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EL DIARIO

Martes 2 de Marzo de 1909

DEL GENERAL MANSILLA


PÁGINAS BREVES

París, febrero 4.

    

Y qué estudio tan intrincado, tan difícil el del alma humana, sobre todo si se trata del alma colectiva, de cómo siente, piensa y anhela un pueblo.

Me pregunta Vd. ¿qué historia es esta de Thalamás que tan alborotados trae a los estudiantes y al barrio latino?

Casi, casi es como si tuviera que contestar a esta otra interrogación: “¿qué fue la historia Dreyfus[1]?, que aún no ha concluido y que ustedes quizá conocen mejor que yo.

Me pone usted en un aprieto.

Pero trataré de explicarme en dos palabras.

En el medio social que yo frecuento, poco, vivo un tanto aislado, a punto que cuando salgo a la calle la idea que me preocupa no es llegar a donde voy sino volver a donde he salido. A mi casa; en ese mundo se discurre así:

¿Qué historia es esa del profesor Thalamás[2], el insultador de Juana de Arco?

¿Qué historia fue y continúa siendo la de Dreyfus*?, lo repito.

Las vulgares personalidades esas son dos instrumentos.

Una y otra son menos responsables, o inculpables, de lo que se les imputa, de la obra de demolición, tras de la cual están los jacobinos y los francmasones.

“Voilà tout[3]”. En el otro bando, diremos, es claro, la acusación es contra el clericalismo; el racionalismo contra la creencia, y peor para los que acabarán por negarse a sí mismos desesperados.


El conocimiento personal de una entidad cualquiera nos hace leer con más interés que en el caso contrario todo cuanto con ella se relaciona, bien entendido si la cosa es interesante, instructiva digamos.

Justifico así lo que sigue con referencia a Ferrero* que hace dos años estuvo ahí; que ustedes oyeron, que aplaudieron aunque no siempre pensando como él.

La condesa Lydie Rostopchine[4] viaja por América y, de paso cañazo, escribe correspondencias con sus observaciones e impresiones.

En una de las últimas, fechada en Washington el 1º de enero, dice: “…he comido últimamente con el embajador de Francia y madame Jusserand[5], el literato exquisito y brillante “causeur” Nabuco[6], embajador del Brasil, etcétera, etc. Entre ellos estaba el historiador Guglielmo Ferrero, como que la comida era en su honor… Pretende conocer también a la pobre y querida Cleopatra, y de ello se aprovecha para destruir su prestigio milenario. ¡La halla fea! La arroja sin piedad al suelo del pedestal que la humanidad rodea con admiración, y asegura que lo que seducía a todos los hombres no era absolutamente su belleza, sino su “esprit”, solo su esprit…, nada le concede a la linda nariz de Cleopatra… nada; no era una nariz luminosa sino una como hay infinidad… y que detestable acento inglés el de Ferrero (y qué lección para mí) exclama la señora”.

Prosigue…y concluye así: “el eminente ´cleopatroattentiste´ (lo pongo en francés), sin duda por su mal inglés, se marchó de Boston no habiendo dado sino una conferencia sobre la corrupción imperial romana. Se fue a Nueva York. Después irá a California, a San Francisco, donde hay muchos italianos”.

Finalmente, agrega la señora eslava: “Yo había mirado atentamente durante la comida la nariz de Ferrero, soy mujer y estas cuestiones de estética me interesan, había mirado muy bien, sea dicho entre nos, y la de Cleopatra era mucho mejor. ¿Habrá visto el gran italiano el retrato auténtico de la más célebre cortesana del mundo hecho por un artista eminente que practicaba el arte de la cera fundida, arte cuyo secreto ha desaparecido? Yo he tenido el placer exquisito de verlo. ¡Qué rasgos tan nobles, tan puros!, ¡qué grandes ojos anegados en llanto! (ya el áspid la había picado), ¡qué manos aristocráticas como para el pincel de Van Dyck[7]! Tengo una fotografía de la ilustre infortunada que agregaré a estas cartas cuando las dé a luz coleccionadas… ¿y qué se dirá entonces por los ferreristas?”

Es muy sencillo, cada cual se quedará con su opinión, con su preocupación. Todavía, ¡y se ha gastado tinta! No se sabe si Napoleón estaba o no enfermo el día de Waterloo.


Si me preguntaran, ya que vivo en Francia, qué diferencia hay entre un parisiense y un romano del tiempo de Caracala, por ejemplo, contestaría: que los parisienses no se bañan, me refiero a la generalidad, y los romanos se bañaban.

Lo dicen los mismos franceses. Lo grita L´Eclaire* y pide cinco millones a la municipalidad para que se construyan piscinas públicas con agua fría y caliente y duchas, y comodidad a precios reducidos de primera y segunda clase. Las pocas que hay lejos del centro ni son cómodas ni baratas. No son comparables a las de Londres. ¿Y por casa cómo andamos?

Yo no conozco ahí más piscina, propiamente hablando, que una, el Río de la Plata; pero con el puerto, ¿ya quién va a refrescarse por allí como en los buenos viejos tiempos de los aguateros?


En los Estados Unidos del Norte no hacen nada a medias.

Todo es allí grande, colosal: sorprendentes los hombres y las cosas; los presidentes, los senadores, los jueces, las intendencias, las elecciones, los escamoteos.

Si son ciertos los datos oficiales, resulta que la tierra pública federal que se ha traspapelado representa nada menos que “cien” millones de dollars.


Si las cifras que extracto de la Contemporary Review[8] son exactas, bastará saber la regla de tres para sacar en limpio cuál es el porvenir ascendente de la raza “eslava” en el oeste y centro de Europa.

Crecimiento en doce meses de la población desde 1904:

Rusia……………………..….…..2.464.000

Alemania………………….…..…822.000

Gran Bretaña………..……….…..690.000

Italia…………………………….…374.000

Austria……………………………..323.000

Hungría…………………….……..229.000

Diminución: Francia…….…..…….20.000

2.418.000

¡Y la América del Sur casi desierta!


Los Estados Unidos del Norte acaban de evacuar definitivamente la isla de Cuba.

La perla de las Antillas está pues en manos de sus hijos naturales, o adoptivos.

Acaban así de organizar su Congreso legislativo.

El senado ha nombrado presidente a un negro que bien puede tener el alma de un Tousaint Louverture[9], ¿por qué no? Un negro es un hombre como yo, menos blanco, nada más.

La cámara de diputados ha nombrado presidente a un “anarquista” italiano nacionalizado (no recuerdo el nombre). ¿Y por qué no si ha prestado juramento a la constitución liberal de su nueva patria?

Pero el partido conservador, la gente hacendada, los ricos, según dicen, no las tienen todas consigo[10].

Temen, quizá con razón, que los nuevos legisladores pertenezcan a la clase del personaje de Emilio Augier[11], en “Maître Guérin[12]”, el cual decía:

“¿Cómo? ¿Que no respeto la luz? Pues si le busco la vuelta ¿qué más prueba?

¡Bello país debe ser el de América, papá!”

Pues por eso mismo, junto con la noticia de los dos nombramientos susodichos, vienen cartas confidenciales diciendo: antes de dos años tendremos que pedirle la anexión a los yankees…


El folleto sobre la batalla de San Ignacio[13], o sea la puñalada por la espalda de la rebelión de Cuyo mientras combatíamos en el Paraguay, folleto que me ha remitido mi amigo de hace fecha, Wenceslao Paunero[14], es interesantísimo bajo múltiples aspectos.

Tributo cariñoso filial, desde luego, y página histórica documentada, pone las cosas en su lugar, restablece la exactitud de los hechos y aclara ciertas apreciaciones vagas de una manera taxativa, concluyente.

El general Garmendia* no se da por convencido. Yo sí. Y se comprende. Con este noble e ilustrado amigo, desde que andamos por el mundo, donde él ve de un modo yo veo de otro; aunque en el fondo, o en lo fundamental, no discrepemos en absoluto.

Ponderativamente hablando, fuera del terreno amable de la cordialidad social en la tradición y de las expansiones íntimas de campamento, somos, diría Balzac, como dos asíntotas dirigidas una hacia otra sin poderse encontrar.

Una prueba.

No se contenta él con que el rebelde Juan Sáa y sus secuaces fueran completamente derrotados por Arredondo, sin que el remanente de las tropas fieles, que el general Paunero*, “el viejo Paunero” como cariñosamente le llamábamos, se había reservado, llegara a tiempo, es decir cuando todo estaba concluido.

¡Eh! no todos tienen la suerte de llegar a tiempo, como Blücher, derrotado la víspera en Ligny[15]. Porque no siempre se halla un Grouchy criminalmente indeciso; lo que no fue el caso de Paunero, sino al contrario.

Se apuró por un lado y, por otro, los sucesos se precipitaron. Cantando esto está el folleto.

Lo imprevisto, lo que no se podía prever, hizo más que las combinaciones conjeturales de estrategia al tanteo en terreno mal conocido.

Y no. Paunero no encarnaba el indeciso. Podían ocurrírsele varios temperamentos a la vez, porque era un intelectual distinguido, de cultivado espíritu, rebosando entusiasmo, imaginación.

Pero vacilar casi frente al enemigo, digamos, nunca, y la situación era netamente incorporarse al general Arredondo[16] para tomar directamente el mando de todas las tropas.

No era para ello un obstáculo lo concertado el 28 de marzo en San José del Morro.

Su responsabilidad así se lo aconsejaba tanto más cuanto que reconociendo en Arredondo condiciones de serena valentía, no es creíble que confiara más en él que en sí mismo; que más creyera en su estrategia que en la suya propia.

No había nada de estrabismo en Paunero cuando apreciaba cuestiones de esta naturaleza.

Además, me complazco en consignarlo y que se repita, ahí donde suelen padecer de singularísimos olvidos, efecto quizá de la inundación de extrañas gentes; tenía Paunero en el peligro una intrepidez comunicativa, magnética.

Yo lo he visto, a caballo, en Pavón[17], en un momento en que las “papas” quemaban mucho, haciendo agradable ruido, riente, juguetón (no es página para este sitio); magnífico, envuelta como en un nimbo de gloria la blanca cabeza que lo embellecía singularmente.

No quiere, mi buen amigo José Ignacio (el general Garmendia[18]; del otro modo lo llamamos los contemporáneos, como a uno de los bravos Campos[19] le decíamos Luis María a secas), no quiere admitir los favores de la audacia o de la casualidad.

Otra vez no rimamos. Yo lo admito. Y estoy en esto con algunos maestros.

Napoleón decía: “A fuerza de discutir, de apurar la imaginación y de celebrar consejos sucederá lo que en todos los siglos ha sucedido siguiéndose semejante marcha: a saber, que se acaba por tomar el peor partido que casi siempre es en la guerra el más pusilánime o, si se quiere, el más prudente. La verdadera prudencia en un general está en una determinación enérgica”.

Garmendia dirá: bueno, cada maestrito tiene su librito. Perfectamente. Pero un plan de campaña, o el de una batalla, es una hipótesis que como todo lo humano puede fallar, y falla con no poca frecuencia, sin que la consecuencia sea la derrota.

La inspiración corrige a veces la convención académica.

Garmendia quiere que Paunero hijo explique con más claridad estos “acontecimientos”. A mi juicio los vivos no pueden ser más claros. El único que por consiguiente podría, quizá, satisfacer a mi amigo, tan aferrado al dogmatismo del oficio, no existe; ¡paz en la tumba del guerrero ilustre!

“La separación del ejército del general Paunero en dos líneas de operaciones…” es lo que no le entra, lo que su clasicismo no admite por la posibilidad de “una batida en detalle”.

La casualidad quiso que en este caso la dislocación diera lugar a que Juan Sáa[20] tomara lo mayor por lo menor, ensartándose en las astas del toro; que fuera la victoria independientemente de ciertas iniciativas personales sobre el campo mismo de batalla. Me refiero al despliegue del 6 de línea mandado por Luis María, despliegue no tan “paradójico” como José Ignacio dice. Porque, así aprovechó con éxito todos sus fuegos contra una caballería semi-montonera; seguramente no eran los granaderos a caballo de San Martín, su sombra siquiera.

Por eso a las primeras de cambio se apretaron el gorro.

Luis María pensó y en su caso José Ignacio hubiera pensado lo mismo–: en columna poco valgo, solo cuento con el fuego de la primera sección. Formar cuadro no habrá para qué. El enemigo no vendrá a atacarnos a fondo. Y si en línea de batalla desplegada intenta amenazarnos la retaguardia, desbordándonos por ambos flancos, bastaría para contenerlos y ponerlos en fuga que la segunda fila haga espalda con la primera.

La referida dislocación no me parece que haya sido tan desatinada; nada de eso, estando al plano superficial que acompaña el folleto.

Era por una parte alivianar las columnas sin alejarlas mucho, siendo el territorio poco hospitalario. Los pastos y las aguadas los dominaban los rebeldes.

Y lo diré en conclusión, Paunero debía pensar que el enemigo más que librar combates lo que quería era penetrar en la provincia de Córdoba.

No siempre comunica todos sus pensamientos a sus tenientes el que manda en jefe, asumiendo toda la responsabilidad.

Koutousof[21], después del desastre sangriento de la Moscova, dejaba hacer, reservado herméticamente, a punto que parecía no pensar en nada.

Y yo creo que Paunero tuvo esos pensamientos más o menos madurados.

Así, hipotéticamente, yo veo a los rebeldes correrse entre San Mercedes y San José del Morro, el Morro vértice del triángulo, es decir, pasar rápidamente por la espalda de los que avanzaban hacia el sur.

El perímetro de las operaciones permitía la acción instantánea de un enemigo más volante que los que por su organización ordenada y un cúmulo de circunstancias no podían moverse sino como se mueven tropas regulares, vinculadas por la consistencia de la disciplina.

¿Qué más?

Que no sigo porque en estos negocios, o modos de ver, la abundancia perjudica a la claridad, y, finalmente, porque lo dicho me parece suficiente, en memoria de un soldado valeroso, que el general Garmendia estimó y apreció, éramos de su escuela, tanto como yo.


Ya saben ustedes, con pelos y señales, cómo han pasado los hechos en Tottenham, barrio de Londres, donde, en pleno día, dos anarquistas rusos que habían robado unos tres mil francos, dejan en su fuga increíble el tendal de muertos y heridos vigilantes y particulares que se comidieron a ayudar la autoridad. Los heridos fueron quince y los muertos tres, munidos como iban los dos bandidos de revólveres y balas de repuesto[22].

Como siempre, o casi siempre sucede en estos casos extraordinarios, la prensa pone el grito en el cielo clamando contra la apatía del gobierno en lo concerniente a la hospitalidad que la legislación existente les acuerda a los criminales de toda procedencia, criminales fuera de la ley, perfectamente conocidos.

En cuanto se reúna el parlamento volverá a presentarse la tan debatida cuestión del “Coernontit”. Es decir, volverá a agitarse el problema de si la sociedad debe ser abandonada a la suerte que corre en nombre de un sentimentalismo mal entendido que convierte al Reino Unido, a Londres sobre todo, en una verdadera guarida de fieras humanas.

“Quosque tandem” exclama en un escrito sir Robert Anderson[23], ¡hasta cuándo! Y dice: “La apatía de nuestro gobierno en lo concerniente a los anarquistas que entran y salen, se van y vuelven es indigna de nosotros como nación”.

Si, según me dicen, no estoy en plaza al respecto, no son inmigrantes anarquistas lo que nos falta ahí; no estará de más mirarse en el espejo de la tragedia Tottenham.

No se me oculta que nuestro suelo libre y rico tiene virtudes curativas, abundando en él el trabajo bien remunerado. Pero hay tanto prójimo incorregible en su amor a la ociosidad, madre de todos los vicios, que no sé, me parece, que una legislación coercitiva sobre esta materia “libertad de entrar” no nos vendría mal.

Los ingleses piden que no se admitan más ciertos pájaros en su nido, yendo algunos hasta exigir que a los ya hospedados se les muestre de grado o por fuerza el portante.


El rey de Inglaterra estará el 8 en Berlín. ¿Cuáles serán los efectos de la entrevista tratándose de tío y sobrino? La política no es materia sentimental. Cada país consulta sus intereses, calcula sus recursos, mide sus fuerzas y procede, tomándole el pulso a la opinión. Eso es el patriotismo. Un diplomático en situación de estar bien informado decía la vez pasada después de la entrevista de Cromberg: “Los que temen un acercamiento entre Inglaterra y Alemania deben desear que los soberanos inglés y alemán se encuentren lo más frecuentemente posible (la conclusión es curiosa). Porque cuanto más se vean, tanto más las relaciones entre los dos países se agriarán y se harán difíciles”.

Y el hecho, el hecho brutal, es que las visitas del káiser a Inglaterra siempre han sido acompañadas de incidentes ulteriores desagradables.

Con que así esperemos a ver qué dice la pitonisa del porvenir.


  1. El caso Dreyfus, o Dreyfus Affair, fue un célebre acto de injusticia antisemita que dividió la opinión pública francesa de la Tercera República (1870-1940) desde finales del siglo XIX hasta entrado el siglo XX. Daremos cuenta resumidamente de los hitos principales. En 1894, el capitán del Ejército Francés Alfred Dreyfus, un ingeniero politécnico de origen judío-alsaciano, fue acusado de traición a la patria: se lo culpaba de haber entregado a los alemanes documentos secretos de Francia. Enjuiciado por un tribunal militar, fue condenado a prisión perpetua y desterrado a la Colonia penal de la Isla del Diablo, en la costa de la Guayana francesa (Sudamérica). En ese momento tanto la opinión pública como la clase política francesas adoptaron una posición abiertamente en contra de Dreyfus. Pero la familia Dreyfus, convencida de la inocencia de Alfred, inició una intensa investigación y numerosos reclamos ante la justicia, hasta demostrar que Alfred Dreyfus era inocente y había sido engañado. Desde ese momento, se desenmascaró el antisemitismo implícito en la condena, no sólo por parte del Estado sino con la colaboración de gran parte de la prensa y de la sociedad civil. El caso Dreyfus fue un hito en la historia del antisemitismo europeo, dividió a la sociedad francesa entre dreyfusards (el principal intelectual que apoyó a Dreyfus fue Emile Zola, como lo deja claro en su famoso artículo J’accuse de 1898). y antidreyfusards. Dreyfus es reintegrado parcialmente en el ejército con el rango de Jefe de Escuadrón (comandante), por la ley de 13 de julio de 1906. Es cuantiosa la bibliografía sobre el tema Dreyfus: desde fuentes primarias hoy en línea, hasta tratados explicativos, obras secundarias, artículos de prensa, películas, ficciones y testimonios de toda índole. (Un listado exhaustivo de esta historiografía puede consultarse en VIAF: 144144553).
  2. Amédée François Thalamas (París, 1867-Bellerive-sur-Allier, 1957) fue un profesor de historia y geógrafo francés. Se hizo famoso porque en 1904 comenzó, durante sus clases, con una serie de día tribas hacia Juana de Arco, considerada por entonces entre los franceses una heroína nacional. El gesto provocador se reinició en un curso que dictó en diciembre de 1908, por lo cual no sólo fue levantado el seminario sino que se generó una polémica –que tuvo repercusiones en la prensa– entre sus estudiantes nacionalistas y Thalamas. (VIAF: 54249004).
  3. “Eso es todo”.
  4. Creemos que se refiere a su libro La Rostoptchine (crónicas familiares). (París: F. Juven, 1909). Lydie Rostopchine (1838-1915) fue una traductora y escritora francesa. Algunas de sus obras están digitalizadas en la Biblioteca Nacional de Francia: https://acortar.link/LMaU1K.
  5. Creemos que se refiere a Jean Jules Jusserand y a su esposa (cuyo nombre no hemos podido hallar). Jusserand (Lyon, 1855–París, 1932) fue un diplomático e historiador francés, embajador de Francia ante Estados Unidos, desde 1902 hasta 1924. (VIAF: 19688131).
  6. Joaquim Aurélio Barreto Nabuco de Araújo (Recife, 1849-Washington, 1910) fue un político, diplomático, historiador, abogado y periodista brasileño. Fue uno de los fundadores de la Academia Brasileña de Letras. (VIAF: 23316).
  7. Anton van Dyck (Amberes, 1599 — Londres, 1641) fue un pintor y grabador flamenco especialmente dedicado a la elaboración de retratos. (VIAF: 17231738).
  8. La Contemporary Review fue una revista británica, cuatrimestral, de corte católico, fundada en 1866 por Alexander Strahan. Se editó hasta 2013. Durante el período 1882–1911, bajo la dirección de Percy Bunting, la revista incorporó temas de política y reforma social, con una mirada más liberal y con una propuesta más abierta de debate intelectual.
  9. François Dominique Toussaint-Louverture (Saint-Domingue, 1743–Francia, 1803) fue un político, militar y líder dirigente de la Revolución haitiana, de raza negra. Llegó a ser gobernador de Saint Domingue (actual Haití). Parte de su legado fue haber sentado las bases para la erradicación definitiva de la esclavitud en Haití y en el mundo entero. (VIAF: 10637807).
  10. En noviembre de 1908, durante la segunda ocupación estadounidense de Cuba, tuvieron lugar las elecciones presidenciales. El liberal José Miguel Gómez venció al Partido Conservador: obtuvo el 60% de los votos, los 24 asientos del Senado y mayoría absoluta en la Cámara de Representantes con 49 de los 83 asientos.
  11. Guillaume Victor Émile Augier (Valence, 1820–Croissy-sur-Seine, 1889), poeta, dramaturgo y escritor francés. Autor de Les Hommes pauvres, Un beau Mariage, Maître Guérin, Madame Caverlet, entre otras obras. (VIAF: 56644042).
  12. Augier, Emile. Maitre Guérin. Comédie en cinq actes en prose. París: Levy Libraire, 1865.
  13. La Batalla de San Ignacio (sobre el río Quinto, provincia de San Luis, el 1º de abril de 1867) fue un encuentro bélico entre los últimos caudillos federales del oeste del país y las fuerzas del gobierno porteño. Las fuerzas unitarias, al mando del coronel José Miguel Arredondo, vencieron a las federales, comandadas por el general Juan Saá. El folleto del que habla aquí Mansilla es un pequeño volumen de 28 páginas, cuyos datos completos son: Paunero, Wenceslao (hijo). Apuntes sobre la batalla de San Ignacio: Río Quinto, Provincia de San Luis, 1 de abril de 1867. Montevideo: Dornaleche y Reyes, 1908. Se encuentra en la BNMM.
  14. Wenceslao Paunero (Colonia del Sacramento, 1805-Río de Janeiro, 1871), fue un militar argentino nacido en la Banda Oriental, miembro prominente del Partido Unitario (VIAF: 88399685). No hemos hallado datos de Wencesalo Paunero hijo, autor del folleto que refiere aquí Mansilla.
  15. La batalla de Ligny fue un combate librado el 16 de junio de 1815 entre las tropas francesas y las prusianas antes de la batalla de Waterloo. La victoria fue para las fuerzas francesas de Napoleón sobre el ejército prusiano de Gebhard Leberecht von Blücher.
  16. José Miguel del Corazón de Jesús Arredondo (Canelones, 1829–Buenos Aires, 1904) fue un militar uruguayo que participó en las guerras civiles argentinas y en la Guerra del Paraguay. A fines de 1866 fue enviado a las provincias de Cuyo, a órdenes del general Paunero, a reprimir a los federales que se habían lanzado a la “revolución de los colorados”. Arredondo expulsó a los federales de Córdoba y de allí avanzó a San Luis, como jefe de avanzada del ejército. El 1.º de abril de 1867 derrotó al general Juan Saá en la batalla de San Ignacio, una victoria clave que marcó la decadencia federal. En 1868 fue nombrado comandante general de la frontera con el indio en Córdoba, San Luis y Mendoza. Durante su mandato no tuvo grandes problemas con los indios ranqueles, que estaban mucho más pacíficos que los indios pampas de Calfucurá. En 1870 tomó parte en la guerra contra el último caudillo federal, López Jordán, en Entre Ríos. (VIAF: 91172232).
  17. Sobre la Batalla de Pavón, ver nota al pie de PB.02.12.08.
  18. José Ignacio Garmendia (Buenos Aires, 1841–Buenos Aires, 1925) fue un militar, pintor, escritor y diplomático argentino. Se le debe una extensa obra pictórica sobre la Guerra del Paraguay y numerosas crónicas de campaña y obras técnicas sobre arte militar. Amigo cercano de Mansilla, con quien compartió primero la Guerra del Paraguay y luego la excursión a las tolderías. Garmendia aparece mencionado en Una excursión a los indios ranqueles (Extractado y adaptado de VIAF: 75232657).
  19. Luis María Benito Campos (Buenos Aires, 1838–Buenos Aires, 1907) fue un militar argentino que participó en la Guerra del Paraguay, entre otras. Fue ministro de Guerra en tres oportunidades. Era hijo del coronel Martín Teodoro Campos y hermano de los generales Julio y Manuel J. Campos. (VIAF: 59046188).
  20. Juan Saá (San Luis, 1818-Villa María, 1884) fue un militar y político argentino que participó en las luchas contra los gobiernos centralistas de Juan Manuel de Rosas y Bartolomé Mitre. Extractado de: Zinny, José Antonio, Historia de los gobernadores de las provincias argentinas (Hyspamérica, 1987).
  21. El Príncipe Mijaíl Ilariónovich Goleníshchev-Kutúzov (1745-1813) fue un militar ruso conocido por sus enfrentamientos en batalla con Napoleón. (VIAF: 37073721).
  22. El episodio es conocido como The Tottenham Outrage. Fue un intento de asalto que ocurrió el 23 de enero de 1909. Los atacantes, Paul Helfeld y Jacob Lepidus, eran dos socialistas letones, empleados en una fábrica cercana al as alto. Ambos se suicidaron luego del trágico episodio. Para más datos, ver Barton, Geoffrey. The Tottenham Outrage and Walthamstow Tram Chase: The Most Spectacular Hot Pursuit in History. London: Waterside Press, 2016. En línea: https://acortar.link/Rko8kA.
  23. Robert Anderson (Londres, 1841–Londres, 1918), era el comisario-asistente de la Oficina de Investigación Criminal o Departamento de Investigación Criminal (C.I.D., sigla de Criminal Investigating Department) de Scotland Yard, es decir, de la Policía Metropolitana de Londres. (VIAF: 62788322).


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