1.1. Estado del arte
El término clase media es conocido y aceptado en la sociedad y, sin embargo, al momento de definirlo surgen problemas debido a la falta de acuerdo acerca de los límites que la separarían de otras y, anterior a esto, tampoco hay acuerdo acerca de los criterios fundamentales en los que se basan los estudios para pensar dicha clase. Esta falta de definición es un problema que se presenta y es reconocido por los académicos dedicados al tema. Así, Adamovsky (2014) sostiene que es una categoría que circula sin mucho rigor entre los investigadores y que los trabajos dedicados a ella inician planteando la dificultad que existe para definirla con parámetros objetivos. Por esto, considera que es una categoría residual, la cual, tal como es aceptada de manera general, no queda conformada por la homogeneidad de las personas que agrupa, sino por su falta de pertenencia a otras clases. Es decir, el término clase media serviría para agrupar a todos aquellos que no forman parte de la clase obrera y tampoco de la capitalista, las que son clases cuyos intereses son antagónicos.
Por otro lado, además de esta aclaración necesaria, Adamovsky (2019) lleva adelante un estudio en el que rastrea el origen del uso y apropiación por parte de la población argentina del término. En Argentina el término clase media comienza a conformarse como identidad cuando parte de la población empieza a autopercibirse como tal, lo cual se exacerbaría como reacción a la identificación de los trabajadores con el peronismo. Así, la identidad de clase media en Argentina queda estrechamente vinculada al contexto político que la enmarca y es en oposición a la clase trabajadora y los sectores más postergados que comienza a erigirse desde mediados de los ‘40 la idea e identidad de clase media en Argentina. Siguiendo al autor, lo que generaba oposición al peronismo por parte de las personas que elegían identificarse con la clase media era que las jerarquías sociales habían sido cuestionadas. Esto no solo tiene que ver con lo económico, sino que esta irritación sería parte de aquellos que tenían alguna ventaja sobre otros por tener niveles medios y altos de educación formal, conocimientos y habilidades vinculados a la cultura hegemónica, tez blanca que remitía a la inmigración europea y a lo no-criollo o por haber encontrado una posición cómoda en la sociedad sin pasar necesidades, lo que, además, ayudaba a afianzar la idea del progreso en base al esfuerzo individual. Así, esta identidad sería alimentada por las ganas de parte de la población de distinguirse de otra.
También se destaca la observación sobre el papel que tuvo la academia como legitimadora de estas ideas. Acerca de esto, a partir de la década del ’50 se llevan a cabo investigaciones desde la Sociología y la Historia, encabezadas por Gino Germani y José Luis Romero, respectivamente (Adamovsky, 2019), que son útiles para adjudicar a la clase media una misión modernizadora. En relación a esto, en el contexto en que tienen lugar estos trabajos académicos, y sobre todo en la década del ’60, estaban en boga los planteos teóricos del desarrollo y de la modernización a partir de los que se sostenía que el camino al desarrollo de los países de América Latina se daría en base a una rápida industrialización y se sostenía que el camino debía ser la modernización de las instituciones. Para estas miradas, el papel de la clase media sería fundamental porque era la que dinamizaría estos procesos y sostendría los valores democráticos y liberales.
En esta línea, estudios centrados en las clases medias de América Latina dan cuenta de cómo a partir de la década del ’50, en el marco de la Guerra Fría, hubo un interés creciente en estos sectores por parte de EE.UU., desde donde se buscaba que las clases medias se fortalecieran en los países latinoamericanos con el fin de evitar estallidos sociales, moderar y generar estabilidad política en estos países (Cosse, 2022; 2014). Así, la clase media fue asociada a una forma democrática de gobierno, cuyo rol modernizador en lo político favorecería la implementación de programas económicos desarrollistas.
A partir de lo mencionado, quedó asociada la identidad de clase media con estas características: estar en el medio de otras dos clases, ser considerada la clase que lleva la misión modernizadora, que posee educación y conocimientos vinculados a la cultura hegemónica. A éstas se pueden sumar aquellas relacionadas con su capacidad de consumo y, como consecuencia, con la aspiración a determinado estilo de vida vinculado al acceso a ciertos bienes, entre otras características, de las que se puede mencionar el desarrollo de conductas imitativas de patrones culturales de clases superiores (Svampa, 2001).
Sin embargo, es difícil sostener que estas características se mantengan inmutables a lo largo del tiempo, por lo que la identidad de clase media en su momento de conformación difiere de la que se puede encontrar a partir de la instauración y profundización del modelo neoliberal de acumulación basado en la financiarización de la economía en un contexto de creciente globalización. De hecho, las situaciones mismas de las personas pertenecientes a estos sectores sufrieron cambios que fueron captados por investigaciones que, utilizando una estrategia cualitativa, pudieron acceder en profundidad a la experiencia de empobrecimiento de personas de clase media argentina. Entre ellas, una de los primeras es la de Minujín y Kessler (1995), la que presenta el mérito de conceptualizar a la población de su estudio definiendo a los nuevos pobres, lo que alude a todas aquellas familias que tuvieron durante los ’80 y principios de los ’90 una trayectoria de movilidad social descendente llegando a cruzar –por debajo– la línea de pobreza. También toman en cuenta a aquellas de clase media que tuvieron la misma dirección en la movilidad social, pero que no atravesaron esa línea. A esta población los autores se acercan mediante una etnografía en la que muestran cómo este proceso es vivido, reflexionado por los actores y cómo perciben los cambios, se erosionan sus identidades, visualizan el futuro, entre otros.
En la misma línea, Kessler (2000) profundiza en el estudio de aquellas identidades erosionadas a partir de la construcción de una tipología para comprender cómo los nuevos pobres se adaptan, para lo cual redefinen la situación y llevan adelante prácticas estratégicas individuales con el fin de mantener el control sobre la nueva situación personal y familiar. En el mismo sentido, Lvovich (2000) a través de historias de vida enmarcadas en la historia social de Argentina, presenta trayectorias de descenso social de personas de clase media y da cuenta de que la inadecuación del antiguo sistema de creencias no llevó a la creación de nuevas, sino a un total desconcierto frente a las condiciones profundamente diferentes, producto del nuevo modelo de acumulación.
Si bien estos trabajos se centran en el empobrecimiento de la clase media, Svampa (2005) demuestra que puede hallarse una fractura intraclase en la que no solo interviene el empobrecimiento de ciertos sectores, sino que también se la puede observar en los nuevos estilos de residencia y modelos de socialización, lo que hace referencia a la autosegregación espacial de personas de clase media en countries y barrios privados. Esto sería parte de una estrategia de diferenciación no solo respecto a los más pobres, sino incluso a la clase media empobrecida. Por eso, la autora señala que esto marca una forma de habitar diferente a la que respondía al modelo de integración anterior, diluyendo los vínculos y experiencias que entrelazaban a la clase media. En relación al tema, la autora (Svampa, 2001) ya se había dedicado al estudio particularmente de aquellas personas de clase media que ganaron, a través de un análisis a nivel micro social en el que lleva adelante una investigación sobre los estilos de vida de estos sectores y formas de sociabilidad que adoptan en la homogeneidad social dentro de las fronteras espaciales de los countries y barrios privados.
Por otro lado, desde una perspectiva sociológica enfocada en el consumo, se debe mencionar que diferentes investigaciones han analizado la relación entre la construcción de identidad en la clase media y diversos consumos culturales en Argentina. En particular, Wortman (2003) investiga el tema contextualizado en esta época, en la que se halla la emergencia de nuevos consumos en un marco de creciente globalización. La autora sostiene que los ’90 significan en el plano cultural un punto de inflexión, siendo transformados los espacios de consumos culturales. Desde este enfoque, la autora brinda la posibilidad de recorrer el escenario de los consumos culturales atravesados por cambios y novedades de aquellos días. Asimismo, cabe destacar que estos cambios se observan a la luz de las profundas transformaciones de dicha década –privatizaciones, Reforma del Estado, flexibilización laboral, incorporación de nueva tecnología en los procesos de trabajo y en la vida cotidiana, entre otras–.
Del mismo modo que la construcción de la identidad de clase media de mediados del siglo pasado puede mostrar diferencias con la identidad de los ’90, también puede presentar diferencias con la del nuevo siglo, el que inicia con una crisis en el país económica, política y social que trajo significativos cambios a nivel general. Entre los cambios que atravesaron estos sectores en particular, se pueden mencionar el empobrecimiento, la pérdida de trabajo, la situación de vulnerabilidad, la interrupción de la idea de movilidad social ascendente a través de la educación, la reducción o pérdida de los ahorros, entre otros. Sobre esto, y utilizando nuevamente el concepto de nuevos pobres para referirse a personas de clase media que comenzaron a tener ingresos por debajo de la línea de pobreza, Minujín y Anguita (2004) plantean que dichas posiciones medias dentro de la estructura social no tendrían a futuro la misma claridad que hasta ese momento habían tenido en lo que respecta a identidades. Así, puede pensarse que mientras en un inicio habría existido cierta vinculación entre ubicación estructural e identidad social, a partir de la crisis del 2001 se produjo un trastocamiento que habilita a preguntarse nuevamente por la identificación de estas posiciones.
Acerca de esta crisis, Visacovsky (2012) entiende que dio lugar a un escenario de transformación de las condiciones, estilo de vida, experiencia e identidad de personas de clase media. También destaca el protagonismo que les fue atribuido en las protestas de la época, los cacerolazos, que fueron presentados por la prensa y estudios como reacciones espontáneas de clase media. Éstos comenzaron como una acción para reclamar sus depósitos bancarios, pero pronto tuvieron como eje la oposición al gobierno nacional y, luego, a la totalidad del sistema político. Esta actitud planteó la duda acerca de lo que estaba ocurriendo con la clase media, si estaba atravesando un cambio tal como para poner fin al individualismo en favor de una posible alianza con los trabajadores, excluidos y desocupados o si simplemente era una reacción pasajera. Tomando esto como punto de partida, el autor sostiene que las experiencias y percepciones de empobrecimiento de estas personas fueron acompañadas por prácticas de diferenciación respecto de quienes, creían, debían estar separados: de los más pobres, a pesar de su propio empobrecimiento. Esto se corresponde con la idea de que algunos mantuvieron su identidad. Sin embargo, al mismo tiempo se encuentra que otros pusieron en suspenso su identidad social (Kessler y Di Virgilio, 2008).
Asimismo, cabe destacar que los años 2001 y 2002 representan hitos de conflictividad social en Argentina. Las jornadas que comenzaron el 19 de diciembre de 2001 con los cacerolazos y con la concentración espontánea de personas en distintas partes del país luego de que el ex presidente F. de la Rúa declarara el estado de sitio, continuaron durante el día siguiente. Consecuencia inmediata de ello fue la renuncia del presidente y 39 manifestantes asesinados por las fuerzas de seguridad del Estado y 500 heridos en todo el país. Semejantes hechos en los que se observaba participación de sectores diversos y se resaltaba la presencia de la clase media en las calles, tuvieron un fuerte impacto en los estudios sobre el tema, ya que permitían retornar a la indagación acerca de la acción política de la clase media.
Acerca de esto, en Ozarow (2019) se presenta una investigación profunda sobre la época y permite, al leerla, situarse nuevamente en ella para comprender cabalmente su análisis acerca de la acción colectiva de sectores de clase media en 2001 y 2002. Sobre el tema, Falletti (2012) investiga las asambleas barriales del año 2002 que, tal como indica, estuvieron conformadas en su mayoría por asambleístas de sectores medios de Buenos Aires. La autora sostiene que las asambleas son continuidad de los cacerolazos y estallido social del 19 y 20 de diciembre. En este sentido, de las protestas de fines de 2001 considera que no fueron solo reacciones frente a la crisis, sino que en ellas se encontraban elementos de carácter solidario, recíproco e identitario, que dieron lugar a las asambleas barriales como una forma de acción colectiva más estable, lo cual dio una sensación de continuidad respecto a aquellas jornadas. Asimismo, siguiendo la investigación mencionada, en esos momentos, se genera una identificación entre sectores medios y populares, en tanto ambos se sentían dañados de igual forma, más allá de los intereses inmediatos de cada uno.
En base a lo desarrollado, y en un contexto de falta de legitimidad de las instituciones políticas argentinas, los asambleístas se ubican como protagonistas políticos al tomar el compromiso de pensar un proyecto de país alternativo. Frente al crecimiento de la acción colectiva de personas de clase media, cabe interrogarse acerca de la disolución de los lazos solidarios que se habían hallado en aquel momento entre éstos y los sectores populares y/o los movimientos piqueteros. Acerca de este punto, la autora sostiene que, una vez que tuvo lugar cierta recomposición de las instituciones políticas, financieras y del mercado del trabajo, se profundizaron nuevamente las diferencias entre ambos sectores. Esto conllevó a que la constitución de un nosotros inclusivo se debilite y reproduzca las distinciones sostenidas previamente.
Por su parte, Gómez (2011) desarrolla una investigación sobre las acciones colectivas de la época, centrada en las asambleas barriales y los grupos de ahorristas. Este trabajo genera importantes aportes porque indaga en los grupos de ahorristas, los cuales no habían sido tan estudiados como las asambleas barriales. Este trabajo es un estudio profundo sobre los movimientos de asamblearios y de ahorristas, y permite conocer la composición de clase dentro de estos grupos movilizados. Asimismo, el autor encuentra diferencias entre ambos. Mientras en los del primero la crisis produce un desajuste personal y se encuentran ante la necesidad de cambiar conductas, creencias, actitudes y comportamientos políticos; en los del segundo no se halla la necesidad de estos cambios y lo que se busca es la vuelta a las normas, sin la perturbación de la crisis. Así, frente a la crisis emergen dos posturas diferentes propias de cada uno de estos movimientos: el volver a la normalidad o salir del individualismo, esto último en línea con lo mencionado anteriormente acerca de que los asambleístas toman el compromiso de pensar un proyecto alternativo. Asimismo, este trabajo aporta al estudio de la formación de los intereses materiales. También presenta descripciones detalladas que permiten conocer lugares, horarios y recursos de estas acciones; el repertorio de acción colectiva de estos sectores medios –como los escraches, en los que se identifica claramente a los responsables/verdaderos culpables de los agravios, sin perjudicar a terceros– y las diferencias con el de las populares.
El tema se puede indagar también a través del ya mencionado trabajo de Osarow (2019). El autor investiga el período que comienza en el 2001 hasta el año 2015, dando cuenta a grandes rasgos del posicionamiento político de personas de clase media. La extensión del período en estudio permite observar el dinamismo de los cambios relativos a dicho posicionamiento. En este sentido, la acción colectiva de fines de 2001 y principios de 2002 de personas de clase media, disminuyó en 2003, siendo esto objeto de críticas por abandonar sus ideas radicalizadas y emerger de estos sectores ideas más conservadoras orientadas a la búsqueda de mayor seguridad, por ejemplo. El autor plantea que, si bien una parte de la clase media que había sido movilizada a fines de 2001, mantiene una actitud progresiva y, al mismo tiempo, decide apoyar al gobierno de N. Kirchner; otra parte de la clase media comienza tener una actitud reaccionaria, debilitando la solidaridad con otros sectores y siendo proclives a propuestas políticas conservadoras.
Esta disminución de la acción colectiva es reconocida como una etapa de desmovilización de la clase media, a la que sigue una de desmovilización con algunos conflictos emergentes en los que se halla una oposición al kirchnerismo por corrupción, sentimiento de resignación y apatía, entre otros. Este resultado se obtiene de entrevistas a personas de clase media, lo cual le permite al autor indagar también, de manera retrospectiva, en el significado del slogan Que se vayan todos y en la experiencia en la participación en acciones colectivas durante la crisis del 2001, junto al impacto que tuvo tanto en sus trayectorias políticas como en su posterior participación en acciones colectivas.
Por otro lado, en cuanto a los estudios que abordan la clase o sectores medios en Argentina, es importante señalar aquellos dedicados a la estructura de clases. A este respecto, en un inicio, el modo establecido desde el ámbito académico para medir las clases fue a través de estudios estadísticos a partir de las categorías ocupacionales, lo que resulta ser una base para estudiar estos temas porque permite conocer la distribución de las ocupaciones en la población. Este tipo de estudios inicia con el de Germani en el que se forma a la clase media estableciéndose la división entre ésta y la clase trabajadora, cuyo impacto sobre la construcción del término clase media ya fue mencionado anteriormente. Estudios posteriores y más cercanos en el tiempo resultan relevantes para conocer los cambios ocurridos en la estructura de clases argentina, para lo cual también se toman como indicador las ocupaciones de la población. A partir de esos datos se conforman las clases sociales y pueden ser comparadas en distintos momentos históricos. Este tipo de trabajo puede hallarse en Torrado (1992) en donde, respecto a la clase media, se la presenta separada entre los segmentos clase media autónoma y asalariada. También Sautu (2011), muestra cómo son construidas las clases sociales a partir de los grupos ocupacionales y particularmente se centra en las posiciones medias en un estudio que combina este tipo de dato estadístico con una metodología cualitativa para indagar acerca de las ideas, valores y creencias de personas de clase media (Sautu, 2001). A partir de una perspectiva estructuralista también, se encuentra el trabajo de Dalle (2016), en el que se analizan pautas de movilidad social en el AMBA en el período 1960-2005. En este trabajo, mediante un análisis cuantitativo, se pueden identificar trayectorias de inmovilidad o de movilidad social desde clases populares hacia la clase media. Asimismo, en base a estas trayectorias y mediante una metodología cualitativa, fueron indagados los mecanismos vinculados al cambio y la reproducción de clase.
A partir de lo anteriormente desarrollado, las ocupaciones pueden ser una orientación acerca de qué se suele señalar con el término clase media que, siguiendo a los autores mencionados, se refiere a profesionales independientes, profesionales asalariados en relación de dependencia tanto en el sector público como en el privado, técnicos, comerciantes, empleados de servicios, empleados jerárquicos, pequeños propietarios. Vale aclarar que ésta es una definición en base a los usos extendidos que se le dan al término que parten de la clasificación por ocupaciones.
Así, con esta definición se espera orientar acerca de lo que en general es conocido como clase media reconociendo la falta de precisión que el uso de este término implica. Incluso, se puede sugerir que esta indefinición es parte de la efectividad que tuvo el término para ser diseminado y apropiado por la población, parte de la cual puede percibirse de clase media aun cuando en base a sus posiciones objetivas no lo sean (Jorrat, 2014).
A los fines de la investigación esto no significa un obstáculo dado que se estudian posiciones específicas: gerentes y profesionales asalariados. La vinculación que hay entre estas posiciones y la clase media es que aquellas forman parte de dicha clase según los planteos de la totalidad de los autores mencionados. Particularmente acerca de estas posiciones específicas en Argentina, se reconoce que es un campo a desarrollarse, al cual se generan importantes aportes desde la Sociología del Management y la Sociología de las Profesiones. En relación a los estudios manageriales, Luci y Szlechter (2014) entienden que en el país los estudios se centraron en los empresarios y los temas eran monopolizados por el estudio de los emprendedores, pero que se dedicó poca atención a las posiciones gerenciales; por lo cual, los autores aportan a la generación de espacios nuevos para sentar las bases de la Sociología del Management local. Además, Luci (2016) da a conocer a través de un trabajo empírico de entrevistas a gerentes, jefes de sección y directores, cómo se forman estos asalariados jerárquicos dentro de las empresas y cómo es el proceso para acceder a estas posiciones. Para esto toma como punto de partida la perspectiva de estos individuos, las características de su personalidad que los favorecen y los espacios con los que cuentan las empresas para formarlos –como escuelas de negocios o consultoras globales especializadas en la búsqueda de ejecutivos de alto nivel–, lo que llama Industria del Management. Por su parte, Szlechter (2015) pone el foco en un aspecto fundamental para la presente investigación, la formación del consentimiento dentro de las empresas, preguntándose si los managers asumen los requerimientos del capital como si fueran propios. En su trabajo, el autor entiende que aceptar las reglas del juego implica involucrarse con la organización, pero no con una aceptación acrítica de las mismas, lo que le permite indagar en prácticas de resistencia en el trabajo por parte de los asalariados jerárquicos. Asimismo, el autor da cuenta de los estudios realizados y la literatura sobre trabajo gerencial, lo que permite realizar un recorrido que presenta a las posiciones gerenciales en distintas etapas del desarrollo histórico (Szlechter, 2010; 2010a; 2011).
En cuanto a los profesionales, Panaia (2008) presenta un amplio estado del estudio de la Sociología de las Profesiones tomando con profundidad las diferentes perspectivas que abordaron la temática, destacando los aportes teóricos más relevantes de ellas. En su trabajo se observa el desarrollo de esta temática y su particular desarrollo en Argentina. Por otro lado, permite el acercamiento al conocimiento de las condiciones propias de los profesionales dando apertura a la problemática acerca de cuestiones vinculadas a sus identidades profesionales en el marco de un mercado de trabajo flexible, lo cual conduce a pensar en las heterogeneidades en las condiciones laborales de los profesionales, quienes pueden trabajar en el sector público, privado, de manera autónoma/independiente, en relación de dependencia, bajo modalidad de contratación y/o en relación de dependencia encubierta. Acerca de esta inserción diferenciada en el mercado de trabajo en un marco de flexibilización, se puede hallar en una profundización del tema (Panaia, 2020), cómo la autora lo pone en el centro de sus interrogaciones al focalizar en los profesionales y las diferencias que trae aparejada su inserción en tanto autónomos y en tanto asalariados. Asimismo, en torno al tema de los profesionales asalariados, la autora sostiene la existencia de una tensión entre la profesión y el organismo público o privado en el que trabaja. Ésta radica en la orientación hacia los valores y reconocimiento de sus pares, lo que disminuye su identificación con la empresa o con el Estado en la/el que trabaja; o en la identificación del profesional con la organización en la que trabaja, lo que plantea como prioritario el compromiso con la institución y, por lo tanto, un menor compromiso con su grupo profesional.
Así, tanto los estudios propios de la Sociología de las Profesiones como los anteriormente presentados, propios de la Sociología del Management, investigan lo específico de estas posiciones, las cuales quedan dentro de lo concebido como clase media, como ya se mencionó. Sin embargo, no es por esta característica que fueron elegidas para el estudio, sino por la ambigüedad que puede representar no ser parte de la clase obrera, pero tampoco poseer los medios de producción y ser asalariadas. Acerca de esto, y más allá de las particularidades mencionadas del caso nacional, el análisis de clases sociales ha debatido extensamente sobre la definición teórica y empírica de las posiciones medias en la estructura de clases. La importancia de las teorías que se plantean a continuación es que pueden encontrarse en ellas dos grandes temas teóricos que las atraviesan. Por un lado, la homogeneidad o heterogeneidad entre las posiciones ocupacionales intermedias en la sociedad actual y las fronteras que las separan. Y, por el otro, la medida en que las características de estas ocupaciones son base de definición de intereses, posiciones políticas e intervenciones colectivas (Gómez, 2014).
Tal como con el término clase media, existen diferentes definiciones de los grupos considerados intermedios entre la clase obrera y la clase capitalista, las cuales expresan caracterizaciones de su comportamiento político, identidades y visiones del mundo. Algunos autores señalan que las posiciones medias pueden ser una fuente de radicalización con potencial para generar y superar sus conflictos y diferencias con la clase obrera (Ehrenreich y Ehrenreich, 1977); mientras que otros las señalan como posiciones que una vez consolidadas como clase, se transformarían en un elemento conservador. En este sentido, Golthorpe (1992) considera que los profesionales, administradores y directivos conforman la clase de servicio. Estos trabajan ejerciendo autoridad delegada o aplicando conocimiento especializado y experto. Asimismo, actúan con autonomía y discrecionalidad, además de tener mejores condiciones de trabajo que otros empleados y obreros, diferenciándose así de ellos por las características mencionadas. Por estos motivos, el autor sostiene que la clase de servicio tiene interés en mantener el statu quo y que hay poca evidencia para pensar en una alianza de clase con la clase obrera o en su potencial de radicalización. Desde esta perspectiva, la clase de servicio trataría de usar sus recursos para preservar sus posiciones de relativo poder y ventaja. Así, aunque puedan parecer por momentos grupos radicalizados, esto se da de manera esporádica y su carencia de toda base estructural –a diferencia, por ejemplo, de la clase obrera– hace muy difícil que se movilice contra el orden establecido.
El lugar que ocupan estas posiciones es pensado también como una zona intermedia entre los dos polos del espacio social, en términos de Bourdieu (2001). En base a sus conceptos de capital económico y cultural –los que tendrían más peso en el proceso de diferenciación–, el autor señala que estos tipos de capital producen diferencias nítidas entre los polos opuestos del espacio social, a diferencia de lo que ocurre en las posiciones medias donde se encuentra mayor indeterminación. En cuanto a su posición política, en base a su posición objetiva en medio de los dos polos, mantienen un equilibrio inestable y vacilan entre dos alianzas políticas opuestas. Así, estas posiciones son definidas de distinto modo por quienes quieren atraerlas hacia sus posiciones en la lucha de clases. A modo de ejemplo, profesionales asalariados podrían ser interpelados como parte de la clase media diferenciándolos de la clase trabajadora o, por el contrario, como trabajadores pares de otros pertenecientes a la clase trabajadora.
En sentido similar, Gómez (2014) plantea que las clases medias, mediante acciones colectivas, pueden antagonizar tanto hacia arriba como hacia abajo; esto es, antagonizar tanto con el Estado y la gran propiedad como con las clases populares –en tanto generan límites colectivos a los capitales individuales–. Por lo tanto, el oponente varía según la coyuntura. Estas acciones son defensivas, ya que solo son reacciones a las amenazas hacia sus condiciones de reproducción y poderes causales individuales –como propiedad, educación, cultura, entre otros–. Asimismo, son transitorias, en tanto el objetivo es restablecer las condiciones para que la lucha colectiva no sea necesaria; lo que da cuenta de que la finalidad no es llevar adelante la acción clasista de modo permanente.
Acerca del tema, Poulantzas (1973), autor marxista pionero en el abordaje de la problemática de las posiciones medias en el capitalismo, parte de una definición objetiva de los sectores medios mediante la distinción entre los trabajadores productivos –quienes producen plusvalía– y los trabajadores no productivos. Del trabajo productivo quedarían excluidos los empleados de comercio, bancos, oficinas de servicios, entre otros. Pero, en cuanto a los ingenieros y técnicos que trabajan en la producción material en una empresa, por ejemplo, surge la duda acerca de su pertenencia de clase. Estos ocupan lugares ambiguos en la estructura porque, por un lado, intervienen técnicamente cada vez más en la producción de plusvalía; pero, por el otro, tienen autoridad para vigilar el proceso de trabajo. Para el autor, este último aspecto es el de mayor peso, motivo por el cual no se los puede considerar pertenecientes a la clase obrera.
Si bien lo anterior refiere a la determinación estructural de clase, no hace referencia a su posicionamiento de clase en la coyuntura. En este sentido, Poulantzas remarca que, debido a su determinación de clase ambigua, estos pueden tomar partido tanto por los obreros como por los capitalistas. Asimismo, el autor distingue a la pequeña burguesía tradicional –pequeños propietarios– de la nueva pequeña burguesía, que incluye a los trabajadores no productivos mencionados anteriormente, funcionarios del Estado y de sus aparatos. Estas demarcaciones son útiles para pensar en alianzas de clases y fracciones, de modo tal que la fracción pequeño burguesa de los asalariados no productivos estaría más cerca de la clase obrera que la fracción pequeño burguesa tradicional.
A lo largo de esta sección se realizó un recorrido por la bibliografía nacional e internacional que abordó en las últimas décadas el tema de interés del presente trabajo. Las diferentes investigaciones comparten el señalamiento acerca de la complejidad para lograr una definición estructural estricta de la clase media, así como también señalan que son procesos cambiantes en los diferentes períodos históricos. Esta indeterminación se ha relacionado con la identificación de este sector social con la volatilidad política, la cual puede inclinarlo hacia diferentes posicionamientos. Con el objetivo de captar esta complejidad tanto en su composición estructural como en su identidad de clase y en sus orientaciones político-ideológicas, en la siguiente sección se propone una perspectiva teórica que orientará la investigación empírica de las posiciones medias asalariadas de la estructura de clases del Área Metropolitana de Buenos Aires.
1.2. Marco Teórico
1.2.1. Posiciones medias en la estructura de clases
Teniendo en cuenta los antecedentes mencionados, la posición teórica adoptada para pensar las posiciones intermedias específicas de profesionales asalariados y gerentes, sostiene que las clases sociales no son grupos formados por categorizaciones realizadas a partir de similitudes y diferencias, sino que la estructura de clases se encuentra ligada a las relaciones de producción capitalista, cuyo rasgo central es la explotación de los capitalistas sobre los trabajadores, estableciéndose así las clases en una relación antagónica (Wright, 1994). El capitalismo avanzado ha conllevado cambios estructurales interconectados que permiten pensar en los procesos subyacentes a las clases. Estos cambios son: la progresiva pérdida de control sobre el proceso laboral por parte de los trabajadores, la elaboración dentro de las empresas y burocracias capitalistas de jerarquías de autoridad, y la diferenciación de las distintas funciones que originalmente eran propias de los capitalistas (Wright, 1983).
Estos cambios generaron el surgimiento de nuevas posiciones en la estructura de clases resultante en un aumento y consolidación de posiciones de clase medias asalariadas. Siguiendo a Wright (1997, 1995), existen diferenciaciones dentro de la fuerza de trabajo para poder distinguir a todas aquellas posiciones que, si bien venden su fuerza de trabajo, no parecen ser posiciones de clase obrera. Estas son las posiciones contradictorias de clase y, para captarlas, el autor establece dos variables ligadas a características propias de esta población. La primera, vinculada al control de recursos organizativos, es la variable autoridad: hace referencia al papel de dominación o control de las actividades de los trabajadores dentro de la producción por parte de otros. Este control antes era ejercido directamente por los capitalistas, pero en la actualidad son funciones ejercidas por delegación por otros empleados. Este es el caso de los gerentes, directivos, jefes y todos aquellos que ejercen la dominación como parte de su puesto en el trabajo. Por esto puede considerarse que tienen intereses de, simultáneamente, la clase capitalista –en tanto dominan a otros trabajadores–, y clase obrera –porque en el proceso de producción están ellos mismos controlados y dominados por los capitalistas–. Particularmente, esta condición ambigua de los puestos gerenciales ha sido abordado en Szlechter (2015), de donde se extrae que “el objetivo de la empresa es que el trabajador no perciba ningún antagonismo entre su interés personal y los intereses de la organización de manera que sienta que está trabajando para ‘él mismo’” (Szletcher, 2015: 340). Sin embargo, las empresas enfrentan un problema cuando intentan implicar a los gerentes con la organización, ya que el conflicto entre el capital y el trabajo no es ajeno a estas posiciones. En este sentido, si bien las tareas gerenciales consisten en el control sobre otros y/o sobre procesos productivos, lo cual ejercen con relativa autonomía, no dejan de estar subordinados a una autoridad superior. Acerca de este dilema, en sus términos, el autor sostiene que los gerentes saben que son explotados, por lo que evalúan constantemente la conveniencia de esa subordinación. Por esto, la empresa les brinda comodidades, a las cuales es muy difícil renunciar.
Vinculado a ello, acerca de lo que se les paga por la venta de su fuerza de trabajo, hay interpretaciones que permiten pensarlas en una condición ventajosa en relación a otros trabajadores. Esta ventaja tiene que ver con los altos salarios que reciben en las empresas, compañías u organismos en los que trabajan. En el caso de los gerentes, éstos provendrían de la apropiación de plusvalía porque sus ingresos no se atribuyen a la realización de un trabajo productivo, sino al desempeño de una función que requiere de los empleados ciertas características vinculadas a la confianza que depositan sus empleadores en ellos. Así, lo que les permitiría esta apropiación privilegiada es la renta de lealtad; es decir, los niveles altos de ingresos implican una redistribución de la plusvalía hacia los directivos, con el fin de generar en ellos fidelidad a la organización (Wright, 1997; 1995). Así, a cambio de la delegación de autoridad, que implica confianza por parte de los empleadores hacia los gerentes –es decir, hacia aquellos a quienes les ceden el control–, se les brinda cierto margen de autonomía y discrecionalidad (Goldthorpe, 1992). De este modo, que los empleados tomen sus decisiones de manera coherente con los intereses de la organización, depende del compromiso que mantengan con la misma y no por el método del premio/recompensa y castigo/sanciones.
La segunda dimensión a tomar en cuenta es la calificación. Tal como los directivos, los empleados con calificaciones ocupan una posición privilegiada teniendo salarios por encima del promedio, lo cual es debido a que las calificaciones son escasas en el mercado de trabajo. Estas calificaciones se obtienen generalmente a través de los títulos educativos, lo que se vincula con el nivel de educación formal finalizado. Esto hace que haya obstáculos al incremento de la oferta de los poseedores de calificaciones debido a las restricciones propias del sistema educativo. Los profesionales asalariados son personas con títulos universitarios que trabajan en relación de dependencia y que pueden o no poseer autoridad en el trabajo[1]. En Argentina se desempeñan tanto en el sector público como en el privado (Panaia, 2008). También, si bien hay profesionales que se dedican a trabajar de manera independiente, para el estudio sólo se seleccionan aquellos que son asalariados, por ser ésta la condición propia de la contradicción de estos profesionales: entre las ventajas que conllevan sus calificaciones y la condición subordinada que implica toda relación de dependencia.
Asimismo, específicamente acerca de los profesionales asalariados sin jerarquía, deben tenerse en cuenta tres aspectos vinculados a la dimensión temporal que permiten acercarse a la complejidad que existe para comprender desde una mirada estructural estas posiciones de clase medias asalariadas (Wright, 1992). En primer lugar, se puede pensar que, en algunos casos, sus ingresos se encuentran por encima de lo necesario para la producción y reproducción de su fuerza de trabajo, por lo que pueden generar ahorros y capitalizar sus ingresos cuando sus rentas son relativamente altas. Así, en la medida en que los profesionales acumulan ahorros e inversiones significativos, comenzarían a compartir intereses materiales con los capitalistas. El segundo aspecto temporal que se toma en cuenta tiene que ver con las trayectorias de carrera que conducen hacia posiciones directivas. En la medida que la mayoría de los profesionales asalariados se convierten en supervisores y directivos, se podría considerar que sus carreras están insertas en posiciones directivas, aunque aún sus empleos no sean específicamente directivos. De esta manera, se puede pensar que las trayectorias de estas posiciones no son estancas, sino que hay movilidad dentro de una misma carrera laboral en búsqueda de mejorar los puestos. Al observar a los profesionales asalariados sin autoridad, se entiende que estos puestos actuales no son directivos, pero al estudiar las trayectorias de los gerentes, se pudo corroborar este camino de ascenso (Luci, 2016). El tercer aspecto temporal tiene que ver con la opción relativamente abierta que tienen los profesionales de autoemplearse, de modo que no se encuentran obligados a vender su fuerza de trabajo en el mismo sentido en que lo están otros trabajadores de clase obrera. De esta manera, podrían iniciar proyectos laborales de manera independiente desplegando los conocimientos para los que fueron calificados.
Ahora bien, puede ocurrir que los profesionales asalariados no capitalicen sus ingresos y/o no asuman cargos jerárquicos y/o no tomen la decisión de autoemplearse. En estos casos lo que los distingue es que tienen la opción de hacerlo, tienen estas alternativas. De acuerdo a las decisiones tomadas en sus trayectorias de carrera laboral, sus experiencias de trabajo, entre otros, pueden cambiar con el tiempo, por lo que dos profesionales asalariados que tuvieron distintas trayectorias laborales, pueden tener intereses de clase divergentes. Esta ambigüedad e indeterminación que es posible observar en las trayectorias, podría ayudar a explicar la heterogeneidad ideológica en estas posiciones.
Por otra parte, el margen de autonomía y discrecionalidad con el que se manejan no es propia solamente de los gerentes, sino que también son atribuciones de los profesionales asalariados, quienes trabajan aplicando conocimiento especializado y experto. Tal como en el caso de los gerentes, existiría un vínculo de confianza de los empleadores hacia los profesionales asalariados porque son a quienes se les otorga la responsabilidad sobre ciertas funciones especializadas (Goldthorpe, 1992). Tienen también condiciones de trabajo distintivas respecto a los trabajos de clase obrera. Además de este tipo de reconocimiento por el trabajo llevado adelante con fidelidad a la organización, tal como los directivos –que obtienen una renta privilegiada por su posición estratégica en la organización de la producción a través de la renta de lealtad–, los profesionales asalariados obtienen una renta privilegiada por su posición estratégica en el mercado de trabajo a través de la renta de cualificación, que los diferencia de los trabajadores no calificados (Wright, 1997; 1995).
1.2.2. Mediaciones entre la estructura de clases y la subjetividad
Desde dicha perspectiva estructuralista, entonces, estas posiciones ocupan un lugar objetivo dentro de la estructura de clases a partir de las dimensiones de autoridad y calificación. Sin embargo, al pensarlas en términos de formación de clase –es decir, las relaciones sociales que se dan dentro de una clase para unificar a sus miembros–, es cuando surgen las complejidades propias de estas posiciones, ya que existen probabilidades menos determinadas de organizarse en formaciones de clase dadas, por lo que potencialmente podrían adscribir a distintas; demostrándose así el carácter objetivamente contradictorio de sus intereses (Wright, 1983). En relación a esto, se ha indagado profundamente el potencial de generar alianzas por parte de estas posiciones (Poulantzas, 1973) y, entendiendo que objetivamente se encuentran en el medio de dos polos, se considera que permanecen en un equilibrio inestable y vacilan entre dos alianzas de clase opuestas (Bourdieu, 2001). Acerca de este tipo de interpretación, se sostiene que el alineamiento de estas posiciones frente al statu quo depende en especial de la lucha y formación de clases (Gómez, 2014) y que, al ser su lugar en la lucha de clases objetivamente indeterminado, son especialmente sensibles a las fuerzas políticas e ideológicas (Burris, 1992).
Para captar estos aspectos de índole subjetiva es necesario desplazar la atención desde la objetividad de la estructura hacia los sujetos y comprender la articulación entre ambos planos teniendo en cuenta los procesos que los constituyen. En relación a esto, “estructura y subjetividad ni son dos realidades individualizadas ni tampoco un todo sistémico indiferenciado. Estructura y subjetividad se constituyen en un entramado dialéctico que mantiene en tensión permanente la acción humana y el proceso social” (Galafassi, 2022: 297).
Al poner el foco en el plano subjetivo se comienza a observar a un nivel micro social, lo que requiere pensar en los procesos de nivel individual y subjetivo en el marco de la ubicación de las personas en la estructura social (Sautu, 1999). Para esto es necesario dar lugar a los procesos que funcionan como mediaciones entre ellos, como la experiencia (Thompson, 2012), la cual queda condicionada por las relaciones de producción que distribuyen a los sujetos en distintas posiciones (Meiksins Wood, 1983). Este planteo sostiene que para la formación de clase es necesario que los sujetos, como resultado de sus experiencias comunes, sientan y articulen la identidad de sus intereses comunes, frente a otros cuyos intereses son distintos y/u opuestos; lo que hace referencia al antagonismo entre las clases capitalista y trabajadora. Teniendo esto presente, pensar la experiencia vivida por parte de los sujetos que ocupan las posiciones estudiadas resulta crucial por la situación en la que se encuentran, ya que, por definición, llevan en sí mismos la contradicción de los intereses de ambas clases fundamentales y antagónicas. De este modo, la experiencia que vivan es particular y resulta relevante comprender cómo estas contradicciones son procesadas subjetivamente. Así, sin dejar de ocupar el lugar central las relaciones materiales, se deben tomar en cuenta las construcciones de significaciones, de identidades e intersubjetividades a través de la acción y el lenguaje (Galafassi, 2020).
Acerca de esto, las relaciones de producción no solo condicionan la experiencia, sino también los posibles contactos entre las personas y las comunicaciones. En este sentido, al centrarse en un aspecto de la subjetividad, como es la identidad de clase, se podrá notar que puede conformarse de modo diferente según otras características que se tengan presentes. Esto es, puede ser que la experiencia se acerque más a algunas de las clases polares de la estructura según los lugares compartidos con sujetos, amistades, familia, compañeros de trabajo, entre otros, que sean parte de otras clases sociales. Así, las vinculaciones con ellos pueden influir sobre sus identidades.
Por este motivo, resulta relevante pensar en las interacciones sociales que tienen lugar en la experiencia biográfica y porque, además, dichas interacciones son centrales en la generación de la conciencia individual. Es decir, es en la comunicación, a partir de la interacción, donde se crean los signos entre los cuales la palabra es predominante por permitir el discurso interno. Así, la conciencia se forma al llenarse de contenido sígnico, por lo tanto, solo en el proceso de interacción social (Volóshinov, 1992). Asimismo, los signos ideológicos están determinados por el horizonte social de la época en los que surgen. Así, existen temas limitados que llaman la atención de los sujetos y es mediante la valoración –en el sentido en el que resulta importante– que ingresa un significado al horizonte social de los hablantes, ya sea del grupo o entorno más inmediato, como al más amplio de una clase social. Para que un tema forme parte del horizonte social de una época y un grupo, debe estar relacionado con los presupuestos socioeconómicos e involucrar, al menos parcialmente, las bases de la existencia material[2].
A su vez, es en la experiencia y a través de la interacción que el individuo es interpelado por ideologías[3], siendo éstas también nexo entre las relaciones objetivas/estructura y las subjetividades. De esta manera, se constituye y modela la forma en que los sujetos viven sus vidas como actores conscientes y reflexivos en un mundo estructurado y significativo, actuando sobre la subjetividad del ser humano interpelado. La formación de los seres humanos por parte de cualquier ideología implica un proceso simultáneo de sometimiento y cualificación. El proceso de sometimiento-cualificación comprende tres modos de interpelación ideológica. Por un lado, hace reconocer lo que existe y no existe; es decir, indica quiénes somos, qué es el mundo, la sociedad, entre otros. De este modo, se adquiere un sentido de identidad y se concibe lo que es verdadero y falso, estructurando la visibilidad del mundo. También la interpelación indica lo que es bueno, correcto, justo, agradable, y todos sus contrarios; estructurando y normalizando los deseos. Y también indica lo que es posible e imposible, lo cual moldea el sentido del cambio, configurando las esperanzas, ambiciones y temores (Therborn, 1987). Estos tres modos de interpelación están relacionados y conforman las identidades y visiones sobre lo existente y verdadero, además de darle una connotación moral al indicar lo que es bueno o lo contrario. Asimismo, forma las ambiciones y esperanzas al formar las ideas acerca de lo que es posible o imposible.
En base a lo anterior, la subjetividad, entonces, se conforma en la interacción social a través de la comunicación y es moldeada tanto por la experiencia biográfica marcada por la estructura, las interacciones cotidianas y las interpelaciones ideológicas que forman a los sujetos. Para captar aspectos relevantes de la subjetividad de las personas en estudio, la presente investigación aborda a través de entrevistas semiestructuradas, la búsqueda de representaciones sociales, entendiéndolas, en coherencia con lo planteado hasta el momento, como:
una manera de interpretar y de pensar nuestra realidad cotidiana […], la actividad mental desplegada por individuos y grupos a fin de fijar su posición en relación con situaciones, acontecimientos, objetos y comunicaciones que le conciernen. Lo social interviene ahí de varias maneras: a través del contexto concreto en que se sitúen los individuos y los grupos; a través de la comunicación que se establece entre ellos; a través de los marcos de aprehensión que proporciona su bagaje cultural; a través de los códigos, valores e ideologías relacionados con las posiciones y pertenencias sociales específicas (Jodelet, 1986: 473).
Particularmente, se indagarán las representaciones sociales emergentes de las entrevistas en torno a dos dimensiones subjetivas: la identidad de clase y las orientaciones político-ideológicas de los profesionales asalariados y gerentes del AMBA seleccionados para realizar la investigación.
Estas dimensiones de la subjetividad de las personas permiten comprender aspectos de la formación subjetiva de la conciencia de clase a nivel individual. Siguiendo la definición de Wright (1997), se entiende que estudiar la conciencia es abordar un aspecto de la vida mental de los individuos y que se lleva a cabo abordando aquellos elementos de la subjetividad de una persona que son discursivamente accesibles a su propia conciencia. Estos elementos son las representaciones sociales, ya mencionadas, e ideas –que en la presente investigación se toman como sinónimos–, creencias, percepciones, visiones del mundo, preferencias, teorías, entre otros.
Particularmente, conciencia de clase sigue dicha definición e implica que esos elementos discursivamente accesibles tengan un contenido de clase, es decir, que hagan referencia a cuestiones vinculadas a las clases sociales; y que tengan efectos sobre cómo los individuos actúan y eligen intencionalmente dentro de las relaciones de clase.
Según la perspectiva teórica de este autor, para poder desarrollar una investigación empírica de esta temática, es importante distinguir las dinámicas macro sociales de las clases sociales y su formación, de las dinámicas micro sociales, mediante las cuales las personas de diferentes clases desarrollan una conciencia de clase. Desde esta perspectiva micro social, es importante alejarse de enfoques deterministas que estipulan que la conciencia de clase se puede imputar estructuralmente a partir de las posiciones de clase objetivas. Por el contrario, una investigación empírica sobre estas temáticas se debe plantear de manera abierta y flexible, con el objetivo de comprender cómo las propias personas de diferentes clases sociales expresan teorías, ideas, creencias, pensamientos, entre otros, con contenido de clase.
Entendido de este modo, el concepto conciencia de clase se despliega en las dos dimensiones del estudio, es decir, en la identidad de clase y en las orientaciones político-ideológicas –es decir, las representaciones respecto a diferentes aspectos de la organización política y económica de la sociedad–.
1.2.3. Dimensiones en estudio: identidad de clase y orientaciones político-ideológicas
La primera dimensión en estudio aborda la identidad de clase, concepto que en las últimas décadas tuvo un lugar destacado en los estudios culturales debido a los cambios sobre las identidades que trajo aparejada la globalización. Acerca de ello, Hall (2010) plantea que las identidades de grandes colectivos sociales se han transformado. Dentro de esto se encuentra la identidad de clase, sobre lo cual sostiene:
no es cierto que, en sociedades como las nuestras, las cuestiones de clase –de estructura social y de desigualdad social que la clase le plantea a la nación– hayan desaparecido. Pero, sin embargo, la manera como las identidades de clase eran entendidas y experimentadas, la manera como la gente se localizaba a sí misma en lo referente a identidades de clase, la manera como entendíamos esas identidades en tanto políticamente organizadas… esas formas estables de identidad de clase son mucho más difíciles de encontrar en este momento del siglo XX que hace cien años (Hall, 2010: 342).
Así, los cambios observados en las identidades son insoslayables, lo cual explica el interés que ha suscitado el tema. En cuanto a la definición conceptual, la identidad de clase refiere a lo que perciben, creen, sienten, piensan los sujetos, quienes comienzan a reconocerse en base a la identidad de sus intereses (Thompson, 2012) y a concebir sus ideas acerca de lo que existe, de quiénes son y cómo es el mundo, todo lo cual genera un sentido de identidad (Therborn, 1987). A partir de los cambios referidos desplegados en la historia, es importante indagar estas cuestiones en la actualidad.
Para terminar de conformar la definición es fundamental considerar que la identidad de clase no es una esencia fija e interna, sino que debe concebirse como un proceso en relación con Otro. Así, las identidades se construyen mediante la diferencia, siendo a través de la relación con el Otro que pueden construirse. Así, al pensar en la identidad, se incluye tácitamente la relación con lo que no se es, con lo que forma parte de su afuera constitutivo (Hall, 2003).
Por lo mencionado, la identidad es un aspecto fundamental de la subjetividad a ser abordado en la presente investigación, específicamente la identidad de clase, lo cual se lleva adelante indagando en la autopercepción de clase. Pero, asimismo, por lo fundamental que resulta para la identificación la relación con el Otro, se indagan cuestiones relativas a esto que, en términos de clases sociales, es la relación con las clases que no son la propia del sujeto. En base a esta definición, el presente trabajo propone comprender los procesos subjetivos de personas ubicadas en posiciones contradictorias de clase –en otros términos, posiciones de clase medias asalariadas–, unos ubicados allí por posesión de autoridad (gerentes) y otros, por posesión de calificaciones escasas (profesionales asalariados con y sin personal a cargo). Particularmente se indaga en la construcción subjetiva del autoposicionamiento de clase de las personas y en sus representaciones acerca de las otras clases no consideradas propias. Sobre lo mencionado, son antecedentes las investigaciones de Jorrat (2014, 2008) y Sautu (2001), las cuales analizan el tema desde abordajes cuantitativos y cualitativos.
Si bien no se plantea la existencia de una determinación en la relación entre posición de clase objetiva e identidad de clase, sí se considera relevante dicha posición para comprender la construcción subjetiva de sus identidades en vinculación a su posición estructural. Teniendo esto presente, se podrá observar lo que emerge de los relatos en cuanto a su autopercepción de clase media, qué significa ser de clase media para los entrevistados y los distintos elementos y/o recursos en torno a los cuales se forman sus narrativas acerca de esto. Asimismo, se podrá observar la centralidad del Otro en la conformación de la identidad de clase, al pensar en la cercanía, las similitudes y las diferencias con otras clases sociales, lo que será desarrollado en el análisis.
Una vez analizada la identidad de clase de las personas entrevistadas, esta investigación focaliza sobre una segunda dimensión, centrada en las representaciones que desarrollan las personas sobre diferentes aspectos de la economía, la política y el funcionamiento social. Este enfoque intenta capturar las orientaciones político-ideológicas conformadas subjetivamente por las personas entrevistadas. Esta dimensión del análisis es fundamental para comprender los procesos de formación de las clases, ya que se refiere a representaciones potencialmente ancladas en las experiencias de clase y que tienen que ver con la organización social, política y económica de una sociedad. Para poder comprenderlas teóricamente, es fundamental el señalamiento de Therborn (1987) respecto de que estas representaciones permiten distinguir a las personas lo bueno de lo malo, lo justo de lo injusto en términos de organización social y las orienta a modelos de sociedad consideradas como posibles y deseables.
En este sentido, la investigación se propone una exploración abierta y flexible para poder acceder a aspectos subjetivos de la conciencia de clase. Particularmente, se decide explorar la conformación de las orientaciones político-ideológicas a partir de las representaciones sociales de los entrevistados acerca de diversos tópicos. Esta dimensión es extensa y en ella deben quedar contemplados variados elementos, como ser las representaciones sobre la sociedad en la que vivimos, lo que se piensa sobre la política a partir del posicionamiento frente a ciertos gobiernos, qué se cree sobre la economía del país, qué se considera conveniente para la sociedad, entre otros. La complejidad del tema condujo a formar subdimensiones que agrupan las representaciones en torno a los temas que son importantes para dar cuenta de la orientación político-ideológica de las personas que ocupan posiciones contradictorias.
Estas subdimensiones se centran, a grandes rasgos, en las representaciones sociales emergentes de las entrevistas sobre la desigualdad social, los modelos de acumulación del país considerados deseables y las preferencias político partidarias. Asimismo, como parte de estas subdimensiones, emergieron los intereses inmediatos, que refieren a lo considerado conveniente materialmente, individualmente y a corto plazo. Esto se desarrolla en profundidad en el transcurso del desarrollo del análisis. Tanto en los capítulos en que se desarrolla la dimensión Identidad de clase como en los que se desarrollan las subdimensiones propias de la dimensión Orientaciones político-ideológicas, se presentan precisiones conceptuales que definen a cada una de ellas.
1.3. Metodología
La investigación es abordada desde una perspectiva micro social, utilizando una estrategia metodológica cualitativa. El método elegido es el biográfico ya que permite la reconstrucción biográfica de situaciones en las cuales el entrevistado reflexiona sobre algunos aspectos de su historia de vida, y en esa reflexión expresa contenidos subjetivos relevantes para la investigación. Lo que se estudian son las interpretaciones de los sujetos desde su propio punto de vista teniendo en cuenta el contexto histórico, social, político y económico que ha influido e influye sobre su experiencia, relacionada a su vez con su posición en la estructura de clases, a partir de la cual se forman su identidad, sus representaciones acerca del mundo y sus interpretaciones sobre la historia del país.
Para obtener los datos requeridos para cumplir con los objetivos del trabajo, la técnica utilizada es la implementación de entrevistas semiestructuradas. Éstas permiten tomar en cuenta temas relevantes para la investigación al mismo tiempo que permite que surjan, a través de los relatos de los entrevistados, nuevos temas no establecidos previamente por el investigador, ya que las guías semiestructuradas permiten una gran flexibilidad en el transcurso de la entrevista, acorde con un diseño de investigación cualitativo (Vasilachis de Gialdino, 1992; Sautu, 1999).
La conformación del conjunto de casos seleccionados para la investigación toma como punto de partida una encuesta realizada a una muestra probabilística de la población del Área Metropolitana de Buenos Aires en los años 2015 y 2016 (PI-Clases, 2016)[4]. La encuesta brinda datos ocupacionales y educativos completos de esta población, que se utilizaron como punto de partida para la selección de 20 personas de posiciones medias asalariadas (gerentes y profesionales asalariados)[5]. A continuación, se detalla el procedimiento de selección de estos casos y el método utilizado para la elaboración y análisis cualitativo de los datos.
1.3.1. Selección de casos
El punto de partida para la selección de los casos a entrevistar fue la base de datos de una encuesta que cuenta con datos ocupacionales y educativos completos para una muestra de 1065 personas residentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires[6]. Para seleccionar a los entrevistados se siguió la definición teórica de Wright mencionada en el marco teórico. Así, los casos, para ser elegidos, debían cumplir con uno o ambos de los criterios de la definición de las posiciones contradictorias de clase: posesión de autoridad en el trabajo y posesión de calificaciones. Así, para estar dentro de las posiciones de clase en estudio era necesario que los entrevistados tuvieran al menos un título universitario, cumpliendo así con el requisito de la calificación. Para encontrar posiciones de autoridad, se buscaron casos que estuvieran a cargo de personas y/o de procesos productivos. Para esto se realizó una búsqueda en la base de datos a partir del cruce de los datos sobre posición de autoridad y nivel educativo de los encuestados, siguiendo los criterios fundamentales del esquema de la estructura de clases desarrollado por Wright (1997, 1995).
Los resultados que muestran la distribución de estas posiciones dentro de la estructura de clases, en la que se puede observar la distribución de todas las posiciones, se muestra en el cuadro siguiente.
Cuadro 1: Posiciones de clase del AMBA (2015-2016)

Fuente: elaboración propia en base a las encuestas de PI-Clases (2016).
En principio, se debe mencionar la relación con los medios de producción, lo que divide a la población entre propietarios y no propietarios de estos. Asimismo, dentro de los propietarios hay una división que se refiere a cantidad de empleados, obteniendo como resultado un 0,4% de capitalistas, 1,5% de pequeños empleadores y la pequeña burguesía con un 20,7% de la población. Dentro de los no propietarios hay un doble criterio que da como resultado 9 posiciones. Verticalmente se observan los casos según nivel de autoridad –de mayor a menor– y horizontalmente se encuentra la relación con las cualificaciones, lo que significa el nivel educativo alcanzado que expresa la posición a ocupar por profesionales, trabajadores calificados y trabajadores no calificados. Las posiciones de trabajadores calificados (15,9%), Supervisores/jefes sin calificación (3,3%) y Trabajadores no calificados (31,7%), son las propias de la clase trabajadora, según estas definiciones.
Las posiciones contradictorias de clase se encuentran en el cuadro resaltadas en color. Particularmente para la presente investigación, los casos elegidos ocupan las posiciones resaltadas en los casilleros del cuadro con la letra remarcada. Como se observa, son las posiciones contradictorias que registran mayor cantidad de casos y corresponden a las ocupadas por profesionales asalariados sin personal a cargo (15,1%), profesionales con posiciones de autoridad/jefatura (6,4%) y gerentes con formación universitaria (3,7%). Si bien en un principio se buscaban gerentes, por un lado, y profesionales asalariados sin personal a cargo, por el otro, a lo largo de las entrevistas surgió como dato que, en general, los profesionales asalariados tenían al menos una persona a cargo. Por esto se sumó a esas dos posiciones pensadas inicialmente la de jefatura, distribuyéndose los casos de la siguiente manera:
- Posiciones gerenciales: 8
- Profesionales asalariados con jefatura: 7
- Profesionales asalariados sin gente a cargo: 5
Además de la posición dentro de la estructura de clases, en la selección de casos se tomó en cuenta la edad y el género. Se entrevistaron personas de entre 25 a 65 años. La importancia de tomar edades diferentes radica en que permite garantizar que las personas hayan recorrido su trayectoria ocupacional y de vida a través de distintos momentos políticos e históricos basados en diferentes modelos de acumulación, los cuales influyeron y modelaron la formación de sus subjetividades hasta el presente.
En relación al género, a los fines de la presente investigación, sería indistinta la elección entre hombres y mujeres, teniendo en mente de manera excluyente el criterio basado en las posiciones estructurales. Sin embargo, la búsqueda de casos buscó respetar iguales proporciones de hombres y mujeres seleccionados, debido a que la pertenencia de género es un factor de mucha influencia en las experiencias biográficas, las cuales son las mediaciones entre la estructura y la subjetividad. Respetando estos criterios, la distribución de entrevistas quedó compuesta de la siguiente manera:
Cuadro 2: Distribución de los casos seleccionados

Fuente: elaboración propia.
Respecto a la selección de entrevistados, cabe señalar la dificultad de encontrar profesionales jóvenes varones que sean asalariados y no ocupen posiciones de autoridad. Los entrevistados con estas características ocupan posiciones gerenciales o de jefatura. En las mujeres fue más fácil encontrar profesionales asalariadas que ocupen posiciones sin autoridad. El resto de los casos se distribuye de manera homogénea y se quiere destacar que la característica en común de todos los entrevistados es tener como mínimo el nivel educativo universitario completo. Esto es un rasgo que sobresale en las entrevistas realizadas, en las que quedan expresadas sus representaciones sociales, las que muchas veces pueden remitir a conocimientos teóricos y/o académicos en los que se basan. Asimismo, mostraron ser actores informados e interesados políticamente.
Partiendo de esta característica objetiva, el uso y preferencia por lo público no solo es un rasgo subjetivo que destacan en las entrevistas, sino que también se observa en los datos: 16 de 20 entrevistados se formaron en universidades públicas. De los adultos, todos estudiaron en la Universidad de Buenos Aires. De los jóvenes 4 estudiaron en esta universidad, 1 en la Universidad Nacional de Luján y 4 en universidades privadas.
Se observa que los jóvenes encuentran opciones en otras universidades ya sean privadas o públicas; lo que no se observó en los entrevistados adultos, que en su totalidad mostraron preferencia por la UBA. Además, 8 de los entrevistados cursaron o están cursando posgrados, de los cuales 4 son jóvenes y 4 son adultos.
Los títulos obtenidos tienen importancia en las trayectorias ocupacionales de los entrevistados porque sus formaciones universitarias las han permeado y los acompañan en sus trabajos actuales. Además, en algunos casos, los trabajos y posiciones desempeñados les permitieron a los entrevistados ocupar posiciones de clase diferentes a las correspondientes a sus clases de origen. En ese sentido, aproximadamente la mitad de los entrevistados proviene de la clase trabajadora. Estos datos resultan relevantes debido a que las referencias a la clase de origen fueron frecuentes durante el desarrollo de las entrevistas, sobre todo en estos casos mencionados.
En cuanto al sector de inserción laboral, los entrevistados desempeñan su profesión tanto en el sector público como en el privado: 6 en el público –empresas estatales, hospitales, ministerios, entre otros–, 13 en el privado –empresas de distintos rubros– y 1 en una institución mixta. Esta variedad comprende experiencias situadas generadoras de puntos de vista con conocimientos específicos propios de cada sector y cada actividad en la que tienen espacio y se desempeñan los entrevistados[7].
1.3.2. Realización de entrevistas semiestructuradas
Luego de buscar a los posibles entrevistados en la base de datos mencionada, se los contactó entre fines de 2018 y a lo largo de 2019. Se les recordó la encuesta en la que habían participado en 2015 o 2016, según el caso, y se les preguntó si querían participar de una entrevista en la que se profundizarían algunos temas de la encuesta y se indagaría en temas acerca de la sociedad argentina. En general, los posibles entrevistados aceptaban realizar la entrevista fácilmente, por lo cual generábamos una fecha próxima y horario para realizarla personalmente. A veces fue necesario llamar a los entrevistados varias veces antes de acordar una fecha y horario. Las entrevistas tuvieron una duración promedio de 1 h 20 min, teniendo la más corta una duración de 43 min y la más larga una duración de 1 h 46 min.
Se buscó que las entrevistas se desarrollaran en espacios en los que los entrevistados se sintieran cómodos, por lo cual éstos fueron elegidos por ellos[8]. Así, la interacción en el marco de la entrevista se llevó adelante en sus casas (5 casos), en oficinas o espacios comunes en sus lugares de trabajo (7 casos) y en bares, locales de comidas rápidas y patio de comida o cafeterías dentro de shoppings (8 casos). Se desconoce el motivo de elección de los lugares por parte de los entrevistados. Tal vez haya sido por cercanía, seguridad, organización del tiempo, entre otros posibles. Teniendo presente una actitud reflexiva en torno al escenario en el que se llevaron adelante las entrevistas, aunque todas se desarrollaron bien, en los espacios de trabajo, resultaba incómoda la realización de algunas preguntas –que de todos modos se hacían– porque no se sabía si podían explayarse tanto como lo harían en otro lugar. Si bien esto fue tomado en cuenta antes de concertar las entrevistas, se decidió llevarlas adelante en los lugares elegidos por los entrevistados para no comenzar las interacciones con imposiciones que pudieran remarcar una diferencia entre las posiciones de la entrevistadora que indaga y los entrevistados que se espera que contesten. La idea fue, desde el principio, generar un diálogo en el que los entrevistados pudieran explayarse con tranquilidad, lo que implica hacerlo en el lugar que ellos consideren adecuado. A pesar de las dudas en relación a hacerlas en el espacio de trabajo, estas se llevaron adelante en sus propias oficinas, oficinas aparte o salas de reuniones; todos estos eran espacios en los cuales no había más personas. Asimismo, a ellos se los notaba tranquilos, lo cual también muestra las características de sus trabajos y el margen de libertad con el que cuentan, tal como para tomar tiempo y espacio dentro de sus lugares de trabajo. Este margen también se encuentra en otros entrevistados, quienes, si bien brindaron la entrevista fuera del espacio físico de trabajo, lo hicieron durante horario laboral, lo cual da cuenta de la flexibilidad de los horarios en tanto ellos pueden manejar sus tiempos bajo su responsabilidad. En la elección de los bares y shoppings daba la sensación que significaba encontrarnos en un espacio neutral y seguro. En estos espacios las entrevistas se desarrollaron bien, a pesar del movimiento del entorno. En las casas es donde las entrevistas se desarrollaron más tranquilamente. Cada uno de los lugares elegidos por los entrevistados brindó información acerca de su vida cotidiana y fueron un buen marco para las entrevistas.
Además de estas 20 entrevistas, al inicio del trabajo de campo se realizó una adicional utilizada para probar la guía de entrevista. En relación a esta guía, funcionó como un elemento que permitió tener presentes los aspectos a abordar, pero sin ser una limitación. En cuanto a su diseño, la guía se estructuró en 4 grandes ejes: Trabajo actual, Ideas generales sobre la sociedad argentina –en la que se abordaba el tema de la desigualdad social, intervención del Estado, entre otros–, Identidad de clase –en el que se preguntaba sobre autopercepción y clases sociales en general– y la última, que abordaba el tema acerca de los proyectos de país considerados preferentes. Las preguntas eran realizadas siguiendo el relato de los entrevistados y, en general, la dinámica misma de la entrevista permitió que los entrevistados aborden varios de los aspectos pensados.
De este modo, se pasaba por varias de las preguntas de la guía en el orden que surgía en el diálogo, lo que era acentuado por el contexto político, económico y social que enmarcó el trabajo de campo, haciendo que los entrevistados relacionen los temas entre sí y, a su vez, los vinculen con la política nacional. Acerca de esto, vale remarcar que las entrevistas se realizaron, en su mayoría, durante un año electoral, por lo que los temas de actualidad eran recurrentes y los temas abordados estaban impregnados por la política de manera explícita. Es decir, las primeras entrevistas se realizaron a fines de 2018, otras se hicieron los primeros meses de 2019, el resto –la mayoría– se concentró en los períodos comprendidos entre las elecciones primarias –las PASO– (11 de agosto de 2019) hasta las elecciones presidenciales (27 de octubre de 2019) y desde estas últimas a la asunción presidencial (10 de diciembre de 2019); y una última entrevista se realizó días después de dicha asunción. Este contexto ha sido muy importante y notorio durante las entrevistas, lo que quedaba potenciado por el abordaje en el estudio de temas referidos a las representaciones de los entrevistados sobre la política. Del mismo modo, al hablar de la sociedad actual era recurrente que ésta sea comprendida como consecuencia de determinados gobiernos. Así, los temas desagregados propios del presente estudio eran relacionados y unidos en el mismo relato por los entrevistados, permitiendo, de esta forma, pasar de un tema a otro de los propuestos en la guía; lo cual se vio reforzado por dicho contexto electoral en el que se llevó adelante el trabajo de campo y el cual atravesaba los temas de las entrevistas.
Asimismo, se destaca el interés que mostraron los entrevistados al hablar acerca de sus representaciones sobre la sociedad, la política y temas de actualidad. En relación a esto, se quiere advertir que en los fragmentos de entrevistas citados en la presente investigación, donde se hace referencia a los resultados electorales o gobiernos sin nombrarlos explícitamente, es aclarado entre paréntesis a qué se refieren los entrevistados. Durante la entrevista no se daba por hecho y se repreguntaba o se pedía que se aclarase a qué período se hacía referencia, por ejemplo; pero, en el caso de presentar fragmentos en los que no figura la repregunta, esta aclaración queda explicitada del modo dicho.
1.3.3. Análisis de datos
En cuanto a las decisiones de análisis, se eligió la técnica de análisis temático. Para esto, el registro y la transcripción fueron un paso importante porque se trató de ser lo más fiel posible a cada una de las palabras de los entrevistados. Si bien el redondeo no le quita autenticidad y la literalidad es especialmente importante en las investigaciones en las que prima la dimensión testimonial, a diferencia de las analítico-interpretativas, en la trascripción se buscó escribir literalmente, manteniendo todas las expresiones, giros idiosincráticos y el léxico jergal de los entrevistados (Pujadas Muñoz, 1992).
Luego, estas entrevistas desgrabadas fueron analizadas de manera temática. Así, el análisis de los relatos es sincrónico y buscó identificar nodos o tópicos temático-narrativos. En este sentido, se identificaron áreas temáticas significativas y consistentes en la estructura narrativa del relato (Muñiz Terra, 2018). Para esto se utilizó la herramienta de análisis cualitativo ATLAS.ti, la cual permite ordenar y sistematizar la información producida en las entrevistas. La tarea, tal como lo describe Muñiz Terra (2018), consiste en realizar un análisis interpretativo, para lo cual se leen los fragmentos de las entrevistas y se les adjudican categorías/etiquetas que concentran información específica. De esta manera, se trata de dar una nominación común a los distintos fragmentos que comparten una misma idea. Debido a la complejidad que encierran los fragmentos, a algunos les fueron adjudicados más de una categoría por expresar varios temas. Asimismo, con el fin de lograr una idea común a partir del uso de la misma categoría, fue necesario generalizar, pero se decidió no dejar de lado lo específico del fragmento. Por esto se eligió elaborar las categorías señalando lo más general y lo más particular al mismo tiempo. Así, las categorías, en su mayoría, quedaron conformadas de la siguiente manera que se presenta a modo de ejemplo:
Figura 1: Ejemplo de categorías utilizadas

Fuente: elaboración propia.
Así, una vez elaboradas, se obtuvieron las categorías emergentes de las entrevistas desplegadas al nivel que fuera necesario para analizar. Es decir, no se perdía la particularidad de los fragmentos, pero se puede observar cómo las primeras palabras permiten organizar las categorías de modo más general. En el caso de las etiquetas utilizadas a modo de ejemplo, los fragmentos hacen referencia a los motivos que los entrevistados tienen para autopercibirse de clase media, en unos casos y, en los otros, las diferencias que encuentran entre su posición con la clase más alta o con la clase trabajadora. Al mismo tiempo todos estos fragmentos hacen referencia a la autopercepción de clase de los entrevistados, lo cual forma parte del tema general Clases sociales. De este modo, a partir de este trabajo de creación de códigos o categorías, se obtuvieron un total de 976 códigos.
Así, de las entrevistas surgieron distintos núcleos temáticos que se convirtieron en las subdimensiones del trabajo, agrupadas en las dimensiones más generales de la investigación: Identidad de clase y Orientaciones político-ideológicas. Tanto las subdimensiones como las dimensiones son presentadas en la tesis como capítulos y apartados dentro de éstos.
En relación a la presentación del análisis, se utilizarán fragmentos de entrevistas. Al final de cada uno de los fragmentos se citará entre paréntesis el número de entrevista y el número correspondiente al fragmento codificado dentro de dicha entrevista. Este modo de cita le otorga un número particular a cada fragmento citado y facilita su ubicación.
- Ambos tipos de profesionales asalariados –los que tienen personal a cargo y los que no– ocupan posiciones contradictorias de clase.↵
- Vale agregar que cuando se extienden las bases económicas, se extiende el horizonte existencial, accesible, comprensible e importante para los sujetos (Volóshinov, 1992).↵
- Así, más allá de que las ideas surjan entre los individuos, el concepto de interpelación ideológica da cuenta de una intencionalidad, en tanto la ideología tiene una función.↵
- Para una descripción detallada de la muestra ver Sautu, Boniolo, Dalle y Elbert (2020).↵
- Cabe señalar que todo el procedimiento de selección respetó criterios de anonimato y confidencialidad de los datos, así como el consentimiento informado por parte de las personas seleccionadas para participar en la investigación.↵
- La encuesta fue realizada en el marco de los proyectos UBACyT 20020130100372BA y PICT 2012-1599, ambos dirigidos por la Dra. Ruth Sautu con sede en el Instituto de Investigaciones Gino Germani. La autora se desempeñó como coordinadora del trabajo de campo, teniendo a su cargo el seguimiento de la muestra y la supervisión de las tareas de los encuestadores/as. Este rol le brindó un conocimiento detallado de la base de datos y el perfil de las personas encuestadas, lo cual facilitó la tarea de reclutamiento para la investigación.↵
- Para observar en detalle las características de la formación, títulos obtenidos y datos relacionados con la inserción laboral de los entrevistados, ver Anexo.↵
- El diseño del campo cualitativo tomó en cuenta reflexiones previas sobre la experiencia del campo de la encuesta (Leiva y Morales, 2020).↵







