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EL DIARIO

Lunes 20 de Diciembre de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, noviembre 27.

      

¡Se evaporaron los millones!

Y si, lector, dijeres ser comento, como me lo contaron te lo cuento[1].

O, más claramente, he aquí lo que ha dicho monsieur Combes* en términos que no han sido rectificados, ni desmentidos en una interview.

Confirman lo que varias veces he escrito a ustedes, observando la marcha de la llamada liquidación de los bienes de iglesia, expulsión de cartujos y toda clase de comunidades religiosas de ambos sexos.

“Le Petit Pere”, como lo llaman al ex-ministro, clerical en su mocedad por no decir renegado, no renuncia a la política.

Briand* ha dicho: “Pon una lengua de terciopelo al servicio de una voluntad de bronce y ha de completar mi obra. Pero debo quejarme”, agregó, “y me quejo de la manera como han llevado a cabo mi obra, convirtiéndola en una verdadera empresa de bandoleros”.

En honor de la república, continuó diciendo, exige que se haga la luz y se castigue a los culpables.

Pero, ¿quiénes son ellos?

Los liquidadores.

Pero, ¿cómo se llaman?

Monsieur Combes no los nombra, se contenta con declarar que varios de ellos se han hecho millonarios (sic) y que él continúa viviendo en una casita que apenas tiene cinco metros de frente.

Guárdeme Dios de hablar de la forma republicana de gobierno, es la de mi tierra y me parece excelente. Pero, al ver lo que pasa algunas veces donde tanto se grita contra otros modos de manejar la sociedad por estos lados, llego a pensar en conclusión: la república no es factible en todo lo que la democracia anhela, sino en el nuevo mundo en las colonias como Australia y la nueva federación sudafricana.

La causa primordial estriba quizá en que, como dice un egregio escritor italiano, “una tradizione antechissima ed un pregiudizio combinati insieme damo un senso non favvrevole alla parola “partito”; i piú volgari credono che governo di partito sia governo partigiano”.

Agrega: “la formazione del partiti sinceramente determinati corregireble molti di questi difetti[2].

Y concluye con estas elocuentes palabras, que tampoco traduzco porque ¿hay quien no adivina por lo menos la suave y a la vez vigorosa lengua de Machiavello?

“Nessuno puó affermare che il sistema dei partiti stabili puó convertire questo mondo nel migliore dei mondi possibili istaurando il regno de la piu scrupolosa giustizia et bandendo definitivamente qualunque deolezza et qualunque de violenza. Ma nessuno puó negare che il sistema dei partiti a base personale se presta alle coalizioni, alle transazione ed al sospetto degli atti politicamente non corretti”[3].

El curioso lector dirá: pero, ¿cómo se llama ese notable publicista italiano?

¿Me lo creerá?

Es una aberración, si recuerdo sus frases he olvidado el nombre.

Me acontece con frecuencia no dar en bola con el nombre del que algo bueno aprendí; tengo así, por ejemplo, para no olvidarme de Marmontel[4], que recurrir a un procedimiento mnemónico; verbi gracia, que pensar en José Mármol y en Guillermo Tell. ¿Ven ustedes? El mecanismo es seguro cuando la traición de la memoria persiste sobre ciertos nombres propios u otros.


El señor James J. Hill[5], constructor del gran ferrocarril Noroeste de los Estados Unidos del Norte, es un hombre notable por su saber científico, por su sentido práctico de los negocios y por sus largas vistas, que llamaremos proféticas.

Está publicando una serie de artículos en el World’s Work[6] de Nueva York, sobre este tema tan interesante: “What we must do to be fed”, es decir, qué debemos hacer para ser alimentados.

Daré a ustedes una idea de ellos en forma de medallones, o extractos sucesivos.

De lo bueno no hay que abusar, la digestión se hace mejor absorbiendo lentamente y de a poco.

¿Lo que debemos hacer?

Es más sencillo de lo que parece: volved al campo si valoráis el futuro.

Y este mensaje es tan urgente para la Europa como para los Estados Unidos.

Reflexionad: tierra sin población, es una soledad, eso lo sabemos en nuestra Argentina y población sin tierra es una “turba multa”.

Los Estados Unidos tienen muchas cuestiones sociales, políticas y económicas que resolver en tiempo más o menos próximo, cuestiones viejas las unas, nuevas las otras (estoy pensando en mi tierra).

Pero oigan ustedes, la vibración de ese “pero ninguna” tan grave, tan intensa como la de la relación entre la tierra y la vida nacional.

El primer acto en el progreso de toda civilización es proveer “homes”, hogares, para los que deseen cultivar su viña y sentarse a la sombra del árbol protector.

Una agricultura próspera es a una nación lo que una buena digestión es a un hombre…

Seguiré después para concordar con lo dicho más arriba, y poco a poco irán ustedes viendo que los Estados Unidos no tardarán mucho, apenas unos cuantos años en tener doscientos millones de habitantes, que nosotros estamos llamados, teniendo juicio, a ser uno de sus grandes graneros, y que así pueden explicarse, en parte, los piropos que de algún tiempo a esta parte nos vienen prodigando.

No hay que mirarlo en mala parte; los pueblos son como los individuos ¿quién repara en el que nada tiene que dar o cambiar?

Cuando nos matábamos gritando ¡viva este!, ¡muera! aquel, Chile nos mandaba harina.

¿Y ahora?

El cuadro ha cambiado totalmente, ya los ganados argentinos que cruzan los Andes magníficos van por sus cabales, no tenemos por esos lados indios que “trabajen” con lanza y bolas, y con el vecino hermano vivo en paz octaviana.

¡A Dios gracias! Y en breve nos daremos la mano en estrecho abrazo, bajo la tierra horadada por el ingenio humano, y el excelso Cristo Andino bendecirá a los latinos, viendo así coronada una obra espléndida de solidaridad sudamericana.


Yendo esta mañana, ¡y qué niebla había!, por la Avenue du Bois, mi calle Florida, me encontré con una linda y elegante dama de familia sanjuanina, casada con un simpático caballero de apellido inglés, uno de los más antiguos y respetables de Buenos Aires. Ella iba con una matrona muy piadosa, viuda, de apellido catalán, con mezcla de francés.

Yo con un criollo selecto, de origen inglés, como si traduciendo dijéramos “Verde.”

Viven en un centro de lo más escogido, el hotel Majestic. Después de los dimes y diretes, con el rubro cortesías, la primera me dijo:

―Voy a mandarle mi álbum, general, para que me escriba un pensamiento, quiero tener su autógrafo frente a frente de la página con que me ha favorecido Rostand*.

Divulgo lo mío, lo del autor de Cyrano, que la dueña del álbum lo haga saber si le place por distinto conducto. No es por otra parte inédito. Está en su drama. Lo de mi puño y letra reza así: “Si en el bien y en el mal hay grados como en lo bueno y en lo malo, en la infidelidad moral o material no hay escalas, somos o no somos leales”.


Muy yankee la cosa.

Mientras el doctor Cook* no presenta las pruebas concluyentes de si realmente ha descubierto el Polo Norte, helo realizando lindas entradas: “Time is money”.

Parece, dice el Daily Chronicle, que fue él mismo quien, a los dos días de llegar a Copenhague, escribió a la compañía fonográfica ofreciéndole registrar discos fonéticos a razón de 7.500 francos por minuto.

La compañía le tomó cuatro minutos, o sea, 25.000 francos, y está ganando, y el que quiere puede oír claramente la voz del doctor y algunas breves explicaciones de cómo llegó a donde el mundo se acaba…

No me he tentado, leeré todo eso después, las partes habrán acabado de discutir y la luz se hará para algunos al menos.

Se niegan tantas cosas. Pues no ha escrito un francés, muy espiritual, que el que subscribe ¡jamás estuvo entre los indios Ranqueles!

Luego me lo fumé al Congreso Geográfico de París, que por ello me premió.


Dice el diccionario de la lengua castellana que novela es una “obra literaria en que narra una acción fingida en todo o en parte y cuyo fin es causar placer estético a los lectores por medio de la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes de caracteres, de pasiones y de costumbres”.

Y Lope de Vega, que sabía tanto como el diccionario, muchísimo más que yo y, probablemente, un poco más que el que en este momento me lee, decía:

“Yo he pensado que tienen las “novelas” los mismos preceptos que las comedias cuyo fin es haber dado su autor contento y gusto al pueblo aunque se ahorque el arte”.

Estoy, pues, rumiando estas dos definiciones al recordar a un rosarino, no sé si de origen o de residencia, escritor de porvenir; es observador, estudioso y enemigo de la pereza.

Le quiero, y he aquí la principal razón para que al ocuparme de él estimulándolo a seguir adelante en la ingrata tarea ¿o no lo es empeñarse en satisfacer al público? Le hablo con franqueza y sinceridad, moneda preciosa que, por desgracia, no abunda mucho que digamos en el mundo de las bellas letras salvo error u omisión.

Tengo otra razón, o mejor dicho, tengo dos razones más para no ocultarle a Dermidio González*, que es de quien se trata, mis impresiones literarias sobre sus dos últimas producciones de índole tan distinta.

Son esas dos razones que el amigo rosarino habla con encomio de mi progenitor, y de este su amante vástago, en los recientes tributos inteligentes: El sol de una vida y Semblanzas unitarias y federales con que acaba de aumentar el caudal estimable de la literatura criolla.

Es este último libro un buen derrotero, con pocas desviaciones, para los que se consagran al estudio histórico de nuestra tierra, y no creo que la afición cordial que a su autor le profeso me alucine si afirmo, como lo hago, que está escrito con plausible imparcialidad intencionada.

En este orden de ideas, la imparcialidad es “rara avis”, tanto que no ha faltado quien a principios de este siglo escribiera, al revés del dicho latino “veritas vincit”, “las verdades son todo lo que se consigue hacer creer”.

Viniendo ahora a la novela El sol de una vida, que he leído con “contento y gusto” como dice Lope (soy pueblo), poco muy poco, aunque eso si algo substancial, tengo que anotar, aunque no siempre el estilo es el hombre.

Creo que el estilo está poco castigado. No exijo purismo. Somos americanos. Pero no hay que apartarse tanto de los maestros españoles ni que abusar tanto del “francesismo”, que es algo más que el galicismo.

Me parece también que el color local, no me refiero al paisaje, usando la expresión en el sentido artístico sino en lo que atañe a los usos y costumbres o modos de ser sociales; me parece que ese color local está un tanto subido de tintes. Será quizá cuestión de gustos. En las ternezas matrimoniales mucha miel empalaga, que el amor reclama más intensidad que adjetivos.

Pero lo principal, en cierto sentido, es una victoria para González.

Su novela pone en transparencia una enseñanza útil, que traduciré en esta fórmula: el trabajo es una redención.

Trabajando escapamos de toda tentación dañosa, y si hemos caído en el engranaje de las pasiones vertiginosas la resultante será, el ejemplo que pone González, que mediante ese antídoto se salve la paz del hogar.


  1. Frase proveniente de la obra El estudiante de Salamanca, de José Espronceda.
  2. “Una tradición muy antigua y un prejuicio combinados dan un significado desfavorable a la palabra “partido”; los más vulgares creen que el gobierno de partido es un gobierno partidista”. Y agrega: “la formación de partidos sinceramente decididos corrigió muchos de estos defectos.
  3. “Nadie puede afirmar que el sistema de partidos estables pueda convertir este mundo en el mejor de los mundos posibles, instaurando el reino de la justicia más escrupulosa y desterrando definitivamente cualquier debilidad o violencia. Pero nadie puede negar que el sistema de partidos personales se presta a coaliciones, transacciones y sospechas de actos políticamente incorrectos”.
  4. Marmontel, Jean François (Corrèze, 1723-Saint Aubin sur Gaillon, 1799) fue un poeta, narrador, dramaturgo, filósofo y traductor francés de la Ilustración. Cultivó casi todos los géneros literarios que estuvieron en boga en su tiempo, fue discípulo de Voltaire (1694-1778) y miembro de la Academia Francesa (VIAF: 7393886).
  5. James Jerome Hill (1838-1916) fue un ejecutivo ferroviario canadiense-estadounidense, director de un grupo de líneas encabezadas por el Gran Ferrocarril del Norte, que prestaba servicios en un área sustancial del Alto Medio Oeste, las Grandes Llanuras del Norte y el Noroeste del Pacífico. Debido al tamaño de esta región y al dominio económico ejercido por sus líneas de ferrocarril, se hizo conocido durante su vida como “The Empire Builder” (El Constructor del Imperio). (VIAF: 3266829).
  6. The World’s Work (1900–1932) fue una revista mensual neoyorquina dedicada a asuntos de negocios y finanzas, editada por Walter Page.


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