Alejandra Peano[1]
Introducción
El objetivo del presente trabajo es analizar a partir de imágenes y palabras, las experiencias de jóvenes atravesados por procesos de violencia policial en un barrio de la ciudad de Córdoba. Aquí lo simbólico y estructural de las prácticas es abordado a partir de expresiones muralizadas que nos acercan a un estado del sentir de cómo se piensa y siente lo vivido en un determinado territorio, que, como tal, constituye una dimensión condicionante de prácticas, percepciones y experiencias sobre el mundo social. Al mismo tiempo que las desigualdades se plasman en las vivencias del espacio y el tiempo de las y los jóvenes, sus experiencias configuran y reconfiguran los lugares que habitan o por los que circulan.
Partimos de la propuesta teórica y metodológica de Silvia Rivera Cusicanqui (2015), quien plantea que la sociología de la imagen condensa un ejercicio de comprensión analítica de las representaciones colectivas, en una relación intersubjetiva e interpretación sociohistórica de las mismas. El desafío allí consiste en relacionar la biografía y la historia dentro de las estructuras sociales a partir de diversas fuentes y percepciones sensoriales que puedan llegar a dar cuenta de un pasado desde el presente, de una configuración temporal-espacial con sus lógicas de dominación y resistencias. En este sentido, en las imágenes podemos encontrar memorias de las experiencias sociales que traman otro lenguaje (que involucra los diferentes sentidos) y dejan huellas de los acontecimientos que transcurren en una comunidad en su vida cotidiana.
A su vez, la estrategia metodológica, se acerca a la idea benjaminiana de montaje en el que palabras, imágenes y formas de conocimiento se traman expresando un estado particular del territorio, en este caso barrial, y las relaciones sociales que en él se inscriben. El objetivo es aportar a la discusión respecto de cómo se configuran las subjetividades juveniles, entendiendo al territorio como dimensión fundamental de dicho proceso, donde se juegan y disputan poder, respeto, pertenencia, y que produce cotidianamente sentidos sobre el conflicto social.
Experiencia urbana en Córdoba
La ciudad de Córdoba presentó profundos cambios durante las últimas dos décadas en materia de políticas públicas –de hábitat, alimentarias, de seguridad– que modificaron las experiencias sociales a partir de la organización de entornos clasistas como forma y contenido de relación social en nuestras actuales formaciones capitalistas (Boito, 2013). En relación a las transformaciones urbanas podemos mencionar la política de vivienda social para los sectores populares denominada “Mi casa, mi vida”, que Eugenia Boito y Cecilia Michelazzo describen en el presente libro. Cambios que repercutieron en las relaciones sociales y territoriales, desterrando a los sectores populares hacia la periferia de la ciudad y en el mismo proceso, revalorizando zonas céntricas y pericentrales por el mercado inmobiliario en confluencia con licitaciones estatales. Estos procesos transformaron barrios como Juniors, Alta Córdoba, General Paz, Güemes y Alberdi, expandiendo la commoditización que describe Buraschi en Nueva Córdoba, y que fueron expulsando a sus antiguos pobladores. Simultáneamente, los sectores de clase alta optaron por countries, housings y condominios cerrados, revalorizando el control del espacio vía vigilancia privada y un acercamiento a un estado de naturaleza o paisajes verdes. Este proceso llevó a una separación clasista o a una fragmentación de la ciudad “en pedazos”, tal como ya señalaban Boito y Michelazzo en 2014 y que retoman en este libro:
La segregación, como la consideramos, no implica sólo la concentración espacial de las personas que se encuentran en similares condiciones socioeconómicas, sino también la relegación de las clases subalternas a los terrenos desfavorables de la ciudad por la inaccesibilidad de los servicios, el paisaje y/o el ambiente degradado, y, en su aspecto social, la estigmatización de quienes los habitan, junto a la disminución de probabilidades de encuentro e interacción entre miembros de diferentes clases sociales (Boito y Michelazzo 2014, p. 49).
En la investigación colectiva, nos propusimos dar cuenta de la dimensión sociohistórica abordando las marcas y sedimentaciones del proceso de producción del espacio urbano y cómo se expresa en las imágenes actuales. En el presente trabajo vamos a concentrarnos en un territorio particular:[2] Cooperativa La Ilusión (conocido como barrio Los Cortaderos), que surge como lucha desde abajo por el acceso a la vivienda en la década de los noventa. Dicho proceso de organización barrial tuvo visibilidad a partir del año 1992 en la ciudad de Córdoba, pero su activismo se remontaba a la década anterior. Durante los primeros años de la década del noventa se conformó la Unión de Organizaciones de Base por los Derechos Sociales (UOBDS), que concretaba un proceso de demandas al Estado por parte de pobladores de villas y barrios populares por el acceso a servicios urbanos y en especial por la problemática del hábitat. La Unión fue parte de la Mesa de Concertación de Políticas Sociales, en conjunto con Organizaciones No Gubernamentales: SEHAS[3], SERVIPROH[4], CECOPAL[5] y Mutual Mugica,[6] que articularon proyectos comunitarios con los gobiernos provincial y municipal entre los años 1992 y 1998. Mediante estos proyectos se construyeron, por ejemplo, algunos barrios cooperativos como del que hablamos.
Sin embargo, en las últimas tres décadas, la transformación del Estado en articulación con el mercado implicó la desmovilización de las demandas territoriales y la aplicación de políticas de seguridad que incrementaron la fijación de los cuerpos en los espacios según clase. En una investigación anterior,[7] dimos cuenta acerca de la disputa por la circulación, a través de acciones de policiación urbana como operativos de saturación en barrios de clases populares y detención de sus pobladores, razzias en fines de semana extendidos, intensificación en controles de avenidas y puentes, detenciones masivas bajo la modalidad de corralitos[8] y el patrullaje aéreo en los sectores periféricos de la ciudad, que operan en la construcción ideológica de los sujetos deseables en los marcos de interacción y encuentro interclases (Natta et al. 2017).
En este sentido, partiremos de las transformaciones que afectaron a barrio Los Cortaderos, considerando los procesos organizativos articulados con la planificación del Estado y el mercado sobre el hábitat. Para ello, prestaremos especial atención a las experiencias de las generaciones más jóvenes, considerando cómo resignifican los despojos que les ha dejado la historia.
Barrio Los Cortaderos, como plano de constitución de las y los pobladores
Barrio Los Cortaderos está ubicado en la zona norte de la ciudad de Córdoba, en la parte trasera del barrio Los Boulevares y a doce kilómetros de la zona céntrica. En un primer momento, alrededor de la década del 50, surgió como asentamiento ubicado a orillas del Canal Maestro de Riego Norte, donde se encontraban quintas y cortaderos de ladrillos.[9] Muchas familias se fueron trasladando a ese lugar por trabajo y por problemas habitacionales, estructurales y de larga trayectoria tanto a nivel nacional, provincial como municipal.
Considerando el informe “Indicadores de Resultados e Impactos. Metodología de aplicación en proyectos participativos de hábitat popular” (Rodríguez et al. 2004), la alternativa que se presenta para los pobladores de estos territorios, en relación al acceso legal a la tierra, es la compra de tierra urbana en el mercado bajo la figura de propiedad colectiva de una asociación civil, cooperativa o mutual, ante la ausencia de políticas e instrumentos jurídicos.[10] En dicho marco, en el año 1987 sesenta familias conformaron la Cooperativa La Ilusión (Cooperativa de Vivienda y Consumo), que luego se amplió en número de socias y socios a 174. Siguiendo el citado informe, las primeras acciones comunitarias en el barrio se vinculaban a la religión y al deporte, durante la década de los ´70. En 1983 se registró la participación de Serviproh en el territorio, con diversas actividades vinculadas a las problemáticas de salud y vivienda y en 1985 se conforma la Comisión Vecinal de Los Cortaderos, que administraba fondos sociales y actividades comunitarias[11] (Rodríguez et al. 2004).
De acuerdo a las entrevistas realizadas,[12] la primera acción que se recuerda en el marco de la Cooperativa fue en el año 1987 con la gestión para la provisión de agua potable, ya que se tomaba directamente la que provenía del canal de riego. Esta agua, que en un principio se percibía como “apta para el consumo”, desde principios de dicha década empezó a reconocerse como contaminada como consecuencia del arrojo de descartables y la presencia de animales muertos, y como generadora de graves problemas de salud en la población. Por esto se gestionó a través de la DIPA[13] la instalación de mil metros de picos públicos, que se tradujo en un pico cada dos casas.
Luego, la trayectoria de organización colectiva para mejorar las condiciones de hábitat, como el acceso al agua potable y la energía eléctrica, se fue consolidando en la construcción de las propias viviendas.
‒P: Y ese proceso se encaminó, después se terminó haciendo un trabajo muy fuerte vinculado a la cuestión habitacional, en esa época hasta el ´87, ´88, en Cortaderos había…no llegaba a sesenta familias, ¿no?, te recuerdo que el primer loteo que logramos hacer con dos hectáreas de tierras que están ancladas ya en el barrio Los Boulevares eran en ese momento propiedades de las monjas, las Concepcionistas de Nazaret y como había un trabajo en conjunto que se hacía, ofrecieron la tierra donando a la mitad del costo. Así que eso hizo que llegamos a hacer algunos trámites en Desarrollo Social en aquella época y bueno se logró adquirir esas dos hectáreas de tierra y se entró ahí en un proceso muy fuerte en lo habitacional con ayuda mutua, no sé años, por lo menos quince años se trabajó con la gente, sábado y domingo, sábado y domingo, viste bueno…Y después bueno, ya rayando, o entrando en los ´90 hubo que, a través de la organización, trabajar otras cosas como la cuestión alimentaria, la cuestión laboral, bueno todo lo que era la complejidad de lo que se anunciaba mucho con respecto a los problemas de la pobreza. En Córdoba y en el país digamos, y ese proceso, bueno… Esas primeras sesenta familias ya entre el ´95 y el 2000, se fueron trasladando a un programa habitacional que se hizo con ayuda mutua, sesenta viviendas fueron a parar sesenta familias y Cortaderos en todo el proceso de los noventa se triplicó en población, o sea, todo este problema vinculado al desempleo, falta de ingresos, pobreza en general lleva a que mucha gente, de muchas zonas de la ciudad, tuvieran que… Ya no pudieran alquilar, una serie de cuestiones… Bueno, además del crecimiento poblacional natural, digamos, fue viniendo mucha gente que no estaba en la zona, inclusive al momento que alguien se salía de Cortaderos, hacia el plan de viviendas que se iban construyendo con ayuda mutua, alguien tomaba ese lugar, ¿no?, bueno hasta había pequeños negocios inmobiliarios, se vendían las casitas a la orilla del canal digamos, y eso llevó a que en los ´90, además de las sesenta familias que hoy están viviendo en lo que se llama La Ilusión I, Cortaderos terminó teniendo como cien familias más ¿no?, que ahí incluso entramos en proceso también ahí con la dinámica que se venía trabajando en la cooperativa, de pensar lo habitacional para la gente que se había reinstalado ahí en Cortaderos. Bueno, es así como con el tiempo va surgiendo un programa de ciento catorce viviendas ahí en el mismo lugar que es el que vos conocés, que se terminó administrando en el 2006, 2007. Bueno como te digo en todo ese proceso, digamos una cuestión de mucha organización, de mucha participación de la gente y todo esto en función de problemas, ahí diversos y que en Cortaderos culmina en alguna parte, esta cuestión habitacional en el 2006, 2007 (entrevista a miembro de la cooperativa La Ilusión y representante en la UOBDS, 3 de junio de 2018).
En este sentido, la construcción de viviendas sociales tuvo dos períodos: el primero de ellos entre 1987 y 1995, y que consistió en la compra de terrenos a la mitad del costo en el mercado a partir de la donación (50%) de la congregación religiosa (Concepcionista de Nazaret), de dos hectáreas de tierras a tres kilómetros del asentamiento originario. En 1992 la Cooperativa La Ilusión se integra a la Unión de Organizaciones de Base por los Derechos Sociales (UOBDS) y forma parte de la Mesa de Concertación de Políticas Sociales (MCPS). Desde este espacio fueron gestionando diferentes proyectos para la construcción de las setenta viviendas[14] y del entorno, como alumbrado público, agua potable, pavimento de las calles y cordón cuneta.
Para las familias que se trasladaron a la nueva urbanización, significó una movilización de capitales: económicos ya que las nuevas viviendas fueron revalorizadas en el transcurso del tiempo por los diferentes servicios gestionados; y capital social y cultural, por la red de instituciones públicas y privadas que se encontraban más cercanas al lugar de residencia, como escuelas, club deportivo, transporte público, recolección de residuos y telefonía desde la sede de la cooperativa. Al mismo tiempo, la integración del territorio con barrios colindantes disminuyó las percepciones de aislamiento, por lo que se identifica una consolidación en vínculos de solidaridad y reciprocidad en la resolución de problemas de la vida cotidiana (Rodríguez et al. 2004).
La Unión, como se ha mencionado, nucleó a barrios y villas de la ciudad de Córdoba, que se organizaron en cooperativas (como es el caso de La Ilusión), mutuales y asociaciones que estaban representadas por delegadas y delegados en la MCPS. En ese espacio institucional se gestionaban los proyectos elaborados en los diferentes territorios por las y los pobladores, en articulación con ONG que ya venían trabajando en conjunto en determinados lugares y con problemáticas sobre desigualdades sociales. Esta red entre diferentes actores, movilizó una democratización en la planificación y ejecución de proyectos vinculados al hábitat, demandando al Estado derechos sociales que se venían negando en los espacios segregados de la ciudad.
Teniendo en cuenta investigaciones que abordaron dicho proceso (Boito, Cervio y Espoz, 2009; Medina, 2020) entre 1992 y 2004, dicho movimiento social se encontraba con un Estado en plena reconfiguración, en transición de un modelo de “promoción social” hacia uno tecnocrático y que diluyó las barreras entre lo público y lo privado. Sin embargo el “campo de experiencias” (Medina, 2020), comprendido como las trayectorias e identidades de los actores en la disputa por el hábitat,[15] permitió instalar la problemática en el espacio público, sobre desigualdades sociales y territoriales.
Esto implicó varios procesos, en principio durante la década del ´80 el Estado municipal ya había erradicado villas hacia la periferia dejando esas tierras desalojadas al servicio del mercado, aquí el movimiento reclamaba la participación en las decisiones sobre las políticas urbanas. La UOBDS se consolidó en 1992 y movilizaba a ciento diez organizaciones barriales de la ciudad, proponiendo cambios estructurales y de gestión de lo público, impactando en la elaboración de soluciones con partidas presupuestarias destinadas a los proyectos[16], la MCPS se institucionaliza mediante un decreto firmado por el Poder Ejecutivo Provincial y avalado por la Municipalidad en 1994, luego en 1995 con el cambio de autoridades del poder político[17] se desconoce dicho decreto y en 1996 se retoma pero con presupuesto restringido (Boito, Cervio y Espoz, 2009). Aquí el centro de la disputa era el valor de uso, sobre el valor de cambio en la producción de los espacios habitados.
El proceso de desmercantilización, no solo implicó disputar poder a los desarrollistas inmobiliarios y las concesiones del Estado al sector mercantil, sino también decidir en el proceso de trabajo, en el que se constituyeron cooperativas de trabajo para la construcción de las viviendas, y la gestión de recursos, con subsidio estatal, microcréditos y cooperación internacional vía ONG, que permitieron la compra de materiales en los sectores cercanos al barrio, con el objetivo de fortalecer la economía local.[18]
Durante la década del ´90, la hegemonía mercantil sobre la ciudad se hizo más fuerte con la presión de las cámaras empresariales e inmobiliarias. En plena crisis social y política, el Estado fue configurando las políticas de corte neoliberal, recibiendo financiamiento y recomendaciones de ajuste por los organismos internacionales de crédito. En 1995 durante la gestión de Ramón Bautista Mestre, de la Unión Cívica Radical, se ajustó el presupuesto de políticas sociales y se aumentó el de seguridad. Se produjeron también cambios institucionales, restringiendo al gobierno provincial la ejecución de las políticas públicas y quedando suspendida la MCPS. Aquí la UOBDS se manifestó contra la represión policial que se accionaba en los barrios, al mismo tiempo que el gobierno desactivaba la participación de la MCPS (Medina, 2020).
En 1999, asumió la gobernación José Manuel De la Sota, del Partido Justicialista, y siguió la misma línea de ajuste, priorizando los intereses del mercado frente a las demandas de las organizaciones, quedando estas relegadas a una gestión asociada, con carácter consultivo y no de negociación (Boito, Cervio y Espoz, 2009). En este contexto, la UOBDS realizó múltiples acciones de protesta por la situación de violencia económica, social y política que se vivía en los territorios (Medina, 2020). Dicha violencia se acentuó, priorizando los intereses del mercado inmobiliario representado en la Cámara Empresarial de Desarrollistas Urbanos de Córdoba.[19]
En este contexto, y volviendo al caso de análisis, hay un segundo período en la construcción de viviendas populares, comprendido entre 1998 y 2007, a partir de la compra de una hectárea de tierra por parte de la Cooperativa La ilusión en la localización de origen. Aquí se gestionó un cambio en el uso del suelo, que mediante ordenanza municipal pasó de ser zona rural a urbana. Comenzaron con la construcción de veintidós viviendas a través de ayuda mutua,[20] hasta que se instaló en Córdoba el ya referido programa habitacional “Mi casa, mi vida”, con financiamiento internacional, que coartó esta experiencia social de movilización por el hábitat.
‒E: …porque una parte de Cortaderos, la mitad de las casas sé que las construyeron los propios vecinos ¿y en la otra mitad se terminó con el programa “Mi casa, mi vida”?
‒P: sí, en el caso del programa que está instalado en Boulevares que son sesenta viviendas se hizo todo con ayuda mutua, ¿no?, y en Cortaderos que hay un programa que tiene ciento catorce viviendas de ahí veintiuna viviendas se construyen con la cooperativa, a través de un programa que habíamos logrado acá en Córdoba a través de una organización muy fuerte en su momento, que anda despedazada por ahí que era la Unión de Organizaciones de Base, que ese espacio se conforma en el año 1992, en septiembre del 92, con muchísimas organizaciones de la periferia de Córdoba, empezaron siendo sesenta y dos organizaciones y terminaron siendo más de cien. Un movimiento social muy fuerte que entre otras cosas logramos instaurar en Córdoba lo que se llamó la Mesa de Concertación de Políticas Sociales, que participaba desde el Estado, la provincia, la municipalidad también había un aval con el gobierno nacional, y la mesa estaba compuesta por la Unión por otro lado y cuatro entidades no gubernamentales, que venían trabajando procesos ahí históricos con las organizaciones de base, CECOPAL, SERVIPROH, el SEHAS y la Mutual Carlos Mugica en aquel momento. Después también en ese camino se sumó, surgió otra institución La Minga que todavía está vigente, que formó parte de todo eso. Y era interesante ese proceso porque ahí anualmente se discutían hasta la cuestión presupuestaria para programas sociales, en una variedad de programas vinculados a la cuestión del trabajo, la salud, la cuestión habitacional, pequeñas obras de infraestructura en la zona, bueno…y las primeras veintiuna viviendas de Cortaderos se hicieron a través de un programa, no recuerdo el nombre, pero que en el programa lo que habíamos logrado era que entre otras cosas generara trabajo, participación con la gente, se construía a través de la organización de la gente con la dirección técnica de alguna institución, en este caso era de Serviproh y digamos la mano de obra se hacía con la gente de la zona, se compraba todo tipo de materiales en la zona, con pequeñas formas de concurso de precios, la idea era que se volcaran recursos a la zona tanto para generar trabajo como para que moviera a la zona, entonces esto….bueno, se llevaron adelante varios programas así, este y…a ese programa lo voltean en el 99 con la asunción ahí de De la Sota, y crean esta barbaridad, esta figura de los nuevos barrios
‒E: Sí
‒P: Que pasó a ser un programa que rompió toda forma organizativa porque se hacía a través de empresas, por ejemplo, en Cortaderos faltaban noventa tres viviendas y terminó enganchándose una empresa de Santa Fe, ni siquiera de Córdoba
‒E: Ajá, ¿cuál es el nombre de la empresa?
‒P: Olivas Construcciones
‒E: Ajá
‒P: Y nosotros en ese momento, por ejemplo, el costo de la vivienda de las primeras veintiuna que hicimos era de ocho mil pesos, y ese costo pasó a treinta y dos mil, con el sistema de empresas, con todo un crédito del BID que fue bueno, un negocio enorme especialmente para las empresas y todo lo demás, y entre otras cosas, además cuadriplicar el costo de la vivienda social en este caso.
‒E: Sí
‒P: Eh… Rompía con toda forma organizativa, en realidad el objetivo de fondo tenía que ver básicamente con eso, la Unión en ese momento era un movimiento social muy fuerte, muy fuerte en Córdoba que bueno, era muy difícil no prestarle atención, digamos se podía movilizar diez mil personas en la calle si hacía falta, en una articulación también con otros sectores acá de Córdoba, gremios, no sé desde la curia más progre, viste bueno hay como ciertas alianzas más estratégicas que permitía tener mucha presencia, digamos política, presencia en la calle pero también además mucha capacidad propositiva, ¿no?, y bueno esto de alguna manera en la concepción ideológica de no solamente del gobierno este, sino en el anterior también… Un movimiento que organizaba gente, defendía autonomía política entre otras cosas o religiosas, no se puede constituir estas organizaciones si alguien le pone un sello de cualquier tipo, hay de todos los pensamientos (entrevista a miembro de la cooperativa La Ilusión y representante en la UOBDS, 3 de junio de 2018).
La Unión quedó en la memoria colectiva como la lucha por el acceso a la vivienda y la planificación de las propias casas, experiencias que quedaron coaguladas a partir del año 2003 con la implementación de viviendas con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo, que no sólo aumentaron el costo en la producción de las viviendas, sino que desarticularon las economías locales que las cooperativas habían desarrollado en las decisiones de sus propias construcciones. Al mismo tiempo, las y los pobladores pasaron de ser partícipes de decisiones en la gestión pública, a “beneficiarios” de un proyecto que no se vinculaba con las demandas de las organizaciones barriales, desde el diseño, planificación y los traslados compulsivos hacia otros lugares de la ciudad, lo cual significó “nuevas formas de socialización para los pobladores en relación al sector público y privado y, por tanto, a las potenciales formas de organización de esos colectivos” (Boito, Cervio y Espoz, 2009, p. 8).
También quedaron coartadas organizaciones barriales que las cooperativas habían logrado instalar en los territorios, que se vinculaban con el acceso a la salud, educación y trabajo, con una mirada integral sobre la desigualdad social. Actualmente las demandas aparecen como exigencias puntuales y fragmentadas, y muchas veces las organizaciones sociales y políticas que intervienen en los territorios no se integran.
Particularmente, en el barrio Los Cortaderos, la única institución pública es el Centro de Atención Primaria de la Salud N° 92. Sin embargo, muchos de los habitantes asisten al Centro de Salud de barrio Los Boulevares-Asamblea Popular de los Boulevares,[21] ya que cuenta con mayor diversidad de profesionales y mayor complejidad de prestaciones, como: bioquímica, salud mental y fonoaudiología, entre otras.
Dicho centro de salud es gestionado por la Asamblea surgida en plena crisis del año 2001. Se organizó en un principio en torno a demandas laborales, y, con el tiempo, fueron construyendo un comedor comunitario y una biblioteca, y desarrollando cursos de oficios (tornería, matricería y soldadura). En la actualidad los esfuerzos se concentran en el centro de salud y un ropero comunitario, que solventan mediante una cuota voluntaria.
En tanto, las escuelas primarias y secundarias se encuentran a más de dos kilómetros del barrio, la mayoría de los traslados son caminando, en bici, moto, automóvil o remis, o sea mediante transporte privado o recursos de cada familia. El transporte público recién en el año 2016, cambió su recorrido entrando al barrio, mediante una gestión de jóvenes integrantes de la Asociación Civil Los Cortaderos, aunque actualmente no está garantizando la movilidad (Benecchi, 2021).
Como síntoma de la crisis habitacional, las nuevas generaciones fueron construyendo sus viviendas en la costa del canal y muchos espacios comunes, como el salón comunitario y la casa donde funcionaba un centro de salud, fueron ocupados por las familias del barrio, en el período entre 2012 y 2013 (Ardiles y Niclis, 2017). Como venimos sosteniendo, la crisis en el hábitat es producto de procesos históricos donde la concertación entre los intereses privados y las licitaciones estatales fueron coagulando las luchas por el acceso al espacio, desde lo habitacional hasta la circulación por el espacio público.
En el año 2008, se constituyó la Asociación Civil Los Cortaderos integrada por jóvenes del barrio. Uno de sus objetivos es la construcción de viviendas en el lugar. Y un espacio que se encontraba en disputa era un terreno de 80 hectáreas que compró el dueño de la Universidad Siglo 21 a un privado en la década del ´90 como inversión a largo plazo. Allí habitaban treinta familias, con sus fuentes laborales, como hornos de ladrillos y quintas.
En el año 2000 hubo intentos de desalojo, y la Cooperativa, con el apoyo de asociaciones que formaban parte de la UOBDS, entraron en un proceso de lucha por los derechos de esas familias que tenían posesión sobre la tierra. En este marco, se logró que los inversores donen tres hectáreas para las familias que habitaban allí y miembros de la Cooperativa. Pero en la negociación los terrenos que donaron para uso de la Cooperativa fueron en la parte trasera del barrio,[22] donde actualmente hay un basural de escombros que llevaría mucha inversión para planificar el hábitat. Y los inversores se quedaron con los terrenos que estaban sobre el acceso a la calle Spilimbergo,[23] que se tornaron una zona muy estratégica y que eran el centro de la disputa. A su vez, muchas familias negociaron directamente con los empresarios, migrando hacia otras zonas de la ciudad.
La gestión del conflicto en representación del barrio está a cargo de la Asociación, que integran las personas más jóvenes. En el año 2014, se llegó a un acuerdo entre la Asociación, los inversores privados y el Gobierno de la Provincia de Córdoba que reconocía el derecho de los pobladores sobre la tierra, disponía la subdivisión, y financiaría parte de la infraestructura. Sin embargo, dicho acuerdo se encuentra paralizado. Entre los miembros de la Cooperativa se percibe el horizonte cortado en las vías acción, al tener la sensación de no poder transmitir sus experiencias de generación en generación:
‒P: Sí, ahí creo que hubo errores de apoyos externos, incluido de esta institución, te digo lo hemos ido charlando en los últimos tiempos, una cuestión errada desde a ver… De un concepto de apoyo a una organización y hasta un error metodológico en el sentido de que, desde mi punto de vista, el peor error fue desprender a un grupo de jóvenes de todo un proceso histórico que venía hecho no solamente con sus padres, con la cuestión organizativa muy de la mano de la Cooperativa La Ilusión, que como te digo hasta el 2007 era como la organización madre y cualquiera que iba a apoyar algo tenía que pasar por cierto circuito donde te podías plegar, ayudar pero a un proyecto más colectivo, todo eso se quebró y bueno… Digamos esto de hacer un trabajo exclusivo con los jóvenes dejando de lado al resto es como que acentuó más ciertas diferencias, si se quiere, de miradas de pensamiento entre los más jóvenes y los más grandes, yo te digo que no haya pasado. Pero lejos de llevarlo a un trabajo que logre integrarlo, se termina dividiendo y creo que ese error lleva a que finalmente fracasa la Asociación Civil, fracasa porque le dejó el gusto amargo a todos y hoy cuesta mucho de que se pueda repensar la Asociación (entrevista a miembro de la cooperativa La Ilusión y representante en la UOBDS, 03 de junio de 2018).
Sin embargo, cabe alertar respecto a cómo los horizontes de acción pesan sobre las nuevas generaciones en un contexto donde la confluencia de fuerzas desde abajo cambió y la relación con la gestión pública fue cada vez más actuando la lógica de los intereses privados. En este sentido, las indagaciones realizadas por Boito, Giannone y Michelazzo (2014) con pobladores que fueron parte del proceso de organización desde abajo en la lucha por el hábitat, muestran que los sentires van desde la esperanza de retornar a un pasado en el que el motor de lucha era por un futuro mejor para sus hijos, a una impotencia en el presente donde las posibilidades de acción han cambiado y se vivencia una pérdida del sentido de comunidad que en un momento los encontró unidos. Así, en los adultos la expresión de deseo para que los jóvenes se involucren, se topa con un presente donde:
Los jóvenes no tienen lugar en el barrio, ni tienen lugar ya en sus casas, porque han crecido más rápido que las posibilidades colectivas de albergarlos, en un contexto de fragmentación y privatización de la vida, donde la distancia cultural hace la experiencia colectiva casi invisible para estas generaciones (Boito, Giannone y Michelazzo 2014, p. 12).
En este sentido, titulamos el apartado del territorio como plano de constitución de las experiencias, no como contexto, sino como lucha de confluencias donde las transformaciones sociohistóricas pesan sobre las nuevas generaciones. Una comunidad que se encuentra con fuertes trayectorias de organización, pero que en el presente se vivencia aislada y con “una cultura interna de que hay miedos a salir, miedos…no sé de estar encerrados para adentro con una política del Estado que en realidad ha llegado a ese plano” (entrevista a miembro de la cooperativa La Ilusión y representante en la UOBDS, 3 de junio de 2018).
Montaje literario: sobre vida y muerte
Método de este trabajo: montaje literario. No tengo nada que decir. Sólo que mostrar. No hurtaré nada valioso, ni me apropiaré de ninguna formulación profunda. Pero los harapos, los desechos, esos no los quiero inventariar, sino dejarles alcanzar su derecho de la única manera posible: empleándolos.
Walter Benjamin, 2005, p. 462
En este apartado estableceremos diálogos teórico-metodológicos que nos permitan interpretar la relación vida/muerte que atraviesa a las juventudes en América Latina y de cómo las imágenes nos aportan formas de ver las expresiones juveniles sobre sus propias experiencias situadas en sus territorialidades. Comprendemos a las experiencias en la tensión, por un lado, entre las condiciones históricas que anteceden al presente y, por ende, determinan, limitan y presionan determinados horizontes de sentir, pensar y actuar; y por otro lado, cómo dicho proceso social total es articulado y vivido por los actores sociales (Raymond Williams, 2000). En este sentido, venimos dando cuenta de las condiciones sociales, históricas de un determinado territorio, para acercarnos a las experiencias juveniles en sus trayectorias, acciones y sentires, en las cuales la violencia estatal constituye uno de los conflictos más dolorosos en sus vidas cotidianas.
José Manuel Valenzuela Arce (2019) construye el concepto de juvenicidio para dar cuenta de las muertes violentas de jóvenes en el contexto latinoamericano.[24] La relación vida-muerte como condición del capitalismo depredatorio configura escenarios precarios que amplían las posibilidades de violencia (económica, institucional, social y barrial). Las investigaciones en América Latina dan cuenta de diferentes dimensiones de dicho proceso que incrementa las posibilidades de que un joven sea asesinado: como parte de la maquinaria de la necropolítica, la negación de sujetos de derechos, contra identidades desacreditadas y deterioradas socialmente, y políticas racistas, excluyentes y autoritarias. En este sentido, el autor plantea:
El juvenicidio es la consumación de un proceso que inicia con la precarización de la vida de los jóvenes, la ampliación de su vulnerabilidad económica y social, el aumento de su indefensión ciudadana, la criminalización clasista de algunas identidades juveniles y la disminución de opciones disponibles para el desarrollo de proyectos viables de vida frente a una realidad definida por la construcción temprana de un peligroso coqueteo con la muerte. El juvenicidio es el cruento acto culminante que arrebata la vida de una gran cantidad de jóvenes adscritos a condiciones de vida, culturas e identidades subalternas (Valenzuela Arce, 2019, pp. 64 y 65).
Lo que se pone en discusión aquí son amplios procesos de precarización de la vida. La muerte física conlleva anteriormente una muerte simbólica inscriptas en exclusiones económicas y sociales, discriminaciones, estigmatizaciones y criminalizaciones que se asientan en responsabilidades estatales desde políticas sociales hasta penales que posicionan a los jóvenes de clases subalternas en situación de indefensión y vulnerabilidad. En otro trabajo me he referido a cómo la organización social de familiares de víctimas de gatillo fácil en la ciudad de Córdoba, refiere a las muertes de los jóvenes a manos de agentes policiales no por lo que hicieron en el momento de asesinarlos, sino que imputan al Estado la responsabilidad de lo que no les permitieron hacer a los jóvenes, que es desarrollar un proyecto de vida (Peano, 2020).
Valenzuela Arce (2019) también construye el concepto de biocultura en relación a la biopolítica y biorresistencia, es decir, los controles, disposiciones y estrategias punitivas y su articulación con los sentidos y disputas por la vida. En las resistencias se juegan identidades individuales y colectivas que implican al cuerpo y al espacio, lo que denomina bioproxémica:
La dimensión bioproxémica se inscribe como elemento expresivo y significante en diversas identidades y estilos juveniles caracterizados por su denodado esfuerzo de significación del espacio y del cuerpo como elementos que cargan de sentido al barrio y delimitan poderes territorializados que muchas veces conllevan disputas por el espacio urbano. La bioproxemia refiere a la relación abigarrada entre cuerpo y territorio como elementos que definen los sentidos espaciales: espacios encuerpados y cuerpos habitados, el espacio que nos habita y los sitios que nos contienen, murales tatuados y cuerpos muralizados, cuerpos significados y significantes, cuerpos discursivos y discursos corporales, biosímbolos sometidos o transgresores de la biopolítica (Valenzuela Arce 2019, p. 105).
Dichas reflexiones nos ayudan a interpretar las dimensiones que se juegan en los territorios atravesados por la violencia policial, prestar atención a las paredes y las grutas, que serían las piedras, sensu Sennett. También involucra una fuerte relación con la carne, con los sentidos e interacciones sociales que se juegan en el espacio social, con las identidades individuales y colectivas que expresan y cargan de sentido las historias: barriales, sociales e individuales. En un punto, implica indagar en la construcción de las memorias en relación al atravesamiento de las políticas de Estado que configuran un territorio. Asimismo, trataremos de reconstruir los significados que los actores les otorgan a dichas memorias muralizadas y hechas cuerpo.
Hilando con el planteo de Silvia Rivera Cusicanqui, “la sociología de la imagen considera a todas las prácticas de representación como su foco de atención; se dirige a la totalidad del mundo visual, desde la publicidad, la fotografía de prensa, el archivo de imágenes, el arte pictórico, el dibujo y el textil, amén de otras representaciones más colectivas como la estructura del espacio urbano y las huellas históricas que se hacen visibles en él” (2015, pp. 21-22). Ello implica una distancia de aquellas imágenes que se nos aparecen como rutinarias, como parte del mundo conocido, para permitirnos que nos transgredan en una relación dialéctica entre estética y política. Tomar la narrativa de la imagen como objeto de conocimiento implica un desafío metodológico, a partir de una reconstrucción sociológica e histórica, una sintaxis entre texto e imagen. La autora recurre a los recursos de metáfora y alegoría en el sentido benjaminiano, como forma de conocimiento que permita integrar al cuerpo, en una rítmica de significación que habitan en un espacio-tiempo, en una historia social que fue pasado y es presente.
Benjamin (2005) ya nos advierte sobre las formas opacas de acceder a la historia, como un continuo o sucesión de hechos lineales, que llevarían a una idea de evolución, de etapas, de progresos y derrotas. Es por eso que nos invita a pensar más que en sucesos lineales, en las historias como relámpagos, como choques frontales contra el pasado mediante el presente:
La primera etapa de este camino será retomar para la historia el principio de montaje. Esto es, levantar las grandes construcciones con los elementos constructivos más pequeños, confeccionados con un perfil neto y cortante. Descubrir entonces en el análisis del pequeño momento singular, el cristal del acontecer total (Benjamin 2005, p. 463).
Volviendo al planteo de Rivera Cusicanqui, las imágenes son un recurso interpretativo de lo social para acercarnos a la heterogeneidad de las historias, como el conflicto social que implica una trama entre pensamiento, acción y universo sensorial. La alegoría refiere a un hecho social:
[Un] entretejido de versiones y narrativas individuales que convergen en estilos culturales, en acciones políticas, en atmósferas discursivas y tipos gestuales. La interpretación de la realidad que propone la sociología de la imagen debe por ello estar atenta a las conexiones de lo inmediatamente vivido con lo que C. W. Milis llamaba ‘los grandes problemas de la época’ (Rivera Cusicanqui, 2015, p. 24).
Es decir, la articulación entre la experiencia vivida y un despliegue de las mismas, desde el abordaje socio histórico, como medio para captar lo que la autora propone como metáfora de la realidad y no una analogía de la misma, entretejiéndolas en una sola alegoría.
Memorias en las carnes y las piedras: habitadas y significadas por los jóvenes
Esperando que terminara el partido de fútbol para conversar con J., volví a repasar los murales que hay alrededor de la cancha, lugar principal de encuentro para las juventudes y las infancias del barrio. Era un sábado a la tarde y los jóvenes habían organizado un campeonato interbarrial, a través de la escuela de fútbol que se había gestado ese mismo año.

Figura 1: Mural El pasatiempo. Fuente: fotografía de Ignacio Conese, 2018.
La potencia de la imagen, revelaba algunos sentires, aunque otros significados se me escurrían.
‒E: ¿Qué es “El pasatiempo”?
‒J: Ahí en frente del campo, en la última cuadra hay un campo y bueno habían hecho un ranchito los chicos, los pibes así con yuyo, madera pero era un ranchito como para ir a fumar, ir a tomar. Y que si alguno se iba a juntar con la guacha, capaz si daba el lugar se quedaban ahí, ¿entendés? Pero mucho más que todo era para fumar, siempre fuimos un grupo que nos creamos nuestro espacio, lo hicimos nosotros.
‒E: ¿Y qué pasó con “El pasatiempo”?
‒J: Había un vecino de allá que el pasatiempo estaba de acá a una cuadra y lo voltearon porque decía que allá se juntaban a drogarse, porque era un puterío bárbaro, que eso, que aquello. Mal llevado, si de papa, como te decía nunca tocaron nada, pero como en estos años se hizo más… Y bueno ahí está el nombre del pasatiempo, ves que está el pasatiempo. Y ahí donde está el pasatiempo no se alcanza a ver mucho, pero estos son como pescados.
‒E: ¿Y acá los nombres de ustedes?
‒J: Claro. Los pescados tienen como una marca no sé si se alcanza a ver, pero ves que acá hay una marca, pero era como que los pescados eran… El canal, como que el agua representaba el canal y el pescado era la Policía como que estaba encerrado. Un significado tenía, estaba como la Policía.
‒E: La Policía deben ser como los grandes, ah, no, estos tienen la gorra como la Policía.
‒J: Claro, y para mí era como que lo tenían encerrado por el canal, creo que en el agua no me acuerdo, si te digo te miento, pero sé que tiene un significado con la Policía por el tema que lo tenía encerrado, que no los dejaba salir del barrio, lo tenían atado.
‒E: ¿Y eso sigue siendo así todavía?
‒J: Sí, más vale, siempre.
‒E: No pueden salir.
‒J: No sé si por la forma de vestir, de caminar, o por vivir acá, me entendés, y bueno, ese es el miedo que tengo yo, porque ellos también van a pasar por lo mismo. Porque ya estamos jugados, cuando decís que vos vivís en Cortaderos te dicen “uhh no, son unas ratas bárbaras”.
‒E: ¿Y después del asesinato de Güere fue peor, no?
‒J: Sí, más vale ¿con la Policía?
‒E: Sí.
‒J: Sí, porque ellos estaban con que nosotros, con lo que hicimos, porque salimos a la calle.
‒E: Ah ¿por las marchas?
‒J: Claro.
(Entrevista a J. 03/06/2018)
La fluidez del control policial se representa mediante los elementos de aire y agua. En la tierra, jóvenes inscritos en la creación de sus propios espacios, convertidos en ruinas. El puño y la vigilancia viene de afuera y de adentro, de parte de agentes estatales y vecinos engorrados (Colectivo Juguetes Perdidos, 2014). El tiempo no puede convertirse en un pasatiempo para la mirada adulta; los tiempos considerados improductivos desde la lógica mercantil, implican un desvío, un peligro, un lugar para el puterío. Para los jóvenes ese ranchito era un espacio de libertad en el encierro a cielo abierto, un lugar que generaron para el encuentro consolidando los acontecimientos como el amor, la amistad, lo íntimo, la fiesta.
Atravesar el canal es toda una osadía, hay que atravesar un callejón, sentido como desprotección, “vamos cortando clavos”, ya que significa varias cuadras de descampado para llegar a la calle principal del barrio Los Boulevares, para tomar los colectivos que los trasladen a otros puntos de la ciudad, como ir de paseo, llegar a la escuela o al trabajo (cuando se consigue fuera de los hornos de ladrillos que hay en el sector). Muchas veces son interceptados en ese camino, lo que implica el hostigamiento, el verdugueo y las detenciones policiales.
Federico y José me narraban prácticas de la violencia estatal tanto en el camino hacia la escuela, como en un paseo por el Parque Sarmiento. En una ocasión, cuando se dirigían a la escuela caminando, un móvil policial los detuvo y los agentes decían no creerles que iban a estudiar, les tiraron las carpetas al suelo y los amenazaron con que los iban “a cagar matando”. A los meses, Federico me cuenta que ya no iba más a la escuela, que ahora estaba trabajando limpiando camiones, y que se había comprado una moto. Esa tarde estaba alegre y fue a mostrarles a los amigos que estaban reunidos en la canchita su nuevo medio de movilidad. También me narraban que durante los fines de semana son ocasionales las salidas recreativas, muchas veces prefieren quedarse juntos en una casa dentro del barrio, o rancheando en una esquina. En una salida de domingo, en un parque de la ciudad, que es frecuentado por las juventudes de distintos barrios de Córdoba, también fueron hostigados por sus marcas: barrial, de clase, de género y generacional.
‒E: ¿No salís mucho?
‒F: No, si yo estoy acá en estas cuadras, del trabajo a la casa, y paso la noche durmiendo, y a la tarde también durmiendo porque cada vez que salgo te paran y te llevan, eso es lo que hace la policía y no son capaz de preguntar bien las cosas, y no te hablan bien, te vienen y te gritan, te pegan.
‒E: ¿Eso te pasó muchas veces?
‒F: Sí, ahí en el parque también, en el parque también me hicieron lo mismo, nos frenaron e íbamos con chicas, con una prima y dos amigas más, agarraron, frenaron y nos hicieron poner contra el móvil a nosotros dos y después nos trataron que éramos putos, que éramos de Los Cortaderos todo y yo no le daba bola, no les quería dar cabida para que nos lleven, y después me querían pegar, me apuntaban…Me decían que me iban a cagar matando.
‒E: ¿Y por qué están tan ensañados con Los Cortaderos los de la Policía?
‒F: No sé, porque dice que nosotros somos los que rompemos el vidrio al móvil.
(Entrevista a F. y J. 11 de noviembre de 2017).
La racialización y el clasismo como prácticas coloniales de y en la ciudad, se inscriben en hexis corporales que marcan qué cuerpos se pueden hacer presentes en determinados lugares, pedagogías de crueldad mediante el ejercicio del poder estatal (Segato, 2014), que expone a los jóvenes a la humillación frente a la mirada del resto de la población, estableciendo los límites entre lo deseable y lo posible, haciéndoles saber que atravesar determinados espacios sociales implica el sentirse jugadazos.
El aumento de los abusos policiales es comprendido por los jóvenes a partir de las demandas de justicia por el asesinato por parte de la Policía de Güere, en el año 2014[25]. Su muerte implicó años de movilización, haciendo marchas al principio en las cercanías del barrio,[26] luego en la Central de Policía y con la participación en marchas anti represivas que se organizan en la ciudad. Pero como catalizador de la bronca y la angustia social, los móviles cuando entraban al barrio eran apedreados, también como un sentido de protección.
Si nos detenemos nuevamente en el mural las piedras que bordean en la imagen están inscriptas con los nombres de las y los jóvenes que puede ser interpretada como zona de frontera/barrera, disputar poder a partir de lo que queda de las ruinas, agarrar las piedras y volverlas defensas, convertirse en piedra como mecanismo de soportabilidad e inscribir en ellas sus sentidos, sentires, identidades y pertenencias frente a los otros. A su vez, los peces, simbolizando a la policía como de otra especie frente a la humana; tienen diferentes tamaños, hay tiburones que se caracterizan por su capacidad depredatoria y son los únicos que no paran de moverse, aún en sus horas de descanso.
Los policías responsables del asesinato de Güere fueron condenados a cadena perpetua en diciembre del año 2016.[27] Estos mismos policías eran conocidos en el barrio por sus prácticas de violencia, cobrando peajes a quienes atravesaban las calles Los Polacos o Spilimbergo, rompiendo las motos en las que se trasladaban los jóvenes, hasta la denuncia de una madre, de la responsabilidad de esos mismos agentes en el asesinato de su hijo. Este joven era de Villa El Libertador y lo asesinaron en barrio Los Cortaderos en agosto del año 2013. Su muerte quedó silenciada y la acusación de su familia y vecinos tomó estado público a partir de las marchas exigiendo justicia por Güere, haciendo énfasis en que no era la primera vez que la policía mataba a un joven en el barrio.
Unos días después de la sentencia, fueron asesinados otros dos jóvenes del barrio: Raúl y José, en el mes de enero del año 2017. Estas muertes implicaron otros procesos de búsqueda de justicia, más anclados a las memorias colectivas que a la movilización en el espacio público. La memoria de José aparece en las narraciones de sus amigos y quedó en la historia oral del barrio. La memoria de Raúl está significada en la historia oral y en las piedras, al igual que la de Güere.
El asesinato de Güere desató la indignación colectiva no sólo de Los Cortaderos, sino que tuvo una amplia participación social llegando hasta pobladores de barrio Los Boulevares como de diferentes organizaciones sociales y políticas, reconocido como víctima inocente (Bermúdez, 2019). Las moralizaciones que se construyen en torno a las muertes violentas operan sobre las prácticas de las personas, pero también operan otras sensibilidades en relación a los procesos de justicia. En el caso de Raúl y José, sus asesinatos fueron en situaciones de robo, y por parte de sus amigos tampoco era una muerte merecida, el sentido de injusticia es sobre el accionar policial ya que dispararon a matar.
Sin embargo, en relación a la movilización por pedido de justicia, lo que me narraban fue que en estas muertes no se dio el mismo nivel colectivo de demanda, por el cansancio de atravesar todo el proceso anterior. También mencionan los miedos que surgieron a partir de las interacciones con la Policía por hacerse los pícaros, en tanto eso incomodó y cuestionó el accionar policial frente a la sociedad cordobesa. De este modo, una hipótesis que manejan los jóvenes es haber quedado marcados, como sujetos de denuncia y que ello podía retornar en mayores hostigamientos.
Ahora bien, las bioproxemias como los territorios y cuerpos que resignifican las prácticas de la biopolítica, refieren a una mirada en un nivel más micro de hacer memoria. En este sentido, tomaremos el aporte de Natalia Bermúdez (2019) quien analiza los altares y grutas como nuevas presencias de los muertos en el ciclo de la vida familiar y barrial, “lugares de enunciación donde las memorias pueden ser narradas para evitar la muerte social” (p. 18). En relación a las grutas como presencias en el espacio público, refiere a una territorialización de la muerte, donde el barrio habla, disputando sentidos sobre la muerte y el territorio desde sus memorias, versiones, emociones y experiencias locales (Bermúdez, 2019).
La gruta de Güere (Figura 2) fue construida en el centro del barrio, donde está ubicado el dispensario y la cancha de fútbol. A un costado está la gruta donde hay banquitos y un techo que cobija. La gruta de Raúl (Figura 3), está más al fondo del barrio, esto por decisión de la familia que quería que esté al frente de la casa de su mejor amigo y a una cuadra de la casa familiar. Ambas están pintadas con los colores de sus clubes, azul y blanca en el caso de Güere que era de Talleres, y azul y amarilla en la de Raúl, con los colores de Boca. Esos mismos colores están presentes en la pared del frente de su casa, donde la madre tiene un kiosco y un comedor con el nombre de su hijo.

Figura 2: Gruta del Güere. Fuente: Elaboración propia, fotografía tomada el 23 de julio de 2016.

Figura 3. Gruta de Raúl. Fuente: fotografía de los pibes y las pibas del Taller de Comunicación Los Cortaderos. Marzo de 2020.
La segunda imagen (Figura 2) fue tomada en un festival que organizaron los amigos y amigas[28] de Güere a dos años de su asesinato para recordarlo y en el marco de las acciones para exigir justicia. En la garita se encuentra su gruta, construida por su familia y amigos, donde le van colocando sus recuerdos, al costado está la imagen de su club y en la pared está escrito: “Güere, hijo querido por siempre estarás en nuestro corazón, tu familia, vecinos amigos, te amamos!!!” Ese día pusieron una imagen de él sentado en su moto, que recién estaba terminando de pagar con el trabajo que hacía en los hornos de ladrillos. A los costados hay dos murales que también lo recuerdan. Ese día al finalizar la jornada había quedado un aerosol en el piso y tres nenes lo agarraron y espontáneamente pintaron en una pared: “Justicia por Güere” (nota de campo, 11 de junio de 2018).
La tercera fotografía (Figura 3) refiere a la gruta de Raúl, la cual fue construida por sus hermanos y amigos, primero hicieron la garita, el piso, las paredes y el techo, y adentro le fueron colocando fotos y objetos que lo identificaban, como el Gauchito Gil y Boca. Además, inscripciones que hablan de una unión a través del cielo: “No importa lo lejos que estemos siempre habrá un cielo que nos unirá”, al costado dice: “Que cosas tiene la vida nos tocó verte partir cuando menos lo esperábamos… Cuando te veíamos sonreír… Ganador de mil batallas, un verdadero guerrero, excelente ser humano ante usted me quito el sombrero…Y hoy alzo mi voz aunque no tenga fuerza, hoy alzo mi voz aunque no tenga palabras, hoy alzo mi voz al viento dejando saber mis sentimientos…y aunque estés en mejor vida tu bella alma hoy descansa pero tu memoria nunca de nuestras vidas será borrada!! Que ganas de volver a verte” (la frase está escrita en mayúsculas, y la última oración resalta con un tamaño mayor).
El volver a verte se resignifica en ese espacio, que también se constituye como lugar de encuentro y de protección frente al clima y los otros. Su hermano, mientras me narraba cómo habían decidido el lugar, la construcción y cómo se fue llenando de contenido, me habla de sus sentires y sentidos:
‒E: ¿Y qué sentís vos cuando ves la grutita? ¿Qué significado tiene para vos?
‒L: No, no sé qué significado tiene, pero lo que pienso es que él está acá con nosotros, que está, capaz yo ahora estoy fumando y él está acá conmigo fumando, eso pienso yo y siempre vengo a las noches a tomarme algo, un vino tranqui a fumar. Y me vengo acá y me quedo, me puedo quedar 2 o 3 días no me molesta nadie, aparte es como un hogar y estoy acá al lado de él, me siento bien al lado de la grutita de él me siento bien. Siento como que nadie… Me puede ver la policía acá y se va porque me paro acá.
‒E: ¿Te sentís protegido?
‒L: Acá sí, por todos, aparte protegido por todos por la policía, los vecinos, por la gente que andan hablando cosas que no tienen que hablar. Como te contaba el otro día que gente grande con los chicos, los pendejos y los adultos, son cosas distintas así.
(Entrevista a L. 11 de junio de 2018).
A Raúl le expresan que saben que está en una mejor vida, eso calma, la vida en la tierra es sacrificada, dura, muerte en vida, vida como castigo: juvenicidio. A Raúl lo recuerdan por proteger al barrio, a sus amigos, a su familia. Esa protección retorna en el espacio que han significado a través de su ausencia que se hace presencia.
Reflexiones finales
A partir de este trabajo esperamos contribuir al análisis a partir de imágenes narradas en clave sociohistórica, tramando la relación entre los grandes problemas de la época y configuraciones subjetivas. Fotografías, narraciones y formas de conocimiento como un golpe de discontinuidad-ruptura-quiebre sobre lo permanente.
En este sentido, la alegoría del encierro simbolizada en la primera imagen nos revela tanto los problemas estructurales de falta de espacios físicos, simbólicos y sociales para las juventudes de clases subalternas, la mirada adulta sobre ellos, y la cacería por parte de la institución policial. A lo largo del texto observamos cómo las políticas urbanas han configurado como simples beneficiarios a quienes venían de procesos de lucha por construir su propio hábitat. Estos horizontes de acción son transferidos a las nuevas generaciones, que no encuentran las mismas condiciones de fuerzas sociales para que ello se concrete.
Sin embargo, en la vida barrial, una y otra vez, las juventudes crean y resignifican lugares y espacios que expresan acontecimientos de amistad, aún sobre la muerte en esa relación; ausencias que se vuelven presencias a través de grutas y recuerdos orales.
La relación vida-muerte, en sus distintas dimensiones: materiales, simbólicas y físicas es parte constitutiva de las sensibilidades juveniles, donde la bronca, el miedo y la impotencia se despliegan en los nervios colectivos e individuales; y resignifican la materialidad de sus experiencias en las historias barriales. Los murales y las grutas son expresividades que nos acercan a dichas creatividades, como lugares apropiados en marcos de constricción. En este trabajo hicimos referencia a las piedras y su relación con las corporalidades, pero también aparecen otras expresividades como la participación en la escuela de fútbol, en la Asamblea de Los Cortaderos, en organizaciones sociales que se encuentran en el barrio, en los vínculos de amistad, “en las buenas y en las malas”, que refieren a un sentido de protección comunitaria.
En síntesis, ante una vida en el territorio donde el encierro es el contenido frente a la circulación como botín de guerra de una ciudad planificada para determinadas corporalidades, las capacidades creativas de los jóvenes de clases subalternas expresan y crean, en dicho estado de despojo, sus propios espacios para habitar y construir los lazos de amistad, resignificando la relación vida-muerte.
Ahora bien, durante el aislamiento impuesto por decreto en el marco de la pandemia de COVID-19, Ana Oliva y Antonella Álvarez, en el texto que es parte de este libro, dan cuenta de la retórica de cuidado que se construyó en torno a las prácticas policiales en los relatos del poder político y mediático. Sin embargo, en clave sociohistórica, el funcionamiento de la institución policial nos revela la represión estatal como constitutiva en las trayectorias de las vidas juveniles.
Bibliografía
Ardiles, M. B. y Niclis, A. (2017) El gatillo fácil como práctica sistemática de la violencia estatal. Experiencia en barrio Los Cortaderos. Decir lo Indecible, Jornadas Nacionales de Derechos Humanos, Colegio de Psicólogos, Córdoba. https://bit.ly/3pDRWbq
Bejamin, W. (2005) Teoría del Conocimiento, Teoría del Progreso. Libro de Los Pasajes. Ediciones Akal
Benecchi, C. (2021, 9 de marzo) Vecinos de Los Cortaderos reclaman por líneas de colectivo. “Siempre Juntos”. Cadena 3 Argentina. https://bit.ly/3zc1wWc
Bermúdez, N. (2019) Grutas y altares moralizados. O de cómo territorializar las muertes violentas en sectores populares (Córdoba, Argentina). Corpus Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana (en línea) 9(2).
Boito, M. E. (2013) La noción de entorno clasista como encuadre de la experiencia en contextos de sociosegregación. Nievas Flabián (Comp.), Mosaico de sentidos. Vida cotidiana, conflictos y estructura social. Editora Sociológica CIES: Buenos Aires.
Boito, M. E. y Michelazzo, C. (2014) Córdoba en pedazos. Habitar/circular en contextos sociosegregados. Revista Estudios Sociales Contemporáneos. (10), 45-58. https://bit.ly/3HoyMvU
Boito, M. E.; Cervio, A. L. y Espoz Dalmasso, M. B. (2009) La gestión habitacional de la pobreza en Córdoba: el antes y después de las “Ciudades barrio. Boletín Onteaiken (7), 50-58. https://bit.ly/32KsWpZ
Boito, M. E.; Giannone, G. y Michelazzo, C. (2014) “Conflictos y sensibilidades sociales en contextos de sociosegregación (Córdoba, 2011)”. Avatares de la comunicación y la cultura (7), 1-17.
Colectivo juguetes perdidos: Bartolotta, L., Sarrais Alier, G. y Gago, I. (2014) Quién lleva la gorra: violencia, nuevos barrios y pibes silvestres. Tinta Limón, Buenos Aires.
Medina, Leticia (2020) Democratización del espacio urbano: la movilización por el hábitat en Córdoba, 1987-2004. Editorial Teseo, Buenos Aires.
Natta P.; Seveso, E.; Peano, A.; Torres, P.; Magrin, E. y Giannone, G. (2017) Círculos de encierro y muros de detención: una indagación de las políticas de seguridad a partir de los procesos de segregación sociourbana. Fabiana Martínez (et al.) Anuario de Investigación 2015-2016. Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Ciencias de la Comunicación. Secretaria de Ciencia y Tecnología.
Peano, A. (2020) Organizaciones sociales: disputas y producción de sentidos en contextos de violencia policial en la ciudad de Córdoba, Argentina. Revista Encuentros Latinoamericanos, segunda época. 4(1) https://bit.ly/3ezfY0H
Rivera Cusicanqui, S. (2015) Sociología de la Imagen: Miradas ch´ixi desde la historia andina. Editorial Tinta limón, Buenos Aires.
Rodríguez, M.; Buthet, C.; Scavuzzo, J. y Taborda, A. (2004) Indicadores de Resultados e Impactos: Metodología de aplicación en proyectos participativos de Hábitat Popular. Coalición Internacional del Habitat: Aktion Gegen Hunger und Krankheit in der Welt. Córdoba, Argentina
Segato, R. (2014) Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres. Revista Sociedade e Estado, 29(2), Brasilia.
Sennett, R. (1997) Carne y Piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Alianza Editorial, España.
Valenzuela Arce, J. M. (2019) Trazos de sangre y fuego. Bionecropolítica y juvenicidio en América Latina. Editorial CALAS, Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad de Guadalajara.
Williams, R. (2000) Palabras Claves. Nueva Visión, Buenos Aires.
Figuras
Taller de Comunicación Los Cortaderos (2020) Gruta de Raúl [Fotografía] Recuperada del archivo colectivo.
Conese, I. (2018) Mural El pasatiempo [Fotografía] Recuperada de su archivo personal.
- Centro de Investigaciones en Periodismo y Comunicación “Héctor Toto Schmucler”. Facultad de Ciencias de la Comunicación. Universidad Nacional de Córdoba. Córdoba, Argentina.↵
- Dicho espacio es indagado en el marco de mi investigación “Experiencias juveniles en relación a la aplicación de políticas de seguridad en las ciudades de Córdoba y Villa María”, financiada por beca de Conicet y UNVM, dirigida por Jorge Ahumada, cuyos resultados se plasmarán en la tesis doctoral homónima, dirigida por la Dra. María Eugenia Boito, actualmente en etapa de finalización de escritura. ↵
- Servicio Habitacional y de Acción Social.↵
- Servicio de Promoción Humana.↵
- Centro de Comunicación Popular y Asesoramiento Legal.↵
- Luego surge la institución La Minga, como un desprendimiento de la Mutual Carlos Mugica.↵
- Titulada “Círculos de encierro y muros de detención en la ciudad de Córdoba: una indagación sobre las políticas de seguridad a partir de los procesos de segregación sociourbana (2014-2015)”, dirigida por el Lic. Pablo Natta, financiada por Secyt, UNC.↵
- Implicaron la detención y exposición de jóvenes en el espacio público, ya que se los vallaba y se los dejaba esposados en la vía pública. En un mes se realizaron 433 detenciones, donde el 82% corresponden a contravenciones y el resto a supuestos delitos (La Voz del Interior, 6/05/2014). Las detenciones se realizaban principalmente a jóvenes que circulaban en motocicletas, en un contexto de ilegitimidad de la institución, el jefe de policía afirmó: “todo lo que hacemos es para limpiar la imagen de la Policía, tenemos que recuperar la confianza de la gente” (Publicado por Prensared el 24/04/2014).↵
- De las entrevistas realizadas, se registra que en la época había alrededor de setenta hornos de ladrillos, actualmente solo existen quince de ellos. ↵
- Si bien existe una Ley Provincial (N°5288) desde la década del ´70 y la Ley de Ocupación de Tierras Fiscales Nacionales desde los ´90, nunca fueron garantías de resguardo del lugar de hábitat, frente a la amenaza de desalojos. ↵
- Como antecedente de la Comisión Vecinal, se recuerdan comisiones de vecinas y vecinos vinculadas principalmente a la atención de la salud de las infancias, que se relacionaban con el grupo religioso de claretianos, la organización Serviproh y el dispensario periférico de la zona. ↵
- El trabajo de campo en barrio Cortaderos, tuvo diferentes instancias, comenzamos a mediados del año 2016 participando en diferentes actividades barriales y manteniendo charlas informales con las y los pobladores, como observación participante. Luego durante los años 2017 y 2018, ya diseñado el guion de entrevista, conversamos en diferentes momentos con seis jóvenes varones, con dos madres de hijos asesinados por la policía y con dos referentes barriales. ↵
- Dirección de Provisión de Agua y Saneamiento, servicio estatal que se privatiza en el año 1997. ↵
- Se obtuvo financiamiento por parte del gobierno provincial, para la construcción de cincuenta y dos viviendas en diferentes tramos, pago de mano de obra, ampliación de setenta viviendas y energía eléctrica con medidor en cada vivienda (Rodríguez et al. 2004).↵
- Los pobladores de barrios populares tienen una larga trayectoria de movilización, como la organización en 1973 de la Coordinadora de Villas por las inundaciones ocurridas en diciembre de 1972. Durante la década del ´80, un hito fue la Marcha Villera en 1983, organizada frente a los procesos de desalojos, que posteriormente se constituyó en Comisión Intervilla presentando proyectos en la Cámara de Diputados para la expropiación de tierras para viviendas populares entre 1984 y 1985. En este último año se organiza el Primer Encuentro Intervillero con el respaldo de organizaciones sociales, sindicatos, grupos religiosos e instituciones universitarias. En una agenda internacional, marcada por el problema del hábitat, institucionalizada en la ONU por el Año de los Sin Techo y en un marco local de elecciones legislativas y ejecutivas, la Comisión Intervilla propuso a los diferentes candidatos partidarios las propuestas elaboradas en asambleas, sobre demandas puntuales de acceso a bienes y servicios urbanos que configuró la lucha de todo un período. Al mismo tiempo, se discutía entre los actores barriales una ordenanza municipal de 1985, que limitaba la autonomía de los centros vecinales, exigiendo la participación popular (Medina, 2020).↵
- Se ejecutaron alrededor de 270 proyectos referidos al hábitat, con presupuesto provincial y asistencia técnica de las ONGs, financiados vía cooperación internacional. Entre 1992 y 1997, la inversión fue de 17 millones que beneficiaron a 70 barrios (Boito, Cervio y Espoz, 2009).↵
- Asume el gobierno provincial Ramón Mestre del mismo partido (UCR) que el anterior gobierno radical de Eduardo Angeloz, con tres mandatos entre 1983 y 1995.↵
- La modalidad de trabajo consistía en que los proyectos eran ejecutados por las organizaciones mediante la autoconstrucción y ayuda mutua, con apoyo socio técnico y socio organizativo por parte de las ONG y evaluado por la MCPS (Boito, Cervio y Espoz, 2009).↵
- Aquí se puede consultar los grupos económicos que integran dicha cámara en la actualidad: https://www.ceduc.com.ar/.↵
- En el marco de la MCPS, en esta segunda etapa obtuvieron financiamiento para la compra de una hectárea de tierra y subsidio para la construcción de veintidós viviendas (Rodríguez et al. 2004).↵
- Asamblea Popular Los Boulevares es una organización política, social y barrial nacida en febrero de 2002.↵
- Hacia la zona norte, sobre la calle Los Polacos.↵
- Calle principal que conecta con el barrio Los Boulevares.↵
- Los datos son alarmantes para la región de América Latina y el Caribe, que registra la tasa más alta de homicidios afectando principalmente a jóvenes y adolescentes entre 15 y 29 años (Valenzuela Arce, 2019).↵
- Era una noche de julio, cuando Güere estaba con su primo en la casa de su abuelo comiendo un asado. Cerca de las 2:00 am van al kiosco en moto a comprar unas gaseosas y un vino, en ese momento cruzan con una chata policial que estaba patrullando en el barrio y los policías los siguen, sin dar voz de alto y sin encender las luces del móvil, les disparan por detrás. Su primo quedó gravemente herido en la pierna y cae de la moto, mientras Güere sigue manejando y los policías siguen disparando, las balas repercuten en su pecho y muere cuando llega a la casa de su abuelo. ↵
- Cortando el boulevard Los Alemanes donde se encuentra La Voz del Interior, medio de comunicación masivo. ↵
- Los delitos por los que fueron juzgados fueron por lesiones leves calificadas agravadas por el art. 41 bis y homicidio calificado agravado por el art. 41 bis. Expediente N° 1938181. ↵
- En conjunto con el Colectivo de Jóvenes de la Minga, y otras organizaciones que se sumaron a la jornada como la organización social La Poderosa y la Campaña contra la Violencia Institucional. ↵







