y, por el otro, debe ser libre en el sentido de estar apartado de la propiedad de los medios de producción, por lo que se verá obligado a vender su fuerza de trabajo, debido a que es su único medio de subsistencia. Asimismo, es interesante notar que el capital, que sólo representaba una colocación de una suma de dinero en el sentido contable para la economía política clásica, se constituye para Marx como algo más: como una relación social. El capital existe en la medida en que es posible para el capitalista tomar una cierta suma y valorizarla mediante la apropiación de la parte no retribuida del tiempo de trabajo del obrero, lo cual presupone una cierta configuración de la división social del trabajo. Este aspecto del capital pasa completamente inadvertido para Smith y Ricardo, pero es crucial en la obra de Marx.

Volviendo a la circulación capitalista, el dinero (que circula como capital) compra la fuerza de trabajo por su valor. Para establecer el valor de cambio de la fuerza de trabajo, debemos someterla a la ley del valor, dado que ella es en sí misma una mercancía (lo que constituye una diferencia clave con modos de producción anteriores al capitalismo). Decimos entonces que el valor de la fuerza de trabajo es el tiempo de trabajo socialmente necesario para reproducir en el mercado la fuerza de trabajo, es decir, la subsistencia física del obrero, en las condiciones sociales normales. Esta última categoría no está exenta de condicionantes de tipo moral: una sociedad puede definir, en un determinado momento de su avance histórico, una cierta canasta de consumo obrero como la normal, sin que eso necesariamente implique que se trate de una canasta mínima de subsistencia en términos fisiológicos. La determinación del salario es, para Marx, social e histórica, y no biológica. Asimismo, esta canasta de consumo obrero debe incluir también los medios de vida de la familia del trabajador, de modo que la clase trabajadora sea capaz de reproducirse como clase social.

La fuerza de trabajo es la encargada de transformar los valores pretéritos y el nuevo valor generado por ella en la mercancía, la plusvalía. El capitalista, ahora dueño de la mercancía, la vende y obtiene su capital incrementado. Como se mencionó, los medios de producción aparecen en el producto como partes integrantes de su valor, puesto que su valor se transfiere al producto. La única sustancia que es genuinamente capaz de generar un nuevo valor es el trabajo humano. De esta manera quedaron definidos anteriormente el capital constante (Kc) y el capital variable (Kv).

Se define cuota o tasa de plusvalía o de explotación (pv) a la relación entre el trabajo no retribuido y el trabajo remunerado. En los términos antes descriptos, PV/Kv (lo que significa es la relación entre el trabajo necesario y el trabajo excedente).

El trabajo necesario es el que se le retribuye al trabajador y con el que éste obtiene sus medios de subsistencia. El trabajo excedente es el no retribuido y el que produce el plusproducto que se realiza en plusvalía. Si se supone una producción estructurada de tal manera que el obrero trabaja 6 horas para sí y 6 horas para su patrón, entonces la tasa de plusvalía sería del 100% y el obrero recibe un salario (W) equivalente a los valores que crea en 6 horas de trabajo.

5.2 El mecanismo fundamental de la economía capitalista

En una palabra, a todas estas mesas de juego, a la ruleta
y al trente et quarante, las debe mirar como un entretenimiento
que sólo puede de procurarle satisfacciones
.

Fedor Dostoievski (1867, El jugador)

Siguiendo a Mandel (1973: 73-106) −que expresa críticamente y en algunos casos en forma simplificada y mejorada lo explicado por Marx en esta temática− llamaremos a la relación que titula el capítulo “mecanismo fundamental de la economía capitalista”.

Figura 5.1.

“Los precios tienden a distribuirse normalmente en torno a sus valores” (Farina 2006)[6]

Las mercancías capitalistas, a diferencia de las mercancías incidentales o excedentes de los modos de producción anteriores, son realizadas con la finalidad de intercambio. Por lo tanto, es en el mercado donde se realizan las mercancías como tales cuando son vendidas por un precio. Esa instancia es en la que el capitalista verifica la abundancia o la escasez de esa mercancía. En caso de resultar escasa, su precio resultará mayor a su valor. Si por el contrario resultara abundante, el precio no alcanzará al valor, por lo que en consecuencia se habrá malgastado parte del trabajo social y a través del mercado parte de la plusvalía extraída por ese capitalista pasará a algún otro capitalista que haya producido algo escaso. Este es el ejemplo más burdo de transferencia de plusvalía.

A su vez, a medida que las fuerzas productivas se incrementan se va produciendo una paulatina caída del valor de las mercancías. ¿Pero qué motivaría a los capitalistas a abatir el valor de las mercancías que ellos mismos producen? En el marco de la libre competencia entre capitalistas, el que logre una innovación significativa podrá acceder a ganancias extraordinarias.

La necesidad que cada capital tiene de vender a un menor precio que sus competidores, y abarcar una mayor cuota de mercado, implica un creciente gasto en capital constante fijo -maquinaria e infraestructura-que permita aumentar la productividad y reducir el valor individual de las mercancías, incluido el de la fuerza de trabajo. El crecimiento relativo del capital constante se da en detrimento del capital variable, destinado a la reproducción de la fuerza de trabajo, siendo esta última la única fuente de la ganancia. El capital encuentra así su propio límite interno. (Maito 2014b: 252)

Este funcionamiento en el marco de la competencia es respaldado por Mandel (1973) y Shaikh, el cual da por tierra a que la caída se produzca por un estrangulamiento producido por la presión salarial y la lucha de clases, factores exógenos, sino como fruto de la propia competencia capitalista. (Kornblihtt 2006: 21-23).

Esto funciona de dos formas diferentes:

  1. En el caso de no poder satisfacer a todo el mercado, el empresario seguirá vendiendo su mercancía en torno al valor dado por las condiciones medias de producción. De esta forma obtiene una ganancia extraordinaria proveniente de la transferencia a través del mercado de porciones infinitesimales de plusvalía extraída de los capitalistas, quienes siguen produciendo en las condiciones originales levemente por encima de las condiciones medias. Estas ganancias extraordinarias son momentáneas y se agotan cuando una cantidad lo suficientemente significativa de empresas logran alcanzar al innovador como para satisfacer la totalidad del mercado. En ese punto, los que no hubieran podido hacer la innovación desaparecerán del mercado y los restantes volverán a obtener la tasa de ganancia media de la economía.
  2. Si, por el contrario, se encuentra capacitado para satisfacer a todo el mercado[7], se constituye inmediatamente como monopolista y vende inicialmente en torno a su valor, sacando al resto de competencia e inmediatamente regula las cantidades entregadas al mercado a fin de maximizar su beneficio, por lo que obtiene una ganancia extraordinaria de monopolista. En este caso, la ganancia extraordinaria podría ser más duradera y provendría de la plusvalía extraída en otras ramas productivas no monopolizadas. El caso “a” puede repetirse sucesivamente hasta que se posibilita el “b”, es lo que le permite a Mandel afirmar que la competencia capitalista leva paulatinamente a su contrario, el monopolio.

“El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado, cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes para todos los propósitos prácticos separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directamente o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil y, de hecho, en la mayoría de los casos absolutamente imposible para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos”. (Einstein 1949)

Lo interesante de lo antes expuesto es que se vuelve válido entre distintas ramas industriales, donde las tecnológicamente más avanzadas se apropian de plusvalía de las ramas más retrasadas y, a su vez, las primeras suelen estar más concentradas. Esto también es válido entre países donde los más avanzados absorben la plusvalía producida en los países periféricos. (Rieznik 2000: 127-131)

La forma en que estas innovaciones se concretan es a través del llamado maquinismo −“más y mejores máquinas”− que impacta directamente en el capital constante al aumentarlo. Este movimiento no tiene límites: la tecnología aumenta permanentemente, lo que pone una cota móvil. Una vez alcanzada esta cota, siempre se pueden adquirir más máquinas.

Este aumento del capital constante impacta directamente en la llamada composición orgánica del capital.[8]

ecu al pie 1

Paso 1: se multiplica el numerador y el denominador por Kv, ya que al ser el equivalente a multiplicar por 1 esto no altera la igualdad. Paso 2: en el numerador se suma y resta el mismo término PV.Kc. Al cancelarse mutuamente se mantiene la igualdad.

ecu al pie 2

Paso 3: en el numerador, sacamos PV de factor común para el primer y segundo término. Paso 4: manteniendo el mismo denominador, se separa en términos la fracción. Paso 5: en el primer término, se cancela Kc+Kv y en el segundo término, separamos la multiplicación.

ecu al pie 3

Paso 6: se saca el factor común PV/ Kv. Paso 7: reemplazamos PV/ Kv por su equivalente pv y sustituimos [Kc/(Kc+Kv)] por su equivalente COK.

ecu al pie 4

De esta manera, cuando COK fuera –lo que es imposible− hipotéticamente 1 (eso implica que Kv = 0), g = 0. Además, si COK fuera hipotéticamente 0 (lo que implica que sólo se produce con Kv, Kc = 0.), entonces g = pv.

En la identidad propuesta por Salama (1973: 134) ecu al pie 5  al dividir numerador y denominador por Kv queda ecu al pie 6  , ya que COK=Kc/Kv. Al ser COK creciente sin cota es prácticamente equivalente a decir ecu al pie 7. Volviendo a ecu al pie 6 , se cumple con una g que crece con un aumento de pv y decrece con un aumento de COK. En el caso extremo de Kv=0, COK y pv quedan indeterminados por la imposibilidad de dividir por 0. Cuando el capital variable tiende a cero (sin serlo), la tasa de ganancia es indeterminada ya que depende de que tan grandes sean PV y Kc. Si Kc = 0 sí se cumple que g = pv. [/footnote] (COK) y en la tasa de ganancia[9] (g). A la COK la hace aumentar ya que impacta con más fuerza en el numerador que en el denominador, mientras que a g la disminuye, dado que impacta sólo en el denominador. En la Figura 5.2 se ve esta tendencia general y la diferencia entre países centrales y periféricos. Una leve recomposición en los centrales se dio a costa de la descomposición en la periferia.

“En los países atrasados, la tasa de ganancia es elevada porque la participación del trabajo vivo en todas las ramas de la producción es relativamente alta en relación con el trabajo muerto […]”. (Rieznik 2000: 129)

Figura 5.2. Tasa de ganancia mundial: su tendencia con la tasa total, total con China desde 1996, centro y periferia.

5-2

  Fuente: elaboración propia en base a Maito (2014 a).

Esta caída de la tasa de ganancia es una caída tendencial (o sea, no es permanente pero se impone), ya que accionan las causas contrarrestantes descriptas por Marx (1963: 233-262):

  1. Elevación del grado de explotación del trabajo. Aumenta la apropiación de plustrabajo por un aumento de plusvalía tanto en términos absolutos como en términos relativos[10]. En el primer caso, se puede dar por un aumento en la jornada laboral, un aumento en las edades jubilatorias o una disminución en la porosidad laboral. En el segundo caso por la intensificación del trabajo.
    Veamos como impactan estas medidas en la tasa de plusvalía [o explotación] y en la tasa de ganancias. La tasa de explotación (pv=PV/Kv) aumenta tal como es de esperar, dado el título de esta causa contrarrestante. En el primer caso, por un aumento en el numerador y en el segundo por un aumento en el numerador y una disminución del denominador. Por otro lado, la tasa de ganancia [g=PV/(Kc+Kv)] disminuye su caída o incluso logra revertir la situación dependiendo del impacto que tenga. El alcance de esta causa contrarrestante está condicionado por los límites de la extensión de la jornada laboral, la edad jubilatoria, la disminución de los tiempos muertos y la capacidad física de responder al incremento del ritmo productivo. La flexibilización laboral y el aumento de la edad jubilatoria fueron medidas implementadas en los países de Unión Europea frente a la crisis comenzada en 2008 y son debatidos actualmente en los países latinoamericanos.

  2. Reducción del salario por debajo del valor de la fuerza de trabajo. Según Marx, es una de las causas más importantes para contener la caída de la tasa de ganancia. Por un lado, aumenta la tasa de explotación (pv=PV/Kv) por una disminución del denominador. Por otro lado, la tasa de ganancia [g=PV/(Kc+Kv)] disminuye su caída −o incluso logra revertir la situación− dependiendo del impacto que tenga. Nuevamente nos encontramos ante un accionar limitado. ¿Cuál es la disminución salarial máxima aceptable en términos sociales? De no proliferar las protestas y huelgas, los trabajadores se retirarán de la oferta laboral. En la Argentina, en la crisis de 2001 no sólo disminuyeron los salarios reales, sino que también los nominales. Actualmente en el país existe una envestida en la guerra que el gobierno de Macri encarna contra los trabajadores en pos de ajustar los salarios por debajo del aumento de los bienes que compran los asalariados.

  3. Abaratamiento de los elemento del capital constante. De producirse esta disminución de los precios, el maquinismo podría haberse tornado más asequible o su costo podría verse compensado por la disminución de los otros componentes del capital constante. En ambos casos, la tasa de ganancia [g=PV/(Kc+Kv)] disminuye su caída y rara vez la disminución de esos precios impactará fuertemente en los costos como para revertir la situación. Otra vez nos encontramos ante una causa contrarrestante limitada. Existen en muchísimos países subsidios a la tecnificación de las empresas.

  4. Sobrepoblación relativa. Se incorporan más manos al mercado laboral pujando desde la sobreoferta (ejército de reserva) y presionando a la baja el salario, por lo que se pasa así al caso “ii”. Puede ser ejemplo de esto el personal que queda disponible a causa del avance tecnológico o del reemplazo de capital variable por capital constante, aunque también puede incrementarse esta disponibilidad por una disminución de la edad en que se puede comenzar a trabajar, la incorporación de la mujer al mercado laboral y hasta la inmigración. El alcance máximo de esta causa es coincidente con el de la causa “ii” a la que remite. Coincidentemente con la crisis del 2008, la Unión Europea se amplió a países del este europeo con salarios más bajos.

  5. El comercio exterior. Por un lado, la disminución del precio de los fletes y de las tasas que gravan las importaciones puede abaratar el precio del capital constante, lo que permite pasar de este modo al caso “iii” y/o abaratar los bienes salario, pasando así al caso “ii”, pero esta vez sin deteriorar las condiciones de vida de la población. Esta segunda parte de este caso es el único contemplado por Ricardo desde su teoría de la renta diferencial. El alcance máximo de esta causa coincide con el de las causas “ii” e “iii” a las que remite.

  6. El aumento del capital accionario. Esta causa contrarrestante señala muy prematuramente la tendencia del capitalismo moderno de compensar las baja tasa de ganancia operativa con ganancias de origen financiero. Así, el aumento especulativo de los valores accionarios se ve reflejado en los balances empresariales con lo que se compensan las bajas ganancias. El problema es que este aumento de los precios bursátiles −que no guarda relación con los beneficios operativos de la empresa− en algún momento se revela como insostenible y estalla la burbuja, por lo que esta causa contrarrestante se transforma en el gatillo de una crisis que pone de manifiesto las contradicciones del sistema de producción.

  7. El imperialismo. La primera discusión es si incluimos esta causa desarrollada por marxistas posteriores a las seis causas originales de Marx. En el caso de incluirla, esta causa combina varias acciones que se encuadran en el imperialismo definido por Lenin (1985 y 2004): (a) una concentración de la producción debido al alto desarrollo, por lo que surgen nuevos monopolios, (b) fusión del capital industrial con el capital bancario, con el consecuente surgimiento de una oligarquía financiera, (c) exportación de capitales (d) reparto del mundo entre los monopolios internacionales y (e) división territorial del mundo entre las potencias capitalistas y, en consecuencia, b expansión del mercado capitalista.

Por un lado, tenemos seis (o siete si incluimos el imperialismo) causas contrarrestantes limitadas, que actúan de conjunto contra un maquinismo ilimitado. Esta disparidad es la que finalmente termina abatiendo a la tasa de ganancia. Por otro lado, la tasa de explotación resulta impactada por las causas contrarrestantes “i”, “ii” y “iv”, a la vez que la causa “v” la afecta la tasa de pv en este caso de los bienes salarios.

5.3 La sexta causa contrarrestante como la “Financiarización” del enfoque post-keynesiano[11]

Como Dios, el capitalismo tiene la mejor opinión sobre sí mismo,
y no duda de su propia eternidad.

Eduardo Galeano (1992, Ser como ellos)

Por un lado, la sexta causa contrarrestante señala la tendencia a compensar la baja tasa de ganancia operativa con ganancias de origen financiero. De esta forma, el aumento (frecuentemente especulativo) de los activos financieros se ve reflejado en los balances empresariales compensando las bajas ganancias. Este aumento de los precios bursátiles no guarda relación alguna con los beneficios operativos de la empresa. Ese desacople provoca que, en el mediano o largo plazo, sea insostenible. Al estallar la pompa de jabón es factible que la mencionada causa contrarrestante detone una crisis.

Un reflejo post-keynesiano[12] de esta causa contrarrestante es la llamada “financiarización”. Bajo dicha hipótesis, las empresas obtienen una rentabilidad de su actividad financiera. A su vez, esta rentabilidad financiera tiene una representación creciente en la rentabilidad total de la empresa. Tal es el crecimiento de su representatividad que el apalancamiento sobrepasa al capital de forma tal que el capital financiero se ha impuesto sobre el capital industrial y agrario.

Las consecuencias de este proceso han transformado el sistema económico mundial por la evolución del sistema bancario en una dirección que, de ninguna manera, se podría suponer casual. Esta teoría sostiene que desde los años 70 del SXX (coincidiendo con la caída de los acuerdos de Bretton Woods), la relación entre las fases financieras y productivas de la economía (como entes diferentes, pero vinculados) ha cambiado radicalmente. Estas nuevas manifestaciones en el extremo se materializaron en sucesivas crisis financieras y económicas, las que resultaron en consecuencias sociales que profundizaron la inequidad para superarlas.

Las tradicionales funciones de intermediación del sistema financiero-bancario entre el excedente de agentes económicos y la demanda de financiación para inversión y consumo fue mutando e introdujo nuevos actores y mecanismos. Las piedras angulares de este proceso son la tendencia a la independencia y tecnocratización de los bancos centrales y la desregulación del sistema financiero (lo cual ensancha poderosamente sus espacios de valorización).

Los capitales, gracias a una mayor rentabilidad, se dirigen preferentemente al mercado financiero, con lo que interrumpen su flujo hacia “lo productivo”, provocando un aumento de la liquidez financiera y las consecuentes burbujas y estallidos. Esa diferencia de rentabilidades también lleva a las empresas a financiarse emitiendo acciones y a las familias a ahorrar en activos bursátiles en detrimento de los préstamos y depósitos bancarios respectivamente.

No sólo las rentabilidades empresariales se ven sostenidas por este fenómeno, sino que paulatinamente la parte salarial de los ingresos familiares[13] también (aunque más lentamente) está en retroceso frente a los dividendos que arrojan sus inversiones bursátiles.

En definitiva la “financiarización” aborda la misma fenomenología descripta por Marx en la sexta causa contrarrestante a finales del SXIX (y reformulada por Mandel), pero con la información extra de casi un siglo más de historia de estos mecanismos de rentabilidad no productiva. En el mismo sentido, Shaikh (2006:57-64) expresó la importancia de diferenciar la ganancia que proviene de la transferencia de riqueza de la que implica la producción de plusvalía.


  1. El lector familiarizado con la teoría del valor en el trabajo de Marx podría perfectamente saltear la lectura de esta sección.
  2. El valor de cambio es un atributo exterior de la mercancía, es la expresión de lo que sí posee intrínsecamente la mercancía: el valor.
  3. Carece de importancia si estas formas se verifican sucesivamente en la historia, ya que no son formas estrictamente históricas, sino formas teóricas que nos permiten ver qué es lo que hay por detrás de la forma evidente: de la forma precio.
  4. Marx utiliza el término economía vulgar para englobar a los continuadores de Adam Smith y David Ricardo que resultaron incapaces de proveer un avance respecto de las limitaciones de estos autores y, en cambio, cayeron presa de los aspectos más regresivos de sus teorías (principalmente, la teoría de los costos de producción). Este colectivo incluye a Thomas Malthus y Jean Baptiste Say, entre otros.
  5. El lector familiarizado con la teoría del valor trabajo de Marx podría perfectamente saltear la lectura de esta sección.
  6. Si nos adentráramos en el problema de la transformación de los valores en precios de producción, lo más correcto sería hablar de precios de producción y no de valor. Hay que aclarar que esta es una gran simplificación con fines didácticos, ya que una afirmación similar por parte de Loria es fuertemente criticada por Engels (1895: 27).
  7. Esta sería la única opción en caso de suponer una movilidad perfecta de capitales.
  8. Este es un punto controversial en el que se seguirá la definición de Mandel (1973: 83): “el volumen del capital constante en relación al conjunto del capital” y la de Sweezy (1945: 78): “[…] es una medida de la relación del capital constante con el capital variable […]. Varias proporciones servirán para indicar esta relación, pero la que parece más adecuada es la proporción del capital constante con respecto al capital total” Kc/(Kc+Kv). También existen definiciones como la de Salama-Valier (1973: 110) o del propio Mandel (1969: 143), donde basándose en Marx (1963: 170-177, 236 y 239) la define como la relación entre capital constante y capital variable. El problema de la existencia de baches intermedios y una falta de corrección profunda del tomo III de El capital es la fuente de la polémica aquí suscitada. En un principio, Marx sostiene que la “composición orgánica del capital” no tiene relación con la magnitud del capital, sino con cuánto de este capital es constante y cuánto variable. Luego a esta relación le agrega el precio de los medios de producción y la define después como la relación entre el capital constante y el capital variable Kc/Kv, para redefinirla dos páginas después como la relación inversa Kv/Kc. Las propuestas de Sweezy (1945) y Mandel (1973) ofrecen la ventaja de entregarnos una variable que se mueve asintóticamente entre cero y uno (0≤COK˂1) en lugar de una variable que se mueve entre cero e infinito. Por otro lado, no se pierde la relación entre la tasa de ganancia con la tasa de plusvalía y la composición orgánica del capital (Sweezy 1945: 80).
  9. La tasa de ganancia es la relación entre lo que se lleva el capitalista (la ganancia o sea la plusvalía) y lo que puso (el capital), g = G/K = PV/K = PV/(Kc+Kv).
  10. Existen dos formas distintas de variaciones de la plusvalía: la primera, la absoluta, que consiste en incrementar el tiempo de trabajo de los trabajadores, en términos cuantitativos o cualitativos. Los ejemplos típicos son: el aumento de la jornada laboral, la disminución de la porosidad durante la jornada de trabajo, la polivalencia en las funciones del trabajador y el aumento de la edad jubilatoria. Así se aumenta la masa de plusvalía. Esta forma tiene límites muy concretos (la duración de la vida útil del trabajador, la duración de la jornada de 24 horas, el agotamiento físico, etc.). La segunda, la plusvalía relativa, consiste en incrementar la productividad de los trabajadores, de tal modo que la recuperación del valor de la fuerza de trabajo se realice en menos tiempo. Es la base de la acumulación intensiva de capital. Ejemplo de este tipo de incremento de plusvalía es la intensificación del ritmo de trabajo y, en algunas ramas, se puede lograr por la vía de la devaluación monetaria no acompañada por modificaciones en los salarios nominales. (Ver Marx 1968: 69-78). La devaluación como herramienta de recomposición de las ganancias capitalistas está claramente expuesta en Manzanelli (2010: 52) para el caso de Argentina antes, durante y después de la crisis y devaluación del año 2001. Este método de recomposición fue usado cíclicamente durante la sustitución de importaciones y el imperio del stop and go. Actualmente, existen disputas intraburguesas sobre si es este el mejor método para la recomposición. En general, la postura tiene que ver con la relación de las ramas productivas con el comercio internacional y/o el mercado interno. Lamentablemente no resultan poco frecuentes los “representantes” de los trabajadores que quedan aprisionados en esta lógica.
  11. Uno de los puntos en que los srafianos y postricardianos creen haber refutado la ley tendencial decreciente de la tasa de ganancia es a través de esta teoría de la financiarización. En esta sección, se busca mostrar que perfectamente se puede incorporar esta “novedad” en la sexta causa contrarrestante.
  12. Aunque también ha sido abordado por marxistas y regulacionistas.
  13. Este fenómeno se analizó en “El aumento de la participación los ingresos financieros y crediticios en el ingreso total de las familias” en la tesis aprobada- Por cuestiones editoriales no est{a presente en esta versión.


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