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3 Marco Teórico

Marco Organizacional

Historia y organización del Instituto Municipal de la Mujer

Hace 30 años, en la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina, la municipalidad de la misma dio comienzo a la implementación de políticas públicas para mujeres, las cuales confluyeron en la creación del IMM, en el año 2011. Desde la década de 1980, la incidencia del género de los sujetos legales en la desigualdad de acceso al ejercicio de sus derechos se ha vuelto obvia. Como resultado, sectores sociales han planteado la necesidad de proponer políticas públicas que cumplan los derechos humanos de las mujeres.

Por aquel momento, con la vuelta de la democracia en Argentina, se comienza a contemplar en la agenda política la necesidad de luchar por la igualdad de género, que no solamente reflexionaba críticamente acerca de cómo se encontraba constituida la imagen social propia del varón hegemónico, sino que también buscaba problematizar el papel de la mujer dentro en la sociedad y reivindicarla en el plano de los Derechos Humanos.

En el transcurso del año 1985 se crea en la Municipalidad de Rosario, la Dirección General de la Mujer, la Minoridad y la Familia, por medio de la ordenanza Nº4367; una muestra de lo que a nivel nacional se estaba produciendo con la Secretaria de la Mujer. La Dirección General de la Mujer es el resultado de la instalación de la conceptualización de políticas públicas que incluye la desigualdad de género en la agenda institucional del Estado, partiendo no solamente de su reconocimiento, sino fundamentalmente, de la necesidad de implementación de acciones y prácticas destinadas a abordar, entre otros temas: la violencia hacia las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos, la autonomía física, económica y política.

Desde la ordenanza Nº4367, va perfilando el campo de actuación, desde la capacitación en el campo laboral, la promoción del desarrollo de la mujer en el ámbito educativo, la articulación interinstitucional en temas de salud, sexualidad y familia, la concientización de la población con el fin de incorporar definitivamente a la mujer a la actividad gremial, social y política con participación activa en la defensa de la democracia, la ecología y la paz, entre otros objetivos. (Tessa, 2018: 16)

En una ciudad precursora como Rosario en políticas públicas para mujeres, Mónica Fein asume en el 2011 como Intendenta del municipio, firmando el Decreto Nº3.112 creó el “Instituto Municipal de la Mujer” y convirtió la promoción de los derechos de las mujeres en una prioridad social y jurídica.

La ciudad tenía una larga trayectoria, se habían llevado adelante planes de igualdad de oportunidades entre varones y mujeres en todas las áreas del municipio. Dar este paso era fortalecer una idea de políticas de género hacia el afuera, por eso planteamos que tuviera como eje principal generar un debate cultural en el seno de la sociedad, no solo simbólico sino también en diferentes acciones con otros sectores que no tuvieran que ver con la políticas municipales, sino con la sociedad en general. (Tessa, 2018:18)

El Estado tiene un rol fundamental en acompañar las problemáticas de las mujeres víctimas de violencia, sin embargo el cambio y la trasformación tiene que ver con una modificación del paradigma cultural. Es esencial, asistir a aquellas mujeres que están en situación de vulnerabilidad, pero si no se cambian las bases del pensamiento, este modelo se va a seguir produciendo.

La Dirección General de la Mujer y a posteriori el Área de la Mujer se ocuparon de atender a quienes ya habían sufrido la vulneración de sus derechos, y por lo tanto se hacía necesario crear un área que se dedicara al debate público de los mismos para promover los cambios culturales necesarios en pos del logro de la igualdad entre varones y mujeres. Por consiguiente, el instituto tiene como propósito generar un debate mucho más profundo capaz de interpelar a la sociedad, y promover que se instale la idea de cambiar las relaciones de poder entre los géneros. El IMM tendrá por objetivo “promover la igualdad de oportunidades y de trato entre los géneros, el ejercicio de todos los derechos de las mujeres y su participación equitativa en la vida política, cultural, económica y social del Municipio” (Tessa, 2018:27).

Las primeras áreas de trabajo dentro del instituto fueron la labor en educación no sexista, la incorporación a la Mesa municipal de Trabajo contra la Trata de Mujeres con fines de explotación sexual, y el abordaje del acoso en el trasporte público; tres áreas que se desarrollaron rápidamente. Las políticas que lleva adelante el instituto solo se pueden garantizar con el trabajo sostenido de las mujeres que escuchan, atienden, imaginan soluciones o propuestas, para que ese lugar, una oficina pública, al fin y al cabo, sea también una usina de ideas trasformadoras, donde la igualdad y la equidad, sean más que un lema.

El instituto está organizado en equipos profesionales, a cargo de llevar adelante diferentes programas y dispositivos conformados para abordar las problemáticas de las mujeres, mediante la implementación de políticas públicas con perspectiva de género. Los mismos son:

“Programa de Equidad Educativa para alumnas madres y embarazadas”

El Programa de Equidad Educativa tuvo origen en el año 2005, mediante ordenanza sancionada por el Consejo Municipal de Rosario y ha sido implementado primero por el ex Área de la Mujer, dependiente de la ex Secretaria de Promoción Social, actual Secretaría de Desarrollo Social, hasta el año 2011, cuando a partir de la creación del IMM, pasa a depender del mismo.

El programa excede el beneficio del aporte económico estipulado en la Ordenanza Nº7808 de diciembre de 2004, expresando en sus fundamentos que el objetivo del programa es acompañar a las adolescentes madres o embarazadas en el cursado y en el sostenimiento de la escolaridad, con la beca y el espacio de los talleres, que se hacen dos veces al mes de junio a diciembre. Se prevé la inclusión de jóvenes madres o embarazadas escolarizadas de hasta 18 años y la consideración de casos especiales. Como así también la articulación con la Dirección de Empleo y la Secretaria de Salud Pública de la Municipalidad de Rosario. Se les brinda esta oportunidad a un promedio anual de 260 becarias. El programa se implementa a través de la realización de entrevistas de admisión y entrevistas de seguimiento, a cargo de profesionales; el dictado de talleres sobre los derechos de las mujeres adolescentes y la derivación a actividades acuáticas para embarazadas a cargo del profesor de educación física del Instituto.

Las jóvenes son derivadas de los centros de salud y mayormente de las escuelas, siendo estas instituciones las encargadas de informar sobre la existencia del programa. Los encuentros se realizan en diferentes puntos de la ciudad con el fin de facilitar la accesibilidad de las mujeres, llevando a cabo los talleres en los diferentes centros de distritos municipales (CDM) de Rosario, de modo que puedan acceder al centro más cercano de su residencia.

“Equipo de Educación No Sexista”

La fundamentación del programa que reúne las acciones desarrolladas por este equipo se basa en proponer desnaturalizar las particularidades asignadas por género, apropiadas en procesos de socialización, diferenciadas para niñas y niños, que contribuyen a la emergencia de estereotipos fuertemente arraigados desde edades muy tempranas. En el año 2008 un grupo de trabajadoras pidieron al ex Área de la Mujer, enfocarse en prevenir las causas de esas violencias que día a día se presentaban en los hogares de protección, en la atención del Teléfono Verde[1], en los relatos de los padecimientos de las mujeres y sus familias. El programa tiene como objetivo promover la reflexión crítica sobre los diferentes procesos sociales y culturales que involucran valores, imaginarios, significados y practicas sexistas.

Han recorrido por diversos espacios en el ámbito socio – educativo, en el que encontraron necesario desempeñar un papel en la re-elaboración, capacitación y estrategias de debate relacionadas con el esclarecimiento de relaciones interpersonales más democráticas y equitativas desde la perspectiva de género.

La educación no sexista tiene relación directa con la Educación Sexual Integral (E.S.I.). Por ello, se generó un trabajo articulado desde el municipio con el Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe, quién desarrolla un programa abocado a capacitar a docentes y poner en práctica la Ley Nacional N° 26150[2] sancionada en el año 2006.

Programa “Mesa Municipal de Trabajo contra la Trata con Fines de Explotación Sexual”

El Consejo Municipal aprobó el 16 de diciembre de 2010 la Ordenanza N° 8329 que creo la Mesa Municipal de Trabajo contra la Trata con Fines de Explotación Sexual. En el año 2012, el decreto fue modificado en algunos puntos. Además de instalar públicamente la problemática, promover la sensibilización y concientización a través de políticas públicas, la norma propuso coordinar formas interinstitucionales en la modalidad de asistencia y protección integral de las víctimas, así como desarrollar programas de capacitación permanente y promover formas participativas de abordaje en la prevención y concientización.

Por otra parte el equipo del IMM realiza acciones concretas para la erradicación de la trata a partir de su incorporación en la “Mesa Municipal de trabajo contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual” de Argentina. Se trata de un trabajo conjunto y coordinado desde las distintas esferas gubernamentales, que prioriza la asistencia y protección integral de las víctimas para garantizar sus derechos y restaurar aquellos que han sido violados. También se realizan campañas de prevención, y a través del Programa “Nueva Oportunidad”[3], se ponen en marcha capacitaciones en oficios, a fin de brindar herramientas para la futura reinserción laboral e inclusión social de las mujeres.

Los cursos de capacitación en oficios que ofrece el programa a las mujeres que han sido víctimas de explotación sexual son anuales y constan de tres encuentros semanales: dos días trabajan en la capacitación y hay un día, que se le llama “tercer tiempo”, donde se enfocan en el fortalecimiento de ellas y en sus derechos. Participan mujeres de diferente rango etario que fueron víctimas de explotación sexual, a las que se les brindan herramientas que las ayuden a pensar en la construcción de un proyecto de vida; sin establecer como condición precisa el abandono del ejercicio de la prostitución que se da en algunos casos de forma voluntaria.

Dispositivo grupal para varones que ejercen o ejercieron violencia contra la mujer

Desde el IMM les parece legítimo trabajar con la violencia de género no únicamente del lado de la víctima, por lo que se propone también considerar el trabajo con quien la ejerce. “Trabajamos con varones pensando en las mujeres” (Tessa, 2018:64). En este sentido se sostiene que la problemática en cuestión requiere un abordaje integral y que ello implica incluir a las dos partes.

El dispositivo comenzó a funcionar en el mes septiembre del año 2015. El grupo recibe mayoritariamente a hombres derivados de juzgados, ya sea de familia o penales; y, en menor medida, ahombres que llegan de manera voluntaria, debido a que se enteran de la existencia del dispositivo, o que recibieron la sugerencia en el centro de salud. El dispositivo prevé dos instancias: Una individual, que es para todos los hombres que se acercan, y otra grupal, a la que acceden de acuerdo a una evaluación profesional. Muchos hombres acuden dando cumplimiento a una medida dispuesta por el tribunal, o incluso por consejo su propia defensa. El trabajo terapéutico propone un abordaje profundo, que lleva al agresor a responsabilizarse de lo hecho, para poder generar cambios; Los mismos conllevan procesos largos.

El dispositivo tiene como finalidad prevenir la violencia contra la mujer mediante la habilitación de un espacio para los varones que la han ejercido, donde se pueda poner en juego tanto la palabra como la escucha. No obstante esto, en el dispositivo hay límites: No reciben a agresores sexuales, femicidas, ni tampoco a varones con estructuras perversas. El dispositivo no se propone la rehabilitación o re-educación, sino que ofrece un espacio con fines terapéuticos en donde se intenta que el hombre se movilice y pueda elegir otro modo de respuesta que no sea violenta. Solo llegan a la instancia grupal los varones que habiendo transitado el espacio de trabajo terapéutico individual pueden iniciar el camino hacia la responsabilización de sus actos.

“Centro de Documentación María Luisa Lischetti”

El centro de documentación “María Luisa Lischetti” es un servicio de consulta para todas aquellas personas interesadas en investigar y conocer en profundidad la historia, la situación actual de las mujeres, los estudios de género y la legislación nacional e internacional sobre derechos sociales, económicos, políticos y culturales de las mujeres y las políticas públicas con perspectiva de género. Posee un fondo bibliográfico y documental con más de mil volúmenes entre libros, revistas y diversos materiales gráficos editados por organismos latinoamericanos gubernamentales y no gubernamentales; el centro de documentación contribuye a la necesidad de visibilizar el aporte de las mujeres al desarrollo sociocultural y económico, así como a la trasformación de los estereotipos tradicionales.

Dentro del ámbito del centro de documentación se desarrolla el taller “Enrosque de Letras” iniciado en el año 2016, es un espacio que convoca a mujeres para leer escritos de otras mujeres, y para pensar en su contenido, ya sean frases, fragmentos escogidos de novelas, de ensayos o de cuentos, generando en el grupo una apertura al debate, donde se cuelan las historias de las mujeres participantes que pueden resignificar su vida a partir de esa experiencia compartida.

Equipo “Género y Juventudes”

El equipo, inicia sus actividades a partir del año 2016, desarrollando el Proyecto “Más voces, más iguales” junto al Programa “Estudiantes al Centro” del Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe, con el objetivo de capacitar y sensibilizar para la prevención de la Violencia de Género a la población adolescente de los centros de estudiantes de las escuelas secundarias de Rosario; siendo su intención que sea replicado luego al resto del estudiantado.

El programa “Más voces, más iguales” invitaba primero a las escuelas de Rosario que tenían centro de estudiantes y después se iban incluyendo otras escuelas que querían participar. Se trabajó en encuentros mensuales, divididos por distritos. En cada encuentro el equipo trabajaba un tema, dando inicio con contenidos referidos a estereotipos de género, luego con abuso sexual, relaciones sin violencia, trata y tráfico de personas y diversidad sexual.

Más adelante surge el propósito del equipo de trabajar con clubes a raíz de preocupaciones de profesionales del IMM sobre el padecimiento de machismos en diferentes clubes de la ciudad, siendo el disparador por el cual desarrolló herramientas que tienen como finalidad transformar los estereotipos de género dentro de esos espacios.

Desde la primera intervención, comenzaron a notar los patrones de género y los denominados “micromachismos”[4] en las distintas disciplinas que ofrecen los clubes y la diferenciación en cuanto a los espacios comunes. A raíz de eso hubo muchas demandas y se consideró necesario articular con la Subsecretaria de Deportes de la Municipalidad, dependiente de la Secretaria de Desarrollo Social de la ciudad de Rosario.

Sobre el Equipo de “Género y Juventudes” Tessa (2018) recupera algunos dichos de sus integrantes: “Somos nosotras las encargadas de la sensibilización en la temática de violencia de género, en prevención, por eso surgió este programa para aquellos clubes que voluntariamente deseen tener algún accionar para prevenir estas situaciones de violencia de género” (p.86). Es decir, no solamente se trata de una oferta deportiva igualitaria sino también de problematizar la constitución de la comisión directiva de cada club participante y revisar el estatuto para que tenga lenguaje inclusivo.

“Observatorio de violencia hacia las mujeres”

El IMM comenzó a implementar el Observatorio de Violencia hacia las Mujeres, cumpliendo con la ordenanza municipal que incorpora la perspectiva de género en el observatorio de Convivencia y Seguridad de la Municipalidad de Rosario; con el propósito de trabajar en estrecha colaboración. El mismo entrecruza investigaciones, encuestas, trabajos con distintas entidades la ciudad, con el propósito de identificar las diferentes variables que inciden en las violencias hacia las mujeres produciendo insumos para la optimización de las estrategias de abordaje del problema. Como expone Tessa (2018) recuperando las voces de integrantes del observatorio: “Tomamos los datos de mujeres mayores de 14 años y delimitamos los objetivos. Apuntamos a ver la situación económica, nivel de instrucción, dónde vive, referenciar a la víctima, al agresor y usar todos esos insumos para ver cómo se mejora la política pública a partir del análisis de la situación” (p.89). Teniendo como objetivo prioritario del observatorio nutrir de elementos concretos a las políticas públicas en violencia hacia las mujeres.

Equipo “Comunicación Social”

Acompaña a los equipos del instituto en la creación de materiales gráficos, visuales y multimedia, en el diseño y ejecución de campañas, la organización, estructura y armado de eventos; atendiendo especialmente a las características de la población a quienes va dirigido y las condiciones de accesibilidad al mismo.

Una de las creaciones que fue una marca del instituto es el “violentometro”, con formato de termómetro de la violencia que se gradúa del amarrillo al rojo con conductas de riesgo. Comienza con “te cela, critica, humilla” y enumera acciones cada vez más peligrosas, hasta llegar al “te mata”. En el reverso se lee “vivir sin violencia es posible. Podemos ayudarte” y el número del Teléfono Verde. Una de las tareas de este equipo es el diseño de campañas de difusión, promoción de derechos y prevención de violencia. Las integrantes del equipo de Comunicación son, además, las encargadas de organizar algunas acciones específicas, como el premio “Juana Manso”, que desde el año 1999 otorga la Municipalidad de Rosario a producciones periodísticas que promueven una visión no estereotipada de las mujeres.

Resta mencionar que el IMM cuenta con una publicación semestral, a la que el equipo de comunicación se encuentra prioritariamente abocado, se trata de la revista “Andariegas” que bajo el lema “Andan comunicando”, lleva ocho números publicados entre los años 2013 y 2018. La revista se produce con la aspiración de recoger conocimientos, expresiones y prácticas en torno a las mujeres y al enfoque de género. La misma apunta a un formato ágil, a tapas atractivas, hechas por ilustradoras y fotógrafas de la Ciudad, buscando mostrar la diversidad de experiencias y la heterogeneidad como marca.

Por último, cabe destacar con motivo de conmemorarse 30 años de políticas públicas con perspectiva de género en la ciudad de Rosario, el IMM publicó un libro en el año 2018, titulado “Una ciudad en la marea” cuya autora la periodista rosarina Sonia Tessa, es quien recoge a través de entrevistas las voces de las y los profesionales que implementan los diferentes programas y recupera la conformación del instituto desde sus inicios, quedando desarrollada su historia a lo largo del libro.

“Programa Interdisciplinario de Formación en Perspectiva de Género”

El Programa Interdisciplinario de Formación en Perspectiva de Género del IMM tiene su origen en el año 2012. Nació de la demanda de lugares de prácticas pre-profesionales que algunas carreras universitarias dirigieron al IMM, con el fin de encontrar un espacio donde sus estudiantes realizaran las mismas.

Este pedido dio lugar a la formalización de convenios de prácticas entre el IMM y la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y otras universidades privadas, entre ellas la Universidad Abierta Interamericana (UAI) y la Universidad de Concepción del Uruguay (UCU), así como con institutos terciarios, habilitando el cursado de marzo a noviembre de aquellos estudiantes interesados en la problemática de género.

El Programa Interdisciplinario de Formación en Perspectiva de Género del IMM está organizado como la currícula de una materia universitaria. Tiene un formato en módulos teóricos y prácticos, bibliografía recomendada y ampliatoria. Los módulos teóricos son dictados no solo por quienes integran el equipo institucional responsable del desarrollo del programa, sino también por profesionales de otros equipos del IMM. Este programa contribuye al acceso a la perspectiva de género a estudiantes que realizan prácticas para cumplimentar requisitos de asignaturas del ámbito académico, considerando que al mismo tiempo aporta formación para quienes en el futuro podrán constituirse en trabajadores del área. También cuenta con un programa de pasantías para graduados a partir de una convocatoria realizada en 2016 por el Colegio de Psicólogos.

Dispositivo grupal para mujeres que sufren o sufrieron violencia de género

La iniciativa surge frente a los efectos de la desigualdad entre varones y mujeres, que ubica a estas últimas en un lugar de desventaja respecto del primero, reproduciendo relaciones asimétricas de poder que tienen como consecuencia la violencia de género. Particularmente la violencia sufrida por las mujeres en sus relaciones de pareja. Algunas víctimas llegan al centro derivadas por la Dirección de Atención Integral de Violencia de Género, dependiente de la Secretaria de Desarrollo Social de la Municipalidad de Rosario, otras llegan por diferentes medios, o por el suyo propio.

El dispositivo de mujeres es coordinado por dos psicólogas, siendo el objetivo del grupo prevenir la violencia de pareja y asistir a quien la sufre, acompañando, sensibilizando, conteniendo y desnaturalizando la agresión que sufren las mujeres a fin de salir del aislamiento y hostigamiento que atraviesan, encontrándose con un espacio que comprende la situación, ofreciendo un lugar de expresión, contención y escucha de los padecimientos singulares, en relación a las violencias vivenciadas y propiciando un encuentro de voces de mujeres enriquecidas con la dialéctica grupal. La premisa del dispositivo recuperada por Tessa (2018), del relato de las profesionales que lo integran es que cada mujer “cuenta de su historia lo que puede, lo que quiere, y cuando lo decide. Si eligen no hablar, no lo harán hasta que lo consideren”. Además agrega: “Ellas no entienden la razón de las violencias que están atravesando individualmente. Dicen que no saben que les paso, que las aliviaría entender” (p.73). Por lo tanto, el dispositivo está diseñado, además de lo mencionado anteriormente, también para comprender que la violencia machista viene de hace siglos, y que las personas viven en una sociedad con esas características, donde las mismas mujeres al obtener información empiezan a conocer y usar términos que antes no conocían, como por ejemplo patriarcado, violencia simbólica, machismo, es decir reconocen otras dimensiones del problema a partir de la experiencia dentro del dispositivo.

Instituciones que forman parte de la Ruta Crítica que transitan las mujeres que sufren violencia de pareja en Rosario

A continuación se mencionan las instituciones que brindan asistencia a víctimas de violencia de género, brindando asesoría legal, acompañamiento y fortalecimiento en el transcurso de la Ruta Crítica, clasificándolas según el sector al que pertenecen.

Dentro del sector Seguridad y Justicia, en la ciudad de Rosario, se encuentran por un lado, Comisarías, línea telefónica gratuita 911 y Guardia Urbana Municipal (GUM). Por el otro lado, Poder Judicial, Unidad Fiscal de Información y Atención a Víctimas y Denunciantes del Ministerio Publico Fiscal; Defensorías Generales y Ministerio Publico de la Acusación y Tribunales Colegiados de Familia.

Por otra parte se hallan los denominados “equipos de atención integral”, entre ellos, la ciudad cuenta con el Instituto Municipal de la Mujer; CAF (Centro de Acción Familiar); CAV (Centro de Asistencia a la Victima de la Defensoría del Pueblo); la Dirección de atención en Violencia de Genero y por último el Área de Diversidad Sexual dependientes ambas de la Secretaria de Desarrollo Social de la municipalidad de Rosario.

En el sector Salud se encuentran, Hospitales y Centros de Atención Primaria de Salud, los cuales tienen el sistema de atención de Emergencias que cuenta con la línea 107.

Las líneas telefónicas que funcionan los 365 días del año, las 24 horas de manera gratuita en atención de violencia son la línea 144 a nivel nacional, dicha línea responde a la obligación de garantizar, como Estado Nacional, una respuesta integral y articulada a las mujeres que sufren violencia de género. Otra línea telefónica gratuita es el Teléfono Verde, dependiente de la municipalidad de la ciudad de Rosario, atendida por trabajadoras/es capacitados/as en perspectiva de género y violencia contra la mujer: psicólogas, abogadas y trabajadoras sociales.

Por otro lado, se hallan diferentes lugares por fuera de los sectores antes mencionados, entre los que se encuentran los establecimientos educativos, a los que por lo general acuden sus hijos e hijas, y las mujeres encuentran como posibilidad de buscar ayuda para salir de la situación de violencia de pareja.

Por último, los espacios comunitarios, que en general son los de mayor cercanía y a los cuales acuden las mujeres en el contexto barrial, entre ellos: vecinales, las Organizaciones de la Sociedad Civil y organizaciones de mujeres.

Marco Normativo

Principales convenciones y declaraciones a nivel internacional y legislación nacional sobre Violencia de Género que se encuentran vigentes:

Convención sobre la Eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer

La convención sobre la Eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer, fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 18 de diciembre de 1979 en la resolución 34/180, entrando en vigor como declaración internacional el 3 de septiembre de 1981. Éste sostiene el principio de la no discriminación y promulga que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, por ende, toda persona, independientemente de su género, puede invocar todos los derechos y libertades proclamados en tal decreto, sin distinción alguna, el cual señala también que la discriminación contra la mujer atenta los principios de igualdad de derechos, y del respeto de la dignidad humana, y que además dificulta la participación de la misma, en condiciones semejantes del hombre, tanto en la vida política, como social, económica, cultural y jurídica, constituyendo un obstáculo para ponderar el bienestar de la sociedad y la familia, actuando como entorpecedor del pleno desarrollo del ejercicio civil y humanitario de la mujer.

Por el término discriminación, la convención indica que es toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo que tenga como intención o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquier otra.

Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer

En Argentina la Asamblea General aprobó la resolución 48/104 sobre la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer (Naciones Unidas, 1994), la que se considera un refuerzo de la Convención sobre la Eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer, mencionada en el apartado anterior.

La Asamblea General reconoce la necesidad de una aplicación universal a la mujer de los derechos y principios relativos a la igualdad, seguridad, libertad, integridad y dignidad de todos los seres humanos. Esta asamblea sostiene que la violencia contra la mujer constituye una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales, e impide total o parcialmente a la mujer gozar de los mismos.

La violencia contra la mujer constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente asimétricas entre los diferentes sexos, que han conducido a la dominación y a la discriminación mayormente por parte del hombre hacia la mujer, lo que jugó (y juega también) como impedimento para el crecimiento e independencia de ésta última. Así también, tales expresiones represivas, ya sean en su forma coercitiva o coactiva, constituyen uno de los mecanismos sociales fundamentales de subordinación femenina respecto del hombre.

La Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, en su art. 1 sostiene que “violencia contra la mujer” se entiende por:

Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada. (Naciones Unidad, 1994:1)

Hace mención a los distintos tipos de violencia, teniendo en cuenta no sólo la violencia física y/o sexual si no también la psicológica. Al mismo tiempo, la violencia ejercida sobre las mujeres deja de ser considerada un delito de orden privado para ser un delito público.

El art. II sostiene que la violencia abarca los siguientes actos aunque no se encuentra limitada a ellos:

  1. La violencia física, sexual y psicológica que se produzca en la familia, incluidos los malos tratos, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violencia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales nocivas para la mujer, los actos de violencia perpetrados por otros miembros de la familia y la violencia relacionada con la explotación.
  2. La violencia física, sexual y psicológica perpetrada dentro de la comunidad en general, inclusive la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación sexual en el trabajo, en instituciones educacionales o sectores públicos, la trata de mujeres y la prostitución forzada.
  3. La violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado, dondequiera que ocurra.

La mujer tiene derecho, en condiciones de igualdad, al goce y la protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas políticas, económica, social, cultural, civil y de cualquier otra índole. Entre los derechos encontramos el derecho a la vida, a la igualdad y la seguridad de la persona, al igual protección ante la ley, al verse libre de todas las formas de discriminación, derecho al mayor grado de salud física y mental que se pueda alcanzar, a condiciones de trabajo integras, favorables y fundamentalmente, al derecho a no ser sometida a tortura, ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o desagradables.

Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer

El 9 de junio de 1994, la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA) aprueba en Brasil la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, la cual se la conoce como “Convención Belem Do Pará”, la cual fue ratificada por Argentina en la misma fecha.

Dicha convención reconoce la necesidad de una aplicación universal a la mujer de los derechos y principios relativos a la igualdad, seguridad, libertad, integridad y dignidad de todos los seres humanos. Esta asamblea sostiene que la violencia de género constituye “una ofensa a la dignidad y una violación a los derechos humanos que atenta contra el reconocimiento, goce y ejercicios de los mismos”.

Asimismo, reconoce que puede presentarse en cualquier ámbito ya sea dentro de la familia o en cualquier relación interpersonal, dentro de cualquier comunidad. De este modo, la “Convención Belem Do Pará” orienta sus postulados hacia la prevención, protección, sanción, y reparación integral del daño.

El conjunto de estos amparos internacionales, son compromisos formales adquiridos que una vez que son aprobados, sus planteamientos se deben reflejar en el aparato jurídico y manifestarse en la sociedad como políticas públicas de los Estados firmantes. Según lo desarrollado por Carcedo y Molina (2003) al firmar y ratificar una declaración “el Estado asume un compromiso tanto con sus habitantes como con la comunidad internacional, la cual puede exigirle cuentas cuando viola sus disposiciones” (p.15).

Ley 26.485 “Protección Integral a las Mujeres”

Argentina posee una ley que tipifica la violencia de género como un delito y establece las sanciones correspondientes, es la Ley 26.485 sobre “Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”. Se sanciono el 11 de Marzo de 2009 y fue promulgada de hecho el 1 de Abril de 2009.

El objetivo es promover y garantizar la eliminación de la discriminación entre mujeres y varones en todos los ámbitos de la vida; el derecho de las mujeres a vivir una vida sin violencia, en el que se encuentren las condiciones aptas para sensibilizar, prevenir, sancionar y erradicar la discriminación junto a la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones y espacios. El desarrollo de políticas públicas de carácter interinstitucional sobre violencia contra las mujeres y la remoción de patrones socioculturales que promueven y sostienen la desigualdad de género dentro las relaciones de poder sobre las mujeres, en el que las victimas tengan acceso a la justicia, a la asistencia integral en las áreas, tanto estatales como privadas, realizando actividades programáticas destinadas a las mujeres y/o en los servicios especializados de violencia. Cabe resaltar que dicha ley es de orden público y de aplicación en todo el territorio de la República Argentina.

En el artículo 5º se detallan diferentes tipos de violencia contra la mujer.

  1. Física: Se emplea contra el cuerpo de la víctima causando dolor, daño o riesgo de producirlo y cualquier otra forma de maltrato o agresión que afecte su integridad física.
  2. Psicológica: Produce daño emocional y disminución de la autoestima y/o perjudica y perturba el pleno desarrollo personal, buscando degradar o controlar sus acciones, comportamientos, creencias y decisiones, mediante amenazas, acosos, hostigamientos, restricciones, humillaciones, deshonras, descréditos, manipulaciones y aislamientos. Implica además la culpabilización, vigilancia constante, exigencia de obediencia, sumisión, coerción verbal, persecución, insulto, indiferencia, abandono, celos excesivos, chantaje, ridiculización, explotación y limitación del derecho de circulación o cualquier otro medio que cause perjuicio a su salud psicológica, y a la autodeterminación.
  3. Sexual: Abarca cualquier acto que implique la trasgresión del derecho de la mujer de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva, ya sea con o sin acceso genital, mediante amenazas, coerción, uso de la fuerza o intimidación, (incluyendo la violación dentro del matrimonio o de otras relaciones vinculares o de parentesco, exista o no convivencia), así como la prostitución forzada, explotación, esclavitud, acoso, abuso sexual y trata de mujeres.
  4. Económica y patrimonial: Todo acto que se dirige a ocasionar un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales de la mujer, a través de: a. La perturbación de la posesión, tenencia o propiedad de sus bienes; b. La pérdida, retención, destrucción, sustracción o distracción indebida de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores y derechos patrimoniales; c. La limitación de los recursos económicos destinados a satisfacer sus necesidades o privación de los medios indispensables para vivir una vida digna; d. La limitación o control de sus ingresos, así como la percepción de un salario menor por igual tarea, dentro de un mismo lugar de trabajo.
  5. Simbólica: la que a través de patrones estereotipados, mensajes, valores, íconos o signos que transmitan y reproduzcan dominación, desigualdad y discriminación en las relaciones sociales, naturalizando la subordinación de la mujer en la sociedad.

Para finalizar este apartado, dedicado al marco normativo sobre la violencia contra las mujeres, cabe señalar que diversos autores y organizaciones nacionales e internacionales han trabajado en la formación de desarrollos conceptuales sobre la violencia contra las mujeres. En este sentido, es de interés para esta investigación, lo expresado por la Organización Mundial de la Salud (2002), organismo que señala las formas más comunes de violencia se producen dentro de las relaciones de pareja. Reafirmando, que esto incluye cualquier conducta que cause daño físico, psicológico y sexual, así como diferentes comportamientos dominantes tales como aislar, restringir el acceso a recursos, entre otros.

En la actualidad, casi veinte años después de aquella afirmación de la OMS, son innumerables los casos de violencia que llevan a las mujeres a buscar ayuda en las comisarías, organizaciones sociales, gubernamentales y no gubernamentales. Si bien es preciso destacar que la violencia de pareja existe en ambos sexos, predominan ampliamente las denuncias efectuadas por mujeres, siendo alarmante la cantidad de mujeres muertas por mano de sus parejas o exparejas, dando por resultado un número creciente de femicidios.

Por último, la literatura especializada señala que, al tratarse de un agresor cercano al círculo íntimo, la toma de decisiones respecto de la ruptura se torna de manera delicada, dado que el maltrato de pareja a diferencia de otros comportamientos agresivos, presenta características específicas. Lo describen del siguiente modo (Echeburúa et al, 2002)

a) Es una conducta que no suele denunciarse, y si se denuncia, la victima frecuentemente perdona al supuesto agresor antes de que el sistema penal sea capaz de actuar; b) Es una conducta continuada en el tiempo: el momento de la denuncia suele coincidir con algún momento crítico para el sistema familiar; Y c) como conducta agresiva, se corre el riesgo de ser tomada de forma vicaria por los hijos, lo que implica al menos parcialmente, una transmisión cultural de los patrones de conducta aprendidos. (p.136)

Marco Conceptual

Ruta Crítica

Los estudios sobre la Ruta Crítica comenzaron desde inicios de los años noventa promovidos por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los cuales fueron los primeros que proporcionaron información sobre el recorrido de las mujeres que vivencian situaciones de violencia. La misma se define:

La ruta crítica es un proceso que se construye a partir de la secuencia de decisiones tomadas y acciones ejecutadas por las mujeres afectadas por la violencia y las respuestas encontradas en su búsqueda de soluciones. Éste es un proceso interactivo, constituido tanto por los factores impulsores e inhibidores, relacionados con las mujeres afectadas y las acciones emprendidas por éstas, como así por la respuesta social encontrada, lo que a su vez se convierte en una parte determinante de la ruta crítica. (Sagot, 2000:89)

En este marco, el concepto de Ruta Crítica se construye teniendo en cuenta la toma de decisiones, acciones y reacciones de las mujeres afectadas, así como la de los factores que intervienen en este trayecto.

Es un proceso complejo no lineal, que involucra avances y retrocesos. Según lo que menciona Sagot (2000:90) “los mismos pueden parecer contradictorios o hasta irracionales”, ya que a menudo son el resultado de elaborados razonamientos, valoración de la situación y estrategias que guían sus decisiones y acciones, es así como van construyendo la búsqueda de posibilidades para una vida diferente.

De acuerdo con lo que señala la autora, “todos estos factores se interrelacionan entre si y actúan sobre la subjetividad de las mujeres, para fortalecerlas o debilitarlas en su decisión de iniciar y continuar un sendero de búsqueda de ayuda y soluciones” (Sagot, 2000, op.cit.). Es decir, la subjetividad de cada una de las mujeres termina siendo la dimensión en la que se construye el sentido del proceso de la Ruta Crítica y un mismo elemento puede convertirse en un factor tanto impulsor como inhibidor.

Dado la cantidad de factores que intervienen, la Ruta Crítica es un conjunto de procesos individuales, sociales e institucionales, por lo que habrá tantas mujeres buscando salir de la situación de violencia que padecen como Rutas Críticas posibles, en la cual cada una construye la que está dentro de sus posibilidades, según su situación, en compañía de personas e instituciones o en soledad.

Uno de los actos de mayor dificultad para las mujeres que atraviesan dichos momentos es cuándo decidir romper el silencio y denunciar. Esto se debe a la existencia de un singular factor o una sumatoria de ellos tales como la presión del agresor, el miedo y la vergüenza social, y por el temor al qué dirán, entre otros. “Este contexto genera una mayor dependencia del agresor, quien, a su vez, experimenta un aumento del dominio a medida que se percata del mayor aislamiento de la víctima” (Rojas, 1995:45).

Algunos estudios realizados con las mujeres víctimas de violencia de género demuestran que muchas de ellas describen el proceso de Ruta Crítica como “una carrera de fondo, en la que hay que ir logrando sumar fuerzas para no volver atrás” (EDEFundazioa, 2012: 37). En consecuencia es importante insistir en la necesidad de apoyo de la red social próxima de éstas mujeres; así como de obtener una respuesta adecuada y especializada de los/as profesionales y de los recursos específicos que tienen a su disposición.

Los factores internos y externos, no actúan de manera aislada, sino que se refuerzan e interactúan entre sí, es decir “el proceso de la Ruta Crítica solo puede ser explicado si se ubica a las mujeres en un contexto determinado que incide directamente en la construcción de su subjetividad” (Sagot, 2000:91).

En la vida concreta de una víctima, los factores impulsores e inhibidores están íntimamente relacionados y son reforzados mutuamente. Es decir, los factores e influencias externas producen cambios en los procesos internos y, a su vez, tales procesos hacen que en determinado momento las mujeres desarrollen una mayor capacidad para hacer uso de los recursos externos existentes. Todos ellos son abordados de manera global y los mismos pueden tardar años en articularse y producir efectos que favorezcan la salida de violencia.

Factores Impulsores

Montserrat Sagot (2000:92) menciona que los factores que pueden influir como impulsores a la hora de decidir iniciar la búsqueda de soluciones a la situación en la que se encuentran, son de dos tipos: internos y externos.

Factores Impulsores internos

Los factores impulsores internos están relacionados directamente con los procesos personales, razonamientos, creencias, sentimientos y representaciones sociales que instan a las mujeres a emprender o comenzar acciones para detener la violencia.

Las mujeres que se encuentran involucradas en una relación de violencia desarrollan múltiples estrategias para sobrevivir. “Algunas de estas son callar, mantenerse pasiva y tratar de no provocar” (Sagot, 2000:91).

Dicho proceso (de auto-convencimiento) muchas veces puede durar años. Es parte también de la toma de conciencia el comprender que el agresor no va a cambiar y que la violencia no se terminará, por más estrategias personales que utilicen. Este primer paso muestra que las mujeres han vivido procesos de reflexión sobre las contradicciones en las que viven, sobre la relación y su destino.

El enojo y el desamor son esenciales impulsores, las mujeres necesitan distanciarse emocionalmente del agresor; como lo indica Sagot (2000) “muchas de ellas hacen un balance de su situación que les da un saldo negativo, y la perspectiva de un futuro similar las impulsa a la acción” (p.92).

Los estados de ánimo cumplen un papel fundamental en este proceso, las mujeres necesitan distanciarse emocionalmente del victimario para poder tomar otras medidas. Los sentimientos de malestar, confusión, y depresión van construyendo una disconformidad que las lleva a querer transformar su vida cotidiana.

Ponerse metas y generar proyectos propios, implica la planificación de actividades específicas con fines laborales, las cuales les permite mantenerse firmes en sus decisiones, como además les genera sentimientos de esperanza sobre vivir mejor y tranquila, y de desarrollar sus potencialidades en un ambiente libre de violencia.

Factores Impulsores Externos

Los factores impulsores externos hacen referencia a las influencias que las mujeres reciben y perciben de su entorno inmediato, tales como apoyos, recursos, información, orientación e incluso el aumento de la violencia o los efectos de ésta, en otras personas de la familia (principalmente en sus hijos e hijas). Muchas veces, las formas en que se manifiesta la agresión, llegan a ser expresiones extremas o bien, se constituyen en círculos violentos, en los que las mujeres experimentan sentimientos de peligro de muerte, causando en ellas el impulso a iniciar una Ruta Crítica.

El apoyo de personas cercanas cobra un grado elevado de valor para las víctimas, como influencia positiva, dentro del proceso cognitivo que decanta en la reunión de valentía para decidir apelar por ayuda. El saber que cuentan con el respaldo de familiares, amigas o vecinas, les proporciona fuerzas y seguridad emocional, física y en algunos casos puede llegar ser económica. Los factores impulsores están más relacionados con las fortalezas individuales y los apoyos familiares, que con la intervención de las instituciones.

Los factores económicos y materiales también funcionan como impulsores. El tener un trabajo, garantía de una lugar donde habitar, conseguir subsidios o pensiones, contar con apoyo económico familiar, son elementos que ayudan al inicio de la Ruta Crítica.

La información obtenida a través de las campañas públicas, y el apoyo de asesoría brindada por los organismos, se constituyen en los principales factores impulsores externos propiciados por el ámbito institucional. Como menciona la autora “en general, se determinó que las organizaciones de base de mujeres son muy significativas en la Ruta Crítica de muchas de ellas, ya que son espacios donde han sido escuchadas y amparadas en sus problemas y decisiones” (Sagot, 2000:97). Por lo tanto, hacer visible la problemática de la violencia de género desde instituciones públicas y privadas, que apoyan y brindan información precisa, son elementos fundamentales en sus esfuerzos por modificar el rumbo de sus vidas.

Asimismo, las conductas violentas del victimario cuando no se dirigen solamente a ellas, sino que también a sus hijos e hijas, a través de golpes, insultos, gritos y la exposición a la violencia ejercida contra su madre son motores para que emprendan diferentes acciones para salir de la situación de violencia.

FACTORES IMPULSORES

Factores Impulsores Internos

Factores Impulsores Externos

  • Convencimiento de que el agresor no va a cambiar
  • La violencia misma ejercida contra ellas
  • Convencimiento de que los recursos personales se han agotado
  • La violencia contra hijos e hijas
  • Enojo y desamor
  • Apoyo de personas cercanas
  • Estado de saturación con la situación
  • Condiciones materiales y económicas favorables
  • Ponerse metas y proyectos propios
  • Información precisa y servicios de calidad

Cuadro 2. Recuperado de Sagot, M. (2000). Ruta crítica de las mujeres afectadas por la violencia intrafamiliar en América Latina: estudios de caso de diez países. Organización Panamericana de la Salud.

Factores Inhibidores

Son estudiados para entender los mecanismos y estrategias que llevan a una mujer a permanecer en una relación donde sufre violencias, a veces durante años, llevándola a sobrevivir en condiciones de precariedad física y psíquica, para lo que es fundamental conocer sus conductas, actitudes, en ocasiones contradictorias e inexplicables para el contexto. (Sagot, 2000: 98).

Los factores que impiden que una mujer pueda determinar salir de la situación de violencia en la que se encuentra pueden ser múltiples. Para un mejor ordenamiento se dividen en dos categorías permanentemente relacionadas, a saber, internas y externas.

Factores Inhibidores Internos

Los mismos son entendidos como “procesos personales obstaculizantes”, que involucran razonamientos, creencias y sentimientos que reprimen a las víctimas para iniciar o continuar la Ruta Crítica.

Las ideas y creencias acerca de la condición de mujer, tomadas como verdades absolutas, construidas a lo largo de vivencias de sometimiento e influenciadas por contextos y relaciones que sostienen y reproducen las desigualdades de género, siento la mujer posicionada en modelos y estereotipos que producen discriminación, se convierten enlimitaciones internas.

Dichas situaciones tienen que ver con que se generan sensaciones de que algo malo le va a suceder, donde la presencia permanente de amenazas y situaciones de violencia extrema en su contra, alimenta estos sentimientos que forman ideas o creencias relacionadas a que nunca va a poder salir de este panorama. También, se producen efectos en la dinámica del ciclo de la violencia donde las víctimas escogen no hablar, minimizar las agresiones, justificar al victimario y/o aceptar la violencia como estrategia de sobrevivencia.

Los principales sentimientos que funcionan como factores inhibidores son la culpa, la vergüenza y el amor por el agresor. La culpa se manifiesta mediante el sentir de que ellas son el causante, o las que provocan las diferentes agresiones, y/o pensar que se merecen el maltrato por no ser buenas mujeres, de modo tal que en algunas ocasiones, asumen el cargo y responsabilidad de las acciones violentas que padecen. Tales sentimientos crean mentalidades en las damnificadas, cuyo raciocinio indica que no están en condiciones de pedir ayuda o romper el silencio. La vergüenza es un factor por el cual continúan en relaciones violentas, al ocultar lo que sucede, aumenta su aislamiento, el sentimiento de soledad, lo que puede ir quebrando su autoestima, (situación que acrecienta la vulnerabilidad de la víctima). Por último, como sentimiento fundamental, está el amor que sienten por sus parejas más allá de las agresiones sufridas. El amor por el agresor es entendido como entrega incondicional del propio ser (en este caso al victimario), aun cuando esto implica poner en riesgo su propia vida, aceptando las condiciones y naturaleza de los conflictos que vivencian.

Además, el desconocimiento de sus derechos y la falta de información es otro factor que funciona como inhibidor. Según Sagot (2000:99) muchas mujeres desconocen incluso que la violencia que reciben al interior de sus familias es un delito que puede ser castigado o sancionado.

Factores Inhibidores Externos

Funcionan como “factores contextuales obstaculizantes”, referidos a presiones familiares y sociales, inseguridad económica y limitada cobertura de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, que reprime a las mujeres en su búsqueda de soluciones para salir de la situación/es de violencia/s.

Un factor presente como obstaculizante es el desconocimiento de sus derechos y la falta de información. Muchas mujeres “desconocen la información sobre los servicios existentes o sobre los procedimientos y trámites que deben realizar si deciden iniciar una Ruta Crítica(Sagot, 2000:100).

El hecho de expresar, o dar a conocer los acontecimientos violentos, tales como “las situaciones de encierro y aislamiento, persecución con armas, amenazas telefónicas recibidas, extorsión económica y/o manipulación con sus hijos” (Sagot, 2000, op.cit.) genera pánico en las víctimas. También se encuentran miedos o temores con la apariencia del victimario frente al entorno mientras que las promesas de cambio y arrepentimiento en relación a las secuencias agresivas por parte de éste último, provocan confusión y sentimientos contradictorios frente a su pareja y a su entorno social, lo que genera muchas veces una falta de apoyo por parte de familiares. El sistema de ideales, valores, normas y lealtades en relación a las desigualdades de género que adquiere un grupo familiar pesa definitivamente en la decisión de las víctimas mujeres, ya que en muchos se dan modelos en donde la mujer tiene que ser sumisa, tolerante y compresiva con base en los hechos desmedidos de violencia, con inclinaciones a naturalizar el estado de los sucesos gravosos. De esta manera cada comunidad o grupo social, tolera, soporta y juzga, jugando un papel preponderante e incisivo en el comportamiento de la víctima.

Por último, la falta de recursos materiales y la dependencia o inseguridad económica han sido factores inhibidores, deteniendo las acciones y decisiones de muchas de las mujeres al momento de buscar ayuda fuera del ámbito familiar.

FACTORES INHIBIDORES

Factores Inhibidores Internos

Factores Inhibidores Externos

  • Miedos
  • Presiones familiares y sociales
  • Culpa
  • Inseguridad económica y falta de recursos materiales
  • Amor por el agresor
  • Actitudes negativas de los prestatarios e inadecuadas respuestas institucionales
  • Idea de lo que ocurre al interior de la familia es privado
  • Limitada cobertura de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales de mujeres
  • Desconocimiento de sus derechos y falta de información
  • Contextos sociales con historias de violencia

Cuadro 3. Recuperado de Sagot, M. (2000). Ruta crítica de las mujeres afectadas por la violencia intrafamiliar en América Latina: estudios de caso de diez países. Organización Panamericana de la Salud.

En el proceso de la Ruta Crítica Sagot (2000) toma la teoría del ciclo de la violencia de Walker (1979), haciendo referencia a:

La manipulación del agresor y las dinámicas del ciclo de la violencia son factores que mantienen a muchas mujeres en una relación de agresión por años. En este ciclo las mujeres no son capaces de distanciarse totalmente en términos afectivos de agresor y continúan con la esperanza de que la situación cambiara. La dependencia emocional, el amor por el agresor y la manipulación de esta hacen, entonces, que las mujeres se mantengan expectantes, siempre a la espera de que el ciclo no vuelva a repetirse. (p.99)

Considerando que Sagot incluye en el proceso de Ruta Crítica al ciclo de la violencia en el que están atrapadas las mujeres, al que identifica como un Factor Inhibidor Interno, se considera importante en este marco teórico dedicarle un apartado a la teoría del ciclo de la violencia formulada por Leonore Walker (1979). Además, al final del apartado se incorporan críticas sobre dicha teorización.

El ciclo de la violencia

Siguiendo a Walker (1979) se puede afirmar que el padecimiento de la violencia se desarrolla no como un proceso interrumpido sino que generalmente ocurre de manera cíclica. Una teoría que permite comprender la persistencia de la relación de violencia en la pareja, ha sido formulada por Leonore Walker (1979) quien señaló que existe un “ciclo de violencia” comprendido por tres fases sucesivas:

Primera Fase: “Fase de acumulación de Tensiones”

En este estadio se produce una serie de incidentes que van incrementándose en intensidad y hostilidad. Esta etapa se caracteriza por las agresiones verbales, que por no dejar huellas tangibles, son aparentemente menos dolorosas. Además, pueden ir acompañadas de golpes menores. La mujer minimiza o niega estas agresiones como una forma de controlar la violencia. Esta actitud pasiva aparente refuerza en el hombre la idea de su derecho a “disciplinar” a su mujer, pero al mismo tiempo experimenta temor al abandono de su pareja, a causa de su comportamiento violento. La tensión se incrementa a medida que el conflicto en la pareja se hace más agudo.

El comportamiento de la mujer en estas circunstancias se manifiesta de las siguientes maneras:

  1. Actitud sumisa.
  2. Intenta controlar los factores “externos” que puedan provocar violencia.
  3. Se siente culpable.
  4. Se aísla y no pide ayuda.
  5. Minimiza la situación
  6. Niega la importancia de lo sucedido.

En cuanto al comportamiento del hombre hacia la mujer en esta fase:

  1. Considera que tiene derecho.
  2. Lo hace para educarla.
  3. La sumisión de la mujer fortalece el dominio del hombre.
  4. Acrecienta gradualmente su condición de abusivo y controlador.
  5. No es violento en todos los ámbitos, sino fundamentalmente en el hogar.
  6. Sólo modifica la violencia ante un control externo.

Hay ciertas circunstancias que ocurren reiteradamente, como la violencia del agresor que se desata por una gama de motivos intrascendentes, donde la victima puede incluir la acomodación a las demandas o tratar de escapar.

Segunda Fase: “Episodio agudo”

Esta etapa es más breve que la anterior, y se caracteriza por la descarga incontrolada de todas las tensiones que se venían acumulando. Cuando la situación llega a esta fase, se producen episodios gravosos de maltrato que pueden variar desde empujones hasta el homicidio[5] o suicidio. Entra en escena la violencia verbal o física.

En esta etapa el comportamiento de la mujer es:

  1. Se aísla aún más que en el episodio anterior debido a que presenta lesiones visibles que desea ocultar.
  2. Se atemoriza y/o deprime lo cual debilita sus fuerzas para defenderse.
  3. Algunas veces es el momento en los cuales reacciona y pide ayuda.
  4. A veces lo abandona y se va del hogar.
  5. Por temor acepta comportamientos aberrantes, incluso en lo sexual.

El comportamiento del hombre es:

  1. Cree que tiene derecho a golpearla.
  2. Es controlador en exceso.
  3. Es celoso y posesivo.
  4. Destruye aquellos objetos que son significativos para su mujer.
  5. No toma conciencia del daño que ocasiona.
  6. Pierde el control.

Además, dentro de esta fase también se dan ciertos efectos recurrentes como la inestabilidad, zozobra, impredictibilidad y gran nivel de destructibilidad.

Tercera Fase: “Luna de miel”

La tercera etapa llamada “luna de miel”, se identifica por el arrepentimiento, demostración de afecto y promesas por parte del hombre, quien se siente culpable y está convencido que no lo volverá a hacer. La mujer desea creerle y está dispuesta a ayudarlo a cambiar, recibe presiones de parte de personas cercanas y se siente culpable de sus deseos de abandonarlo, por lo que acepta continuar en la relación.

Del siguiente modo se presentan los comportamientos de la mujer dentro de este periodo:

  1. Se siente con ánimo de volver con él.
  2. Tiene esperanzas de que no se repitan los sucesos de violencia.
  3. Quiere y se aferra a la necesidad de que sea cierto de que él ha cambiado.
  4. Se sigue sintiendo culpable de haber provocado la situación.
  5. Comienza a dudar sobre las decisiones previamente tomadas.
  6. Si ha dejado el hogar puede volver.
  7. Si ha iniciado acciones policiales y/o legales puede retirarlas.

Respecto al comportamiento del hombre en el período.

  1. Es atento, seductor y protector.
  2. Es obsequioso: puede llegar a hacer regalos y promesas.
  3. Pide perdón.
  4. Asegura que no le volverá a pegar y siente que así será.
  5. Busca el apoyo de otras personas a su favor.

Walker (1979) señaló que algunas mujeres dejan a sus “compañeros violentos” cuando la segunda fase es frecuente y recurrente, mientras que la tercera es infrecuente o no existe. De todas maneras, las investigaciones afirman que las mujeres demoran en tomar la decisión de abandonar la relación de maltrato, puesto que confían una y otra vez en las promesas vacías de sus parejas las cuales intentan persuadirlas de cambios genuinos que nunca llegan a un afortunado término.

La teoría de las tres etapas se ha ido refinando y extendiéndose para concluir en siete etapas del “ciclo de la violencia” (Davies, G., y Bull, R., 2002).

  1. Intimidación: El objetivo del agresor es crear un estado constante de miedo en la víctima. La controla, la acosa, la amenaza, la coacciona, y tiende a expresar que lo hace debido a un amor desenfrenado, legitimando así el perdón de los celos.
  2. Aislamiento: La separa de los familiares y amigos más cercanos, puede impedirle trabajar o acudir a reuniones sociales, o controlarle hasta el último minuto que tarda en llegar del trabajo.
  3. Crítica constante: Cualquier cosa que exprese es un sin sentido. El agresor emplea con intensidad el abuso psíquico mientras que la víctima desarrolla un sentimiento de falta de poder (desamparo aprendido) que le impide reaccionar.
  4. Segregación: se encuentra apartada de la vida cotidiana, especialmente si no tiene el apoyo de un trabajo en el exterior. Si ella, en un esfuerzo nacido del instinto de supervivencia intenta reaccionar u oponerse a los propósitos de su pareja, es muy probable que provoque un castigo merecido.
  5. Agresión física y sexual: Es el inicio de los empujones, patadas, palizas al fin y el momento del sexo sin el consentimiento de ella.
  6. Falsa reconciliación: Equivalente a la luna de miel, la mujer duda porque quiere creer que por fin, esta vez, él va a ser una persona cariñosa. De hecho procura favorecer esa impresión: atiende a los niños, le compra cosas y/o tiene detalles desacostumbrados, pero cuando la mujer se encuentra nuevamente confiada, el círculo se repite. El agresor se cuida de que la víctima entienda que, él se ve obligado a tratarla de manera agresiva por su culpa, por provocarle esa sensación o por desobedecer las normas que el impone.
  7. Chantaje empleando a los niños: El agresor dice que le va a quitar su custodia, o incluso se vuelve aún más gravosa la situación, ya que amenaza explícita o implícitamente con dañar a los hijos. Después de que la violencia se instala en una relación de pareja, es muy difícil que la situación mejore si no interviene un especialista. Los cambios no se producen espontáneamente, y la sola voluntad de las partes no basta para lograrlos. Esta la dinámica propia de la violencia en una pareja puede permanecer varios años, incluso decenios.

Para las víctimas de éste ciclo abusivo, les resulta dificultoso salir por razones diversas, como por ejemplo estar emocionalmente vinculadas al agresor, ya que se trata del hombre que aman. También cuando hay alternancia entre violencia y afecto, el hombre que en un momento insulta, ofende y golpea, en otro se muestra amable, tierno, comprensivo, en donde las mujeres por lo general se conectan con esta última faceta y piensan que “ese es el hombre al que quieren y con el que desean vivir”.

Para José Sanmartín (2004:46) la violencia produce una serie de emociones contradictorias y una gran confusión. A medida que se incrementa la severidad y la frecuencia del maltrato, disminuye la autoestima de las mujeres generando que se sientan desamparadas, desprotegidas, angustiadas y solas.

Uno de los principales motivos por los cuales continúa una relación de maltrato es porque las mujeres consideran que la situación, la vida en pareja y en familia, va a mejorar y que “si ella se lo propone van a lograrlo”. En cuanto a la otra cara de la moneda, es decir, del agresor, se refuerza también la idea del bienestar en la relación y con el conjunto de la familia, al pedir perdón, siendo considerado, o cuando recurre a la amabilidad luego de una agresión, y al formular sentidas promesas de cambio (Graciela Ferreira, 1992).

Desde una perspectiva crítica, se ha señalado que el “ciclo de la violencia”, tal como ha sido formulado, no presenta salida. Fue revisado por diferentes autores y retomado por Lerma (2017), quien reflexiona sobre lo planteado por Walker (1979), desde los aportes del psicoanálisis:

Si retomamos las fases propuestas por Walker, desde esta perspectiva, podemos analizar como su conceptualización no da cuenta del dinamismo que el relato de las mujeres que sufren maltrato pone de manifiesto. Aunque identifica la justificación que las mujeres formulan del maltrato del que son objeto, su creencia en que la violencia cesará y la confianza en un nuevo comienzo, desconoce la simultaneidad y el dinamismo de representaciones opuestas que coexisten sin eliminarse, y son la razón de las dificultades por las que atraviesan las mujeres para poder dar fin a las relaciones de maltrato. La visión de círculo o ciclo, cierra sobre si misma toda posibilidad de salida, de puesta en cuestión, de apuesta al deseo; predestina al eterno retorno a un círculo tautológico y tanático. (p.7).


  1. El Teléfono Verde es la línea gratuita que presta atención de escucha y asesoramiento en Violencia de Género en la Municipalidad de Rosario. Se encuentra a cargo de la Dirección de Atención en Violencias de Género.
  2. Programa Nacional de Educación Sexual Integral
  3. Se trata de un programa provincial que promueve la capacitación y reinserción de jóvenes de hasta 35 años de edad.
  4. Termino propuesto por el Psicólogo Luis Bonino Méndez (1991) para dar nombre a prácticas interpersonales que tienen como base formas de violencia de género, manifiestas de manera implícitas por el entorno social.
  5. Cabe recordar que el término Feminicidio fue incorporado recientemente al Código Penal de Argentina para nominar lo que antes se caratulaba genéricamente como “homicidio”.


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