Los relatos de las mujeres analizados confirman que la violencia de pareja constituye un serio problema y una violación a los derechos humanos. Un problema social de urgente atención, presente en todas las comunidades.
Como se plantea en la teoría de la Ruta Crítica, cada mujer realiza una trayectoria que implica la existencia de un conjunto de procesos individuales, institucionales y sociales que se interrelacionan entre sí, haciendo que el recorrido sea único y particular en cada una de ellas. Por lo tanto, se encuentran tantas Rutas Críticas como mujeres entrevistadas.
Se concluye en este estudio, que los factores impulsores internos de las mujeres al tomar la decisión de pedir ayuda son: comprender el riesgo, confianza en sí misma, generar proyectos y ponerse metas, el interés por conocer sus derechos, recursos y servicios. Además, estas decisiones fueron fortalecidas por los factores externos, que son, el apoyo de personas cercanas, la violencia del agresor contra hijos e hijas, actitud positiva de las operadoras, el espacio de empoderamiento y los equipos de ayuda mutua.
Se pudo observar que los factores inhibidores internos, que obstaculizaron y dificultaron este proceso estuvieron relacionados con los miedos, el amor por el agresor, la internalización de mandatos sociales y los efectos psíquicos de la dinámica de la violencia. Estos, se hallaron directamente relacionados con la manipulación del victimario que incrementa la dificultad de las mujeres, quienes aun conociendo sus derechos, no logran salir de la situación de violencia. La manipulación del agresor tiene como propósito atemorizar a la mujer y neutralizar todo tipo de movimiento que pudiera alejarla de él, lo que ya fue teorizado ampliamente por Walker (1979), como Círculo de la violencia. Las mujeres participantes identificaron la importancia de los espacios terapéuticos individuales para abordar la situación de violencia y señalaron que en muchos casos recibieron allí la orientación necesaria para dirigirse a los servicios especializados del Estado local en busca de asistencia.
En cuanto a los factores inhibidores externos, se identificaron en la población en estudio, la inseguridad económica y falta de recursos materiales, la violencia institucional, y el incumplimiento del agresor de la restricción de acercamiento.
Cabe aclarar que si bien Sagot (2000) sistematizó los factores impulsores e inhibidores de la Ruta Crítica que recorren las mujeres en busca de ayuda para terminar con la violencia que sufren en pareja, al mismo tiempo reconoció que tales factores podían actuar como impulsores o inhibidores en forma indistinta según el caso, dependiendo de determinadas condiciones y de la subjetividad de cada mujer. Se trata de procesos singulares que lejos de mostrar linealidad están sujetos a marchas y contramarchas. En ese camino las mujeres participantes de este estudio encontraron factores facilitadores y obstaculizadores.
Se consideran hallazgos de esta investigación los siguientes factores impulsores: actitud positiva de las operadoras, espacios de empoderamiento y grupos de ayuda mutua; y los factores inhibidores: internalización de mandatos sociales y efectos psíquicos de la dinámica de la violencia, violencia institucional y el incumplimiento del agresor de la restricción de acercamiento.
Como ya se ha señalado, la Ruta Crítica se entiende en este estudio como un proceso de fortalecimiento y de apropiación de los recursos personales e institucionales, que emprende cada mujer con el propósito de terminar con la violencia que sufre. Se construyen en base a las posibilidades y circunstancias de cada una, por lo cual no podría ser considerada como un plan preestablecido que con un único formato pudiera servirles a todas.
En cuanto a las instituciones intervinientes, receptoras del pedido de ayuda a las acudieron las mujeres, fueron en primer lugar el Teléfono Verde y en segundo lugar, los Hospitales y Centros de Atención Primaria de la Salud, dicho hallazgo se vincula con el factor impulsor externo, denominado actitud positiva de las operadoras, ya que la contención y el asesoramiento que brindaron estas instituciones fueron identificados por las mujeres como lo que les permitió el conocimiento y acceso al Dispositivo de Mujeres, para salir de la situación de violencia. Además, se observó una mayor demanda orientada al Teléfono Verde en relación a la que hace uso de la línea 144. De esto puede inferirse que las mujeres que eligen llamar al primero, lo hacen en razón de la mayor difusión que tiene esta línea local la cual se considera la primera receptora del problema y la que activa la red de atención.
En el mismo sentido, se identificó la importancia que tiene para las mujeres la difusión de información a través de folletería e internet y el apoyo de personas cercanas; en muchas ocasiones fueron un estímulo para que llegaran al Dispositivo de Mujeres. La evidencia de su relevancia quedó plasmada en la tabla de distribución dónde se advierte que ocupa el cuarto lugar en la nómina de dispositivos, organismos e instituciones intervinientes. Es este un buen ejemplo de los hallazgos que permite la triangulación metodológica.
En relación a los tipos de violencia sufrida por las mujeres de este estudio, se identificó a la violencia psicológica como la principal agresión perpetrada por parte de los victimarios, seguida por la violencia física. Esta preeminencia de la violencia psicológica por sobre todos los tipos de violencia hallada en este estudio local, confirma los valores que arrojan las estadísticas oficiales de jurisdicción nacional.
Cuando se cruzan los resultados hallados para tipos de violencia, con los factores identificados a lo largo del estudio, quedan visibilizadas situaciones de violencia psicológica en las que muchas veces las mujeres eran juzgadas por su desempeño materno, siendo objeto de insultos y/o agresiones verbales como por ejemplo “sos una mala madre”; en algunas ocasiones, estos argumentos se convertían en amenazas constantes que hacían referencia a la posibilidad de quitarle la tenencia de los hijos e hijas, bajo la presión de hacerlas pasar por insanas. Los agravios dirigidos a las mujeres respecto del cumplimiento de su rol materno, perpetúan los mandatos sociales, internalizados en forma temprana, orientados a reforzar la asociación mujer-madre. Además, entre los relatos de las mujeres surgen historias de excesiva crueldad, asociadas al sufrimiento de palizas brutales, con severas consecuencias psíquicas y físicas: hematomas, traumatismos, quebradura de huesos, entre otros.
El miedo, identificado como factor inhibidor interno, es el sentimiento que se generó en las mujeres ante la recurrente exposición a los diferentes tipos de violencia ejercida por el victimario. Por otra parte, se observó que la presencia permanente de amenazas y situaciones de violencia extrema sufrida se relacionaba, en algunas mujeres, con la creencia de que nunca iban a poder salir de esa situación. La creencia de que era imposible salir de la situación de violencia, se puso de manifiesto en expresiones como “los hombres siempre van a ganar”; dando origen a la percepción de que lo único que ellas podían hacer era tolerar la violencia sufrida. La tolerancia a las constantes agresiones verbales, físicas y/o sexuales fue asociada por las mujeres con el miedo a que el agresor pudiera matarla y perderse el crecimiento de sus hijos e hijas.
En cuanto a la manipulación del agresor y las dinámicas del ciclo de la violencia, las mujeres advierten el cuidado que el victimario tiene por mantener la apariencia frente al entorno, sus reiteradas e infructuosas promesas de cambio y el arrepentimiento que manifiesta una y otra vez ante las situaciones de violencia que protagoniza; provocando esto en las mujeres confusión y sentimientos contradictorios frente a su pareja, la familia y su entorno social. Las mujeres en estudio, manifestaron en sus relatos los efectos crónicos que la situación de incertidumbre les produjo; un temor constante a ser atacadas por sus parejas, a ellas y/o a sus hijos e hijas, las llevó incluso a desarrollar enfermedades mentales. El reconocimiento de que lo que estaban viviendo era hostigamiento, acompañado simultáneamente del deseo de que ellos cambien, generó en las mujeres un desequilibrio emocional. El mecanismo de desmentida descripto por Freud (1923) retomado por Lerma (2017) para explicar la oscilación producida entre representaciones opuestas que coexisten sin eliminarse la una a la otra, puede explicar esta simultaneidad. Algunas mujeres iniciaron tratamiento psicológico para poder comprender que estaban viviendo una situación de violencia.
La internalización de los mandatos sociales, se identificó como otro de los factores que contribuyó a retener a las mujeres en relaciones de pareja donde eran víctimas de violencia. A lo largo de este estudio emergió la importancia de comprender las historias personales de las mujeres víctimas de violencias, su particular modo de ser y de actuar, la posición que ocupan en sus relaciones interpersonales, en un contexto de aceptación y tolerancia social de la violencia, del que son parte. La persistencia de los estereotipos de género que las atraviesan social y subjetivamente, tendrán que ponerse en cuestión para iniciar con ellas la tarea de decontruir los mandatos sociales.
En el registro de los documentos se encuentran relatos de malos tratos en la infancia, ausencia de cuidados parentales, historias de vida con altos índices de exposición a situaciones de violencia, prácticas educativas basadas en desigualdades de género y escasa capacidad desarrollada para hacer frente a las dificultades, entre otras. Las trasmisiones intergeneracionales de discriminación, desigualdades, estereotipos de género, machismo, patriarcalismos, son modalidades que pautan comportamientos, expectativas y códigos altamente sexistas y discriminatorios para las mujeres, que incorporan o legitiman el uso de diversas formas de violencia.
Otro hallazgo de este estudio, confirma la importancia que para las mujeres tiene, el fortalecimiento de la confianza en sí misma, como factor impulsor interno que permite pedir ayuda. A través de la seguridad que las mujeres construyeron, en su propia persona, pudieron generar un nuevo posicionamiento frente al victimario. Cuando las mujeres llegan a un punto de saturación por la situación de violencia y logran fortalecerse, demuestran que son capaces de emprender muchas y diversas acciones para librarse de la misma, en este sentido, se identificó la importancia que las mujeres atribuyeron a las capacitaciones de oficio, obteniendo así recursos y herramientas para poder salir de las situaciones de violencia.
La decisión de las mujeres es el factor que abre la posibilidad de iniciar un proceso de búsqueda de ayuda; sin embargo, no se construye en el vacío. Dicha decisión y sus procesos de fortalecimiento personal se vio favorecida por el apoyo de personas cercanas; en sus relatos las mujeres recuerdan las constantes alertas de parte de sus hijos e hijas respecto de la situación de violencia en la que vivían y los ruegos para que cesara, planteando la separación para vivir mejor. El acompañamiento de los/as mismos y el deseo de que ellos/as no vivenciaran la violencia ejercida por parte del victimario como objeto o testigo de la misma fue fundamental para las mujeres al momento de tomar la decisión. Como ya se señaló, contribuyó a la toma y sostenimiento de la decisión el acompañamiento de los dispositivos, organismos e instituciones a los que las mujeres acudieron buscando ayuda. Cabe mencionar que llegaron a los mismos a partir de la accesibilidad a la información disponible en folletería y redes sociales.
Como cierre resta reflexionar sobre los aspectos que facilitaron el desarrollo de esta investigación, aquellos que la dificultaron y por último, los interrogantes abiertos para nuevos hallazgos. La posibilidad de contar con la predisposición de las psicólogas del Dispositivo de Mujeres del Instituto Municipal de la Mujer de Rosario, para poder acceder al archivo documental de las entrevistas de admisión en las oportunidades que fuera necesario, se destaca como un aporte valioso para la realización de este trabajo. No obstante, si bien la accesibilidad a los archivos, hizo posible este estudio, la ausencia de registro escrito de muchos de los datos expresados oralmente por las mujeres, resultó una dificultad. La misma pudo compensarse, en parte, con la información obtenida en las entrevistas a informantes clave. Cabe señalar, que el trabajo con fuentes secundarias, si bien significa una economía de tiempo y de recursos tiene como limitación el hecho de ceñirse a una información ya recolectada.
Por último, en cuanto a los interrogantes abiertos queda continuar investigando nuevos factores impulsores e inhibidores en la Ruta Crítica de cada mujer que llega a las instituciones referentes, para poder brindar una asistencia más personalizada que considere tanto los aspectos sociales como los intrapsíquicos en el abordaje de la problemática de las mujeres que sufren violencia de pareja.
Se sugiere el desarrollo de futuras investigaciones académicas que puedan aportar conocimiento para el mejoramiento de las acciones implementadas por las instituciones intervinientes, cuya importancia queda confirmada en esta investigación, ya que la tarea de las mismas es una pieza fundamental para el resguardo de la salud mental y física de las mujeres en el proceso de la Ruta Crítica.







