Miércoles 2 de Agosto de 1911
DEL GENERAL MANSILLA
PÁGINAS BREVES
París, julio 11.
Nada, o muy poca cosa, me va o me viene en ello. Pero mis previsiones de observador “out sider” se han cumplido.
El ministerio Monis ha caído con una rapidez meteórica. Apenas ha durado cuatro meses[1].
Acertar es siempre satisfactorio. Me alegro, pues, de no haberles anticipado a Vds. una información errónea.
¿Qué les diré ahora de lo que llamaremos el amasijo Caillaux[2]?
Con unas pocas excepciones nominales, son los mismos frailes con otras alforjas, o las mismas alforjas con otros frailes.
En una palabra, la levadura de esto es idéntica a la de lo otro y van, en cuarenta años de república, nada menos que cuarenta y seis gabinetes.
No creo que la vida de este sea tan efímera como la del otro, que a nadie ha contentado; y más no me atrevo a pronosticar.
Hay que esperar, no mucho, para ver algo claro en estos embolismos del parlamentarismo francés republicano tan cacareado.
Dígase lo que se quiera, Francia padece de enfermedad orgánica, y no ha de curarse sino con medidas drásticas, la disolución, por ejemplo, de la cámara.
La reforma electoral, con o sin representación proporcional, con o sin representación de la minoría, con o sin escrutinio de lista, no será, no puede ser si no un paliativo.
La gran reforma eficiente sería acabar con el oficialismo electoral, sectario por añadidura.
Tengo particular predilección por los escritos del joven autor, Eduardo Acevedo Díaz*, cuyo último trabajo, Épocas militares de los países del Plata[3], acaba de sorprenderme agradablemente.
Viene este libro de fondo instructivo, formal, ameno a la vez, a completar sin pretensiones a la mayor parte, por no decir a todos los historiadores, de ambas orillas del Plata principalmente. Son en verdad páginas nuevas. No hay una sola de ellas que fatigue. Al contrario, el interés se encadena, incitando sin tregua la atenta curiosidad del lector. Mucho tiene que haber leído, espigando, este ya fecundo publicista, para arribar a la síntesis metódica que constituye la excelente producción, con que Eduardo Acevedo Díaz acaba de enriquecer las bellas letras platenses.
Un párrafo del proemio dice mejor de lo que yo lo diría, en qué consiste la complexión esencial de las Épocas, revistadas con tanto conocimiento de la materia y tanta paciente prolijidad.
Helo aquí:
“Los trabajos de carácter histórico que subsiguen, relativos a distintas épocas, se refieren a algunos sucesos notables de la vasta región del Plata, durante las guerras de independencia y primeras luchas de vida institucional. No ha de buscarse entonces en ellos la cohesión obligada de una narración compleja, sino una corta serie de episodios culminantes de índole militar, como jalones que señalan largos espacios a recorrer en la historia política de los pueblos, a los cuales vinculó siempre un destino solidario”.
Consignado lo que lleva el sello del autor ¿qué me falta?
Agregar a este mi sincero aplauso, que, en toda biblioteca sudamericana no debe faltar Épocas militares de los países del Plata.
Sigo recibiendo, sin interrupción, la mayor parte de lo que la estampa de mi tierra nativa produce en forma de libros y folletos, más o menos abultados; todos ellos me interesan en extremo; y soliloquiando, me digo: no cabe duda, caminamos…
Pues, que no se detenga, ni se desvíe, la corriente intelectual; al contrario, que: “el hombre no vive solamente de pan”.
Y que prosigan afanosos los simpáticos escritores, como José María Sáenz Valiente, evocando la memoria ilustre de los paladines de toga y espada, que nos dieron libertad.
Se destaca entre ellos, con rasgos acentuados, la noble figura de Juan José Paso[4].
La calle de Buenos Aires que lleva su nombre necesitaba esta ilustración. Ya la tiene. Los que por ella pasean, ya no tendrán que preguntar ¿y quién fue este hombre? La Biblioteca de Mayo se ha encargado de contestarles in extenso, inclinémonos ante esta figura nobilísima que, con otros próceres insignes, contribuyó a darnos patria.
Meritoria es en este sentido la obra de publicidad y divulgación emprendida por la “Biblioteca de Mayo”[5]. Si no se detiene en el camino, pronto tendremos algo así como una nomenclatura histórica -patria de las principales calles de la metrópoli; y ese desfile glorioso será un estímulo más para que la denominación cívica de “Argentino” realice el ideal popular de la Constitución.
Insisto pues, e insistiré, mientras tenga alientos para hablar, en que el cosmopolitismo debe ser combatido como el mayor enemigo de la grandeza nacional. En esto, como en tantas otras cosas admirables, tenemos que mirarnos en el espejo de los Estados Unidos. Una patria con tantos extranjeros como ciudadanos, no es, dígase lo que se quiera, sino una patria a medias.
Paso, y todos los patriotas de 1810, tuvieron otros sueños de confraternidad.
En la gran república del Norte de América pasan cosas que nos transportan al Bajo Imperio, con esta diferencia, empero: que los grandes hombres yankees no venden, como Justiniano, las sentencias, castigando o absolviendo.
El caso político del momento en que escribo es una serie de revelaciones sensacionales, referentes a corrupciones en la legislatura de Ohio. Los amigos del gobernador Harmon, que es un candidato posible democrático para la presidencia, han descubierto, se dice, por medio de “detectives” privados (agentes investigadores de asuntos criminales), un sistema vergonzoso de tráfico de votos, en cambio de privilegios y de coimas pecuniarias.
“La legislatura más podrida que jamás conocí”, es el resumen con que concluye el “detective” en jefe, Burns.
Ya han sido demandados catorce legisladores, de los cuales ocho han sido puestos en libertad provisoria, bajo fianza.
Cosas feas suelen pasar por nuestro mundo sudamericano, pero tan gordas como estas, no tengo noticias. “Meno male”, como dicen los italianos.
Tres cosas, sobre todo, le interesan al autor que se toma la molestia de obsequiarnos con sus libros; saber si los hemos recibido; si los hemos leído, y, por último, qué opinamos de ellos.
Concluiré pues estas páginas diciéndole a mi antiguo correligionario, Tobías Garzón[6] (fuimos avellanedistas), que ya está en mi poder su hermoso Diccionario Argentino[7], prolijamente editado, en Barcelona, por la Imprenta Elzeviriana de Borras y Mestres.
En cuanto a eso de leerlo y criticarlo, la cosa requiere tiempo, y no poco. Lo reclamos, anticipándole al principal interesado que, “prima facie”, su obra considerable me deja bajo la influencia literaria más satisfactoria. Con que así a ello, a comprar el Diccionario Argentino de Tobías Garzón, diccionario criollo que, si no completa el de la Academia, aumenta sin disputa el caudal creciente de la rica lengua española sudamericana.
- Mansilla se refiere aquí a la caída del ministerio del Interior (ocurrida el 23 de junio de 1911, es decir, dos semanas antes de escrita esta Página breve), a cargo de Ernest Monis (1846-1929), quien se hallaba convaleciente tras haber sufrido un accidente aéreo en mayo del mismo año. Monis había sido designado Ministro del Interior por el entonces presidente de Francia, Falliéres, en febrero de 1911. (VIAF: 73996024). ↵
- Joseph Marie Auguste Caillaux (Le Mans, 1863-Mamers, 1944), político francés de la Tercera República, odiado por los sectores de derecha por sus propuestas socialistas y pacifistas. Como líder de los radicales y desde el cargo de primer ministro, promovió una política de conciliación con Alemania que llevó al mantenimiento de la paz durante la Crisis de Agadir de 1911. (VIAF: 114621953).↵
- Acevedo Díaz, Eduardo. Épocas militares de los países del Plata Primer tercio del siglo XIX. Buenos Aires: Martín García, 1911.↵
- Referencia al libro Juan José Paso (Buenos Aires: Cabaut, 1911) José María Sáenz Valiente (1888-1951), autor también del libro Régimen municipal de la Ciudad de Buenos Aires: su organización y funcionamiento desde 1880 (Buenos Aires: Adolfo Grau, 1911). ↵
- Creemos que esta referencia se conecta con la cita del Diccionario Argentino, de Tobías Garzón, citado en esta misma Página breve, unas líneas más adelante. ↵
- Tobías Garzón (Córdoba, 1849-Cordoba, 1914) fue un educador y gramático argentino, autor, entre otras obras, de: Necesidades en el orden moral, social y económico (1872); Prosodia y ortografía castellanas. Reglas sencillísimas (1889); Gramática castellana (1898); La enseñanza de la gramática en textos elementales (1905) y
Diccionario argentino (1910).↵ - Garzón, Tobías. Diccionario argentino, ilustrado con numerosos textos. Publicado bajo los auspicios de la Comisión Nacional del Centenario de la Revolución de Mayo y de la Universidad Nacional de Córdoba (República Argentina). Barcelona: Imprenta Elzeviriana de Borrás y Mestres, 1910.↵






