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El viaje del Doctor Perl

Espionaje e intrigas diplomáticas en el Pacífico tras la ruptura peruano-alemana de 1917

Lucas Maubert

Introducción

“La chispa que declaró el incendio de Europa en agosto de 1914 ha ido extendiéndose desde entonces hacia todos los ámbitos del mundo, y los estragos de la conflagración se acercan hoy hasta pueblos que en un principio nadie pudo imaginar que algún día participarían del conflicto”.[1] Con estas palabras, el periódico chileno El Mercurio, uno de los más influyentes del país, comentaba en 1917 la decisión de varios países latinoamericanos de romper sus relaciones diplomáticas con Alemania. La aseveración era acertada: ese año marcó un hito fundamental en la participación americana en la Primera Guerra Mundial, se rompió el consenso neutral en el continente, con países que se involucraron militarmente en la contienda, como los Estados Unidos y luego Brasil, mientras que otros rompieron sus relaciones diplomáticas con los Imperios centrales.

En los últimos años ha surgido una tendencia historiográfica que analiza desde una perspectiva transnacional espacios que fueron tradicionalmente considerados como periféricos respecto al estudio de los escenarios de conflicto a nivel mundial. El objetivo ha sido demostrar el alcance global de fenómenos bélicos ocurridos en los últimos siglos, y América Latina formó parte integrante de este proceso.[2] Un claro ejemplo de ello se experimentó entre 2014 y 2018, cuando se conmemoró el centenario de la Primera Guerra Mundial. Esta fecha simbólica fue acompañada de una renovada producción historiográfica a nivel mundial con nuevos enfoques, lo que se tradujo en América Latina también con la publicación de una gran cantidad de trabajos dedicados al análisis de las repercusiones de la contienda en la región.[3]

Estas nuevas investigaciones adoptaron un especial énfasis en aspectos sociales y culturales, como los fenómenos de movilización de las comunidades europeas, la literatura y las artes, los posicionamientos ideológicos de los intelectuales y políticos latinoamericanos, la propaganda de las potencias beligerantes o la cobertura periodística de la prensa, entre otros. Han demostrado que, pese a la escasez de operaciones militares libradas en América y aunque los países latinoamericanos se mantuvieron neutrales durante la mayor parte del conflicto, no por ello las sociedades estuvieron indiferentes a los trágicos eventos que sacudían a las naciones del Viejo Continente. Muy por el contrario: existieron varias repercusiones ligadas a un enfrentamiento bélico cuyo epicentro se situaba a miles de kilómetros, con crisis económicas, inflación, fragmentación de la opinión pública o polémicas internas entre comunidades extranjeras, por mencionar solo algunas.[4]

Sin embargo, existió una paradoja en este proceso. Si bien esta renovación historiográfica fundamentada sobre la historia global y transnacional permitió reposicionar a América Latina dentro de la historiografía mundial sobre la Primera Guerra Mundial, la mayoría de los estudios antes mencionados adoptaron un marco nacional o centrado en las grandes ciudades/capitales. De esta forma, las repercusiones de la contienda se han mantenido invisibilizadas en determinados espacios regionales, y los estudios con enfoque global, transnacional y/o comparativo siguen siendo minoritarios.[5]

Como señalamos, durante los primeros años de la Primera Guerra Mundial los países americanos adoptaron unánimemente una posición de neutralidad, situación que cambió en 1917 cuando algunas naciones decidieron romper sus relaciones diplomáticas con los Imperios centrales, mientras que otras optaron por declararles la guerra. Fue el caso de Perú, país que optó por romper sus vínculos diplomáticos con el Imperio alemán en octubre de 1917. No obstante, esta decisión tomada por el gobierno peruano, presidido en aquel entonces por José Pardo, tuvo diversas repercusiones más allá de sus fronteras que involucraron a otros países de la región.

En Perú la guerra ha sido escasamente abordada por la historiografía nacional. En 1919, pocos meses después del cese de las hostilidades, el diplomático Juan Bautista de Lavalle escribió un texto que continúa siendo relevante, particularmente en lo referente a las relaciones internacionales del país durante la contienda.[6] Sin embargo, el asunto perdió fuerza en los años siguientes. Fue durante las décadas de 1970 y 1980 que el tema resurgió, analizado particularmente por historiadores económicos, quienes indagaron en el impacto de la contienda sobre el desarrollo agrícola e industrial peruano.[7] En los 90 y 2000, la guerra fue releída principalmente desde el campo de las relaciones exteriores con historiadores que abordaron los vínculos diplomáticos con las potencias beligerantes y el posicionamiento de Perú en medio de un orden internacional en plena transformación.[8] Ya en el siglo XXI, los estudios respecto a la guerra tuvieron un giro hacia lo cultural, en donde el principal interés de los académicos ha sido la movilización de determinadas comunidades europeas o el posicionamiento de la prensa.[9] Sin embargo, el importante peso de la historia económica ha significado que el estudio de las consecuencias comerciales y financieras siga muy vigente en la producción historiográfica actual en Perú.[10]

Cuando estalló la Gran Guerra en 1914, Perú mantenía un importante litigio diplomático con Chile por el control de los territorios de Tacna y Arica. En efecto, tras la Guerra del Pacífico entre Chile, Perú y Bolivia (1879-1883), Chile anexó la provincia de Antofagasta (perdiendo Bolivia su único acceso al océano Pacífico) y la provincia peruana de Tarapacá. Además, en virtud de la cláusula tercera del Tratado de Ancón, firmado el 20 de octubre de 1883, se determinó que la provincia de Tacna –que incluía también el puerto de Arica– sería administrada por Chile hasta que un plebiscito determinara la soberanía definitiva de estos territorios. Sin embargo, la ausencia de un protocolo plebiscitario al momento de firmar dicho tratado dificultó seriamente la realización del sufragio, puesto que los respectivos gobiernos en Santiago y Lima nunca lograron ponerse de acuerdo sobre las condiciones del voto, como la edad de los votantes o el tiempo mínimo de residencia en el territorio para ser habilitado a sufragar. La postergación y luego la no realización del plebiscito dio lugar a una intensa disputa diplomática entre ambas naciones, la cual aún se encontraba irresuelta al momento de la conflagración bélica europea.[11] Este conflicto por los territorios de Tacna y Arica suscitó el interés de las grandes potencias de la época –en particular Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania– para defender sus intereses geoestratégicos en América Latina, así como el de sus empresarios y connacionales que residían en la región. De esta forma, la disputa bilateral entre Chile y Perú terminó vinculándose con procesos más amplios y, en el contexto de la Gran Guerra, fue de gran importancia el nivel de cercanía con las potencias en disputa.[12]

Es en este marco que la diferenciación de las posiciones adoptadas por estos países durante la Gran Guerra tuvo consecuencias notables: Perú decidió romper sus relaciones diplomáticas con el Imperio alemán en 1917, mientras que Chile fue uno de los pocos países latinoamericanos que mantuvo su neutralidad hasta el final de la contienda. El gobierno peruano con esta decisión intentó generar una mayor cercanía con el bando aliado para que estas potencias se inclinaran a favor de sus reivindicaciones territoriales en contra de su vecino una vez terminada la guerra. En cambio, para Chile, la decisión de permanecer neutral generó una imagen negativa entre los gobiernos y las opiniones públicas de estas potencias, donde fue considerado como una nación germanófila.[13]

Durante el conflicto existieron diversos momentos de tensiones diplomáticas, siendo uno de los más reveladores, pero más desconocido, la salida del enviado extraordinario y ministro plenipotenciario del Imperio alemán en Lima –doctor Friedrich Perl– tras la ruptura diplomática entre Perú y Alemania en octubre de 1917. El análisis se centra en el viaje marítimo emprendido por el diplomático alemán desde el puerto del Callao (Perú) hasta el de Valparaíso (Chile). La salida del Doctor Perl y el posterior viaje hacia Chile nos permite analizar la dimensión transnacional de las repercusiones de la Primera Guerra Mundial en América Latina, puesto que las intrigas diplomáticas relacionadas con el itinerario de este eminente diplomático tuvieron significativas repercusiones respecto a la “imagen-país” de Perú y de otras naciones latinoamericanas –como Ecuador, Chile y Argentina– ante los Aliados.

Esta investigación se basa principalmente en el inédito informe de un espía francés resguardado en los Archivos Diplomáticos de Francia (Archives Diplomatiques du Ministère de l’Europe et des Affaires Étrangères de Nantes), quien estuvo encargado de seguir los movimientos del señor Perl hasta su llegada a las costas chilenas. Este episodio ofrece importantes y desconocidos detalles sobre las implicancias de la Gran Guerra en el Pacífico, así como de la percepción que existía en la época respecto a la posición diplomática de los países latinoamericanos durante este periodo de fuertes tensiones. La pesquisa documental respecto a las implicancias de este episodio contó también con la revisión de periódicos y revistas de Perú, Chile, Argentina y Francia.

Este capítulo se divide en cuatro secciones. Primero, examinaremos la posición diplomática de Perú durante la Primera Guerra Mundial y los motivos que condujeron a este país a concretar la ruptura con Alemania en octubre de 1917. Luego, estudiaremos las consecuencias de esta decisión política respecto a dos temas en particular: la imagen-país de Perú y Chile ante las potencias aliadas, y el problema que significó la salida del entonces exministro alemán en Lima, Friedrich Perl, en vista de la complicada coyuntura internacional que se vivía en América Latina en ese momento. Posteriormente, analizaremos el viaje del señor Perl hacia Chile en noviembre de 1917, durante el cual fue seguido muy de cerca por un espía francés y en donde una serie de maniobras e intrigas fueron desplegadas para intentar obtener información confidencial de dicho diplomático. Finalmente, nos detendremos en la cobertura de la prensa internacional sobre este viaje y en sus repercusiones diplomáticas a nivel latinoamericano.[14]

La ruptura diplomática entre Perú y Alemania

Cuando Europa se precipitó hacia la guerra en aquel dramático verano de 1914, el resto del mundo tuvo que posicionarse, en consideración de la situación de hegemonía política y comercial que mantenían las principales potencias del Viejo Continente. En un principio, toda América optó por la neutralidad, y Perú y Chile no fueron la excepción. Diversos factores permiten entender esta unánime posición diplomática americana. Primero, por la distancia entre ambos continentes y la voluntad de no involucrarse en un asunto que al inicio era estrictamente europeo. Segundo, debido a las relaciones comerciales con Europa, primer mercado de las exportaciones de muchos países latinoamericanos (como el salitre en el caso de Chile). Los gobiernos reconocían que la decisión de entrar a la guerra al lado de un bando u otro implicaba cerrar las puertas a importantes mercados. Finalmente, la presencia de significativas comunidades europeas en América Latina –como los italianos en Argentina o los alemanes en el sur de Brasil y Chile– contribuyó a que algunos Estados permanecieran neutrales para evitar conflictos con estas comunidades extranjeras.[15]

Según expresaría el canciller peruano Enrique de la Riva-Agüero en 1917, además de estos factores se estimó que “los países jóvenes y débiles, que solo sufrían daños indirectos, debían conservar una sensata moderación y tenían otras vías, alejadas de la beligerancia, para lograr la satisfacción que se les debía en caso de agravio”.[16] Pero más importante era otro argumento señalado por el diplomático peruano cuando opinaba que “era ingenuo y poco honroso querer plegarse a uno de los contendores porque se considerara que el triunfo iba a ser para él, pues en el caso de que efectivamente venciera, tendría graves problemas que resolver y no se ocuparía en las –para él– insignificantes cuestiones de las pequeñas potencias que se les unieron”.[17]

En el caso de Perú, con el paso del tiempo y el desarrollo de la contienda, surgieron voces que llamaron a una ruptura de la neutralidad peruana en el conflicto. Diversas figuras políticas preconizaron una ruptura temprana con Alemania, algunas por oposición al gobierno del presidente José Pardo, como el entonces excanciller Melitón Porras, otras por una marcada aliadofilia y por la voluntad de acercarse políticamente a los Estados Unidos luego de la entrada de este país en guerra junto a la Entente, como el eminente sociólogo y senador por Puno, Mariano H. Cornejo.[18] En septiembre de 1917, el señor Cornejo apoyó una mención en el Senado según la cual “la política internacional del Perú debería ser inspirada en el principio de solidaridad, uniendo los pueblos del Continente junto a los Estados Unidos de América”.[19]

No obstante, existieron voces disonantes. Por ejemplo, respecto al tema de la solidaridad continental como fundamento de la ruptura con Alemania, la revista Variedades señaló en julio de 1917 que:

Si los Estados Unidos no hubieran intervenido, en forma directa, en la guerra sostenida por los imperios centrales contra poderosas naciones, es evidente que la situación de la América Latina no habría cambiado, y que aparte de las ardientes simpatías y admiraciones de orden puramente moral que en cada pueblo despierta la causa de la entente o la de sus adversarios, la actitud que las naciones de América habrían observado ante este formidable conflicto habría sido de la más estricta neutralidad.[20]

Es relevante destacar que el artículo parece señalar a los Imperios centrales como responsables de la contienda. Aun así, dicha revista expresó una posición contraria al ambiente mayoritario que reinaba en aquel entonces en Perú sobre el posicionamiento internacional del país frente a la contienda europea. Criticando la ruptura de relaciones diplomáticas decretada por otros países latinoamericanos, como Brasil o Bolivia, el comité editorial del semanario limeño estimó en julio de 1917 que:

Aquí en el Perú se está haciendo activa propaganda para arrastrar a nuestro gobierno a seguir el ejemplo de Bolivia y Brasil e ir aún más allá si fuera posible, y se explotan con tal objeto desde las similitudes con una de las naciones beligerantes por nuestra situación de desposeídos de porciones de nuestro territorio hasta las razones de más barato sentimentalismo tales como los ideales de libertad, el horror del imperialismo germano, la barbarie é inhumanidad de los teutones, la solidaridad del continente etc. […] El Perú virtualmente se ha situado en el rol de los países neutrales, con vistas a la benevolencia y simpatía por los Estados Unidos y la entente, pero respetuoso para la nación alemana.[21]

La referencia a los territorios de Tacna y Arica y el paralelo con los territorios de Alsacia y Lorena –cedidos por Francia a Alemania tras la guerra de 1870-1871– son aquí evidentes. Este resultó ser uno de los principales argumentos de algunos diplomáticos e intelectuales peruanos en aquel entonces para propiciar la ruptura con Alemania: del mismo modo que Francia debía recuperar parte de su territorio nacional una vez ganada la guerra, Perú, al unirse al bando aliado, debía obtener de regreso a Tacna y Arica.

Dicha determinación se concretaría finalmente en octubre de 1917. Algunos meses antes, el 4 de febrero, y en el marco de la campaña submarina sin restricciones llevada a cabo por el Imperio alemán, el barco Lorton, que navegaba bajo bandera peruana, fue hundido cerca de las costas españolas –frente al puerto de Suances–, mediante bombas colocadas por la tripulación de un sumergible alemán. Esta nave, construida en 1889 en Irlanda, transportaba nitrato de sodio desde la provincia salitrera chilena de Tarapacá, con destino a diversos puertos españoles.[22]

Frente a este episodio, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú emitió una protesta formal ante el gobierno alemán, considerando que el país se había visto perjudicado material y simbólicamente en sus intereses nacionales por el actuar de la tripulación alemana que hundió al Lorton. Primero, por la pérdida material del buque y de su cargamento. Segundo, por el “ultraje” cometido contra la bandera peruana en aquella ocasión.[23]

Sin embargo, el gobierno alemán entregó una respuesta tardía y poco satisfactoria a las reivindicaciones peruanas en este asunto, alegando que el Lorton transportaba carga considerada de contrabando de guerra, lo que justificaba su hundimiento. En paralelo, en julio de 1917, se produjo un cambio en la dirección del Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú: el gobierno de José Pardo decidió reemplazar a Enrique de la Riva-Agüero por Francisco Tudela y Varela. Este nuevo ministro adoptó una actitud más dura respecto al caso Lorton (había nacido en París, lo cual puede ser un factor explicativo) y el 25 de septiembre presentó un ultimátum al gobierno alemán exigiendo una respuesta a las demandas peruanas.[24] Ante la negativa alemana de responder dentro del plazo establecido, el nuevo canciller peruano compareció ante el Congreso el día 5 de octubre para instar a senadores y diputados a respaldar al gobierno en su determinación de romper relaciones diplomáticas con el Imperio alemán:

El gobierno no ha podido dejar de tomar nota de la declaración hecha por el ministro de Negocios Extranjeros de Berlín a nuestro representando, cuando el señor von der Heyde le dijo que tenía un ultimátum que presentar a la Cancillería Alemana, declaración que implica ya la inutilidad de presentar el ultimátum, si nuestro agente ha insistido en la falta de no presentarlo, o ya de esperar el vencimiento del término fijado, porque el gobierno de Alemania ha declarado, por labios de su ministro de Negocios Extranjeros, que es absolutamente imposible solucionar este asunto de la “Lorton” en un plazo perentorio.
Después de esa declaración, hecha por el personero oficial del Gobierno alemán, el Gobierno del Perú no puede hacer otra cosa, en concepto del ministro que habla y en concepto del Gobierno mismo, que no seguir manteniendo relaciones con el Imperio Alemán.[25]

La moción del gobierno del presidente Pardo y de su canciller Tudela y Varela fue aprobada por el Congreso con una amplia mayoría, tras una larga sesión de debates. Pocos días antes, los barcos alemanes anclados en el puerto del Callao –cinco vapores y tres veleros– fueron confiscados por la Marina peruana.[26] Cabe mencionar que existieron algunos sectores que se opusieron a la ruptura con Alemania en ese momento. Nuevamente, la revista Variedades –pese a haber sido más favorable a los Aliados que a los germanos en su tratamiento de la contienda según el War Office de Gran Bretaña–[27] criticó la posición del gobierno peruano respecto al asunto Lorton y a las relaciones con Alemania. En su editorial semanal, titulada “De jueves a jueves”, el escritor y director de la revista, Clemente Palma, expresó esta posición en los siguientes términos:

Y así es como hemos dejado de ser amigos de Alemania, con un gran fondo de razón, pero con una falta absoluta de base formal y diplomática, pues no hay fundamento real para la ruptura de relaciones, puesto que la dilación de las explicaciones en el asunto de la “Lorton” fue consentida por nuestra cancillería […] La situación de la América Latina cada día es más grave con respecto a Alemania, y, seguramente, todas o casi todas las naciones de este continente se verán en la precisión de romper sus relaciones diplomáticas con Alemania, puesto que cada país nuevo que sufre algún agravio y del cual no es satisfecho, va constituyendo un nuevo eslabón en la cadena de solidaridad continental, y sumando sus intereses y resentimientos a los demás países.[28]

Otro semanario limeño, la Revista de actualidades, juzgaba que, si las incidencias del conflicto ya habían llevado a Perú a romper con Alemania, no se debía “extremar las cosas, ni solidarizarnos, no con la causa, sino con los egoísmos y conveniencias particulares y menudas de los aliados”.[29]

Contrariamente a lo que parte del discurso político y diplomático de la época ha señalado sobre una evidente francofilia reinante en el país, la opinión pública y la prensa peruanas estuvieron tan divididas como en el resto de América Latina respecto a la Gran Guerra. En lo que concierne a la prensa, según el War Office, en un informe confidencial realizado en septiembre de 1918 sobre los posicionamientos de los diarios latinoamericanos frente a la contienda, existieron diversas posturas. De 37 diarios y revistas censados, tan solo 13 fueron evaluados como pro-aliados o neutrales con tinte pro-aliado.[30] Aun así, la decisión del gobierno fue respaldada por la mayoría de la opinión pública peruana, principalmente en defensa de los intereses nacionales.

Este cambio en el rumbo de la política exterior fue ampliamente comentado fuera de las fronteras peruanas. Por ejemplo, en Arica, ciudad situada en la frontera chileno-peruana, El Ferrocarril informaba lo siguiente:

El Congreso del Perú, después de una sesión que duró hasta las 11 de la noche, y en el curso de la cual se produjeron acalorados debates, acordó la ruptura de relaciones con Alemania por una gran mayoría de votos, que los congresales emitieron sin que se produjera ni una sola abstención.
En el público hay un marcado sentimiento de adhesión para con la conclusión de las Cámaras.
Los congresales fueron ovacionados por un gran grupo de ciudadanos que, a pesar de lo avanzado de la hora, esperaban en las afueras del Congreso, el resultado de la sesión, y la salida de los representantes.[31]

Los factores que incidieron en esta ruptura de relaciones iban más allá del incidente del Lorton. Según Ronald Bruce St. John, además de la decisión de adherir a la causa de las potencias aliadas, existió una importante dimensión estratégica en Lima, respecto al litigio que se mantenía con Chile. Como señala el historiador estadounidense “la disputa de Tacna y Arica había alcanzado otro punto de crisis, y al ponerse el Perú firmemente del lado de los Estados Unidos, el gobierno de Pardo esperaba obtener un apoyo más fuerte de Washington”.[32] Si bien este anhelo del gobierno peruano no se concretó en un apoyo formal de Washington a su causa en contra de Chile en este momento, el quiebre con Berlín permitió, sin lugar, a dudas mejorar la imagen de Perú ante las opiniones públicas y los círculos diplomáticos de las potencias aliadas, lo cual tuvo implicancias una vez finalizada la contienda.[33] La propia cancillería peruana explicitó este aspecto, señalando que cuando la conflagración bélica se extendió al continente americano con la participación del gobierno de los Estados Unidos en el conflicto, “surgieron para el Perú nuevos deberes, basados en el anhelo de una solidaridad continental, que constituyó siempre la norma de su política externa, y en la necesidad de defender sus derechos frente a la nueva forma de guerra marítima establecida por Alemania”.[34]

La ruptura de relaciones fue notificada por el canciller Tudela y Varela el mismo día 5 de octubre al enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de Alemania en Perú en la siguiente forma:

La esterilidad de los esfuerzos con que mi Gobierno ha procurado llegar a un arreglo amistoso y satisfactorio de la odiosa cuestión suscitada por el hundimiento del velero peruano Lorton, hecho por un submarino alemán el 4 de febrero del presente año, delante del puerto español de Suances, ha dejado sin reparación el ultraje inferido a la bandera del Perú y los daños causados a los ciudadanos peruanos, propietarios de ese buque.
Inconciliable como es la situación creada con el honor nacional, mi Gobierno, muy a su pesar, se ve obligado a poner término a las relaciones diplomáticas que, por tanto tiempo y con ininterrumpida cordialidad, ha cultivado con el Gobierno imperial de Alemania; y ha resuelto, en consecuencia, retirar la Legación de la República en Berlín e invitar a V.E. a abandonar el territorio nacional, para lo cual me es honroso acompañar el correspondiente pasaporte.
Al cumplir el penoso deber de comunicar a Vuestra Excelencia esta determinación, me complace poder asegurarle que Vuestra Excelencia y el personal de la Legación imperial gozarán de toda clase de garantías mientras permanezcan en territorio peruano.[35]

Según destacaba la prensa en aquel entonces, para celebrar esta ruptura con Alemania, los residentes de los países aliados en Perú embanderaron sus casas y establecimientos comerciales.[36] Gracias a este paso dado por el gobierno peruano, el país se posicionó dentro del cambiante escenario internacional marcado por el involucramiento de los Estados Unidos en la guerra. Pero las repercusiones de esta nueva actitud diplomática fueron más allá de un simple cese de relaciones. La decisión tuvo consecuencias tangibles en el corto plazo, comenzando con la salida del exministro alemán en Lima, un hecho que involucró también a otros países latinoamericanos. En el mediano plazo, el romper relaciones significó un positivo cambio en la imagen internacional de Perú, particularmente ante las opiniones públicas de las naciones de la Entente.

Salida del ministro alemán e imagen-país: las implicancias de la ruptura diplomática de Perú con Alemania

El Imperio alemán tenía como mayor representante diplomático en Perú al doctor Friedrich Perl, quien contaba con una larga trayectoria. Según informó la prensa limeña respecto a los estados de servicio de este personaje, Perl había iniciado su carrera en el Ministerio de Negocios Extranjeros de Alemania en 1860. Antes de asumir el cargo en Lima, había sido cónsul general del Imperio en Valparaíso y Montevideo. Posteriormente fue ministro plenipotenciario en Santo Domingo y Haití, su último cargo antes de llegar a Perú en septiembre de 1916 en calidad de enviado extraordinario y ministro plenipotenciario.[37]

Tras la ruptura diplomática, el señor Perl recibió sus pasaportes el sábado 6 de octubre de 1917, trasladó el archivo y el escudo de la Legación, y los intereses alemanes en Perú pasaron a ser representados por España hasta que las relaciones diplomáticas fueron reanudadas en 1921. El Sr. Alexander von der Heyde, ministro peruano en Berlín, recibió la orden de solicitar sus pasaportes y, del mismo modo, se cancelaron los exequatur (autorizaciones que un Estado otorga a un agente diplomático extranjero para que pueda ejercer sus funciones en el país) de los cónsules alemanes en Perú y de los cónsules peruanos en Alemania.

Al día siguiente, el 7 de octubre, Uruguay también decidió romper sus relaciones diplomáticas con el Imperio alemán. Evidentemente, las decisiones de los gobiernos peruano y uruguayo fueron celebradas por la prensa aliada. En este marco, las noticias telegráficas de la agencia francesa Havas, que abastecía a la mayoría de los periódicos latinoamericanos, dieron cuenta de que en este país se estimaba que “las violaciones por parte de Alemania del derecho de las naciones, al fin llevarán a toda la América al lado de la Entente”.[38] A juicio de un periodista de la revista parisina Excelsior, la determinación de estos países demostraba que las repúblicas latinoamericanas seguían respondiendo al llamado del presidente Wilson, por lo que “somos felices de sentirnos aún más cercanos de este país que tantos vínculos unen a Francia”.[39]

Como muestra de la voluntad del gobierno peruano de estrechar lazos de amistad con Francia tras la ruptura de las relaciones con Alemania, el presidente José Pardo envió la siguiente comunicación al presidente de la República francesa, señor Raymond Poincaré, la cual fue ampliamente reproducida en los principales diarios franceses, como Le Figaro, Le Petit Parisien o el Journal des Débats Politiques et Littéraires:

Agradezco a Vuestra Excelencia las felicitaciones que me dirige por la solemne afirmación por parte de mi país de los eternos principios de derecho, justicia y libertad que forman nuestro ideal común.
Los tradicionales vínculos de civilización latina que unen al Perú y a la grande y noble nación francesa se fortalecerán con la profunda admiración que despierta en mi patria la lucha homérica que apoya Francia en la defensa de sus ideales, que siempre han sido la aspiración suprema del pueblo peruano.
Reitero a Vuestra Excelencia el reconocimiento de mi gobierno y mi agradecimiento personal.[40]

Perú gozó de una imagen muy positiva en aquel entonces en la prensa francesa, la cual transcribió varios discursos pronunciados en este país respecto a la guerra y las relaciones con Francia. Por ejemplo, Le Figaro tradujo y publicó un discurso pronunciado por el señor Mariano H. Cornejo, el “más destacado orador peruano” según el diario, con ocasión del 14 de julio, día nacional de Francia. En este discurso, Cornejo calificó a esta nación como “el pueblo elegido de los tiempos modernos. […] quien ama verdaderamente a Francia es necesariamente patriótico”.[41]

La decisión diplomática del gobierno peruano en 1917 fue diferente a la de Chile, que mantuvo su neutralidad hasta el final de la guerra. En contraste con las felicitaciones recibidas por Perú en la prensa francesa, la postura diplomática chilena fue ampliamente comentada y criticada por algunos diarios parisinos, como los influyentes medios Journal des Débats Politiques et Littéraires y Le Temps, quienes consideraban que la influencia alemana y el sentimiento germanófilo habían prevalecido en la actitud de neutralidad de este país durante la guerra.[42] Incluso, Maurice Spronck, diputado por París y redactor principal del Journal des Débats, afirmó después de la guerra que Chile esperaba “la victoria del Káiser y de sus cómplices para apoyar su política de anexión”.[43]

En este sentido, la comparación con la actitud del Perú en la guerra fue desfavorable para Chile, pues muchos periodistas destacaban el hecho de que el gobierno peruano había abrazado la causa aliada y recibido una misión militar francesa.[44] Sin embargo, incluso en Chile diversos sectores políticos y de la opinión pública aplaudieron la postura diplomática peruana frente al conflicto mundial. El diario El Mercurio, el más influyente, con mayor tiraje a nivel nacional y marcadamente pro-Entente,[45] calificó la decisión del gobierno peruano como “una justa protesta por la violación de sus legítimos derechos de nación constituida en soberanía propia, a que todo chileno amante de la justicia acompañará con su apoyo, puesto que ella defiende comunes intereses y fueros sudamericanos”.[46]

El periódico cuestionó y respondió a quienes acusaban a Chile de ser germanófilo. De esta forma, en octubre de 1917 los editores del Mercurio contradecían un “elocuente” discurso de Mariano H. Cornejo, en el que instalaba la idea de un Chile germanófilo en vista de “la ayuda que Alemania habría prestado a las conquistas de Chile”. El diario santiaguino rechazó tajantemente dicho argumento, asumiendo que provenía de propagandistas germanófilos de la capital chilena, y expresó que “lo absurdo de que estos argumentos usados en favor de intereses ocasionales y con fines claramente marcados, sirvieran para pesar en la cuestión de la neutralidad del Perú”.[47]

Pero la visión de algunas potencias extranjeras acerca de un Chile germanófilo era anterior al quiebre del año 1917. Dos años antes, Ernest Martinenche, profesor de lenguas latinas en la Sorbonne, reaccionó a una publicación de la germanófila Gaceta Militar de Santiago y sostuvo en Le Temps que “la victoria de los aliados no asegurará solamente la independencia y dignidad de la Europa. Eduardo de la Barra habría dicho que ella sería para Chile un desembrujamiento”.[48]

Incluso desde fines de 1914 predominaba en la prensa francesa la idea de que en Chile existían mayores simpatías por Alemania que por Francia.[49] Este sentimiento se extendía hasta los más altos círculos diplomáticos, pues en julio de 1915 el ministro francés de Relaciones Exteriores, Théophile Delcassé, manifestó una clara inclinación a favor de la causa peruana en su litigio fronterizo con Chile, simpatía que se veía reforzada por la actitud adoptada por Chile desde el inicio de la guerra.

Las simpatías de las poblaciones peruanas están abrumadoramente favorables a la causa de Francia y sus aliados; lamentablemente no es lo mismo en Chile, donde las clases dominantes, el mundo político y militar tienen simpatías alemanas que no siempre han ocultado desde la guerra, cuyo ejército fue instruido por una misión alemana mientras que el Perú apeló a una misión militar francesa. Por otra parte, existe entre los dos países la cuestión de Tacna y Arica, tan penosa para el Perú, que, como sabéis, se vio despojado de estas dos provincias que Chile se había comprometido a ratificar anexionadas por un plebiscito que no ha concretado. Evidentemente, no tenemos que tomar partido en este delicado asunto, pero, en el mismo momento en que Francia y sus aliados están mostrando en Europa su respeto por las nacionalidades; desde este punto de vista no podríamos parecer que mostramos una marcada preferencia para Chile, en detrimento de la nación peruana donde tenemos tantos amigos.[50]

El oficio antes mencionado deja evidenciada la importancia del litigio fronterizo pendiente entre Perú y Chile a la hora de relacionarse estos dos países con las potencias beligerantes. En este sentido, las declaraciones del ministro francés demuestran un apoyo a favor de la causa, sin tampoco querer verse involucrado en una disputa ajena a intereses vitales para la nación francesa como los que se estaban disputando en las trincheras europeas. Aun así, dan cuenta de un problema de envergadura para Chile: su falta de apoyo entre algunas de las principales potencias del mundo, el cual podría resultar fundamental para la resolución de los diferentes litigios fronterizos con los países vecinos.

Consciente de este problema, el gobierno chileno inició una campaña de propaganda cinematográfica en Francia para mejorar la imagen que se tenía en este país sobre Chile, mostrando sus ciudades, industrias y paisajes. Sin embargo, se tomó especial cuidado en evitar vistas del ejército, de modo tal que no recordaran a los uniformes y usos del ejército prusiano.[51] El ministro chileno en París, Federico Puga Borne, explicó que estas negativas campañas en contra de Chile en la prensa aliada respondían a una equivocada percepción acerca de una supuesta dependencia de las naciones sudamericanas: “por más que sea doloroso es preciso reconocer que para estas grandes potencias las naciones hispano-americanas no han llegado todavía a constituirse con una personalidad perfecta y que su independencia y su soberanía no son absolutas”.[52]

El asunto de la imagen-país de Chile entre las naciones aliadas era de gran importancia para el gobierno, debido a los litigios fronterizos pendientes que mantenía con sus vecinos del norte. El Mercurio de Santiago recalcó, en este sentido, que las rupturas diplomáticas de Bolivia y Perú con el Imperio alemán venían produciéndose “en los mismos momentos en que a nuestro país se le señala en América como el paraíso de los germanos y el constante agresor”,[53] lo cual podría tener desafortunadas consecuencias al finalizar la contienda.

El fin de las relaciones diplomáticas entre Perú y Alemania tuvo en el corto plazo consecuencias directas para otras naciones, especialmente por un evento en particular: la salida del entonces exministro alemán, Dr. Friedrich Perl. En efecto, el regreso del representante diplomático del Reich hacia su patria resultó muy complicado debido al predominio de la flota británica en los océanos Pacífico y Atlántico. Esta situación de hegemonía británica fue el resultado de las dos únicas operaciones bélicas de envergadura libradas en el continente americano en el marco de la Gran Guerra, ambas a fines del año 1914: las batallas navales entre alemanes y británicos en Coronel y luego en las islas Malvinas.

La primera fue librada el 1 de noviembre de 1914 en aguas territoriales chilenas, en la bahía de Coronel –cerca de Concepción– entre la flota del almirante Von Spee y las naves británicas al mando del contralmirante Christopher Cradock. El resultado favoreció a los alemanes, cuya flota logró hundir a dos importantes naves británicas, el Good Hope y el Monmouth, falleciendo Cradock durante las operaciones. Algunas semanas más tarde, el 8 de diciembre, la flota alemana volvió a encontrarse con una escuadra británica que fondeaba en las Malvinas. La contienda resultó esta vez en una aplastante victoria de los británicos, quienes lograron destruir a la flota alemana, falleciendo Von Spee durante el combate.[54] Con ello, los alemanes perdieron su capacidad operativa marítima en aguas americanas, lo que obligó a los barcos mercantes germanos, como aquellos de la línea comercial de navegación Kosmos, a permanecer anclados en puertos de países neutrales hasta finalizar la contienda. En paralelo, la libertad de circulación marítima resultante de la victoria británica permitió que naves de guerra de la Royal Navy efectuaran regulares patrullajes por las aguas americanas. En consecuencia, era común en la costa del Pacífico que barcos como el Kent, el Lancaster, el Glasgow o el Orbita transitaran por puertos ecuatorianos, peruanos o chilenos, para proveerse de combustible y víveres, recoger correspondencia o efectuar misiones de observación.[55]

En vista de que era difícil volver a Alemania, una de las primeras opciones que consideró el señor Perl fue asumir el mismo cargo en Ecuador. Ello porque no solamente había sido acreditado como ministro plenipotenciario del Imperio alemán en Perú, sino también en el país vecino. Por lo tanto, dejar Lima vía el puerto del Callao para seguir hacia Guayaquil y luego Quito parecía ser el curso evidente para el diplomático alemán. Sin embargo, esta opción se descartó rápidamente.

El tema de la salida de Perl del país se venía discutiendo semanas antes de la oficialización de la ruptura de las relaciones con Alemania y había sido evocado en diversas ocasiones por la prensa limeña. El semanario anglófono West Coast Leader calificó a Perl en julio de 1917 de “ministro bajo embargo” (a minister embargoed) en una situación “exasperante” debido a las dificultades que tendría para dejar el país:

Que el ministro proceda por mar desde Callao hasta Guayaquil sería la forma más obvia de proceder, pero la infeliz costumbre inaugurada por los cruceros de patrulla británicos en esta costa de recoger prominentes alemanes encontrados viajando en alta mar y llevarlos lejos […] en Port Stanley o Esquilmault han desalentado un poco este modo de viajar entre los alemanes en general.[56]

Además de la dificultad logística que constituía el viajar hacia Quito de forma segura, el gobierno ecuatoriano confirmó el 8 de octubre que no iba a dar asilo al ministro alemán pese a que este diplomático estaba acreditado también en Ecuador.[57] Desde su designación en 1916, el Dr. Perl se había instalado directamente en Perú y nunca había pisado territorio ecuatoriano para presentar sus credenciales. En vista de las dificultades de transporte terrestre entre ambos países, procedió a enviarlas por correo en vez de viajar hacia Quito. Este modo de proceder fue muy mal visto por la Cancillería, la cual procedió a devolverle dichas credenciales sin acceder a reconocerlo como ministro plenipotenciario. De esta forma, pese a que Perl y el gobierno alemán decidieron que lo mejor era trasladarse a Quito, el ministro de Relaciones Exteriores ecuatoriano, señor Carlos Tobar y Borgoño, decidió rechazar la solicitud. El ministro justificó esta decisión por “razones de decoro para el país, debido a que la llegada del Dr. Perl en ese momento se debía exclusivamente a la imposibilidad de su permanencia en Lima y motivaciones de solidaridad continental nos han obligado a adoptar este procedimiento”.[58] El proceder del gobierno fue respaldado luego por el Congreso de Ecuador.

Esta determinación fue alabada y considerada en las cancillerías de los países aliados como el preludio de la ruptura diplomática entre Ecuador y Alemania.[59] La noticia del rechazo de asilo del diplomático alemán llegó a ser ampliamente difundida en la prensa latinoamericana, particularmente entre aquellos diarios que contaban con canjes de agencias de información de potencias aliadas, como Havas o Associated Press.[60] La noticia apareció también en el New York Times.[61]

La actitud de Ecuador, al igual que la del Perú, fue muy apreciada en Francia. La Legación ecuatoriana en París comunicó haber recibido de su gobierno la información de que el país no recibiría al representante diplomático alemán “por motivos de solidaridad americana”, por lo que las relaciones entre ambos países quedarían “efectivamente cortadas”.[62] El influyente diario Le Temps recalcó que, en los hechos, las relaciones diplomáticas entre estos países no existían, una situación “entretenida” (“divertissante”), a juicio del periodista, pues el ministro alemán acreditado en Ecuador –erróneamente llamado señor Rencke en el artículo, una información que sería rectificada en una siguiente edición–[63] nunca había puesto un pie en este país. Por otra parte, Ecuador no tenía ministro plenipotenciario en Berlín. El anhelo del ministro alemán de buscar refugio en Ecuador respondía entonces más bien a imperativos de seguridad según el diario parisino:

[…] los mares no son seguros para los diplomáticos alemanes, como lo demuestra el caso del propio predecesor de Rencke, el Sr. Rohland, actualmente prisionero en Inglaterra, después de haber sido capturado en su camino a casa, con un marinero a bordo a quien se encontró no sabemos cómo. Por lo tanto, el señor Rencke no decidió tomar el barco de Lima a Guayaquil, por temor a encontrar algún crucero inglés o americano de patrulla, y como las comunicaciones terrestres entre Perú y Ecuador son largas y difíciles, por falta de ferrocarriles, había decidido no molestarse y simplemente había enviado por correo, hace unos meses, sus cartas credenciales al gobierno del Ecuador. La Cancillería de Quito consideró este proceder demasiado arrogante y devolvió sus cartas a este diplomático sin modales. Este envió entonces a uno de sus secretarios, acreditándolo como encargado de negocios; pero el gobierno ecuatoriano se negó a reconocer a un encargado de negocios acreditado por un ministro que no era él mismo. El secretario, además, persistió en abrumar a la cancillería del Ecuador con notas a las que esta no respondió.[64]

Como recalcó el periódico parisino, estas dificultades logísticas relacionadas con la partida del diplomático alemán se suscitaron por la supremacía aliada en los mares americanos, problema ampliado por su escasa consideración hacia la cancillería ecuatoriana. El gobierno de Ecuador no tenía motivos directos para concretar la ruptura diplomática, pero la violación de la neutralidad de las islas Galápagos al inicio de la guerra, donde la escuadra alemana del Pacífico desembarcó hombres, prisioneros ingleses y reparó sus barcos, sirvió de argumento.[65]

Friedrich Perl y el gobierno alemán debieron buscar otra alternativa para salir en forma segura de Perú. En ese escenario, Chile apareció como una posibilidad, pues el West Coast Leader creía que el gobierno británico proporcionaría un salvoconducto si el Dr. Perl deseaba emprender viaje a este país, por lo que Valparaíso apareció como un probable destino. En esta ocasión, el mismo medio de información anglófono entregó una interesante anécdota sobre la personalidad del diplomático alemán:

La partida del Dr. Perl de Perú no será celebrada con bombos y platillos. El digno Doctor es un hombre cauteloso. Cuando se le envió a Lima desde Haití en 1916, cruzó el Caribe en un velero, si se cree la información, y al bajar de Panamá no había nadie a bordo que supiera que el ministro alemán estaba a bordo.[66]

No obstante, y como veremos a continuación, el viaje del diplomático alemán hacia Chile no estuvo exento de polémicas y conflictos. Implicaría espionaje, movimientos diplomáticos y repercutiría en la imagen de los países latinoamericanos que visitaría.

Las intrigas de la travesía del Doctor Perl hacia Chile

La salida de Lima en 1917 del embajador alemán en Perú reforzaría la percepción de los aliados sobre la supuesta cercanía de Chile con los Imperios centrales. Asimismo, este episodio daría cuenta de las constantes y secretas operaciones bélicas llevadas a cabo en las Américas durante la Gran Guerra.

La Convención de La Haya no solamente otorgaba derechos a los neutrales, sino que también imponía deberes para que cumplieran e hicieran respetar su neutralidad ante los países beligerantes. Los países neutrales debían velar por la soberanía de sus costas, por lo que sus fuerzas navales fueron movilizadas para vigilar la actuación de las embarcaciones de naciones beligerantes, una tarea que resultó difícil de cumplir. Por ejemplo, según la misma Convención, cuando dos naves de guerra se encontraban simultáneamente en un puerto neutral, debían pasar veinticuatro horas entre la partida del primer barco y la partida del siguiente. Pero esta medida no siempre se cumplió.

Así, se presentó en Chile el caso de que, el 13 de diciembre de 1914, el crucero alemán Dresden zarpó de Punta Arenas a las diez de la noche, mientras que al día siguiente, a las dos de la tarde, arribó el crucero británico Bristol. Si bien el gobernador marítimo solicitó a este barco que esperara antes de levar anclas, con el fin de respetar el tiempo reglamentario, el comandante del Bristol estimó que como los dos barcos no se encontraron simultáneamente en el mismo lugar, la normativa no se aplicaba. La autoridad local zanjó la controversia a favor de los británicos, por lo que el Bristol abandonó Punta Arenas ese mismo día, apenas dos horas después de su llegada.[67]

Los barcos extranjeros podían proveerse de carbón en puertos neutrales, por lo que podían recalar veinticuatro horas en los puertos peruanos y chilenos para su abastecimiento antes de seguir su ruta.[68] No obstante, aunque pensada como un medio para permitir a los buques abastecerse lo suficiente para seguir rumbo a sus patrias, esta medida facilitó en la práctica que barcos comerciales –en particular de las líneas Kosmos (alemana) y Pacific Steam Navigation Company (británica)– acumularan grandes cantidades de combustibles para proveer a los barcos de guerra que navegaban en aguas latinoamericanas. Ello permitió que los beligerantes –alemanes y británicos– continuaran con sus maniobras militares marítimas en la región. Debido a lo anterior, diversos gobiernos endurecieron su legislación a fines de 1914, restringiendo, por ejemplo, las cantidades de carbón que los barcos podían cargar.[69]

A un mes de decretada la ruptura diplomática del gobierno peruano con Alemania, Friedrich Perl debió dejar el país y embarcó a bordo del vapor chileno Mapocho de la Compañía Sud-Americana de Vapores con destino a Valparaíso. El evento fue informado por la prensa, que dio a conocer la noticia al público señalando que el exrepresentante del Imperio alemán en Perú había aparentemente sido beneficiado de un salvoconducto de tres semanas por parte del gobierno británico para llegar a Chile.[70]

Un residente francés en Lima, Émile-Ange Le Roux, fue encargado por la Legación estadounidense en esa ciudad de seguir, vigilar y espiar a Perl durante su travesía. No existen mayores antecedentes sobre Le Roux. En su informe, mencionó que había sostenido varias polémicas con los alemanes en los diarios peruanos. Al parecer, era profesor de instrucción media, ya que su nombre aparece en una publicación relacionada con el rubro educativo.[71] A continuación, nos centraremos en el informe que el espía entregó a la Legación estadounidense en Perú. Este documento proporciona interesantes detalles sobre un episodio desconocido en el contexto de la Gran Guerra en América Latina, además de ofrecer una visión sobre la percepción que Le Roux tenía acerca de la posición de Chile frente al conflicto.

El relato de Le Roux inicia el día 9 de noviembre de 1917, fecha en que el Dr. Friedrich Perl se embarcó junto a su hermana a bordo del Mapocho en el puerto del Callao, acompañado por eminentes representantes de la colonia alemana local. Señala que el ministro español en Lima había ofrecido flores a Perl. Al redactarlo en mayúscula y subrayado, Le Roux dio a entender implícitamente a sus superiores la supuesta germanofilia de este diplomático.[72]

El barco chileno hizo diversas paradas en los puertos de la costa del Pacífico hasta llegar a su destino, permitiendo en cada una de ellas el desarrollo de actos dignos de una película de espionaje. Tras un regular inicio de viaje, después de salir de Pisco en el sur de Lima, el señor Perl se puso repentinamente inquieto, por lo que Le Roux indagó los motivos del brusco cambio de actitud del distinguido viajero. La razón era muy comprensible: en el puerto siguiente, Lomas, se hallaba anclado un barco de guerra inglés, el Lancaster, uno de los varios buques británicos que efectuaban regulares viajes en la costa chileno-peruana. Le Roux se acercó a un monje de la Orden de los Mercedarios, Jacinto V. Loaiza Santos, quien hace poco había sostenido una conversación con Perl. Le dijo en voz muy alta –con el propósito de que el diplomático alemán lo escuchara– que no tenía nada que temer de estas fuerzas navales si llevaba consigo un salvoconducto del gobierno inglés, pues de ser así sería vergonzoso que los súbditos británicos lo arrestasen y registrasen. Este comentario llamó la atención de Friedrich Perl, quien se dirigió rápidamente hacia el súbdito francés: “¡Vaya! No temo nada por mí. Estoy convencido de que nunca se atreverán a sacarme del Mapocho. Los ingleses nunca cometerán un error tan grande, y mi persona es de poco interés para ellos, pero serían demasiado felices de poner sus manos en mis papeles”.[73] Sin embargo, en esta ocasión no entregó más información sobre el contenido de dichos documentos.

Después de un intercambio de palabras, Perl se dio cuenta de que probablemente se había excedido en detalles con su interlocutor, por lo que decidió cambiar de tema. El espía francés, consciente de la potencial importancia de estos documentos, se dirigió hacia el telegrafista del barco, un irlandés “devoto a nuestra causa”, para pedirle que enviara un mensaje al Lancaster, advirtiendo a su comandante que el diplomático alemán llevaba papeles importantes y aconsejándole hacer lo posible por obtenerlos. No obstante, pronto comprendió que no tenía autoridad suficiente para impartir tales instrucciones. Además, el Mapocho no podía comunicarse con barcos de guerra, en virtud de las convenciones sobre los neutrales. Le Roux destacó que ese momento del viaje era el más oportuno para acceder a la documentación, puesto que aún estaban en aguas peruanas y el ministro solo estaba acompañado de su hermana.

A partir de Mollendo, el señor Perl empezó a bajar a tierra frecuentemente y a ser visitado a menudo por sus compatriotas que residían en los diferentes puertos, con los cuales mantuvo largas conversaciones e intercambió correspondencia. Le Roux insiste en el carácter confidencial de estas conversaciones, puesto que la hermana del ministro vigiló el salón donde Perl hablaba con sus connacionales. El tenor del informe da a entender que en estas conversaciones Perl buscó aumentar la seguridad de su viaje, para mantenerse a salvo, al igual que sus papeles, frente a una eventual operación británica. Por ejemplo, una vez en Chile, en Arica recibió a Carlos Gierke, quien oficiaba de cónsul alemán en este puerto. En Pisagua lo visitó el capitán del Huria, un barco alemán internado en el puerto, y en Iquique se encontró con el señor Braun Muller, director de la sucursal de la casa Gildemeister, antes de ser recibido en el club alemán de esta ciudad.[74] Estas diferentes paradas fueron confirmadas por los periodistas locales de estos puertos, como consignó, por ejemplo, El Ferrocarril de Arica, el cual dio cuenta de que: “Hoy pasó por este puerto, con destino a Valparaíso, en el vapor ‘Mapocho’, el ex Ministro Plenipotenciario de Alemania en el Perú, señor Federico Perl”.[75]

En Antofagasta, fue Le Roux quien descendió del Mapocho para visitar a los cónsules aliados de la ciudad, en particular al cónsul británico, señor Bird. Este último telegrafió a su ministro de tutela para que se impartieran instrucciones a los buques de guerra ingleses más cercanos, con el fin de apoderarse de los documentos en posesión del exministro alemán. En Taltal, Le Roux notó la presencia de cuatro “grandulones teutones” –de apellidos Erlewein, Henckel, Welhelmsen y Wolf–, por lo que estimó que estos súbditos alemanes habían abordado la nave para actuar como guardaespaldas. Efectivamente, según continúa narrando el espía francés, la siguiente parada en Calera daría lugar a un evento inesperado, ya que allí se encontraba anclado el barco británico Avoca:

Todos los alemanes se pusieron nerviosos en el momento en que vieron que ese barco levó anclas al mismo tiempo que nosotros. El ‘AVOCA’ cruzó al ‘Mapocho’, como si fuera a cortarle el camino y detenerlo. Entonces uno de los alemanes gordos, el menos gordo, para no decir el más flaco, le dijo a un amigo suyo, en alemán: “Mataré por lo menos a una docena de estos malditos ingleses si suben a bordo en vez de darles los documentos a mi cuidado, y lo haré aún mejor: tiraré estos documentos por la borda y luego me suicidaré”. El jefe de tripulación, quien me pareció partidario de los alemanes, aunque chileno, le dijo a un pasajero: “¡Disparo de mi revólver al que denuncie dónde están los papeles del ministro!”.[76]

Le Roux observó un gran clima de excitación a bordo, por lo que fue a buscar su arma a su cabina. El exministro Perl ordenó al capitán izar el pabellón chileno y navegar a menos de tres millas de la costa, por lo que después de algún tiempo el Avoca se alejó, “como un niño que acaba de hacer una buena broma”.[77] De paso, el espía francés denunció la actitud “vergonzosa” del comandante de la guarnición del Ejército chileno en Caldera, de apellido Chapuceau, quien, pese al origen francés de su apellido, “dio rienda suelta a sus sentimientos germanófilos” al venir a dar una visita servil al ministro alemán. Esta acusación hacía eco de las quejas presentadas anteriormente por los gobiernos aliados, según los cuales muchos alemanes y germanófilos componían el Ejército y las tripulaciones de los barcos chilenos.[78] No obstante, según se señala en el informe, algunos de sus oficiales se negaron a acompañar a Chapuceau al salón donde se encontraba el señor Perl, lo que demuestra una variedad de opiniones y de concepciones de la neutralidad dentro del Ejército chileno. Este episodio sería relatado semanas después en la prensa peruana, particularmente en la publicación anglófona pro-aliados West Coast Leader:

Hace solo unas semanas que los consejos chilenos contaron de cómo un destacamento de húsares chilenos en Santiago viajaba cantando Deutschland Uber Alles, y una prueba más de cómo la influencia alemana se ha convertido en un factor peligroso en la vida del ejército chileno se da en el siguiente acusado:
Durante el viaje del Dr. Perl, exministro de Alemania a Perú, desde Lima a Valparaíso hace unas semanas, el Mapocho, en el que hizo el viaje, recaló en Caldera. El comandante de la guarnición chilena ahí se llama Chapuceau, quien, aunque su nombre es francés, afirma ser chileno y fue educado en Alemania. Cuando llegó el Dr. Perl este oficial dio curso a sus sentimientos germanos, al subir a bordo con uniforme completo, acompañado por sus oficiales inferiores, y rendir homenaje al exministro. Dos de los oficiales menores, sin embargo, se negaron a entrar en el salón donde tuvo lugar la recepción, diciendo que tenían otras opiniones que las de su jefe. Se investigó más a fondo que el comandante Chapuceau había dado una orden del día a la guarnición, invitando a los oficiales a acompañarlo y disfrutar con él del gran honor de rendir homenaje a uno de los altos representantes de Alemania.[79]

Llama profundamente la atención que esta anécdota haya salido a la luz. Es de suponer que fue el propio Le Roux quien informó a la prensa sobre lo ocurrido, ya que, como él mismo señalaba, solía colaborar en publicaciones periodísticas. Otra posibilidad es que haya sido la legación estadounidense la que difundiera la información, a partir del reporte entregado por el espía francés.

Posteriormente, cuando Le Roux descendió a tierra en Coquimbo para visitar al cónsul británico de ese puerto, advirtió que uno de los cuatro “guardaespaldas” del exministro alemán lo seguía. Todo indica que el diplomático había descubierto que este súbdito francés era el origen de la agitación que lo rodeaba. El viaje terminó sin mayores novedades. Friedrich Perl desembarcó en Valparaíso el 20 de noviembre, donde fue recibido por sus connacionales y comenzó a ser vigilado por otros agentes. Émile-Ange Le Roux, tras una breve estadía en Santiago para informar al embajador de los Estados Unidos sobre la misión que le había sido encomendada, regresó a Lima el día siguiente.

Pese a no haber logrado recuperar los documentos transportados por el exministro, el espía incluyó en su reporte algunos comentarios finales que dan cuenta de la imagen de Chile en el contexto de la Gran Guerra. Según Le Roux, uno de los visitantes del señor Perl le habría aconsejado no irse de Chile una vez arribado a Valparaíso, pues allí “sería consentido y no tendría nada que temer de nadie”, lo que sugería que el país mantenía sentimientos favorables a Alemania, más allá de su postura neutral. En efecto, a juicio del espía, mientras los alemanes mantenían un bajo perfil en Perú, “conspiran abiertamente contra sus enemigos en Chile, donde se encuentran como en casa”.[80]

Este agente francés, a través de su descripción de la acción de la tripulación del Mapocho y de sus apreciaciones sobre Chile, perfiló a este país como una potencia germanófila, más aún en el contexto de ruptura diplomática que recién había ocurrido entre Perú y Alemania. El informe al que nos hemos referido, entre muchos otros documentos, sin lugar a dudas contribuyó a que algunos diplomáticos franceses evaluaran con recelo la postura neutral chilena a partir de 1917. Asimismo, el informe de Le Roux da cuenta de la percepción negativa que tuvo este súbdito acerca de la actitud de Chile durante la guerra, la cual fue probablemente acentuada por el hecho de residir en Perú, en vista de las tensas relaciones entre ambos países. Este episodio ilustra cómo la costa del Pacífico se convirtió en un espacio de enfrentamiento entre las potencias beligerantes, hecho demostrado por la extrema agitación que rodeó la salida del exministro alemán en Lima. No obstante, las repercusiones del viaje del Dr. Perl no cesarían con su arribo a Chile.

Las repercusiones diplomáticas del viaje del Dr. Perl

La llegada del eminente diplomático alemán causó gran interés en el país. Una vez arribado al puerto de Valparaíso, donde se quedó varios días, el Dr. Perl fue visitado por periodistas del importante diario santiaguino La Nación, el cual sería clasificado al año siguiente por el War Office de Gran Bretaña como una publicación neutral con tinte pro-germano.[81] No obstante, Perl prefirió no entregar declaraciones a sus visitantes y adoptó la misma postura de “bajo perfil” que solía caracterizarlo, acorde a lo que señalaba el West Coast Leader unas semanas antes de su partida de Lima:

A nombre de “La Nación”, fuimos a saludar al distinguido diplomático a su residencia en el Royal Hotel. Después de los saludos de estilo, tratamos de reportear al señor ministro, pero nuestros esfuerzos no resultaron.
El señor Von Perl se excusó, manifestando que le estaba vedado hacer declaración alguna y nos solicitó que no insistiésemos en nuestras preguntas, porque resultarían perfectamente inútiles.
Nos despedimos del ministro alemán, quien al estrecharnos la mano, tuvo gentiles frases de atención para nuestro diario.[82]

Tras su llegada a Chile, los movimientos del Dr. Perl fueron ampliamente seguidos, no solamente por la prensa nacional, sino también por la internacional. Así, la noticia de su arribo fue relatada desde el otro lado de la Cordillera por el periódico La Nación de Buenos Aires.[83] Von Perl fue posteriormente recibido por la colonia alemana de Valparaíso, con un banquete en el Club Alemán de dicha ciudad, evento al cual concurrieron los más distinguidos e influyentes miembros de la colonia local y que fue informado también en Perú.[84] Incluso en Francia se dio a conocer la entrevista que el doctor Perl sostuvo con el ministro plenipotenciario de Alemania en Chile, Friedrich von Erckert.[85] A los pocos días, el diario brasileño Jornal do Commercio daba cuenta de que Perl se encontraba al sur de la capital, en la ciudad de Osorno, sin que se tuviera información sobre cuándo regresaría a Europa o si permanecería en el país por más tiempo.[86]

El hecho de que Von Perl encontrara refugio en Chile ciertamente no contribuyó a mejorar la imagen del gobierno chileno ante los Aliados, quienes vieron en este episodio una prueba más del poder que tenían los alemanes en este país. A inicios del año 1918, un corresponsal del Times de Londres en Valparaíso escribió un artículo acerca de las influencias alemanas en Chile, el cual fue reproducido semanas más tarde por El Mercurio. Su autor consideró que, durante los últimos meses de 1917, dichas influencias habían aumentado sustancialmente en el país:

Los esfuerzos alemanes no sólo se han dirigido a conseguir que Chile se mantenga neutral, sino a obtener el control de los destinos del país. Se teme que la influencia alemana, que ya prevalece en el ejército y en la iglesia, manifieste una extensión peligrosa en el próximo Congreso, elegible en el mes de marzo.
Las organizaciones pro-alemanas trabajan activamente para hacer triunfar a sus representantes no sólo en las provincias del sur, donde la población germano-chilena es más numerosa, sino en otras regiones, y según parece disponen de dinero alemán en abundancia. Si este dinero proviene de los alemanes residentes en el país o si es proporcionado por el Gobierno imperial alemán es muy difícil de establecer. Entre las organizaciones alemanas existentes en Chile la más insidiosa de todas es la Deutscher Chilenischer Bund, ostensiblemente una sociedad de socorros mutuos de chilenos y alemanes; pero en realidad, según se explica por sus estatutos redactados en alemán, se trata de una Liga para propagar la Kultur, el idioma y las costumbres alemanas, y que tiene como una de sus miras principales mantener la neutralidad de Chile en la presente guerra.
[…] En el presente momento Chile rehúsa la presencia de los diplomáticos alemanes acreditados en los países sud-americanos que han roto sus relaciones con Alemania. Sin embargo, von Perl, exministro alemán en el Perú, von Wachendorff, exministro alemán en el Uruguay, y probablemente von Sanders, exministro alemán en Bolivia, se encuentran aquí.[87]

Artículos como este contribuyeron sin lugar a duda a reforzar la idea entre los aliados de que Chile, más que mantener una verdadera postura de neutralidad ante los acontecimientos bélicos, se inclinaba más bien a favor de Alemania.

Luego de algunas semanas, el señor Perl viajó hacia Argentina, específicamente a Buenos Aires, ciudad donde se encontró con el exencargado de negocios alemán en Montevideo, el barón Wachendorff, quien había recibido, prácticamente al mismo tiempo que él, sus documentos diplomáticos tras la ruptura de Uruguay con el Imperio alemán.

Al igual que en el caso de Chile, la presencia en Buenos Aires de estos diplomáticos alemanes representaba ciertos inconvenientes para el gobierno argentino, que también mantenía una estricta posición de neutralidad frente al conflicto mundial. Pocos meses antes, el país había sido sacudido por la revelación de telegramas del ministro alemán en Argentina, el conde Karl von Luxburg. A mediados de 1917, varios mensajes que el diplomático había remitido a su gobierno fueron interceptados y descifrados por los servicios secretos británicos. Posteriormente, los telegramas fueron publicados por la prensa estadounidense en septiembre. En ellos, Luxburg opinaba, entre otras cosas, que, en el marco de la guerra submarina, si era necesario hundir barcos argentinos, se hiciera “sin dejar rastro”, a fin de evitar complicaciones con el gobierno de ese país. Además, calificaba al ministro de Relaciones Exteriores argentino, Honorio Pueyrredón, como “un notorio asno y anglófilo”.[88] El asunto tomó grandes proporciones, llegando a ser ampliamente comentado no solamente en Argentina, sino también en el resto de la prensa latinoamericana.[89]

Fue un caso similar a lo ocurrido con el famoso “telegrama Zimmermann” que precipitó la entrada en guerra de los Estados Unidos en la guerra. Esta comunicación –realizada en enero de 1917 por el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Arthur Zimmermann, y dirigida al embajador alemán en México, Heinrich von Eckardt– proponía una alianza militar entre Alemania y México en el caso de que los Estados Unidos intervinieran en la contienda, con la promesa de restituir a México sus antiguos territorios de Texas, Arizona y Nuevo México.[90] Esta revelación de los contenidos enfureció a gran parte de la opinión pública y del gobierno estadounidense. Contribuyó a generar apoyos favorables a una entrada de los Estados Unidos en la guerra, lo cual finalmente ocurrió el 2 de abril, cuando el presidente Woodrow Wilson solicitó formalmente al Congreso que se declarara la guerra al Imperio alemán.

En este inflamable contexto, y con presiones cada vez mayores hacia la ruptura diplomática con Alemania, Luxburg fue declarado persona non grata por el gobierno argentino a inicios de septiembre de 1917 y sus pasaportes le fueron remitidos para que dejara el país. Aun así, este episodio no resultó ser suficiente para que el gobierno del presidente Yrigoyen rompiera relaciones con Berlín.

No obstante, las presiones de los gobiernos aliados y de algunos sectores de la opinión pública se hacían cada vez más fuertes, y la presencia de otros diplomáticos alemanes podía complicar todavía más la diplomacia argentina. El Diario evidenció estas preocupaciones, al referirse en diciembre de 1917, a la probable llegada de un nuevo representante diplomático germano a Buenos Aires:

Queríamos quedarnos sin ministro de Alemania cuando expulsamos al conde Luxburg hace dos meses por habernos puesto como chupa de dómino en sus famosos telegramas.
Es ahora, sin embargo, cuando todavía tenemos en Buenos Aires al mencionado Luxburg, a quien se ha acoplado como ad latere el barón Von Wachendorff, expulsado de Montevideo, cuando se anuncia que vendrá también desde Santiago de Chile, en donde se encuentra, el ministro germánico en el Perú, Von Perl, a quien se dieron últimamente sus pasaportes.
Es decir, entendíamos quedarnos sin ministro, porque no sólo nos sobraba, y resulta que dentro de poco tendremos casi un trío.
Somos indudablemente hospitalarios para con la diplomacia alemana, que nos elige como blanco de alojamiento. Ella sabrá a qué, sin duda, obedecen estas preferencias […].
Llamaremos así, la atención un poco más en el mundo, convertidos en refugio de diplomáticos alemanes. Mientras los demás pueblos del continente salen de su neutralidad y definen su actitud, colocándose al lado de los combatientes por la democracia y la libertad, nosotros nos singularizamos en estas hospitalidades ilimitadas y sin cortapisas, que no tienen suficiente comentario.[91]

Al igual que para el caso chileno, albergar en el territorio nacional a diplomáticos alemanes, en un contexto en que las presiones hacia la ruptura de relaciones con este país eran cada vez más fuertes, podía representar un grave problema que debilitaba la posición internacional de Argentina. Pese a estas críticas de ciertos sectores de la prensa porteña, el señor Perl llegó sin problemas al país y permaneció allí varios meses en compañía de sus distinguidos colegas.

Aún encontramos rastros de su presencia en mayo de 1918. En este momento, la salida del país del señor Luxburg ocupó la atención de la prensa local, al embarcarse a bordo del buque Suecia con destino a Europa, junto al excanciller de la legación alemana en Uruguay. Con el objetivo de prevenir cualquier incidente o manifestación hostil en contra del exministro Luxburg, la policía argentina organizó su partida a una hora muy temprana, lo que da cuenta de las pasiones que los asuntos relacionados con la Gran Guerra despertaban en la población local.[92] Se suponía que el Dr. Perl también abandonaría el país a bordo del Suecia, junto a sus colegas. Sin embargo, según informó La Nación, el diplomático desistió de su intención de viajar debido a que, pese a contar con los salvoconductos necesarios, su hermana –quien lo había acompañado desde Lima– se encontraba enferma.[93] Es en ese punto donde se pierde el rastro de Perl, y no hemos encontrado en la prensa revisada información posterior que lo mencione tras este fallido intento de partida.

Una noticia de mayo de 1918 tiende a demostrar que, efectivamente, el señor Perl desapareció de las intrigas diplomáticas latinoamericanas. En esta ocasión, El Mercurio de Santiago transcribió un cable de la agencia estadounidense United Press, que señalaba que en Estados Unidos se consideraba que “la ‘kultur’ ha perdido terreno en la América Latina desde la salida del conde Luxburg y del exministro alemán en el Perú, conde Perl”.[94] Sin embargo, no se entregó en ese momento información sobre el destino preciso del diplomático ni la fecha exacta en que abandonó Argentina.

Conclusiones

La ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania decretada por el gobierno de Perú en octubre de 1917 tuvo consecuencias no solamente para este país, sino en los países vecinos. Ecuador, frente al actuar descortés del señor Friedrich Perl en su calidad de representante del gobierno alemán, optó por una ruptura de facto al no querer recibir al diplomático alemán en su territorio, una vez que fue obligado a dejar Lima. Chile, por su parte, sufrió una degradación de su imagen ante las cancillerías y opiniones públicas de los países de la Entente, pues su reputación de nación germanófila y el hecho de que mantuviera su neutralidad cuando la mayoría del continente se había unido a los Aliados jugaron claramente en su contra, idea reforzada por el hecho de que este país había resultado ser el destino del señor Perl. La narración del señor Le Roux respecto a los diferentes acontecimientos ocurridos durante la travesía por las costas chilenas a bordo del Mapocho es una prueba de aquello. Incluso Argentina se vio involucrada indirectamente en este asunto, una vez que Friedrich Perl dejó Chile para irse a Buenos Aires, pues la opinión pública en este país había sido recientemente agitada por el asunto Luxburg.

Como hemos analizado, las decisiones adoptadas por cada gobierno en este periodo de altas tensiones a nivel internacional tuvieron repercusiones mucho más allá de sus fronteras nacionales. El episodio del viaje del Dr. Perl nos demuestra que si bien no hubo más combates en América Latina luego de las batallas navales de Coronel y Malvinas, la región siguió formando parte de un complejo entramado diplomático entre las potencias beligerantes –sobre todo a partir del año 1917–, más allá del posicionamiento de los diferentes gobiernos ante la contienda. En este sentido, la navegación marítima, la prensa, el cine y las opiniones públicas –para dar algunos ejemplos– constituyeron otros espacios de una lucha sin merced que tendría repercusiones políticas y culturales incluso después de finalizada la contienda.

Volviendo al tema del litigio fronterizo chileno-peruano, a mediados de 1918, y en el contexto de las discusiones sobre una posible entrada de Perú en la guerra contra Alemania, el encargado de negocios francés en Lima, señor Alduy, entregó un análisis que demuestra cómo las potencias beligerantes tuvieron presentes los problemas locales latinoamericanos al momento de relacionarse con los países neutrales. A juicio del diplomático francés, aunque el efecto moral de la entrada de una nación suplementaria dentro del bando aliado era irrefutable, la tardía adhesión peruana al esfuerzo bélico no sería de ninguna ayuda en vista de la situación ventajosa en la que se encontraba la Entente en aquel entonces. Esta opinión, al parecer, fue compartida por sus colegas británicos y estadounidenses. Por lo mismo, estimaba que no era conveniente presionar al gobierno peruano para que se uniera a la guerra, sino dejarlo tomar libremente esta determinación, pues evitar cualquier interferencia significaría que los gobiernos aliados “tendrán la ventaja […] de no comprometerse y de no exponerse a decepcionar profundamente al país eludiendo cualquier promesa relativa a Tacna y Arica”.[95] En su opinión, “tal parece que el Perú no tendría nada que perder si se alineara más netamente de nuestro lado. Sólo puede ganar. El asunto presenta para él un interés evidentemente mucho más grande que para nosotros”.[96]

Efectivamente, el problema de la soberanía definitiva de los territorios de Tacna y Arica resultó clave al momento de relacionarse con las potencias beligerantes hasta el final de la guerra e incluso después. Perú –y también Bolivia– buscaron aprovechar su cercanía al bando aliado para resolver sus conflictos fronterizos con Chile en las diferentes instancias internacionales de posguerra, primero en las Conferencias de Paz de París y luego en la Sociedad de las Naciones. Aunque sus intentos no tuvieron éxito, esto revela las interconexiones entre la Primera Guerra Mundial y la evolución del escenario internacional latinoamericano. En este sentido, el controversial viaje del Doctor Perl fue una pieza más de un engranaje diplomático-político que acercó a los países latinoamericanos al centro de la contienda.

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  1. “Sud-América y la guerra europea”, en El Mercurio, 9/10/1917.
  2. Barbara Weinstein, “Pensando la historia más allá de la nación: la historiografía de América Latina y la perspectiva transnacional”, en Aletheia, vol. 3, n.° 6, 2013, pp. 1-14; Stefan Rinke y Carlos Riojas (eds.), Repensar el “Mundo”. Reflexiones globales (siglos XV-XX), WBG Academic, Darmstadt, 2022.
  3. Olivier Compagnon y Pierre Purseigle, “Géographies de la mobilisation et territoires de la belligérance durant la Première Guerre mondiale”, en Annales. Histoire, Sciences Sociales, vol. 71, n.° 1, 2016, pp. 37-64; Helen McCartney y David Morgan-Owen, “Commemorating the centenary of the First World War: national and trans-national perspectives”, en War & Society, vol. 36, n.° 4, 2017, pp. 235-238; Maximiliano Fuentes Codera, “El giro global y transnacional: las historiografías de la Gran Guerra tras los centenarios”, en Historia y Política, n.° 43, 2020, pp. 389-417.
  4. Hacer un listado de todos los trabajos que salieron a la luz en los últimos años sería demasiado largo. Solamente nos limitaremos en señalar aquí algunos: Olivier Compagnon, “’Si loin, si proche…’ La Première Guerra mondiale dans la presse argentine et brésilienne”, en Jean Lamarre y Magali Deleuze (eds.), L’envers de la médaille. Guerre, témoignages et représentations, Presses Universitaires de Laval, Québec, 2007, pp. 77-91; Phillip Dehne, On the Far Western Front: Britain’s First World War in South America, Manchester University Press, New York, 2009; Olivier Compagnon, América Latina y la Gran Guerra: el adiós a Europa. Argentina y Brasil (1914-1939), Crítica, Buenos Aires, 2014; Mariano Siskind, “La Primera Guerra Mundial como evento latinoamericano: modernismo, visualidad y distancia cosmopolita”, en Cuadernos de literatura, vol. 20, n.° 39, 2016, pp. 230-253; María Inés Tato, La trinchera austral. La sociedad argentina ante la Primera Guerra Mundial, Prohistoria, Rosario, 2017; Stefan Rinke, Latin America and the First World War, Cambridge University Press, Cambridge, 2017; Olivier Compagnon, Camille Foulard, Guillemette Martin y María Inés Tato (eds.), La Gran Guerra en América Latina, una historia conectada, CEMCA, México, 2018; Thomas Leonard, “Literature about Latin America during the Era of World War I”, en Latin American Research Review, vol. 54, n.° 3, 2019, pp. 756-762; María Inés Tato (ed.), Transatlantic battles. European Inmigrant Communities in South America and the World Wars, Brill, Leiden, 2022. Sobre la evolución de la historiografía latinoamericana respecto a este conflicto, véase: Renzo Ramírez Bacca, “Estudios sobre la Primera Guerra Mundial en América Latina. Una mirada comparada”, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, vol. 42, n.° 2, 2015, pp. 43-73.
  5. Por ejemplo, consúltese: Compagnon, El adiós a Europa…, cit.; Mario Ojeda Revah, “América Latina y la Gran Guerra. Un acercamiento a la cuestión”, en Política y cultura, n.° 42, 2014, pp. 7-30; Graziano Palamara, “Entre guerra y paz. América Latina frente a la tragedia del primer conflicto mundial”, en Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, vol. 42, n.° 2, 2015, pp. 103-126; Jamie Bisher, The Intelligence War in Latin America, 1914-1922, McFarland and Company, Jefferson, 2016; Rogério Justino y Décio Gatti Júnior, “The First World War as depicted in history textbooks (Argentina, Brazil, Chile, Mexico, and the United Kingdom)”, en História da Educação, vol. 21, n.° 52, 2017, pp. 136-155; Rinke, Latin America…, cit.; María Cecilia Zuleta, “Tras las fibras, las bolsas y los granos: (des)conexiones diplomáticas argentinas y mexicanas durante la Gran Guerra, 1917-1918”, en Avances del Cesor, vol. 15, n.° 18, 2018, pp. 163-190; Compagnon et al., La Gran Guerra…, cit.; Ana Paula Pires, María Inés Tato y Jan Schmidt (eds.), The Global First World War: African, East Asian, Latin American and Iberian Mediators, Routledge, London & New York, 2021; Tato, Transatlantic battles…, cit.
  6. Juan Bautista de Lavalle, El Perú y la Gran Guerra, Imp. Americana, Lima, 1919.
  7. Heraclio Bonilla y Alejandro Rabanal, “La Hacienda de San Nicolás (Supe) y la Primera Guerra Mundial”, en Revista Economía, vol. 2, n.° 3, 1979, pp. 3-47; Victor Madueño, “La Primera Guerra Mundial y el desarrollo industrial del Perú”, en Estudios Andinos, vol. 9, n.os 17/18, 1981, pp. 41-53; Bill Albert, South America and the First World War: The Impact of the War on Brazil, Argentina, Peru and Chile, Cambridge University Press, Cambridge 1988.
  8. Alberto Wagner de Reyna, Historia diplomática del Perú 1900-1945, Fondo Editorial del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Lima, 1997; Fabián Novak, Las relaciones entre el Perú y Alemania (1828-2003), Pontificia Universidad Católica del Perú, Instituto de Estudios Internacionales, Lima, 2004; Fabián Novak, Las relaciones entre el Perú y Francia (1827-2004), Pontificia Universidad Católica del Perú, Instituto de Estudios Internacionales, Lima, 2005; Fabián Novak, “La posición internacional del Perú ante la Primera Guerra Mundial”, en Fabián Novak y Jorge Ortiz (eds., El Perú y la Primera Guerra Mundial, Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2014, pp. 67-100.
  9. Diana Millies, Echando raíces. 180 años de presencia alemana en el Perú, Galería Instituto Cultural Peruano Norteamericano, Lima, 2007; Pascal Riviale, Una historia de la presencia francesa en el Perú, del Siglo de las Luces a los años locos, Institut Français d’Études Andines, Instituto de Estudios Peruanos, Fondo Editorial del Congreso del Perú, Embajada de Francia en el Perú, Lima, 2008; Guillemette Martin, “Vivir el conflicto lejos de los campos de batalla. La comunidad alemana del Perú y la Primera Guerra Mundial”, en Bulletin de l’Institut français d’études andines, vol. 44, n.° 2, 2015, pp. 259-281; Ombeline Dagicour, “Repensando 14-18 en el Perú: guerra mundial, política y controversia territorial en el Pacífico”, en Compagnon et al., La Gran Guerra…, cit., pp. 115-136; Gérard Borras, “Moi mon colon celle qu’je préfère… Entre objetos musicales, imágenes y versos. Recepciones de la ‘conflagración europea’ en Lima (1914-1919)”, en Compagnon et al., La Gran Guerra…, cit., pp. 379-395.
  10. Carlos Contreras, “La Primera Guerra Mundial y la economía peruana, 1914-1925”, en Compagnon et al., La Gran Guerra…, cit., pp. 171-201; Miguel Ángel Ccasani Condo, “El Perú ante la Primera Guerra Mundial: las exportaciones de La Libertad de 1917 a 1921”, en Desde el Sur, vol. 14, n.° 2, 2022, e0025.
  11. Existe una abundante historiografía sobre el litigio entre Chile y Perú por los territorios de Tacna y Arica y sus repercusiones sociales en los territorios disputados. Entre varias obras, consúltese: Raúl Palacios Rodríguez, La chilenización de Tacna y Arica, Editorial Arica, Lima, 1974; Ernesto Yepes, Un plebiscito imposible: Tacna y Arica 1925-1926, Ediciones Análisis, Lima, 1999; Sergio González Miranda, “Pax castrense en la frontera norte: Una reflexión en torno a la post-guerra del Salitre: el conflicto por Tacna-Arica y Tarapacá”, en Universum, vol. 19, n.° 1, 2004, pp. 28-57; Juan José Fernández Valdés, Chile y Perú. Historia de sus Relaciones Diplomáticas entre 1879 y 1929, RIL Editores, ADICA, Santiago, 2004; William Skuban, Lines in the sand. Nationalism and Identity on the Peruvian-Chilean Frontier, University of New Mexico Press, Albuquerque, 2007; Sergio González Miranda, La llave y el candado. El conflicto entre Perú y Chile por Tacna y Arica (1883-1929), LOM Ediciones, Santiago, 2008; Felipe Valdebenito Tamborino y Menara Lube Guizardi, “Las fronteras de la modernidad. El espacio Tacnoariqueño y la nacionalización del Norte Grande chileno (1883-1929)”, en Estudos Ibero-Americanos, vol. 40, n.° 2, 2014, pp. 277-303.
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  13. Lucas Maubert, “¿Otra Alsacia-Lorena en América del Sur? El asunto de Tacna y Arica a través de la prensa francesa (1918-1929)”, en Aldea Mundo, vol. 25, n.° 50, 2020, pp. 9-20.
  14. Esta investigación contó con el financiamiento del proyecto ANID Fondecyt Regular n° 1230223.
  15. Olivier Compagnon, “Entrer en guerre? Neutralité et engagement de l’Amérique latine entre 1914 et 1918”, en Relations internationales, n.° 137, 2009, pp. 33-37.
  16. Citado en: Jorge Basadre, Historia de la República del Perú (1822-1933). Tomo XIII, El Comercio, Lima, 2005, p. 217.
  17. Basadre, Historia…, cit., p. 217.
  18. Novak, “La posición internacional del Perú…”, cit., pp. 76-77.
  19. “Peru & the Great War”, en The West Coast Leader, 8/09/1917.
  20. “De jueves a jueves”, en Variedades, 7/07/1917.
  21. “De jueves a jueves”, en Variedades, 7/07/1917.
  22. Jorge Ortiz, “El Perú y los aspectos militares de la guerra”, en Fabián Novak y Jorge Ortiz (eds.), El Perú y la Primera Guerra Mundial, Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2014, pp. 156-159.
  23. Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Cuestión Lorton, Imp. Sagrados Corazones, Lima, 1917, pp. 25-26.
  24. Novak, “La posición internacional del Perú…”, cit., p. 85.
  25. Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Ruptura de relaciones diplomáticas con el Gobierno Imperial de Alemania, Imp. Americana, Lima, 1918, pp. 133-134.
  26. “Five hour session of Congress. The final chapter of the negotiations with Berlin”, en The West Coast Leader, 6/10/1917.
  27. War Office General Staff, A Guide to the Press of Central and South America [Confidential], 1918, pp. 118-119.
  28. “De jueves a jueves”, en Variedades, 13/10/1917.
  29. “Excathedra. Notas de la semana”, en Revista de actualidades, 13/10/1917.
  30. War Office General Staff, A Guide to the Press…, cit., pp. 112-123.
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  32. Ronald Bruce St. John, La política exterior del Perú, Asociación de Funcionarios del Servicio Diplomático del Perú, Lima, 1999, p. 151.
  33. Maubert, “¿Otra Alsacia-Lorena en América del Sur?”, cit., pp. 11-12.
  34. Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, Ruptura de relaciones diplomáticas …, cit., p. 8.
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  44. “Le Pérou et l’armée française”, en Journal des Débats Politiques et Littéraires, 15/01/1917.
  45. Juan Luis Carrellán Ruiz, “Las imágenes del comienzo de la Primera Guerra Mundial en El Mercurio de Santiago de Chile: De la tragedia de Sarajevo al inicio del conflicto europeo”, en Cultura, hombre, sociedad, vol. 27, n.° 2, 2017, pp. 153-173; Cristián Garay Vera y Diego Jiménez Cabrera, “El Mercurio de Santiago de Chile: el discurso liberal mundial ante Rusia en 1905 y 1917”, en Historia Contemporánea, n.° 71, 2023, pp. 121-152.
  46. “La ruptura peruano-germana según ‘El Mercurio”, en El Ferrocarril, 10/10/1917.
  47. “La intervención alemana en Sud-América”, en El Mercurio, 24/10/1917.
  48. “Chili. La neutralité et l’ensorcellement allemand”, en Le Temps, 30/12/1914.
  49. AGHMRREE, FH, vol. 335, “Oficio confidencial n.° 1479/295/73 de Federico Puga Borne al ministro de Relaciones Exteriores”, 9/12/1914; AGHMRREE, FH, vol. 515, “Oficio confidencial n.° 9 de Alejandro Lira a Federico Puga Borne”, 13/03/1915.
  50. “Telegrama cifrado n.os 129-130 de Théophile Delcassé a Henry Jullemier”, 29/06/1915 (Ministère des Affaires Étrangères, Documents diplomatiques français. 1915 Tome II (26 Mai-15 Septembre), Peter Lang, Bruselas, 2003, pp. 269-270).
  51. Chile, Archivo General Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores [en adelante AGHMRREE], Fondo Histórico [en adelante FH], vol. 603, “Oficio confidencial n.os 138/45, de Domingo Gana Edwards al ministro de Relaciones Exteriores”, 23/03/1917.
  52. AGHMRREE, FH, vol. 514, “Oficio confidencial n.os 98/19/2 de Federico Puga Borne al ministro de Relaciones Exteriores”, 15/01/1915.
  53. “Sud-América y la guerra europea”, en El Mercurio, 9/10/1917.
  54. Robert Massie, Castles of Steel: Britain, Germany, and the Winning of the Great War at Sea, Jonathan Cape, London, 2004; Germán Bravo Valdivieso, La primera guerra mundial en la costa de Chile: una neutralidad que no fue tal, Ediciones Altazor, Viña del Mar, 2005; Michael McNally, Coronel and Falklands 1914. Duel in the South Atlantic, Osprey Publishing, New York, 2012.
  55. Lucas Maubert, “Trenches on Latin American screens and football fields. Cultural and sporting life in Tacna and Arica (Chile) during the First World War”, en War & Society, vol. 41, n.° 2, 2022, pp. 114-116.
  56. “A minister embargoed”, en The West Coast Leader, 21/07/1917.
  57. “La guerra entre los Estados Unidos y Alemania”, en El Mercurio, 15/10/1917.
  58. “Refusal to receive Dr. Perl”, en The West Coast Leader, 1/12/1917.
  59. “Dans l’Equateur. Rupture probable”, en Le Temps, 11/10/1917.
  60. “Ecuador no recibirá al ministro alemán en el Perú”, en Excelsior, 9/10/1917.
  61. “Ecuador, like Peru, bars German Envoy”, en The New York Times, 9/10/1917.
  62. “Dans l’Equateur. La rupture avec l’Allemagne”, en Le Temps, 12/10/1917.
  63. “Dans l’Equateur. La rupture avec l’Allemagne”, en Le Temps, 14/10/1917.
  64. “Dans l’Equateur. La rupture avec l’Allemagne”, en Le Temps, 12/10/1917.
  65. Sobre las repercusiones de la guerra en Ecuador, véase: Farith Simon Campaña, “La reacción jurídica del Ecuador ante la Primera Guerra Mundial: de la neutralidad a la ruptura de relaciones”, en Iuris Dictio, vol. 14, n.° 16, 2015, pp. 211-223; Élodie Lenoël, “La ‘Crónica extranjera’ en La Ilustración de Guayaquil: germanofobia, aliadofilia y futuro del continente frente a la Gran Guerra”, en Historia & Guerra, n.° 3, 2022, pp. 98-121.
  66. “Peru & Germany. The winding-up”, en The West Coast Leader, 13/10/1917.
  67. Alejandro Álvarez, La Grande Guerre Européenne et la neutralité du Chili, A. Pedone, Paris, 1915, pp. 207-208.
  68. AGHMRREE, FH, vol. 508, “Oficio confidencial n.° 63 de Enrique Villegas al ministro de Marina”, 14/08/1914.
  69. Álvarez, La Grande Guerre…, cit., pp. 191-200.
  70. “Departure of Ex Minister Perl”, en The West Coast Leader, 10/11/1917.
  71. Aurelio Gamarra Hernández, Datos históricos de los colegios del Perú, Lima, Dirección General de Instrucción Pública del Ministerio de Justicia, Culto, Instrucción y Beneficencia del Perú, Lima, 1919, p. 618.
  72. Francia, Archives Diplomatiques de Nantes [en adelante ADN], Fondo Lima [en adelante FL], vol. 367PO/1/68, “Informe de Émile-Ange Le Roux al ministro de Francia en Perú”, 30/11/1917, p. 76. La traducción es propia.
  73. ADN, FL, vol. 367PO/1/68, “Informe de Émile-Ange Le Roux al ministro de Francia en Perú”, 30/11/1917, p. 77.
  74. ADN, FL, vol. 367PO/1/68, “Informe de Émile-Ange Le Roux al ministro de Francia en Perú”, 30/11/1917, p. 78.
  75. “En tránsito”, en El Ferrocarril, 13/11/1917.
  76. ADN, FL, vol. 367PO/1/68, “Informe de Émile-Ange Le Roux al ministro de Francia en Perú”, 30/11/1917, p. 79.
  77. ADN, FL, vol. 367PO/1/68, “Informe de Émile-Ange Le Roux al ministro de Francia en Perú”, 30/11/1917, p. 79.
  78. AGHMRREE, FH, vol. 661, “Oficio confidencial n.° 43 de Alamiro Huidobro al ministro de Marina”, 15/03/1917.
  79. “The Luxburg telegrams and continental politics”, en The West Coast Leader, 22/12/1917.
  80. ADN, FL, vol. 367PO/1/68, “Informe de Émile-Ange Le Roux al ministro de Francia en Perú”, 30/11/1917, p. 80.
  81. War Office General Staff, A Guide to the Press…, cit., p. 57.
  82. “Valparaíso”, en La Nación, 23/11/1917.
  83. “Chile. El exministro alemán en el Perú”, en La Nación, 22/11/1917.
  84. “Dr. Perl in Chile”, en The West Coast Leader, 24/11/1917.
  85. “Un rendez-vous de diplomates allemands”, en Le Temps, 30/11/1917.
  86. “Telegrammas a guerra”, en Jornal do Commercio, 4/12/1917.
  87. “La influencia alemana en Chile”, en El Mercurio, 4/02/1918.
  88. Hebe Carmen Pelosi, “La Primera Guerra Mundial. Relaciones internacionales franco-argentinas”, en Temas de historia argentina y americana, n.° 4, 2004, pp. 182-183.
  89. “El sonado asunto del Conde de Luxburg en Buenos Aires”, en Variedades, 6/10/1917.
  90. Barbara Tuchman, The Zimmermann Telegram. America Enters the War, 1917-1918, Random House, New York, 2014.
  91. Citado en: “Los diplomáticos alemanes en la Argentina”, en El Mercurio, 4/12/1917.
  92. “Luxburg leaves Buenos Aires”, en The West Coast Leader, 11/05/1918.
  93. “El Sr. Luxburg. Su salida del país”, en La Nación, 9/05/1918.
  94. “Noticias de Estados Unidos”, en El Mercurio, 13/05/1918.
  95. ADN, FL, vol. 367PO/1/68, “Oficio n.° 40 de Alduy a Pichon”, 23/08/1918.
  96. ADN, FL, vol. 367PO/1/68, “Oficio n.° 40 de Alduy a Pichon”, 23/08/1918.


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