Desde los últimos años del siglo XX, en ciencia y filosofía de la ciencia se aboga porque la investigación científica dé un rol central a los mecanismos causales porque, entre otras ventajas: (a) su identificación brinda una mejor comprensión de algunos fenómenos, incluso de aquellos estocásticos o que no parecen gobernados por leyes deterministas; (b) pueden servir como guías para la investigación; (c) pueden ser la clave de la causalidad (al menos, de algún tipo de causalidad); (d) la explicación científica que emplea la descripción de mecanismos gana en claridad y poder explicativo, y puede emplearse, y de hecho se emplea, en disciplinas que no poseen una gran cantidad de leyes .
Esta propuesta de poner los mecanismos en un rol central de la actividad científica (principalmente contra quienes ponen las leyes naturales en ese rol), por surgir principalmente de la ciencia, de especialistas de las diferentes disciplinas, ha ido ganando más y más voces pero se ha mantenido, con algunas excepciones, dividida por disciplinas o por áreas: por una parte, la propuesta que parte de la sociología (o de algunas ciencias sociales) y por otra, la de la neurobiología (o de algunas ciencias naturales). Salvando las contadas excepciones, la literatura está dividida en esas dos ramas. Algunas otras disciplinas (química, biología evolutiva, medicina) han dado algún que otro autor que se interesa por sumarse a uno de estos dos grupos, pero, hasta el momento, de manera aislada. No hay todavía un grupo, un movimiento que abarque la ciencia en general. Aquí se ha tratado de señalar las coincidencias entre las diferentes disciplinas y áreas: el problema de fondo es si pueden (o podrán) encontrarse coincidencias suficientes como para hablar de un movimiento dentro de la ciencia (a secas) y de la filosofía de la ciencia. Adelantando que esto es posible, se ha propuesto aquí el nombre de neomecanicismo para denominar a este movimiento.
Por ahora, el neomecanicismo no es visto y no es tratado como ese movimiento general, aunque se ha señalado reiteradamente que en ciertas disciplinas esta propuesta está ganando más y más adhesiones; al menos, cada vez son más los trabajos que tratan el tema de los mecanismos. La filosofía de la ciencia de las disciplinas particulares lleva adelante la tarea de mostrar los logros y ventajas de la estrategia. El tratamiento unificado, sin embargo, sigue faltando.
Para imponerse como movimiento, es menester que en la actividad científica se reconozcan algunos conceptos y tareas comunes. El concepto clave es, por supuesto, el de mecanismo. Pero hay otros que deberían compartirse, como los conceptos clasificatorios sobre el dominio de los mecanismos.
En el capítulo 3 se ha proporcionado una lista de caracterizaciones de mecanismo que muestra el problema de la disparidad de opiniones respecto de ese concepto clave. También se señala que estas caracterizaciones se originan en la investigación particular de cada neomecanicista (en el mejor de los casos, de un equipo de neomecanicistas o del trabajo propio de un área determinada). Son caracterizaciones que surgen como consecuencia de las dificultades que quienes investigan encuentran a la hora de trabajar (explicaciones con cajas negras, explicaciones epistémicamente insuficientes, reduccionismo cuestionable, tratamiento inadecuado de la causalidad, narrativas ante la ausencia de leyes, entre otras). En algunos casos, la metodología de trabajo lleva a postular que los mecanismos son hipótesis o son modelos formales. Pero, como se ha dicho, no todas las discrepancias son contradicciones insalvables: algunas divergencias pueden ser vistas como diferencias clasificatorias. Solo se requiere una caracterización amplia de mecanismo y conceptos clasificatorios que permitan mostrar que las diferencias (si no todas, al menos algunas) no son fundamentales, sino que son diferencias categoriales. Lo que es innegable es la ubicuidad del término mecanismo no solamente en las publicaciones científicas de distintas disciplinas y áreas, sino también en los trabajos de historia y filosofía de la ciencia.
Como primera estrategia para encontrar la caracterización de mecanismo, se han comentado las características de las que ya se han dado. Se ha mostrado que presentan algunos problemas salvables, como no diferenciar correctamente el concepto de mecanismo de otros conceptos relacionados, aunque distinguibles (como los de causa, sistema o proceso), o no capturan adecuadamente algunos de los ejemplos de mecanismo desarrollados en el capítulo 2 (es decir, son tan estrechas que esos mecanismos no calificarían como tales). Un ejemplo importante a capturar es el de la selección natural: es común entre quienes investigan en biología evolutiva referirse a los “mecanismos de evolución” o al “mecanismo de selección natural”. Se ha propuesto luego, siempre en el capítulo 3, que la pregunta a responder tal vez no sea “¿qué es un mecanismo?”, sino “¿cuáles son los elementos de un mecanismo debidamente identificado?” Esta propuesta se ha desarrollado con algún detalle, aclarando distintos aspectos. Uno de los componentes que se subrayan en esta propuesta es el pragmático: la investigación científica tiene intereses que demarcan los mecanismos, es decir, señalan el nivel en el que operan, las unidades de análisis y propiedades relevantes, etc. La propuesta de caracterizar los elementos que se deben identificar en un mecanismo permite indirectamente una caracterización de los mecanismos: siempre hacen algo (son los causantes de algún cambio), y lo hacen con un modus operandi. Por ello son causales y por ello generan procesos reconocibles o sucesivas etapas. De particular importancia resulta distinguir entre mecanismos y sistemas. Aquí la estrategia ha sido relajar la caracterización de sistema y restringir la de mecanismo. No es la única estrategia posible, pero proceder en el sentido inverso (imponer restricciones de agregación al concepto de sistema y caracterizar mecanismo en términos de las funciones del mecanismo en el sistema) deja fuera algunos sistemas sociales (si no todos). Tras la caracterización se ha mostrado cómo ella permite rever los mecanismos ejemplificados en el capítulo 2 (en particular el ejemplo de selección natural).
En el capítulo 4 se han presentado algunas clasificaciones o tipologías de mecanismos. Se ha propuesto una clasificación novedosa que depende, en primer lugar, del orden entre el plano analítico y el ontológico; concretamente, distingue los mecanismos diseñados por los humanos de los que no lo son. Luego, se atiende a las resultantes de relación y se puede ver que esta clasificación permite acomodar otros aspectos, como la predicción o la relevancia de la organización espacial. Esta clasificación muestra lo que ciertos mecanismos sociales tienen en común con ciertos mecanismos naturales, y qué tienen en común con algunos estudiados por la biología y la física. No es la única clasificación posible: en el resto del capítulo se comentan otras, también útiles pero menos generales.
En el capítulo 5 se han mostrado (algunas en detalle) las ventajas de la investigación centrada en mecanismos, ya sea brindando mejores explicaciones, mejorando las teorías, llevando al descubrimiento de nuevos mecanismos, proponiendo una alternativa al análisis del reduccionismo, o colaborando a la comprensión de la causalidad, a la experimentación y al control. En particular, se ha mostrado que la teoría de juegos evolutivos puede resultar una herramienta útil para modelar mecanismos, y que esa herramienta formal puede ser el punto de partida de la interdisciplinariedad.
En el capítulo 6 se han discutido algunas objeciones a las pretensiones mecanicistas y se las ha respondido. El punto clave de las respuestas es: no se puede criticar todo el neomecanicismo sobre la base de un autor o un pequeño grupo de autores. En primer lugar, porque la propuesta no se ha unificado todavía lo suficiente como para que un autor represente a todo el movimiento. En segundo lugar, porque la mayor brecha a salvar está entre disciplinas sociales y naturales, y tomar los objetivos de unos para mostrar que no los cumplen los otros es pretender que la unificación sea en todos los niveles y en cada cosa. Y eso no se da ni siquiera dentro de una misma disciplina: siempre hay discrepancias sobre métodos, interpretaciones, experimentos, resultados u observaciones. Las respuestas a las objeciones no pretenden mostrar que el neomecanicismo es inobjetable o es la mejor postura o estrategia posible para la ciencia. El punto clave, el que requiere dilucidación, es si las objeciones son lo suficientemente serias como para cuestionar el intento por conformar o consolidar el neomecanicismo. Es decir, en ciertas disciplinas (desde hace años y, tal vez, como consecuencia del mecanicismo clásico) es común hablar de mecanismos y en algunas disciplinas es reciente el interés por ellos, pero indiscutiblemente es reciente también el intento de un análisis explícito y sistemático del rol que cumplen en la investigación científica, tanto en los aspectos metodológicos como en los del conocimiento. Estos esfuerzos por explicitar y discutir la propuesta neomecanicista podrán rematar, en algún momento, en un movimiento o programa de investigación dentro de la ciencia. Ese programa podrá ser complementario o alternativo (aquí se ha sostenido siempre lo primero). Pero bien podría ocurrir que la propuesta no prospere. Es por esto que las objeciones contra el neomecanicismo (por ahora incipiente) no son objeciones o críticas contra un movimiento consolidado, sino contra uno que está en ciernes. Salvar las objeciones, entonces, equivale a mostrar que el interés por los mecanismos no es injustificado: no se ha demostrado que sea inútil o poco fructífero. Claro que aquí se apuesta a mucho más que eso: se propone que tal movimiento es posible, útil, fructífero y, en muchos casos y para muchas de las tareas de la ciencia (explicación, predicción, control, análisis causal), es tanto o más ventajoso que otras propuestas.
El neomecanicismo no tiene por qué reemplazar la ciencia tal y como se la viene practicando en los últimos siglos. No se trata de abandonar la teorización, la reducción o la búsqueda de leyes corroboradas por numerosos casos. Se trata de centrar el interés investigativo en el descubrimiento de mecanismos en diferentes niveles. De explicar apelando a mecanismos. De construir modelos mecanicistas y evaluar su adecuación. De ninguna manera se trata de instaurar una única manera de investigar o de explicar. De hecho, el enfoque no es totalmente incompatible con otros enfoques.
Tampoco se aboga por el abandono de la pretensión de construir teorías de gran alcance. En algunas disciplinas esas teorías existen y deben mantenerse. Los mecanismos, entonces, sirven en la explicación y en la investigación: pueden llevar al descubrimiento de más mecanismos. Y en el caso de las disciplinas en las que se discuta la existencia de teorías de gran alcance, los mecanismos podrán servir para dar explicaciones incluso sin leyes o colaborar con las teorías en disputa, haciéndolas más flexibles o exactas. Los mecanismos de alto grado de generalidad podrían llegar (si se conocieran suficientemente las condiciones detonantes) a constituirse en teorías de rango medio. Abogar por mecanismos no implica abandonar las teorías: los mecanismos son un buen complemento cuando se poseen leyes y una buena alternativa cuando no se dispone de ellas.
En algunos casos, además, recientemente se ha llegado a explicitar el interés por los mecanismos o a ponerlos en el centro de atención. Como se dijo, ha habido investigadores que, de manera secundaria o tangencial, han investigado mecanismos o han explicado utilizándolos implícitamente. En el capítulo 2 se han dado ejemplos de investigadores de ciencias sociales que han presentado explicaciones que pueden releerse como mecanicistas.
Una cuestión todavía abierta es si el interés por poner los mecanismos en el centro de atención llegará a todas las disciplinas o a todas las áreas de algunas disciplinas. El alcance de la propuesta dependerá de los intereses de cada disciplina, de cada área y de cada investigación. En particular, una de las ventajas más significativas del neomecanicismo radica en la explicación y la comprensión (sin la necesidad de poseer leyes de la naturaleza). El intento de dar buenas explicaciones está presente en todas las disciplinas científicas. Si una disciplina permite la investigación enfocada en mecanismos (lo cual, como se comentó en el capítulo 6, es discutido en algunas disciplinas), los fenómenos causados por mecanismos serán mejor explicados utilizando modelos mecanicistas. El interés por el tipo de investigación que propone el neomecanicismo puede o no despertarse en esas disciplinas, pero si las explicaciones mecanicistas son posibles, habrá ventajas en adoptar estas explicaciones por los motivos discutidos en el capítulo 5, §1.
Se ha hablado aquí de neomecanicismo en dos sentidos: en partes, como un movimiento incipiente, conformado por distintos grupos de investigación que tienen un cierto interés en común pero que todavía no ha unificado sus conceptos, términos o métodos; en partes como lo que podría ser, en el futuro, un movimiento consolidado. Este doble sentido, intencionado, no debería generar confusión, ya que el contexto en que se ha usado el término permite distinguir cuál es el sentido en que debería interpretarse. La idea es que ciertos elementos del neomecanicismo incipiente permanecerán en el neomecanicismo consolidado, pero no todos: ciertas propuestas de algunos autores desaparecerán, permitiendo la eliminación de contradicciones. En este sentido, son atendibles las críticas y objeciones comentadas en el capítulo 6. Estas objeciones al neomecanicismo incipiente podrá salvarlas (y aquí se propone que, de hecho, lo hará) el neomecanicismo consolidado. Cuando se ha hablado de neomecanicismo en el sentido de neomecanicismo consolidado, se ha apuntado a aquellas características del neomecanicismo incipiente que deberán conservarse (según lo propuesto aquí). Las claves para unificar las investigaciones centradas en mecanismos son tres: en primer lugar, una caracterización adecuada de mecanismo (lo suficientemente amplia como para abarcar los distintos fenómenos estudiados por distintas disciplinas, y a la vez lo suficientemente restringida como para diferenciarse de otras entidades); en segundo lugar, una tipología o clasificación fructífera de los mecanismos. Aquí se han propuesto ambos elementos y se han mostrado algunas de las ventajas de dichas caracterizaciones. Finalmente, explicitar y lograr acuerdo sobre ciertos supuestos epistémicos y ontológicos. A lo largo de este trabajo se ha señalado en más de una oportunidad que no todo es causado por un mecanismo o conjunto de mecanismos: hay hechos fortuitos que no se dan de manera típica y hay fenómenos, como la estabilidad absoluta en un sistema, que son causados aunque no por mecanismos. Steel (2004) sostiene que los autores que pertenecen a lo que aquí se ha denominado neomecanicismo (se limita a las ciencias sociales) sostienen dos supuestos:
(1) Supuesto Ontológico: X es causa de Y si y solo si hay un mecanismo de X a Y (Steel, 2004, p. 60).
(2) Supuesto Gnoseológico: se sabe que X causa Y solo si se puede identificar al menos un mecanismo de X a Y (Steel, 2004, p. 61).
Que estos dos supuestos caractericen el neomecanicismo es discutible, especialmente porque, como se ha dicho, no todos los neomecanicistas adhieren a ellos. Ahora bien, si no son esos los supuestos que caracterizan el neomecanicismo, la pregunta que puede hacerse es cuáles son esos supuestos. Hasrun (2011b) muestra que el primer supuesto es falso: hay fenómenos que no son causados por mecanismos. Y que el segundo supuesto debe ser revisado. Sostiene que los supuestos que permiten caracterizar la propuesta neomecanicista (y que permitirán clarificarla) son:
(1’) X es causa de Y si hay un mecanismo de X a Y.
(2’) Se sabe que X causa Y si se puede identificar un mecanismo de X a Y.
(3) Se sabe cómo X causa Y si se conoce un mecanismo que, dado X, produce Y.
En efecto, estos supuestos son más moderados que los propuestos por Steel y, a la vez, permiten ver los beneficios que promete el enfoque. De todas maneras, el debate está pendiente. Propuestas de este tipo (las que se han hecho aquí u otras) serán las que permitan que el neomecanicismo se consolide. Lo que es indiscutible es que los mecanismos ocupan un lugar importantísimo en el quehacer científico.






