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EL DIARIO

Miércoles 2 de Junio de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, mayo 6 de 1909.

     

No se puede leer todo. He leído, sin embargo, cuanto he podido para enterarme algo e informar a ustedes sobre los sucesos de Turquía.

Lo más sustancial en su concisión y que extracto, lleva la firma de Rachid Moutran.

Es un patriota de Siria, cuya acción persistente en pro de la autonomía de dicha región histórica, tan interesante, le hace lo más simpático.

Dice él que nada de lo que forma la unidad de un pueblo existe en Turquía.

Es un conjunto de razas que se odian y religiones que se desprecian mutuamente.

Para unir tan opuestos elementos cuanto adversos, sería menester un gobierno de una sabiduría y de una habilidad rayanas en lo imposible.

A mi entender, prosigue, la proclamación de una constitución ha sido una falta de mucha gravedad.

Si hablo así no es porque haya sido partidario de la autocracia del sultán destronado.

No. Es porque conozco la psicología de los turcos y porque de antemano sabía cómo es que ellos entenderían una constitución occidental.

Sigue discurriendo y arriba a esta conclusión: La victoria actual del comité Unión y Progreso y la ascensión al poder de Mehemet V[1] no cambian en nada mis ideas. Las dificultades quedan en pie y son grandes, tanto como lo eran para el otro sultán.

Los europeos tienen el defecto de encarar las cosas de Oriente según su propia lógica, resultante de su moral y de su educación.

La diferencia de principios motores en Oriente y Occidente es enorme para que se pueda proceder por analogía. De ahí la incomprensión del Oriente en Europa.

La constitución puede vivir en Turquía apoyándose en la autonomía (que es mi tesis en acción), si los súbditos del imperio otomano se desembarazan de sus preocupaciones de raza, de religión (¡pues es nada!), lo que salta a la vista como una dificultad de grandísimo momento.

El acercamiento de las razas es muy delicado; el de las religiones mucho más.

Ved los asesinatos en masa del Asia Menor que son más elocuentes que todos los discursos.

Hablando con franqueza yo no le veo a la situación actual más que un remedio.

Lo digo con pena, porque soy adicto al nuevo sultán, que me merece estima.

Ese remedio está en distinguir lo que no distingue el comité Unión y Progreso, a saber: que no es posible gobernar, como el lo está haciendo, con el ejército por otra parte dividido, o lo que es su equivalente, con una sombra de sultán. ¡Y todo el fondo de la cuestión está ahí!

Los sablazos que se han cruzado por la conquista del poder parecen no tener en cuenta el pueblo.

Finalmente, acorto en lo posible, escribe el patriota siríaco: la igualdad de todos los súbditos del imperio es quizá la cuestión más insoluble, sobre todo en un pueblo “analfabeto” como el que constituye la Turquía.

Lo repito, lo único que puede salvar (que no se salvará, insisto yo), el imperio turco es la autonomía de sus provincias.


Cuando a un hombre de Estado, a un ministro, digamos, le pidáis un favor, y saque su cartera diciendo “para no olvidarme apunto”, podéis estar seguros de que se olvidará. No es infalible, pero es la regla. La buena voluntad, la sinceridad no requieren apuntes.


¡Ironías históricas!

Constantinopla, que había aclamado a Abdul Hamid* hoy día como encarcelado, aclama a su sucesor con aplausos estruendosos.

¿Cuánto durará?

Las represalias se hacen fusilando en masa.


“Para verdades el tiempo

y para justicias Dios”.

¿Y para contradecirse?

El hombre, que el sabio antiguo definió “un animal religioso”, que yo defino “un animal impostor”.


Clemenceau[2] fue el enemigo más formidable que tuvo Gambetta*.

Pues el otro día Clemenceau, al inaugurar su estatua en Niza, lo ha puesto por los cuernos de la luna en un discurso que es una apoteosis.


Hay naturalezas idealistas que no pueden vivir en el presente sino en el porvenir, y como el presente es la realidad y el porvenir es lo desconocido, así son los chascos que se pegan.


Un escritor inglés escribe inquieto, viendo los progresos extraordinarios de Alemania: Danton, decía cuando la revolución, recordando a Bacon, ¡audacia, audacia, siempre audacia! Yo le digo a mi país: ¡prepararse, prepararse, prepararse siempre!


La hipofagia cunde tanto en Francia, que ya es raro hallar una ciudad pequeña, en la que no se coma carne de caballo. En las grandes hace tiempo que la preocupación desapareció.

Recuerdo con este motivo el caramillo que le armaron a cierto jefe de frontera, que conocí mucho, porque no dándole el proveedor carne de vaca en tiempo hizo comer a su tropa carne de yegua, comiendo él también por supuesto.


¡Estupendo!

Se reunió días pasados en el Observatorio de París el “Congreso de la carta del cielo”.

Por medio de la fotografía telescópica veremos en pocos años realizado un verdadero trabajo de Hércules: la fotografía del cielo con sus cerca de 40 millones de estrellas de todos tamaños.

¡Qué paciencia! Con razón se ha escrito: “la science est une longue patience”.


He dicho antes que el eje del equilibrio está ahora en Berlín, no en Londres, como antes.

Quiero agregar unas pocas reflexiones a mi acierto.

Insisto, 1912 es una fecha lúgubre. Estando todos listos será imposible escapar a un arreglo de cuentas a una liquidación general, total, para asegurar medio siglo de paz en Europa sin mahometanos imperando en Constantinopla.

La triple alianza, cuya caída próxima se venía prediciendo por los diplomáticos que pretenden tener largas narices y por los publicistas que se dicen reflexivos, resulta a la hora de esta, reforzada gracias a los arreglos de Roma, Viena y Berlín, donde la “repartición del Oriente está decidida”.

Satisfecho así todos los apetitos y no oyéndose ya las notas falsas de hace poco, ¡cómo suponer que aquellos gabinetes vuelvan a no entenderse!

El interés los vincula y los conduce.

La infiltración de la masa germano-austro-italiana parece casi irresistible.

Todo esto un tanto nebuloso es la consecuencia de la imprevisión o de la imprudencia egoísta que desencadenó la revolución de los jóvenes turcos[3].

Porque ese pretexto, dado a la diplomacia austro-húngara para hablar militarmente a la Europa, ha encauzado, dándoles dirección, oculta si se quiere en un sentido por ahora, una serie de acontecimientos ligados unos a otros, todos ellos implicando decepciones para la política internacional franco-rusa-inglesa en Europa.


Lo mismo que la arqueología descubre en inesperadas regiones monumentos o fragmentos preciosos, lo mismo la literatura saca del polvo de las bibliotecas frases ignoradas.

Esto verbi gracia:

“Lo bello solo está en lo simple y en lo natural. La Grecia, con un tacto divino, había hallado la perfecta medida…”.

Es de Renan*. Me place ¿y a uds.?


Como según parece, ya no pueden ustedes los argentinos vivir en su tierra visto los cargamentos de ambos sexos que a diario casi nos traen los italianos, los españoles, los ingleses, los alemanes en sus grandes vapores, no estará de más que sepan esto:

Hay en París (abril 15, día doloroso, se vence el primer trimestre y aquí la ley ampara en todo al propietario), hay en París, decía, 1.250.000 apartamentos o alojamientos de alquiler, de los cuales 27.000 están, término medio, casi siempre vacantes.

De estos, una veintena solamente son de un alquiler anual de más de 20.000 francos (sin los impuestos municipales que son saladitos), una cincuentena pagan 10.000 francos por año y 15.500 solo pagan alrededor de 500 francos.

Los impuestos, que es el inquilino quien los paga, representan casi una quinta parte o más, depende de varias circunstancias del alquiler.

En los apartamentos amueblados no paga los impuestos el inquilino sino el dueño.


Hace allí mucho frío, mucho, lo que no quiere decir que en julio no haga un calor como el de La Rioja en diciembre, un calor seco como yesca.

Estoy refiriéndome a Suecia y Noruega, país donde da ganas de vivir leyendo lo que va a continuación.

La mortalidad es allí más débil que en otras partes. En Suecia no pasa de un 14 por ciento y en Noruega apenas llega a 13 por ciento.

La mortalidad infantil ha disminuido un cinco por ciento en menos de treinta años.

¿Causas de estos felices resultados, que es lo que a nosotros los argentinos nos interesa?

Buena higiene y limpieza de la población; magnífica organización de los hospitales donde se hacen asistir hasta los más ricos, en gran mayoría; y disciplina general, que permite combatir de un modo verdaderamente eficaz todas las enfermedades contagiosas.


Poco falta.

No hay que sonreírse.

Ya está organizada en los Estados Unidos la sociedad europea americana de navegación aérea, cuyo objeto es atravesar volando en globo el océano.

Míster Joseph Brucker, uno de los socios, hombre competente, es de opinión que cruzar el Atlántico siguiendo la ruta que siguió Colón, es empresa muy factible mediante la ayuda de los vientos alisios.

Piensa él que el punto de partida para empezar debe ser el puerto de Palos en España, siguiendo el globo la vía de Madera, Tenerife, Cabo Verde y las islas Bahamas.

Durará este viajecito solamente seis días.

Podremos así llegar a Montevideo en quince y a Buenos Aires al rato.

Yo estoy esperando que el hecho se realice para hacerle a la tierra una visitita.

El rey de España, tan entusiasta, y el conde Zeppelin[4], ya han conferenciado con Mr. Brucker.


“La mayor parte de los hombres ignoran la amistad femenil y cuando se ven en una dificultad, cuando se encuentran envueltos en una madeja que ellos mismos han enredado, cuando se ven con dudas ante los problemas de la vida, no buscan el consejo de la mujer; van a conversar tranquilamente con algún amigo en cuyo honor, buen sentido y bondad tienen alguna confianza”, escribe el señor Philip Gibbs; en el Western Mail, y concluye, que hacen mal y yo soy de su mismo parecer, siendo la mujer más capaz que el hombre de infiltrarse en los misterios del alma humana, que en lo demás ahí se van.


No se ha perdido el librito Los Fragmentarios[5], del señor Pedro Sonderguer[6]. Aquí lo tengo desde hace unas pocas horas.

Lo leeré. Y como supongo que el amable autor querrá saber qué pienso de su labor literaria, de su fondo y de su forma, que me dé tiempo y allá irá uno de estos días mi juicio crítico más o menos estimulante.


Waverley escribe su quinto medallón dándole este título: “El pauperismo matará la Inglaterra”.

En estos tiempos, ciertas gentes parecen tomar a pecho el exasperar las cóleras populares, con locuras de lujo imbécil. Y como gracias a la prensa de “half penny”, un sueldo, no hay una sola de sus extravagancias que no se conozca, ya puede el lector imaginarse lo que experimentan los pobres miserables sin asilo, casi desnudos, con frío, con hambre cuando ven una exposición de perros de lujo, en la que, como el otro día ha sucedido, una lady había hecho tapizar la casilla de su perrito, a fin de que no tuviera mucho frío, con pieles de cibelina cuyo precio no bajaba de 500 libras esterlinas.

Yo insisto, continúa Waverley, sobre esta cuestión, el lujo, porque es la miseria creciente a lo que más que a los cañones alemanes debemos temerle. Tenemos también que combatir que cada vez más se acentúa la inclinación a agruparse en los grandes centros comerciales e industriales, renunciando a las ventajas materiales y morales de la vida rural, es decir, a lo que en gran parte le debemos lo que somos.

El otro día el parlamento ha sido abierto por el rey con una pompa feudal extravagante, la misma del tiempo de Enrique VIII[7], con su cortejo de gentiles hombres con bastones de oro y plata.

Nada menos que ocho magníficos caballos tiraban una carroza cubierta de oro; y al día siguiente seis mil infelices, muchas de ellas con criaturas demacradas, hediondas en los brazos, famélicas, rotosas, desfilaban por las calles de Londres pidiendo trabajo y algo que comer y toda esa multitud repelente e interesante a la vez al pasar por Duque Street, el aristocrático barrio, se detenía y sus intérpretes pronunciaban discursos desgarradores.


El vizconde de Arenel, colaborador del Gaulois* y cuyos trabajos en la Revue des Deux Mondes* que ustedes conocen seguramente, ha dado una conferencia sobre este tópico: “los ricos de antaño y ogaño”.

Con elocuencia y claridad puso en evidencia el hecho de que la democracia no es enemiga de la riqueza, puesto que hoy día los ricos son doce veces más numerosos que bajo el antiguo régimen; con una fortuna infinitamente más grande.

He ahí la demostración de una idea que ya tenía sostenido el conferenciante, a saber: que el dominio económico es distinto del dominio político, visto que la desigualdad en el uno coincide con la igualdad en el otro.

Por otra parte, hago notar a ustedes que a partir del momento en que las fortunas han aumentado, los salarios, a su vez, han subido (según lo hemos visto en nuestra tierra Argentina), lo cual prueba que esta nueva riqueza no le ha sido escatimada al pueblo.

El conferenciante terminó pasando revista del presupuesto personal de los antiguos reyes y príncipes, el de los financistas en los tiempos modernos, teniendo en cuenta, época por época, el poder de adquisición (de compra) de la moneda, y arribó a esta conclusión que algunos de los financistas o industriales, franceses, tienen una renta superior a la del duque de Borgoña o el duque de Lorena.


¡Ningún argentino! y he aquí una curiosa estadística. Es la de los desgraciados que, merced a la hospitalidad de la noche, han sido abrigados en los asilos nocturnos en 1908.

Son 68.837 y se descomponen como sigue: 19.111 parisienses, 43.384 provincianos, 6186 de nacionalidad europea, 116 africanos y 41 americanos; además 3060 mujeres y 41 niños.

Se cuenta entre los extranjeros: 1 chileno, 9 turcos, 19 polacos, 9 senegaleses, 2 suecos, 471 alemanes, 197 austríacos y solamente 59 ingleses.


El Times* dice, resumiendo un largo artículo científico suyo sobre la beatificación de Juana de Arco: “Dejemos de lado la cuestión teológica. Pero del punto de vista humano, lo que esa mujer, doncella o no, hizo, es asombroso, un milagro. Sin ella no nos echan de Francia entonces”.


No hay nada banal para la ciencia dependiendo todo del modo de ver los fenómenos que se estudian.

No han olvidados ustedes, probablemente al famoso profesor Richard Garnier, de la universidad de Chicago, intrépido lingüista que se ha propuesto estudiar el lenguaje de los “monos”.

Después de haber pasado algunos meses en los bosques del Congo francés para seguir sus estudios, he aquí las últimas noticias que de él se han recibido:

El profesor Garnier tiene por cierto que los monos hablan. Y se propone dar a luz próximamente un pequeño léxico de su lengua, onomatopeya, simples gritos y palabras articuladas.

En efecto, estudiando eso, ha podido anotar sonidos sin significación literal, que expresan la cólera, el temor, la simpatía, el llamado de la madre a sus hijuelos y su respuesta; ha registrado también un cierto número de palabras que le han permitido con estupefacción, tan profunda como comprensible de los indígenas, tener conversaciones con sus amigos de la raza simiesca.

Para expresar el hambre, por ejemplo, los monos pronuncian “koni”.

¿Dónde estás? se traduce por “our’h”.

Aquí, por “qu’nh”.

“Ki-iou” es la señal de atención, y poner los pies en polvorosa: “ki-iou-ouh”’.

(Hay que leer como en francés).

¿Si tendrán razón los transformistas?

¿Vendremos realmente del mono?


En los países que llaman “latinos”, por muy poca sangre del “Latio” que tengan, son los médicos, más que ningunos otros, muy aficionados a la política.

¿Será que tanto los interesa la salud del cuerpo como la del Estado?

Si el que esto lee es de la profesión, dentro de sí mismo hallará la respuesta.

¡La salud del cuerpo!, ¡la salud del Estado! El asunto es de la mayor importancia y lo trata con competencia el doctor inglés Saleeby.

Los que se interesen en ello hallarán una mina de información leyéndolo.

La tesis es esta: “Todo progreso social depende del bienestar del pueblo”.

Por consiguiente, los reformadores sociales harían un trabajo más eficaz si en vez de tanto perseguir soluciones de puro orden moral se consagraran con incesante ahínco a la higiene, teniendo como divisa el famoso dicho de Juvenal: “mens sana in corpore sano”.

El doctor Saleeby sostiene que la palabra “imposible” no es “aplicable al mejoramiento de la raza”, y que la difusión del conocimiento de las leyes de la limpieza personal es un deber de los que gobiernan. Dadme, dice, aseo en el cuerpo y entonces yo os saludaré como a un hombre civilizado.


Sir William Huggins[8] le ha dicho a un representante del Morning Leader que él no cree en la idea del “demasiado-viejo-a-los-cuarenta-años”.

“Yo, todavía no renuncio al trabajo”, prosiguió, “trabajaré con ardor, con tanto ardor como siempre, en mis laboratorios de química y física”.

A pesar de mis 84 años, ¡me siento intelectualmente como cuando tenía 20!”.

Atribuye su salud perfecta a sus hábitos de templanza, no fuma y casi no bebe.

El fumar, dijo sir William sonriéndose, no es bueno para los astrónomos. Y citó el caso de un conocido astrónomo alemán, quien, mientras observaba el cielo descubrió un “vapor” misterioso reflejado en su telescopio.

¡Qué gran descubrimiento! pensó.

Pero un colega le hizo notar después que era sencillamente el humo que ascendía de la pipa predilecta del astrónomo. Y así perdió el mundo un gran descubrimiento científico.


José F. López es un incorregible, felizmente.

El correo último acaba de traerme otra lucubración suya, filosófica, de observación intensa y estudio erudito. “Merci!” Solo tengo de ella una tintura. Después que me sature un poco más con su lectura atenta, le diré al lector mi sentir.


  1. Creemos que se refiere a Mehmed V.
  2. Georges Benjamin Clemenceau (Mouilleron-en-Pareds, 1841-París, 1929) fue un periodista y político francés que ejerció como primer ministro y jefe de gobierno durante el régimen de la Tercera República Francesa (1906-1909). Poco después de la Catástrofe de Courrières de 1906 (en la que murieron 1500 obreros), hubo numerosas protestas auspiciadas por los socialistas, que fueron reprimidas utilizando para ello la fuerza militar. Gobernando con mano de hierro, reformó los cuerpos de policía para que pudieran enfrentar a los movimientos de protesta por militantes de la izquierda política, creando “brigadas móviles” de policía (que en referencia a él se apodaron “brigadas del Tigre”) y describiéndose a sí mismo como el “primer policía de Francia”. Enfrentado a su entorno político, y hostilizado por los socialistas, Clemenceau rompió sus relaciones con el líder socialista Jean Jaurès y apoyó el establecimiento de la Entente Cordiale con Gran Bretaña. Fue duramente interpelado por Théophile Delcassé en 1909 respecto al estado de la marina de guerra francesa, por lo cual dimitió en ese mismo año para volver a su carrera periodística. Fundó el periódico regional Le journal du Var y el periódico parisino L’homme libre (El hombre libre). (VIAF: 49223492).
  3. En 1908 se produjo en Turquía lo que se conoce hoy como la “Revolución de los jóvenes turcos”: una colación de jóvenes reformistas, secularistas y anti-monárquicos logró devolver a Turquía el sistema parlamentario que en 1878 había sido destituido por el sultán Abdul Hamid II. La revolución desbancó a las instituciones monárquicas y restituyó las instancias democráticas.
  4. Ferdinand Adolf August Heinrich Graf von Zeppelin, más conocido como Ferdinand von Zeppelin (Constanza, 1838-Berlín, 1917), fue un noble e inventor alemán fundador de la compañía de dirigibles Zeppelin. (VIAF: 58145857782823020533).
  5. No hemos hallado referencias a esta primera edición, pero en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno se halla una edición de 1926, del sello Tor.
  6. Creemos que se refiere a Pedro Sondereguer, escritor colombiano nacido en Bogotá en 1884 y radicado en Buenos Aires desde 1909. Publicó numerosas novelas con matices metafísicos y espirituales durante la década del ‘20. Algunas de ellas fueron Lo que las mujeres no saben; Cátedra de seducción y Las Fuerzas Humanas. Desde sus columnas de opinión en el diario La Nación promovió un proyecto americanista y colombianista el cual quedó registrado en más de cuarenta años de publicaciones periódicas. Durante la década del ‘40 escribió varios libros de ensayos de corte filosófico. Su obra “Realidad inteligible y realidad pura. Ideas para una metafísica”, del año 1948, sea tal vez su obra más lograda.
  7. Enrique VIII (Palacio de Placentia, 1491-Palacio de Whitehall, 1547) fue rey de Inglaterra y señor de Irlanda desde 1509 hasta su muerte. Fue el segundo monarca de la casa Tudor, heredero de su padre, Enrique VII. (VIAF: 172419710).
  8. William Huggins (1824-1910) fue un astrónomo británico. Construyó un observatorio privado en el sur de Londres, donde llevó a cabo una extensa labor de observación de las líneas de absorción y de emisión espectrales de varios cuerpos celestes. Fue el primero en distinguir entre nebulosas y galaxias, mostrando cómo algunas (Orión) tienen espectros característicos de los gases, mientras que otras (Andrómeda) tienen espectros característicos de las estrellas. Fue también el primero en intentar medir la velocidad radial de las estrellas. (VIAF: 17378802).


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