Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Epílogo

María Eugenia Boito, Katrina Salguero Myers,
Carolina Paula Ricci y Cecilia Michelazzo

Hace unos años, Slavoj Žižek decía en un provocador video: “No actúen, ¡piensen!”

Frente a los imperativos que nos dicen, por izquierda y por derecha, que lo único válido es “hacer, hacer, hacer” ‒profesado, además, como lo opuesto a pensar‒; el esloveno nos hace eco. Done. Vote. Mire. Comparta. Publique. Siga. Compre. Opine.

Pensar desde imágenes, en tiempos de hiperestetización de la vida cotidiana, es una tarea nada fácil, porque es el mismo aire que respiramos. Y por esa misma dificultad, es tan importante.

¿Dónde? Aunque los discursos hegemónicos sostengan que la realidad virtual es post geográfica, post espacial, todo lo que somos se realiza a partir de un lugar. Sus procesadores también necesitan un lugar.

En este libro, hemos intentado pensar la ciudad de Córdoba: nuestro contexto socioespacial de vida, nuestro objeto de indagación y nuestra puerta de ingreso para analizar la forma que adquiere nuestra vida social hoy. Entonces, es una apuesta que nos involucra, nos incluye, nos sitúa. Sí importa dónde estamos. Partir desde un pensamiento situado ha sido una apuesta, porque buscamos la transformación de nuestros lugares. Ponemos en juego un actuar/pensar colectivo como forma de desafiar las separaciones mencionadas.

¿Cuándo? Pensar es una acción que necesita tiempo.

El momento de escritura pandémico, de encierro y aislamiento, fue un contexto histórico muy específico que, sin embargo, se devela cada vez más en sus continuidades con los largos años de consolidación y renovación capitalista: destrucción de la riqueza natural, mercantilización de nuevas y variadas formas de vida y fragmentos de vida, mediación técnica de los vínculos sociales, obturación del conflicto social, combinación de modalidades de control y disciplina. Interpeladas por Benjamin, nuestras reflexiones parten de pensar el presente como el tiempo siempre posible de la transformación. Es decir, abrir el presente para abrir el futuro e ir contra tantas narrativas de lo inevitable, de lo catastrófico, del miedo, que se formaron y performaron desde el poder hacia nuestros cuerpos y sus posibilidades.

Entonces pensar en ‒dentro de y durante‒ la pandemia de COVID-19 en Córdoba, Argentina ha sido no sólo mirar con estupor un presente interrumpido, sino correr el velo del señuelo y animarnos a atisbar aquello que no era nuevo, aunque no se había presentado de forma tan transparente como algo horroroso e insoportable.

Contra todas las intuiciones, pensar no es una acción individual ni interior: no sólo porque pensamos desde las estructuras heredadas, como el lenguaje. Sino porque implica una apertura al mundo, una predisposición a abrazar un escollo, a materializar un problema. Implica reconocer que no lo tengo en mí, que está afuera y que en mí yace la falta, el vacío. Pensar reconoce la propia limitación, la insuficiencia y la necesidad de cooperación. En esta oportunidad, intentamos pensar colectivamente desde el aislamiento y producir este libro desde el encuentro.

Pensar precisa detenimiento. Pero ¿dónde detenernos? ¿Dónde ubicar el cuerpo humano con otros, cuando las calles se vacían por miedo, cuando las plazas se cercan por seguridad, cuando los lugares de trabajo y de estudio se transforman en peligrosos? ¿Dónde se asienta mi espalda durante el meet?

La pregunta por los lugares y los tiempos para pensar, nos quema. En octubre 2021, Mark Zukerberg presenta Metaverso y nos estremece reconocer que ya estamos ahí. “El futuro llegó hace rato”.

Y mientras se flexibilizan muchas medidas que fueron compulsivas, obligatorias, reguladas por el Estado y penalizadas; descubrimos a la vez que se hicieron cuerpo, que ya no hace falta que nos obliguen o nos prohíban, porque las instituciones no quieren volver, porque muchas personas no sienten el aislamiento como algo insoportable, porque elegimos reunirnos por plataformas y la vida bimodal nos sienta a gusto. Por supuesto que hay quienes extrañamos el tiempo anterior, de los mates compartidos con desconocidos y los abrazos generosos. Pero eso no es contradictorio. Ahora somos nostálgicas.

¿Puede que en algunos años veamos el estudio de una ciudad como algo obsoleto o irrelevante?

¿Dónde y cómo vamos a ser seres sociales en el futuro próximo?

¿Quién regulará los encuentros, cómo, y a qué ya no nos obligarán pues lo haremos por servidumbre voluntaria y nos controlaremos y penalizaremos entre iguales? Vote, compre, haga, opine, coma. Sentimos fiesta de poder hacerlo. Tenemos el privilegio de poder hacerlo. El problema, siempre, es no-poder-hacer.

Si miramos por la ventana, tal vez veremos el monte nativo quemándose, o una persona vendiendo medias en la calle, o un rostro similar al nuestro envuelto en una secreta desazón, tan parecida a la nuestra. Pero siempre vamos a tener la libertad de cambiar el canal, o de cerrar la ventana, que es lo mismo. Cómodas, en nuestras casas, libres de todo peligro.

A partir de este libro, analizando las imágenes de nuestra ciudad, intentamos tramar una nueva imagen que devele la miseria del sistema pero que también permita entrever un destello de peligro que haga posible la transformación, una imagen que quite a nuestro lugar y nuestro tiempo de su espera. Imágenes que, en tensión con la estetización y la fetichización, corren las fronteras de nuestra emoción y de nuestro pensamiento para devenir en acciones posibles.

A veinte años del estallido social y crisis política del 2001 revisamos algunos relatos de amigos, compañeras, colegas. Y revisamos las imágenes de esos tiempos. Unas y otras se presentan mezcladas en los recuerdos: ver a las Madres de Plaza de Mayo ser reprimidas levantó a muchos y muchas del sillón, y nos puso en movimiento. Hoy, en los tiempos de no se fue nadie, seguimos preguntándonos cuáles son las imágenes, las palabras y las emociones que nos hacen hervir la sangre, que pueden sacarnos de nuestro cómodo, quieto y controlado sillón, para querer destruir el mundo que conocemos, a pedradas, y no sólo emparcharlo y seguir haciendo.



Deja un comentario