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EL DIARIO

Lunes 28 de Junio de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, 4 de junio de 1909.

     

Si las mujeres se meten en ello será lo que ellas quieran, al fin, y por ahí va el hilo en Inglaterra según van ustedes a verlo.

Lady Rochester presidió ayer, dice el Times*, el meeting anual de las mujeres unionistas partidarias de la reforma de las tarifas.

De bote a bote estaba lleno el teatro Saint James. Se leyó un telegrama de Chamberlain[1] que va un poco mejor de salud pero que no sanará del todo; telegrama de parabienes por los éxitos alcanzados hasta el presente, precursores a no dudarlo de una victoria final. Y en seguida habló Mr. Balfour*.

En el curso de su exposición dijo que la impresión universal entre todas las clases y en todas partes del país era que la reforma de las tarifas venía y que él pensaba que tan feliz cambio se debía en mucha parte a las asociaciones que, como la precedente, le dispensaban el favor de escucharlo.

Se debía también a un aliado involuntario, al gobierno, cuyo proyecto de presupuesto había provocado una protesta general hasta en el seno de sus mismos amigos. Agregó, y con él estoy yo, que los métodos del “freetrade”, del ruinoso “laissez passer” aplicados sin reservas o restricciones, tenían que pasar a la historia.

No han sido ruinosos pero han hecho su época como todo lo que se relaciona con el gobierno de los hombres y el progreso de cada momento. Hay así que vivir observando y reformando.

Fue por eso, hace años ya, que en oposición a un movimiento proteccionista exagerado, dije a ustedes en la cámara de diputados: ni proteccionista ni libre cambistas, seamos eclécticos. Caminar con los tiempos teniendo en cuenta una ciencia especial que Ruskin[2], el admirable pensador, ha llamado “fenomenología”, he ahí en lo que consiste el buen gobierno de todo país que sin renegar su pasado aspira fuertemente a realizar un ideal consistente en saber oír los lamentos del pobre.

Acción y reacción, eso es la vida humana en su marcha incesantemente afanosa. Al viento que hoy seca las campiñas diría el autor del Dogma de los hombres libres[3], sucede el recio que refresca y permite alzar de nuevo la lánguida cabeza.

En este sentido la Inglaterra es un país ejemplar, y una prueba de que hay un principio misterioso de vida, es decir, de cohesión, de orden, de movimiento, de duración que a la manera de una tradición hereditaria, de un atavismo, opera sin cesar en el desarrollo colectivo.

Ese principio es lo que en Inglaterra representa el partido conservador, lo que no implica ni puede implicar que los que no están con él no sean tan ingleses como ellos; piensan, sienten, anhelan de otro modo lo mismo, son menos prácticos siendo más impacientes, nada más.


Lindamente habló los otros días Marurice Barrès* sobre Pascal, y lindamente escribe también ayer en Le Gaulois* sobre lo que él llama “L’angloisse de Pascal”.

Discurriendo con su acostumbrada originalidad, tan personal dice (sigo la costumbre inglesa de no traducir en cuanto cabe lo que se cita)…

« Pascal… On a dit que durant sa period mumdaine, il suffrait de la mediocrité de son nom et du manque et de ses reconoucers que ne lui permettaient pas de trater en egal les jeunes grands signeurs qu´il frequentaint. C´est preter a Pascal des froissements d´honetté fonctionnaire en province. Mais quoi de commun, je vous prie, entre le personnage de Stendhal, jéune bebe de proie et Pascal, qui á la noblese ardente des archanges? »

Me gusta mucho esto, como les gustaría a ustedes, cuyo olfato literario delicado día a día se desarrolla.

Me gusta mucho sobre todo la metáfora de Stendhal, o sea la jeune béte de proie[4]

Asimismo me gusta mucho lo que generalmente produce un excelente escritor español, al que, con su permiso, le cambiaría el apellido. No es enrevesado pero me suena mal, cambio las sílabas y me sale otra cosa al pronunciarlo.

¿Quién es él?

¿Y para qué nombrarlo?

Baste saber que en uno de sus últimos artículos, dirigido a Valentín Brandan, chileno, artículo rico en concepto, intencionado e intenso, hay una metáfora que no me cuadra, como la de Barrès, y que aquí reproduzco, protestando contra tamaño abuso retórico del talento: “Cuando usted vea una corrida de toros, seguí diciéndole, comprenderá usted esos Cristos. El pobre toro es también una especie de Cristo irracional, una víctima propiciatoria cuya sangre nos lava no pocos pecados de barbarie y nos induce, sin embargo, a otros nuevos. Pero es que el perdón no nos lleva, miserables humanos, a volver a pecar”.

Comparar a Cristo con un toro o viceversa. A ver, amigo, casi he dicho paisano, teniendo como supongo que tenemos, sangre afín, a ver repito, ¿no le parece a usted “un peu trop fort” eso? Con tal de que no vuelva a pecar el galano autor démoslo por no escrito al sacrilegio.


Gambetta por Gambetta o lo que tanto vale, Gambetta*, según su correspondencia y algunos anexos, es un librito que contiene algunas noticias sobre la vida del ardoroso tribuno.

No es caro, cuesta solo 3 francos 50 (aquí, por muerte de un obispo las cosas tienen precio redondo, siempre las acompañan 50 céntimos, 0.75).

Según el autor, M. P. B. Gheusi[5], en 1824 un barco salió de Génova para Chile.

Uno de sus oficiales era Garibaldi y uno de los pasajeros, el abate Mastai, el papa Pio IX después, y uno de los mozos sirvientes un cierto Gambetta*, padre del patriota francés, cuyo retrato a diferentes edades puede verse en ese curioso librito.

Una pregunta, poco fácil de contestar; dejo, pues, en suspenso la respuesta, y sea usted caro lector, el que se la de al autor que la fórmula así.

Si el barco en que iban Pio IX, Garibaldi y el muchacho Gambetta hubiera naufragado, ¿qué habría sido de los destinos del mundo?


Londres cuenta más de diez mil almas que duermen a la luna de Valencia. Es decir, gente tan pobre como Andán.

En Buenos Aires no están tan mal entonces, a lo que se agrega que el clima es suave. Pero el anarquista crece como la cicuta. El hombre es mal inclinado.


Si el lector ama las flores, si tiene, como yo, pasión por ellas, lea esto.

Es bonito, muy bonito. No es mío. Es de un inglés. ¿Cómo se llama? No sé.

Inglaterra es el país del seudónimo y del anónimo, que no molesta como en otras partes, hasta que conviene descorrer el velo del misterio literario.

Lo entresaco y traduzco de un editorial del Times*.

Es el diario que más leo. Me sirve para controlar la verdad de lo que pasa en el continente y demás partes del mundo.

Reinan en este momento los tulipanes en nuestros jardines; los tulipanes altos, que dejaron de estar a la moda cuando a nadie se le importaba de tan lindas flores, y que ahora han renacido con una variedad y un esplendor como nunca se han conocido, ni cuando estaba en su apogeo la monomanía de los tulipanes.

Donde hay tulipanes en un jardín todas las otras flores parecen servir para hacerlos resaltar, como si fuesen hojas, o un fondo de paisaje a estas espléndidas figuras relucientes.

Los alelíes y los miosotis (no me olvides) son cosas lindas, pero en los jardines donde hay tulipanes, apenas se siente que hay ahí otras plantas.

No se las mira sino haciendo un esfuerzo.

Estas llevan sus flores como ornamentos; pero para el tulipán, su flor es todo. Su vida entera parece ser el arte por el arte.

Él es pura decoración, con solo un gajo para llevar la flor y hojas para completar el modelo.

Y cuando ha caído la flor, no queda nada más del tulipán.

Tiene naturalmente todavía el oficio de hacer madurar la semilla; pero hecho esto, muere lo más pronto posible, de modo que, durante la tercera parte del año, se le puede tratar como a muerto, y dejarlo fuera de la tierra.

Durante esta época él no manifiesta interés alguno en la vida.

El tulipán es un mono cotiledón, y en él parecen reunidas todas las cualidades que, para el ojo no científico, distinguen los monocotiledones de los dicotiledones.

Hay desde luego, diferencias científicas entre ellos, pero ahora no se trata de esto.

Para aquellos que nada saben de tales diferencias científicas, diremos que todos los bulbos verdaderos son monocotiledones, y las familias principales de estos son la familia de los lirios, a los que pertenecen los tulipanes, la familia de los narcisos, la familia de los iris, y la familia de las orquídeas.

La mayor parte de las plantas de jardín que no pertenecen a esas familias, incluyendo las rosas, los claveles, las espuelas, toda la tribu de la margarita, y casi todos los árboles y arbustos son dicotiledones.

Ahora hablo yo.

En cambio de los servicios que en mis mocedades le prestara a la agricultura argentina, ¿no son servicios haber llevado la frontera del Río 4° al Río 5° señalando lagunas como Santo Tomé y aguadas como las de la laguna del Cuero? Creo que lo son, aunque modestos. Bueno, en cambio de eso, ruego a la municipalidad de Buenos Aires que ponga tulipanes en nuestras plazas, y sobre todo en las calles de Palermo. Y por si lo hace un millón de gracias anticipadas.


Marcel Prévost* es lo que se llama un hombre afortunado. Nació con suerte y el éxito ha coronado siempre, desde joven, su talento y sus esfuerzos.

Entre él y Drumont* ha optado por el autor de las Demi vierges[6].

¿Por qué no nombró más bien un historiador patético como Lenoire o un filósofo eminente como Boutroux[7]?

Y después ¡dirán que las influencias políticas no medran en la Academia! Marcel Prévost*, estuvo cuando el proceso Dreyfus* del lado de este.

Un diario de hoy afirma en un largo suelto, “les dessous” de la elección de los nuevos académicos, que ha habido intríngulis. En mi párrafo anterior ya algo por el estilo decía a ustedes. ¿O en lenguaje familiar intríngulis no es sinónimo de intriga?

Con razón suficiente Alfonso Daudet[8], si aspiró en su interior, no quiso correr el riesgo de que lo carnerearan, y no presentó su candidatura.


Otro fiasco y otra lección ha sido la última como huelga de correístas, etc. etc.

Todos ellos parecen ahora comprender que los explotan; y el gobierno va cayendo en la cuenta de que el socialismo de Estado al que hace años tanto se viene sacrificando está preñado de peligros, hasta para los mismos que lo han fomentado en busca de popularidad para hacerse reelegir.

Si ustedes tienen la memoria de estas agitaciones es más probable recuerden lo que hace cerca de un año les decía desde Boulogne sobre el mar, relativamente a la C. G. T. Soy un extranjero aquí, no conozco el fondo de muchas cosas; pero en algunos casos veo más claro y más lejos que los franceses. Escribía yo entonces, poco más o menos, lo que ahora han puesto en evidencia los socialistas anárquicos; escribía que la C. G. T. era una asociación revolucionaria, y que el gobierno mismo la había por decirlo así “engendrado”, autorizando, hasta patrocinando, la “Bourse du Travail”.

Tímida al principio por estar subvencionada por la Ville de París, la municipalidad, esperaban… Por suerte, el golpe ha fallado y no tendremos otra comuna, cosa muy molesta para el que ve los toros de lejos, buscando reposo. Hasta los mismos diarios monárquicos reconocen que el ministro Clemenceau* es una muñeca de primer orden.


Luchando se logra el fin.

La cámara belga discutirá en breve una proposición del señor Woeste, leader católico, que acentuará del modo más agudo el conflicto escolar abierto hace veinticinco años entre el gobierno católico y los partidos de la izquierda.

La proposición del señor Woeste está concebida así:

El establecimiento de escuelas normales por las provincias y las comunas está subordinado a la aprobación del rey. La autorización dada por el rey es siempre revocable.

Esta proposición, si fuere adoptada por el parlamento, aseguraría definitivamente el triunfo de la escuela privada y confesional sobre la escuela oficial neutra.

Es una gran amenaza para la enseñanza pública, y he ahí por qué el partido socialista y el llamado liberal se organizan para combatirla siendo, como son, partidarios de la escuela sin Dios digamos, y estando persuadidos, como están, de que el que sea maestro de la escuela será dueño del porvenir.

Es esta lucha, en dos palabras, que comenzó en 1874 con el gabinete liberal de Frere-Orbon, cuyo esfuerzo incesante consistió en desarrollar la escuela pública. El partido católico no ha cesado de combatir con éxito esa política en beneficio de la enseñanza privada y confesional.

Se ha hecho notar por el señor Paul Haymans, en la cámara, y es curioso, que la Bélgica es el único país de Europa donde el Estado combate su propia enseñanza. Efectivamente, el partido católico quiere obtener, cueste lo que cueste, la igualdad absoluta de las subvenciones para las escuelas libres y las escuelas oficiales.

Pero hace bien el partido católico. Es la lucha, en el fondo, de los que creen contra los que niegan, cuyo fruto es el ateísmo prematuro desesperante, hasta el suicidio, como lo estamos viendo, de niños de catorce años.


El hombre admirable, único en el mundo, especie de benefactor universal, que se llama Carnegie[9], decía el otro día en la Sorbona, contestando con incomparable naturalidad elocuente a una alocución de monsieur Siard en su honor: “Un día que tuve el honor de reunir en mi casa veinticinco presidentes de nuestras universidades de América, les dije: Tengo hoy día el honor de toda mi patria bajo mi techo”.

¿Acaso los maestros de las universidades no son los guías designados de todos sus conciudadanos?

Hoy día, los profesores de las universidades americanas ocupan al fin el lugar que les corresponde; están en camino de ser los dueños de la opinión…

¿Cuándo podrá un archimillonario argentino hablar así?, ¿cuándo contaremos los argentinos siquiera tantas universidades como contamos provincias?, ¿y cuándo los que tienen el talento o la fortuna de acumular y acumular millones penarán en nuestro suelo argentino como este escocés Carnegie*, naturalizado ciudadano de los Estados Unidos?

Es suya esta frase: “La riqueza en sí no vale la pena de ser buscada. Su adquisición como fin es innoble en extremo. En manos del que la ha creado, una vez puesto aparte lo necesario para sus necesidades y las de su familia, debe servir para ser útil a sus contemporáneos…”.

Lo repito, ¡qué hombre admirable!

Le creo así cuando el otro día, lamentando no saber francés, dijo que daría unos cuantos millones por saberlo, a fin de poder expresar su gratitud. Pero que ya que ese era el caso que se le permitiera hablar en inglés, sin pretensiones retóricas, como lo hizo, de un modo envidiable; y en razón me fundo entonces si afirmo que para hablar bien lo esencial es tener algo bueno que decir.


  1. Chamberlain, Joseph (1836-1914) fue un influyente empresario y político inglés, perteneciente originalmente al Liberal Unionist Party (Partido Liberal Unionista), luego fusionado (en 1912) con el Partido Conservador. Chamberlain es recordado por su postura de defensa del imperialismo británico en política exterior (sobre todo en torno a los conflictos con las colonias de Sudáfrica) y por su contrastante postura de proteccionismo en materia de reforma social en política interior. (Extractado y traducido de Oxford Dictionary of National Biography Online).
  2. John Ruskin (Londres, 1819-Brantwood, 1900) fue un escritor, crítico de arte, sociólogo, artista y reformador social británico, considerado uno de los grandes maestros de la prosa inglesa. Influyó a Mahatma Gandhi. Abogó por un socialismo cristiano. Entre sus obras, se cuentan: La moral del polvo (1866), La corona de olivo silvestre (1866), Cartas a los obreros ingleses (1883), La Biblia de Amiens (1880-1885). (VIAF: 73859585).
  3. Creemos que se refiere a Félicité Robert Lamennais (Saint-Malo, 1782-París, 1854), originalmente De La Mennais, un filósofo, teólogo católico y político francés, condenado por las Encíclicas de 1832, por su pensamiento católico liberal, por la Singulari Nos, de 1834, y por persistir en sus ideas con el libro Paroles d’un croyant (Palabras de un creyente). (VIAF: 56612324).
  4. La joven bestia de presa…
  5. Creemos que se refiere a Gheusi, Pierre-Barthélemy (Toulose, 1865-París, 1943), dramaturgo francés, codirector de la Ópera de París en 1907, director de la Ópera Cómica (1914-1918), autor de numerosísimos libretos de óperas, entre ellos Les Barbares, de Camille Saint-Saëns (1891) y el de Kermania, de Erlanger (1897). (Extractado de https://acortar.link/d3vR6R).
  6. Prévost.
  7. Étienne Émile Marie Boutroux (1845–1921) fue un filósofo de la ciencia y de la religión e historiador de la filosofía. Con contraposición con el pensamiento materialista, Boutroux consideraba que la ciencia y la religión eran compatibles. Fue miembro de la Academia de Moral y Ciencias Políticas y en 1912 se sumó a la Academia Francesa. Entre sus obras, se cuentan: Essais d’Histoire de la Philosophie (1901), La Philosophie de Fichte. Psychologie du Mysticisme (1902), Science et Religion dans la Philosophie Contemporaine (1908). (Extractado y traducido de DeLashmutt, Michael W. «Émile Boutroux, 1845–1921, Professor of Philosophy, Sorbonne», University of Glasgow.
  8. Louis Marie Alphonse Daudet​ (Nimes, 1840-París, 1897) fue un escritor francés, autor de Tartarín de Tarascón (1872) y Cartas desde mi molino (1866). (VIAF: 4928621).
  9. Andrew Carnegie (Dunfermline, Escocia, 1835-Lenox, Estados Unidos, 1919) fue un industrial, empresario y multimillonario estadounidense, oriundo de Escocia.


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