Miércoles 1° de Febrero de 1911
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, diciembre 1910.
Sigue agitándose, llamémosle el problema sufragio activo y pasivo de la mujer. Por lo pronto, he aquí algunos pareceres que por cierto no son los míos. Así como van las cosas donde no existe la poligamia ya es bastante que el hombre vote como a la mujer le place. Es la regla general.
Maurice Barres[1] dice: Estoy de acuerdo en que voten las mujeres y creo que votarán en cuanto encuentren lo que desean, pero no veo utilidad general en ello, puesto que hasta ahora no han indicado ninguna idea propia política.
Jules Claretie[2]: Ciertamente, las mujeres pueden votar.
¿No traen ellas a la gran labor social su parte de abnegación, su colaboración material y su colaboración moral?
Paul Deschanel[3]: Soy partidario del sufragio de las mujeres. Podríamos comenzar por introducirlo con ciertas condiciones en las elecciones municipales.
M. Jules Lemaitre[4]: Creo que el sufragio universal sería menos malo durante algún tiempo si las mujeres votasen. Pero, por otro lado, el sufragio universal me parece “idiota”.
M. Maurice Ajam: La mujer se debe al hijo y a la familia, es ella el ministro del interior. El hombre es el ministro de relaciones exteriores. Todas las otras soluciones del problema doméstico preconizadas por la anarquía contemporánea nos conducen a la degeneración.
Mr. Jules Coutant[5]: Soy absolutamente partidario de la extensión del sufragio a las mujeres que son, que deben ser nuestros iguales.
Hasta ahí los franceses, no todos, reservo algunos para otra charla.
¿Qué opinará el pensador argentino, la mujer argentina?
Doña Juana Manso[6], si viviera, ya sabemos que estaría de acuerdo con Jules Coutant. Una “enquete[7]” sobre tema tan moderno sería muy interesante, aumentaría el número de los lectores del diario que la iniciara.
The Standard señala de nuevo esta mañana el peligro que el aumento de la flota alemana, le hace correr a la Inglaterra.
Y con ese motivo transcribe este párrafo de un diario alemán conservador:
“Trabajamos sin descanso para realizar nuestros grandes destinos. No es un sueño la hegemonía naval alemana. Tenemos que hacer por mar lo que hemos hecho por tierra. Y no hay sacrificio que no debamos afrontar para llenar nuestra misión”.
¿Para cuándo la solución del conflicto entre estos dos rivales?
Ya lo he dicho, los que no se hacen ilusiones, consideran que 1914 puede ser una fecha fatal. Y yo insisto en decirles a Vds. aprovechen la bonanza, puesto que una guerra naval entre Alemania e Inglaterra tiene que ser y será una conmoción mundial.
Razón para evitarla, dicen algunos. La respuesta es esta: la historia antigua y moderna enseña que una guerra entre grandes rivales es lo que asegura un largo período de paz, sea cual sea el vencedor.
Estoy en deuda con el reverendo padre Mansilla.
Y como no me gustan estas trampas, ni las otras, lo mismo que a ustedes, creo, voy a liquidar hoy día, a pesar del frío intenso que hace, la cuenta esa.
Me ha pasado con este libro algo increíble, y no digo fantástico, rehuyendo el tilde de hiperbólico.
“Lucio Mansilla” leí revisando de prisa un montón de papel impreso, y me dije ¿quién será el que ha tenido la gentil ocurrencia de coleccionar algo mío?… y en eso estaba, cuando me anunciaron una visita.
―Que pase adelante…
Entró, echamos un párrafo variado Es hombre que ha tenido hace no poco algo con indios.
―¡Qué casualidad! ―le dije― pensaba en usted con motivo de este libro…
―Se lo pasé…
―Y ¿quién es este Luis Mansilla?…
―¿Cómo Luis?
Yo había leído Lucio… el eterno yo, el incurable egoísmo que tanto nos hace pensar en nosotros mismos.
Y, curioso fenómeno mnemónico, tres o cuatro meses antes, le había escrito al autor andino: “Recibido, gracias; ya lo leeré a usted”.
―No, si es un fraile.
―¿Un fraile?
―Sí, ¿algún pariente?, ¿no son de Chile sus antepasados?
―No; algo hay de eso en mi sangre, pero proviene de lo que tengo de Rozas…
Hablamos de otra cosa, puse de lado el volumen y cuando me hallé solo miré bien.
No cabía duda. Luis era y no Lucio el apelativo del autor y remitente; Luis y no Lucio lo que el volumen acusaba con letras doradas en el dorso y gruesas en la portada.
Melchior de Vogue[8] se quejaba hablando con Edouard Drumont[9] de lo poco que se leen ciertos libros útiles de largo aliento. Tenía razón: solo el libro ameno (y algo más) recluta lectores por millares. El diario, con o sin ilustraciones, la revista mensual, quincenal, hebdomadaria se llevan la palma. La fiebre no consiste tanto en saber, en penetrar cuanto en estar copiosamente informado.
Yo he leído sin embargo todo este macizo volumen, admirando el calor evangélico de los misioneros franciscanos.
Simpáticas figuras son en verdad las de fray Benedicto Díaz, fray Ubaldo del C. Muñoz y otros. Me han traído a la memoria a los padres Moisés y Marco, que figuran en mis Ranqueles.
Leyendo Las misiones franciscanas de la Araucanía, por el padre Luis Mansilla[10], mi sensación moral ha sido esta: algo por el estilo podría hacerse en nuestro Chaco. Sería más humano que exterminar, y desde luego sería cumplir con la letra y el espíritu de la Constitución que en el artículo 15 prescribe “promover la conversión de los indios al catolicismo”.
Muy bien dicho me parece lo que escribe Edouard Drumont* sobre Paul Adam[11] con motivo de su último artículo inserto en Le Figaro[12], artículo que ustedes no habrán leído quizá.
Dice Drumont que Paul Adam tiene algo de Vogüe* con el que se toca por varios puntos; pero que escribe “demasiado bien”, que carece de ese yo no sé qué de libre y fácil que caracteriza a los verdaderos escritores; tiene siempre el aire de haberse vestido con cuidado para entablar un coloquio con el lector. (Pero si es mujer).
Ese artículo se intitula “Los Catoblepas”.
La palabra no es de uso corriente y Paul Adam la emplea escribiendo como cualquier estadígrafo.
Por si ustedes no la conocen, y para ahorrarles que anden con el diccionario, les diré:
El “Catoblepas” que nos fue presentado por Gustave Flaubert es un animal tan inmensamente estúpido que decorándose las uñas, da aullidos de dolor sin llegar a comprender por qué.
Puede leerse: “Catoblepas”, he ahí el desgraciado francés de esta hora, hijo de una raza admirable y gloriosa muere del “petit verre”.
Paul Adam continúa:
En lo que nos concierne, los 2.661.000 parisienses se intoxican en 30.481 casos de bebida, mientras que los 4.536.000 ciudadanos de Londres se refrescan en solamente en 5860 bars.
Los 3.437.000 habitantes de New York en 10.821 tabernas.
Hay una casa de bebidas por cada 52 franceses, una para 246 alemanas, una para 380 yanquis, una para 430 ingleses y una para 3000 suecos, gente seria a más no poder; se puede medir la proporción de las cifras y el coeficiente de nuestro vergonzoso record.
El mal se hace cada día más intenso. A él debe atribuirse la mayor parte de los raquíticos que el consejo de revisión excluya de los cuarteles, la cuarta parte de nuestros conscriptos.
Ya reducidas por el estado estacionario de los nacimientos las posibilidades de nuestra defensa nacional, disminuyen ante los “sesenta” millones de alemanes, sanos, disciplinados.
El alcohol traiciona a la nación.
He llegado a donde quería, es decir, a preguntar ¿cuántas serán las “pulperías” en que los estantes y habitantes argentinos se intoxican? En otros términos y en dos palabras: ¿cuántos serán los “catoblepas” que en Buenos Aires (y en las provincias) ahogan sus penas en bebidas más o menos alcoholizadas?
El cuerpo o colegio de abogados, lo que aquí llaman el “Barreau”, ha celebrado su centenario.
Con este motivo ha habido gran banquete de mil y trescientos cubiertos. Ya no se hace nada por este ni por ese lado sin tenedor y champagne más o menos auténtico.
Los brindis “leídos” han sido varios y, desde luego, elocuentes. La crítica no comenta este género de la literatura. Todo el que habla resulta elocuente en esta época.
Entre otras noticias suministradas por los oradores me hallo con este.
Durante el último año judicial y en París solamente, los abogados han dado 740 consultas gratuitas y han pleiteado de oficio 77.621 causas civiles, 10.880 correccionales y criminales, 3366 por los jóvenes detenidos, o sea, un total de 27.607 asuntos por los cuales no han recibido el más mínimo honorario.
Y ahí en Buenos Aires, con su casi millón y medio de habitantes que según va la cosa pronto alcanzarán a la mitad de París ¿qué dice la estadística?
- Auguste-Maurice Barrès (Charmes-sur-Moselle, 1862–Neuilly-sur-Seine, 1923) fue un escritor, político y publicista francés, hispanófilo, nacionalista, simbolista y, según algunos autores (Poliakov 2003 y Payne 1995), antisemita. Mansilla lo admira y lo menciona varias veces: tanto en sus Páginas Breves como en su ensayo Un país sin ciudadanos (1907). Desde 1906 y hasta su muerte, Barrès formó parte de la Academia Francesa. Entre sus obras, cabe mencionar: Un hombre libre (1889), El jardín de Berenice (1891), Colette Baudoche (1909). (VIAF: 66463260).↵
- Jules Arsène Arnaud Claretie (Limoges, 1840–1913) fue un novelista, dramaturgo, periodista y cronista de la vida parisina. Posteriormente fue director del Théâtre Français. El género en el que más se desarrolló fue la dramaturgia, como crítico de teatro de los diarios Le Figaro y Opinion Nationale y Journal des Voyages y como director del Théâtre Français. En 1888, fue elegido miembro de la Academia francesa. Es autor de unas ochenta piezas teatrales. ↵
- Paul Eugène Louis Deschanel (Schaerbeek, 1855-París, 1922) fue un escritor y luego político francés (presidente de Francia entre el 18 de febrero y el 21 de septiembre de 1920). Miembro de la Academia Francesa, entre sus obras, cabe destacar: Figures de femmes (1899), La Décentralisation (1895) y La Question sociale (1898).↵
- François Élie Jules Lemaître (1853–1914) fue un crítico literario, poeta y escritor de drama francés, conservador, nacionalista y católico, autor de numerosas obras, en poesía, ensayo, crítica literaria y dramaturgia. Fue reseñador teatral de los diarios Journal des Débats y Revue des Deux Mondes. Fue admitido en la Academia francesa en 1896. Dio a conocer su posición política monárquica y nacionalista en La Campagne nationaliste (1902), una serie de conferencias que brindó en el interior de Francia, junto a Godefroy Cavaignac. Condujo una campaña nacionalista en el periódico Écho de Paris. ↵
- Jules Coutant, dit « Coutant-d’Ivry » (1854-1913) fue un politico socialista francés, miembro fundador del Parti ouvrier socialiste révolutionnaire. (VIAF: 2615234). ↵
- Juana Paula Manso de Noronha (Buenos Aires, 1819-1875) fue una escritora, traductora, periodista y maestra argentina, figura central en la cultura del siglo XIX en nuestro país. Entre sus obras, se cuentan: Los misterios del Plata (1852), La familia del Comendador (1854), La Revolución de Mayo de 1810 (1864), entre otras. (VIAF: 5250936). ↵
- Entrevista. ↵
- Vogué, Eugène Melchior. Vizconde de (1848-1910). Político y literato francés. (VIAF: 21271). ↵
- Édouard Drumont (París, 1844–París, 1917) fue un escritor francés católico, antisemita, antimasónico y nacionalista. (VIAF: 44319328). ↵
- Luis Mansilla Vidal (1853-1938) fue un escritor y sacerdote chileno originario de la ciudad de Dalcahue, en el archipiélago de Chiloé. Destacó como misionero del pueblo mapuche, así como también como genealogista del sur de Chile. En 1904 publicó el libro Las misiones franciscanas en la Araucanía, sobre su experiencia como misionero en territorio mapuche, siendo el primero de varios libros que dedica al tema. En 1914 publicó una primera versión de su obra Relación genealógica de varias familias de Chiloé, la que seguiría aumentando en volumen en los años siguientes hasta una última versión en 1927, titulada Relación genealógica de varias familias chiloenses. Esta obra la dedica a Lucio V. Mansilla. (VIAF: 29012384). ↵
- Paul Auguste Marie Adam (1862-1920) fue un novelista y crítico de arte francés, autor de novelas históricas, entre ellas: La Ruse, 1827-1828 (1903); Au soleil de juillet, 1829-1830 (1903), Vues d’Amérique, P. Ollendorff (1906); La Morale des Sports (1907); Le Malaise du monde latin (1910).↵
- Le Figaro es el diario más antiguo de Francia, de ideología centro-derecha. Fue fundado en 1826 y debe su nombre al célebre personaje creado por Beaumarchais en su obra Las bodas de Figaro. Ha sido siempre el vocero, entre otras instituciones, de la Academia francesa. Sus archivos están disponibles en Gallica. Su edición digital puede consultarse en: https://www.lefigaro.fr/. ↵






