Acerca del (des)anudamiento entre la economía, la ética y la política
Miguel Rossi y Ricardo Laleff Ilieff[1]
“Igualdad”, “justicia”, “ciudadanía”, “educación” y “afectividad”, acaso estos sean los significantes más representativos de las distintas reflexiones que aquí se ofrecen en torno al neoliberalismo. Y ello no es casual. No lo es puesto que este volumen parte de la premisa de pensar la contemporaneidad a partir del (des)anudamiento que se produce –y se reproduce– entre las esferas ética, política y económica. Para ello no hace falta hipostasiar un ámbito de los mencionados, ya sea arguyendo la primacía de la economía tal como cierta visión determinista puede sugerir, justificando una suerte de hiperpolitización de lo social o reivindicando una ética soporte del mundo de las necesidades y del intercambio y de la toma de decisiones. Se trata, en verdad, de observar la construcción de esferas de experiencia que se precian de ser autónomas unas de otras y, al mismo tiempo, de observar críticamente las respuestas que se gestan en paralelo.
Sin embargo, el paradigma contemporáneo está compuesto por un entramado interpretativo en donde el neoliberalismo –aunque hegemónico– no satura el campo teórico-político. Esto es clave para anoticiar cierta perdurabilidad moderna en los debates pero también ribetes que muestran de diversos modos atendibles novedades interpretadas. Cuando Max Weber señaló que la muerte de Dios nietzscheana se inició con un proceso de racionalización tendiente a generar múltiples esferas con sus propios esquemas de racionalidad, evidenció el carácter complejo y polimorfo de la vida en Occidente. Ante la pérdida de un sentido totalizador provisto por un fundamento trascendente, ante el avance irrefrenable de la desmagificación del mundo, desde la perspectiva weberiana, el politeísmo de los valores encarnados por cada uno de los individuos implicaba –tal como lo sugirió Carl Schmitt en La tiranía de los valores– un peligro harto mayor que aquel señalado por Thomas Hobbes en su estado de naturaleza. De este modo, Weber dio cuenta, por un lado, de la hiperespecialización motivada por los extensivos criterios racionales y, por otro, advirtió cómo la proliferación de estos constituía un conflicto irresoluble entre las distintas racionalidades puestas en juego; racionalidades todas ellas resultantes de un mismo proceso. Con ese panorama delante de sus ojos, Weber señaló que el Estado moderno debía apelar a su medio específico –la violencia física–, para zanjar los conflictos motivados por las distintas valoraciones y racionalidades. Como contrapartida de ello surgía otro peligro, a saber, que la técnica se devorase el espíritu aplanando la heterogeneidad de la vida.
Ahora bien, si nos tomamos la licencia de señalar breve y sucintamente algunos postulados del sociólogo alemán, es porque su pensamiento nos permite indicar los contornos de una concepción analítica que anima esta compilación, concepción que estriba en remarcar la intención de atender algunos de los desafíos y dilemas contemporáneos más acuciantes. Al mismo tiempo que se monta sobre el desanudamiento moderno entre la ética, la política y la economía, el neoliberalismo ya no se preocupa meramente por sostener las bonanzas del mercado como elemento fundamental en la asignación social de recursos, no pretende tampoco circunscribir “la política” a los edificios gubernamentales ni dejar los debates éticos ceñidos en la esfera privada y en la conciencia individual. Para decirlo más claramente, el neoliberalismo también efectúa todo ello pero bajo otras modalidades, bajo aspectos que no habían sido contemplados por ciertos liberales clásicos y padres de la economía política como Adam Smith y David Ricardo. A partir de los análisis desplegados por Michel Foucault, bien podemos conjeturar que la preocupación de estos días ya no consiste tanto en generar condiciones antimonopólicas y evitar la influencia de factores externos al desenvolvimiento de la mano invisible cada vez más compuesta por el capital transnacional, sino más bien en generar condiciones de competencia en toda la sociedad, en extender una lógica que tiene al individuo como centro de su esquema pero también como dispositivo, en inyectar en las distintas capas del tejido social sus presupuestos nodales. Como se sabe, esto ha minado la lógica social del estado de bienestar en los países noroccidentales hasta su casi extinción. De manera que la apuesta neoliberal es mucho más arriesgada y menos cifrada a un espacio. En este marco no es casual que el Estado deje de ser concebido como aquel artificio que actúa en la economía solo por omisión –algo que, no obstante, puede seguir siendo un argumento que circula en la discusión política más coyuntural– para constituirse en un verdadero gestor al servicio de la lógica capitalista en su actual fase. De este modo, el neoliberalismo llega al Estado mínimo pero bajo senderos muy distintos a los formulados siglos atrás, amparándose en esquemas y dispositivos mucho más incisivos y dejando severas huellas en todas las capas de las sociedades.
En ese marco se destaca el gesto de un pensador como John Rawls, quien impulsó un debate de crucial importancia sobre la noción de justicia en el mundo contemporáneo, subvirtiendo, en consecuencia, los cánones de indagación filosófica de la segunda mitad del siglo xx. A través del decir de Rawls podemos observar cómo la justicia no dejó nunca de ser una cuestión social aun cuando ello no conlleva –muy por el contrario– prescindir de la singularidad de cada individuo con sus derechos fundamentales. Pero Rawls no hizo de la justicia un problema de administración jurídica, tampoco la adscribió a la intimidad o la dejó librada a la laboriosidad. De allí que haya recibido profundas y también furibundas críticas desde las plumas de ciertos representantes del neoliberalismo, entre los cuales se encontraba Robert Nozick, quien sostenía la importancia de las motivaciones egoístas de los hombres y mujeres. La de Nozick es la caracterización de la fisonomía del sujeto neoliberal; sujeto eminentemente racional, consagrado a moverse en la repetición y la extinción propias del consumo y en espacio en donde reinan las múltiples mediaciones tecnológicas en los vínculos humanos. No estamos dando un salto muy grande en nuestra comunicación si sostenemos que el peligro visibilizado por Weber ha sido superado por otro, en tanto ya no se trata de un mundo que no encuentra un sentido articulador de la vida común porque cada sentido es tan particular que no puede constituirse en el fundamento de todos, sino de un despedazamiento que rompe con todo anudamiento posible para habitar en las zozobras de una contingencia que evita los desafíos del lazo social, que desencadena la lógica del consumo hasta introyectarse en la subjetividad y mostrar a la sociedad como el terreno de la homogeneidad y de la no-fisura. En consecuencia, se trata de una vida que no tolera al síntoma, al desacuerdo que rebalsa los canales institucionales y a las tensiones que muestran la performatividad de los procesos históricos. Justamente han sido autores posfundacionalistas como Ernesto Laclau y Jean-Luc Nancy quienes han analizado tales aspectos propios de la contemporaneidad; pero tal vez fue Jacques Rancière quien con mayor énfasis arrojó luz sobre las características nodales de las configuraciones políticas neoliberales, en tanto en ellas se produce la sobreestimación del consenso y la apelación a una comunidad sin divisiones que procura negar los síntomas de la tensión social y la desigualdad material que operan en su base. De allí que, para el filósofo francés, en la actualidad se pretenda negar a la política misma y convertirla solo en una pregunta por el orden. En este sentido se entiende el motivo por el cual en un volumen como este se apele principal, pero no únicamente, a figuras como Foucault, Rancière y Rawls, quienes con sus respectivas indagaciones sobre los dispositivos de poder, sobre la igualdad y sobre la justicia resultan cruciales para reflexionar desde la teoría política sobre aquellos procesos que parecieron darle fisonomía a la segunda mitad del siglo xx y que continúan, en lo fundamental, aún presentes. De modo que los trabajos que aquí se presentan cumplen con la premisa de efectuar un análisis crítico del neoliberalismo recuperando abordajes teóricos de suma actualidad. Por lo que en las distintas páginas que se ofrecen a los lectores y las lectoras se conjugan apuestas interpretativas de diferentes registros de enunciación, expresándose perspectivas heurísticas y desplegándose posturas hermenéuticas que permiten establecer sendas líneas de diálogo y contrapuntos entre los distintos capítulos e interpelan también otros trabajos de crucial importancia para nuestro medio[2].
El trabajo de Fernando Lizárraga titulado “Igualdad, respeto propio y ethos en la teoría de John Rawls” presenta un panorama general de la teoría de la justicia como equidad y analiza en detalle dos de sus aspectos más salientes (respeto propio y ethos fraterno), enfatizando su núcleo inequívocamente igualitario y señalando algunas de las ambigüedades y tensiones que asedian a este núcleo desde el interior de la teoría misma. En tal sentido, en una primera parte se realiza una sucinta presentación de la teoría rawlsiana haciendo hincapié en cómo los talentos entendidos como acervo común y el veto de los menos aventajados ponen límite a las desigualdades que Rawls, por motivos fácticos, considera justificadas en una sociedad bien ordenada. Posteriormente, se examina el bien social primario del respeto propio, entendido como el más importante de los bienes primarios, en el marco del rechazo rawlsiano a la tesis libertarista de autopropiedad. Por último, se compara el ethos igualitario propuesto por G. A. Cohen con el ethos completo postulado por Michael Titelbaum como extensión de la teoría rawlsiana, poniendo así especial atención a la noción de fraternidad como vínculo clave en una sociedad que realiza los principios de la justicia como equidad.
Por su parte, en “La justicia equitativa de Rawls y sus críticas libertaristas e igualitaristas”, Rodolfo Ariza Clerici analiza cómo la teoría de la Justicia equitativa de John Rawls puso en discusión el alcance de los conceptos de libertad e igualdad dando lugar a críticas que la juzgan como insuficientemente liberal o libertaria o como insuficientemente igualitaria. Ariza Clerici repone, asimismo, los trazos nodales de la discusión suscitada por el pensador norteamericano en lo que concierne a las posturas de autoras y autores neoliberales, demócratas, republicanos, comunitaristas y feministas. Es por ello que el trabajo realiza un recorrido por estas críticas que, a su vez, han sido empleadas como fundamento de algunas decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, enfocando un concepto de libertad e (des)igualdad como no dominación/participación (política) en términos de reconocimiento (minorías y grupos desaventajados: mujeres, niños/as, discapacitados, comunidades afrodescendientes) y redistribución, redefiniendo a la desigualdad como dominación.
En lo que concierne al trabajo de Diego Baccarelli Bures y Luis Blengino “Transiciones de la ciudadanía liberal a la ciudadanía neoliberal. Un abordaje desde el enfoque biopolítico”, se puede observar la reconstrucción de una línea de reflexión filosófica sobre los efectos de la separación moderna del hombre y el ciudadano que permite dar cuenta de la pertinencia de la perspectiva biopolítica elaborada por Michel Foucault para analizar la tradición liberal de gobierno y el devenir de la idea de ciudadanía. De manera que el planteo del artículo comienza con la exposición de la deriva histórica del concepto de ciudadanía moderna en su relación con la emergencia de lo social, luego explica el vínculo de este fenómeno con el desarrollo de la biopolítica como su condición de posibilidad tecnológica para comprender, así, el lugar subordinado que comenzará a adquirir el derecho en esta nueva configuración del poder de acuerdo al arte liberal de gobierno. Finalmente se analiza de qué modo derecho y economía se articulan bajo la racionalidad gubernamental neoliberal implicando una transformación del sujeto y una despolitización de la ciudadanía.
Gerardo Maximo Andrian en “El sistema económico como aparato de educación. El neoliberalismo al descubierto desde la mirada de Michel Foucault” destaca cómo la perspectiva desarrollada por el mencionado autor francés permite observar la injerencia del sistema económico capitalista en el conjunto de la sociedad mundial junto a sus principales justificaciones. De este modo, Andrian repone algunos considerandos foucaultianos a los fines de entender el funcionamiento de ciertos mecanismos de poder que se han ido perfeccionando en Occidente haciendo especial hincapié, a su vez, en el área educativa. De allí que proponga cierto horizonte epistemológico ligado a la experiencia educativa con el objeto de pensar una transformación de la sociedad.
Para concluir con la compilación, se encuentra el capítulo de Elena Mancinelli y Miguel Rossi intitulado “Afectividad y temporalidad de un nuevo capítulo del neoliberalismo”, en el cual se aloja una pregunta inquietante: ¿por qué lo que nos pasa, en este nuevo capítulo de arrecio neoliberal, parece no pasar? Para dar una posible respuesta, pero en las antípodas de todo dogmatismo, Mancinelli y Rossi proponen ahondar en una paradoja afectiva que caracteriza nuestro tiempo presente, y que va desde un alto nivel de indiferencia hasta la centralidad de una hiperafectividad como el a priori de todo juicio posible. Asimismo, una de las aristas de dicha paradoja consiste en la presencia de una permanente operatoria de autodestitución estatal que pone en jaque la diferencia entre régimen policial y política tal como lo plantea Rancière.
Resta señalar que el presente volumen debe su existencia a una inquietud desplegada en el marco de un proyecto de investigación de la Universidad de la Matanza intitulado “Articulaciones necesarias entre ética, política y economía”, inscripto en la Escuela de Posgrado de dicha casa de estudios y que tiene como principal anclaje la cátedra de Ética y Economía, cuyo titular es el Dr. Miguel Ángel Rossi en el Doctorado en Ciencias Económicas. Por último, queremos agradecer el financiamiento recibido por la investigación de la UNLaM, sin el cual este libro no hubiese salido a la luz.
- Miguel Rossi es Investigador principal del CONICET en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Profesor titular de la cátedra de Filosofía y asociado a cargo en la cátedra de Teoría Política y Social I de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y docente de posgrado en la UNLaM en el doctorado de Ciencias Económicas. Ricardo Laleff Ilieff es Investigador asistente del CONICET en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Docente de grado y posgrado en dicha casa de estudio.↵
- Entre los que cabe señalar a El neuroliberalismo y la ética del más fuerte (2014) de Hugo Biagini y Diego Fernández Peychaux. ↵






