Continuidades y discontinuidades en espacios socioeducativos de la ciudad de Rosario
Noelia Martínez y Mariano Gil
Introducción
En este trabajo nos proponemos analizar los sentidos y prácticas de trabajadoras y trabajadores de programas y dispositivos estatales orientados a jóvenes en la ciudad de Rosario, tomando como eje el cruce de dos investigaciones antropológicas y las implicancias de la experiencia en pandemia[1]. Puntualmente, nos planteamos describir los procesos de apropiación, negociación, enseñanza y aprendizaje, transmisión de prácticas y saberes que ponen en juego los/as trabajadores/as en espacios socioeducativos a los que asisten jóvenes en contextos de pobreza urbana y desigualdad social de la ciudad de Rosario, atendiendo las rupturas y continuidades gestadas en el contexto de emergencia sanitaria por COVID-19. Desde el enfoque antropológico (Achilli, 2005) entendemos los procesos bajo estudio desde su carácter educativo en sentido amplio, es decir, “campo de conformación sociocultural de prácticas y significaciones humanas”, de “‘enseñanzas’ y ‘aprendizajes’ presentes en distintos ámbitos” (Achilli, 2002). Ambas investigaciones presentan diferentes temporalidades: mientras que una de ellas se desarrolló en contexto de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) y Distanciamiento Social Preventivo y Obligatorio (DISPO), la otra se realizó unos años antes. Las investigaciones se centraron en el análisis de sentidos y prácticas de trabajadores/as que revisten situaciones laborales en planta permanente o transitoria del estado municipal, provincial y nacional, así como también condiciones de contratación o becas tercerizadas.
Los puntos de encuentro entre los sujetos foco de nuestras investigaciones y los contextos en los que se van configurando sus sentidos y prácticas nos permiten aproximarnos a identificar y describir algunos ejes que nos posibiliten profundizar, en futuras investigaciones, procesos de continuidades y discontinuidades en las dimensiones antes mencionadas, consideradas a partir del atravesamiento de la pandemia por COVID-19.
Respecto de la perspectiva teórico-metodológica que guía nuestras investigaciones, nos ubicamos desde el enfoque relacional-dialéctico, considerando los procesos estudiados en el cruce de interrelaciones dialécticas como partes de una totalidad concreta (Kosik, 1967). Entendemos la escala de los cotidianos como ese ámbito donde “se imbrican procesos y relaciones construidos por los sujetos que les imprimen determinadas significaciones, con otros procesos institucionales y estructurales con los que interactúan en una dialéctica relacional” (Achilli, 2005, p. 22). Es decir que, si bien nuestras focalizaciones se encuentran a escala de los cotidianos sociales, estos procesos son concreciones a las que es pertinente anclarlas en procesos históricos más generales. El acceso a los sentidos y prácticas de los/as trabajadores/as es posible mediante la realización de un trabajo de campo intensivo (Achilli, 2005), por lo cual detallamos brevemente las vicisitudes del mismo en cada una de las instituciones donde trabajamos: un Centro de Convivencia Barrial (CCB) y el Dispositivo de Cuidados Sociales (DCS)[2].
El trabajo de campo en el CCB fue un proceso que tuvo tres momentos: un primer momento durante el año 2012, un segundo momento entre los años 2015 y 2016, y finalmente en el 2018. Por su parte, nuestro primer acercamiento al DCS fue en septiembre de 2019. Los avatares de los cambios de gestión a nivel provincial y nacional que se produjeron en diciembre de ese año impidieron retomar el vínculo en los siguientes meses[3]. En 2020 irrumpió la pandemia, imposibilitando nuestra visita a la institución. En agosto de 2021, con la flexibilización de las medidas sanitarias, pudimos pactar un nuevo acceso al campo hasta el 2023. Durante ese periodo realizamos visitas semanales a la institución, transitando diferentes espacios. Entre las estrategias de construcción de la información podemos mencionar: entrevistas grupales y cuestionarios individuales a los/as trabajadores/as; así como también entrevistas en profundidad y observaciones.
Consideramos que el enfoque teórico-metodológico desde el cual trabajamos nos permite relacionar investigaciones con trabajo de campo en diferentes temporalidades a partir de considerar las problemáticas que abordamos inscriptas/configuradas en procesos históricos más generales. Construir esas relaciones es el desafío que nos proponemos en este capítulo, teniendo presente que los procesos que estudiamos combinan simultáneamente continuidades e interrupciones/intermitencias de diferentes temporalidades, abarcando tanto situaciones propias del contexto pandémico como de otros tiempos.
Otro desafío de este escrito es establecer conexiones entre los planes y programas del Estado que, aunque pueden ser analizados desde sus propuestas socioeducativas como proponemos en este capítulo, también son considerados en otras investigaciones como parte de las políticas sociales o de salud mental de la Municipalidad de Rosario, cada uno de manera independiente. Como parte de una resolución teórico-metodológica en el marco de un proceso de investigación general (PID 2020-2023), hemos decidido cruzar estos programas dirigidos a jóvenes en contextos de pobreza urbana para entrelazar relaciones y evitar interpretaciones fragmentadas de las políticas, enfocándonos en los sentidos y prácticas de trabajadores/as en el Estado.
A continuación, presentamos los dispositivos en cuestión en el entramado de políticas el cual forman parte. Luego, analizamos algunos procesos de transmisión y apropiación entre trabajadores/as y jóvenes al interior de los espacios socioeducativos que se desarrollan en el CCB y en el DCS, con la intención de aproximarnos a analizar continuidades y transformaciones asociadas al advenimiento de la pandemia, considerando las diferentes temporalidades en las cuales se desarrollaron las investigaciones. Por último, realizamos algunas consideraciones finales donde sintetizamos nuestro planteo.
Centros de Convivencia Barrial y Dispositivo de Cuidados Sociales: programas en contextos de desigualdad social en la ciudad de Rosario
Tal como expusimos en la introducción, las investigaciones que presentamos fueron realizadas con trabajadores/as de dos programas/dispositivos estatales orientados a jóvenes en contextos de pobreza urbana y desigualdad social en la ciudad de Rosario. Nos referimos por un lado a los Centros de Convivencia Barrial de la Municipalidad de Rosario, y por el otro al Dispositivo de Cuidados Sociales.
Los CCB (Centros de Convivencia Barrial) comenzaron a funcionar en el año 1997 a partir del Programa Crecer bajo la órbita de la ex Secretaría de Promoción Social de la Municipalidad de Rosario. En consonancia con los procesos de reforma del Estado implementados a partir de los años 90, los organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial tuvieron fuerte injerencia en su financiamiento y diseño (Garma y Castro Rojas, 2013), así como también algunos programas nacionales como el Programa Materno Infantil y Nutricional (PROMIN)[4] y el Programa Alimentario Nutricional Infantil (PRANI). Aunque en sus inicios esta institución se orientó al trabajo con la primera infancia y las familias, principalmente las madres, con los años se fueron entramando allí múltiples proyectos y programas orientados a otros conjuntos etarios.
El Programa Crecer presentaba como una de sus funciones prioritarias la alimentación de niños/as entre 2 a 5 años, extendiendo en algunos casos, a las familias que acompañaban principalmente mujeres que tenían vínculos familiares con esos/as infancias (madres, hermanas, abuelas, tías, etc.).
Por su parte el DCS surgió a fines de 2014 a través de una confluencia entre dos equipos de trabajadores/as de diferentes niveles del Estado. Por un lado, un equipo de trabajadores/as de la Dirección Provincial de Niñez (ex Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Santa Fe) que se desempeñaban en un centro de día para adolescentes. Por otro lado, un equipo de trabajadores/as contratados/as mediante una beca en articulación entre la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (SEDRONAR) y la Universidad Nacional de Rosario (UNR), que se desempeña específicamente en el abordaje del consumo problemático de sustancias. Estos dos equipos convergen y se constituye una nueva institución, cuya primera denominación fue Casa Educativa Terapéutica (CET), nominación que obedece a una política de SEDRONAR. El nuevo equipo comenzó a trabajar en el mismo predio donde trabajaba el centro de día para adolescentes. Según los/as trabajadores/as, entonces, esta “llegada de la SEDRONAR” fue el hito central de creación del DCS, institución que se reconoce como una referencia en el abordaje público de los consumos problemáticos en la ciudad.
Ambas instituciones se ubican en contextos atravesados por altos índices de conflictividad social, asociados, entre múltiples precariedades y desigualdades (Sánchez, 2006; Medan, 2011; Cozzi, 2018; Benassi, 2018, 2019; Nemcovsky et al., 2020), a disputas territoriales de bandas que se dedican a la comercialización de sustancias psicoactivas ilegalizadas a pequeña escala. Señala Cozzi (2018) que particularmente desde el 2012, la cuestión del “narcotráfico” se instala fuertemente como problemática pública y mediática[5], en un contexto que se caracterizó como de “crisis de seguridad” en la provincia de Santa Fe. En ese contexto el foco de su tratamiento mediático se colocó en los/as jóvenes, sobre todo jóvenes varones en contextos de pobreza urbana.
Para el trabajo que presentamos es importante mencionar que ninguno de estos dispositivos pertenece específicamente al sector “educación”, ya que formalmente no forman parte de las dependencias estatales correspondientes (Ministerio de Educación de la Nación y de la Provincia, Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario). Sin embargo, desde el enfoque en que trabajamos, consideramos que la educación no es un campo aislado, sino que forma parte de diversos procesos cotidianos en los que se inscriben nuestras investigaciones.
Podemos identificar en estos dispositivos una dimensión socioeducativa que se manifiesta en la construcción de vínculos entre trabajadores/as y jóvenes en los cotidianos laborales que estudiamos. Estos vínculos están atravesados por procesos de transmisión de saberes y apropiaciones entre los diferentes sujetos intervinientes. Tanto en el CCB como en el DCS se desarrollan propuestas destinadas a jóvenes que consideramos educativas en un sentido amplio. Así, al interior de estos dispositivos, los/as trabajadores/as construyen espacios socioeducativos donde interaccionan cotidianamente con los/as jóvenes.
Tiempos y espacios de comensalidad, transmisiones sobre “lo político” y huellas escolares en los espacios socioeducativos del CCB y el DCS desde los sentidos y las prácticas de los/as trabajadores/as
A partir del análisis de los registros de campo en ambas investigaciones, nos proponemos describir los sentidos y prácticas que ponen en juego los/as trabajadores/as en el contexto de los espacios socioeducativos del CCB y el DCS. Entendemos que el análisis en diferentes temporalidades, en el cruce de nuestras investigaciones, posibilita construir algunos avances que nos acerquen a documentar algunos cambios y continuidades que se produjeron a partir de la irrupción de la pandemia.
Las propuestas dirigidas a jóvenes en estos espacios, como anticipamos, se entienden como educativas en un sentido amplio. Desde el enfoque en el que trabajamos, la educación se concibe como “un entramado de procesos de transmisión, reproducción, apropiación y transformación de objetos, saberes y prácticas culturales en contextos diversos, que siempre rebasan la instrucción formal” (Rockwell, 2007, p. 176). Desde esta perspectiva, la categoría de educación amplía la noción de escolarización y nos permite pensar en los procesos de apropiación (Rockwell, 2005), en propuestas socioeducativas que no ocurren necesariamente en las escuelas. La categoría de apropiación “sitúa claramente la acción en las personas que toman posesión de los recursos culturales disponibles y los utilizan” (Rockwell 2005, p. 29) en determinadas condiciones contextuales e históricas (Villareal et al., 2018).
En el CCB se desarrollan talleres y capacitaciones socioeducativos que dependen de programas municipales y provinciales orientados a juventudes en contextos de pobreza urbana y desigualdad social. Algunos de estos se implementan en el Centro de Convivencia Barrial, otros en instituciones como un polideportivo municipal y en el Bosque de los Constituyentes[6]. Todos funcionan en el turno mañana y son llevados adelante por trabajadores/as del Estado. Entre ellos podemos mencionar: el taller de cine y fotografía; la capacitación de arbitraje de fútbol; la capacitación en jardinería denominada “Agricultura urbana”; y la capacitación para letristas y cartelería. A ellos asisten jóvenes entre 13 y 30 años, según el taller o “capacitación”.
En el DCS podemos distinguir tres tipos de actividades que se yuxtaponen en la dinámica cotidiana. Por un lado, los espacios convivenciales, donde jóvenes y trabajadores/as interactúan alrededor de actividades de la vida diaria, tales como el desayuno y el almuerzo, que organizan la jornada. Por otro lado, actividades grupales que varían según las propuestas del equipo de trabajo y la disponibilidad de recursos provenientes de otros programas sociales, tales como: espacios de juego, de lectura, yoga, boxeo, artes marciales, actividad física, panificación, cine, estética, reparación de bicicletas, etc. Los/as jóvenes son convocados/as a estas actividades, y su tránsito por las mismas está asociado a un recorrido singular por la institución que es construido a partir del trabajo subjetivo que se lleva adelante con cada joven. Este trabajo se desarrolla en el tercer tipo de actividades que distinguimos: los espacios singulares. Se trata de momentos donde se da un encuentro de cada joven con algunos/as trabajadores/as (generalmente dos), que se constituyen como su referencia en la institución. En estos momentos se trabaja el tránsito del/de la joven por diferentes espacios dentro del DCS y se producen los acuerdos para el mismo. El horario de la jornada se extiende aproximadamente entre las 8 y las 16 horas, y asisten a la institución mayormente jóvenes de entre 14 y 30 años.
Construimos la descripción a partir de tres ejes que nos permiten establecer relaciones en el análisis de ambas investigaciones. Aludimos a ejes que focalizan en los procesos de transmisión y apropiación que ponen en juego los sujetos en estas propuestas, talleres y espacios educativos. De esta manera, analizamos las continuidades y transformaciones asociadas al advenimiento de la pandemia, teniendo en cuenta las diferentes temporalidades explicitadas más arriba. Estos ejes son: a) Sentidos y prácticas de los trabajadores/as sobre la comensalidad en los espacios socioeducativos del CCB y el DCS; b) Transmisiones y apropiaciones entre trabajadores/as y “grupalidades juveniles” sobre “lo político”; c) Huellas de prácticas escolares y espacios de lectura compartida en el contexto de las propuestas socioeducativas.
Sentidos y prácticas de los trabajadores/as sobre la comensalidad en los espacios socioeducativos del CCB y el DCS
Los espacios de comensalidad, donde trabajadores/as y jóvenes comparten desayuno, almuerzo y/o merienda, emergen como momentos donde se producen intercambios a través de la conversación, así como construcción de “lazos” entre trabajadores/as y jóvenes. Además de la asistencia alimentaria, fundamental en los contextos de vulnerabilidad en los cuales estas instituciones trabajan, en ambos dispositivos estos momentos son concebidos por los/as trabajadores/as como “significativos” en su labor cotidiana con los/as jóvenes. Desde la antropología, si bien la alimentación se trata de una actividad esencial para la reproducción de la vida, entendemos que la misma se realiza a través de prácticas cultural e históricamente situadas. Como menciona Santillán (2019), los espacios vinculados a la preparación de la comida tienen un lugar central en muchas organizaciones sociales y también en instituciones como las que presentamos en este trabajo:
No solo lo es porque los niños, atravesados por hondos procesos de desigualdad, ven muchas veces cercenado el derecho a una buena alimentación, sino porque el momento de la comida se configura como espacio muy relevante de socialización y también como experiencia formativa (Santillán, 2019, p. 67).
Intervienen en la comensalidad un conjunto de prácticas que los/as trabajadores/as ponen en juego con los/as jóvenes en cada oportunidad. Así lo sistematizaban las/os trabajadoras/es “Los momentos de desayuno, almuerzo y merienda los pensamos como instancias para compartir y construir una escena amena, donde la palabra pueda circular. Propiciando el intercambio de miradas, charlas; un momento alojador” (RN° 140, 27/11/2020, escrituración de trabajadores/as del DCS).
En lo que respecta al CCB, durante los años que hicimos trabajo de campo (2012 al 2018, con interrupciones) pudimos documentar la manera en que el tiempo del desayuno y el almuerzo se convierten en momentos importantes para el trabajo cotidiano, involucrando tanto a los sujetos de nuestra investigación como al resto del equipo de trabajo, es decir maestras de nivel inicial que laboran con las infancias y las socioalimentarias[7] que preparan la comida (para las infancias) y las viandas (para las juventudes)[8]. Tanto las infancias como las juventudes que asisten a las actividades reciben estas dos comidas. La asistencia alimentaria nos permite dar cuenta de las huellas de los orígenes del programa que dio marco en los años 90 a los Centros de Convivencia Barrial, denominados por ese entonces Centros Crecer, permeando (de manera diferencial y con matices) una amplia cantidad de programas y planes hasta el presente. Como señalan Falappa y Andrenacci (2009):
La política asistencial se especializó en captar a los excluidos en sus escenarios más evidentes (…) las intervenciones mejoraron la situación coyuntural de amplias capas de la población arrojadas a condiciones de vida situadas en el límite de la supervivencia, pero aceptando en sonoro silencio, durante parte importante del período en cuestión, que no sería la economía, a través del empleo, la que operase el rescate de los caídos, sino la política asistencial la que los “mantuviese” lo mejor posible (p. 56).
Las trabajadoras del CCB mencionan prácticas laborales ligadas a la asistencia alimentaria implementadas en momentos de crisis económica:
Sé que en 2001 fue masivo, porque fue una cuestión de que llegaban los camiones con las cajas de alimentos y los desbordes que se generaban en algunos barrios de que la gente se colgaba de los camiones para sacar las cajas (RN° 6, 17/8/2012, Trabajadora del CCB).
Sin embargo, los/as trabajadores/as otorgan sentidos diferenciales a las prácticas de asistencia alimentaria de acuerdo a los contextos y situaciones en las que se producen. Entendemos, a modo de anticipación hipotética, que las apropiaciones que los/as trabajadores/as estatales hacen sobre prácticas y sentidos articulados por décadas en torno a la alimentación de las poblaciones en condiciones de pobreza posibilitaron, en contextos de emergencia pandémica, diferentes “estrategias de aguante” (Menéndez, 2002) o “sostenimiento” para la alimentación de los/as jóvenes.
En el DCS la pandemia apareció asociada, desde los sentidos de los/as trabajadores/as, a un momento de profunda crisis, no sólo sanitaria sino también socioeconómica. La paralización de las actividades económicas informales que la mayoría de los conjuntos sociales que asistían a la institución llevaban adelante cotidianamente, producto del ASPO, repercutió severamente en sus condiciones materiales de vida. Ante este contexto de emergencia, los/as trabajadores/as del DCS destacan dos iniciativas que llevaron adelante. Por un lado, la tramitación del Ingreso Familiar de Emergencia[9] para los/as jóvenes que asistían a la institución. Esto implicó reunir la información necesaria de los/as jóvenes y que los/as trabajadores/as concretaran el trámite online desde sus hogares[10]. Por otro lado, se realizó un mapeo de los comedores comunitarios que fueron surgiendo en el barrio. La pandemia fue referida entonces como un momento de agudización de la vulnerabilidad social de la población, asociada a una política que no pudo contemplar algunas particularidades de la misma:
Trabajador: había como una contradicción, una contradicción fuerte, en el sentido que la población con la que nosotros trabajamos, gran parte de la población con la que nosotros trabajamos, es una población a la que no se le habló. No se le habló en el sentido digo de que hubo situaciones que no se reconocían como tal. El “Quedate en casa” […] ¿Qué pasa si no tenés casa o tu casa no está en condiciones para que estés todo el día encerrado? (RN° 55, 19/9/2021, Entrevista grupal en DCS).
A partir de la experiencia de campo en ambas investigaciones podemos observar la manera en que estos espacios de comensalidad operan como lugares donde se producen transmisiones y apropiaciones de distinto orden entre los/as trabajadores/as y los/as jóvenes. En el DCS la irrupción de la pandemia, y la declaración del ASPO (Decreto 297/2020) el 20 de marzo de 2020, modificó profundamente la dinámica de la institución. El sostenimiento de espacios grupales y convivenciales se vio imposibilitado por las restricciones sanitarias vigentes. Ante la urgencia, desde el equipo de trabajo se ponderó la importancia de sostener la entrega de viandas de comida diarias para garantizar lo alimentario y tener encuentros mínimos con los/as jóvenes, en reemplazo del almuerzo en la institución. Este primer momento fue vivenciado por muchos/as trabajadores/as como un corte abrupto:
Trabajadora 1: Mi sensación es que veníamos como un tren a toda velocidad y de pronto cayó algo como “tac”, ahí, y se frenó la pelota, pero en el sentido más brutal. Porque aparte veníamos de un 2019 intenso, con un montón de discusiones, y de pronto como que decís…frenó. O se apagó la luz […], en todo sentido, como hablábamos la otra vez, de venir por la calle desierta hasta estar acá […].
Trabajadora 2: La atención digamos se limitó a la entrega de viandas al mediodía porque veníamos temprano a cocinar, preparar las viandas nosotros, higienizar, mantener los cuidados, con los jóvenes era sólo eso, 5 minutos la entrega de viandas (RN° 55, 14/9/2021, Entrevista a trabajadoras del DCS).
En este primer momento de pandemia, desde el equipo se pensó en ofrecer “algo más” que la vianda, dándole un sentido a esa entrega para que no quedara reducida a la cuestión alimentaria, que, de todas formas, constituyó una cuestión de vital importancia en tiempos de emergencia. Se empezaron a hacer experiencias que tenían que ver con la aparición de Mostaza y Escalera[11], dos personajes ficticios que llevaron adelante propuestas a partir del juego, con el cuidado de todas las medidas sanitarias. Los/as trabajadores/as refieren que la intención en torno a estas actividades era “sostener” algo del “vínculo” con los/as jóvenes, además de la asistencia alimentaria.
Según algunas sistematizaciones de la experiencia que los/as trabajadores/as han realizado por escrito a las que pudimos acceder, las primeras actividades tuvieron una impronta informativa de la situación epidemiológica y de los cuidados a sostener. Se compartían videos acerca del correcto lavado de manos, confección de barbijos caseros, rutinas de ejercicios, etc., siempre con la cuota de humor que le imprimían los personajes Mostaza y Escalera. Los medios de difusión de estas propuestas fueron las cuentas de Facebook e Instagram de la institución. Dadas las dificultades que encontraba la mayoría de los/as jóvenes para acceder a estas redes sociales, estas propuestas no tuvieron demasiada recepción, según se desprende de las entrevistas que hemos realizado. A partir de esto, se pensaron instancias presenciales de juego, respetando el distanciamiento social, en el momento de la entrega de viandas: entrega de elementos para hacer pulseritas, juegos de ingenio y adivinanzas, lectura y entrega de poesías, adivinar el nombre de una canción y quién la canta, Ta-te-ti gigante, adivinar la cantidad de bolitas en una botella, etc. Según los/as trabajadores/as estas propuestas fueron positivamente recibidas por los/as jóvenes. Se destacó entonces la importancia de “sostener el vínculo” a pesar de lo obturante del contexto sociosanitario:
En este contexto de distanciamiento y protocolos sanitarios poder adaptar escenas de humor que se venían sosteniendo en el DCS otorgaron a estos mínimos encuentros un alojamiento. Consideramos de vital importancia en estos contextos extraordinarios que les jóvenes, por su situación de arrasamiento social, cuenten con espacios que les garanticen parte de su alimentación diaria. Como así también la posibilidad de encontrarse con otras propuestas que le permitan sostener un vínculo de cercanía y complicidad, dando lugar a que sucedan otras cosas durante el poco tiempo de permanencia posible: risas, comentarios, propuestas para los próximos encuentros, temas de conversación entre elles. (RN° 140, 27/11/2020, Escrituración de trabajadores/as del DCS).
Si bien las actividades grupales, entendidas en el marco de procesos terapéuticos que atravesaban jóvenes con consumos problemáticos, fueron en gran medida interrumpidas, la asistencia alimentaria continuó, aunque de una forma diferente. Ya no se almorzaba en la institución, sino que los/as jóvenes iban a retirar su vianda. Como mencionamos más arriba los/as trabajadores/as idearon formas/estrategias/adaptaciones para “sostener vínculos” con los/as jóvenes más allá de esta entrega de alimentos. Entonces, si bien la asistencia alimentaria no es el eje de la política del DCS, como tampoco de los CCB, en la práctica observamos que estos programas, en contextos de crisis sociales, económicas y sanitarias como la del 2001 o la de la pandemia por COVID-19, se erigen en sostenes de la cuestión alimentaria de las poblaciones que acceden a ellos.
Transmisiones y apropiaciones entre trabajadores/as y “grupalidades juveniles” sobre “lo político”
A partir de agosto de 2021 pudimos acceder al trabajo de campo en el DCS y presenciar la transición desde la modalidad adoptada por la institución en la pandemia hacia una nueva apertura y flexibilización de actividades grupales. Poco a poco, se iban habilitando espacios donde pudieran interactuar mayor cantidad de personas, con el uso del barbijo y el distanciamiento social como requisitos. De esta forma se produjeron diferentes apropiaciones de los trabajadores/as del DCS respecto de los lineamientos sobre el distanciamiento social. Discutían en reuniones de equipo cómo atravesar esta etapa, ideando estrategias para “adaptar” las propuestas a las condiciones derivadas de las modificaciones en las medidas sociosanitarias pandémicas.
El “sostenimiento” de la conformación de grupos de jóvenes es una preocupación que se menciona reiteradamente entre los/as trabajadores/as de ambas instituciones desde antes de la pandemia. En reiteradas ocasiones, señalan la heterogeneidad de problemáticas que atraviesan estos/as jóvenes:
En relación a lo que me decías antes de con quién trabaja el Nueva Oportunidad[12], está bueno que se piense espacios para trabajar con ese tipo de jóvenes [refiriéndose a jóvenes con problemas de consumo de sustancias], pero para mí reducirlo a estos jóvenes pierde mucho en los espacios, para mí está bueno como que haya una diversidad de jóvenes, con diferentes realidades, no sé, diferentes enfoques, padre, no padre. Me parece que eso es lo que hace rica las dinámicas grupales y me parece que eso es también lo que hace que los jóvenes puedan sostener los espacios (RN°21, 27/5/2016, Trabajador del CCB).
La importancia que los sujetos le imprimen al trabajo grupal entra en tensión con los sentidos de los/as trabajadores/as acerca de los abordajes “por casos” o “individuales”, aunque en las prácticas documentadas a partir del trabajo de campo, la mención a “los casos”, en referencia al tránsito singular de cada joven por la institución, sea recurrente y se entrelaza con la mirada sobre la “grupalidad juvenil”. Es decir, conviven en estas instituciones la dimensión de lo grupal y los abordajes “por casos” como modalidades de un mismo proceso.
En el DCS la dimensión de “lo subjetivo” se concretaba a partir de encuentros pautados entre un/una joven y algunos/as trabajadores/as, a modo de entrevista individual. Durante la pandemia, en un primer momento, se sostuvieron unas pocas entrevistas no presenciales, a través de llamadas telefónicas o bien de videollamadas por intermedio de diferentes plataformas, fundamentalmente WhatsApp. El escaso acceso de los/as jóvenes a estos medios dificultó el sostenimiento de estas prácticas. Con la flexibilización de las medidas de distanciamiento se produjeron charlas presenciales, individuales y colectivas, sosteniendo el distanciamiento social y con el empleo de barbijo en espacio abierto. Esto fue referido por varios/as trabajadores/as como un importante limitante en cuanto a los procesos de construcción de vínculos de confianza con los/as jóvenes:
Trabajadora: Y acá el protocolo marcaba que en la época difícil de la pandemia teníamos que estar con barbijo y máscara. En una institución en donde el vínculo con el otro es fundamental, tener una entrevista con alguien que está sumamente angustiado, uno está… yo sentía que estaba como adentro de una escafandra…y hay algo de la mirada, hay algo de la actitud corporal, de la cercanía corporal, que hace también al sostén, al acompañamiento, y eso fue tan difícil de sostener, de generar, esto de poder seguir como sosteniendo lazos humanos y cálidos y acogedores, fue todo un desafío, pero bueno sí con el tiempo un poco con Escalera y Mostaza, de a poco, alrededor de la entrega de viandas, se fue como armando algo más. Y bueno, conforme fueron aflojando, o sea un poco, más que aflojando las restricciones, ampliándose las posibilidades de permanencia (RN° 50, 2/9/2021, observación y entrevista grupal en DCS).
La conformación o sostén de la dinámica grupal en contexto de DISPO fue compleja. Sin embargo, se desarrollaron encuentros que posibilitaron trabajar diferentes temáticas. La cercanía de las elecciones legislativas a escala nacional, provincial y municipal, en el año 2021, les permitió a los/a trabajadores del DCS llevar adelante iniciativas que permitieran abordar la dimensión de “lo político” en los/as jóvenes.
Los lunes al mediodía, sobre los últimos meses de 2021, en paralelo a la entrega de viandas, un grupo de trabajadores/as del DCS comenzó a generar actividades vinculadas a la participación política de los/as jóvenes. Como antecedente del espacio, en el año 2019 la institución se vio atravesada por una dinámica electoral ficticia que protagonizaron los personajes Mostaza y Escalera a partir de campañas proselitistas, debates y, finalmente, la votación. Siendo 2021 también un año electoral, lunes a lunes se iban desarrollando diferentes propuestas. Aún no estaban habilitadas las actividades con grandes grupalidades, por lo cual los/as jóvenes, cuando llegaban a la institución a retirar sus viandas, eran convocados/as a participar en grupos que no superaran las 5 personas. Una primera propuesta consistió en seleccionar canciones para luego ser tocadas en un “show en vivo”. De esta forma, se realizó un simulacro electoral donde en lugar de políticos/as, se postulaban temas musicales previamente propuestos por los/as jóvenes.
Junto a la puerta del pasillo, estaba instalada una mesa con una urna. D. (trabajadora de la institución) estaba sentada, oficiando de presidenta de mesa. Se realizarían, a partir de las 12, las elecciones para seleccionar qué temas musicales se tocarían el mediodía del próximo lunes. D. tenía el “padrón” y cada joven se llevaba una boleta que consistía en media hoja A4 impresa, donde estaba el listado de canciones. Hizo su aparición Mostaza, el intendente del DCS, para estar presente en el evento. […] Los/as jóvenes tomaban una boleta, pasaban al cuarto oscuro (ubicado en una de las dos salas frente a la puerta del pasillo, la de la derecha), marcaban la canción elegida, doblaban la “boleta” y la introducían en la urna. Tras ello, debían decir su número de documento para que D. lo anotara en el padrón y firmar. D. me contó que notaba grandes avances en muchos jóvenes que ahora lograban recordar su número de documento […] (RN° 50, 6/9/2021, Observación en el DCS).
Al lunes siguiente, se desarrolló el “show en vivo”, que además fue un ensayo de una actividad grupal. Mostaza fue el anfitrión del “show en vivo”, ya que esta actividad fue parte de sus “promesas de campaña”. Uno de los trabajadores tocó los temas con su guitarra, mientras que otros/as acompañaban cantando e invitando a los/as jóvenes, que pasaban de a uno/a o en grupos de hasta 3 personas, a cantar o a participar. Algunos/as jóvenes acompañaron las canciones con algún instrumento de percusión, otros/as se limitaron a escuchar, mientras que hubo quienes optaron por no participar.
En otra de las actividades realizadas en este “espacio de los lunes”, los/as jóvenes elaboraron preguntas para los/as candidatos/as a concejal de Rosario (2021). Luego, los/as trabajadores/as sistematizaron estas inquietudes[13] y las enviaron a los/as candidatos/as. Solo un candidato respondió enviando un video en el que abordaba las preguntas formuladas, el cual fue reproducido en la institución para que los/as jóvenes conocieran las respuestas.
Otra actividad destacada fue un simulacro de elecciones a concejales, donde se realizó una votación utilizando un mecanismo similar al empleado para las canciones. En esta ocasión, se emplearon modelos de boletas similares a los que se utilizarían en las elecciones del 14 de noviembre de 2021.
Desde el equipo hubo una preocupación constante por transmitir algo de “lo político” a las grupalidades de jóvenes. Si en 2019 el disparador fueron las elecciones nacionales, en la pandemia ensayaron la posibilidad de ejercitar el derecho a elegir sin un objeto estrictamente político, en términos de la política partidaria. Por eso, en un primer momento, el objeto de las elecciones fueron sencillamente canciones. Podemos señalar entonces que la concepción de “lo político” que intentaron transmitir los/as trabajadores/as excede a lo partidario y se relaciona con la capacidad de ejercer el derecho a elegir. Además, estas actividades tenían la intención de que los/as jóvenes pudieran conocer su número de DNI, lo cual les permite reconocer y ejercitar derechos que deben ser garantizados por el Estado.
Huellas de prácticas escolares y espacios de lectura compartida en el contexto de las propuestas socioeducativas
En su diseño, el programa Nueva Oportunidad, del que se desprenden los espacios socioeducativos del CCB, plantea una organización por trayectos pedagógicos a partir de “capacitaciones” en oficios, talleres ligados a actividades artísticas, talleres orientados al uso de las tecnologías, talleres en deportes, culturales, entre otros. Estos trayectos se plantean, desde el diseño del programa, con una relación dual respecto de las instituciones educativas “tradicionales”. Por un lado, esperan “diferenciarse”, proponiendo “un tiempo y espacio distinto”, “espacios de formación y participación más integrales” (Mansilla et al., 2019), y por el otro, plantean que los trayectos pedagógicos permiten formar “un perfil profesional dentro del sistema educativo, desde el punto de vista de la certificación con reconocimiento oficial” (Nueva Oportunidad, 2019) emitida desde el Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe.
Estas tensiones entre la acreditación certificada por autoridades del campo educativo formal y las intenciones de los programas socioeducativos de “distanciarse” de las prácticas escolares ha sido mencionada en otras investigaciones (López Fittipaldi, 2021, p. 150). Sin embargo, entendemos que existen “matices” en los modos en que los sujetos se apropian, “adaptan” (Ezpeleta, 2007), negocian con estas propuestas, programas y planes con fines socioeducativos produciéndose en variadas situaciones “modificaciones en sus prescripciones y contenidos originales” (Montesinos y Sinisi, 2009, p. 47). En este sentido es preciso remitir a la complejidad en que se ha ido configurando históricamente el campo de lo socioeducativo en nuestro país, que
se fue moldeando tratando de incidir sobre la escuela por fuera de ella en un proceso de particular productividad en el cual se reconocen y legitiman la presencia y prácticas de variados sujetos en torno a los problemas educativos y escolares de diferentes grupos sociales (Montesinos, 2021, p. 67).
Como mencionamos con anterioridad, las propuestas socioeducativas que llevan adelante los/as trabajadores/as del CCB se implementan en diferentes instituciones que se asignan de acuerdo a la especificidad de la capacitación: la enseñanza sobre arbitraje de fútbol en el polideportivo, agricultura urbana en el Bosque de los Constituyentes, cine y fotografía y letristas en la sala del CCB. A pesar de la diversidad de espacios, podemos encontrar elementos comunes que persisten en las prácticas y sentidos de los/as trabajadores/as.
A partir de las observaciones pudimos identificar algunos momentos en las clases de arbitraje: un primer momento donde los/as jóvenes llegan al polideportivo y disponen las mesas en línea en el salón de usos múltiples y las trabajadoras toman asistencia. En ese momento se reparten hojas y lapiceras para que puedan tomar notas de la clase. Comienza la primera parte de la clase a cargo del capacitador. A mitad de la jornada se da una merienda a los jóvenes y luego comienza la segunda parte de la clase que consiste en que uno de los/as jóvenes arbitre un partido de fútbol en el que juegan sus compañeros/as y en el que también, participan las trabajadoras. En varias observaciones vimos que el tiempo del partido es el momento en que se llevan adelante las tareas administrativas para las becas de los/as jóvenes: el ordenamiento de los DNI, el registro de la asistencia y las conversaciones sobre “los casos a tratar” por parte de la trabajadora social (RN° 24, 15/6/16, Observación en Taller Arbitraje).
En el DCS, otro de los espacios en los que pudimos participar durante los últimos meses de 2021 fue el “espacio de lectura”. El mismo se desarrolló los días jueves, en una franja horaria que aproximadamente se extendía desde las 12 hasta las 13 horas. En aquel lapso, los/as jóvenes llegaban a la institución para retirar sus viandas. Los/as trabajadores/as acondicionaban algún sector de la institución, en general el SUM o el comedor, distribuyendo libros, que son propiedad del DCS, en las mesas. Los/as jóvenes eran invitados/as a recorrer esta “biblioteca” y, en ocasiones, los/as trabajadores/as leían alguna poesía o cuento especialmente seleccionado para la ocasión, o bien proponían alguna actividad de naturaleza lúdico-literaria, como la que detallamos a continuación:
Para la actividad, que llevaron adelante tres trabajadores/as, se dispusieron en las tres grandes mesas del comedor poemas de la autora Laura Devetach. Los versos estaban escritos en palitos de helado de colores. En cada palito había un verso, y cada poema estaba conformado por palitos de un mismo color dispuestos en la mesa. En una mesa estaba Trabajador 1, en otra Trabajadora 1 y en la otra Trabajador 2. La propuesta era que cada joven trabaje en una mesa. Allí, la persona a cargo de la mesa le leería los poemas (había 5 ó 6 poemas por mesa, que no excedían los 6 versos) y luego mezclaría todos los palitos con los versos escritos para rearmar, al azar o a gusto de cada joven, un poema nuevo. Una vez conformado el poema nuevo lo leían y lo fotografiaban […]. Esta actividad se extendió entre las 11:50 y las 13 aproximadamente, periodo durante el cual lo/as jóvenes/as que así lo deseaban pasaban por el comedor y tras armar el poema retiraban la vianda (RN° 58, 23/9/2021, observación en el DCS).
Como las reuniones grupales estaban restringidas, quienes deseaban participar lo hacían en tandas de entre 5 y 8 personas. En general, cuando los/as trabajadores/as leían en voz alta algunos textos, los/as usuarios/as permanecían en silencio, con disímiles grados de atención. En ocasiones rememoraban experiencias relativas a lo escuchado, o bien compartían pareceres y sensaciones que los textos les generaban. En otras ocasiones, las lecturas eran recibidas con indiferencia. El eje de la propuesta era “hacer circular la palabra”, ofrecer las posibilidades de la literatura para generar algún tipo de movimiento subjetivo. La recurrencia con la que se presentan las prácticas de lectura grupales o la fuerte presencia del texto como estrategia de los/as trabajadores/as de estos espacios socioeducativos en contextos de pandemia, pone de relieve el carácter eminentemente social (Rockwell, 2001) que tienen estas prácticas. En ellas los textos propuestos por los/as trabajadores/as son apropiados por los/as jóvenes desde el presente a partir de determinada situación contextual (Chevallard, 1998) y de sus experiencias previas con la cultura escrita.
Diferentes investigaciones (Kantor, 2008; Fattore y Bernardi, 2015; Abrate et al., 2017; Montesinos, 2021; Soto 2022) plantean cómo las propuestas denominadas socioeducativas o “no formales” muchas veces se referencian en prácticas que se despliegan en las instituciones escolares, aunque en sus formulaciones iniciales se presenten distantes de los mismos. Así podemos dar cuenta de algunas prácticas que podrían ser pensadas en términos de apropiaciones de “rituales y usos” (Rockwell, 1995) asociados a lo escolar: la utilización de una mesa donde los/as jóvenes se congregan, la presencia y utilización de la pizarra, la toma de asistencia por parte de los/as trabajadores/as, la repartición de elementos para tomar nota (hojas y lapiceras), la disposición del capacitador frente a la mesa y la figura de un “acompañante” que suele ser el/la trabajador/a del CCB, la entrega de material escrito para las clases (fotocopias o libros), la realización de recreos o descansos y la referencia por parte de los/as jóvenes a los/as trabajadores/as con el significante “profe”. Esas huellas de “ritos” relacionados con la escuela se trata de “prácticas tan difundidas que casi no requieren instrucciones previas” (Rockwell, 1995, p. 38), que permean las prácticas de los/as trabajadores/as en los espacios socioeducativos que estudiamos.
Las propuestas socioeducativas presentes en las dinámicas/talleres de ambos programas estatales fueron reelaboradas/adaptadas en el contexto de pandemia a la par de la flexibilización de las medidas sanitarias para el “sostenimiento” del trabajo con las grupalidades, conservando gran parte de los elementos y las prácticas antes mencionadas[14]. Estas prácticas presenciales fueron significadas por los/as trabajadores/as como importantes para “alojar” y “sostener el vínculo” con los conjuntos sociales con los que trabajan en el DCS. Propio de las condiciones materiales de vida en las que habitan los/as jóvenes, la virtualidad (más allá de episodios puntuales de entrevistas para “atender” situaciones específicas de salud o familiares, o simplemente comunicarse para no perder referencia) revestía de complejidad el trabajo cotidiano, por lo cual los/as trabajadores/as apelaron a la creatividad para sostener grupalidades respetando las restricciones sanitarias.
Consideraciones finales
En este trabajo procuramos poner en relación dos investigaciones particulares, que se inscriben en la lógica de un proyecto colectivo. Este proyecto tiene un carácter fundamentalmente formativo en investigación social. Reúne un conjunto de investigaciones de grado, doctorales y posdoctorales acreditadas en diferentes ámbitos (Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, CONICET). La problemática que abordamos se centra en generar conocimientos respecto de experiencias y memorias escolares, familiares y laborales vividas por conjuntos sociales en contextos de desigualdad social en la ciudad de Rosario. Experiencias y memorias que nos interesa considerar en relación con los procesos de configuración del espacio sociourbano, inscriptos en procesos estructurales. Si bien el proyecto fue gestado y planificado en el año 2019, en los inicios de su ejecución (principio del año 2020) irrumpió la pandemia. Sostenemos que este complejo fenómeno se constituye en un proceso estructural que permea las relaciones sociales a toda escala. Por tal motivo, su incorporación al análisis de la problemática construida por el equipo se dio desde un primer momento.
Una de las focalizaciones del proyecto se relaciona con las experiencias laborales de trabajadores/as en el Estado. En ese sentido este capítulo se propuso construir avances a partir del cruce de dos investigaciones que tienen como foco los sentidos y prácticas de los sujetos mencionados en diferentes programas estatales que se desarrollan en la ciudad de Rosario. Nos propusimos describir los espacios socioeducativos en los que desarrollan sus prácticas los sujetos de nuestras investigaciones y a los que asisten jóvenes que habitan en contextos de pobreza urbana y desigualdad social de la ciudad de Rosario. La pandemia implicó un trastrocamiento en la lógica de funcionamiento de este tipo de instituciones y, al mismo tiempo, la continuidad de algunas prácticas que formaban parte del cotidiano en ellas. En ese sentido, los/as trabajadores/as implementaron diferentes estrategias para “sostener el vínculo” con los/as jóvenes, entendido como un elemento esencial de su trabajo. Nos hemos propuesto describir algunas de esas estrategias y adaptaciones que llevaron adelante los/as trabajadores/as de estos espacios socioeducativos en contextos de pandemia.
La puesta en común de investigaciones en el marco de un proyecto colectivo posibilita construir articulaciones entre ellas. Las investigaciones particulares de cada integrante del proyecto no se conciben como “casos”, sino que los procesos estudiados a escala de la cotidianeidad social se encuentran inscriptos en procesos estructurales más generales que se concretizan de diferentes maneras y con matices entre ellos. A partir de las relaciones construidas entre investigaciones que analizan sentidos y prácticas de trabajadores/as que “motorizan” políticas que, en sus formulaciones, remiten a campos diferentes, arribamos a la construcción de los ejes de análisis en común que desarrollamos, así como también a líneas de indagación a ser exploradas. En tal sentido, destacamos la pregunta por la tensión entre el trabajo con “grupalidades” y los abordajes de “casos” o “situaciones” que se despliegan en estas instituciones, así como los sentidos que los/as trabajadores/as construyen en torno a ello y la forma en que estos abordajes se entrelazan en las prácticas cotidianas de los sujetos. Finalmente deslizamos un segundo núcleo de trabajo que presentamos a modo de anticipación hipotética para futuras escrituraciones, a saber, entendemos que los sentidos y las prácticas de los/as trabajadores/as sobre “alojar”, “sostener”, en contextos previos y, sobre todo, durante la pandemia, podrían remitirnos a pensar la profundización del sufrimiento social (Neufeld y Thisted, 1999) y la autorresponsabilización de estos sujetos respecto de las problemáticas que atraviesan a los/as jóvenes en contextos de desigualdad social. Estos núcleos representan desafíos futuros que (nos) implican la complejidad y el compromiso inherentes a la escritura colectiva.
Referencias bibliográficas
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- Los avances en ambas investigaciones se enmarcan en un proceso de trabajo colectivo a partir del PID SeCyT (2020-2023) “Procesos estructurales, espacio socio-urbano y vida cotidiana. Un análisis de experiencias y memorias en la ciudad de Rosario”. Dirección: M. Nemcovsky. Co-dirección: G. Bernardi y M. Saccone.↵
- El nombre del dispositivo fue modificado a los fines de preservar el anonimato pactado con sus integrantes.↵
- En la Provincia de Santa Fe, en el año 2019, triunfó en las elecciones el Frente Juntos, de orientación peronista, coalición que llegó al gobierno luego de 12 años de gestión del Frente Progresista Cívico y Social. A nivel nacional, por su parte, llegó al gobierno el Frente de Todos, que se impuso en las elecciones al frente Juntos por el Cambio, que se encontraba ejerciendo el gobierno desde diciembre de 2015.↵
- PRANI es “un programa focalizado en áreas de alta incidencia de pobreza urbana, que cuenta con el financiamiento parcial del Banco Mundial y tiene el propósito de reforzar las acciones regulares del Programa Materno Infantil, mejorando la infraestructura y equipamiento de los efectores del primer nivel de atención de salud, articulando una red con Centros de Desarrollo Infantil (CDI) y modificando el modelo de atención y la gestión de los recursos” (Sordini 2014, p. 6).↵
- La autora marca como un hecho emblemático al Triple Crimen de Villa Moreno (enero del año 2012), cuando asesinaron a tres jóvenes militantes del Movimiento 26 de Junio del Frente Popular Darío Santillán, que estaban en una canchita de fútbol ubicada en la zona sudeste de Rosario.↵
- El Bosque de los Constituyentes es una zona de reserva ecológica ubicada en el noroeste de la ciudad de Rosario (Plan Urbano 2007-2017). Allí se encuentran propuestas educativas desarrolladas por la Secretaría de Ambiente de la Municipalidad de Rosario, así como también se prestan los espacios para capacitaciones de otras áreas del municipio y escuelas de la zona. ↵
- Se trata de trabajadoras municipales, cuya función está relacionada a la preparación de los alimentos y a las capacitaciones orientadas a tal actividad.↵
- Diremos brevemente que, si bien las infancias y los/as jóvenes sostenían la comensalidad en espacios separados, se realizaba en el mismo momento del día. También es pertinente mencionar que las viandas de almuerzo para los/as jóvenes eran enviadas al CCB por parte de la cocina central de la Municipalidad de Rosario a diferencia de los alimentos para las infancias que se preparaban en el lugar. Sin embargo, los alimentos vinculados al desayuno eran para todos los grupos por igual, en general se trataba de mate cocido con tostadas y mermelada o tortas preparadas por las socio-alimentarias. ↵
- En el año 2020 se implementa, a través del Decreto 310/2020, el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE): una política de emergencia orientada a trabajadores/as de la economía informal, a monotributistas sociales y de las categorías más bajas y a trabajadores/as de casas particulares. Consistió en un pago excepcional de $10.000 por parte del gobierno nacional a aquellas personas incluidas en las categorías mencionadas. Este pago se realizó en tres oportunidades, entre los meses de abril y julio de 2020.↵
- En algunos registros de campo, los/as trabajadores/as del DCS refieren a la necesidad de trabajar de madrugada para la inscripción de los IFE orientados a los/as jóvenes, ya que la página web se saturaba de demandas en otros horarios del día. ↵
- Mostaza y Escalera son dos personajes protagonizados por un trabajador y una trabajadora de la institución. Tuvieron su origen en el año 2016, durante un espacio de juegos, donde los/as participantes (trabajadores/as y jóvenes) cambiaban lúdicamente su identidad. De esta forma, estos/as trabajadores/as optaron por ser Mostaza y Escalera. Con el correr del tiempo, fueron haciéndose presentes en diversos momentos de la institución, como por ejemplo festejos de cumpleaños. En el 2019, año en que se celebraron las elecciones nacionales, Mostaza y Escalera compitieron por la “intendencia del DCS”. Hicieron campaña proselitista durante el año, con debate incluido. Mostaza resultó electo intendente del DCS por el periodo 2019-2023.↵
- Se trata de un programa social destinado a jóvenes de barrios periféricos de la provincia de Santa Fe, en situación de exclusión y violencia social. Surge en el año 2013 desde la Municipalidad de Rosario, con una población inicial de 320 jóvenes. En el año 2016 se institucionalizó a nivel provincial como una política del Gabinete Social en confluencia con el Plan Abre, desarrollándose en otras ciudades de la Provincia. Para el año 2019 alcanzaba a 17745 jóvenes, de los cuales 11058 son de la ciudad de Rosario (Mansilla et al., 2019).↵
- Los tópicos que más aparecieron en estas preguntas se pueden agrupar en tres ejes: por un lado, déficits de infraestructura del barrio (agua, luz, cloacas, gas, pavimento, etc.), por otro lado, reclamo de actividades destinadas a jóvenes y, en tercer lugar, cuestiones ligadas a la “inseguridad” y las violencias en el barrio.↵
- En relación a las reconfiguraciones ocurridas durante el contexto de pandemia en torno a lo escolar y educativo en dispositivos socioeducativos se puede consultar en este mismo libro el capítulo escrito por Ana Paula Gallardo relativo a las medidas alternativas para jóvenes en conflicto con la Ley penal. ↵






