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Córdoba no para

Detenimientos sobre interiores y exteriores (2020-2021)

Milva Natali Valor[1]

Introducción

Durante la pandemia desatada por el COVID-19, ciudad, comunicación y tecnologías resultan categorías claves en la lectura de las múltiples imágenes generadas del espacio urbano y de los hogares. El año 2020 y la primera mitad del 2021 son rescatados como marco temporal a partir del cual pensar la ciudad de Córdoba, Argentina, principalmente, y algunos fenómenos que la trascienden: desde las calles desiertas por el “quedate en casa” ‒lema derivado del “yo me quedo en casa” del ciberactivismo primeramente para frenar la expansión del virus y rápidamente adoptado por los gobiernos como slogan oficial‒ hasta el reacomodamiento de los espacios urbanos y domésticos debido al confinamiento. Justamente se buscará indagar sobre las transformaciones de ambos lugares y de las subjetividades de quienes los habitan y transitan (o no). Tal como se venía planteando en distintos estudios específicos sobre transformaciones urbanas y ordenamiento clasista, durante este tiempo la ciudad continuó con sus tendencias de turistificación del patrimonio para su consumo (Espoz Dalmasso y del Campo, 2018) y de “interacción sociourbana que ha establecido zonas de relegación, espacios exclusivos y excluyentes, círculos de encierro y circuitos de tránsito que conforman ‘entornos’ diferenciados por clase” (Boito y Michelazzo, 2014, p. 50).

La estrategia metodológica para abordar y profundizar en los fenómenos destacados se apoya en algunas fotografías seleccionadas y expuestas más adelante. Por un lado, con ello se resalta el lugar que tienen las imágenes como expresión social y su rol fundamental en las formas de consumo actual en el contexto capitalista. Roland Barthes, en 1979, ya remarcaba el consumo de imágenes como algo característico de las denominadas sociedades avanzadas. Y por otro lado, por su carácter de evidencia, como prueba de aquello que efectivamente existió (Barthes, 1989, p. 161). Se trata entonces también de lo que ya no es o de lo que ya no será de determinada manera. Las imágenes proveen pistas para pensar el futuro en medio de la incertidumbre. Las fotos entonces emergen aquí como testimonio, sobre todo en contextos de constantes transformaciones, como las de las ciudades; irrumpen como recortes o congelamientos temporales. Estas interrupciones del presente se asemejan a la pandemia y a su pretendido detenimiento.

A partir del confinamiento primero y el aislamiento luego,[2] las imágenes que se producen y circulan se vinculan principalmente a los espacios cotidianos. El espacio interior y la vida afectiva se muestran por nuevos y viejos medios de comunicación. A su vez, las imágenes del espacio social urbano se consumen a través de estos medios o a lo sumo detrás de las ventanas. Cada vez con más frecuencia comenzaron a sucederse conferencias sobre el sofá, clases y más trabajo en la cocina; especialistas entrevistados en sus casas; las calles y las plazas vacías vistas desde los departamentos; y la circulación en la ciudad devenida en narrativa mediática. Estas fotos nos hablan de nuevos lugares, espacios transformados y solapados, fenómenos que destacamos en clave de heterotopías, categoría de Michel Foucault recuperada por Paul B. Preciado (2010), para retratar la emergencia de la mansión Playboy durante la Guerra Fría. Como punto de partida, define al concepto como un lugar otro, donde confluyen espacios en apariencia incompatibles. El autor las describe como “burbujas espaciotemporales” que “emergen en un contexto histórico preciso activando metáforas, lugares y relaciones económicas preexistentes, pero singularizadas por tecnologías del cuerpo y de la representación que van mutando” (Preciado, 2010, p. 121). Interesa fundamentalmente rescatar la definición arquitectónico-mediática de pornotopía a la que arriba para abordar los fenómenos de “producción pública de lo privado y espectacularización de la domesticidad” (Preciado, 2010, p. 12).

No obstante, si estas imágenes son prueba de este tiempo, ¿qué ausencias resuenan en las repeticiones? ¿Por qué se excluye lo no fotografiable? El vacío, lo que no aparece en las fotos oficiales de los gobiernos, en los confinamientos confortables y decorados, interpelan en forma de interrogantes. Será porque estas instantáneas de detenimiento no bastan, ni relatan la desigualdad y fragmentación social que caracterizan a esta Córdoba, que en nombre del veloz progreso y desarrollo no se detiene. A partir de continuidades, profundizaciones y novedades, se parte de un breve análisis contextual de la ciudad desde algunas de las transformaciones urbanas que coincidieron con el marco temporal de la pandemia. A lo largo del escrito se irán recuperando distintos hashtags y slogans oficiales, en tanto que ideologemas, de uso generalizado y característico de estos días. En un segundo momento el enfoque estará puesto en lo que ocurría en los hogares, donde también se produjeron otras transformaciones, vinculadas al consumo y la vigilancia de la intimidad. Finalmente, se busca una aproximación a la experiencia contemporánea compleja, a partir del control sobre el cuerpo y la producción de subjetividades, para poder interrogar sobre los problemas y posibilidades que ello dispara.

Análisis contextual: en pandemia, “Córdoba no para”

El impacto de la pandemia y las diversas estrategias de prevención adoptadas hacen volver la mirada sobre los lugares cercanos que habitamos y a sus transformaciones, que ‒en medio de discursos de detención‒ no han desacelerado su ritmo. En la apertura de las sesiones legislativas de febrero del corriente año el gobernador Juan Schiaretti enfatizó y repitió el característico slogan: “Córdoba no para ni por la pandemia ni por las crisis que se le pongan adelante. Córdoba no para, Córdoba no para, Córdoba no para y va a seguir su camino hacia el progreso con la Justicia Social” (Legislatura de Córdoba, 2021). En esta oportunidad también reparó en las obras realizadas, en su mayoría viales, de caminos y puentes, circunvalaciones y autovías, que siguen asegurando la conexión y circulación en toda la provincia. El mismo discurso que mantuvo durante el 2020, cuando pasados dos meses de cuarentena celebraba la recuperación del aparato productivo cordobés trabajando a un 90%. Con ello refería fundamentalmente al sector industrial, automotriz, a la obra pública, y al campo, que en ningún momento frenaron sus actividades (“Schiaretti anunció nuevas aperturas y dijo que Córdoba comenzó a ‘recuperar la normalidad’”, 2020).

En cuanto al desarrollo del espacio urbano de la ciudad capital, se detecta también la continuidad de dos constantes de las últimas décadas: el embellecimiento estratégico (Benjamin, 2007) y la turistificación y patrimonialización (Espoz y del Campo, 2018) del casco urbano. Esta forma de gestionar las maneras de vivir en sociedad -urbana- puede ilustrarse en algunas de las obras desarrolladas en el centro en plena cuarentena. Tal es el caso de la construcción de las cuatro grandes manzanas en zonas céntricas consideradas estratégicas: el Paseo del Buen Pastor, el Mercado Norte, la Plaza San Martín y la Municipalidad de Córdoba (Palacio 6 de Julio). Como describen Boito y Michelazzo en el capítulo anterior, se trata de obras realizadas por diversas áreas del municipio que consisten en la ampliación de peatonales, agregado de bicisendas, nueva señalización y colocación de macetas con plantas. En particular, la segunda gran manzana en ser realizada fue la de la calle 27 de abril y San Jerónimo, que correspondía a uno de los tramos céntricos de la ciudad con mayor circulación semanal de colectivos y autos. Entre calle Ituzaingó y avenida Vélez Sársfield, estas cuadras fueron habilitadas por la municipalidad como la primera etapa de una nueva gran manzana.

El “quedate en casa” se vuelve eco en las calles vacías, antes concentradoras de un tránsito constante y ahora devenidas en largas peatonales, para caminar con distancia social, señalizadas con sendas. En la foto (Figura 1) pueden apreciarse siluetas de personas distantes entre sí, de paso por el lugar. Suspendidos en el tiempo de la foto y reemplazando al tráfico, estos andares son valorizados por la gestión municipal como un logro ecológico en la restructuración de la zona, que pasó del voluminoso tránsito a ser paseo céntrico peatonal.

Figura 1: Calle 27 de abril, ciudad de Córdoba, octubre de 2020. Fuente: archivo personal.

A esta imagen se contrapone otra del mismo espacio peatonal (Figura 2), pero capturada en dirección contraria y publicada en el portal municipal, que focaliza sobre unas mesas de bar ocupadas por pequeños grupos de personas. “La gran manzana revaloriza los alrededores de la plaza San Martín” dice la actual gestión municipal, promocionando la intervención, que se conecta a las realizadas en calle Caseros ‒en las inmediaciones de Tribunales I y del Palacio 6 de Julio‒ y en el Mercado Norte.[3] Esta modificación del espacio público se erige en pos de lograr “un polo cultural y gastronómico, junto a comerciantes e instituciones de la zona” (página web oficial de la Municipalidad de Córdoba). Tal reacomodamiento de la ciudad y la emergencia sanitaria invitan a una circulación reducida y controlada, pero también a continuar con la generación de capital y el incentivo del consumo.

Figura 2: Calle 27 de abril, ciudad de Córdoba, agosto de 2020. Fuente: página web Municipalidad de Córdoba (2020).

El proceso de patrimonialización de la zona de la Manzana Jesuítica en los últimos años se construye insistentemente en torno a la revalorización de una Córdoba colonial, con fuertes inversiones públicas en proyectos de restauración y recuperación de espacios y tradiciones para posicionarla como destino turístico. Es así como distintos cambios urbanísticos en lugares claves van performando los modos de habitar y las interacciones en dichos espacios de la ciudad. En estos procesos se “desaloja y expropia a algunos de sus habitantes de sus espacios/prácticas tradicionales para ofrecerlos al turismo, a la vez que los convierte en visitantes de su propia ciudad” (Espoz y del Campo, 2018, p. 13). De esta manera, las formas de acceso y circulación en la ciudad ocurren desde la expectación, los caminos señalados, el andar rápido y el consumo de propuestas.

Incluso lugares menos asociados al espectáculo (Debord, 1967) son reconvertidos en este sentido. Nos referimos a la parquización de excárceles. Los argumentos oficiales repiten su señalamiento como zonas deprimidas que con las nuevas obras serán revalorizadas, incluso aun cuando ya corresponden al Patrimonio Histórico, como la excárcel de barrio San Martín. En paralelo, el intendente Martín Llaryora remarcó al respecto de la demolición de los muros de la ex Cárcel de Encausados: “Una de las premisas fundamentales de este lugar es la de extender toda la zona artesanal y cultural de barrio Güemes hacia este sector” (página web de la Municipalidad de Córdoba). Las promesas de las obras se vinculan con calificaciones en torno a la accesibilidad y a las mejoras en la calidad de vida de los vecinos, que, desde estas consideraciones, se reducen a la multiplicación de eventos culturales y gastronómicos en el barrio. Al respecto, varias investigaciones dan cuenta del proceso de transformación de la zona que se vincula más al turismo, a los paseos y compras, que a sus habitantes, cada vez más desaparecidos de estas escenas (Boito, Huergo y Pereyra, 2017; y ver Pereyra y Zanini en este libro).

Si la circulación de mercancías y sujetos era una tendencia característica de la ciudad, la nueva realidad sanitaria la profundizó evidenciando las nuevas prioridades. Así, las salidas permitidas hacia el espacio exterior se redujeron al cumplimiento de tareas laborales habilitadas o vinculadas al consumo, e incluso pensadas exclusivamente hacia el turismo. Las primeras habilitaciones en fase de distanciamiento social desde mayo de 2020 apuntaban en ese sentido: mientras que las reuniones familiares se encontraban prohibidas, se podía asistir en grupos reducidos a un bar o ir de compras por productos no esenciales. La forma de participación en el espacio público desde el consumo implica entonces el acceso de las clases a las que su poder adquisitivo se lo permite: Ir a tomar el café o la cerveza que invitan los funcionarios promotores de estas ofertas o mirar cómo otros lo toman son las opciones que conforman este paisaje urbano. Los círculos de encierro en entornos de clase mencionados marcan un propio circuito individual, reducido al cumplimiento de una lista de compras o al consumo de las imágenes estereotipadas de la ciudad, a la vez que excluyen otros andares.

Ese asunto de la ventana: sobre consumo y vigilancia de la intimidad

El confinamiento y la imposibilidad de movilizarse que trae aparejada, también han permitido centrar la atención y la existencia sobre el espacio donde se desarrolla la vida cotidiana. La casa en la que se resuelven en primera medida necesidades básicas es otro de los lugares que se reacomodó a las demandas sociales de la pandemia. Y junto a ello se profundizaron ciertas formas específicas de reproducción de la vida contemporánea ya vigentes: por un lado, el trabajo inmaterial y flexible; y por el otro, la vigilancia y consumo de la intimidad. El teletrabajo mostró como nunca antes la posibilidad de generación de capital en las más diversas situaciones cotidianas, justificado de a ratos por el marco de excepcionalidad del propio contexto. Mientras, las comunicaciones para mantener los lazos con el afuera se multiplicaron como también el consumo y producción de información, que crecieron para seguir el comportamiento del virus a nivel mundial. Reparamos en este apartado en particular sobre las nuevas domesticidades, (Preciado, 2010, p. 84) que se generan a partir de este solapamiento de lógicas y espacios: públicos y privados, materiales y virtuales.

Principalmente, dadas las circunstancias sociales de encierro, se potenció la circulación de fotos de un carácter intimista y hogareño (ver Figura 3). A la creciente sobreexposición de imágenes sobre comida como tendencia desde hace ya un tiempo, se le suman en esta oportunidad las fotos de preparaciones caseras, mascotas, plantas, cielos y también sobre los espacios de la casa que fueron reconvertidos al servicio de distintas actividades. Este proceso doble, de publicación de lo privado y de privatización de la vida (Preciado, 2010), se ha vuelto totalmente dependiente de los artefactos tecnológicos y de comunicación. Si bien, desde hace décadas se asiste a la tecnologización de los hogares (fenómeno que varía socioeconómicamente), la exhibición –demasiado orquestada a veces– de lo íntimo a partir de aplicaciones y redes sociales, corresponde a un componente social novedoso. Durante el confinamiento, a modo de refugio para quienes tienen techo, su acondicionamiento además disparó el consumo de ventas de artículos del hogar, materiales para refacciones y robots domésticos simplificadores de las tareas diarias.

Figura 3: Fotos de registro personal tomadas con el celular, ciudad de Córdoba (diciembre de 2020).

En los primeros meses del aislamiento en Argentina ocurrió una multiplicación récord en las compras en línea. Mercado Libre, una de las principales plataformas de e-commerce de la región, pasó a registrar 1,4 millones de entregas diarias. Sumó 5 millones de nuevos compradores, entre ellos 690.000 argentinos, significando un 40% de crecimiento (Kantor, 2020). En Córdoba, a la imagen repetida de los negocios que cierran, vidrieras vacías, locales cerrados y persianas bajas, que mostraban Boito y Michelazzo en el capítulo anterior, se le contrapone la de los objetos tecnológicos más vendidos, que en abril del 2020 fueron televisores, computadoras e impresoras. En estos tiempos de cuarentena “si bien la gente no tiene muchas necesidades, se las crea, por el tiempo que tiene libre en el hogar” dice para explicar el fenómeno el presidente de la Cámara de Comercio de Electrodomésticos y Artículos del Hogar de Córdoba (Monis, 2020). La casa urbana en pandemia se asemeja al piso de soltero descrito por Preciado como “observatorio seguro y camuflado (…) al abrigo del exterior atómico de la posguerra, suplementando su cuerpo vulnerable con un conjunto de mercancías y de técnicas de comunicación que funcionan como auténticas prótesis” (Preciado, 2010, p. 45).

Pero, ¿cómo y quiénes pueden quedarse en el abrigo protésico de casa?[4] Sin perder conexión y reduciendo el riesgo que implican los peligros que se encuentran materialmente afuera, el exterior comienza a colarse de otras maneras. Así, la ventana aparece en estas escenas como frontera y única posibilidad habitable entre el adentro y el afuera (Ricci y Maldonado, 2020). Por una parte, conecta como espectadores con ese recorte de exterior quieto y con el cielo que para algunos funciona como indicador natural del tiempo. Y por otra, un poco más allá, muestra también otras presencias, las luces encendidas que iluminan las ventanas, el saludo detrás del vidrio, los aplausos y las canciones, los repetidos carteles con mensajes esperanzadores y dibujos infantiles. A modo de vidrieras o cuadros vivos, insisten en la mirada como posibilidad de interacción. Nos marcan el afuera-adentro como se titulan las fotografías de la figura 4. Hemos aprendido durante este tiempo a experimentar lo próximo mirando, espiando, abriendo y cerrando ventanas.

Figura 4: Afuera-adentro, ciudad de Córdoba, febrero de 2021. Fuente: fotografías de Ludmila Diaz Amengual.

La exposición del espacio íntimo, abrir esa ventana material y virtual, permite mostrarnos también desde ahí. Roland Barthes resaltaba que la era de la fotografía coincide con la irrupción de lo privado en lo público, más precisamente refiere a esto como “publicidad de lo privado” (Barthes, 1989, p. 150). Las representaciones espaciales, donde cada detalle puede ser producido, posibilitan acceder a ciertas características de las subjetividades que habitan estos lugares. Este espacio interior, que no es del todo privado ni tampoco exclusivamente doméstico, mediante la conexión a redes de comunicación, garantiza la producción de capital y la organización del ocio. Una frontera más que entra en crisis, en una transición entre el trabajo y el tiempo propio, las interacciones sociales permitidas y los quehaceres diarios. La organización de la cotidianeidad entonces gira en torno a un vivir conectado a múltiples tareas; “un nuevo régimen de vida a la vez público y doméstico, hogareño y espectacular, íntimo y sobreexpuesto” (Preciado, 2010, p. 112).

Se mira y no se toca: sobre el control del cuerpo y la producción de las subjetividades

A las imágenes que venimos describiendo del espacio público, donde se repiten parcialmente rostros detrás de barbijos, paisajes de calles casi vacías, nuevas peatonales y señaléticas sobre el andar distante y las nuevas prácticas de higiene y control sobre el cuerpo (como sanitizar, medir la temperatura, reducir los contactos y la circulación), se agregan, como venimos diciendo, las de producción del espacio cotidiano. Previo a la pandemia, la posibilidad de verlo todo a todo momento a partir de distintos dispositivos tecnológicos, ya presuponía la posición de un espectador estimulado pero pasivo. Sin embargo, la sobreexposición a las imágenes, en la que se continúa viendo y no tocando, se ha multiplicado y profundizado. Justamente uno de los principales miedos gira en torno al potencial peligro en lo que se toca. “El virus no se mueve, si no te movés”, en la cartelería urbana firmada por el Gobierno de la Provincia de Córdoba, advierte sobre el lugar en donde permanecer y cómo. En este sentido, la conexión con el exterior a partir de las mediaciones tecnológicas se presenta como una opción segura.

La reclusión doméstica y el desarrollo de técnicas de producción y vigilancia mediática paradójicamente son acompañadas de un proceso de transparencia y de visibilidad. No basta con encerrarse, también se puede testimoniar y acceder al día a día de los otros a partir de distintos dispositivos y formatos tecnológicos. Además, el proceso de tecnificar la casa “permite alucinar la realidad o, por decirlo con las palabras de Gilles Deleuze, ‘viajar sin moverse del lugar’” (Preciado, 2010, p. 159), como una de las formas características de consumir el espacio del siglo XXI. Distintas propuestas actuales, a través de este nomadismo mediático, invitan al consumo de ofertas artísticas, intelectuales y de participación social. Estas interacciones dan cuenta de cuerpos cada vez más quietos pero comunicados. Según algunas publicidades, además, ciertas emociones placenteras pueden encontrarse a partir de alguno de los objetos domésticos, como un sillón para ver series o un buen escritorio para teletrabajar con comodidad, o mejor aún, una silla para “jugar, aprender o trabajar” como expresa la publicidad de la empresa SODIMAC (El archivista, 2021).

Pero para que la casa sea confortable y generadora de comunicaciones con el afuera, se han tenido que romper además las fronteras ‒cada vez más cercanas‒ entre las máquinas y las personas. Asevera Preciado emulando a Foucault una vez más: “El encierro y la vigilancia son mecanismos a través de los que se extrae saber y se produce capital” (Preciado, 2010, p. 131). El cuerpo y el espacio doméstico, (re)producidos por las tecnologías visuales y de la comunicación, se ven también convertidos en dígito y cifra, a la vez que generadores de información y valor. Con creatividad, ofreciendo datos, tiempo libre y también intimidad, se asiste actualmente a un avance de los medios conectivos sobre diversos factores de las conexiones humanas, codificándolas como datos y convirtiéndolas en mercancías que producen valor (Van Dijck, 2016). De este modo, las rutinas cotidianas se vuelven fenómenos gestionables, mostrables y mercantilizados.

A modo de cierre

En medio de discursos sobre salidas colectivas, cuidados y de planificación de horizontes comunes, lo que se vislumbra durante el periodo mencionado es más aislamiento y quietud en las personas, desde los espacios interiores con conexión mediante tecnologías hacia el afuera. A partir de la mirada en estos espacios materiales y virtuales, individuales y a veces colectivos, se ha reparado en la profundización de algunas características constantes de la ciudad de Córdoba. Incluso en un contexto diferente, ahora marcado por la pandemia, el cese y la transformación de la mayoría de las actividades, el aparato productivo de la provincia sostiene el mandato de no parar. A su vez, la ciudad continúa invitando a ser contemplada y consumida a partir de recorridos y formas cada vez más marcadas y excluyentes. Abruptamente el proyecto de reducir la circulación de autos en la zona céntrica se ve parcialmente cumplido, a partir de una gran peatonal y de bares característicos que se reubican al paso. Ocurre que en la proclamada nueva normalidad estos lugares han devenido en reguladores de encuentros sociales y garantizadores de distancias seguras para el bien común.

Si la afectación en la experiencia sensible ya era un interrogante, las nuevas formas de contemplación y cuidado hacia los otros se convierten en un verdadero desafío. La construcción de estas burbujas ‒coincidente con otro de los términos adoptados en este último tiempo para denominar ciertas interacciones en los ámbitos educativos‒ genera que el encuentro con lo distinto, que estuvo suspendido durante este tiempo, quede parcialmente obturado. Las similitudes y coincidencias, encuentros o desencuentros se producen sin mediar mucho contacto, en el plano y con las lógicas de un mundo virtual. Las experiencias se puntualizan desde lo individual y las acciones que se reproducen y multiplican se centran en estilos estereotipados de vida. Si bien hacia adentro de los hogares las conexiones crecen, se produce más aislamiento. La mirada contemplativa y la casa como la mejor opción ante la hostilidad de los peligros del afuera coinciden con la participación en la ciudad desde la quietud y la idea de que la calidad de vida de los vecinos puede mejorar sumando más circuitos de paseo y consumo en el escenario urbano. Los círculos de encierro mencionados y la distancia entre grupos sociales entonces se erigen como otra de las constantes resaltadas.

A lo largo del escrito también se ha enfatizado en la importancia y vínculo entre la comunicación y los espacios. A partir del trabajo de Preciado sobre los interiores, se puede ver cómo desde la repetición de ciertos patrones se produce un orden que crea marcos de visibilidad, accesos, ordenamiento espacial y transformaciones entre lo público y privado. Estos cambios referenciados a partir de los medios y dispositivos tecnológicos de comunicación han sido abordados también desde la producción de imágenes. A modo de prueba de este tiempo, testimonio de las transformaciones en la ciudad o de comunicación con el afuera en días de encierro, repiten elementos y también despiertan la sospecha sobre ciertas ausencias, lo no fotografiable y las configuraciones sobre las maneras de mostrarnos y mirar. Es que los confinamientos decorados y cálidos, las fotos del centro como ciudad turística y lo que queda fuera del plano de la videollamada, también dan cuenta de una forma de producir y consumir imágenes que incide en las formas de vida. Lejos de los beneficios de la libertad y creación que promete la conectividad, esto se vincula a un deseo de agradar y a criterios de velocidad y cantidad, propios del contexto de digitalización actual (Zafra, 2010, p. 73).

Mediante distintas expresiones de la materialización del capitalismo en el escenario cordobés lo que se buscó mostrar fue el juego de velocidad desplegado en estos meses sobre quién se reinventa más rápido para poder continuar. Córdoba no para, y ‒aunque se transforma‒ no cambia, es una rima compatible con un slogan sostenido en el tiempo. Esto ha sido expuesto en la acelerada profundización de otras formas de consumir desde el interior de los hogares a través de las nuevas tecnologías y desde la generación de más datos y capital, pero también desde la continuidad de las obras de una ciudad productivista y mercantilizada. El tiempo libre y la intimidad, instalados junto a la productividad han mostrado nuevos ordenamientos y formas de habitarlos, soportarlos, que inciden en las formas de estar o no con otros. Los cuidados, las distancias seguras, los miedos, la quietud y la confortabilidad de la casa han cobijado y construido un individuo ligado a la identidad de usuario y consumidor, quieto y aislado, que habrá que desarmar para recuperar o construir de nuevo lo que también se puede ser, pero colectivamente.

Bibliografía

Barthes, R. (1989) La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía. Paidós. Barcelona.

Benjamin, W. (2007) Libro de los pasajes. Akal. Madrid.

Boito M. E., Huergo, J. y Pereyra, A. (2017). “Barrio Güemes contemporáneo: entre la pulsión patrimonial arquitectónica/ciudadana y la creciente oferta gastronómica turística”. Presentado en el III Coloquio Internacional de Estudios Urbanos Situación y Perspectivas de la Vivienda y el Hábitat en Argentina y América Latina URBARED – MUNDO URBANO.

Boito, M. E. (2020) “Ciudad/Comunicación/Cultura. Hacia una perspectiva transdisciplinaria”. Perspectivas de la comunicación, 13(2), 43-72. https://bit.ly/33WZa1A

Boito, M. E. y Michelazzo, C. (2014) “Córdoba en pedazos. Habitar/circular en contextos sociosegregados”. Estudios Sociales Contemporáneos, (10), 45-58. https://bit.ly/3EDSXo5

Debord, G. (1967) “La sociedad del espectáculo”. Revista Observaciones Filosóficas. https://bit.ly/3z7EAr0

El archivista (2021) Publicidad SODIMAC (Jugar/Leer) (Argentina-Marzo 2021) [Video] Youtube. https://bit.ly/32SZAGc

Espoz Dalmasso, M. B y del Campo, L. (2018). Estrategias de comunicación política: sentidos del patrimonio y el turismo en Córdoba (2010-2018), Question, 1(60), 1-21. https://bit.ly/32yKRA4

Kantor, D. (2020, 26 de mayo). Cuarentena: el ranking de productos más vendidos por Internet. Clarín. https://bit.ly/3HkfQhT

Legislatura de Córdoba (2021, 1 de febrero) “Discurso del gobernador Juan Schiaretti en la apertura del 143° periodo de sesiones”. https://bit.ly/3z7sYnX

Michelazzo, C. (2020) Consumo de tecnologías en contextos de sociosegregación urbana. Imágenes de jóvenes de las ciudades barrio de Córdoba (2009-2013). Tesis doctoral. Doctorado en Ciencias Sociales y Humanas, Universidad Nacional de Quilmes. Argentina.

Monis, B. (2020, 17 de abril). Las impresoras y los TV, las “vedetes” en tiempos de cuarentena. Cba24n. https://bit.ly/3znpSMN

Preciado, B. (2010). Pornotopia. Arquitectura y sexualidad en Playboy durante la Guerra Fría. Editorial Anagrama. Barcelona

Ricci, C. P. y Maldonado, M. R. (2020). Deambular confinado: pensar el aislamiento social a través de las imágenes. Entrevista a Verónica Hollman y Perla Zusman. Cardinalis 8(15), 335-346. https://bit.ly/3sDcVgm

Schiaretti anunció nuevas aperturas y dijo que Córdoba comenzó a “recuperar la normalidad” (2020, 3 de junio). Telam digital. https://bit.ly/3pC8X5y

Van Dijck, J. (2016) La cultura de la conectividad Una historia crítica de las redes sociales. Siglo Veintiuno Editores. Buenos Aires, Argentina.

Zafra, R. (2010). Un cuarto propio conectado. Ciber(espacio) y auto(gestión) del yo. Editorial Fórcola. Madrid, España.

Figuras

Díaz, Amengual, L. (2021, febrero) Afuera-adentro [fotografías]. Ciudad de Córdoba.

Municipalidad de Córdoba (2020, 18 de agosto). La gran manzana revaloriza los alrededores de la Plaza San Martín [fotografía]. https://bit.ly/34cevvD


  1. Facultad de Ciencias de la Comunicación, Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Argentina.
  2. Ver normativas: Decreto de Necesidad y Urgencia 260/2020, decreto de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio 297/2020 y decreto prórroga de Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio 576/2020.
  3. Sobre las intervenciones en el Mercado Norte como punto neurálgico de la ciudad trabajan Ortiz Narvaja y Zanini en el siguiente capítulo.
  4. Los capítulos de Álvarez y Oliva y de Picco en este volumen van a desarrollar en profundidad la cuestión de la desigualdad en relación a los cuidados en la pandemia.


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