Martes 9 de Marzo de 1909
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, febrero 12.
La providencia nos ha favorecido con todos los climas. Producimos mucho y podemos producir mucha más variedad todavía. Nuestra fruta es exquisita y tiene un perfume particular. No hay por ello argentino que halle rica la de Europa. Siendo el hecho tal cual lo acabo de afirmar, debemos exportar fruta y la exportamos, me dicen, en pequeña escala.
¿Y por qué no entonces en grande? ¿Por qué no hemos de intentar rivalizar con el Cabo? Su comercio de frutas crece todos los días y lo vigilan en cuanto es posible y lo fomentan. Leo en comprobación un despacho de Cape Town en el que Lord Selborn[1] habla de este modo: Os felicito por los métodos adelantados que aplicáis a la agricultura y en cuanto a la exportación de frutas tened presente que es de la mayor importancia el empaquetar bien la fruta teniendo prolijidad en la selección, porque un solo exportador descuidado puede arruinar todo el tráfico que nos empeñamos en fomentar provechosamente. Textualmente dice el mensaje: “One careless exporter might ruin the whole trade”.
Que Coquelin* tenía talento, que era un gran cómico, me parece indiscutible; pero habiendo pasado a la región del eterno reposo, ¿es acreedor al homenaje que una parte de la prensa le viene tributando? Ustedes le han conocido, le han oído, le han aplaudido. Dejo entonces la interrogación para que sean ustedes mismos los que a ella contesten. Aquí en su tierra nativa, los que no niegan que fue un actor genial observan sin embargo lo que no está fuera de lugar hacer constar. Textualmente, La Libre Parole[2] de ayer escribe según en seguida se leerá. Lo pongo en francés, es decir, no lo cocino en español porque así tiene más sabor, dando mejor idea del estado moral de la tierra en que vivo, a la vez que me descarto de la responsabilidad de estar con unos o con otros; lo cual no implica que este “orden de cosas” que se llama gobierno me cuadre.
«On a dit que les peuples n’ont que les gouvernements qu’ils méritent. On pourrait dire, avec autant de vérité, que les sociétés n’ont que les héros dont elles sont dignes. Coquelin, par exemple, n’est-il pas un héros tout a fait a la mesure de la notre? Ce qui caractérise notre société, c’est que sous l’influence des Juifs, elle est, de plus en plus, incroyante et désenchantée. La vie n’est acceptable que si on lui suppose un complément dans l’au-delá. Une société sans ideal est une société qui se meurt d’ennui. L’ennui est le mal moderne. Certes, se on se fie aux apparences, on ne s’en apercoit guére. Hout le monde s’agite, tout le monde s’enfievre, tout le monde s’amuse. Personne en tout cas, n’a l’air de ser dire: la existence me pese. Et l’on pourrait en conclure, en eflet, que si nos contemporains semblent se soucier si peu de l’idéal, c’est beaucoup moins parce qu’ils n’y croient pas que parce qu’ils n’ont pas les temps d’y penser ».
Vengo de una conferencia sobre Lamarck[3] y Darwin. He oído al señor Le Dantec de la facultad de ciencias. Habla muy bien magistralmente. La sala estaba de bote en bote, la concurrencia era selecta. Condenso: fue en 1809, año del nacimiento de Darwin, cuando Lamarck publicó su libro La filosofía zoológica. Era un precursor clarividente. Estableció principios que la química y la física parecen confirmar cada vez más. Estableció la unidad de los fenómenos biológicos, la continuidad de la vida a través de las edades, mostró cómo la costumbre era una segunda naturaleza (he hablado de esto en mi causerie sobre los dos fenómenos de La Rioja, un caso de regresión típico auténtico), y afirmó la fijación de los caracteres adquiridos en el linaje de los seres.
Lamarck fue muy contradicho, principalmente por Claude Bernard[4], que procuró distinguir la forma de la materia y creyó que el funcionamiento, en vez de conservar la vida, la destruía. Darwin pareció estar más de acuerdo con Lamarck. Los dos filósofos han admitido el transformismo. Pero Darwin estuvo a punto de sostener, como Claude Bernard, que “la vida era la muerte”, porque según él, la evolución se hace por una adaptación debida a la casualidad, por una selección natural asegurada por elementos extraños o contrarios a la vida, por esa “persistencia de los más aptos” (the survival of the féttest), de que ha hablado tanto Herbert Spencer*, y cuya expresión es proverbial en Inglaterra.
Según Lamarck, al contrario, la evolución se hace por la vida. La materia inanimada solamente se usa.
Lamarck y Darwin no tienen, por otra parte, la misma mentalidad. Darwin es un naturalista que se complace en ver las variaciones de las especies; Lamarck es un físico que percibe la unidad de la vida.
Hay gentes que, aunque no hayan tenido éxito, se aferran a su rutina que es la única para ellos, que no contiene paradoja, siendo así eternos ciegos con ojos que ven mal.
¿Leyeron ustedes mis paginitas de Diciembre 9 de 1908? Me refiero a la que publicó El díario el 5 de enero de 1909. Por más señas: hablaba en ellas de brasileros y argentinos incitando a la confraternidad, y del káiser Guillermo*, en quien, contra el modo de ver de otros, yo solo veía un monarca ocupado y preocupado de su pueblo, y un pueblo amante de sus tradiciones monárquicas.
No hay a quién le desagrade ver claro en lo futuro. Bien, pues, aquí tienen ustedes confirmadas mis impresiones –y habla Le Temps* con su autoridad reconocida y dice aludiendo al cumpleaños de Guillermo, a sus cincuenta inviernos, para más claridad.
“Las fiestas de ayer (28 de enero) celebradas en la corte con todo el ceremonial del estilo, han sido caracterizadas por la adhesión de toda la prensa. Es que hablando en verdad la fidelidad (loyalisme) imperial es la base misma del patriotismo alemán (casi al pie de la letra lo que yo escribía en diciembre 9 pasado).
Antes ha dicho Le Temps (como yo, más o menos): el descontento de los días de noviembre engañó a muchos, no a nosotros, que siempre lo creímos un poco artificial. En todo caso, termina Le Temps, en la hora presente ha ganado el terreno perdido. Y si por hipótesis se decidiera en favor de ciertas garantías en pro del parlamento, ninguna de ellas lo disminuiría. No serían dirigidos contra él, visiblemente, pudiendo por consiguiente suscribirlas sin esfuerzo costoso, termino diciendo yo.
He aquí la edad de algunos soberanos contemporáneos que han cruzado ya el cabo de los cincuenta. Francisco José[5] tiene 79 años. Leopoldo[6]: 74. Carlos de Rumania[7]: 70. Eduardo VII[8]: 66. Federico VIII: 66. Abdul Hamid[9] y Menelick[10] (éste se está muriendo): 65. Jorge I[11] de Grecia: 64. Mutsu Hito[12]: 57. Chulalong-Korn[13]: 56. Gustavo V[14]: 51. El káiser Guillermo*: 50.
Sin testa coronada tenemos en América a Roosevelt*, que se va, con 51, y a Porfirio Díaz[15], a quien nadie mueve, con 78.
La señorita Christabel Pankhurts[16], a más de ser una lindísima mujer, lo que no es poco, tiene la satisfacción envidiable para no pocas de su sexo, de ser el jefe o el “alma” de las “sufragettes” (sufragistas) inglesas.
Ya conocen ustedes la importancia de este movimiento social. No hay que reír. Las mujeres son, sin hacer alarde de ello, más perseverantes que los hombres. ¿Una prueba? Me contentaré con decir que nos dominan. Y el que diga que no, será padece de misantropía huyéndoles. Luego también son temibles.
A propósito de este asunto, que es también gran preocupación americana del Norte, yo pienso como pensaba Herbert Spencer*. Dice él en The Principles of Ethics: “La presente tendencia de ambos sexos es considerar a los ciudadanos como teniendo derechos en proporción de sus necesidades, sus necesidades siendo habitualmente proporcionadas a sus deméritos, y esa tendencia, más fuerte en la mujer que en el hombre, debe, si opera políticamente, traducirse en lo peor a expensas de lo mejor”.
Será así o no será. Algo han de reivindicar, no lo dudo, nuestras bellas y amables competidoras. Y quién sabe si en vez de cadenas para nosotros no remachan grillos para ellas. No voy a enumerar todo lo que estas “soit disant” víctimas de nuestra superioridad física pretenden. El movimiento en ese sentido comienza ya a ser “inquietante”, y no hay que reír.
Interrogada la señorita Pankhurst* sobre varios puntos de la plataforma de su partido, vale la pena conocer uno al menos que directamente nos interesa a los que llevamos calzones, bien entendido que llevarlos no es tener la sartén por el mango. ¿Cree usted señorita, le han preguntado, que la mujer que reclama nuevas libertades sea más apta que las otras, que nada piden, para amar a su marido y educar a sus hijos?
Su contestación ha sido: Estoy convencida de que la mujer que tiene la voluntad de ser libre (pobrecita) e igual al hombre ante la ley, sabrá permanecer honrada en la libertad, en que se revelará mejor esposa y mejor madre que la que, teniendo menos inteligencia, menos dignidad y menos energía, tiene forzosamente menos costumbre y menos penetración de las cosas humanas y de las cosas sociales”.
También contestó, como se verá, a esta pregunta: “Si fueran ustedes llamadas a votar mañana, ¿serían ustedes conservadoras o liberales? Respuesta: “Hoy por hoy no se trata de reclamar nuestras simpatías por tal o cual partido sino de sostener el nuestro”.
Muy práctica la señorita, y tiene razón: en política no se deben perseguir dos liebres al mismo tiempo, aunque hay gente aficionada a tener similitud con el célebre personaje mitológico vulgarmente conocido por Jano.
La mujer, ha dicho el otro día el señor Chaysson en una conferencia presidida por el Conde d´Haussonville[17], puede ser la providencia de la familia, pero al mismo tiempo puede ser el mal genio.
La ignorancia y la pereza de la mujer hacen del hogar un sitio de discordia y de desorden, del que huye el obrero refugiándose en las satisfacciones degradantes de la pulpería.
Recordando lo que Montagne entendía por la “Science du menage” –la ciencia de la economía doméstica, diremos— el señor Chaysson trazó el programa de los conocimientos indispensables que debe poseer toda esposa honesta, la buena madre de familia, sea cual sea su condición (que en este mundo nadie puede decir lo que será el día de mañana).
Largamente habló, pero en substancia he aquí sus conclusiones: toda joven debiera seguir al mismo tiempo cursos de economía doméstica y cursos de enseñanza profesional. Provista así de un diploma acreditándola apta, es claro que encontraría con mucha más facilidad un empleo: costurera, cocinera, mucama, gobernante, etc.
Propuso, para concluir, el conferenciate que se establecieran cursos de economía doméstica. Y yo salí de la conferencia pensando que una mujercita que sabe cantar y cocinar, siquiera un omelette al natural, algo muy confortable, un encanto.
Un moralista, que no es el que firma, dice: “en materia de bellas artes, como en muchas otras cosas, uno no sabe bien sino lo que nos ha aprendido”.
¿Qué piensa el lector?
Uno de ellos, no me cabe duda, piensa que así es, como dice el moralista. De lo contrario no me habría hecho llegar los “Apuntes para un informe o sea Avenida del Centenario”, que acabo de leer. ¿Y quién será él? Me pide mi parecer titulándose “Un lector de Páginas breves”. Y quiere saber qué opino de la forma de expropiación que él propone. ¡¡Pero si nunca me he ocupado de semejante materia!!
Bueno, he leído, y voy a hacer prosa sin saberlo, probablemente, diciéndole al remitente anónimo: Muy bueno el estudio, muy claras las conclusiones. La forma tercera que el autor llama “práctica” lo es en efecto.
La Avenida del Centenario, aceptando el proyecto o plan financiero del sesudo calculista, se podría hacer ventajosamente satisfaciendo con equidad aspiraciones generales.
Hablando días pasados en un círculo en el que había dos ingenieros franceses distinguidos, los dos me dijeron: “Hay argumentos en contra, ¡qué no lo tiene! Pero el proyecto convence y es un trabajo meritísimo. Voto, pues, por la afirmativa y que se haga la Avenida del Centenario, con veredas muy anchas y muchos árboles, que ellos son en las ciudades los que dan la medida de la civilización y cultura del país. No me parece mal pensado este aforismo: dime si te gustan las plantas y te diré quién eres.
Los católicos de los Estados Unidos crecen como la marea. Es la única religión que hace prosélitos. De la última estadística resulta que en América son 14.235.451 y que con las posesiones americanas, Filipinas, Puerto Rico y las islas Hawai, representan un total de 22.474.440. Bajo la bandera británica los católicos son 12.053.000.
Cuando la guerra de Crimea, los ingleses en general no usaban bigote. El que los llevara no era admitido en la Bolsa de Londres.
A un mi pariente no lo dejaron entrar, poniéndolo en esta disyuntiva: o se los quita usted o no pasa. Era Adolfo Mansilla, padre de Mariano y de Adolfo.
El contacto entre guerreros ingleses y franceses, siendo estos bigotudos, puso a la moda los que la Academia define: “pelo que nace sobre el labio superior”.
Poco a poco los barbilampiños fueron reconquistando el terreno perdido. Penetraron en Francia y el parisiense se afeitó “de pres” lo más posible.
Y como los argentinos, en general muy elegantes, ya se les distingue –se visten a la inglesa– ¡abajo el bigote!, dijeron a su vez, ¡y hasta la barba! ¡Cuántas transformaciones aparentes por la sola eliminación de lo que crece en el labio y carrillos!
A Goyito Torres, que había cambiado de decoración, no le conocí de pronto la última vez que tuve el gusto de encontrarme con él en París, que lo reclama. La colonia argentina sin él, al menos, está trunca.
¿Vendrá? Si se resuelve a venir, venga con bigote, bastará porque la última novedad que de Londres nos llega es esta: las inglesas han resuelto no acordarles sus favores a los que no tienen pelo ni barba, sobre todo bigote.
Lo que es yo, que ya no soy candidato para ciertas preferencias femeniles, jamás me afeité el bigote ni la pera. Lo que tengo, y que ustedes me conocen, son los mismos adornos naturales con que vine al mundo.
No me ha ido tan mal.
De donde saco una conclusión en apariencia ligera pero de provechosa enseñanza, a saber: cuanto menos se cambie de cara, mejor.
Celebró el 8 de febrero su centenario el señor Charles Famin[18], decano del “Pox de Rome”, arquitecto de gran mérito, padre del general del mismo nombre que ya no existe. Goza de buena salud. Lee y escribe. Hace años que usaba anteojos. Ahora ya no los necesita. Es una compensación. Ojo al caminante y que Dios siga conservando tan preciosa reliquia.
- William Waldegrave Palmer, Segundo Conde de Selborne (1859–1942), Vizconde de Wolmer entre 1882 y 1895, fue un político británico y administrador colonial que se desempeñó como Alto Comisionado en Sudáfrica. (VIAF: 24632627). ↵
- La Libre Parole fue un periódico político francés de orientación socialista y popular, iniciado en 1892 por Édouard Drumont y vigente hasta 1924. Sus archivos pueden consultarse en Gallica. ↵
- Jean-Baptiste-Pierre-Antoine de Monet, caballero de Lamarck (Bazentin, 1744-París, 1829) fue un naturalista francés, uno de los grandes hombres de la época de la sistematización de la historia natural, cercano en su influencia a Linneo, Leclerc y Cuvier. Lamarck formuló la primera teoría de la evolución biológica, en 1802 acuñó el término «biología» para designar la ciencia de los seres vivos y fue el fundador de la paleontología de los invertebrados. Su obra Filosofía zoológica (Philosophie zoologique ou exposition des considérations relatives à l’histoire naturelle des animaux) es una posterior edición refundida, corregida y aumentada de la obra Indagaciones sobre los cuerpos vivientes (1809) en donde Lamarck expone su teoría sobre la evolución de la vida.(VIAF: 41849820). ↵
- Claude Bernard (Saint-Julien, 1813-París, 1878) fue un biólogo teórico, médico y fisiólogo francés. Fundador de la medicina experimental, entre sus aportaciones a la medicina, destaca su estudio del síndrome de Claude Bernard-Horner. Fue elegido para la Academia Francesa en 1868 y galardonado con la Medalla Copley en 1876. (VIAF: 73849966). ↵
- Francisco José I de Austria (Viena, 1830-Viena, 1916) fue emperador de Austria, rey de Hungría y rey de Bohemia, entre otros títulos, desde 1848 hasta su muerte. Su reinado de casi 68 años es el cuarto más prolongado de la historia europea, después de Luis XIV de Francia, Isabel II del Reino Unido y Juan II de Liechtenstein. Su lema personal era Viribus Unitis (‘Con Unión de Fuerzas’). (VIAF: 32787948). ↵
- Leopoldo II de Bélgica (Bruselas, 1835-Laeken, 1909) fue el segundo rey de los belgas. Sucedió a su padre, Leopoldo I, en el trono de Bélgica en 1865 y permaneció hasta su muerte. Reinó durante 44 años, con lo que se convirtió en el reinado más largo de cualquier monarca belga hasta el momento. Murió sin hijos varones que le sobrevivieran, por lo que su sobrino Alberto fue su sucesor. (VIAF: 264072032). ↵
- Carlos I de Rumanía (Sigmaringen, 1839-Bucarest, 1914) fue un príncipe alemán, elegido Domnitor o príncipe de Rumanía en abril de 1866 tras el derrocamiento de Alexandru Ioan Cuza (Alejandro Juan Cuza), y rey desde 1881 hasta su muerte. Fue el primer rey de la dinastía Hohenzollern-Sigmaringen, que gobernaría el país hasta su muerte en 1914. (VIAF: 34630268). ↵
- Eduardo VII del Reino Unido (nacido como Albert Edward; Londres; 1841-Londres, 1910) fue el rey del Reino Unido y de los Dominios Británicos de Ultramar y emperador de la India desde su ascenso al trono, en 1901, hasta su muerte. Su reinado de más de nueve años fue conocido como la era eduardiana. (VIAF: 265340794). ↵
- Abdul Hamid II (1842-1918), último sultán del Imperio Otomano. Se dice que ejerció un control muy severo sobre el Estado. Gobernó durante un período de declive, con rebeliones, particularmente en los Balcanes, y una fallida guerra con el Imperio Ruso. (VIAF: 9880442). ↵
- Menelik II (1844-1913), fue rey de Shewa desde 1866 hasta 1889 y el Emperador de Etiopía desde 1889 hasta su muerte. En el apogeo de su poder interno y prestigio externo, el proceso de expansión territorial y creación del moderno imperio-estado se completó en 1898. (VIAF: 62344773). ↵
- Jorge, príncipe de Grecia y Dinamarca (Kérkyra, 1869-Saint Cloud, 1957), conocido comúnmente como el tío Goggy, fue un miembro de la familia real griega que llegó a ser Alto Comisionado de Creta durante el período de transición de la soberanía otomana a su unión con Grecia. (VIAF: 160629344). ↵
- Mutsuhito, conocido también como Meiji Tennō (Kioto, 1852-Tokio, 1912), fue hijo de Kōmei Tennō y la consorte Nakayama Yoshiko. Fue el emperador de Japón número 122º, de acuerdo con el orden tradicional de sucesión imperial japonés, reinando desde 1867 hasta su muerte en 1912. (VIAF: 39644303). ↵
- Chulalongkorn el Grande o Rama V (Bangkok, 1853-1910) fue el quinto rey de la dinastía Chakri de Tailandia, entonces conocida como Siam. Es considerado uno de los más grandes soberanos de Tailandia y el hombre que introdujo al país en el mundo moderno. (VIAF: 291253423). ↵
- Gustavo V (Oscar Gustaf Adolf; palacio de Drottningholm, 1858-palacio de Drottningholm, 1950) fue rey de Suecia desde 1907 hasta su muerte en 1950. Fue el hijo mayor de los reyes Óscar II y Sofía. Se casó en 1881 con la princesa Victoria de Baden. (VIAF: 46749445). ↵
- José de la Cruz Porfirio Díaz Mori (Oaxaca de Juárez, 1830-París, 1915) fue un político, militar y dictador mexicano, perpetuado en el poder por más de treinta años, periodo conocido en la historiografía mexicana como el Porfiriato.↵
- Christabel Harriette Pankhurst (1880-1958) fue una sufragista y activista política nacida en Manchester, Inglaterra. Fue cofundadora de la Unión Social y Política de las Mujeres y dirigió acciones militantes desde el exilio en Francia de 1912 a 1913. En 1914 fue opositora de Alemania en la guerra. Después de la guerra se mudó a los Estados Unidos, donde trabajó como evangelista para el Movimiento Adventista Segundo. (VIAF: 51753932). ↵
- Paul-Gabriel Othenin de Cléron, conde de Haussonville (1843 -1924) fue un político, abogado e historiador de la literatura francesa, elegido miembro de la Academia Francesa en 1888. (VIAF: 54248325). ↵
- Charles Victor Famin (París, 1809-Chartres, 1910) fue un arquitecto del gobierno francés. Se le encomendó la restauración de un castillo en Berry y luego la reconstrucción del Collège Rollin. Estuvo activo principalmente en Chartres, donde se instaló en 1861 y participó en la restauración de la catedral y trabajó por su liberación, la vida municipal como funcionario electo, a partir de 1867, y la organización del museo de la ciudad. Fue miembro del consejo de construcción de la ciudad de Chartres desde 1862 hasta 1879. En mayo de 1906, fue elegido miembro correspondiente por la Academia de Bellas Artes. Fue el segundo presidente de la Sociedad Arqueológica de Eure-et-Loir desde 1863 hasta 1870, de la que fue presidente honorario. (VIAF: 24593348). ↵






