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¿Qué nos devuelven las imágenes de Pocito Social Life en el fragmentado escenario cordobés?

Ailén Suyai Pereyra[1] y Gonzalo Alejandro Zanini[2]

Introducción

En el presente trabajo abordamos algunas imágenes expresivas de ciertos ejercicios activos y cotidianos para la fijación clasista cuerpo/lugar, ya sea por el emplazamiento en urbanizaciones que portan rasgos y dinámicas segregacionistas, así como por el control permanente de la circulación por fuera de la frontera de los sujetos que las habitan. Estas operatorias son analizadas por Boito y Espoz en términos de círculos de encierro y entornos de clase (Boito, Espoz, 2014).

Partimos de la perspectiva metodológica en clave benjaminiana, que recuperamos de las búsquedas colectivas del equipo que propone este libro, para pensar en y a partir de imágenes sobre el “fragmentado escenario cordobés, en tanto resultante del gerenciamiento capitalista del espacio y la reedición recurrente del proceso tensivo entre expropiación/acumulación de las condiciones del habitar.” (Boito y Michelazzo, 2014, p.46) Desde el punto de vista de Walter Benjamin (2005), pretendemos captar el acontecer social desde una perspectiva materialista de interrogación sobre la experiencia, que permita iluminar tensiones y contradicciones, donde a simple vista veríamos linealidad. “No es que el pasado arroje luz sobre el presente, o lo presente sobre lo pasado, sino que imagen es aquello donde lo que ha sido se une como un relámpago en el ahora de una constelación”. (Benjamin, 2005, p.464)

De esta manera, este texto indaga sobre la transformación del espacio urbano de acuerdo a lógicas de reproducción de capital, de inversión de excedente que cambia las imágenes de la ciudad y que la termina fragmentando. La ciudad de Córdoba es una ciudad fragmentada por el capital, por la forma de reordenar el espacio de acuerdo a procesos de mercantilización que exigen siempre un aprovechamiento del suelo en pos de la acumulación del capital. Los usos del suelo cambian, por supuesto, sus valores van tomando diversos números y estos cambios repercuten en la circulación de personas, en el reordenamiento de cuerpos en el espacio urbano. Además, la forma de pensar el suelo siguiendo los movimientos del capital, ajustándose a las medidas de la mercantilización de la experiencia y de las formas de ver y sentir el mundo, se lleva a cabo mediante la invisibilización y segregación social de ciertos sectores de la población. A la maquinaria del capital lo único que le interesa como excedente es la plusvalía de todo proceso de trabajo: todo lo demás que pueda llegar a entender como sobrante lo descarta, lo lleva a un proceso de marginalización o le exige que se transforme de acuerdo a las tendencias de reordenamiento y estetización del espacio.

Es así que en el texto se parte del estudio de barrio Güemes para entender estas tendencias de urbanización, con las consideraciones históricas que repercuten en el escenario urbano, como el incremento de valor del suelo. Presentamos barrio Güemes como acontecimiento que permite entender las nuevas formas de vivenciar un espacio y la transformación de valor del suelo de acuerdo al revestimiento tendencioso de nuevos estilos de consumo. A continuación, focalizamos particularmente en el proyecto de Pocito Social Life. Para que este mega emprendimiento sea hoy un espacio en construcción en manos de grupo Proaco se fueron sucediendo una serie de intervenciones que ponen en evidencia indicadores que apuntan a embellecer estratégicamente a la ciudad, y también condicionan las formas de relacionarse entre los sujetos, las experiencias urbanas. Hacia el final, para entender la transformación directa del área de Pocito, se lleva a cabo el análisis de fotografías tomadas alrededor de los metros cuadrados que se convertirán, finalmente, en este megaemprendimiento. La intención es dedicar una parte del texto a la observación de unas fotografías con la metodología del cronista que revisa imágenes como si fueran documentos con sentidos por descubrir. La subjetividad forma parte del trabajo. Pero las imágenes muestran regularidades que dan cuenta de una lógica general que evidencia cada fotografía; por lo que se trata de evidenciar las transformaciones materiales que pasan desapercibidas por nuestros ojos, generando una ciudad que cambia todo el tiempo sin que nos demos cuenta.

Tendencias en la planificación de las urbes del Sur

Desde la década de los setenta y de forma constante la tendencia en los espacios urbanos es someterlos a transformaciones espaciales sujetas a la lógica capitalista (Theodore, Peck y Brenner, 2009; Barder, 2013). A partir de la mencionada década, en el marco de la crisis de los petrodólares y el cambio en el modelo de acumulación se sentaron las bases para el cambio de paradigma en la reproducción de mercancías y, por lo tanto, en los espacios. Este Estado estaba destinado a promover las condiciones económicas y extraeconómicas necesarias para el régimen de acumulación posfordista y así, privilegiar los espacios cuyas economías fueran susceptibles de amoldarse a las demandas del mercado global (Marengo, 2010). Para la socióloga Sassen (2001), tanto los capitales privados como los públicos se volcaron en la especulación de variados bienes inmuebles: centros comerciales, terrenos sin urbanizar o considerados degradados, etc. En esa línea, Jaramillo (2003) argumentó que el Estado se presenta como un agente productor de espacio construido con limitaciones y potenciales. Pues crea inmuebles para uso estatal (oficinas, bibliotecas, sedes educativas) o privado (planes de viviendas). Estas acciones transforman la estructura urbana y, por lo tanto, modifican los valores de los terrenos propios como los relacionados con ellos. Con el argumento de renovar, rehabilitar y valorizar zonas poco aprovechadas o degradadas se ponen en marcha proyectos de renovación urbana, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la población y dinamizar económicamente el sector (Brites, 2017). En el caso de la ciudad de Córdoba, los sectores elegidos por los gobiernos locales, son zonas cercanas al centro y considerados estratégicos. Las prácticas estatales suministran equipamiento, proveen de infraestructura urbana, facilitan la compra de terrenos, entre otras acciones, a la vez que en la inversión pública salen beneficiados aquellos que pueden acceder a la compra de un lote o privados. Diversos autores que abordan la cuestión urbana han señalado que a las ciudades y/o algunos sectores urbanos se los exhibe como una mercancía más, la cual debe atraer, mantener y competir por nuevas inversiones (Jacobs, 1973; Vainer, 2000; Zukin, 2010). Este fenómeno se inscribe en las recurrentes y sucesivas fases de sobreproducción, sobreinversión y endeudamiento, y crisis del sistema capitalista.

La crisis hacia el interior inaugura una etapa de transformación que somete a las urbes a un conjunto de operaciones que dan lugar a una supuesta nueva solución espacial, hecho que se ha denominado como restructuración económica (Méndez y Caravaca, 1996). Por lo que las crisis no son otra cosa que las contradicciones inherentes al sistema, pues una de las características principales del capitalismo es la acumulación ininterrumpida de capital, posibilitada por mecanismos estructurales. (Wallerstein, 2005). Harvey (2004; 2008) afirmó que, ante una crisis de acumulación, el sistema implementa ajustes espacio temporales con el objetivo de continuar con su reproducción, y de generar una mayor ganancia. Esto significa que el excedente de capital y dinero puede ser absorbido de tres formas: 1) a través del desplazamiento temporal de las “inversiones de capital en proyectos de largo plazo o gastos sociales (tales como educación e investigación)” (Harvey, 2004, p. 100); 2) por otro lado, el desplazamiento hacia nuevos mercados, otros espacios, nuevos recursos y nuevas formas de producir y/o 3) la combinación de estas dos opciones. Aunque para Wallerstein (2005) y Harvey (2004) algunas de las crisis tienen su origen en la especulación, en la presión que se ejerce, por ejemplo, en los bienes inmuebles, y que escapan del control de las instituciones financieras y bancos, o la reinversión del excedente agrícola en el mercado inmobiliario (como desarrollaba Buraschi en el capítulo anterior). El capital se expande por el globo y se desplaza temporalmente para resolver dichas crisis y a su paso genera un “paisaje físico a su propia imagen y semejanza en un momento, para destruirlo luego” (Harvey, 2004, p. 103). Esto se denomina “destrucción creativa” (Harvey, 2008, p. 32) y tiene consecuencias tanto en el paisaje físico como en lo social. Dicho en otras palabras, el capitalismo toma sectores rentables para la producción y va captando todas las esferas de la vida para devolverlas como mercancías. La inmanente reproducción en los espacios urbanos implica la desposesión de todo lo material e inmaterial (lazos y tejido social, identidad, la esencia) de un lugar para luego tomarlo e incorporarlo a la línea de servicios y/o consumo. Una forma que se evidencia en el espacio es a través de procesos de renovación o revitalización urbana, cambios en la tipología de viviendas y perfiles edilicios con el objetivo de atraer inversiones. La acumulación de capital implica expandirse en el espacio y la consiguiente destrucción creativa en zonas potencialmente rentables.

Como antes se argumentó, en estos procesos el Estado facilita la inversión privada e interviene mediante la ejecución de planes a través de alianzas público-privadas. En consecuencia, la lógica mercantil se instala y fomenta la privatización de espacios o de determinados bienes. También consolida las diferencias intrasectoriales en cuanto a la provisión de servicios públicos, la valorización del suelo y hacia las poblaciones que habitan estos lugares.

Si bien las ciudades se someten a profundos cambios, en la ciudad de Córdoba las transformaciones urbanas se presentan con ciertos rasgos particulares sujetas al modelo de acumulación argentino (Marengo, 2010). Por ejemplo, el excedente de capital agropecuario se vuelca, desde hace más de 10 años, en proyectos inmobiliarios, sea para construcción en altura o compra-venta de inmuebles, como explicó Santiago Buraschi en el capítulo anterior de este libro. Este proceso de transformación del suelo urbano es un fenómeno de clase y, por lo tanto, de configuración de poder sobre lo social; siguiendo a Harvey: “ya que los excedentes son extraídos de algún sitio y de alguien, mientras que el control sobre su utilización habitualmente radica en pocas manos” (Harvey, 2008, p. 22). Espacialmente, esto se manifiesta con la constante reedificación y con cambios morfológicos, es decir, la arquitectura opera directamente en regulaciones en la relación cuerpo-lugar (Boito, Sorribas y Espoz, 2013). Además, la aparición en el escenario urbano de desarrollistas inmobiliarios termina por consolidar la alianza público-privada en forma de revitalización espacial.

En esa línea, la inversión de excedente en obras en la ciudad de Córdoba procede de larga data. Aunque, con la conmemoración de la Independencia de Argentina se preparó la ciudad para los festejos, tendiendo a la espectacularización y alienación de sus habitantes en la toma de decisiones (sensu Boito, Espoz y Sorribas, 2013). Por ejemplo, se construyeron el Faro del Bicentenario y el Centro Cívico del Bicentenario, se revitalizó el centro histórico (Manzana Jesuítica) y se llevaron a cabo una serie de eventos referidos a los 200 años de la patria.

El paisaje de Córdoba proporciona una ciudad fragmentada socioespacialmente, en ella se implementaron una serie de políticas públicas vinculadas con el reordenamiento residencial y de las experiencias/vivencias de los sujetos. En primer lugar, hacia el 2000 de forma compulsiva se trasladó a población de clase baja hacia las afueras del centro de la ciudad y el ejido urbano, como recuperan Boito y Michelazzo en el primera capítulo de este volumen (Boito y Espoz, 2014; Boito y Michelazzo, 2014). De esta manera, quedaron parcelas vacías, sin uso para la disposición de nuevos emprendimientos. En segundo lugar, desde el mismo año se comenzaron a llevar a cabo planes de renovación urbana en el área central y barrios pericentrales. Esta planificación que tiene por objetivo mostrar sectores pulcros y atractivos puede ser explicada a partir del proceso ‒bajo la noción benjaminiana‒ de embellecimiento estratégico (Boito y Espoz, 2014; Boito y Pereyra, 2016), es decir, la colocación de suelo para fomentar cambios que se reducen a lo estético y lo morfológico-arquitectónico (Pereyra, 2021) y se orientan a la oclusión del conflicto social.

Breve historización en torno al espacio barrial

Barrio Güemes está ubicado en el sudeste del área central de la ciudad de Córdoba, a 200 metros de la misma. Colinda con los barrios Centro, Bella Vista, Observatorio, Nueva Córdoba y Alberdi. Según el censo nacional de 2010, 11.000 personas habitaban este espacio.

El actual barrio está formado en gran parte por los cuatro sectores que se identificaron en el siglo XIX como La Bomba, El Infiernillo, Pueblo Nuevo y el Abrojal. Hacia 1880 fue incluido dentro del radio municipal, con la pretensión de extender y mejorar la calidad de los servicios urbanos, como el alumbrado público, la limpieza, los tranvías y el de serenos. El intendente lo decidió así para sacar esta área del carácter “popular y atrasado” y como “un factor de desarrollo en un barrio de la ciudad que más atrasado está y en el que menos adelantos se operan” (Boixadós, 2000, p. 148). A fines de la década de 1880, durante la intendencia de Luis Revol se realizó sobre la Plaza de las Carretas,[3] un complejo de casas para familias de obreros o población de clase baja (Pereyra, 2021). Por aquel entonces, las políticas municipales fueron el punto de partida para dimensionar los impulsos pioneros del higienismo como modo de intervención racional. Desde la planificación urbanística hacia fines del siglo XVIII, las ordenanzas municipales se habían encargado de regular distintas prácticas en el espacio público entendiéndose como cuestiones de salubridad pública: erradicación de curtiembres cercanas a los cursos de agua, eliminación de entierros en el centro, estructuración de un sistema de riego de cultivos, construcciones de caminos, sistematización del cauce del río Suquía, amojonamiento de terrenos, desplazamiento del uso rural de la tierra, entre otras. Además, hacia 1880, se iniciaron las primeras obras de cañerías domiciliarias para mejorar el abastecimiento de agua, expandiendo el acceso doméstico (Boixadós, 2000). De esta manera, se buscaba establecer y diferenciar una traza urbana respecto a una periferia abocada a actividades rurales. A la vez, la construcción e identificación de la salud pública, en este sentido, tuvo que ver con la erradicación del trabajo del ámbito doméstico.

No obstante, las intenciones de ordenar y limpiar el espacio urbano en Córdoba datan de 1839 y 1840 según diversas fuentes historiográficas. Entre 1860 y 1880, el sector comprendido por Pueblo Nuevo junto con los tres sectores (La Bomba, el Infiernillo y El Abrojal), tenía un doble carácter basado en la existencia de un área considerada moderna y otra atrasada. Poseía algunos servicios urbanos básicos que lo dotaban de sentido moderno para la época: una plaza para las carretas, tranvía, más tarde alumbrado, comercios, entre otros. Pero eran las autoridades las que consideraban que aún prevalecía el carácter popular y atrasado delimitado por el cauce del arroyo de La Cañada. En este marco, la configuración espacial Pueblo Nuevo como barriada popular fue producto de la interacción, disputa y solapamiento de relaciones sociales en el contexto del proceso de modernización de la ciudad capital de la provincia.

Recién cien años más tarde (1980), sobre este particular espacio intervienen el intendente teniente Alejandro Gavier Olmedo y el arquitecto Ángel Roca que refuncionalizó lo que quedaba de las casas y de la Plaza de las Carretas, fundando el Paseo de las Artes.[4] Un año y medio después, las autoridades decidieron adjudicar 13 casas para instituciones sin fines de lucro; el espacio sería destinado como salas de conferencias, proyecciones, conciertos y atelieres. El arquitecto buscó “preservar nuestro pasado, ponerlo en valor y refuncionalizarlo, e integrarlo a una inmediatez con proyección futura” (Bischoff, 1997, p. 103), por lo que se pueden reconocer los primeros indicios de un proceso que hasta la actualidad no se detuvo.

A riesgo de simplificar, ciertas características adjudicadas al espacio barrial de Güemes lo muestran como un espacio atrasado, desordenado, peligroso, que necesariamente debe ser intervenido. Es por ello que las diferentes administraciones municipales junto con los gobiernos provinciales, ejecutaron una serie de planes y proyectos que terminaron por consolidar las intenciones de volver a barrio Güemes un polo económico. Ejemplo de ello son los planes como el Plan Estratégico para la Ciudad de Córdoba (PECba), su continuación, el Plan Estratégico de la Ciudad de Córdoba (PEC) durante comienzos de la década de los noventa, que buscaban poner en valor la zona a través de la recuperación de algunas fachadas y la colocación de placas que indicaban la importancia de mantener la arquitectura del siglo pasado. En ese sentido, de a poco pero constantemente, se va sumando el componente identitario con el rasgo particular de lo patrimonial. Por ejemplo, se colocó cartelería ‒confeccionada en la intendencia juecista y en coparticipación con los vecinos‒ que indicaba cuáles eran los espacios considerados importantes, en dónde sucedían las prácticas cotidianas vecinales o hechos trascendentales de la vida barrial. En esa línea, la Municipalidad de Córdoba clasificó al barrio Güemes como tradicional junto a San Vicente y General Paz hacia el este, Alberdi hacia el oeste, Alta Córdoba al norte cruzando el cauce río Suquía, Nueva Córdoba al sur y Cerro de las Rosas al norte. Se los considera así porque fueron localizados en sus comienzos fuera del centro histórico de la ciudad y nacieron con una cierta autonomía. En un principio los barrios se configuraron como la periferia moderna y heterogénea del Área Central (Boito y Pereyra, 2016).

Así, con una imagen mejorada del barrio, llegan los primeros bares: en 1999 abre Mercado Central (reemplazado por la franquicia Patagonia) y El Arrabal, espacio emblemático del tango.[5] A la par, las ferias crecen en rubros y en cantidad de artesanos[6] se emplazan sobre la plaza seca y las calles perpendiculares de alrededor de la primera feria. En un plano comercial, sin parar, y utilizando la imagen bohemia, rústica, diferente del barrio, comienzan a abrir nuevos bares, restos, lugares bailables y locales comerciales.

La lógica mercantilista que estuvo siempre presente, se termina por consolidar con la creación del denominado Portal Güemes[7] y luego, hacia el 2013-2014 con la apertura de las galerías comerciales. En ese sentido, reaparece la idea de espacio obsoleto, peligroso, abandonado que no cumple ninguna función. Al suceder el boom comercial, el sentido de barrio Güemes se transforma y, por lo tanto, el espacio sufre una reconfiguración en donde lo artesanal/moderno y lo autóctono/trendy parecen no tener un límite claro. Las nuevas galerías comerciales, a modo de paseo de compras hippie, ofrecen un recorrido completo: venta de productos, paseos de tiempo libre y consumo en los bares y restaurantes. Actualmente, los artesanos emplazados en la plaza seca y las calles aledañas funcionan como un conector entre las calles (peatonalizadas durante los fines de semana) y como un elemento más del paseo. Los visitantes y turistas disfrutan de ir a ver artesanías, pero no necesariamente de comprarlas. De noche, las caminatas por el barrio tienen una tonalidad tenue con intencionalidad de marcar la impronta bohemia.

A escala global, la lógica de acumulación capitalista impacta localmente con el arribo de franquicias o locales comerciales (Havanna, Oye Chico, Venezia heladerías, Antares, etc.), que nada tienen que ver con la identidad artesanal/tanguera de décadas pasadas. El cambio está presente también hacia el interior de los bares: modificaron su carta de comidas típicas y agregaron comidas de otras partes del mundo, coctelería de autor; el mobiliario, la decoración y la música producen un estado de ensueño al cliente/consumidor, para transportarlo a otro lugar.

Siguiendo esto último y retomando el objetivo del Plan Portal Güemes,[8] atravesado por la lógica patrimonializante y turística, las transformaciones refieren a cuestiones de diseño y arquitectónico-morfológicas, por ejemplo incorporación de luces LED, nuevo solado, asfalto, revitalización de fachadas y adoquinado, etc.

En ese sentido, el Estado e inversores privados se constituyen como dos agentes claves en la modificación tanto del uso del suelo como de los valores del mismo. La materialización de las obras públicas (mobiliario urbano, incorporación de luminarias) trae aparejada un aumento del valor de suelo urbano. A la par, los autodenominados desarrollistas inmobiliarios aprovechan dichas obras para recategorizar económicamente los bienes inmuebles. El máximo potencial del valor del suelo urbano en un futuro determina su precio, las transformaciones inciden en un potencial aumento. Siguiendo a Jaramillo (2003):

[Este valor] se construye con referencia a la renta que potencialmente podría cobrar el propietario. Se da por lo tanto una diferencia cuantitativa entre la capitalización de la renta que efectivamente percibe el propietario (o renta “real”) y el precio que aparece en el mercado: este último sería la capitalización de la renta más elevada que podría capturar el propietario en circunstancias normales (o renta “potencial”) (Jaramillo, 2003, p. 20).

Según los datos provistos por la Dirección de Catastro de la Municipalidad de Córdoba, en 2008 (Tabla 1) el valor promedio del metro cuadrado de suelo urbanizado por manzana ascendía a 449,42 dólares, 5 años más tarde dicho valor aumentó más del doble.

Promedio en pesos argentinos 2008En dólares ($3.45) 2008Promedio en pesos argentinos 2013En dólares ($6.53) 2013% Aumento entre 2008/ 2013
Güemes1550.5449.427150.51095.02+243.65
Centro3750.51087.1019750.51493.18+137.35

Tabla 1. Variación del valor del suelo en los barrios Güemes y Centro (2008 y 2013). Los resultados se muestran en pesos argentinos y dólares según valores de conversión del Banco Central de la República Argentina. Fuente: Pereyra (2021) en base a los planos de Valor de Suelo (2008 y 2013) provistos por la Dirección de Catastro de la Municipalidad de Córdoba.

A modo comparativo, Centro y barrio Güemes no han tenido el mismo comportamiento en cuanto al aumento del valor del suelo urbano. En cinco años, el aumento en este último escaló en 243% y la apertura de negocios continuó; esto indica que, a pesar de dicho incremento, existen actores económicos con el suficiente capital interesados en desarrollar una actividad comercial (Arreortua Salinas, 2019). El Centro, barrio colindante, también con una amplia variedad de establecimientos de intercambio comercial no tuvo el mismo salto de valor. Por lo que el barrio Güemes (específicamente el sector de Pueblo Nuevo) consolida su posición en el mercado inmobiliario y resulta atractivo a cierta clase social, denominada nueva clase media o clase creativa (Arreortua Salinas, 2019). Los rasgos predominantes son el tipo de oferta de entretenimiento, cultural, artística, gastronómica y tiendas de diseño asociadas a un estilo de vida. En la construcción de espacio urbano-barrial priman intereses económicos. De forma paulatina, esto produjo desplazamiento de los pobladores y muchas veces las políticas urbanas no acompañaron el acceso a la vivienda de los habitantes con 30 o 40 años de residencia en ese espacio.

Pocito Social Life: megaproyecto para una vida más reducida

Desde las reflexiones del geógrafo y sociólogo David Harvey, se entiende que un proceso de urbanización se da por medio de la inversión del excedente que es alcanzado a través de la desigualdad de clase y de la consecuente acumulación de capital. En este marco, surge el emprendimiento Pocito Social Life, un proyecto a mando del Grupo Proaco, compañía fundada en el 2001, que hasta el momento lleva 950 unidades construidas, 130.000 m2 desarrollados cubiertos y 24 emprendimientos inmobiliarios desarrollados en todo el país, según la página oficial de la empresa.

Pocito Social Life está en proceso de construcción desde 2018. El proyecto ocupa la totalidad del predio unos 12.000 m2. El objetivo es levantar un complejo de tres edificios con 945 departamentos, 250 locales comerciales, 120 unidades corporativas y 720 estacionamientos o parking. El proyecto está dividido en tres zonas: Pocito Residencial, donde se ubican los departamentos; Pocito Corporativo, donde se ubican las oficinas; y Pocito Mall y Parking, donde se ubican los comercios y el estacionamiento. Desde Grupo Proaco, la experiencia que propone Pocito Social Life está caracterizada, como aparece en la página oficial de la compañía, de la siguiente manera:

Un mismo espacio para vivir, trabajar, comprar y disfrutar. Un lugar donde vivir evoluciona. En el corazón de Nueva Córdoba y Güemes, en el distrito joven, nace POCITO Social Life. Un verdadero hito en la ciudad, tanto por su oferta residencial, corporativa y comercial, como por su lenguaje arquitectónico. Concebido para quienes desean sociabilizar, acercarse y compartir. (Grupo Proaco, s/f)

La propuesta es reunir en un mismo espacio aquello que la ciudad moderna siempre mantuvo separado: casa, trabajo y comercio. Pocito Social Life viene a unificar las experiencias que antaño estaban distanciadas espacialmente. La razón que motiva generalmente a los sujetos a desplazarse en una ciudad se da por los tres espacios nombrados. El sujeto promedio se desplaza en vectores que van generalmente de la casa al trabajo, del trabajo al comercio y del comercio a la casa. Y así, en todas las combinaciones que sean posibles. En la página de Pocito Social Life, en el segmento que habla de los comercios, dice lo siguiente: “Porque nada se compara con la comodidad de disfrutar de un gran centro comercial y los mejores bares en el mismo lugar donde vivís o trabajás” (Pocito Social Life, s/f). Estas tendencias aparecen señaladas en los capítulos de Milva Valor y de Boito y Michelazzo, en este mismo libro, donde a la vez que se espectaculariza la intimidad vía tecnologías de la comunicación, se privatiza la vida cotidiana, y los tiempos y lógicas laborales permean los espacios domésticos. Estas tendencias, de larga duración, y previas a la pandemia, como bien expresa este proyecto inmobiliario que comenzó a construirse en 2018, se han visto exacerbadas y aceleradas a partir de las medidas de aislamiento y distanciamiento obligatorios.

Las ideas de comodidad y practicidad parecen regir el estilo de vida que propone Pocito Social Life. En el artículo “Derecho a la ciudad”, David Harvey (2008) plantea que los modos de desear e imaginar otra ciudad están intrínsecamente vinculadas a cómo nos relacionamos como sujetos pertenecientes a una sociedad. La concentración de capital, las nuevas inversiones del excedente para la perpetuación del sistema capitalista y determinadas políticas públicas y privadas de sociosegregación urbana se desarrollan de tal forma que los modos de imaginar una ciudad se encuentran condicionados por la lógica del capital y la mercantilización de los deseos y sueños. Por eso Harvey en el artículo citado hace mención de que la posibilidad de imaginar una ciudad debe ser comunitaria, un derecho común compartido y pensado por todos; no solo por aquellos que poseen los medios de producción y el dinero. La novedad planteada como experiencia por Pocito Social Life tiene un corte clasista importante. En la página web de Pocito Social Life se accede fácilmente a los precios de los departamentos. Un departamento de 50 m2 cuesta $8.500.000 aproximadamente. El plan de pago que proponen Proaco es de 60 cuotas, con una financiación de entrega mínima del 30%. Como plantea Santiago Buraschi en este libro, la ciudad de Córdoba se encuentra dentro de un contexto neoliberal global que incita a incrementar la competitividad económica en el espacio urbano. La urbanización se vuelve un suelo de disputas de inversores, en donde el excedente invertido genera un mapa de ofertas y demandas propias de la lógica de capital que lleva a cabo el neoliberalismo global. Pocito Social Life es una apuesta más del Grupo Proaco por llevar el ritmo de esta competición inmobiliaria, marcada por las exigencias de la economía mundial, que tiene al suelo de Córdoba como campo de batalla. Una competición que está librada por el sector privado, en donde los intereses económicos, ajenos a las necesidades del resto, moldean lo que va a ser la imagen urbana de la ciudad y las desiguales condiciones de habitarla.

Los proyectos inmobiliarios se vuelven un elemento fundamental en la restructuración neoliberal del capitalismo actual, en tanto permiten solucionar el problema del excedente, logran fijar un capital para beneficiarse a largo plazo y continúan así con la perpetuación de un sistema neoliberal que trabaja a costa de la especulación y la vulneración de derechos de las clases sociales subalternas. Como plantea Buraschi en este libro (2021):

Se ha destacado que un rasgo de las ciudades neoliberales es el creciente peso que asume el capital financiero en el desarrollo inmobiliario, como herramienta para canalizar recursos para fortalecer la oferta (fondos de inversión, fideicomisos) y como mecanismo para sostener la demanda (a partir del crédito hipotecario y el endeudamiento de la clase trabajadora y los sectores medios).

El proyecto Pocito Social Life es un ejemplo de cómo la inversión de capital configura el espacio urbano para promover nuevos espacios de consumo. Esa configuración del espacio urbano por parte del capital privado viene acompañada siempre de un imperativo de modos de apropiarse y experimentar el espacio. En este caso sería el estilo de vida que propone Pocito Social Life al crear una suerte de ciudad pequeña dentro de barrio Güemes en la que se puede conseguir trabajo, dormitorio y shopping en un mismo predio. Es decir, las formas de apropiarse del espacio urbano están siendo organizadas y diagramadas por la inversión del capital privado. Estamos ante una construcción de una magnitud enorme, que convoca a una gran cantidad de clientes/vecinos que decidan comprar y formar parte del proyecto en un barrio como Güemes que hace unos años viene construyendo una imagen particular para llamar la atención a jóvenes y turistas. Pocito Social Life parece sumarse al ímpetu que ha tomado la zona y a la revalorización que ha tenido los últimos años con la llegada de decenas de bares y propuestas gastronómicas. En la descripción del proyecto que aparece en la página web, Pocito Social Life aparece como parte del Distrito Joven, categoría creada por la Municipalidad de Córdoba para promover políticas culturales y de inversión en las mismas.

Es decir que el barrio Güemes y el barrio Nueva Córdoba como contexto no son un dato menor. Dan forma a la aparición de un proyecto de esta magnitud debido a que fueron intervenidos por la inversión de capital público y privado que revalorizaron el espacio. Esto cambió los modos de consumo y de experimentar ambos barrios, con un público selecto (jóvenes estudiantes). Es decir que diferentes agentes fueron generando la posibilidad de que surgiera el proyecto inmobiliario Pocito Social Life. Aunque todo forma parte de un contexto de competencia neoliberal, en donde el Estado no cumple exclusivamente el papel de regulador. Siguiendo con el texto de Buraschi, el autor plantea tres modos de intervención estatal que ayudan en realidad a la reapropiación del suelo por el sector privado y a la revalorización del suelo con fines económicos. Estos modos son los siguientes: el Estado como agente constructor; como proveedor de infraestructura; y por último, como regulador de actividades. Estos conceptos le permiten al autor desarrollar cómo las políticas públicas terminan configurando el espacio urbano de una ciudad de acuerdo a los intereses de los inversores. Buraschi sitúa el caso en el barrio Nueva Córdoba, en donde plantea que estas intervenciones del Estado, “han servido como sostén para el desarrollo de una serie de estrategias por parte del sector privado (constructoras, inmobiliarias, desarrollistas, inversores) que pretenden apropiar porciones crecientes de la renta del suelo urbano”.

Para ser más precisos, es necesario buscar los antecedentes que sirven para entender el surgimiento de Pocito Social Life. Previo a la adquisición del terreno por parte de Proaco, el baldío de la ex Villa el Pocito estuvo 20 años sin ser ocupado, sin poder ser comprado ni tampoco aprovechado por la comunidad. En el 2016, según un informe de Telefé, el terreno de unos 11.000 m2 costaba 14 millones de dólares, siendo el más caro de Nueva Córdoba y zona céntrica. Un predio vacío, con árboles y yuyos crecidos y frondosos ocuparon el suelo luego de que la villa comenzó un largo proceso conflictivo en 1994 y culminó en 1998 con el desalojo definitivo de 210 familias (Marengo, 2001). Recién en el 2018, el conocido hasta entonces como baldío, cambia de aspecto y promete ser un complejo de torres con múltiples servicios. Desde una mirada cronológica, el embellecimiento estratégico logra vislumbrarse con una obviedad preocupante: el desalojo de la villa en un barrio como Güemes que luego tendrá su boom comercial para todo público, da espacio a la inversión del capital privado con torres de departamentos de ocho millones de pesos, logrado esto en un lapso de veinte años.

Fotografiar a Pocito o cómo detenernos ante el destello del crecimiento urbano

La fotografía es un gran documento que da cuenta del paso del tiempo. El soporte material, por ejemplo, sufrió una serie de innovaciones científicas que incidieron en la calidad de la imagen, en la forma de tomarla y procesarla y, al fin y al cabo, de experimentar y vivenciar la imagen, configurando una posible revisión estética del pasado a través de la fotografía. Por eso se puede afirmar que, de pasar a revelar la fotografía sobre una placa de plata a la digitalización de una imagen en el celular, uno puede observar un cambio en la forma de archivar el pasado. Por lo tanto, la cualidad de documentación, sea la función que tenga la imagen, es inherente a la fotografía. Que sirva para dar cuenta del paso del tiempo es una cuestión totalmente subjetiva, que no concierne estrictamente a un análisis estético y social del mismo. Para un pensador como Didi-Huberman, la linealidad que supone el estudio de la historia es un error aberrante. Si se afirmara acá que la fotografía da cuenta del paso del tiempo estaríamos entendiendo al Tiempo, en mayúscula, y a la Historia, también en mayúscula, como fenómenos lineales y unidireccionales. Y no es así. Cuando se refiere aquí al paso del tiempo, se hace referencia a las transformaciones que sufre el espacio y que la imagen da cuenta casi de una manera azarosa. Un ejemplo claro, para evitar abstracciones, sería el siguiente: una fotografía sacada al puente Brooklyn en 1999 daría cuenta de la existencia de las torres gemelas; mientras que una fotografía del mismo puente Brooklyn, sacada en el 2008, mostraría la ausencia de las dos torres. A estas transformaciones nos referimos. Implicaciones políticas, sociales y culturales hicieron que las torres gemelas dejaran de estar en ese lugar. Y la fotografía enmarca un cambio con un trasfondo complejo.

Tal es el caso de la breve documentación que se tuvo de Pocito, solo que con la finalidad de documentar lo inminente: aquellos metros cuadrados de yuyos, árboles y malezas, en desuso hace tiempo, iban a cambiar con la nueva inversión del Grupo Proaco. Las fotografías tomadas permiten entender los primeros pasos de este proceso. El ingeniero y urbanista Kevin Lynch, en su libro La imagen de la ciudad (2008), estudia diversas ciudades norteamericanas a través de la imagen en su relación con el observador y con el diseño urbano. Un aporte importante del autor es el planteo de que las ciudades tienen líneas y puntos de orientación que hacen reconocible el espacio, que permiten identificar el entorno para la orientación del ciudadano. En este proceso de estructuración de familiaridades, de asociación de signos y representaciones, surge el concepto de imagen ambiental:

La representación mental generalizada del mundo físico exterior que posee un individuo. Esta imagen es producto al mismo tiempo de la sensación inmediata y del recuerdo de experiencias anteriores, y se la utiliza para interpretar la información y orientar la acción (Lynch, 2008, p. 12).

La imagen ambiental sería el conjunto de imágenes mentales que cuenta con la interconexión de sentires y experiencias que le permiten al peatón orientarse en el no siempre ordenado espacio urbano. Pensar cómo se produce esa familiaridad en una ciudad es un caso aparte. Una gran cantidad de variables deben tenerse en cuenta al pensar en la memoria colectiva que existe en una ciudad. Pero sí se vuelve sumamente relevante entender ese rasgo de familiaridad y orientación en el espacio urbano actual, intrincado en lógicas capitalistas que lo transforman constantemente, que buscan diagramarlo para avanzar con la mercantilización de todo tipo de experiencia en la ciudad. A través de nuevas edificaciones y renovaciones de fachadas con el fin de incrementar el capital invertido, el observador se encuentra transitando un espacio que busca perder todo el tiempo el sentido de orientación.

El terreno de Pocito contó con diversas imágenes ambientales. En la década del ´90, previo a 1998, era una villa. Luego del desalojo, pasaron veinte años sin otorgarle un uso, lo que le dio una imagen ambiental diferente: se asociaba a Pocito con aquello que estaba vacío. Una vez más, ante el nuevo proyecto de construcción, Pocito Social Life viene a replantear la imagen ambiental que se tenía del espacio para reorganizar la experiencia urbana. Ahora el espacio de Pocito está destinado a ser un espacio urbano refinado, amoldado a los diseños de ciudad actuales, a la vanguardia de la novedad, y toda la parafernalia del marketing. Quizás por eso se vuelve relevante analizar con detenimiento las fotografías que evidencian este cambio. Ante el avance inminente del desarrollo y crecimiento de la ciudad, la fotografía permite congelar momentáneamente un cuadro de imagen que evidencia los cambios que actúan en ella.

Desde la primera secuencia de fotos tomadas, ya con el conocimiento de que pronto se edificará una fachada enorme, novedosa y de un costo altísimo, la imaginación puede condicionar la mirada y adelantarse a los futuros cambios que vendrán. Primero por el hecho de observar desde la avenida Vélez Sarsfield una abundante cantidad de árboles (Figura 1).

Figura 1. Pocito desde Vélez Sársfield. Fuente: fotografía de Gonzalo Zanini (10/04/2019).

Esos metros que abarca Pocito sobre la avenida se encuentran decorados por la entropía de la naturaleza. Los troncos crecen en el terreno cercado de Pocito, pero extienden las ramas frondosas para salir de la cartelería y asomarse a la vereda. Se pueden observar seis, siete árboles custodiando toda la cartelería que sirvió de mural para tapar la existencia de Pocito. Esa misma cartelería se encuentra repleta de panfletos de diputados promoviendo su campaña política. Uno puede saber que, en el proceso, esos árboles desaparecerán por la limpieza del terreno que se deberá hacer para poder edificar sobre él.

Más adelante, doblando por la esquina avenida Pueyrredón, se llega a la calle Turrado Juárez. Desde la esquina se ve un cartel enorme promocionando el proyecto de Pocito Social Life y toda una cartelería al costado de menor tamaño que publicita con letras y colores el diseño del proyecto. La esquina está abarrotada de basura. La diminuta vereda se ve obstaculizada no sólo por la propia curva sinuosa con la calle Ángelo de Peredo, sino también por las bolsas de basura tiradas al suelo y los autos que estacionan y achican el paso del peatón (Figura 2). Las ramas de los árboles, que se acumulan en esa esquina, precipitándose unas a otras, tapan la luz del sendero urbano; y si la foto fuera sacada del contexto, representaría la existencia ambivalente de naturaleza y urbanidad conviviendo como resultado de un exabrupto. Sin un cordón, la suerte de vereda parece desvanecerse sobre el asfalto. Pedazos de hormigón y yuyos de todos los tamaños rodean la cartelería de Pocito Social Life.

Figura 2. Pocito desde Ángelo de Peredo. Fuente: fotografía de Gonzalo Zanini (10/04/2019).

Siguiendo por Turrado Juárez, se llega a los metros cuadrados de Pocito que se encuentran más a la vista. Un alambrado muestra la desnuda vegetación y los árboles en cuerpo entero. Por supuesto, desde esta perspectiva, la cantidad de árboles se multiplica. El alto de los yuyos en general es de un metro y se extiende por casi todo el terreno. Se sigue avanzando sobre la calle y el verde que se ve en el terreno es omnipresente. A simple vista, parece un parque descuidado, abandonado al correr del tiempo (Figura 3). Pero no público. Claro está. El alambrado representa la propiedad privada. Del mismo modo se encuentra abandonado el estado de la calle: hay pozos profundos al pasar por la esquina de la calle Ángelo de Peredo.

Figura 3. Pocito desde Turrado Juárez. Fuente: fotografía de Gonzalo Zanini (10/04/2019).

Meses después, por la avenida Vélez Sarsfield, se ve que han talado algunos árboles de menor tamaño y solo han quedado los más grandes (Figura 4).

Figura 4. Pocito desde Vélez Sársfield 2. Fuente: fotografía de Gonzalo Zanini (09/07/2019).

A su vez, los árboles plantados sobre la avenida han perdido sus hojas y el panorama se ve un poco más despejado. Por la esquina de Turrado Juárez, la basura se sigue acumulando. Algunos árboles han perdido sus hojas y las ramas no estorban tanto como lo habían hecho meses antes. Además de que algunos árboles y arbustos robustos fueron talados en esa esquina. Aun así, la vereda sigue intransitable. Está la carcasa de un televisor enterrado como fósil sobre la tierra, cerca del enorme cartel de Pocito Social Life (Figura 5). La basura, por supuesto, como se dijo más atrás, sigue estando desparramada sobre el suelo de tierra que se funde con el asfalto. Y los autos no dejan de estacionarse sobre la curva pronunciada.

Figura 5. Pocito desde Ángelo de Peredo 2. Fuente: fotografía de Gonzalo Zanini (09/07/2019).

Pasando por la cartelería, que de a poco se va deshilachando, se sigue por Turrado Juárez y se ve un cambio importante frente al alambrado: los yuyos altos han sido cortados y se puede acceder con facilidad a la vista total del terreno. Además, los pozos de la calle fueron sellados. Al parecer, el proyecto empieza a encaminarse (Figura 6). Y también, al parecer, la presencia de una empresa privada hace que algunos cambios se produzcan, y que beneficien a los vecinos del barrio. Pensar en la insalubridad de un terreno con yuyos altos y en el inconveniente de tener una calle en muy mal estado, hace pensar en cómo se tienen que dar las condiciones para que los cambios al fin aparezcan. En este caso, las condiciones están ligadas al interés económico de una empresa como grupo Proaco con un megaproyecto inmobiliario.

Figura 6. Pocito desde Turrado Juárez 2. Fuente: fotografía de Gonzalo Zanini (09/07/2019).

Meses más tarde, se encuentra una avenida Vélez Sarsfield despejada de naturaleza (Figura 7). Nada estorba al cielo desde la perspectiva de la cámara. No hay copas de árboles ni ramas largas que quieran alcanzarlo. Nada que salga, como en meses anteriores, del terreno de Pocito colma al cielo con su presencia. Se puede vislumbrar los árboles flacos y pelados sobre la vereda de la avenida. El resto ha sido talado. En el cielo celeste despejado se ve el tendido de cable y los postes del alumbrado público. En la cartelería que sirve como mural para tapar la propiedad privada se siguen pegando panfletos de propaganda política.

Figura 7. Pocito desde Vélez Sarsfield 3. Fuente: fotografía de Gonzalo Zanini (16/09/2019).

Por la esquina de Turrado Juárez se sostiene todavía el cartel de Pocito Social Life y todo el mural de publicidad que se despliega al costado. Aunque ahora, al igual que despejaron el cielo de árboles en la avenida, la esquina se encuentra despejada de basura y se puede ver el contorno de una vereda de tierra que posibilita un poco más el paso del peatón, y deja a un lado la impresión de estar caminando por un sendero de basura (Figura 8). Son cambios importantes. Las formas de acceder a un inmueble, ya sea desde el punto de vista de un peatón o de un vehículo, tienen que mostrar, justamente, accesibilidad. Por eso se justifica haber sellado los pozos de la calle, que posibilita el flujo de autos; y por eso se justifica la limpieza de la vereda, que posibilita el flujo de peatones para el acceso a las futuras torres de Pocito Social Life.

Figura 8. Pocito desde Ángelo de Peredo 3. Fuente: fotografía de Gonzalo Zanini (16/09/2019).

Pasando la esquina, siguiendo por Turrado Juárez, se ve frente al alambrado que la tierra fue removida, que el proceso de descampado, luego de haber cortado los yuyos y talado los árboles, se va profundizando, para cambiar totalmente la imagen ambiental que se tenía en la que predominaba el verde (Figura 9). Ahora hay máquinas constructoras, pequeñas montañas de tierra, todo está empezando a dar forma de lo que será Pocito Social Life con una rapidez que vuelve a los cambios engañosamente efímeros. Por eso la necesidad de este texto de poder detenerse a ver lo que estaba sucediendo en ese lugar. Y lo que seguirá sucediendo: las transformaciones del espacio urbano de Pocito que se avecinan, y que serán más radicales que las identificadas en estas imágenes.

Figura 9. Pocito desde Turrado Juárez 3. Fuente: fotografía de Gonzalo Zanini (16/09/2019).

Conclusiones

Propusimos analizar este caso bajo la idea de destrucción creativa. Se trata de un escenario producido por el Estado en conjunto con grupos privados vinculados con el mercado inmobiliario. Coincidentemente, desde el 2015 la ciudad de Córdoba asiste a un profundo cambio en su corpus normativo que consolidó los cambios que desde los ´90 venían emergiendo bajo el denominador de recuperar. Esto terminó por inducir en el escenario urbano barrial a inversores en busca de una mayor renta económica. En estas políticas orientadas a acelerar el desarrollo de emprendimientos, la parcela es considerada un objeto de intercambio para la acumulación y reproducción del capital.

Por esto, paulatinamente hace más de 20 años el barrio asiste un proceso de desplazamiento de población que lo habitaba desde siempre y también de pequeños negocios que cumplían funciones de abastecimiento para la comunidad. Si bien no era el objetivo de este capítulo exponer sobre la categoría gentrificación, de alguna manera con toda la información obtenida y sistematizada se puede avizorar (con ciertos tintes) un proceso de gentrificación en el sector.

El proceso de desplazamiento de los sujetos en un contexto de urbanización por desposesión vuelve evidente la configuración de un espacio urbano pensado para los inversores, diagramado para políticas neoliberales que cambian las formas de experimentar y vivenciar la ciudad de acuerdo a la lógica del capital. El proyecto Pocito Social Life es un ejemplo más de cómo la ciudad está siendo reorganizada de acuerdo a la forma en que se desplaza y se invierte el excedente. Las imágenes manifiestan un hecho fundamental que el presente equipo ha estado investigando y archivando hace años: las transformaciones del espacio urbano son impulsadas, en su mayoría, por el movimiento del capital hecho por inversores públicos y privados. El hecho de haber documentado mediante un seguimiento fotográfico los primeros pasos de la construcción de Pocito Social Life es un modo de mostrar cómo los cambios diminutos, que pasan desapercibidos y se tornan fugaces ante la velocidad del crecimiento urbano actual, en realidad forman parte de un embellecimiento estratégico que termina configurando una ciudad pensada para la reproducción del capital invertido.

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  1. Grupo vinculado al Instituto de Humanidades. Facultad de Arquitectura y Diseño. Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Argentina. Instituto de Investigación de Vivienda y Hábitat. CONICET. Córdoba, Argentina.
  2. Centro de Investigaciones en Periodismo y Comunicación “Héctor Toto Schmucler”. Facultad de Ciencias de la Comunicación. Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Argentina.
  3. Como su nombre lo indica, era una plaza que albergaba las carretas provenientes del norte cordobés y también de otras provincias, estaban de paso y traían hortalizas, legumbres entre otros alimentos.
  4. En sus comienzos se emplazaban sobre ella 60 artesanos.
  5. En 2016, El Arrabal cerró sus puertas, en tan solo dos meses se lo convirtió en el restobar cubano Oye Chico (Pereyra, 2021). Con la pandemia el negocio se transformó en una mueblería.
  6. Previo a la pandemia de COVID-19 había entre 600 y 700 artesanos en total (Pereyra, 2021). Luego, el protocolo implementado por la Municipalidad estableció un límite en la cantidad de artesanos para evitar la muchedumbre.
  7. Se firmó el acta de acuerdo entre municipio y provincia en el 2009, recién las obras empezaron en el 2011 pero no lograron culminarse.
  8. A principios del corriente año 2021 el gobernador Juan Schiaretti anunció una importante suma de dinero para culminar las obras. A fines de 2018 las obras se encontraban estancadas, las cloacas solo llevaban terminadas un 25%.


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