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EL DIARIO

Lunes 9 de Agosto de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, julio 18 de 1909.

     

Un libro bueno de forma, fondo y estilo es el que tengo ahí, diciéndome ¿qué le parecen a Vd. Las etapas de una gran política[1]?

Su autor, llamándose Pedro S. Lamas*, encarna toda una tradición político-histórica y una cultura incipiente con brillantes reflejos ya en ambas orillas del Plata.

Pero, valiéndome de una expresión de Goethe, lo que en estos casos es “inevitable”, también encarna algunas preocupaciones y prejuicios.

No le quita esto nada a su talento de escritor ni amengua en lo mínimo el mérito positivo de su obra.

Es tan hondo el abismo de las contradicciones y fue tan larga la “via crucis” argentina, hasta que el cañón de Monte Caseros hizo resonar por todos los ámbitos del país la “ardua sentencia” que, ¡cómo no exclamar con Lamas!:

“Hay pues progreso evidente, pero es igualmente innegable que el atavismo se transparenta y desborda aun del cuadro de una civilización que avanza, pero que se resiente todavía, y a veces fuertemente, de un pecado original que hay que tener la virtud de repudiar, preparando a las generaciones venideras días de más real libertad y de más positiva regeneración social y política”.

Todos tienen sin embargo algo que perdonarse; tanto los que estaban encerrados dentro de las murallas de Montevideo como los que le decían al extranjero: no podemos consentir en vuestra intervención armada.

Fue por eso que el padre del autor, aleccionado por la experiencia de la edad, escribió alguna vez, cito de memoria: “El pasado es un charco de sangre en el que todos han metido el brazo hasta el codo”.

Y la lección de la dolorosa historia, observo yo, es esta: los pueblos que sacrifican al deseo del orden y de la paz a la libertad caminan fatalmente a la tiranía.

No es este libro de los que se resumen. Se induce a leerlo. Es lo que hago. Tiene soplos como ecos de ultratumba. El hijo repercute al padre… Y al mérito ya apuntado se agrega que está lleno de movimiento.

Desfilan Guido[2], Oribe y Lamas, Don Pedro II y Sarmiento, Garibaldi y Mitre y muchos otros como Rozas y Urquiza y el gran Paranhos, padre de mi noble amigo, el actual Río Branco (barón por herencia)[3].

Cada una de sus páginas marca un jalón para los investigadores de historia, abriendo frecuentemente interesante palenque a la discusión contemporánea.


¡Qué país este!

El amigo Maurice Barrès* se sorprendía, no ha mucho, y lo decía en la cámara, de que hubiera en Francia un colegio llamado “Fragonard[4]”.

La mayor parte de mis lectores, me atrevo a pensar, ignora quién es él.

Pues es un pintor de otro tiempo, pintor libertino, autor entre otros cuadros del célebre “Escarpolette”[5], o sea el columpio, o la hamaca.

El ministro de Bellas Artes negó el hecho.

Pero, ¡oh, sorpresa! acaba de probarse que en Grasse hay, efectivamente, un colegio de dicho nombre.

Afortunadamente no es un liceo de señoritas que, a serlo, quién puede saber las sensaciones que evocaría el nombre solo de Fragonard, de costumbres cálidas como su pincel.


Los diputados han discutido en una de sus últimas sesiones un asunto más ameno que las leyes de impuestos.

Parisienses (o porteños), es menester que os intereséis en el embellecimiento de vuestras ciudades, exclamaba uno de ellos agregando (oigan ustedes, ahí en Buenos Aires): no se trata de una vana querella estética. La belleza de París es lo que hace su riqueza y de su riqueza depende el bienestar de sus habitantes.

Una ciudad hermosa es como una mujer linda. ¿Quién no desea conocerla?

París es lindo, nadie lo niega. De ahí sus grandes atractivos, la fiebre del extranjero por venir, de esos miles de extranjeros que diariamente entran y salen, junto con nuestros provincianos gastando a todo su dinero.


Pasaron las fiestas con que el entusiasmo francés acogió a los delegados italianos, siendo unánime el coro de la confraternidad.

¡Otra lección de la historia! Todo pasa.

El hombre y los pueblos se arrepienten.

Magenta* y Solferino* eran un lazo tan fuerte que si las circunstancias lo aflojaran, las circunstancias volverían a ajustarlo.

Los acentos que Alfred de Musset* hacía vibrar así.

…Harmonie! harmonie!

Toi que pour la donieur inventa le Génie.

Qui nous vins d’italie et qui lui vins descieux[6].

Como lo recordaba el otro día en la Sorbona Lavisse[7], el exquisito orador, hallarán siempre correspondencia en el alma italiana.

Es de esperar, pues, que el resultado de esta franca cordialidad sea duradera y fecunda en la paz y en la guerra… que en todos los casos hay que ponerse.


Una conversación formal es siempre más instructiva que divertida.

Y mi temor de fastidiar a ustedes con números y reflexiones sobre las diversas materias de que me ocupo aunque perfunctoriamente me deciden a recordar, estamos en tiempos de carreras de caballos, los ingeniosos versos de un poeta algo olvidado, pueden ustedes leer: Lafortelle.

Datan del año XIII, en estilo francés, y están en la pieza que se llama: “La fille du jockey”.

La mayor parte termina así:

« J´etait sur mon cheval,

Et lui sur son cheval

Chaque cheval,

Allait en bon cheval

Je ne savais pas quel cheval

Surpasserait l´autre cheval

Me j´esperais que mon cheval

Que valait mieux que son cheval

Pourrait bien en loyal cheval

Gagner le prix sur son cheval

Je pique mon cheval

Il pique son cheval

Alors cheval

Contre cheval

De front chaque cheval

Volait en bon cheval »

Siguen muchas páginas por el estilo, pero el lector argentino dirá: ¡basta de mancarrones[8]!


Me sorprende un poco que todavía no se ocupen ustedes con entusiasmo de aviación.

Para estimular a nuestros millonarios, ya sabrán ustedes que el señor Zaharoff[9], un griego rico que reside en París hace años, y un francés, el señor Henry Deutsch[10], acaban de dar el primero 700.000 francos y el segundo 500.000 para que se funde aquí, en París, un instituto aerotécnico y se cree una cátedra de aviación en la facultad de ciencias.

“Estimular a nuestros millonarios”, he dicho, y por qué no agregar: llamar la atención del congreso, tan dispuesto generalmente a hacer obras que se relacionen con el bien común. No perdamos tiempo. Hay que volar cuanto antes.


En este momento, trescientos mil obreros trabajan para la marina y el ejército en Alemania.

Esta actividad conjura momentáneamente la crisis que venía afectando a la industria.

Los ingleses están cada vez más alarmados y Guillermo* afirma cada vez más también que el modo más seguro de tener la fiesta en paz es estar armado hasta los dientes.


Hablando de la revisación de las tarifas aduaneras, dijo los otros días algunas cosas excelentes el diputado Siegfried, por ejemplo: el mejor modo de sostener en el mercado internacional la concurrencia extranjera consiste en no debilitar los elementos del poder productivo de nuestro país.

Entre esos elementos hay uno, el capital, que es objeto de todos los ataques y de todas las empresas de destrucción.

Los socialistas creen mejorar la suerte de los obreros alzándose como los adversarios irreductibles del capital. Cometen en ello un gran error.

El capital, ha dicho el diputado Siegfried, es necesario, y es menester al contrario, animarlo en vista del interés mismo del obrero. En los países donde el capital es más abundante, como Inglaterra y Estados Unidos, allí es donde también los salarios son más altos. Hay una relación directa entre la cantidad de capitales puestos a la disposición de la industria, del comercio y de la agricultura, y los salarios pagados a los obreros empleados en las diversas ramas de la producción.

Ergo, asustar el capital es hacerle un gran mal al país, de modo que conviene legislar en el sentido de que el socialismo argentino, extemporáneo, no es poco concederle, se atempere.


Por si no los leen ustedes, les diré que ciertos diarios ingleses anuncian que el famoso cuadro de Rembrandt “El paisaje”, de la colección Bowood, ha sido vendido a un americano, del norte es claro, en ochenta mil esterlinas.


Me gustaría vivir en los Estados Unidos para tenerlos a ustedes al corriente de lo que pasa en aquel país extraordinario en todo sentido.

Todo es allí sorprendente, hombres, cosas, lo objetivo y lo subjetivo, el charlatanismo y la ciencia.

Al lado de los descubrimientos de esta, el otro anuncia que resucita los muertos, mal curados; y hay quien crea, y cuando aquí en Europa cuentan de uno a uno, allí cuentan de a cien.

Nunca la historia del género humano presenció un espectáculo semejante de vida extensa e intensa.

De un lado el bluff, del otro las más graves cuestiones preocupando las inteligencias.

La ciencia y la filosofía, aunadas, todo lo investigan, afanadas en decirle al hombre: aquí están los medios de dominar la naturaleza.

Si no en todo, en casi todo llevan el record.

El alma anglosajona hace una evolución transformista prodigiosa por la mezcla y el cruzamiento de razas diversas.

En mi calidad de miembro de la American Academy of Policial and Social Science de Filadelfia, recibo todos los meses, lo repetiré, un boletín de ciencias y letras; boletín digo para salir del paso: es un grueso volumen, un infolio de trescientas páginas en las que todo está en consonancia con el título.

¡Asombroso! Cuesta esto solo cinco dollars por año, y como esta academia hay ¡qué sé yo cuántas!

Casi estoy seguro de que son ciento treinta y cinco.

¿Y diarios? No bajan de 22.487. La mitad casi de todos los del mundo, subiendo las revistas y magazines a una cifra increíble, cerca de 300.000.

Sí, y hay que repetirlo para estimular; todo, todo es sorprendente en este país donde la biblioteca de su congreso sube ya a 3 millones y 600.000 volúmenes.

El americano del norte, pues, lee y medita, observa, y hace.

Así, mientras en Europa todo es obra de los siglos y de civilizaciones que se han sucedido unas a las otras, allí, en poco más de un siglo, han conseguido contener el empirismo de este hemisferio oponiéndole el método científico experimental, en todo, hasta en política, que es la ciencia del gobierno de los hombres, y se gobiernan sin abrigar pensamientos contrarios a la verdad republicana.

Y el yanqui es tan diferente de lo que aquí mismo se piensa, que Menéndez Pidal escribe los otros días:

“Alguien creerá, siguiendo un prejuicio existente sobre el carácter de los Estados Unidos, que este país estudia nuestra lengua solo como instrumento de comercio con la América latina. Para esto bastaría una enseñanza práctica de castellano, y lejos de eso, se consagra allá atención preferente al estudio de nuestra literatura medieval y de la época clásica, buscando así el elemento filológico y la idealidad estética, que nada tienen que ver con los intereses comerciales. Grata impresión la que usted experimentaría al ver cómo lo que ha sido noble ansia de su vida de estudios hallaba en los Estados Unidos tantos y tan cultos aficionados. En todas esas universidades he encontrado un núcleo de profesores y alumnos entre los cuales me sentía como dentro de España”.

Yo agrego:

Uno de los fenómenos más singulares es el crecimiento constante de la población. Acabarán por no tener espacio.

Cada diez años, representan 12 millones de aumento. Y en lo que concierne a Nueva York aquello parece cuento de las Mil y una Noches.

Una reciente estadística observa: si la proporción actual continúa, se calcula que Nueva York, que en 1900 contaba 3.400.000 almas y que en este momento cuenta 4.600.000 habitantes, en 1915 tendrá 5.660.000, en 1920 6.660.000 y en 1928 nada menos que ocho millones.

He aquí otros informes sobre la intensidad de la vida de Nueva York: en su desenvolvimiento, al parecer inverosímil, son de lo más sugestivos (no me gusta su gente y ¿por qué?).


  1. Libro citado también en la Página breve del 27 de junio de 1909.
  2. Probablemente se refiera a Carlos Guido Spano (Buenos Aires, 1827-Buenos Aires, 1918), poeta porteño cultor del romanticismo, autor de los poemarios Hojas al viento (1871) y Ecos lejanos (1895) y del libro en prosa Ráfagas (1879). (VIAF: 28390605).
  3. José Maria da Silva Paranhos, primer y único vizconde de Rio Branco (Salvador, 1819-Río de Janeiro, 1880), fue un estadista, profesor, político, periodista y diplomático brasileño de tendencia monárquica.​ Su hijo, conocido como el Barón de Río Branco, también tuvo una destacada actuación como diplomático. (VIAF: 27875543).
  4. Jean-Honoré Fragonard (Grasse, 1732-París, 1806) fue un pintor y grabador francés cuyo estilo rococó se distinguió por la exuberancia y el hedonismo. Fue autor de más de 550 pinturas (además de dibujos y aguafuertes), de las cuales solamente cinco están fechadas. Entre sus obras más populares están las pinturas de género, que reflejan una atmósfera de intimidad y velado erotismo. (VIAF: 36918358).
  5. Los felices azares del columpio (Les hasards heureux de l’escarpolette) o, simplemente El columpio, es el cuadro más conocido del artista francés Jean Honoré Fragonard y una de las obras más representativas del rococó, realizado en 1767. Es una pintura al óleo sobre lienzo con unas dimensiones de 81 centímetros de alto por 65 cm de ancho. Se conserva en la Colección Wallace, en Londres (Reino Unido). (VIAF: 176725526).
  6. “… ¡Armonía! ¡armonía! / Inventaste el Genio para donarlo. / Quién vino de Italia para nosotros y quién vino de Italia para él”.
  7. Ernest Lavisse (Le Nouvion-en-Thiérache, 1842-París, 1922) fue un historiador francés, autor de Jeunesse du Grand Frédéric (1891), Le Grand Frédéric avant l’avènement (1893), Histoire de France depuis les origines jusqu’à la Révolution (1901), entre otras obras. (VIAF: 7392798).
  8. Mancarrón: argentinismo que designa cosa pesada o torpe.
  9. Basil Zaharoff​ (Turquía, 1849–Montecarlo, 1936) fue un negociante en armamento y financiero griego-ruso. Se dice de él que alentó varios conflictos internacionales con el fin de vender armas a ambos bandos. (VIAF: 35641654).
  10. Henri Deutsch de la Meurthe (1846-1919) fue un magnate del petróleo francés (conocido como el “Rey del petróleo de Europa”), apasionado aficionado de los primeros tiempos de la aviación.​ Patrocinó numerosos premios para promocionar el desarrollo tecnológico de la aviación, incluyendo el Grand Prix d’Aviation y el Premio Deutsch de la Meurthe. (VIAF: 7652816).


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