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EL DIARIO

Viernes 19 de Noviembre de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, octubre 22.

    

Monsieur J. Bordeau estudiando la psicología de William James[1] hace algunas observaciones que aquí someto a la meditación de ustedes.

A vastos conocimientos científicos, a una crítica penetrante, a un don de observación que hacen de él el más exquisito moralista, cuya familiaridad es persuasiva, fácil y de una nobleza incomparable, reúne la rara cualidad de ser un idealista.

Su ciencia psicológica concluye, diré, coronada por una filosofía de la acción.

Lo mismo que Nietzsche, pero en un sentido del todo opuesto al “inmoralismo”, James, americano del norte (donde solo crecen ciertas plantas como Emerson*), se siente devorado, es la característica de su raza, por la fiebre, digamos, de la energía de vida intensa.

William James analiza nuestro “yo”, distinguiendo entre un “yo” físico, un “yo” social, un “yo” espiritual, una “jerarquía en conflicto”, dice Bordeau, de esos diferentes “yo”, movibles bajo la unidad aparente de las circunstancias y de los hábitos individuales y profesionales que crean algo así como una segunda naturaleza.

Hace ver la importancia considerable de la costumbre después de haberla hecho concordar con sus elementos nerviosos. Y establece que el gran punto es hacer uno de los nervios aliados, en vez de hacer enemigos, hasta convertirlos en autómatas del mayor número posible de acciones útiles.

“No dejéis”, dice, “que una excepción consiga paralizaros mientras una costumbre nueva no esté seguramente arraigada en vuestra vida; una batalla perdida anula cien victorias”.

W. James no es ―todo lo contrario― un admirador de Juan Jacobo Rousseau, sentimentalista contemplativo, cuya vida es un flujo y reflujo de emociones que nunca conducen a una acción concreta y varonil.

W. James no desconoce las dificultades de realizar el ideal, y así no se conforma cuando ve que la emoción no es asaz persistente, siendo como es un vehículo.

La atención representa un papel importante en la psicología y la moral de W. James. Sin atención no hay desarrollo espiritual, imposible. La atención hace los maestros en todo.

El lazo más estrecho liga la atención a la voluntad. Así para W. James esfuerzo, atención y voluntad, expresan el mismo fenómeno psíquico. Desarrollar, por consiguiente, esas facultades debe ser el ideal de la educación. No se consigue “poseerse” uno a sí mismo sino a condición de dominar el divagar del espíritu.

W. James no está de acuerdo, la considera estrecha, y yo lo mismo, con la tesis que atribuye todos nuestros actos a un simple mecanismo de atracción y repulsión de placer, o de dolor.

Como estas líneas tienen por principal objeto inducir a ustedes a leer este libro de W. James, voy a cerrarlas.

Para él, la eterna cuestión del libre arbitrio no es tan ardua como a primera vista parece (en esto no pienso como él), y he aquí su solución: no depende de nuestra atención, de nuestra voluntad, que una idea penetre en nuestro espíritu; pero una infinidad de ideas deben a la atención voluntaria el que ubiquen y se arraiguen, sin cuyo auxilio no tardarían en desvanecerse.

Finalmente, y según lo hace notar muy bien M. Bourdeau, W. James critica desde el principio el “monismo”, esa filosofía de la unidad fundamental de las fuerzas materiales y espirituales del determinismo universal y absoluto en el que el libre albedrío no tiene lugar; filosofía que solo nos deja percibir ¿cómo diremos? digamos que no solo nos deja percibir el sordo ruido de una cadena que se desenvuelve eternamente.


Casi todos los moralistas que hablan mal de las mujeres no han podido vivir sin aspirar su perfume y han muerto echándolas de menos.


Esto se llama vaca, y a ustedes, que tantas tienen, contándolas por millones, les interesa la información.

Prefiero ocuparme de ella y no del lamento del diario L’Eclair[2], que en su número del momento en que escribo, se queja amargamente de que no le hagan una estatua a don Santiago Liniers[3], ya que el gran capitán don José de San Martín va a tener la suya en suelo francés. Alega que si este “libertó a la República Argentina de los españoles”, así se escribe la historia, lo mismo han dicho otros papeles, aquel libertó del predominio de los ingleses.

Quería decir que en Holanda hay una vaca que ha decidido enriquecer a su dueño, y el caso es auténtico.

En el curso de 358 días, afirma la estadística, ha dado 9527 litros de leche y 319 kilos de manteca.

¡El año pasado la misma vaquita había dado 9615 litros de leche!, todo lo cual reducido al precio de la leche y la manteca, representa próximamente siete mil francos.

Para tan poco capital, ¡qué renta tan soberbia!

Pregunto, que poco entiendo de lechería, ¿tenemos ahí ganado de sangre holandesa?

Si no, hay que fomentar la inmigración, me parece.


Ya no está a la moda lo tan repetido en mi tiempo.

“Es una verdad amarga. Pero es una gran verdad”.

¿Qué?

Lo que dice L. Bruyere, que las mujeres son extremas; que son mejores o peores que los hombres.

Así, cuando a una de ellas le da por el escándalo, ¡qué cosas no se ven y qué no se dicen!

Pues nada menos que 84 inviernos tiene la que acaba de dar a luz en Inglaterra un libro con este título: Countess of Cardigans Reminiscences[4].

Las tales Reminiscencias son, en efecto, de lo más salado; y es otra verdad amarga que el público se arrebata estos productos del desenfreno intelectual. Lo que está pasando.

La Lady Cardigan escribe con una fuga juvenil que asombra.

Era su marido el intrépido Lord Cardigan[5], el que condujo a la carga en Balaclava[6] la heroica brigada de caballería inglesa, que le arrancó al general Bosquet[7] este grito: ¡admirable! pero no es la guerra… sino el sacrificio estéril.

¿Se acuerdan ustedes?

De los 676 hombres que formaban la brigada, solo sobrevivieron 195.

Estos antecedentes han hecho volar en tres días dos ediciones, y sigue la demanda y sigue la crónica escandalosa y siguen el enredo y sigue el trastorno social.

Se sabía que Lady Cardigan preparaba este brulote y se hicieron gestiones para evitar que lo lanzara. ¡Nada! Todo ha sido inútil.

Haciendo desfilar ciertos cuadros, la mano que ha corrido este telón del descrédito parece haberse sentido renacer con los atractivos de la primera edad, y vengarse.

Pretende que todo cuanto dice es estrictamente histórico, que tiene en sus manos las pruebas de cuanto afirma y que su mala acción ¿que otro nombre darle? hace la luz en las tinieblas… opinión que no comparto, que si hay sepulcros para el cuerpo, hay tumbas para los misterios del corazón también.

Otra plumada sobre este portento de 84. No fue trigo limpio en sus mocedades. La reina Victoria le cerró las puertas de palacio. Casándose en segundas nupcias, ya madura, con un hombre más tierno que ella, el noble conde Lancastre*, portugués, sin fortuna, íntimo del ministro de Portugal, creyó que podría volver a la corte. Nada. Victoria no cedió. Y eso que no le faltaban influencias, siendo Lancastre (en portugués Lencastre) hombre interesante, tanto como ella, que habla español muy bien. Acabaron como el perro y el gato. El murió pobrísimo en París. Su pasión desgraciada fue la emperatriz Eugenia[8].

Tengo en mi archivo de recuerdos datos curiosos al respecto.


Más arriba hemos hablado de vacas, hablemos ahora un poco de chanchos.

Es cosa hecha, y nos interesa siendo como somos exportadores de carnes en pie o congeladas, que la Europa va a comer chancho de China.

La compañía inglesa Peninsular y Oriental acaba de constituir a gran costa una flota de frigoríficos destinado a efectuar el transporte, via Shangay, de millares de cerdos que le harán la competencia a los de Chicago.

Ustedes saben que esta maravillosa ciudad, levantada como por encanto en el desierto, lo debe a la cría del chancho.

¿Y por qué razón nosotros desdeñamos la industria quizá más productiva que se conoce, puesto que el chancho se reproduce como los conejos, más, y que si requiere lo que nosotros tenemos, espacio de sobra, no exige tanto cuidado como el ganado ovino o lanar?

Nuestros productos tendrían, además, lo que no tendrá el chancho chino sospechoso “a priori”, por las inmundicias que come. Come hasta carne humana, que a Dios gracias no es la suerte del chancho de Chicago, asado que da gusto, tanto que un yankee me decía una vez hablando de la riqueza de Chicago y de los orígenes de su fundación: son tan limpios que pueden dar envidia a muchos que se dicen caballeros.


Era allá por 1882.

Este atento y obsecuente servidor de ustedes había venido a París. Traía encargo de un poeta amigo de presentarle a Victor Hugo sus obras.

Lo hacía con gusto, y al decirlo me veo, sin embargo, obligado a suprimir detalles que ya se leerán en su hora. Hay un momento para todo. Para la reserva discreta toda hora es oportuna.

Estoy en casa de Victor Hugo, que a la sazón vivía aquí cerca de mi “nido”, en la Avenida Eylau, que ahora tiene su nombre.

―Maestro, estos son libros de que le hablé a usted días pasados.

―“Des livres, encore des livres et en espagnol” (que él sabía bastante).

―Poesías.

―Des vers, encore des vers.

―Un discípulo.

―Est ce qu’il a du talent.

―Si.

―Oui, mais est ce qu’il plane?

―Algunas veces.

(Ya es algo eso de cernirse) repuso.

Y aquí corto el hilo del coloquio que, sin la ironía del maestro, he traído a colación para no entrar en materia de sopetón, puesto que siempre que de la tierra me mandan papel impreso me regocijo, pensando he aquí otro que estudia; veamos, algo que no ha llegado a mi noticia me ha de traer, aparte de que papel impreso en toda forma y modo significa pan cotidiano para todo el que trabaja con la cabeza o con las manos.

En este momento me estoy refiriendo a la consignación que paso a enumerar para que los amables autores sepan que todo ha llegado intacto a su destino.

La Propiedad Inmobiliaria, monografía del registro de la propiedad de la Capital Federal y de los territorios nacionales correspondiente al año de 1908 representada al Ministerio de Justicia por José Bianco*, director del registro.

El sol de una vida, novela original Dermidio T. Gonzalez[9]; Semblanzas Unitarias y Federales Dermidio T. González.

Godofredo Daireaux[10], Comedias argentinas; Crisis de Progreso. Comedia en tres actos; Aves de Presa. Comedia en tres actos; Caudillejos. Comedia en tres actos; Geoffroy Daireaux, Retour de Buenos Aires. Comédie Franco Argentine en un acte; Sistema musical, Menchaca*, Sus bases y ventajas, breve, claro, científico.

Representación perfecta del sonido igual para todas las voces y todos los instrumentos.

Tengo, como se ve, pasto intelectual para algunos días.

No me veré en figurillas para leer de corrido; los aprietos serán cuando tenga que opinar sobre cosas tan opuestas como la Propiedad Inmobiliaria de Bianco y lo de Menchaca*, que empeñado en hacerme juez de su música siendo así que lo único que medio canto es el “Arrorró, mi niño”. Si fuera ciego yo, no él comprendería su cordial insistencia. Está probado que los ciegos tienen más aptitud que los que no lo son para “afinar” instrumentos, y la razón es que el ciego se distrae menos en todos sus ejercicios que el que puede ver salir y ponerse el sol. ¡Y cuánto siento que la literatura americana del sur no circule por estos pagos, que no se haga traducir!

Nos tienen tan en poco.

Verían así que no solo trabajamos duro con el arado para poder aglomerar millares de francos oro (en Cajas de conversión), sino que también sabemos hacer funcionar con afán incesante las máquinas de imprimir.

Con un renglón más concluyo: Mis impresiones de lector allá irán poco a poco. Esperen. No conozco nada mejor que esperar; contiene ilusión mientras no se realiza el ideal o el desengaño.


  1. William James (New York, 1842-New Hampshire, 1910) fue un filósofo y psicólogo estadounidense y catedrático de la Universidad de Harvard. Es considerado el fundador de la psicología funcional y pragmática. Era hermano mayor del escritor Henry James. En 1904 publicó un artículo revolucionario para su época: «¿Existe la conciencia?» en la revista Journal of Philosophy, Psychology, and Scientific Methods, incluido luego en su libro, también fundacional para 1912, Ensayos sobre empirismo radical, donde pretendía demostrar que el dualismo tradicional entre sujeto y objeto era una barrera para una sólida concepción de la epistemología. (Extractado de Triglia, Adrián. «William James: vida y obra del padre de la Psicología en América», 2016. psicologiaymente.net. En línea: https://acortar.link/0xEbED.
  2. L’Éclair. Journal Politique Independant fue un diario francés publicado entre 1888 y 1926.
  3. Santiago Antonio María de Liniers y Bremond (Francia, 1753–Cabeza de Tigre, Córdoba, Virreinato de la Plata) fue un noble y militar de origen francés que se desempeñó como funcionario de la Corona de España, nombrado virrey del Río de la Plata entre 1807 y 1809; en este último año, fue favorecido por Real Cédula con el título de conde de Buenos Aires. Fue el penúltimo virrey del Virreinato del Río de la Plata. (VIAF: 121792785).
  4. Cardigan and Lancastre, Adeline Louisa Maria de Horsey. My recollections by the Countess of Cardigan and Lancastre. Publicado en 1909, el libro narra cómo su autora, Adelina, fue excluida por la reina Victoria de la corte por ser la segunda esposa del conde.
  5. Teniente General James Thomas Brudenell, Séptimo Conde de Cardigan (1797–1868), conocido como Lord Cardigan, fue un oficial del ejército británico que comandó la llamada Light Brigade durante la Guerra de Crimea, en la que se lo recuerda por su desempeño en la Batalla de Balaclava. (VIAF: 71361095).
  6. La batalla de Balaclava (25 de octubre de 1854), librada en la región de Balaklava, enfrentó a los rusos, por una parte, contra los aliados turcos, franceses y británicos, por otra, durante la guerra de Crimea de 1854-1856. (Extractado de la Biblioteca Nacional de Francia: https://acortar.link/WLi7Xe).
  7. Pierre François Joseph Bosquet (1810-1861) fue un general del Ejército francés. Sirvió en la conquista francesa de Argelia y en la guerra de Crimea de 1853-1856; al retornar de Crimea fue nombrado Mariscal de Francia y senador. (VIAF: 61722333).
  8. María Eugenia Ignacia Agustina de Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Teba, más conocida como Eugenia de Montijo (Granada, 1826-Madrid, 1920), fue una aristócrata española y emperatriz consorte de los franceses como esposa de Napoleón III. (VIAF: 39510739).
  9. González, Dermidio T. (1874-s/d). Escritor santafesino. Publicó Iris (1908), El sol de una vida (1909), La constancia (1914) y Un romance en Córdoba (1917). (Extraído de David Chulque, Diccionario de autores argentinos).
  10. Godofredo Daireaux o Geoffroy François Daireaux (París 1849-Buenos Aires 1916) fue ganadero y agricultor, además de docente, funcionario público, mecenas de artistas y crítico de arte. Aunque su faceta más notable fue la de escritor. Entre sus muchas publicaciones, se halla Comedias argentinas, de 1909.


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