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EL DIARIO

Lunes 17 de Mayo de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, abril 29.

    

Después del famoso discurso de Lord Roberts* evocando hace seis meses el espectro de la invasión alemana, hay algo cambiado en el Reino Unido.

El ejército territorial de reciente creación, solo se recluta por enganche voluntario; tenía cuadros, no tenía soldados.

De repente, al grito de alarma lanzado por el viejo mariscal, la prensa, el parlamento y todas las clases sociales se han impuesto la tarea de catequizar voluntarios para los regimientos territoriales.

Todos los diarios ingleses consagran diariamente una página entera al ejército territorial (es admirable), a sus ejercicios, a sus ventajas.

Las grandes administraciones obligan a sus empleados a enrolarse.

Las casas de comercio pagan los sueldos de los territoriales que hacen parte de su personal durante los períodos de instrucción.

Hace seis meses que el ejército inglés territorial no existía, sino sobre el papel; hoy día tiene efectivos y cuadros.

Su instrucción ha sido en extremo simplificada: algunas marchas, ejercicios de tiro individual, cuidados y fuegos de guerra. Nada, desde luego, a hacer de la instrucción un espectáculo de parada, y así se ha conseguido que la tropa tenga un aire suelto.

El día en que el ejército territorial esté completamente constituido e instruido, el ejército permanente compuesto de soldados de oficios estará en aptitud listo para expedicionar en el continente.

Los alemanes siguen, como siempre lo hacen, con mucha atención estos progresos; la evolución, siendo defensiva y ofensiva a la vez.

Nunca por eso el espionaje alemán ha sido tan audaz como ahora, puede decirse. Y los ingleses, que comprenden lo que se quiere saber por los alemanes, cuyo espionaje es industrial también, resulta que paulatinamente están despidiendo sus empleados y reemplazándolos con franceses. Ya no es como antes raro hallar en los negocios mozos franceses, en los hoteles y cafés sobre todo el hombre del Rhin le cede el paso al de la “entente cordiale*”. ¡Quién lo diría!

Todo esto, a qué repetir, lo que augura para 1912, cuando los acorazados monstruos de ciertas potencias estarán listos.

Estas líneas son del Times* comentando en “sentido afirmativo un gran discurso de lord Milner[1] en el que este “tilda” el espíritu “rutinario” inglés y llama la atención hacia los progresos alemanes en todo orden de ideas, espíritu que de todas partes copia, toma y se asimila lo que puede contribuir a su prosperidad y a su poderío.

“No man can say from what quarter the storm may come, but storms do come, and we are badly prepared to meet one of real magnitude”.

Traducido, es lo que vengo diciendo cuando incito a ustedes a aprovechar la bonanza: “nadie puede decir de qué lado vendrá la tormenta, pero las tormentas vienen, y estamos malamente preparados para salirle al encuentro a una de real magnitud”.

Todo lo demás se resume en pocas palabras: preparémonos para ser tan fuertes como tres reunidos, y a costa de cualquier sacrificio; porque alguien se prepara contra nosotros.


Terminó M. René Doumic* sus conferencias sobre George Sand[2].

Comentándolas, dice M. Maurice Demoulins, colaborador del diario Le Temps*, que gracias a él, a René Doumic “on relira” George Sand, pues fue “un fenómeno literario a pesar de sus errores”.

¡Sus errores solamente! ¿Y sus malos ejemplos?

Un escritor español que estimo en mucho, J. Ortega y Gasset, dice en un “Estudio sobre Renan y el Panteismo”:

“Sería curioso, por cierto, estudiar la historia de la influencia que ha ejercido Spinoza sobre los grandes poetas desde Goethe hasta el día: acaso pudiera comprobarse que la gloria refulgente puesta en torno de su nombre, el lugar que se le ha asignado entre los excelsos promotores de la cultura, débelo, más que a sus inventos estrictamente científicos, al poder de educar poetas que yacía en su visión del universo. Imaginad un hombre severo y puro, veraz y todo lleno de temblores divinos…”.

No se trata de renanismo ni de spinozismo cuando cito lo que dice la frase acotada.

Pero ella me conduce, como cuando nos deslizamos por suave pendiente, a colocarme en este terreno, es decir, a preguntarle a monsieur Maurice Demoulins: ¿qué almas ha educado George Sand y qué había de “puro” en esta andrógina incansable en cambiar de preferencias sexuales y en temas literarios? Eso sí, con positiva y elegante espontaneidad.

No. George Sand no ha educado alma viviente, solo ha contaminado no pocas conciencias, trastornando no pocas cabezas femeniles sobre todo. Luego, si como dice M. Demoulins “gracias a M. Doumic “on relira”, George Sand”, la consecuencia tiene que ser y otra no puede ser, que el talento analítico de M. Doumic les ha prestado a todos los de este y de aquel lado, un flaco servicio social.

Gran estilo como pocos y moralidad ejemplar, no son sinónimos. Casanova tiene su “charme”. Pero recomendar su lectura, sacándolo del olvido en que yace me parecería menos perdonable, que condenarlo a un “auto de fe”.

Así, medio “a l’emporte piece”, concluiré afirmando que George Sand no fue paciente ni resignada, que no fue constante ni fiel, que no fue lógica, ni consecuente, que sus teorías, sus ideas, casi he dicho sus principios, variaban según el “corso é ricorso” de sus devaneos, en los que si hay tipos que pueden hacer excusables ciertos extravíos hay otros que, aunque apenas duren un día, son como para dar asco. Antítesis, en efecto, y qué aberración en el gusto son Michel de Bourges[3] y Alfred le Musset* o Chopin, elegantes estos ¿y aquel?


No fue una exposición de cuadros ni de flores la que hace pocos meses tuvo lugar en Londres, bajo el patronato del arzobispo de la gran metrópoli y de un “élite” de damas de lo principal.

Fue una exposición para responder a esta pregunta: “¿qué haremos de nuestras hijas?”, pregunta que fue contestada exhibiendo en cuerpo y alma una colección de jóvenes de aptitudes diversas remarcables.

Había de todo: sencillo, elegante, donoso, simpático y de cuanto pueden necesitar los que no bastándose a sí mismos pagan a buen precio servicios indispensables; había cocineras, reposteras, costureras, jardineras, fotógrafas, institutrices, señoritas de compañía, profesoras de lenguas vivas, planchadoras, calígrafas, en fin, de todo; pero de todo.

En el momento presente (oigan ustedes, señores senadores, diputados, etc., argentinos), la mayor parte de los hombres de Estado ingleses, miembros del parlamento, periodistas, emplean como secretarios, y los prefieren a los del otro sexo, señoritas preparadas en el colegio de Kensington, donde reciben una educación adecuada: estenografía, dactilografía, teneduría de libros, etc. Sus emolumentos varían entre 65 libras esterlinas y 130. Testigos oculares afirman que se expiden con la mayor destreza, que son muy pacientes; y la opinión pública siempre vigilante no tiene nada, absolutamente nada que observar, en lo que se refiere a la discreción, reserva y recato…

De ahí que el colegio de Kensignton esté gozando de una protección en la que las clases ricas se distinguen; y que vaya dejando de ser una inquietud primordial la que hasta hace poco, en clases poco acomodadas preguntaba ¿qué haremos de nuestras hijas?


“Escribo lo que escribo porque, sabiendo cuál es la única cosa que puede liberar el pueblo cristiano del terrible sufrimiento físico y, sobre todo, de la corrupción espiritual en que se va hundiendo, yo, que me encuentro al borde del sepulcro, no me puedo callar”.

Así escribe Tolstoi, en un artículo largo sobre “La ley de la Fuerza y la ley del Amor”, en el número de Marzo de la revista: Fortnightly Review[4].

Citamos algunos de sus dichos más sobresalientes.

“Un estado de cosas miserable”.

“En nuestros días, no puede escapar a la percepción de toda persona de pensamiento que la vida del hombre ―no solamente en Rusia sino en todo el cristianismo― con su miseria siempre reciente entre los pobres y el lujo entre los ricos; con la lucha de todos contra todos, revolucionarios, razas oprimidas contra sus opresores, Estado contra Estado, Occidente contra Oriente; con sus siempre crecientes armamentos devorando las fuerzas del pueblo; con sus refinamientos y depravación, que esto así no puede continuar; y que la vida de las naciones cristianas, a menos de cambiar, se hará cada vez más y más miserable.

Esto es claro para todo el mundo; pero desgraciadamente muchas veces las gentes no ven la causa de ciertos estados de cosas desastrosos y, mucho menos, cómo se han de remediar.

Las circunstancias más variadas son consideradas como causas de ese estado, y los medios más variados son sugeridos también para remediarlo”.

Es la anarquía.


Este es el cuarto medallón de Waverley.

El conde Garrington, presidente del “Board of Agriculture” (ministerio de agricultura), declaraba el otro día que dos terceras partes del suelo de Inglaterra pertenecían a los miembros de la Cámara de los Lores.

Soy profundamente conservador, decía, y lo he sido siempre por tradición de familia, desde mi primera juventud, pero me veo obligado a reconocer que la Gran Bretaña no puede por más tiempo continuar con semejante régimen”.

Todos los ingleses inteligentes lo sienten por otra parte, y es por eso que han sido votados (esto lo hago observar yo), tantos “Cand Acts”, tantos “Small Holdings Acts” en los últimos años.

Waverley, prosigue, que el otro día hablaba del conde de Leicester diciendo: deja una fortuna de 879.594 libras esterlinas, sin incluir los “settled states”, es decir los bienes que no tenía derecho de alienar y algunos de los cuales representaban más de 50.000 acres.

Pero Lord Leicester vivía sencillamente y hacía un uso noble de su fortuna, pasando toda la vida en sus tierras. Hay pocos como él.

He aquí al duque de Bedford.

Este no es un reciente ennoblecido, como sucede con tantos otros pares del reino, es un caballero nato; no desciende de los condes de Bedford de la conquista normanda, su nobleza remonta a los comienzos del siglo XVI.

Tiene una gran fortuna territorial y, entre otras cosillas, posee en el Cambridgeshire 10.000 acres donde se hallan varias aldeas de las que él es absolutamente dueño y señor, lo mismo que en pleno feudalismo. Entre esas aldeas, está la de Thorney, célebre por su abadía. Los habitantes vasallos de la casa de Bedford, desde hace más de 300 años, en varias ocasiones, sabiendo que el duque quería vender sus bienes, le dirigieron cartas tocantes rogándole que no lo hiciera.

El duque ha contestado siempre secamente que estaba resuelto a vender todo eso.

La nobleza no tiene razón de ser sino cuando al lado de los privilegios tiene deberes con los que cumple. Los dos más nobles privilegios de la gran nobleza territorial eran el porte de armas y la protección de los vasallos que Dios le había dado.

He citado el caso del duque de Bedford, pero hay excepciones en otro sentido y algunos admirables, abundando por desgracia aquellos para quienes la nobleza y la fortuna no son sino maneras de hacer acto de snobismo y de egoísmo. El pueblo inglés es profundamente, esencialmente conservador, tiene el respeto innato del lord, el que por su propia culpa arriba poco a poco a hacerse detestar o despreciar. En vez de vivir en medio de los hijos de sus antiguos vasallos, prefiere ir a pasar el invierno en el Cairo, en Niza o en otra parte; prefiere jugar al bridge a cultivar sus tierras. Acabará así por ser “ahorcado” y será “all right”, como me lo decía días pasados un viejo aristócrata, amigo mío, deplorando semejante estado de cosas, ante el socialismo invasor y anárquico añadía: “Él pasa, no siendo muy rico la mayor parte del tiempo en sus tierras, tratando de mejorar estas y la suerte de los que con el sudor de su rostro las hacen fructificar”.


Creo no equivocarme diciendo que el hombre más popular de Inglaterra en este momento es lord Beresford*.

Diez y nueve circunscripciones electorales le ofrecen llevarlo otra vez a la cámara de los comunes.

Desde que era muy joven el vehemente marino no ha puesto los pies allí, donde no poco se distinguió hasta por cierto género de diabluras estudiantiles.

Se cuenta que uno de sus colegas muy gotoso tenía la costumbre de sentarse detrás del “speaker” donde, quitándose los botines, se dormía profundamente.

Una noche en la que había “división” (cuando hay que votar así los miembros salen de la sala de sesiones), lord Charles, escurriéndose tras de la silla del “speaker”, se apoderó de uno de los botines de su doliente colega.

Cuando los miembros fueron llamados al “lobby” (antecámara o galería donde se cuentan los votos en pro y en contra), el dormilón al despertarse no halló más que un botín, y así calzado de un pie tuvo que ir a votar.

Fue acogido con hurras de Charlie, como si dijéramos Carlitos, y de sus amigos que advertidos esperaban el resultado de la broma.

Esto me trae a la memoria una pausa parlamentaria de Héctor F. Varela[5] en lo que se llamó la legislatura de Buenos Aires antes del 80.

El senador X ya está en el otro mundo, pero ha dejado prole, con la que tengo relación amistosa, y por eso no lo nombro, el senador X debía pronunciar leyéndolo, un discurso que Héctor mismo le había hecho, por complacerlo.

Cediendo Héctor a pedidos de sus amigos de la oposición, y mientras X hablaba en antesalas, fue a su asiento y reemplazó su discurso con un papel en el que había escrito: “No hable, amigo, porque todo el mundo sabe que el discurso es hecho por mí, habiéndolo visto en su carpeta de mi letra, váyase más bien”; y el hombre se fue y la cuestión se ganó por un voto.


Varias veces les he hablado a mis amables lectores de Paul Verlaine, mi amigo de última hora. He aquí una anécdota del lírico cristiano admirable; pero al cual se le puede aplicar un verso del célebre bardo catalán: “Non me lea, qui non es trist ó non estuvo trist”.

Richepin[6] ha dado en una conferencia organizada en Londres por la Berlitz School of Languages, en conexión con L’Université des Anales de France, detalles prolijos sobre los primeros ensayos de Verlaine, sus producciones siguientes y mucho que se ignoraba, relacionado con su extraña existencia, en algo parecida a la vida mental de Edgardo Poe.

Las primeras obras de Verlaine, dijo, no eran suficientes para caracterizarlo como gran poeta. Su fama se elaboró poco a poco y acabó por ser una sorpresa.

Pero hablemos de sus luchas con el hambre y de sus intimidades. Se casó, fue empleado en el Hotel de Ville (la municipalidad). Su modestísima posición parecía hecha para asegurarse un porvenir tranquilo. ¡Ilusión! Su felicidad fue efímera. Si hubiera sido lo contrario no habría cantado las bellezas que arrancaba de su pecho dolorido.

El conferenciante había conocido íntimamente al poeta y le había amado. En resumen, agregó: tenía un gran vicio, la bebida; pero no gustaba de ella por sí misma, bebía para darle empuje a su genio.

Verlaine abandonó a su mujer propia (después la tomó otra que yo le conocí, le cuidaba como a un chiquillo, según lo tengo referido en otra parte), y se fue en viaje de aventuras con su amigo Arturo Rambaud[7], un hombre que desde los primeros albores hizo brillar su talento literario. Pero pasada la florescencia primaveral, feneció.

Estuvieron en Londres y otras ciudades haciendo no pocas excentricidades. En una ocasión, después de decirle adiós a Inglaterra, Verlaine se presentó como candidato para el puesto de maestro de inglés en un liceo. No hablaba palabra de este idioma. Allá vería. ¡El estómago vacío sugiere tantos ingeniosos expedientes![8]

Obtuvo el puesto, y a las pocas lecciones presentóse el director del liceo a ver cómo andaba la cosa.

Verlaine hablaba en un inglés raro, con un acento insultar y pronunciación como por ejemplo:

“Volez vouz dire moa”…

El director manifestó su sorpresa de un modo tan peculiar de enseñar.

“Es muy lógico, sin embargo, contestó Verlaine, puesto que la cosa más difícil cuando se aprende un idioma extranjero es tomar el acento. Yo acostumbro así a mis discípulos a aprender el acento inglés hablando en francés, después les será, según mi método, más fácil retener el acento correcto cuando hablen inglés”.

No duró este profesorado y Verlaine se lanzó en plena “bohemia”, hasta reñir con su amigo Rimbaud, al que le pegó un balazo. Condenado a dos años de prisión, leyó muchos libros, entre ellos a Shakespeare, que ignoraba ayudado por una gramática y un diccionario, y como no hay mal que por bien no venga, las bellas letras poéticas salieron ganando. Esto lo digo yo. Richepin observa que Verlaine se impregnó tanto de Shakespeare que Racine y otros clásicos franceses decayeron en su sentimiento admirativo.


Muchas cartas y correspondencias recibirán ustedes por este correo. El telégrafo habrá anticipado su confirmación o su rectificación, y hasta el desmentido.

Yo les digo a ustedes con un diplomático amigo, de por esos lados de los Balcanes: “Es imposible por el momento hacer, respecto de Turquía, ninguna profecía que no pueda ser desmentida dos días después. Todas las suposiciones son permitidas (yo no pienso como él) excepto una vuelta al absolutismo, porque todos los factores necesarios para su restablecimiento faltan. Aparte de eso, nada absolutamente se puede predecir. El Oriente es un país como para desconcertar al más pintado. Una de sus características, la que más me ha sorprendido, es que allí las cosas “sobreviven”. Para precisar mejor mi pensamiento tomemos un ejemplo concreto. Supongamos que en París se reconozca que una casa amenaza ruina con los peligros consiguientes; a las veinticuatro horas el prefecto de policía la habrá hecho demoler. En Turquía, continuarán habitándola y cincuenta años después ahí estará…”.

La Europa no entiende bien lo que está pasando en Constantinopla y espera por momentos una solución definitiva. No conocen a los turcos.

Concluyo.

Ya está en el trono, temblando seguramente, el nuevo sultán Mehemet V[9], hermano de Abd-ul-Hamid*, que baja del solio, por milagro, con la cabeza sobre los hombros.

La edad, la salud precaria sobre todo, del nuevo sultán, hacen que ya se esté pensando también en su sucesor.

Es el hijo mayor de Abdul-Asiz, Joussouf Ezzedine Effendi, y tiene 52 años.

Creo que no vale la pena explicar una genealogía, aquí al menos, tarea por otra parte reservada a los corresponsales de oficio que ustedes leen.

Mi opinión sobre todo esto cabe en una uña achicando la letra.

Ustedes conocen lo que eran los famosos “genízaros” de cuando los turcos se posesionaron de Constantinopla. Ellos, con otro nombre ahora, “el ejército joven turco”, decidirán la suerte del imperio otomano hasta el momento fatal de su desmembración.


¿Pueden las naciones cumplir su palabra?

Doctores tiene la diplomacia que os sabrán contestar.

Yo digo, como una señora de Córdoba a la que un amigo mío le hacía una declaración apasionada, creo, pero desconfío.


Si el gobierno de los Estados Unidos no lo desmiente oficialmente, quedará vibrando como una inquietud lo que acaba de revelar el señor Romero García, venezolano residente en este momento en Trinidad.

Según el telegrama publicado en Londres, todo lo que ha pasado en Venezuela, desde que Castro* salió de allí, y todas las aventuras del dictador que en parte alguna de América ha podido hacer pie, son la obra clandestina de los Estados Unidos, que entre otras cosas han obtenido de Gómez “concesiones territoriales” inauditas mediante un tratado secreto. El viaje del ministro Buchanan a Caracas, el día siguiente mismo del movimiento que derrocó a Castro*, se relaciona, afirma el señor Romero García, con todo lo que él prolijamente denuncia. Los detalles son como para dudar de la veracidad del señor Romero García.

Pero hasta ahora no aparece ni la rectificación oficiosa siquiera.


  1. Alfred Milner, Vizconde Milner (1854-1925) fue un político y administrador colonial británico. Se hizo notorio por el Jardín de infantes de Milner, un grupo de hombres jóvenes de los que él fue el mentor y quienes en algunos casos se convirtieron en importantes figuras del Imperio británico y por su influencia clave en la historia colonial de Sudáfrica, en la que llevó adelante una política guiada por el objetivo imperialista de mantener a toda costa la hegemonía británica. (VIAF: 37052876).
  2. George Sand es el pseudónimo de Amantine Aurore Lucile Dupin de Dudevant (París, 1804- París, 1876), fue una novelista, periodista y socialista francesa del Romanticismo, considerada una de las escritoras más populares en Europa en esta época, siendo más reconocida que Victor Hugo y Honoré de Balzac en Inglaterra en las décadas de 1830 y 1840. Su obra, que cuenta con más de ochenta obras, se produjo mayormente entre 1830 y 1870. (Extractado del Museo de la Vida Romántica: https://acortar.link/ASzLGt).
  3. Louis-Chrysostome Michel, conocido como Michel de Bourges (Pourrières, 1797–Montpellier, 1853) fue un abogado y político francés, famoso por su excelente oratoria y sus ideas republicanas. (VIAF: 71615662).
  4. The Fortnightly Review (La Revista Quincenal) fue una de las revistas más importantes e influyentes en Inglaterra durante el siglo XIX. Fue fundada en 1865 por Anthony Trollope, Frederic Harrison, Edward Spencer Beesly. El primer número apareció el 15 de mayo de 1865. Sus archivos pueden consultarse en línea.
  5. Héctor Florencio Varela (Montevideo, 1832–Río de Janeiro, 1891) fue un escritor, periodista y diplomático argentino, editor junto con su hermano, del diario La Tribuna. Era hijo del publicista unitario Florencio Varela y de Justa Cané –hermana de Miguel Cané padre, tía del autor de Juvenilia-. El matrimonio Varela Cané se casó en 1831 a través de un poder que Florencio envió a Buenos Aires, estando él ya exiliado en Montevideo. Una vez desposada, Justa viajó desde su natal Buenos Aires a reunirse con su marido en la capital uruguaya, en donde nació Héctor, el primogénito.
  6. Jean Richepin (Argelia, 1849–París, 1926), fue un poeta, novelista y autor dramático francés. Su obra más conocida, La Chanson des Gueux (La canción de los mendigos), fue publicada en 1876. El libro se consideró escandaloso y su autor fue condenado a un mes de cárcel por atentar contra las buenas costumbres. En 1908, fue elegido miembro de la Academia francesa. También fue nombrado Comandante de la Legión de Honor. (VIAF: 64087745).
  7. Creemos que se refiere a Arthur Rimbaud, con quien Paul Verlaine tuvo una relación amorosa durante el periodo que pasaron juntos en Londres, experiencia de la cual surgió la obra de Rimbaud Una temporada en el infierno (Une saison en enfer). Se trata de un largo poema en prosa escrito alrededor de 1873, es la única obra publicada por Rimbaud personalmente. Recurrió a un impresor inglés para que le publicara cien copias de las cuales repartió unas seis entre algunos amigos (entre quienes estaba Verlaine) y el resto fueron dejadas en el sótano de la editorial. El resto de la edición fue encontrado a principios del S. XX por un crítico francés. (Extractado de la Enciclopedia Británica: https://acortar.link/eK2VKi).
  8. Al parecer, en este viaje ambos poetas se hallaban bajo los efectos del hachís. (Extractado de la Enciclopedia Británica: https://acortar.link/eK2VKi).
  9. Mehmed V, también conocido como Mohammed V, Mehmed V Reşad (o Reşat) o Reshid Effendi​ (Estambul, 1844-Estambul, 1918), fue sultán del Imperio otomano. Fue el 35º sultán otomano, y se le atribuye haber sido el 99º califa del Islam, en el entendido de que la dinastía otomana tomara el califato en 1517, hecho discutido por algunas opiniones. Era hijo del sultán Abd-ul-Mejid I y Gulcemal Kadin Efandi.​ Ascendió al trono en 1909, aunque careció de poder político real durante su reinado, dominado por figuras políticas tales como Ismail Enver, Talat Pashá y Cemal Pashá. En septiembre de 1911 Turquía entró en guerra con Italia, sufriendo una estrepitosa derrota en octubre de 1912, debió ceder a Roma toda Libia, las islas del Dodecaneso frente a las costas de Anatolia y puntos estratégicos en el Mar Rojo. Seguidamente, como consecuencia de las guerras balcánicas de 1912 y 1913, perdió casi todos los territorios europeos (excepto la región entre Edirne y Estambul). (VIAF: 23084823).


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