Lunes 8 de Noviembre de 1909
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, octubre 8.
Mucho me gustaría que se dijera de mi país, tierra argentina, algo por el estilo de lo que transcribo:
“Que el corazón del pueblo americano es sano, que la fuerza de la opinión pública es a la larga irresistible, que la tendencia de la corriente es hacia cosas mejores e ideales más altos”.
Son las convicciones con que termina la notable novela de William Allen White, A certain rich man[1], Cierto hombre rico.
Léanla ustedes, y verán que la lección se enseña no tanto por la predicación o por la censura cuanto poniendo ante el lector el cuadro animado de la vida nacional, lo bueno y lo malo, como cuando se hace el estudio paralelo de dos familias que viven en el mismo barrio casi frente una de otra.
No es Peary[2] ni Cook[3] lo que, con sus descubrimientos polares, preocupa más en el momento en que estoy haciendo correr la pluma al hombre de la calle y a otros de mayor coturno.
Es el sultán de Marruecos[4]. Lo hallan inteligible por muy siniestro que sea.
Y, a no dudarlo, el moro es muy hombre o muy bárbaro, como se quiera; tiene chispa.
A la como reclamación del cuerpo consular referente a sus procedimientos justicieros, a la manera que se sabe, mutilaciones de pies y manos ¡qué sé yo!, ha contestado entre otras cosas espirituales: “Si Marruecos no es un país civilizado y lo gobierno conforme a lo que ustedes, los europeos, no hacen ahora, lo hacían no ha tanto tiempo, cuando era rey de Francia, por ejemplo, Luis XV…”.
Y realmente si el sultán de Marruecos mutila y hace comer por las fieras ante su corte a los rebeldes a su autoridad, ¿qué pasaba en Francia en la época citada?
Damiens le da un navajazo al rey. No hay qué hacer, lo juzgan, lo torturan y, finalmente, lo condenan a ser “descuartizado”[5].
La operación se hacía, como ustedes saben, mediante cuatro caballos.
La corte no podía privarse de tan interesante espectáculo, refieren las crónicas, y no se priva.
Las damas de copete pagaron precios locos por una ventana o balcón de donde se viera la maniobra.
Los ayudantes del verdugo, viendo que los caballos no tiraban como era debido, los latigueaban con furia…
Una dama de la corte exclamó ¡pobres caballos! ¿Y Damiens?
Damiens, no inspiraba compasión. Era un regicida.
Dentro de unos cien años, cuando Marruecos se civilice, como la Europa, ya no harán devorar a los pretendientes por los leones. ¿Y qué harán?
Si llegare a cumplirse el programa de Ferrer[6], el anarquista español, ¡Santa Tecla!
Quién sabe, puede ser que haya que ir a ver la civilización de Marruecos a fin de inspirarse en sus lecciones.
Curioso, los conquistadores de América, los que representaban la civilización, entonces, eran, según lo que ahora se entiende por humanidad, mucho menos humanos que los indios de Méjico y del Perú y en la hora presente ya se sabe cómo se catequizan indios por esos mundos…
El andaluz, instructor de reclutas que decía “Media vuelta a la derecha es lo mismo que media vuelta a la izquierda, con la diferencia solamente de que es todo lo contrario”, es posible que al consignar el dato que más adelante se leerá, dijera: “Hemisferio Norte es lo mismo que Hemisferio Sur, con la diferencia que ustedes saben…”.
Y entonces ¿a qué viene una cosa tan trivial?
A que, como siempre estoy pensando en mis paisanos, milagro era no ha mucho verlos recorrer estos mundos, ahora sucede al revés, no está decirles para que se embarquen a tiempo:
El otoño (estamos en él) no comienza obligatoriamente como en general se le cree, el 21 de septiembre.
Sucede así que este año astronómico, acabo de leerlo, el verano concluirá mañana 23 de septiembre a las 4.53 minutos y 44 segundos.
La duración del otoño (la más bella estación en París), será, pues, de 89 días y 19 horas, comenzando el invierno del 22 de diciembre a las 2,28 minutos y 55 segundos de la mañana.
Días antes, ya hace fresco, no poco, como ahí en Buenos Aires con los vientos de agosto.
Las cuatro estaciones parisienses, por otra parte, no tienen una duración constante.
Actualmente y término medio:
La primavera dura 92 días y 20 horas.
El verano 93 días y 15 horas.
El otoño 89 días y 19 horas.
El invierno 89 días.
Sí, pero estos 89 se alargan mucho y el que puede no suelta las pieles, vive lo más posible cerca del fuego, huyendo de los sitios no calentados o se marcha a las costas azuladas del Mediterráneo.
Pero París, el París animado y complicado en todos sentidos graves y alegres de meditación; de estudio, observación y tentación, es el París de los lagos helados del Bois de Boulogne.
Como mi principal objeto al escribir estas paginitas es conservar el contacto social con ustedes, conversando de todo un poco, a salto de mata, he aquí una noticia sobre cigarrillos para señoras. Es un colmo de futilidad.
Bajo el patronato de un príncipe de la familia real, ha tenido lugar en Londres un “Cigarrette Smoking Contest for Society Ladys” (un concurso de fumar cigarrillos para señoras de sociedad).
Había dos premios: uno para la que echara una bocanada de humo más larga, otro para la que en menos tiempo quemara un cigarrillo sin sacarlo de la boca.
Una noble condesa casi casi se sacó los dos premios. Pero una americana del Norte, por supuesto, le sacó la oreja, lo cual debe haberle gustado mucho al rey Eduardo*, quien, según dicen las malas lenguas y las buenas, tiene una predilección marcadísima por los productos femeninos de las antiguas colonias inglesas.
Francia cambió su ley electoral mala por una peor. Fue inútil todo cuanto se le observó. Nosotros hicimos lo mismo, pasando de la elección por distritos a la elección por circunscripciones.
¿Resultados?
No quiero hablar de los cosechados en mi tierra, no tan malos al fin y al cabo.
Hablemos de lo que ha pasado y está pasando en Francia, donde el grito general es este: “Le scrutin d’arrondissement voilá l’ennemi”.
Es decir, la causa de que las cámaras estén llenas de mediocridades maleables.
Lo dijo el otro día el mismo M. Poincaré[7], en el gran discurso que pronunció en Belfort, reivindicando a la vez con la autoridad de su palabra elocuente y persuasiva y de su experiencia, el derecho que tienen las minorías a ser representadas.
Palabras suyas son estas: “Es urgente remediar estos males de nuestro sistema electoral; hay que atacarlos en su raíz ensanchando el escrutinio, hay que destruir radicalmente la iniquidad del sistema de la mayoría más uno, buscando lealmente en la representación proporcional una imagen fiel de todas las opiniones francesas”.
Hay una bibliografía inmensa sobre estas cuestiones, a saber: sufragio universal, representación de la mayoría, derecho a serlo de la minoría, proporcionalidad y modos de escrutinio, con juego limpio desde luego. Lo que yo indicara sería repetir imperfectamente lo mucho escrito, y así que basta, deseando que si ustedes reforman algo, no se olviden de reformar las malas costumbres, los gatuperios en cuanto es humanamente posible.
Acaba de morir un antiguo magistrado, y hombre de Estado a la vez, que figuró desde muy joven.
Vivía retirado como tantos otros que, después de haber hecho algún ruido, son olvidados, a tal punto que al leer la noticia de su defunción, a los noventa, en la mayor parte de los labios está la interrogación. ¿Y éste quién era?
Vdes., sin ser inhumanos, dirán en su interior: “Que haya un cadáver más, ¡que importa al mundo!”.
Y yo también, y tanto más cuanto que, lo confieso, no siendo el muerto mi paisano, solo me interesa hasta por ahí.
Tiene sin embargo el difunto, que se llamaba Ernest Picard, sus méritos, y para estos y para aquellos sus tildes.
Es una enseñanza para que se vea cómo y cuánto influye la política en los juicios del hombre sobre sus semejantes.
En nuestra América somos, no diré más imparciales, afirmo sí que somos más indulgentes, que de este lado de los mares, donde caliente todavía el cadáver ya le caen a veces sin piedad.
Tengo dos diarios a la vista. El uno, después de pasar revista de la carrera del hombre de Estado y magistrado, resume su juicio diciendo: “Fue un ciudadano digno que nada tiene que reprocharse, que sirvió a su país con inteligencia y probidad”.
El otro escribe así: “A la edad de ochenta y siete años, acaba de “espichar” uno de los camaleones de la política y de la magistratura que no era más alto que una bota y que, como todos los diminutos, se empinaba cuanto podía para parecer más esbelto. Fue una de sus hazañas perseguir a Gustave Flaubert acusándolo de ultraje a la moral por su Madame Bovary y luego a Baudelaire por Les fleurs du mal, a lo que debe agregarse que ministro de estado merced a la protección de Madame Bonaparte, “née” Montijo, tuvo la conciencia, si la tuvo, forrada en el interés, precaución que no le bastó, empero, para caer de lo alto coronado de ridículo”.
¡Pobre hombre! yo me inclino a pensar que era más bien como dice el primer diario o, de otro modo, que era mejor de lo que le enrostra el segundo.
Y ¿qué más?
Que dejen ustedes pasar el carro fúnebre sacándose el sombrero, sin apurarse tanto como por acá a instaurar el proceso de los que quizá no pecaron mortalmente.
Ya dije a ustedes que cuando el respetable ciudadano Don Gregorio Gómez[8] regresó de Chile nonagenario, decía:
“Si ahora cualquier muchacho tiene sesenta años”.
Naturalmente su ausencia había sido de medio siglo y los chiquillos que había dejado deletreando se habían hecho médicos, abogados, literatos…
Era esto allá por 1860, cuando la transformación de Buenos Aires, de todo el país, comenzaba a acentuarse.
¿Quién era este Don Gregorio Gómez, Don Goyo socialmente, como Mitre era Don Bartolo?
Los que se interesen en estas investigaciones arqueológicas, digamos, pueden dirigirse a mi amadísimo e inolvidable amigo Miguel Cuyar[9], que es uno de los argentinos porteños que ha sabido acumular con mayor éxito años, sapiencia y virtudes.
Inútil ocurrir a otra fuente, lo que él ignore nadie lo sabe.
Bueno, los tiempos han cambiado mucho, tanto que ya comenzamos a ignorarnos los unos a los otros confirmando así la observación de Rabelais: la mitad de los hombres no sabe cómo vive la otra mitad, o como si dijéramos medio Buenos Aires no ha visto los mataderos de donde proviene la carne gorda o flaca que come.
Por ejemplo, los niños que yo he visto gatear, que he tenido en mis faldas enseñándoles así a andar a caballo, en cuya casa hospitalaria, de Santa Fe, sus padres me dieron asilo opíparo alguna vez –¡que buenos tiempos aquellos en que no había hoteles!– esos niños, de la noche a la mañana, resultan diputados, senadores, gobernadores, presidentes, millonarios, o poetas, otra gran riqueza del espíritu.
Tengo ahí ya revisado como testimonio irrecusable de lo que vengo diciendo otra remesa de poesías de Manuel Gálvez[10] hijo con estas líneas “A Mansilla con mi agradecimiento por sus amables palabras de estímulo y mi más alto respeto”.
¡Gracias! buena cepa la de estos Gálvez, que tanto quiero.
¡Pues no faltaba más! Que a esta altura del camino en vez de estímulos solo tuviera maestría para manejar el aguijón del Aristarco.
Que me reemplacen en todo caso los descontentos molestos, por no decir chingados de la generación del autor de “Sendero de Humildad”.
Tiene para mí un relente místico, especie de rocío perfumado de incienso que hace grata la existencia lejos “del mundano ruido.”
Dice el joven poeta:
“Una casita en el campo
(¿no será ya mucho pedir?)
una casita sonriente
con árboles y un jardín”.
No, no puede ser más modesto el pedido.
Es lo mismo que a los doce años ya Pepe anhelaba en su oda “On solitud” La soledad.
“Happy the man whose wish and care
A few paternal acres bound
Content to breathe his native air
In his own ground”.
Sí, es una felicidad poder uno respirar el aire nativo en su propio suelo rodeado de unos cuantos acres paternos. Pero, ¡ay de mí! al reposo en los campos, preferimos la lidia en esos centros apiñados de gente, movedizos según la expresión de Emerson* como un queso arrastrado por sus propios gusanos…
Hablando vulgarmente, es muy expresiva la lengua popular, me ha dado rabia una caricatura norteamericana motivada por las últimas noticias contradictorias referentes al pleito entre Bolivia y Perú sobre límites territoriales.
Y nosotros que no hacemos sino admirar a la gran República.
Representa la caricatura unos criollos sudamericanos que pelean a revólver.
La leyenda dice:
Tourist in South America: “couldn’t some of these disputes be settled by arbitration?”
―Native: “Mere waste of time, we could finish then revolutions in the time required for one arbitration”.
Es decir, en nuestra lengua:
Un turista en América del Sud.
―¿No se podrían arreglar por arbitraje algunas de estas disputas?
Un paisano:
―¡Pura pérdida de tiempo! Podríamos concluir diez revoluciones en el tiempo que se requiere para un solo arbitraje.
Y pensar que en medio de todo bien pudiera tener razón el yankee.
Pero la broma es que por este lado del charco no distinguen, y que hasta en el teatro suelen ponernos de oro y azul vestidos nuestros generales con unos uniformes como el que usaba “Don Eusebio de la Santa Federación”, el loco histórico de Rosas.
Todo tiene remedio.
En este caso la receta es juicio.
¿Entiendes Fabio lo que te voy diciendo?
Ya caigo, se acerca una gran elección.
- White, William Allen. A Certain Rich Man. New York: The Macmillan Company, 1909. ↵
- Robert Edwin Peary (1856-1920) fue un explorador estadounidense que alegó haber sido la primera persona en llegar al Polo Norte, el 6 de abril de 1909, una reivindicación que le supuso grandes honores y prestigio, pero que posteriormente le atrajo muchas críticas y controversias, y hoy se cuestiona ampliamente. (VIAF: 34499743). ↵
- Frederick Albert Cook (1865-1940) fue un explorador y médico estadounidense. Primero colaborador y después rival de Robert Peary, estuvo envuelto en la reivindicación fraudulenta de resonantes logros geográficos (como alcanzar la cima del Denali o el polo norte), que se demostraron falsos. A principios del siglo XX empezó una carrera entre diferentes países por la conquista de los polos. En el Polo Norte, la batalla más importante fue la que libraron los estadounidenses Frederick Cook y Robert Peary. La prensa se dividió entre los contendientes, así el New York Times era el medio aliado de Peary, mientras que del lado de Cook ese papel lo hacía el Herald Tribune. Al principios de 1909 Cook afirmó que había alcanzado el Polo el 21 abril de 1908, un año antes de la fecha en que Peary reclamó su llegada al Polo, el 6 de abril de 1909. Finalmente, la expedición de Cook se demostró un fraude y probablemente la de Peary también lo fue, aunque la gloria de haber alcanzado el Polo Norte recayó en él, quien fue reconocido como un héroe, dio numerosas conferencias y fue recibido con grandes honores. (VIAF: 17526355). ↵
- Creemos que se refiere a Abd al-Hafid (1875-1937), también conocido como Mulay Hafid, sultán de Marruecos entre 1908 y 1912. Hermano del sultán Abd al-Aziz, se oponía a la pasividad de éste frente a la penetración colonial francesa y a los acuerdos de Algeciras. (VIAF: 316737111). ↵
- Mansilla se refiere aquí al caso Damiens, el intento de regicidio de Luis XV de Francia (1710-1774), ocurrido el 5 de febrero de 1757. El culpable fue el ex soldado Robert François Damiens (1715-1557), entonces detenido y torturado. Su muerte fue un caso célebre de torturas y agonías inhumanas, que generaron terror y morbo en la población francesa. ↵
- Francisco Ferrer Guardia (Alella, 1859-Barcelona, 1909)1 fue un pedagogo anarquista y librepensador español, condenado a muerte por un consejo de guerra que lo acusó de haber sido uno de los instigadores de los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona de julio de 1909. Su condena a muerte y su posterior ejecución levantaron una oleada de protestas por toda Europa y por América, y también en España, que acabaron provocando la caída del gobierno de Maura. (VIAF: 9855615). ↵
- Raymond Poincaré (Bar-le-Duc, 1860-París, 1934) fue un político francés, presidente de la República durante la Primera Guerra Mundial y primer ministro de Francia en tres ocasiones: entre 1912 y 1913; entre 1922 y 1924, y entre 1926 y 1929. (VIAF: 29539324).↵
- Tal vez se refiere al canónigo e íntimo amigo de San Martin, José Gregorio Gómez (1817-1911). ↵
- Amigo de la infancia de Mansilla, a quien el autor le dedica algunas de sus Causeries del Jueves.↵
- Manuel Gálvez (Paraná, 1882-Buenos Aires, 1962) fue un narrador, poeta, ensayista, historiador y biógrafo argentino. Partícipe de la reacción contra el positivismo entre la intelectualidad argentina, fue un preconizador del componente «hispánico» de la nacionalidad argentina así como un duro crítico del cosmopolitismo. A lo largo de su vida, su obra fue adquiriendo cada vez más un tinte patriótico, conservador y católico. Autor de una obra prolífica, ha escrito 58 novelas, 2 poemarios, varias biografías y ensayos. (VIAF: 22213019).↵






