Laura Cerletti y Laura Santillán
Este libro busca avanzar sobre un pendiente considerable: atender en profundidad a los modos en que la educación y los cuidados de niñas, niños y jóvenes se transitaron y significaron en el contexto de pandemia de COVID-19[1]. Si bien desde distintos campos disciplinares se escribió mucha literatura al respecto –al calor de las inesperadas transformaciones que fue provocando el avance de la pandemia–, considerar lo que movilizó a escala de la vida cotidiana, atendiendo tanto a cambios como a continuidades e integrando analíticamente la experiencia y perspectiva de sus protagonistas, a nuestro juicio, demanda otra temporalidad. Consecuentes con la propia tradición disciplinar a la que pertenecemos, la antropología, partimos del supuesto de que analizar el presente, lejos de ser una tarea de inmediatez, requiere de un trabajo cuidadoso para lograr entenderlo desde su verdadera complejidad y, sobre todo, en su historicidad.
La pandemia, como bien sabemos, dejó huellas cuyo alcance es todavía hoy un enorme interrogante. Cuando a inicios del 2020 se propagó el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 y la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la emergencia internacional sanitaria, el mundo mutó. Y mutó no sólo porque se extendía el contagio de una enfermedad hasta el momento desconocida, con efectos letales y sin vacunas para prevenirla, sino porque la manera de neutralizar su desarrollo implicó la imposición de medidas restrictivas ligadas al aislamiento y distanciamiento social a nivel mundial[2]. Según se expuso en diversos análisis, las medidas de cuarentena y distanciamiento social, si bien posibilitaron disminuir los contagios y preservar vidas, en paralelo, generaron una contracción socioeconómica que se estima la más severa desde la Gran Depresión (OIT, 2020; Muñiz Terra et al., 2023), erosionando los ingresos de amplísimos sectores de la población y, en consecuencia, produciendo un empeoramiento de la distribución de la riqueza y el acceso a derechos al interior de cada nación y entre países (Muñiz Terra et al., 2023; Zizek, 2020)[3].
En este marco, y en lo que respecta al tema en que se basa el libro, la pandemia de COVID-19, así como las medidas asociadas a ella, impactaron hondamente en las condiciones para el cuidado y la educación de las nuevas generaciones. Porque –es importante resaltar– otro hecho que tuvo lugar a nivel global fue la suspensión del dictado de clases presenciales en todos los niveles educativos, y, de ese modo, dentro y fuera de nuestro país la “continuidad pedagógica a distancia” significó el pasaje de la escolarización a los hogares, conllevando un evento inédito por su envergadura a nivel mundial[4], y en buena medida porque se torna innumerable la magnitud de sus consecuencias. Docentes, estudiantes (de todas las edades), adultos con niños y niñas a su cargo en los ámbitos domésticos, entre muchos otros sujetos involucrados en la educación y escolarización de las nuevas generaciones, nos encontramos repentinamente con los desafíos propios de la coyuntura pandémica y con el requerimiento de transformar los modos de enseñar y aprender[5], y de cómo cuidamos, sumados a otras complejidades que tratan de evidenciar los distintos capítulos de este libro.
La recomendación de “Quedate en casa” formó parte de la difusión de los estados, medios de comunicación y organismos no gubernamentales, y se tornó vector de regulación social y moral de un sinfín de cuestiones, ligadas a lo que teníamos permitido y aquello que no; a las formas de relacionarnos y vincularnos. La propia disciplina que configura el sustento teórico y metodológico de los análisis que brinda el libro, se vio atravesada en el escenario excepcional que nos tocó vivir, compartiendo alteraciones en las condiciones materiales y subjetivas para su quehacer con otras áreas de la producción de conocimiento. En el caso de la antropología y la perspectiva etnográfica, bien sabemos que la construcción de conocimiento comprende, en simultáneo –y de forma dialectizada– a la producción teórica, la participación directa del sujeto que investiga en los procesos bajo estudio y la disposición a la presencia física y prolongada en los escenarios de actuación cotidiana de las personas. Las medidas de confinamiento y distanciamiento social, por cierto, trastocaron sin previo aviso las condiciones para el trabajo de campo y su reflexión, al menos de la manera en que lo solíamos practicar. Las contribuciones del libro y, centralmente, la indagación llevada adelante por las y los investigadores, permiten afirmar que lejos de su detención, la indagación sistemática y en profundidad siguió su curso, desde ya que atravesada por diversas vicisitudes y renovados desafíos. Coincidimos con otros análisis cuando afirman que el contexto de emergencia nos ha comprometido a la necesidad de repensar nuestros procesos de investigación, interpelándonos de manera honda y situándonos ante el reto de cómo comprender las mutaciones y movimientos que produjo, estando nosotras y nosotros mismos involucrados y envueltos en ellos (Achilli, 2022).
Algunas notas preliminares para comprender la educación, la escolarización y los cuidados en pandemia: riesgo, moralidades y contexto urbano
Como venimos puntualizando, la pandemia de COVID-19 generó un escenario mundial y, por cierto, lo suficientemente específico en la necesidad que impuso de evitar los contagios masivos, la enfermedad y la muerte. Y, aun contemplando las distintas medidas restaurativas e intervenciones que desde los estados se pusieron en juego[6], coincidimos con otros estudios (Ramos y Yanniello, 2021) cuando afirman que la propagación de la enfermedad contribuyó en la instauración de un orden y una racionalidad desde la cual debíamos actuar, basada en buena medida en una determinada epistemología y gestión del riesgo[7]. La noción de “riesgo” –como bien nos lo recuerdan autores posicionados en una perspectiva crítica dentro de la epidemiología–, es un vocablo polisémico y, por ende, deja abierto cierto margen de ambigüedad. Sin embargo, en el discurso epidemiológico tradicional, “el riesgo”, situándose de lleno en “la población” –es decir más allá y fuera del sujeto– da lugar a la promoción de lenguajes homogeneizadores y, cuando no, morales respecto a los modos en que se debe llevar adelante la vida (Almeida, Castiel y Ayres, 2009).
Estas reflexiones nos parecen muy propicias para comprender no sólo algunas características del contexto de pandemia en sí, sino también desde qué marcos interpretativos analizaremos el atravesamiento del mismo en las temáticas que nos preocupan. Porque, además, y volviendo a los aportes que nos ofrecen autores en la temática, es importante tener en cuenta, en todo caso, el modo a través del cual la noción de riesgo –incluso como rasgo previo a la pandemia–, se hizo omnipresente en las políticas sociosanitarias y las intervenciones estatales y sociales de asistencia a la población (Sepúlveda, 2011). Y aludimos a una omnipresencia que, en relación al período capitalista neoliberal que venimos transitando desde al menos cuatro décadas, ya no se trata de la codificación “moderna” del peligro en clave del manejo y control de la incertidumbre y la inseguridad (Sepúlveda, 2011), sino de la emergencia y fomento de toda una nueva ingeniería de la manera en que debemos constituirnos como “prudentes”[8] y que, si se destaca por algo, es porque conlleva consigo la apelación a la autorrealización y responsabilización individualizada por el propio cuidado y el de los cercanos (Rose, 2007). El evento transitado de pandemia, según consideramos, se torna un locus relevante que nos permite analizar el modo en que cada cual –en tanto sujeto de esta era del capitalismo– fuimos interpeladas e interpelados como individuos morales, con lazos de obligación y responsabilidad respecto de nuestra conducta y la de los otros (Rose, 2007). En tanto evento extraordinario, la emergencia sanitaria por COVID-19, como decíamos, comprometió la subsistencia y dimensiones clave para el debido desenvolvimiento de la vida; pero, es importante aclararlo, que paralelamente habilitó todo un lenguaje moral acerca de los cuidados y los comportamientos. En relación al tema de nuestro libro, el cuidado y la educación infantil, el acatamiento o no a las medidas sanitarias y a todas aquellas directrices relativas a la continuidad pedagógica a distancia, ocasionaron valoraciones y condenas morales de diverso tipo. Moralidades que no se instituyeron de antemano, sino que fueron practicadas por quienes quedamos involucrados en el fenómeno, al son de los contextos concretos de actuación (Vianna, 2010).
Aclarado este primer asunto, nos parece relevante puntualizar que los procesos analizados en el libro se desenvuelven fundamentalmente en entornos urbanos. Sin descuidar el impacto singular que la pandemia produjo en ambientes rurales[9], bien sabemos que la rápida propagación del COVID-19 en las ciudades populosas, establecieron a las mismas como “epicentro” de la pandemia, debido a su alta concentración de habitantes y de los intercambios. Y, en ese marco, la emergencia inaugurada por la pandemia y las medidas sanitarias asociadas a la misma, dieron lugar al establecimiento de “cercos sanitarios”, “retenes”, “controles” que, tal como desarrollan otros estudios, no sólo desplegaron una imaginación geográfica específica sobre las relaciones entre “aislamiento”, “distanciamiento”, “cuidado” y pandemia, sino sobre la vida social en su conjunto (Segura y Pinedo, 2022).
Ahora bien, como señalan estos mismos estudios, la propagación del coronavirus, lejos de circunscribirse a la “densidad poblacional”, claramente debe ser explicada en función de las particularidades en que se dirimen las políticas y medidas sanitarias, así como también del modo en que están dadas las condiciones económicas y habitacionales de quienes residen en ellas. Así las cosas, la pandemia, en los hechos, puso de relieve una honda desigualdad y concentración poblacional en las grandes ciudades de nuestro país y regiones de América Latina. Desigualdad que, en tanto proceso relacional e histórico, en la pandemia se ha develado a través de sus diversas expresiones y categorías, entre otras, respecto a la clase y el género, como bien lo demostrarán los capítulos que componen el libro.
Retomando claves para comprender los efectos de la pandemia en contextos urbanos, tal como señalan otros estudios, vale decir que las ciudades tienen una larga historia respecto a brotes epidemiológicos (Benítez, 2023). Esta misma historicidad forma parte de las medidas dispuestas para impedir el contagio. Desde allí, sería difícil pensar a las medidas de aislamiento y distanciamiento social que transitamos como eventos absolutamente novedosos. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 sobrevino en una fase particular del desenvolvimiento capitalista que, si por algo se destaca, es justamente por instaurar una determinada interconexión económica en la cual las personas, bienes y servicios se movilizan de forma acelerada a escala global. Y esto tiene lugar de manera absolutamente desigual y con profundas exclusiones. Por tanto, este flujo “global” no sólo se puso en juego como variable de intensificación de la enfermedad, sino también en las desiguales condiciones de transitarlo. En tal caso, la pandemia de COVID-19 se desenvolvió en un marco del capitalismo en el que –como bien expusieron diversos autores de manera previa a la pandemia–, incluye una flexibilidad aumentada, aunque selectiva del capital –principalmente financiero– y una marcada fragmentación de los mercados de trabajo e integración creciente, aunque desigual, de los mercados de consumo a nivel mundial. Y al mismo tiempo puso al descubierto hondos procesos de desigualdad que antecedían a la pandemia y, a la vez, se profundizaron con ella. Todas estas referencias constituyen condiciones insoslayables para las temáticas que plantea el libro acerca de la educación y los cuidados de las nuevas generaciones. El punto clave refiere a cuáles lentes analíticos vamos a ponderar para avanzar en una comprensión lo suficientemente abarcativa y en profundidad del fenómeno atravesado.
¿Qué viene a aportar la antropología?
Acordamos con otros autores que las ciencias sociales han estado particularmente activas desde el inicio mismo de la pandemia, realizando diagnósticos sobre la situación de la población y grupos más vulnerables, aportando ideas y propuestas de políticas activas, auscultando el estado de la sociedad, entre varias otras formas de involucramiento (Assusa y Kessler, 2021).
Esta actividad tuvo su correlato en una profusión de publicaciones de diverso tipo, especialmente durante 2020, en las cuales se plasmaron tanto reflexiones como resultados de indagaciones hechas al calor del momento y con las posibilidades que las circunstancias permitían. En cuanto a la temática específica que aborda este libro, centrada en la educación, los procesos escolares y los cuidados, y desde una mirada retrospectiva, encontramos algunas vacancias y tendencias acerca de las que nos hemos propuesto avanzar.
Por un lado, acaso como un acto de reacción ante la irrupción inesperada de un evento de tal magnitud, observamos que es mucho más abundante la literatura producida durante el 2020 y primeros meses del 2021, que la que se produjo con posterioridad. Y si bien en 2021 la pandemia siguió siendo un tema que con frecuencia aparecía en las publicaciones especializadas y en diversos medios de divulgación, es notorio advertir cómo fue disminuyendo su protagonismo hacia su finalización[10]. A los fines de las discusiones que abre este libro, queremos señalar, en primer término, que gran parte de lo escrito sobre educación, procesos escolares y cuidados de las infancias y juventudes en pandemia, al centrar la mirada en los sucesos del primer año, principalmente hace foco en los desafíos y las resoluciones que se fueron dando en el periodo de mayor restricción para poder circular (y demás medidas asociadas). Y con ello, en la literatura referida a nuestro país, resultan subrepresentadas las particularidades del 2021, que implicaron distintos desafíos y dificultades tanto en los hogares con niños, niñas y jóvenes como en las instituciones y espacios educativos. Es decir, el retorno a lo que se llamó “nueva normalidad” (que, entre otras cuestiones, acarreó demandas laborales más significativas para muchas personas respecto de las que habían tenido durante el año anterior), se conjugó con esquemas de alternancia y eventuales nuevos cierres –según las distintas jurisdicciones– de la presencialidad escolar. Esto trajo consecuencias muy diferenciales para el trabajo docente, para las experiencias educativas y escolares de niños, niñas y jóvenes, para las modalidades de organización doméstica y las prácticas relativas a la educación y el cuidado, entre muchas otras aristas. En segundo término, advertimos una sobredimensión de lo novedoso, vinculada sin duda a lo profundamente disruptivo que fue el 2020 para el planeta entero. No obstante, y tal como los capítulos de este libro ponen en evidencia, mirado con detenimiento, lo novedoso se dinamiza a través de cambios y continuidades, reconfiguraciones y transformaciones. Atender con más distanciamiento a lo específico y lo no específico del tiempo pandémico, permite arrojar nueva luz sobre los modos en que lo previamente existente fue fungiendo como base a partir de la cual los humanos nos relacionamos con lo desconocido. Así, sin restar el valor social que hicieron esos aportes tempranos en esa coyuntura, es dable observar también que la inmediatez se articula con esa tendencia al sobredimensionamiento de lo novedoso. La literatura producida en una temporalidad más larga, suele tomar como punto de partida procesos de investigación que ya tenían lugar desde antes de la pandemia y se repara con mayor profundidad analítica tanto en las distintas temporalidades del período, como en la compleja dinámica de cambios y continuidades propias de la emergencia sanitaria.
Y, por otro lado, hemos identificado otra tendencia presente en la literatura especializada a abordar de modo separado los procesos vinculados a la educación y la escolarización, de una parte, y a los cuidados, de otro. Retomando afirmaciones que plasmamos en otros trabajos (Santillán, 2012; Cerletti, 2024), esto lleva a escindir prácticas y producciones de sentido que en la complejidad de la vida cotidiana se producen de manera indisociable, como se irá demostrando en diferentes capítulos de este libro. Se arriesga, de tal forma, a sobre-visibilizar ciertas dimensiones por sobre otras, y a sobre-simplificar la compleja trama de acciones y decisiones con las que se llevan adelante las prácticas relativas a las experiencias formativas de las nuevas generaciones.
En tal sentido, este libro abreva en una tradición disciplinar de la antropología –específicamente en Antropología y Educación en la línea de la etnografía crítica latinoamericana–, la cual se destaca por la centralidad que adquiere una intención ligada al holismo interpretativo (Neufeld, 1996). Esto implica una búsqueda activa por conocer con creciente profundidad las relaciones dialécticas entre hechos y procesos de diferentes órdenes (Achilli, 2005), sin ceñirse de antemano a circunscribir las preguntas de investigación a un determinado aspecto de la realidad, recortado a priori. Para ello, resulta clave atender a las experiencias y prácticas que los protagonistas de esos procesos transitan y llevan adelante, junto con las significaciones que producen sobre las mismas. El proceso analítico busca integrar dinámicamente (Balbi, 2012) las perspectivas de los sujetos con las interpretaciones y desarrollos teóricos de quien investiga (Rockwell, 2009). En esa integración, la historicidad de los procesos bajo estudio, en sus distintos niveles de generalidad, es indisociable de la perspectiva relacional que conlleva ese holismo. Como mencionamos, la distancia analítica respecto al período pandémico, a las y los autores de los capítulos, nos abrió una posibilidad para encontrar relaciones que articulan diferentes aspectos de la vida social, de manera que las dimensiones analíticas que se toman no escinden a priori aspectos que –al ahondar en el análisis– resultan significativos en su relacionalidad, por caso, tales como lo aludido sobre “educación” y “cuidados”.
Un aporte central forjado y consolidado en esta tradición disciplinar, es el estudio en profundidad de lo humano a escala de la vida cotidiana, entendida como el espacio de producción y reproducción de la vida (Heller, 1972). La vida cotidiana, en este sentido, es un concepto de doble faz. Por un lado, es un concepto sumamente amplio que remite a cualquier ámbito de lo social. Es decir, cualquier suceso humano que estudiemos se concreta siempre a escala de la vida cotidiana, en su devenir del día a día. Y, por otro lado, en su otra cara, es un concepto sumamente específico, que se realiza en términos sociohistóricos particulares y concretos (Neufeld, 1996; Batallán, 2020; Achilli, 2005; Rockwell, 2009), y en el devenir de distintas temporalidades (Rockwell, 2018). La pandemia irrumpió inusitadamente en la vida cotidiana tanto por la extensión (en términos geográficos y temporales), como por la ruptura repentina de las coordenadas témporo-espaciales con que se desenvolvían las vidas de la gran mayoría de la población. Y aquí una noción que se torna clave –y atraviesa, como veremos, a los capítulos– es la de “experiencia”. Experiencia que, recuperando los términos en que la conceptualizó el historiador marxista Edward Thompson, la comprendemos como el modo en que la realidad es vivida y dotada de sentido por parte de los sujetos, a través de acciones que tienen significación (Thompson, 1984). Y en ese derrotero se constituye como proceso activo y formativo, a partir del cual –y en el cual– los sujetos realizan selectivamente diversas apropiaciones (Rockwell, 2009).
Sin duda, la pandemia constituyó un evento excepcional y, lo excepcional, permite ver con renovados ojos lo ordinario, lo no-excepcional. La misma tradición disciplinar ligada a la antropología ha hecho sustanciales aportes al respecto[11]. Aquello que rompe con las rutinas, con la norma, con lo que sucede –y se espera que suceda- en esa escala de la vida cotidiana, permite poner en evidencia justamente esa base sobre la cual irrumpe. Lo disruptivo habla de lo novedoso, aunque situado sobre el telón de fondo de lo existente. Como sintetizamos en otros escritos, la pandemia dio lugar a inesperadas transformaciones a escala de la vida cotidiana, pero al igual que en cualquier proceso de cambio, importa tanto considerar lo que trae de novedoso como lo que implica de continuidad (Santillán y Cerletti et al., 2020; Santillán, 2023; Cerletti, 2024). En este sentido, “el análisis de lo transcurrido en pandemia nos habilita una suerte de juego de luces y sombras entre lo que sucedía antes, los modos en que se vivió el durante –aunque sería más pertinente decir ‘los durantes’– y lo que ha ido siendo la salida de la pandemia (también el plural es más adecuado en cuanto a las múltiples formas y temporalidades de su finalización)” (Cerletti, 2024, p. 3). Esto le da una relevancia analítica muy fructífera a lo sucedido en el tiempo pandémico. Así, no sólo es necesario seguir profundizando los conocimientos sobre ese amplio lapso –tan particular– de cara a los interrogantes que abre a futuro, sino también por la claridad con la que permite contrastar lo “normal” con aquello que dejó de serlo. En verdad, un propósito profundamente asumido por quienes nos formamos e investigamos dentro de esta tradición disciplinar es desnaturalizar lo obvio, lo “normal”, es decir, poner en evidencia su carácter sociohistóricamente construido, y para lograrlo recorremos muchos caminos. Trabajar sobre lo excepcional que implicó la pandemia iluminando cambios, continuidades y reconfiguraciones es uno de esos caminos[12]. Lo excepcional, así, permite decir mucho sobre lo regular, sobre lo que pasa fácilmente inadvertido, sobre lo naturalizado de las diversas realidades cotidianas.
Los trabajos que integran este volumen se inscriben dentro de esa tradición más amplia que mencionamos anteriormente, la especialidad en Antropología y Educación[13], que tiene un prolífico desarrollo en nuestro país. Los trabajos no sólo retoman y continúan profundizando los postulados que referimos, sino que abren aportes específicos para atender a la “educación” como un campo crucial y disputado de la vida social, constituido y atravesado por múltiples conflictos y tensiones (Neufeld, 1996; Santillán, 2012). Entre los aportes más significativos de esta especialidad, nos parece fundamental poner en primer plano las características que configuran a las preguntas de investigación, orientadas a conocer cómo es determinado proceso social, suspendiendo los interrogantes relativos a cómo debiera ser, porque a su vez, ese modo de construir las preguntas tiene correlato directo con el holismo interpretativo. Es decir, se entraman los procesos “políticos”, “sociales”, “económicos”, las “subjetividades”, etc., buscando evitar separaciones que son herencia de la división disciplinar decimonónica y que la realidad social reitera una y otra vez en toda su complejidad y relacionalidad. El reconocimiento de las diferencias entre educación y escolarización, que tempranamente se introdujo desde esta especialidad, permite no sólo ver los procesos desde esa lógica no prescriptiva, sino también abrir el registro analítico a la multiplicidad de sujetos, contextos y perspectivas que se ponen en juego y resultan configurativos de los procesos educativos y escolares.
Los análisis sobre la pandemia que se desarrollaron en este libro son tributarios de estas tradiciones y especialidades disciplinarias. Basándose en problemas de investigación relativos a contextos y situaciones concretas, van hilando cambios y continuidades en procesos de diferentes niveles y generalidades, siempre tomando como punto de partida la escala de la vida cotidiana de los sujetos que los protagonizan.
El libro y su organización
El libro se organiza en cuatro partes y recupera trabajos realizados por investigadoras e investigadores de Universidades Nacionales de la Argentina (Universidad Nacional de Rosario, Universidad Nacional de Córdoba y Universidad de Buenos Aires). Se trata de indagaciones inscriptas en equipos colectivos de investigación que se desenvuelven en dichas instituciones y que ponen en juego como perspectiva de análisis un enfoque socioantropológico e histórico-etnográfico.
La primera parte titulada “Pandemia, trabajo docente y experiencia escolar en niños, niñas y jóvenes”, agrupa tres capítulos que se centran en diversos aspectos de lo que implicó la escolaridad para las nuevas generaciones durante el período pandémico. Retomando los aportes de la especialidad en Antropología y Educación, este bloque permite poner en evidencia la complejidad con la que se llevaron adelante las experiencias relativas a aprender, a enseñar y a hacer escuela, a escala de la vida cotidiana y atendiendo a la perspectiva de múltiples sujetos. En estos trabajos se entraman indisociablemente las singularidades de cada contexto y los trastocamientos específicos que implicó la pandemia, junto con las –cambiantes– indicaciones oficiales y sus resoluciones cotidianas, mediadas por la acción transformativa de los diversos sujetos involucrados. Los modos de significar las experiencias de docentes de escuelas primarias y secundarias, educadores y educadoras, niños, niñas y jóvenes, entre otros, se van pensando y documentando al calor de una fluctuante temporalidad, acentuada especialmente entre 2020 y 2021. Las desigualdades preexistentes, la manera en que se profundizaron, así como las tensiones y desafíos específicos que acarreó la irrupción de la pandemia, son observadas en términos de continuidades y transformaciones, que la distancia analítica y la persistencia de los procesos de investigación de sus autoras permiten desplegar.
El primer capítulo, “Apelaciones a docentes en tiempos de pandemia. Una mirada desde las políticas educativas y las prácticas cotidianas”, de María Victoria Pavesio, parte de un relevamiento de los sucesivos lineamientos oficiales –con foco en la Provincia de Santa Fe–, a partir de los cuales analiza los distintos sentidos que se fueron poniendo en juego y los requerimientos de compromiso y voluntad hacia la docencia expresados en esos documentos, haciendo un contrapunto entre tradiciones sumamente arraigadas y novedosas especificidades propias de la pandemia. Y ese análisis se dinamiza con un registro en profundidad donde los mismos docentes expresan las prácticas que fueron llevando adelante, atravesados por una constante tensión entre aquello que indicaban los lineamientos, las resoluciones que fueron dándose a escala de su trabajo cotidiano y las particularidades –y profundas desigualdades– que son configurativas de los contextos en que habitan sus estudiantes (las zonas con más desigualdad social de la ciudad de Rosario). Desde allí es posible comprender tanto las complejidades que movilizan los lineamientos oficiales a escala del trabajo docente cotidiano, como las especificidades que el contexto pandémico acarreó en esas tensiones y resoluciones.
Seguidamente, el artículo escrito por Florencia Debonis, Marilín López Fittipaldi, Eliana Maiolino y Mercedes Saccone, “Hacer escuela en tiempos de ‘burbujas’. Procesos de escolarización de jóvenes durante la pandemia de COVID-19”, compara las formas en que se llevó adelante la escolaridad alternada durante 2021 en dos escuelas de nivel medio (una técnica en San Salvador de Jujuy y una especial de formación integral en Venado Tuerto, Santa Fe). Tomando en consideración tanto las indicaciones oficiales respecto a ese ciclo lectivo tan particular, como lo registrado con docentes y estudiantes, las autoras analizan cambios y continuidades específicos de cada uno de los entornos en los que indagaron e identifican determinadas tensiones puntuales que la pandemia profundizó, así como otras que trascienden el ámbito local. Y de esta manera van poniendo en evidencia heterogeneidades y desigualdades que profundizó la pandemia, subrayando como denominadores comunes problemáticas edilicias, dis-continuidades en los procesos escolares y pujas entre contenidos teóricos y prácticos. Se destaca también, junto con los grandes desafíos y dificultades propias del período, la valoración que documentan de modo generalizado de la presencialidad –aunque fuese alternada–, tanto entre estudiantes como entre docentes, para llevar adelante los procesos de escolarización.
El tercer y último texto de esta primera parte, “Experiencias y materialidades escolares. Reflexiones etnográficas sobre la producción de escuela pública desde un programa socioeducativo en contexto de pandemia”, de Gabriela Cabral, recorre las distintas temporalidades que implicó el devenir de la pandemia, tomando como punto de partida su registro etnográfico y su implicancia como docente en el marco de un programa socioeducativo de la Ciudad de Buenos Aires. Así, la escuela vista desde los sábados (día en que funciona ese programa con sede en una escuela), tanto en sus materialidades como a través de aquello que niños y niñas expresan en sus experiencias escolares (incluyendo la sociabilidad, las singularidades de la pandemia, la “continuidad pedagógica”, etc.), permite ahondar en un análisis que pone en evidencia los desafíos propios del período pandémico y las numerosas resoluciones concretadas en diversas prácticas cotidianas, atendiendo a este interjuego entre cambios y persistencias. La manera en que los mismos niños y niñas dan indicios de sus experiencias, los claroscuros de la escolaridad que la pandemia pone de manifiesto y se relevan en sus voces, son aportes que ayudan a comprender el devenir y las posibles implicancias de este momento excepcional y, como contrapunto, el hacer diario de la escuela “normal”.
La continuidad pedagógica a distancia constituyó un evento mundial sin precedentes. No obstante, en el contexto de pandemia, otras aristas de la experiencia vital de las infancias y las juventudes fueron foco de atención e intervención por parte de las agencias estatales y no gubernamentales. El segundo apartado del libro, “Pandemia, regulaciones estatales y acciones socioeducativas: entre la protección de derechos y las responsabilidades adultas”, avanza en la documentación antropológica poniendo de manifiesto cómo se tematizó, dentro del régimen de emergencia sanitaria, el bienestar de niños, niñas y adolescentes y, consecuentemente, cómo se desarrollaron condiciones específicas en la administración estatal en procura de garantizar sus derechos. Esta reflexión implica penetrar de lleno en una miríada de regulaciones, centradas en los comportamientos parentales y las implicancias que el contexto de excepción provocó en los agentes y trabajadores estatales a cargo de las intervenciones. En conjunto, el apartado nos interroga acerca de las tensiones que la pandemia de COVID-19 produjo en el régimen de los derechos y los sistemas de protección –entre las cuales se encuentran las medidas restaurativas socioeducativas–, y el modo en que la productividad estatal involucró aspectos renovados, así como continuidades y apropiaciones de racionalidades de actuaciones previas.
El trabajo “‘Tomate un instante y respirá’. Administración de conductas adultas para la protección de derechos y el buen cuidado de las infancias en tiempos de pandemia” de Agustín Barna, Axel Levin y Ana Paula Gallardo, se centra en las directrices relativas a la gestión de las infancias en el contexto de pandemia, ahondando en el cúmulo de sugerencias y consejos destinados a las personas adultas a su cargo, como así también en las regulaciones que tuvieron lugar en torno a la circulación. Tomando como punto de partida el análisis de normativas e insumos comunicacionales estatales y supranacionales, los autores ponen de manifiesto la manera en que las interpelaciones acerca de los cuidados infantiles en un período de excepcionalidad, tienden a enfocarse en la individualización de las responsabilidades adultas y sus moralidades, destacando la invisibilización de las condiciones sociales para que las mismas se concreten. En paralelo, este capítulo nos advierte sobre cómo las sugerencias y premisas configuradas en la pandemia, en buena medida se sustentaron en un proceso previo que, basado en la retórica de la “crianza positiva”, busca regular los comportamientos adultos y al mismo tiempo gestar determinadas formas de corresponsabilización, procesos que la pandemia ha profundizado.
Por su parte, el capítulo escrito por Noelia Martínez y Mariano Gil, “Sentidos y prácticas de trabajadores/as de programas estatales en el contexto de pandemia. Continuidades y discontinuidades de espacios socioeducativos de la ciudad de Rosario”, nos introduce en las vicisitudes transitadas en la emergencia sanitaria en dos programas estatales orientados a jóvenes en la ciudad de Rosario y entre cuyos dispositivos se destacan la puesta en juego de iniciativas socioeducativas para lograr sus objetivos. Como bien dan cuenta los autores desde una descripción situada y en territorio, la pandemia no sólo trastocó de manera regresiva las condiciones de vida de los jóvenes destinatarios de las iniciativas, sino que abrió desafíos inusitados para las y los trabajadores de dichos programas. Sustentándose en un entrecruzamiento entre investigaciones realizadas desde el registro en intensidad, los autores nos permiten advertir ciertos aspectos novedosos que se instauran en el contexto de emergencia sanitaria entre los jóvenes y los trabajadores que los acompañan. La respuesta a los desafíos que inaugura el contexto de pandemia, lejos de resultar un recorrido sin revés, implicó procesos de apropiación ininterrumpidos, sustentados en buena medida en un cúmulo de aprendizajes ejercidos en la tarea cotidiana.
Cerrando el apartado, el capítulo“‘¿Diagnóstico esperanza?’ Sobre las experiencias educativas desde un dispositivo penal para adolescentes en tiempos de COVID-19”, escrito por Ana Paula Gallardo, analiza los discursos y sentidos que, específicamente en el período de pandemia, circularon en torno a la educación y la escolarización de jóvenes en conflicto con la Ley penal y que formaron parte de medidas alternativas a la privación de la libertad. Desde el registro etnográfico en un dispositivo situado en el oeste del Gran Buenos Aires y con foco en la perspectiva de los agentes a cargo de las iniciativas (operadores, profesionales de equipos técnicos, docentes, jueces y los propios jóvenes), la autora documenta las significaciones particulares que asume la restitución de derechos que previamente les fueron negados a los jóvenes –como la escolarización– y en donde la falta de oportunidades y expectativas, así como también deseos y esperanzas de volver a escolarizarse, se articulan paradojal y complejamente en el período de excepción. Como bien puntualiza la autora, en el contexto de pandemia, la educación y la escolarización de los jóvenes en conflicto con la ley se tornan reveladores para advertir debates y posicionamientos que, en buena medida, anteceden al período citado, aunque a la vez se vieron atravesados y revitalizados en ese momento.
La tercera parte de este libro se titula “Infancias, jóvenes, familias y organizaciones sociales: cuidados y educación en pandemia”, y aborda las significaciones que asumieron la educación y los cuidados de niñas, niños y jóvenes, ahondando en las prácticas y sentidos que se pusieron en juego centralmente en escenarios familiares y comunitarios. Sin desatender la articulación con los espacios escolares, los capítulos que integran el apartado nos conducen a reflexionar acerca de las regulaciones y apropiaciones en ámbitos domésticos y sociocomunitarios, reconociendo sus complejas imbricaciones y la reconfiguración de esferas claves de la educación y los cuidados, como son las relaciones entre lo público y lo privado. Esto implica indagar las experiencias y prácticas de las personas involucradas (figuras parentales y familiares de las y los niños, referentas de espacios sociocomunitarios y los propios niños, niñas y jóvenes), en contextos que sitúan a estos mismos sujetos en determinadas categorías de desigualdad, mayormente las relativas a la clase social y el género.
En primer lugar, el artículo “La regulación de las responsabilidades adultas, el cuidado y la educación de las infancias en contexto de pandemia”, a cargo de Laura Santillan, Laura Cerletti y Julieta Calderón, indaga sobre la producción de las responsabilidades adultas, con centralidad en las parentales. Las autoras, desde un registro pormenorizado, dan cuenta del modo en que la pandemia de COVID-19 no solo trastocó las condiciones para concretar acciones acerca del cuidado y la educación de las infancias, sino que las medidas asociadas a la misma conllevaron una serie de regulaciones hacia las y los adultos con niños a su cargo. Y este acrecentamiento de la interpelación a la disponibilidad adulta, expresada en el requerimiento a “gestionar adecuadamente el hogar” y “acompañar la continuidad pedagógica”, refuerza un proceso previo de individualización que en los hechos terminó por profundizarse. El registro etnográfico (surgido del trabajo de campo realizado por las autoras en el Área Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires y en zonas periurbanas del sur de la Provincia de Jujuy), demuestra que las personas entrevistadas en condiciones de clase y género desiguales, desplegaron prácticas heterogéneas, vinculadas a apropiaciones activas.
Luego, el capítulo “Acerca de las condiciones de posibilidad para educar y cuidar a los niños en familias de clase media del Área Metropolitana de Buenos Aires en tiempos pandémicos”, escrito por Laura Cerletti, nos introduce de lleno en las vicisitudes que ocasionó la pandemia para los grupos domésticos, atendiendo fundamentalmente a las condiciones de posibilidad desde las cuales las personas enfrentaron tales contingencias. La indagación antropológica focalizada en familias de clase media del Área Metropolitana de Buenos Aires, permite afirmar que las condiciones materiales son un punto de partida insoslayable para comprender las posibilidades de actuación en el período de excepción transitado. Aun así, y como bien lo demuestra el capítulo, una comprensión más acabada nos permite advertir no sólo los modos en que dichas condiciones se conjugan con un sinfín de variables (la conformación de la prole, los modos en que es significada la escolaridad y la relación de los hijos con la misma), sino que lejos de ser estáticas, son cambiantes en el tiempo. El dinamismo de dichas condiciones, recuperadas en sus temporalidades durante la pandemia, tanto como las apropiaciones activas de las personas –en este caso mujeres madres– refutan cualquier tentación de adjudicar a sectores poblacionales relativamente semejantes en términos económicos prácticas homologables/homogéneas.
El tercer capítulo de esta sección, “Sostenernos en pandemia. Acerca de las necesidades infantiles y la producción de cuidados”, de Agostina Torriglia, se basa en la manera en que se gestionaron las necesidades infantiles –en particular las referidas a alimentación y a educación escolar–, en iniciativas socioeducativas profundamente atravesadas por la desigualdad social, tomando como referente empírico lo relevado en su trabajo de campo en un barrio de la ciudad de Córdoba. La atención está puesta en cómo se concretan tales necesidades, considerando especialmente lo señalado por adultos y adultas que tienen injerencia cotidiana en la alimentación y la educación de niños y niñas. Constituye un aporte significativo de este capítulo el registro de las expresiones sobre experiencias transitadas por niños y niñas en el contexto pandémico. Poniendo en foco lo revelado por los mismos niños y adultos y adultas a cargo de los espacios en los que indagó, evidencia la relevancia que los ámbitos locales –tanto escolares como comunitarios– tuvieron durante este tiempo excepcional para el sostenimiento de la vida de las nuevas generaciones.
Finalizando este apartado, el trabajo escrito por Laura Santillán, “‘Cuando el compromiso gana al riesgo’. Organizaciones sociocomunitarias y la producción de los cuidados en tiempos de pandemia”, se aboca al análisis de las prácticas y significaciones relativas a la educación y el cuidado de niños y niñas en organizaciones sociocomunitarias localizadas en el noroeste del conurbano bonaerense. Desde una perspectiva antropológica que repone la complejidad del período pandémico –en su excepcionalidad y en los procesos que la precedieron y se profundizaron tras su irrupción–, pone de manifiesto las tramas concretas y relacionales a partir de las cuales cobra sentido y encarnadura la categoría de cuidado, en su imbricación con diversas dimensiones vitales. El escrito documenta y analiza desafíos y resoluciones cotidianas que fueron dándose en esos espacios con el devenir de la pandemia, para atender a un amplio espectro de necesidades de niños y niñas –relativas a alimentación, educación, hábitat, entre otros–, visibilizando la relevancia que adquieren estas prácticas y sus protagonistas en territorios profundamente atravesados por la desigualdad social agravada por esta enfermedad epidémica.
Como puntualizamos en el inicio, investigar en y sobre la pandemia, dio lugar a nuevos desafíos para las ciencias sociales, y muy especialmente para la antropología, haciendo notorias las particularidades que generó la emergencia sanitaria y poniendo en jaque temas discutidos por la bibliografía especializada y otros que paulatinamente se fueron vislumbrando. Así, a modo de epílogo, se incluyen dos capítulos indicativos de algunas discusiones de orden teórico-metodológico, que según entendemos revisten importancia tanto para la propia tradición disciplinar como para los abordajes cualitativos en general. El primer capítulo, titulado “Pandemia, investigación socio-antropológica y resoluciones teórico-metodológicas. Reflexiones abiertas y algunas preguntas”, escrito por Mariana Nemcovsky, nos introduce en una sugestiva y fundamental reflexión acerca de las paradojas de investigar en pandemia, sobre todo en lo que refiere a las indagaciones llevadas adelante con una perspectiva relacional. La autora, tomando como punto de partida los obstáculos y desafíos plasmados en el contexto de excepción, avanza hacia consideraciones teóricas-metodológicas y epistemológicas claves para re-pensar aspectos centrales de nuestro quehacer investigativo, como por ejemplo la manera en que concebimos la construcción de la información etnográfica. Como bien puntualiza el capítulo, el contexto de pandemia implicó no sólo el uso extendido de la mediación tecnológica en la investigación, sino que puso de relieve el atravesamiento previo de las tecnologías info-comunicacionales en los cotidianos sociales. Ahora bien, una reflexión más acabada del quehacer investigativo implicará ir más allá del reconocimiento de estos atravesamientos en sí, para avanzar en un desafío fundamental, como es el de tensionar las concepciones –entre las cuales se encuentran la de sujeto, relaciones intersubjetivas y referente empírico– que subyacen en la definición de las estrategias que utilizamos. Es contribución del capítulo conducirnos hacia estos interrogantes y develar los desafíos sugestivos que abren.
El segundo y último capítulo que integra esta suerte de epílogo, “La investigación antropológica en y sobre pandemia. Acerca de las condiciones para la producción de conocimientos y la propia implicancia”, de Laura Cerletti y Laura Santillán, se centra en una discusión que resultó un tanto soslayada dentro de la disciplina –y otras afines– respecto del reto teórico-metodológico que conllevó la pandemia para la investigación cualitativa, referida a las condiciones de producción de quienes investigamos. Al recuperar aportes esenciales de la propia tradición disciplinar en cuanto a lo que significan las condiciones de producción de conocimientos, se pone en evidencia el trastrocamiento específico que supuso en ese sentido la irrupción de la pandemia, al atravesar simultáneamente nuestros procesos de investigación y las propias experiencias vitales, donde son insoslayables la cuestión de género y las maternidades. El análisis de la propia implicancia de las investigadoras, que es fundamental para la producción de conocimientos desde este enfoque, se va hilvanando en un entramado en el cual esas experiencias vitales y las temáticas de investigación relativas a la educación y el cuidado de las nuevas generaciones, se configuran en un diálogo profundo, pero para nada exento de dificultades y desafíos.
En resumidas cuentas, el objetivo de estos capítulos finales es fomentar la continuidad del debate, que se dialogue en busca de potenciar lo que sabemos, lo que indagamos, lo que deseamos seguir pensando colectivamente.
Para cerrar esta introducción, y tal como expusimos al comienzo, a nuestro entender, el período excepcional vivido dejó huellas cuyo alcance todavía resta profundizar. Aun así, nos aferramos a la idea de que la distancia temporal nos va permitiendo ahondar progresivamente en lo que sucedió, interrogarlo con nuevos ojos, encontrar relaciones imposibles de evidenciar en ese momento. Llegadas a este punto, queremos recordar los dichos que realizara Elsie Rockwell en una intervención pública mientras estaba vigente la emergencia sanitaria, donde nos estimulaba a discernir las transiciones que acontecían en plena pandemia, pensando tanto en las gestadas “desde arriba”, es decir, desde las usinas de poder, como aquellas generadas por las acciones tácticas “desde abajo” y desencadenadas en las prácticas cotidianas. “Dedicarnos a esta reflexión –exponía Rockwell– significa transformarnos a nosotros mismos, transformar nuestras miradas y, con ello, nuestro actuar”[14]. Esta es la apuesta de este libro: volver la mirada hacia atrás para tener un apoyo más sólido desde el cual seguir mirando hacia adelante.
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- A lo largo del texto, y como se verá también plasmado en los distintos capítulos del libro, procuramos utilizar un lenguaje inclusivo. En ocasiones puntuales, a fin de no complejizar la lectura, hemos optado por el uso del masculino y/o del femenino, sin que ello vaya en desmedro de nuestra adhesión a la necesidad de visibilizar las discusiones relativas a la diversidad en torno al género. ↵
- En lo que respecta a nuestro país, Argentina, el 19 de marzo de 2020, a través del Decreto de Necesidad y Urgencia 297/2020, el Poder Ejecutivo de la Nación, dictamina la medida de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) para todo el territorio. El 7 de junio del mismo año se dicta el decreto 520/2020 que estableció el Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio (DISPO), que dispuso pautas para una progresiva apertura respecto a las limitaciones del ASPO, a aplicar en cada jurisdicción según diversos indicadores sanitarios y epidemiológicos. De tal forma, los momentos en que cada zona pasó de ASPO a DISPO fueron diferentes. En los grandes aglomerados urbanos, ese pasaje se habilitó en noviembre de 2020. Las medidas de DISPO tuvieron vigencia hasta abril de 2021.↵
- En cuanto a los efectos de la pandemia, para el caso de Argentina, se puede consultar el “Relevamiento del impacto social de las medidas de aislamiento dispuestas por el Poder Ejecutivo Nacional” a cargo de la Comisión de Ciencias Sociales de la Unidad Coronavirus COVID-19, CONICET-Agencia (2020). ↵
- En la Argentina, el 16 de marzo de 2020, 3 días antes del establecimiento de la medida de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio, el Ministerio de Educación Nacional, en acuerdo con el Consejo Federal de Educación determinó, a través de la Resolución 108/2020 APN-ME, la suspensión del dictado de clases presenciales en todos sus niveles y modalidades, y creó el Programa “Seguimos Educando” para dar continuidad a los aprendizajes de forma remota en el contexto de emergencia sanitaria.↵
- Respecto a estas reconfiguraciones acontecidas mientras transcurría la pandemia, entre otros, se puede consultar la “Encuesta Nacional Salud y condiciones de trabajo docente en tiempos de emergencia sanitaria COVID-19, Informe Final”, a cargo de CTERA (septiembre de 2020); el Informe “Los sentidos en torno a la continuidad pedagógica en un contexto de reconfiguración social. Un estudio exploratorio” (Montesinos et al., 2021), Serie de informes de investigación N° 11, -y sucesivos informes-, Ministerio de Educación de la Nación. ↵
- En lo que refiere a nuestro país, junto con las medidas relativas al confinamiento y las destinadas a reforzar el sistema de salud para dar respuesta a la emergencia, el gobierno nacional dispuso una serie de acciones tendientes a mitigar el impacto socioeconómico en la población, entre las cuales se incluyen la implementación del Ingreso Familiar de Emergencia y del Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción, el pago de bonos de emergencia para perceptores de planes sociales, de la Asignación Universal por Hija o Hijo y jubilados, entre muchas otras. Asimismo, en cuanto se fueron aprobando las primeras vacunas disponibles (procedentes de distintos países), se llevó adelante una amplia campaña de vacunación gratuita para toda la población. ↵
- Sin arribar a una afirmación taxativa, desde allí quizás podríamos comprender el modo en que –al menos en la experiencia de nuestro país y en lo que respecta a los primeros meses de la pandemia–, disposiciones tan extremas como las de confinamiento hayan obtenido importante consentimiento, aun cuando el mismo no se cumpliera de manera sostenida, ni por parte de toda la población. Al respecto, coincidimos con otros estudios que consideran que, si bien al inicio de la pandemia hubo acatamiento masivo o generalizado a la norma, con el correr de los meses creció el volumen de circulación y fueron numerosos los sectores de la población que evadieron las disposiciones legales, ya sea por razones de supervivencia, económicas, emocionales o ideológicas (Cueto del y Viotti, 2020).↵
- El sociólogo británico Nikolas Rose denomina a este proceso con el término de “prudencialismo” (Rose, 2007).↵
- Al respecto, como señalaron diversos estudios, si bien las tasas más bajas a nivel poblacional en los contextos rurales pudieron resultar un factor favorecedor en relación a los contagios, la escasa infraestructura en los sistemas de salud y de otros (educación), la fragilidad de los sistemas agroalimentarios y tecnologías deficientes fueron, entre otros, factores muy negativos para transitar la pandemia (Alcoba et al., 2023). ↵
- En términos oficiales, la Organización Mundial de la Salud declaró el fin de la pandemia el 5 de mayo de 2023. A la vez, las percepciones sobre su finalización a escala de la vida cotidiana tuvieron diversas temporalidades.↵
- Estas implicancias nos retrotraen a las alusiones que Bajtin realizara respecto a las festividades populares y el tiempo excepcional de lo carnavalesco en el Medioevo que –sin parangón con la pandemia en cuanto a su contenido–, se destaca por poner en “suspenso”, aun cuando sea provisoriamente, el “orden existente” y con ello, sus jerarquías y regulaciones. Sin derribarlas, pero instaurando claramente un “segundo mundo” y “una segunda vida”, desde el cual se pone de relieve las formalidades de lo ordinario (Bajtin, 2003), y mucho de esto pudimos experimentarlo en pandemia.↵
- Vale decir que diversos autores coinciden en ubicar la excepcionalidad de la pandemia como una “lente de aumento” (De Grande et al., 2022), como “un laboratorio a cielo abierto del acrecentamiento y visibilización de todo tipo de desigualdades” (Wilkis, 2024), entre otras alusiones de un sentido similar.↵
- Es significativa en este sentido la formación de la Red de Investigaciones en Antropología y Educación (RIAE) en Argentina, que a partir de 2010 consolidó vínculos y trayectorias formativas compartidas desde más larga data por quienes la conformamos, y entre cuyos integrantes se encuentran las autoras y autores de los capítulos de este libro. ↵
- Elsie Rockwell, intervención realizada en el Panel “Derecho a la educación y desigualdades educativas en la pandemia y la post pandemia”, en el marco de la 9ª Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales, 9 de junio de 2022. ↵






